domingo, 13 de julio de 2025
CARTA A MARIANA, EL COMITÁN DE LOS AÑOS CINCUENTA
Querida Mariana: lo hallé en el barrio de San Sebastián. El restaurante “Sabores de Comitán” tiene una galería de fotografías de Comitán, del Comitán ya ido (además, ¡ah, qué privilegio!, tiene una serie de cuadros donde aparecen los reportajes que Arenilla les ha realizado). El otro día, para celebrar los cuarenta y tres años de matrimonio, fuimos mi Paty y yo a comer unos panes compuestos. Ahí encontré esta fotografía de los años cincuenta, es del parque central, el íntimo. Por ahí mirás la pérgola donde había una refresquería en la parte baja y se advierte en el primer plano una columna rematada con un busto de Tío Belis. Para ese tiempo ya estaban las bancas de granito con respaldo de madera. Para que te ubiqués bien (o más o menos) diré que si ahora quisieras colocar esta columna estaría casi contra esquina del Teatro de la Ciudad, ¿sí? Las casas del fondo son donde ahora está la tienda “Solaris”, que vende instrumentos musicales. ¿Verdad que sí ya te ubicaste? Bueno, pues en los años de mi infancia el busto de Don Belisario Domínguez estaba en este lugar, luego lo cambiaron y pasó a estar casi enfrente del palacio municipal (alguna autoridad consideró que era el mejor lugar para el busto del héroe comiteco). Posteriormente trajeron la enormísima estatua (que ahora está en la entrada del bulevar) y la colocaron en el corazón del parque central “Benito Juárez” (ah, era una estatua gigantesca, parecía un enorme faro). Lo que quiero decir es que la presencia de Belisario Domínguez fue permanente. Luego, la gigantesca estatua fue retirada del parque, la fueron a tirar en un campo frente a donde ahora está la Plaza Las Flores, ahí anduvo botada hasta que alguien dijo que era un agravio tener botada la estatua del héroe y lo treparon al Mirador, ahí fue “más faro”. De esos tiempos viene la simpática anécdota que circuló en el pueblo: que la estatua amanecía con los pies llenos de lodo; es decir, que como si fuese una película de terror, Don Belisario bajaba al pueblo. Todo mundo imaginaba al enorme monstruo caminando como zombi, con el retumbar de sus pisadas. Saber por dónde caminaba porque nadie alcanzó a verlo, el único testimonio era el lodo de sus zapatos. En Comitán vivió un homónimo: Don Belisario Domínguez, quien fue un reconocido integrante de un trío musical y tenía un apodo (digamos equis, para no decir el apodo), así que cuentan que una noche bajó la estatua del doctor Belisario Domínguez, pum, pum, se escuchaban sus pasos de bronce (quién sabe cuántas toneladas pesa la estatua), llegó ante una casa y tocó la puerta. Como es normal, desde adentro alguien preguntó: ¿quién es?, y la estatua dijo con su voz de gruta, de espanto: Belisario Domínguez; entonces adentro alguien dijo: Ah, ábranle, es el equis.
Pero esto es parte del anecdotario comiteco, simpático, chispeante. El parque central se quedó sin la imagen de tío Belis cuando retiraron la estatua gigantesca, tiempo después llegó una réplica de la que está en el senado y se puso frente al palacio municipal, en un extremo, pero a alguien se le ocurrió que la estatua debía estar en el interior del palacio y, ¡Dios mío, qué sacrilegio!, el parque se quedó sin la imagen de nuestro héroe y así está hasta la fecha.
Las autoridades no se dan cuenta del acto de agravio que hicieron: el pueblo se quedó sin tío Belis, se lo adueñaron y lo tienen sólo para ellas, como si fueran los dueños de la historia común. Digo esto, porque antes (como se aprecia en la foto) tío Belis estaba en el paso de todas las personas y cuando había un acto cívico en su memoria, la plaza se llenaba de gente y cualquiera se acercaba y participaba del acto. ¿Ahora? ¡Naranjas de Chicomuselo! Es un acto casi privado, porque cierran las puertas y en el patio central del palacio municipal sólo acuden los invitados especiales.
Posdata: la pregunta del siglo es: ¿en dónde quedó este busto? Lo trajeron de un lugar para otro y en una de esas “mudanzas” se extravió. Vos sabés que yo comulgo con la idea de que, antes que la política está la cultura; es decir, para mí es más valiosa la estatua de Miguel Ángel que la de Maquiavelo, pero las figuras de los grandes personajes también deben estar al paso de los hombres de a pie, porque permiten la reflexión histórica. Por eso insisto tanto en que tío Belis debe tener un busto en el corazón del pueblo donde nació. ¿Quién entra a su Casa Museo? Sólo los políticos y los visitantes. Conozco a más de veinte paisanos que jamás han entrado a su casa. Por eso es importante colocarlo donde la gente lo vea. El gran busto de Rosario Castellanos, que sí está al paso de todos, permite que todos lo vean, que los niños pregunten quién es.
Sé que mi insistencia cae mal, pero tengo el derecho de exigir lo que quiera, porque ya te lo he dicho también mil veces: soy dueño del parque central de mi pueblo, se los presto a las autoridades para que hagan sus guateques, pero, como el loquito de la película “Cinema Paradiso”, digo: “La piazza e mia”.
La foto del restaurante “Sabores de Comitán” es más grande, la recorté para mandarte sólo donde está la columna.
¡Tzatz Comitán!
sábado, 12 de julio de 2025
CARTA A MARIANA, DONDE SE CUENTA CÓMO DON QUIJOTE PUDO DAR RAZÓN DE UN NOMBRE
Querida Mariana: el otro día caminé en el parque de San Sebastián, luego dejé la plaza y caminé por la avenida Rosario Castellanos. ¿Y luego? Es pues el año de nuestra amada pichita comiteca, así que una manera de celebrarla es caminar nuestro pueblo y patojear por la avenida que lleva su nombre. Esta avenida, lo hemos platicado, lleva este nombre gracias a una iniciativa de la Asociación de Estudiantes Radicados en el Distrito Federal, en tiempo que el licenciado Juan Carlos Gómez Aranda, era el presidente.
La declaración del nombre fue un acto más de lo que la Asociación organizó en la conmemoración de la jornada denominada “Semana de la mujer”, que se efectuó del 20 al 25 de mayo de 1975. El programa fue el siguiente: el día 20, en el parque de “La Corregidora” hubo un homenaje en memoria de Doña Josefina García, la comiteca que, según el mito histórico, tuvo una relevante participación en el acto de Independencia de Chiapas y de Centroamérica. ¿Sí lo recordás, verdad? Cuando ella se paró en medio de la multitud y dijo que si los hombres no le entraban, ellas, las mujeres, estaban dispuestas a entrarle. ¡Ah, qué gran muestra de valor de las comitecas!
El día 21, Doña Gertrude Duby Blom, la de la casa Na Bolom, gran investigadora de la cultura lacandona, impartió la conferencia “El papel de la mujer en el Mundo Actual”, en el auditorio de la casa de la cultura.
En el mismo auditorio, el profesor Óscar Bonifaz dictó la conferencia “Sor Juana Inés de La Cruz – Rosario Castellanos y la Tierra de En Medio”, el día 23.
Y el día 25, fecha del quincuagésimo aniversario del nacimiento de nuestra amada escritora, a las once de la mañana, en la casa de la cultura, el presidente municipal de Comitán, el doctor Enrique Culebro, en nombre de toda la sociedad, promulgó que la primera avenida oriente llevara el nombre de Avenida Rosario Castellanos, como hasta la fecha se llama. ¡Ah, qué altura de miras de estos chavos estudiantes! Si no fuera por ellos, Rosario no tuviera dicho reconocimiento.
Así que, medio siglo después caminé por la avenida Rosario Castellanos y disfruté el entorno maravilloso del barrio de San Sebastián. Siempre que camino por ahí recuerdo mis años de estudiante de secundaria, en el Colegio Mariano N. Ruiz, con los compas (Quique, Javier, Miguel, Jorge, Pedro), caminábamos por esta avenida (qué aún no se llamaba así), pasábamos por la casa de Don Roberto Martínez (gran ejecutante del piano) y llegábamos hasta la casa de Tía Elenita y en la tienda de Tía Petra, en la mera esquina, donde comíamos los antojitos que preparaban, Tía Elena nos ofrecía tostadas con chile en vinagre, cazueleja y agua de temperante; Tía Petra preparaba tostadas con frijol, las más ricas tostadas que jamás se dieron en este y en otro mundo.
Caminé por la avenida Rosario y recordé estos tiempos de estudiante, más los tiempos en que ya, catedrático del mismo colegio, conviví con estudiantes y, en forma especial, con mi alumno Adolfo Gómez Vives, con quien tenemos una gran amistad hasta la fecha. La casa de Adolfo está al lado de lo que pronto será “Casa Bataneca, Art Gallery – Historia y arte en un solo lugar”, una hermosa residencia del barrio.
El otro día vi un video donde Claudia Espinoza, quien tiene veinticinco años viviendo en Cancún y visitó Comitán. En el video ella habla de las bondades que encontró en Comitán, la riqueza cultural de sus barrios.
A veces los mismos comitecos nos olvidamos de la belleza del pueblo y de sus rasgos. Claudia dijo que halló que cada barrio tiene una personalidad bien definida. Mirá qué dijo: “Qué bueno que Comitán tenga la oportunidad de seguir manteniendo las costumbres y tradiciones bien marcadas”. Lo dicho, los propios comitecos ignoramos, a veces, la bendición de este pueblo, como lo caminamos a diario nuestros ojos se cierran y extraviamos la mirada novedosa de quien llega de fuera. Comitán es una ciudad maravillosa, con un carácter propio.
Por eso, cuando platiqué con Lupita y con Florencio, propietarios de Casa Bataneca les expresé mi admiración y mi agradecimiento por fortalecer nuestra identidad. El nombre alude a lo más íntimo del barrio, barrio de los batanecos.
¿Recordás que acá en Comitán existe la discusión del nombre bataneco? ¿Por qué a los habitantes del barrio de San Sebastián les dicen así? Alguien lanzó la teoría de una pronunciación equivocada del barrio, en lugar de decir San Sebastián dijo “San Sebatán”, esta explicación parece sacada de la manga. Es más aceptable la teoría de algunos estudiosos que dicen que proviene del término batán y ahora que releo “El Quijote”, de Don Miguel de Cervantes Saavedra, hallé algo que parece corroborar la teoría.
Mirá, en el capítulo XX, “Aventura de los batanes”, El Quijote y Sancho Panza viven una más de sus atrevidas aventuras. Los dos están en un bosque, es una noche cerrada, van hambrientos y muertos de la sed, escuchan un murmullo de agua con el agregado de un ruido tenebroso, que se repite en forma constante y violenta. El Quijote decide ir a buscar el origen de ambos fenómenos, pero Sancho llora y le pide que no vaya, como ve que su amo no le hará caso amarra las patas del caballo Rocinante, así, cuando El Quijote ya está dispuesto a iniciar otra loca aventura, el caballo no camina. Cuando llega la mañana, Sancho desamarra las patas del animal y el Quijote y su escudero trepan sobre las bestias y avanzan al lugar donde escuchan el sonido del agua y los ruidos amenazantes y descubren que hay una especie de cascada y un lugar donde se origina el sonido. Cervantes, en su maravillosa novela dice que los ruidos eran provocados por “seis mazos de batán, que con sus alternativos golpes aquel estruendo formaban”.
¿Miraste? Acá aparece la famosa palabra batán y al pie de página viene una explicación por parte de los editores. ¿Qué significa la palabra batán? Acá va la explicación: “máquina movida por fuerza hidráulica, provista de unos mazos que golpeaban tejidos o pieles para desengrasarlos o enfurtirlos”. Sí, parece muy claro. Vos, yo y la tía Chena sabemos que el barrio de San Sebastián se ha caracterizado por la proliferación de industrias de peletería. Todavía en la actualidad bajamos al barrio y en la bajada de Súper Mercado San Luis hallamos esos negocios, con el característico olor de las pieles. Es decir, muchos artesanos del barrio se han dedicado por años al negocio de la curtiduría.
Lo que se ve en el capítulo de “El Quijote” es que hay una maquinaria (batán) que acciona seis mazos que golpean pieles para desengrasarlos; no otra cosa es lo que han hecho los curtidores de pieles en el barrio de San Sebastián. Tuve un compañero en la primaria que ayudaba a su papá y le daba golpes a las pieles que luego usaban para hacer zapatos, industria que tuvo fama en el Comitán del siglo pasado. ¡De ahí entonces el nombre! Quienes se dedicaban a esta actividad les llamaron “batanecos”, y como la actividad se desarrollaba en San Sebastián, por extensión, los habitantes del barrio fueron llamados batanecos, así como a los de la Cruz Grande les llamaron “cushes”, porque se dedicaban a la matanza de los puercos, de los cuches.
Ahora, cada vez que a alguien pregunte por el gentilicio local de bataneco, podrá responder: “viene de batán, que según Cervantes, tal cosa”. Ah, pucha, sonará de mucho caché.
Digo pues que pasé por la hermosa “Casa Bataneca – Art Gallery” y me sentí orgulloso de que los inversionistas abonen a nuestra identidad. Que el barrio se sienta orgulloso de su origen, de su historia y que reconozcan el valor de la identidad. Así como nos sentimos orgullosos del “Barrio de La Lana” (donde se hacían productos textiles), así nos sentimos orgullosos del “Barrio del Batán” (donde se hacían productos de piel); unos son los laneros y los otros son los batanecos. Ah, qué nombres tan llenos de fuerza. El carácter de un pueblo se da a partir de sus singularidades. Como bien dijo Claudia Espinoza, Comitán es un pueblo que tiene barrios con personalidad bien definida. El nombre de “Casa Bataneca – Art Gallery” está lleno de luz, de armoniosa convivencia, de reconocimiento de nuestra historia común.
Posdata: ¡nada de nombres exportados que luego nada dicen de nuestro modo de ser! Al contrario, Casa Bataneca es ya un sello de distinción de nuestra cultura comiteca. ¡Bien! ¡Excelente! ¡Felicidades!
¡Tzatz Comitán!
viernes, 11 de julio de 2025
CARTA A MARIANA, CON UN CONCIERTO
Querida Mariana: lo vi, fue impresionante. Ayer lo recordé. Hace varios años, Armando me invitó a su casa, dijo que estrenaría su “home theater”. Llegué puntual a la cita, él, como siempre, me recibió con un Martini, abrió la puerta y me ofreció la bebida. En ese tiempo ya no bebía licor, pero acepté la copa, entramos y, siempre dicharachero, me abrazó y caminamos hacia la sala. Me senté en un sofá, ante una gran pantalla y un bonche de bocinitas desperdigadas, no al azar sino en forma coordinada, para que el concierto se escuchara con fidelidad. “Es como si estuvieras en una gran sala de concierto”, me dijo Armando y activó el control remoto.
¡Cierto! Ya no volví a la sala de la casa hasta el final del concierto. Al final, después de una hora, encontré la copa en mi mano, como al principio, pero sin su contenido. ¿Lo bebí? ¡Naranjas de Chicomuselo! En algún momento lo regué, el piso mostraba un pequeño lago donde se reflejaban las luces, era como si se hubiera orinado un chucho, el lago tenía una forma irregular, pero fascinante.
Lo vi, fue impresionante; lo escuché, fue igual de pétreo, pero de piedra de sol. Armando me confesó que esa noche fue la inauguración de su sistema de audio y video, que le costó una buena lana. Quiso compartir ese instante conmigo. ¿Por qué? No lo sé. Agradecí el privilegio, porque yo, ya en esa época era escaso, no bebía los martinis que él preparaba con precisión y nunca he sido un amante de la música, ni popular, ni clásica, ni rock.
Pero esa noche estuve en una gran sala de concierto. Lo vi y lo escuché, fue impresionante. La primera imagen me atrapó: la sala repleta de melómanos y al fondo los integrantes de la orquesta y el coro monumental, con el característico sonido de quienes afinan sus instrumentos, ese ritmo es como el de un río dando tumbos antes de llegar al mar. El silencio se hizo, un silencio que es más impresionante que el de todos los días, porque es un silencio que es como una oración inicial y luego el estruendo de la ovación porque salió el director. Los grandes artistas reciben ese reconocimiento, apenas aparecen en el escenario son ovacionados, nada han hecho en ese instante, los aplausos son dictados por todo lo que han hecho antes de subir al escenario, tras de ellos hay una gran historia de vida, de talento, de dedicación. El director entró, los músicos se pusieron de pie, vi que uno o dos de los violinistas somataban con delicadeza sus varillas. El espectáculo ya me había atrapado, como si fuera una red de pescador, pero era tan diferente a la sensación de estar asido al encierro, esto era como estar en una burbuja deliciosa, armoniosa, impresionante.
El director saludó a un tipo que estaba a su paso, un violinista, tal vez alguien importante en la ejecución de la obra y luego subió al espacio donde los maestros mueven la varita, las manos, la cabeza, todo el cuerpo, para inflamar de energía a los ejecutantes, como si fuesen Moisés y abrieran el mar del espíritu, para entregar la esencia. ¡Genial!
La imagen y el sonido ya estaban en acción, el chunche tecnológico de mi amigo estaba en plenitud. La imagen era enorme, ningún espectador presencial podría tener esa cercanía; y lo mismo sucedía con el sonido, porque las bocinas estaban dispuestas de tal manera que no perdíamos ningún sonido, todos los instrumentos estaban tan cerca de nosotros, pero con una sincronía que permitía el disfrute total. Nada de un discreto tosido del vecino, nada del ruido del vestido en el cruce de piernas de la vecina, nada de la cabeza del melómano de adelante, nada del olor de un pedito que se le deslizó a la que estaba en la butaca de adelante, nada de eso. Armando estaba en el centro de la sala en una butaca muy cómoda y yo en un sofá como a dos o tres metros de él, cada uno en su espacio, él con las manos detrás de su cuello, la copa en la mesa de centro, y yo con las piernas extendidas lo más que podía, en una posición que jamás tendría en una real sala de concierto.
Lo vi, lo escuché. Fue impresionante. Fue una hora tan fuera de este mundo, tan irreal dentro del mundo de lo real. El director, con la varita en la mano derecha, con el atril y la partitura, vio hacia la orquesta, repasó de un lado a otro a los integrantes que esperaban la indicación para iniciar el concierto. De nuevo el silencio apabullante, la audiencia guardó los aplausos en la vitrina (los recuperarían al final), el director, Moisés del siglo XX, abrió los brazos, como si abriera el aire, los bajó y la orquesta y el coro emergieron del fondo de la tierra e iniciaron el ascenso, sublime, infinito. ¡Era Carmina Murana!
Posdata: lo vi, lo escuché, lo disfruté. Al término, cuando la audiencia en la sala de conciertos aplaudió como si fuera una caída de manzanas en los valles de Estados Unidos, regresamos al presente, después de un viaje alucinante. Armando estaba iluminado. Yo, también. Sin ser conocedor, ni amante de la música, había disfrutado ese concierto. Sí, como si fuese Mary Poppins, le dije a Armando que había sido una experiencia supercalifragilística, sensacional.
¡Tzatz Comitán!
jueves, 10 de julio de 2025
CARTA A MARIANA, FRENTE A ROSARIO CASTELLANOS
Querida Mariana: en los últimos tiempos así encontramos a Víctor Manuel Aranda Sánchez. Buscando información en el Archivo Histórico de Comitán. Él trabaja en el ayuntamiento y tiene una encomienda especial. Nadie mejor que él para este tipo de labor, porque es meticuloso y responsable. De origen le viene el don. Es hijo del maestro Víctor Manuel Aranda León, mi director en la primaria Fray Matías de Córdova, querido por toda la sociedad comiteca.
Panchito, personal responsable del archivo, me dijo que el licenciado Víctor Manuel había conocido a Rosario Castellanos. ¿De verdad? En el Centenario del Nacimiento de Rosario Castellanos Figueroa es importante todo lo que rodea a nuestra amada escritora. Así que un día interrumpí tantito su labor y le lancé la pregunta a bote pronto. ¿Conociste a Rosario? Sí, me dijo él.
En esto que te cuento hay tres nombres enredados por una cinta de luz: el profesor Víctor Manuel, su hijo y Rosario Castellanos.
El profesor Víctor nació el 14 de octubre de 1920, en Comitán; Rosario nació el 25 de mayo de 1925, en la Ciudad de México, pero a la edad de tres meses llegó a Comitán; Víctor Manuel Aranda Sánchez nació el 18 de agosto de 1949, en Comitán. Éste cuenta que nació en el hospital María Ignacia Gandulfo, cuando estaba en el barrio de Jesusito.
Rosario estuvo en Comitán hasta el año 1940, cuando el profesor Víctor Manuel ya tenía veinte años de edad. Digo esto sólo como un punto de referencia temporal. El licenciado Juan Carlos Gómez Aranda (sobrino del profesor Víctor Manuel) dice que su tío “formó parte de una de las primeras generaciones de alumnos de la Escuela Secundaria (…) donde compartió aulas con notables comitecos, como Armando Alfonzo, Rosario Castellanos, Guillermo Robles Domínguez…” ¿Mirás? El profesor Víctor Manuel fue compañero de Rosario, en el segundo grado de secundaria, grado que Chayito estudió en Comitán. Y esto lo corroboramos al abrir las páginas del libro “Comitán 1940”, de Armando Alfonzo: “…se incorporan a nuestro grupo de segundo año César Guillén, Víctor Manuel Aranda y Rosario Castellanos…”. Víctor Manuel conoció a Rosario y ésta a él. En 1941, Chayito viajó a la Ciudad de México, en 1950 obtiene su Maestría en Filosofía en la UNAM; por su parte, Víctor Manuel se tituló como profesor y en 1945 es nombrado como director de la Escuela Primaria Fray Matías de Córdova, cuatro años después nace su hijo Víctor Manuel, quien, en 1967, al terminar su bachillerato decide estudiar la licenciatura en Derecho. ¿Quién puede orientarlo en los trámites para inscribirse en la Facultad de Derecho de la UNAM? Su papá dice que su compañera Rosario, así, viajan a aquella ciudad capital de México. En 1967 Rosario imparte cursos sobre Literatura Contemporánea y Novela Latinoamericana Contemporánea, en la Facultad de Filosofía de la máxima casa de estudios de nuestra patria.
Víctor Manuel y su papá viajan a la Ciudad de México y una mañana se paran frente al portón de madera de la casa de Rosario (en Av. Constituyentes, frente al bosque de Chapultepec), Rosario abre, saluda con gusto al papá, conoce al hijo y no los invita a pasar, porque ella va de salida, pero los orienta para que el joven tenga conocimiento de los trámites para solicitar la ficha de admisión. El actual licenciado Víctor Manuel Aranda Sánchez dice que fue la única vez que estuvo ante la gran escritora, nunca más la volvió a ver, pero, en sentido estricto, él fue uno de los seres privilegiados que conoció físicamente a la niña más amada de Comitán. Una vez que Rosario les dio los pormenores se despidió de ambos, cerró la puerta de su casa y fue a cumplir con el compromiso contraído.
En ese año, Rosario ya era una famosa escritora, ya había sido reconocida con varios premios: el Chiapas, el Xavier Villaurrutia y, en el año que Víctor Manuel estuvo frente a ella, recibió el Carlos Trouyet.
En nuestro pueblo hubo gente que conoció a Rosario, de niña, de joven o ya mayor, pero la mayoría de amigos y amigas ya falleció. El licenciado Víctor Manuel es de las pocas personas que viven y pueden, con orgullo, decir que conocieron físicamente a Rosario (si alguien me obliga a recordar a otra persona puedo decir que la maestra Florecita Esponda también es parte de ese grupo exclusivo, ella estuvo el día que Rosario Castellanos impartió una conferencia en el auditorio que hoy lleva el nombre de Roberto Cordero Citalán). Ya muy pocos.
Posdata: el otro día estuvo en Comitán el gran poeta Óscar Oliva, quien fue amigo personal de Rosario, gracias a Dios ahí está revoloteando por tierras chiapanecas; asimismo un hijo del poeta Armando Duvalier: Antonio Duvalier Haro conoció a Rosario, ésta fue gran amiga de su mamá y de su papá, así que, siendo niño, conoció a nuestra escritora en su casa de San Cristóbal de Las Casas.
Claro, hay más personas que conocieron a Rosario, muchas personas asistieron a sus cátedras; Víctor Manuel estuvo frente a ella una mañana. Recordamos este fragmento de vida en el 2025, año que el Congreso del estado de Chiapas lo nombró Año de Rosario Castellanos Figueroa.
¡Tzatz Comitán!
miércoles, 9 de julio de 2025
CARTA A MARIANA, CON HISTORIAS QUE SE CUENTAN SOLAS
Querida Mariana: ¿ya viste qué hermosa trajinera? Es como si algo de Xochimilco hubiese llegado a Comitán. Estuve en el restaurante 1813, cocina mexicana, y hallé esta bonita trajinera con un lema maravilloso: “cocinando historias”, lema que evoca la tradición, que siembra el recuerdo del fogón en casa de la abuela.
No siempre reflexionamos acerca del mundo de la gastronomía. Todos los seres humanos participamos del acto de yantar (diría El Quijote), nos sentamos ante la mesa y disfrutamos las exquisiteces preparadas en las cocinas de las casas o de los restaurantes. A mí me encantan los restaurantes que tienen la cinta que nos reconforta, el 1813 es uno de esos espacios agradables, un espacio donde cocinan historias, porque cada platillo y cada bebida tienen la pretensión de volverse una experiencia vital, instante que sea como el disfrute de recorrer los canales donde el agua fluye sin trabas.
En los años setenta íbamos a Xochimilco con los amigos, trepábamos a una trajinera, escuchábamos la música, de marimba o de mariachis, las cervecitas aparecían en forma mágica a la hora que sacábamos los billetitos, y, también, aparecían las charolas con los antojitos. Los billetes tenían imágenes diferentes a las que aparecen ahora, ahora los billetes de cincuenta pesos tienen un ajolote, animal prodigioso que tiene a Xochimilco como su casa favorita. ¿Recordás que a nuestro amado Julio Cortázar le fascinaba el ajolote? Escribió un cuento muy bonito.
Cuando nos sentamos en la mesa para seis comensales, en el 1813, tuvimos la trajinera enfrente y aparecieron las exquisitas botanas: carraca, ensalada turula, la maravillosa butifarra (natural o en aguachile), tripa de res o el chamorro chiapacorceño, que se acompaña con un puré de plátano y delicioso adobo). Este chamorro chiapacorceño sólo lo encontrarás acá. Yo, me conocés, sólo bebo limonada sin azúcar, pero me acerqué a la barra, con mi amiga Karla, quien ofreció a mis amigos una bebida sensacional: tenocté, que lleva posh, limón, miel de abeja y licor de naranja. Para salir de lo tradicional.
¿Ya viste lo que dije al principio? Vi la trajinera y reviví la experiencia de estar en Xochimilco y, con la bebida que sirvió Karlita, Comitán recorrió la savia de mi espíritu: tenocté.
En el 1813 cocinan historias, son sabios, saben que los seres humanos estamos hechos de eso, las historias nos forman, nos dan identidad. Este restaurante nos recuerda en cada visita, en cada degustación, el año donde Comitán recibió el nombre de ciudad.
No siempre reflexionamos en la magia que aparece cada vez que las manos preparan un platillo. ¿Cuántos ingredientes? ¿Cómo se mezclan para hallar la mixtura ideal, el óptimo sabor?
1813 invita a vivir la experiencia de sus platillos, a viajar por la trajinera del sabor, a olvidarse del trajín diario; invita a caminar por un túnel verde, formado con árboles llamados truenos.
Todo es muy agradable. 1813 cocina historias y nosotros, los comensales, escribimos las nuestras con momentos sublimes.
Siempre que voy al 1813 me siento muy bien. El servicio es muy afable y la música ambiental es como un abrazo afectuoso.
Posdata: ¡el mojol de lujo fue la celebración de un cumpleaños en una mesa cercana! Ya me conocés, me emocioné, terminé llorando. En el 1813 celebran a los cumpleañeros, un trío de meseros (muy bien acoplados) cantan las mañanitas, con el acompañamiento de maracas, confeti, pastel (¡mordida, mordida!) y pasan una piñatita para que el festejado intente quebrarla. Al final los cantantes le dijeron que ya se había terminado su tiempo y uno de ellos deshizo la piñatita y cayeron los dulces. Sí, lloro por todo. El cumpleañero se emocionó, pero no tanto como yo.
¡Tzatz Comitán!
martes, 8 de julio de 2025
CARTA A MARIANA, CON VISITA DE MAÑANA
Querida Mariana: esta fotografía es de privilegio, estoy al lado de Ada Iveth Morales. La foto fue tomada en la casa de trabajo de Ada, te cuento en forma breve la historia.
Hace poco DIARIO TV MULTIMEDIA COMITÁN inauguró su edificio en el pueblo (el 16 de junio 2025). Esa mañana fue de festejo, muchas personalidades llegaron al acto. Bueno, con decir que nuestro gobernador, Eduardo Ramírez Aguilar, acompañó a los directivos de esta gran cadena periodística en ese momento trascendental. Junto a nuestro gobernador llegaron grandes amigos de Comitán: Luis Ignacio Avendaño Bermúdez, presidente del Congreso del estado de Chiapas, así como Mario Guillén, presidente de la junta de coordinación política; también estuvo presente el Señor Fox, presidente municipal de Comitán. Ellos acudieron a la invitación que les hizo el señor Gerardo Toledo, quien es el propietario de esta relevante empresa editorial. Vi fotografías en el Facebook, decidí que un día pasaría a saludar a los amigos. Así que una mañana caminé desde casa al edificio de Multimedia Comitán y tuve suerte, tuve suerte porque hallé a Ada y ella, muy amable, me hizo un breve tour por las instalaciones. Conocí los espacios donde estuvieron los invitados el día de inauguración.
Ese día, los invitados de lujo se detuvieron a ver las fotografías que están en el vestíbulo, fotografías en blanco y negro, fotografías históricas. El gobernador de Chiapas comentó que la inauguración significó un día importante para Comitán, “es un servicio a la comunidad”. Digo que fue una mañana de guateque, muchas personalidades acompañaron a la familia Toledo. El gobernador recomendó la promoción turística de Chiapas, de Comitán y de la región.
La mañana que fui era un día de trabajo, por ahí, en un cubículo saludé a mi tocayo Alejandro Pinto, quien se encarga de redactar las noticias. Álex, muy amable, dejó su espacio de trabajo y me explicó la labor que desarrolla.
Los demás integrantes del equipo visible estaban en comisiones, no tuve el gusto de saludar a mi amiga Jackeline Moreno, quien es compañera de vida de mi admirado Gerardo Andrés Hernández, fotógrafo de excelencia. Jacky se encarga de presentar videos que dan cuenta de las bellezas turísticas de la región y de todo el estado de Chiapas, su presencia es muy agradable para todas las audiencias, ella es un factor fundamental en la empresa, por su belleza física y por la genialidad de su talento.
La respetada Ada Iveth debería llevar la hache en su nombre, porque es como un hada de la información, desde hace años le ha dado duro a la talacha, ahora es, ¡bien merecido!, la subdirectora. Ella hizo una pausa en su diario trajín, cuando llegué estaba a punto de salir para cumplir con una encomienda, pero se quedó un rato más para atenderme, cosa que, como dicen los clásicos, agradezco en todo lo que vale.
A la hora de la fotografía, ella, siempre elegante, no quería aparecer con tenis, pero quienes ahí estábamos le dijimos que no se cambiara de zapatos. Pienso que estuvo bien, porque los tenis son sinónimo de una persona activa. Julio Cortázar diría que debemos ir por la vida “en mangas de camisa”, en la talacha diaria, que es la única forma para cumplir con el trabajo del periódico, una labor que exige empolvarse a la hora de buscar la nota informativa. Al final, Ada Iveth salió muy bien, muy casual, sin formalismos.
Me hizo falta saludar a Anahí Cancino, quien se encarga de las cápsulas deportivas; Nadia Albores, quien tiene a su cargo una sección importantísima: cultura; y Jessica Nolasco, quien ofrece el resumen informativo.
Posdata: como ves, querida Mariana, la sección Comitán de este medio informativo (que abarca la región) está muy bien representada.
He visto en el noticiario estatal, que se trasmite desde la capital chiapaneca, la presencia de mi admirado amigo Álex Domínguez, garantía del buen decir y del buen pensar.
¡Tzatz Comitán!
lunes, 7 de julio de 2025
HORMIGAS EN LA RECÁMARA
La tía Juvencia lo dijo en broma, se reía cubriéndose la boca; no lo dijo seria, como exigía la ocasión. Amonestó: “niño, no dejés basura en el cuarto, vendrán las hormigas y, en la noche, treparán en la cama y comerán a tu abuelita”, digo que lo dicho debió decirlo en tono formal, casi amenazador, sentencioso, para que el niño, que no era otro que mi primo Jaime, le hiciera caso, porque como la tía lo dijo en plan de juego, el Jaime también se pitorreó cuando ella se fue, y dejó el bagazo de la mandarina que comíamos atrás del cesto donde la abuela botaba los papeles llenos de mocos.
En la noche, no sé el porqué, a la hora de tomar el libro de cuentos para llamar el sueño, me quedé con los ojos abiertos, viendo hacia el techo y, en mi imaginación, sólo en mi imaginación, vi un caminito que se movía, como si fuera un tren infinito. ¡Las hormigas!, pensé. Me senté sobre la cama, luego lo hice en el borde, busqué, con los pies, las pantunflas, me puse una chamarra y salí al corredor. En el cuarto de Jaime había luz, así lo advertí en la franja de luz de la parte inferior de la puerta, moví la llave y entré. Jaime leía, el libro lo detenía en el atril que formaban sus piernas dobladas. Me vio, bajó las piernas y, sin preguntarme algo, palmeó sobre el colchón, indicando que me sentará a su lado, vi que, en medio de sus piernas, había un volcancito, supe que estaba leyendo los cuentos eróticos (casi pornográficos que le habíamos robado al tío Amador, que hacía honor a su nombre). Jaime me dijo que el libro estaba muy bueno y se agarró la entrepierna. Le dije el motivo de mi visita. “No, güey, ¡cómo podés creer!” Le dije que tal vez no era tan dramático como lo había dicho la tía, por eso lo había dicho riéndose, pero de que el bagazo convocaría a las hormigas, ¡las convocaría! Y terminé diciéndole que si las hormigas no se comían a la abuela, a él le pondrían una tunda de Dios padre. ¿Me madrearán?, preguntó con una inocencia que no le cuadraba. No sólo te madrearán, le dije, no te darán permiso de ir a la matiné, ni te darán paga. Acabó la salida del domingo. Se sentó en la orilla de la cama, se puso los zapatos y se enrolló una toalla al cuello. Fuimos al baño por una cubeta, la pusimos debajo del grifo, la llenamos y yo la cargué. Nosotros, a diferencia de la tía, tomamos en serio la misión, los dos empijamados íbamos a una misión importante. Pensé que convencí a Jaime con la mención del posible castigo, no ir a la matiné era lo peor que podía pasarnos. Pero el calenturiento se convenció que su maldad se le podría revertir, así que, llegamos al cuarto, empujamos la puerta que lanzó un quejido y hallamos a la abuela, con una vela prendida, sentada en la cama, en la misma posición que tenía mi primo, la vela la tenía pegada a la pared, al lado de la cabecera. Cuando ella nos vio dio gracias a Dios. Ya no dijo más, vio la cubeta de agua y sólo mostró, con la vela, el camino de hormigas diminutas que iban hacia el basurero. Jaime cogió agua con su mano y la repasó sobre la pared, se agachó y deshizo el camino, me pidió que prendiera la luz del buró, lo hice y le pedí a la abuela el cabo de vela, soplé y apagué.
Posdata: la mera verdad es que regresamos a leer el cuento, dejamos bien acostadita a la abuela, Jaime dijo que al otro día moveríamos la cama, porque el nido estaba atrás de la cabecera y salieron cuando olieron la comida, bien que lo sabía la tía, dijo. Le pedimos a la abuela que nada dijera. Nos metimos debajo de las colchas, comenzamos a leer, el cuento estaba bueno, ya nos estábamos calentando, cuando se abrió la puerta, asomó la tía con un cinturón en la mano y dijo que volviera a mi cuarto, “cabrón, ya les he dicho que no deben dormir juntos, por eso cada uno tiene su cuarto”, salí corriendo, dejé una pantufla. Todavía oí que dijo: “mañana hablaremos”. Lo dijo seria, con voz de piedra. Al final nos perdonó y el domingo fuimos a la matiné. La abuela cumplió su palabra, nada dijo. Movimos su cama y nada hallamos. El bobo de mi primo, en broma, dijo que deberíamos dejar otro bagazo para ver de dónde salían. Yo seguí pensando que evité una tragedia, no lo de las hormigas, sino lo de la vela, la abuela pudo morir quemada. A la tía le dije que le quitara los cerillos y las velas a la abuela. Así lo hizo, sin preguntarme por qué le sugería eso.
domingo, 6 de julio de 2025
CARTA A MARIANA, CON ACTO DE AGRADECIMIENTO
Querida Mariana: Amín Guillén será reconocido. Tres instancias culturales le preparan un acto de agradecimiento. El Centro Cultural Rosario Castellanos, la Casa Museo Dr. Belisario Domínguez y el Museo de Arte Hermila Domínguez de Castellanos han preparado un acto para celebrar los setenta años de vida de Amín. El guateque será el 9 de julio 2025, en el auditorio Roberto Cordero Citalán.
Cuando vi la invitación supe que las tres instancias culturales encabezan un acto de agradecimiento al que, sin duda, se suman muchas más instituciones y muchas personas.
Me gustó que el festejo fuera nombrado como un Acto de Agradecimiento, porque con ello se reconoce la labor que Amín ha realizado desde hace muchos años en favor de la sociedad. Ha escrito libros con biografías de personajes ilustres de la comunidad; libros que enriquecen nuestra identidad.
Cuando platico con él, pienso en el tiempo que le destina a sus investigaciones, las cuales no tienen el patrocinio de alguna institución que lo apoye en forma económica. Amín ha hecho todo su trabajo de investigación en forma apasionada, sin contar con una beca.
¿Cuántas horas dedica durante el día a hacer investigación de campo? ¿Cuántas horas en la noche, en la madrugada, para dar forma a los datos, para volverlos libros?
Este acto demanda agregarse a él, celebrar que las autoridades culturales festejen la vida fecunda de Amín. Que todo el pueblo reconozca su meticulosa labor. Amín no tiene una definida jornada laboral, ¡no!, Amín entrega horas y horas a su pasión. Escudriña en archivos, platica con la gente, busca fotografías antiguas, hace entrevistas, como si fuera un arqueólogo levanta piedras y busca huellas de un Comitán que ya no existe.
¿Desde cuándo Amín comenzó a dedicarse a la labor que ahora todo mundo le reconoce? No sé. Él podría decirnos. Lo que sé es que ha dedicado muchas horas, muchísimas, a su pasión. Sé que se desvela, le gusta trabajar en la noche, cuando todo mundo descansa. Cuando el mundo recupera energías, él las gasta para beneficio de la sociedad.
Por esto me da mucho gusto que los directivos de tres instituciones culturales de la ciudad hayan vuelto su mirada para ofrecerle un Acto de Agradecimiento. Sé que Amín estará contento, satisfecho. ¡Bien merecido!
Él ha ofrecido pláticas en los tres centros culturales. Cuando vi la invitación, por asociación extraña, pensé en mi maestro de cuento, el escritor Rafael Ramírez Heredia, quien presentaba sus libros en cantinas, sobre todo en La Guadalupana, en Coyoacán, de la Ciudad de México; es decir, en espacios inéditos. Amín ha realizado charlas en los mencionados centros culturales, pero además ha ofrecido pláticas en espacios inéditos, por ejemplo: templos de Comitán, sí, ¡en templos! Pocas personas han hecho lo que él. Un día vi una fotografía donde un templo estaba lleno de personas, no para presenciar la misa, sino para escuchar una charla de Amín. Toda la audiencia, desde su asiento, comulgaba lo que Amín ofrecía.
Una mañana de éstas estuve en casa de mi amigo Fernando Avendaño y en su “Hemeroteca Profesor Fernando Avendaño” hallé una foto donde aparecen todos los chiquitíos del segundo grado de primaria de la Matías, ahí está Fernando, ahí estoy yo, y ahí está Amín. Estamos al lado de nuestro maestro Óscar Pascacio de La Cruz. Estamos en el patio trasero de la escuela, que estaba a media cuadra de Jesusito.
Amín, Fernando y yo somos de la misma generación (tengo un año menos que ellos). Fernando acaba de cumplir sus setenta años, pronto celebrará sus bodas de oro; ahora, tres instituciones celebran los setenta años de vida de Amín. Es bueno que en medio de los festejos por el Centenario del Nacimiento de Rosario Castellanos, nuestro pueblo también celebre los setenta años de otro hijo destacado.
Posdata: Amín jugó en sus años infantiles en el barrio donde creció, ahí tenía su plebe (los de la cuadra); pero también jugó canicas en el patio de la Matías, ahí coincidimos, desde entonces nos conocemos, hemos sido amigos. La Matías no sólo fue la escuela donde aprendió a leer y a escribir, también fue la escuela donde trabajó su papá, el famoso maestro Chaparrito. En cada línea que Amín escribe honra la memoria de su papá. Él ha sido un hijo agradecido; ahora, las instituciones convocantes, con sus directivos: el licenciado Hermilo, la maestra Aurora y la licenciada Margarita, le dedican a Amín un acto de agradecimiento. Una sociedad agradecida es una sociedad que reconoce el talento de sus hijos más connotados. Sin regateos, así debe ser.
¡Tzatz Comitán!
sábado, 5 de julio de 2025
CARTA A MARIANA, CON UN CARTEL DE 1960
Querida Mariana: este documento se integra al libro de la historia de la feria de San Caralampio. Mi amigo Paco Flores me lo envió. Es parte de su archivo personal. El cartel está bien cuidado, tomando en cuenta que es del año 1960; es decir, tiene sesenta y cinco años.
Vos sabés cómo es la historia. La empresa cervecera Moctezuma regalaba los carteles en blanco (con su publicidad), y ya en los pueblos los organizadores de actos los llevaban a las imprentas para colocar sus mensajes, en este caso una Convocatoria de un Gran Concurso de Trajecitos Regionales, en honor al Glorioso Mártir San Caralampio.
En toda la república se veían carteles similares, porque las imágenes corresponden a festejos nacionales. La verdad es que en la feria de San Caralampio no hubo muchos actos de los que acá se muestran; no hubo corridas de toros (pobre toro tiene ensartadas dos banderillas), tampoco hubo jaripeos. Tal vez hubo peleas de gallos (pero, en casas particulares, donde los galleros comitecos tenían costumbre de reunirse. Ya te conté que el famoso restaurante de Tono Gallos se llamó así, porque el propietario, Tono se llamó, tenía un palenque en su casa, donde ofrecía las riquísimas botanas que le dieron fama nacional). El cartel es muy llamativo por las imágenes que tiene, pero a nosotros nos interesa el texto de la convocatoria. La Junta de Festejos del Barrio de La Pila lanzó la convocatoria “con el objeto de dar más alegría y esplendor a la feria en honor al Glorioso Mártir San Caralampio”.
Ya hemos dicho que el santo consentido de los comitecos es San Caralampio, Tata Lampo. Su festejo inicia el 10 de febrero con la tradicional Entrada de Flores (que ha cambiado en su esencia al paso del tiempo). El festejo se prolonga más allá del veinte de febrero. El 20 es su mero día.
Siempre ha llamado mi atención que los peregrinos traen ofrendas florales y se llevan a su casa ramitos de hinojo, que les servirá para curar afecciones físicas durante todo el año. ¿Hinojo? Sí, he visto que pasan y repasan los manojos en la vestimenta de la escultura de bulto, lo hacen con una gran emoción, con los ojos semicerrados y con peticiones en voz baja. Las personas que conocen las virtudes del hinojo dicen que su fama no es gratuita. ¿Cómo empezó esta tradición? ¡Andá a saber!, pero los mayores, sabios, supieron que esta hierba es benéfica para el cuerpo y más si lleva la bendición de Tata Lampo. Me cuentan que las personas las colocan en un lugar preferente de la casa y cuando aparece una dolencia toman una ramita, oran y se preparan un té. Busqué información en el Internet y hallé que es una planta originaria de las costas del Mediterráneo. Ah, es una planta muy cercana a mis raíces paternas: Italia. Este chunche dice que se aprovecha todo del hinojo, sus semillas, la raíz, el tallo y las hojas. Quienes llevan la plantita deben conocer todas estas propiedades. La tradición de honrar a San Caralampio está unida al hinojo. Cosa genial. No sé si las chicas de estos tiempos saben que con el hinojo se prepara un exquisito aceite esencial. Lo que las chicas sí saben es que los aceites esenciales son una gran ayuda para una piel saludable, para verse como si fueran candidatas a Miss Universo.
Regreso al cartel de 1960. Queda en claro que el patrocinio de este evento es de Exclusivas en Comitán, S. A. y Cafés Zardain, S. de R. L. Exclusivas era la empresa que vendía las chelas de la Cervecería Moctezuma (mirás qué hermosa se ve la botella de la cerveza El Sol. Siempre se pide: “dame una Sol”, nadie pide “El Sol”, que así debería ser. Ahora todo mundo pide “Una Indio”, también jodiendo la concordancia de géneros. Pero, bueno si yo estudié mi primaria en “la Matías” y mi secundaria en “la Mariano”, no debo inquietarme al pedir “una Sol”.
El concurso se efectuó el 14 de febrero de 1960, a partir de las cuatro de la tarde, en el kiosco de La Pila.
Las inscripciones fueron gratuitas y se realizaron con Don Humberto Villegas, en la Tintorería Cuauhtémoc.
Participaron niños y niñas hasta con ocho años de edad, y el trajecito podía ser regional, nacional o universal, ah, pucha, nadita.
Las dos empresas patrocinadoras otorgaron los premios, que consistieron en una muñeca, un muñeco y un juego de té (para las niñas) y un triciclo, unos patines y una pelota (para los niños).
Estos premios estuvieron expuestos en las vitrinas de Casa Yannini y en la Zapatería El Águila.
¿Quiénes integraron el jurado? Acá van los nombres: Óscar Bonifaz, María de La Paz, Mercedes Solís Cancino y María Dolores Ruiz de Martínez.
Y en la parte de abajo vienen los nombres de los integrantes de la Junta de Festejos de ese año. Presidente: profesor Javier Flores Torres; secretario: Humberto Villegas; tesorero: Augusto Molinari B.; vicepresidente: Adolfo Cancino; prosecretario: Mario Pinto O. y protesorero: profesor Óscar Flores del Barco.
Y como no hay palabra sin vocales, acá están los nombres de los vocales (otra vez, sin concordancia, Dios mío): Olinto Albores, Jorge Rodas, Ricardo Guillén, Benjamín Flores, Antonio Carrión, Romeo Domínguez, Benjamín Alfonzo y Galación Domínguez.
Posdata: cuando Paco me mandó copia del cartel, lo agradecí y le dije que ahí estaban unidos los nombres de nuestros papás: el profesor Javier y mi amado Don Tito Molinari.
Ahora que escribí los nombres de los integrantes del comité de festejos caí en la cuenta que conocí casi a la mayoría, entre los que no conocí están Don Galación (¡qué nombre tan galán, tan decidor!). Ya me quedó tarea para ver si puedo dar con algunos datos de este vocal genial.
Ya te conté que años después (cuando mi papá ya no era integrante del comité) mi mamá y mi papá hicieron que su hijito Alejandro participara. Mi mamá bordó un traje de huichol (un traje bellísimo) y, sin mucha conciencia, pasé al escenario y me paré frente al jurado (que quién sabe quiénes fueron) y no hubo duda, el primer lugar es para el niño Alejandro Benito Molinari Torres y todo mundo aplaudió y, sin duda, estuvo de acuerdo con el veredicto. Por ahí anda la fotografía que me tomó Don Enrique Cancino. Me llevaron al estudio de Don Enrique para que quedara registrado ese traje tan hermoso que portaba el niño más bonito del pueblo (es broma, es broma, mi niña bonita). Mi mamá cuenta que tenía guardado el traje, pero un día, mi abuela Esperanza se lo pidió para que lo usara Pedro, mi primo hermano, mi abuela llevó el traje a la Ciudad de México y ahí se extravió. Pero, digo, ahí está la foto que da testimonio de ese instante.
De igual manera te conté que el premio del primer lugar fue un triciclo, pero yo tenía un triciclo, así que lo “catafixié” por el premio del segundo lugar, que era una caja enorme, con una carreta enorme, de esas que aparecían en las películas gringas del Viejo Oeste, con caballos, con jinetes, todo en un hermoso plástico lleno de color. La carreta estaba cubierta, semejaba una tela de esas que usaban para evitar el sol, digo que semejaba porque todo era de plástico. Ah, disfruté mucho el juguete. Pienso que lo mismo pasó con el compa que obtuvo el segundo lugar, ya que se llevó un triciclo nuevo, de paquete.
No sé si todavía existen las dos fotos. Una la tomaron allá en La Pila, estoy contento y tengo en las manos el gran paquete con la carreta, la segunda foto es la que digo que es de estudio, estoy, igual de contento, parado, portando el traje que me hizo mi mamá.
Recuerdo el patio de la casa de Don Humberto Villegas, porque era amigo cercano de mi papá y a veces lo acompañaba porque se echaban sus tragos, mientras yo me quedaba en el patio jugando con las rayas que quedaban entre los ladrillos. Ese patio lo conocieron muchas personas. A veces paso por la calle y veo que ahora el portón está cubierto con láminas de acero y ya no se puede ver desde afuera cómo está el patio central. Cuando viví en Puebla un día me enteré que habían puesto en venta la casa, pero de eso tiene ya más de veinte años y, entiendo, la casa no la ha comprado nadie. Es una casa grande, hermosa, con un patio lleno de luz, patio que se llenaba de gloria cuando los campaneros le daban vuelo a las campanas del templo. Ah, cuánto aire ha corrido en el parque de La Pila proveniente de La Ciénega.
¡Tzatz Comitán!
viernes, 4 de julio de 2025
CARTA A MARIANA, CON LA PRESIÓN
Querida Mariana: la palabra presión la usamos todos los días, a todas horas. No recuerdo en qué momento la comencé a escuchar, pero ahora digo que una mañana, en el sitio de la casa de mi infancia (de la que te he hablado en varias ocasiones), estaba jugando carritos en carreteritas que hacía en la arena. El tío Armando me miraba jugar, él fumaba un puro cerca de un árbol de limón. Mi papá llegó con un vaso en la mano, se lo ofreció y dijo: “acá está el mejor remedio para tu presión”. El tío apagó el puro en una piedra, lo guardó en la bolsa de su chamarra y dijo: ¡salud!, y bebió.
Mi papá había usado la palabra presión. ¿Qué era la presión y qué la bebida que le había dado al tío?
Cuando mi mamá me llamó para la comida, guardé los carritos y, como siempre lo hacía, borré las carreteritas con la mano. ¿Por qué hacía esto? No lo sé. Tal vez me gustaba ser constructor y darle nuevas rutas a las carreteritas. Sí, además estaba el riesgo de la lluvia, que siempre desmadra los caminos que construyen los niños.
Me senté al lado del tío (que apestaba ya a puro y a trago, qué combinación). La plática comenzó y yo me puse a vigilar a mi tío. Pensé que él era un hombre que tenía presión y que debía tomar lo que mi papá le dio. Esa bebida era un remedio para la presión.
Cuando terminamos de comer, el tío se despidió, tomó su sombrero, se lo puso y colgó en su brazo el paraguas. Era sábado. El tío siempre llegaba ese día, desayunaba y comía en casa, al término de la comida se despedía.
Mi papá acompañó al tío a la puerta, lo despidió desde el zaguán. Mi papá volvió y se sirvió un poco más de la bebida que le había dado al tío, le agregó agua y guardó la botella en la vitrina. Yo sabía que esa botella era trago, el trago estaba prohibido para los niños, así que los niños no tienen presión.
En la noche, cuando llegó mi mamá al cuarto donde dormíamos, para leerme un cuentito, para rezar las oraciones, aproveché a preguntarle acerca de la presión. Ella sonrió. Dijo que el tío había comentado que su doctor recomendó tomar todos los fines de semana una copa de güisqui, no más, para regular la presión arterial. ¿Presión arterial? ¿Qué era eso? Mi mamá dijo que no sabía, pero que el tío padecía presión alta, la presión debía estar en cierto nivel, ni muy arriba ni muy abajo. Por eso, mi papá le servía un trago cada sábado, antes de la comida, sólo uno. Como mi papá no padecía de presión, él se servía un poco más de trago. Le gustaba echarse sus tragos. A mí no me gustaba que él tomara, porque luego se convertía en otra persona, dejaba de ser el buena gente, el hombre maravilloso, se volvía otro. Por eso, comencé a pedir (¡qué tonto!) que mi papá tuviera presión alta, para que ya no volviera a tomar más de un trago, los fines de semana, igual que el tío. ¿Y el puro? ¿También era parte de las recomendaciones del doctor? Mi papá no fumaba puro, pero sí fumaba cigarros (Alas azules), que eran igual de apestosos.
Así que la primera vez que oí la palabra presión fue esa mañana en el sitio de la casa. Ya luego comencé a oírlo con más frecuencia, conforme crecí. Como si esta palabra definiera la edad, la fui escuchando más y más. Ya te conté que en la casa de infancia había un gran fogón en la cocina y el frijol lo cocían en ollas de barro. Ya en mi adolescencia el fogón cedió su lugar a una estufa y la olla de barro fue sustituida por una olla de presión. ¿Estaba enferma? ¿Debían echarle trago para que no se muriera?
En la prepa escuché que un compañero dijo que en su trabajo (tocaba la batería en un grupo musical) estaba sometido a mucha presión; asimismo, otro compa dijo que su relación de pareja no era ideal, que la novia lo presionaba mucho. Sí, pensé, la palabra presión no es buena compañera, es una palabra como piedra, la gente la sobrelleva con pesar.
Ahora, los expertos la unen a otra palabra atroz: estrés. Dicen que la presión genera estrés, por eso recomiendan armonía, meditación, sosiego. Estas palabras, así parece, son el antídoto contra la presión. No tanto el trago que mi papá le daba al tío.
Posdata: y ya en mi vejez he escuchado que a la presión alta le llaman “el asesino silencioso”, porque no presenta síntomas evidentes; es algo que camina en puntillas sobre nuestro cuerpo, si no ponemos atención puede ocasionar serios problemas físicos.
Si, querida mía, desde la primera vez que la escuché supe que la palabra presión no era algo bonito.
¡Tzatz Comitán!
jueves, 3 de julio de 2025
CARTA A MARIANA, CON DESTELLOS QUE SE PIERDEN EN EL OLVIDO
Querida Mariana: soy un convencido de que en todo acto hay destellos que se extravían. Es lógico. Todo mundo está pendiente del escenario donde están los reflectores. ¿Has pensado alguna vez que en un concierto de Bublé, entre la audiencia, hay una escritora que tiene libros importantes y que la noche de concierto pasa de noche? Pero lo que me interesa decir que entre la audiencia hay personas que, sin ser famosas, son importantes para la evolución de la sociedad.
¿Por qué dije lo anterior? Porque el día 25 de mayo 2025 hubo actos para celebrar el Centenario del Nacimiento de Rosario Castellanos; hubo actos en todo México y en otras partes del mundo y, por supuesto, en su Comitán.
Muy temprano hubo una carrera pedestre que se llamó: “De Rosario a Rosario”, nombre maravilloso que, tal vez, sólo en nuestro pueblo se puede dar. Esto fue así, porque el inicio de la carrera fue en Yalchivol, en el atrio del templo de la Virgen del Rosario y tuvo como meta la escultura de Rosario que diseñó Luis Aguilar, sí, ¡de Rosario a Rosario! Quienes participaron recibieron, al final, una medalla conmemorativa. Por ahí, desde muy temprano, estuvieron Angélica Altuzar, la directora de CONECULTA, y Hermilo Aranda, director del Centro Cultural Rosario Castellanos.
Por ahí se extravió el nombre del organizador del acto: Toño Zamudio. Toño y el doctor José Ramón Domínguez fueron quienes nombraron a la carrera con el maravilloso nombre “De Rosario a Rosario”.
¿Qué sucedió con quienes corrieron, quienes, al final, fueron los protagonistas de este acto? Los nombres no se consignaron, por desgracia. Y digo que fueron los más importantes, porque sin su participación el acto simple y sencillamente no hubiese existido. Por ahí saludé a la mamá de la ingeniera Carolina Penagos, ella participó, con orgullo mostraba su medalla, medalla que puede mostrar con satisfacción porque, digamos, se la ganó. Digo esto, porque vi a más de dos que llevaban sus medallas en el pecho, sin haber corrido. También se vale, cómo no, pero que no vayan a salir con el cuento que echaron la carrerita.
Pero no quiero contar esto, lo que quiero decir es que al término del acto, donde hubo fotografías con los participantes, el busto de Rosario quedó solo. Y ante el vacío tomó importancia el entorno, en la banqueta donde estuvo la Zapatería Canadá brotó, como flor, el grupo musical que estuvo adornando la mañana. Su música se escuchó nítida, porque el rebumbio de los corredores ya no estaba. Hacé de cuenta que quitás una colmena y el árbol recupera el sonido de las hormigas, el piar de los polluelos y el aleteo de las mariposas. El sonido de la marimba se intensificó, llegó a los espíritus de los pocos que ahí seguíamos, que ya éramos dos o tres, no más. Entre ellos estaba Toño Zamudio (quien hoy es delegado de Protección Civil) y su hija. Ya no había nadie más. Bueno, me vi, ahí también estaba yo. El día del cumpleaños 100 de Rosario ahí estaba, en el pueblo de ella, pueblo mío, pueblo de todos los que aman la vida. Estaba la marimba, estaba el busto de Rosario y estábamos Toño y yo. Así que sin pensarlo dos veces nos acercamos al grupo y dijimos que los cinco, cinco, cantáramos las mañanitas para nuestra amada escritora.
Y digo que en muchos lugares hubo actos fastuosos para celebrar a Rosario, pero esa mañana, cinco alegres bohemios hicimos lo que no se hizo en ninguna otra parte, lejos de reflectores, muy por debajo de los grandes escenarios. En la banqueta donde estuvo la Zapatería Canadá, cinco alegres compadres, como si estuvieran debajo del balcón, le cantamos sus mañanitas a la Castellanos, lo hicimos con gran emoción, acomodando la garganta como si fuéramos primos hermanos de Plácido Domingo y de Andrea Bocelli. Ah, qué bonitos gorgoritos nos aventamos, de nuestra garganta volaba la letra como colibrí, fluía en el aire de Comitán. Los músicos le daban con todo a la marimba, al bajo y a la batería y el recién integrado dúo de vocalistas sonó como si el ritmo estuviera en la gruta bendita de la garganta.
Lo hicimos por la emoción del día; lo hicimos en nombre de todo Comitán. Digo que el acto no pasó a formar parte del libro de la historia, pero quienes participamos recibimos un guiño del aire.
Posdata: en cada acto hay gente que sobresale. El cantante se coloca en el centro del escenario, con la luz del reflector, pero si nadie se sienta abajo y ocupa una butaca para escucharlo, su fama se opaca, pierde brillo, se vuelve nada. Todo tiene su brillo. Siempre pienso en las audiencias monumentales, sé que no sólo en el escenario hay gente importante.
En la fotografía aparecemos: el Arenillero, Toño Zamudio, Marco Antonio Castro Morales, Ramón Gordillo y el gran Chusito (Jesús Castro Vázquez).
¡Tzatz Comitán!
miércoles, 2 de julio de 2025
CARTA A MARIANA, CON UN BOLÍGRAFO
Querida Mariana: en mis tiempos niños el bolígrafo se llamaba pluma. Todo mundo andaba con una pluma en la bolsa o en la mochila, el mundo era alado, lleno de plumas.
Y digo lo anterior, porque el otro día estuve en un salón donde había un grupo de treinta personas y alguien necesitó un bolígrafo y hacé de cuenta que todos se pusieron a buscar El Santo Grial. Nadie llevaba una pluma, todo mundo estaba desplumado.
Esto parecería algo intrascendente, pero veo que refleja muy bien el paso del tiempo, el salto que dimos hacia los tiempos tecnológicos.
El otro día te comenté que un catedrático de la Benemérita UNACH me dijo que le preocupa ver que todos sus alumnos ya no escriben, cuando él termina de llenar el pizarrón, los chicos y chicas abandonan sus asientos, se acercan al pizarrón y toman una fotografía con su celular. Ahí estudiarán la lección. Qué hueva escribir. Ya no hay necesidad, ahora basta tomar una “pic” (abreviatura de picture).
Y bueno, vivimos en el siglo de la imagen. Antes, digo, todo mundo llevaba una pluma o lapicero, era un objeto indispensable para anotar el mandado (ahora basta poner a funcionar la grabadora para tener la relación completa del pedido), para firmar cheques (Dios mío, ahora medio mundo hace transacciones a través de la banca digital), para tomar la lección (ya dije que ahora todos toman “pics”). Antes, la gente escribía cartas. ¿Ahora? Pocas personas llevan una pluma en su bolsa, sólo quienes seguimos haciendo anotaciones (en la papelería compro unas tarjetas pequeñas para registrar algunos datos) o quienes seguimos dibujando bocetos (hay verdaderos artistas que dibujan obras con un sencillo bolígrafo). Fuera de esta mínima colmena, hay un gran porcentaje de personas que ya no usan bolígrafos, el mundo está desplumado. Todo mundo toma “pics”, poca gente usa Bic.
Mi amigo catedrático de la UNACH dice que llegará el día que el ser humano olvidará el proceso de escritura, porque para comunicarse o tomar notas lo hará con los chunches tecnológicos.
Mario Vargas Llosa (igual que muchos famosos escritores) llevó sus documentos a las bodegas de la Universidad de Princeton, ahí están resguardados sus papeles, dijo que cuando participó como candidato a la presidencia del Perú vivía en una casa de madera, pensó que alguien podría quemarla, sus documentos se perderían para siempre. Supo que se perdería algo valioso para el mundo. ¿Papeles? Sí, textos escritos en máquina mecánica y, sobre todo, manuscritos.
Hoy, ¿qué documentos se guardan si todo está en los discos duros de las computadoras? Tal vez hoy, más que nunca, se revaloran los manuscritos de las personas relevantes, porque ya poca gente escribe a mano, poca gente hace uso de una pluma. Ahora, todo mundo está sin plumas, el vuelo se hace en forma digital.
Posdata: a mí me llamó la atención. ¡Nadie tenía una pluma, un simple bolígrafo! ¿Para qué queremos un lapicero si todo puede hacerse en un chunche tecnológico?
Nunca imaginé que extrañaría los bolígrafos amarrados en las oficinas públicas. La empresa ofrecía un bolígrafo para hacer anotaciones de algún trámite, pero para evitar que la gente se lo llevara lo amarraba con un mecate. Siempre que veía esos bolígrafos pensaba que como eran plumas las amarraban para evitar el vuelo. Se me hacía un contrasentido, porque las plumas sirven para volar, así las habíamos empleado en la escuela, la pluma nos permitía volar al lado de la imaginación, hacíamos apuntes y los más duchos en el dibujo trazaban líneas que terminaban en caricaturas de los maestros. ¿Llegará un día que la humanidad olvide escribir? Pues el primer paso ya está dado, ya nadie lleva bolígrafos en las bolsas.
¡Tzatz Comitán!
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