domingo, 16 de agosto de 2026

CARTA A MARIANA, CON LIBRO DE CUENTOS

Querida Mariana: el jueves 20 de agosto 2026 estará en Comitán el escritor Miguel Ángel Ramírez Jardines. Pablo Tapia hizo favor de obsequiarnos, a Dora Patricia y a mí, un ejemplar de “La bicicleta de Franky. Cuentos y relatos desde la periferia”, libro que presentará la tarde de ese día, en la librería “La rueda del hambriento”. Es un gran privilegio para nuestro pueblo, tierra de Rosario Castellanos. ¿Sabías, niña mía, que el nombre de la librería hace un homenaje a nuestra amada escritora, porque es el título de un cuento de la escritora comiteca? Cuentos reúne el libro de Miguel Ángel. Vos sabés que a mí me encanta leer cuentos, lo he hecho desde niño. En estos tiempos donde las grandes editoriales privilegian a la novela y le echan un poquito de polvo a los cuentos, hay gente que sigue cultivándolo, hay autores que los escriben y lectores que los leen. Jardines es uno de los primeros y Dora Patricia y yo somos de los segundos. En cuanto tuvimos el libro en nuestras manos llamó nuestra atención el apellido materno: Jardines. Luego supimos que los compas de Miguel Ángel así le dicen: Jardines. ¡Cómo no! Es un apellido genial, un apellido que dice mucho acerca de la creación, de aire, de libertad. Comenzamos a leerlo, lo hicimos con el cuento que da título al libro: “La bicicleta de Franky”, fuimos al parque de La Pila y lo leímos. No sabemos bien, pero pensamos que Jardines es nativo de Mazatlán, el entorno de sus narraciones desliza así la idea. Dora Patricia y yo comentamos que es maravilloso el acto de que Jardines esté en Comitán, porque si no tenemos mucho conocimiento de la literatura que se hace en estados cercanos como Oaxaca y Tabasco, mucho menos conocemos la literatura de Sinaloa. ¿Está muy lejos Mazatlán? Un poco. Hicimos el ejercicio de viajar hacia allá y fuimos a Oaxaca, luego pasamos a Guerrero, más tarde a Michoacán, Jalisco (ahí descansamos un rato, tomamos un tequila y seguimos), Nayarit y, por fin, ¡Sinaloa! Nos fuimos por la orillita del Océano Pacífico. ¿Mirás? Siete estados. Sinaloa no está cerca de Chiapas. Le conté a Paty que en una ocasión estuve en Mazatlán, yo era un niño, íbamos de viaje hasta Ciudad Constitución en Baja California, lugar donde vivía mi tío Mario, mi tia Eloína, mi abuelo Enrique y mis primos y primas. En Mazatlán tomamos el barco “Díaz Ordaz” y llegamos al siguiente día a La Paz. No recuerdo más de Mazatlán, sólo el puerto donde abordamos el barco. El cuento de Jardines: “La bicicleta de Franky” tiene como entorno Mazatlán, ciudad en donde un día llega Franky, personaje atípico que “muchas veces lo observé fugarse. La mirada se le escapaba”. Contaba muchas historias, que mezclaba con recuerdos de guerra e imágenes “que a mí me parecían absurdas. Eran sucesos que su mente construía”. ¿Mirás qué personajazo es Franky? ¡Un alucinado!, por eso algunos compas le decían: “pinchi Franky, estás más “tumbado” que la chingada”. Jardines da vida a un gran personaje, un hombre que llega un día a Mazatlán, se incorpora a la comunidad, se vuelve integrante de la sociedad, un hombre con mucha creatividad que no hace nada más que lo que hacen los escritores: contar historias, en este caso alucinantes, y una de las más “botadas” es precisamente la de la bicicleta, porque Franky “se puso a diseñar un mecanismo para viajar velozmente sobre el mar sin utilizar lanchas o buques… intentó construir una bicicleta acuática”. ¿Logró su objetivo? Hacé favor de ir a la presentación del libro el día 20 de agosto de 2026, a las cinco de la tarde, en la librería “La rueda del hambriento”, en el barrio de San Sebastián, conocé al autor, comprá el libro y enterate del final de ese cuento. Posdata: el día que leímos el cuento de Jardines, Dora Patricia recordó que había escuchado un audio libro, de Descarga cultura UNAM, que es teatro en atril: “Melville en Mazatlán”, del escritor Vicente Quirarte, escritor mexicano que, desgraciadamente, falleció hace días. El texto comienza con un personaje que casi deletrea la palabra: Ma za tlán. Dijimos que una página lleva a otra y otra más, que la literatura es la puerta que abre muchas ventanas. ¡Tzatz Comitán!