miércoles, 23 de septiembre de 2026
CARTA A MARIANA, CON GATO
Querida Mariana: el juego del gato es sencillo, casi simple. Tomás una hoja, dibujás dos líneas verticales paralelas y luego dos líneas horizontales paralelas que intersecan a aquéllas, con lo que se logra un entramado con nueve casillas, nueve, como si fuera un mínimo homenaje a nuestra tierra de nueve luceros, porque en Comitán, como en todos los pueblos del mundo, también hay gatos y mucha gente que los ama, que los cuida, que los protege. También hay cabrones que les gusta “jondear” gatos. Pobres mortales, indecentes.
El juego del gato es sencillo, mi Paty colgó un lazo con bolitas de estambre debajo de un sofá y el gato (Félix, llegó a casa con ese nombre también simple) se divierte jugándolo. Con la manita lo mueve y luego el gatito se recuesta, queda panza para arriba y sigue golpeando con destreza.
Muchos escritores han tenido como mascotas preferidas a los gatos. Julito Cortázar amaba a los gatos, hay varias fotografías donde aparece el gato de Julio en el departamento de París. Recién lo escribí y llamó mi atención lo que dije: el gato de Julio. Una vez leí un cuento de Eugenio Epaminondas donde aparecían gatos, donde un escritor, como si fuera Fantomas que tenía chicas con nombres del zodiaco, los había bautizado con los meses del año. Tenía doce. Así que no era ninguna novedad que alguien dijera: el mes que más me gusta es diciembre y el gato hiciera su aparición al escuchar su nombre. El cuento de Epaminondas es un drama, porque un día aparece muerto el escritor y el estudio forense determina que murió por el ataque de un gato. ¿Quién de los gatos fue, quién de los meses? Un experto forense lanza la teoría que pudo no ser sólo un mes, sino todo el año. Por ahí va el cuento. Es muy interesante.
El otro día vi una entrevista que le hicieron a Juan Villoro, él permanece sentado en un sofá, de pronto, en la pantalla aparece la cabeza de un gato, en primer plano, el gato está viendo a su amo, hay un instante en que se sube a las piernas, Juan lo recibe, lo acaricia y el gato se acomoda en forma placentera y ahí se queda en toda la entrevista, como un testigo de honor.
El gran Monsiváis era amante de los gatos, hay muchas fotografías donde aparece el escritor al lado de uno o más de sus gatos. Todo mundo sabe que Monsi bautizó a sus gatos con nombres bien simpáticos: Miau Tse Tung, Fray Gatolomé de las Bardas, Miss Antropía y uno más que lo bautizó, no sé la razón, como Peligro para México. Sí, tenés razón, algunos están muy fumados, es un mero juego literario, porque los gatos, que son animalitos bellos, exigen nombres sin complicaciones. El de Miau Tse Tung se me hace un prodigio, los otros están muy metidos con calzador, pero llaman la atención, porque se salen del territorio de lo común (por ejemplo, el gatito que ahora tenemos en casa se llama Félix. Ah, pucha, el bautizador no le pensó mucho. Digo que con ese nombre se lo regalaron a mi Paty, así que respetamos su “denominación de origen”).
La pregunta es recurrente: ¿cuál es tu animal favorito: gato o perro? Es un verdadero tormento para quienes aman a ambos animalitos. Si me preguntás a mí, ya descubrí que mi animalito favorito es el gato, por sus características “personales”. Cuando llegamos a casa la perrita (que en paz descanse) hacía mil manifestaciones de alegría; en cambio el gato apenas levantaba la cabeza, abría los ojos y volvía a dormirse. Además, he descubierto con el paso del tiempo que el gatito no deja de ser niño. ¿Has visto cómo duerme el gato? Me encanta ver cómo se coloca como pichito, con las patitas dobladas; claro, a veces es un deshonesto, porque abre las patas y así se queda, pero, a final de cuentas, parecería que juega, incluso en sus sueños. Recomiendan tener cuidado, porque los gatos sacan las uñas. Sí, hay que ser cuidadoso. Yo respeto mucho al gatito, sólo en las mañanas cuando me levanto de la cama y voy a la sala, él se acerca, maúlla, con lo que interpreto que debo acariciarlo, lo hago, lo hago, porque al principio pensé que él pedía algo de cariño, luego entendí que se acerca porque quien necesita afecto soy yo, cuando él nota que estoy más necesitado de afecto se queda más tiempo conmigo, ronronea y regresa para darme más vida. Pasado ese instante, no volvemos a acercarnos, él pinta su raya y yo respeto esa raya, que es como la que pinta el merolico: atrás de la raya, que estoy trabajando.
Posdata: sí, me gusta el carácter de los gatitos. Si quieren algo lo piden, si no viven su autonomía. Me encanta el poema de la polaca Wislawa Szymborska, que se llama “Un gato en un piso vacío”. La poeta logra transmitir el desconcierto de un animalito cuando el amo no vuelve, porque ha fallecido. Félix, el gatito de casa, quedó turulato cuando falleció mi mamacita y días después su amiguita la perra Pigosa. Hoy vive la vida con lo que le queda en casa.
¡Tzatz Comitán!
