sábado, 17 de octubre de 2026

CARTA A MARIANA, CON EL JUEGO TRADICIONAL DE LA LOTERÍA

Querida Mariana: he jugado a la lotería. A veces, iluso, voy al puesto de venta de cachitos de lotería y compro dos o tres boletitos. Espero que llegue el día del sorteo para revisar si mi número obtuvo el premio mayor. Digo, en plan de broma, que compro cachitos para ayudar a la Beneficencia Pública, como presume la Lotería Nacional. ¿Quién sabe adónde va a parar la ganancia de los cachitos? No lo sé y no me interesa. Como todo mundo, juego porque deseo ganar un premiecito. A veces, soy humano, como cualquier jugador de lotería pienso que puedo ganar; a veces, chucho, pienso que “saco” el premio mayor y que me toca un dinerito con hasta seis ceros; pienso ¿qué haré con esa paga? Mis sueños se evaporan, se hacen caquita, cuando reviso la lista y veo que nada obtuve, el Premio Mayor “cayó” en Zacatecas. Chin, digo, la suerte no estuvo con Chiapas. Hago pedazos los cachitos y los tiro a la basura. Pienso en los compas zacatecanos que compraron el boleto premiado, ¿alguien compró la plana completa, los veinte cachitos? Ah, qué suerte, el país tiene nuevo millonario. Aunque luego pienso que tal vez el ganador es alguien que, de por sí, es millonario. La gente dice que dinero llama dinero. ¿Quién compra la sábana completa? Pues sólo un rico, los otros compramos pedacitos, por eso la vida nos arrima pedazos de trapos viejos. Digo que he jugado lotería, también la lotería tradicional, el maravilloso juego mexicano. Muchos cronistas han contado cómo, en los años sesenta, en la feria tradicional de agosto, don Enrique Constantino colocaba una gran carpa con mesas, bancas y premios colgados de la parte superior, la gente se sentaba, compraba el derecho de tener una tarjeta con imágenes de las cartas que eran “cantadas” por don Enrique, cada que una imagen correspondía con la cantada, el jugador colocaba un maicito o un frijolito, cuando alguien llenaba todas las figuritas gritaba ¡lotería, lotería!, y obtenía el derecho de elegir un premio. Mucha gente participaba. En la novela “Balún Canán”, escrita por Rosario Castellanos, se describe una escena de juego de lotería, en el pueblo sencillo de entonces. Ahora, no hay lotería en la feria, ni chingolingo. Siendo niño jugué lotería, me senté en una de esas bancas que colocaban frente al templo de Santo Domingo, me encantaba ver cómo don Enrique tomaba una carta del mazo y decía una frase alusiva a la figura: “el que le cantó a san Pedro. ¡El gallo!” Se decía que el lector “cantaba” las barajas. Jugué lotería, como millones de niños en el país y en lugares circunvecinos. El juego tenía figuras afortunadas y otras denigrantes. Siempre llamó mi atención que la figura de la sirena mostrara sin empacho sus dos tetas, tal vez el ilustrador pensó que todas las miradas se concentrarían en la cola de pez que tenía la hermosa mujer. ¡Se equivocó! Recuerdo que en el cartoncillo que le tocó a Ramiro apareció la imagen de la sirena y lo primero que señaló fueron las soberbias tetas de ella. Parece que Odiseo se amarró al poste del navío no tanto para no caer bajo el influjo del canto de las sirenas sino para no quedar seducido por las chichis de ellas. Yo puedo afirmar que la primera vez que conocí las tetas de una chica fue gracias al dibujo de la sirena de la lotería tradicional. Llama mi atención que la famosa Liga de La Decencia no le puso tache a esa imagen. Muchas personas de estos tiempos también critican la imagen de El valiente. ¡Qué pena! ¡Qué imagen de este país! La imagen de El valiente, recordarás, es la de un tipo, parado en forma retadora, que en una mano sostiene una daga. ¿De verdad esa es la imagen de una persona valiente? Cualquiera diría que la imagen del valor no corresponde a lo que nos enseñaba el inocente juego de la lotería tradicional. ¿Cuántos niños bebieron esa imagen y crecieron creyendo que el valiente es quien lleva una daga en la mano? En casa jugaba con mi mamá, con mi papá y con Víctor, el hijo de la sirvienta de la casa. Mi mamá, siempre que lo contaba, reía mucho al recordar que Víctor, en lugar de decir “el cantarito” decía: el carantarito. ¿Juego inocente? Pues, ni tanto. Yo siempre elegía el cartoncito que tenía la figura de la sirena. Perdón, Ulises. Todo esto para decir que actualmente hay personas que realizan juegos de lotería con diversas figuras, con muchas temáticas. El otro día platiqué con Rosy Velasco en el mercadito del entronque a Cajcam, ella llevó una lotería que creó con la temática de lo agroecológico. Una verdadera chulada de lotería tradicional. Hubo un rato donde se reunieron niños y niñas y jugaron esta lotería. Estoy seguro que pronto aparecerán las frases simpáticas e inteligentes que acompañarán a cada imagen que se “cante”. Posdata: me encantó la propuesta. Ella le llamó la “Lotería de La Milpa, una propuesta más del Mercadito de Innovación Campesina. La vida con sabor a maíz”. Genial, ¿verdad? En lugar que los niños estén viendo las tetas de la sirena, ellos repetirán los nombres del epazote, de los patzitos, del tecomate, el huitlacoche, el rastrojo, el pozol, el chipilín… ¡Tzatz Comitán!