sábado, 31 de enero de 2026

CARTA A MARIANA, CON EXVOTOS

Querida Mariana: ¿recordás el libro que tenía Lucía? ¿El de Exvotos? Ahí, hasta donde recuerdo, nos enteramos que fue con Hernán Cortés que llegó a México la tradición del exvoto; es decir, el exvoto nos llegó junto con la Conquista Española, en la misma maleta donde los misioneros traían el crucifijo. Se entiende que los misioneros hicieron su chamba dando a conocer los milagros que Dios o las vírgenes y los santos hacían a los fieles que tenían fe, así que era de gente agradecida entregar una muestra de gratitud a través de esas pequeñas laminitas pintadas, donde el pintor recreaba una imagen del santo o de la virgen (sobre todo vírgenes) con un texto que contaba el milagro recibido. Los exvotos se llevan a los templos y se cuelgan en las paredes como testimonio de la ayuda recibida. ¿Qué es un exvoto? Es una lámina pequeña pintada, donde un creyente católico agradece a un santo o a una virgen un favor recibido. Alguien lo ha definido como “el arte de agradecer un favor recibido”. ¿Mirás? ¡Un arte! Te he contado que cuando viví en Puebla y vendí mis cajitas pintadas en el bazar de Los Sapos tuve compañeros que se dedicaban a vender exvotos. Esos compas eran expertos en hacer pasar obras recién hechas como antigüedades. Ellos pintaban los exvotos y, mediante un proceso de envejecimiento falso, los mostraban como si fueran imágenes del siglo XVIII. Los turistas extranjeros se sorprendían ante esas laminitas simpáticas y bellas y las adquirían. Mis compas hacían buen negocio. No ofendían. Ahí estaba el talento de artistas contemporáneos. Los mexicanos sabíamos que no eran originales, pero los visitantes quedaban deslumbrados ante esa muestra de nuestra cultura. Tal vez, no lo sé, en toda América existe la costumbre de pintar exvotos que, como ya dije, son ofrendas que los fieles entregan como testimonio de agradecimiento por un favor recibido. Claro, las ofrendas son variadas, no sólo son laminitas pintadas, pero éstas son las más reconocidas, por el arte que conllevan. Vemos en los templos que mucha gente entrega pequeños chunches de metal (corazones, llavecitas, imágenes de personas hincadas, piernitas o bracitos), relacionados con el favor recibido. En Comitán es frecuente hallar al lado de esos objetos fotografías de los beneficiados. Nada causa tanto asombro como los exvotos pintados, porque la gente se entretiene enterándose de muchas historias íntimas. La mayoría se refiere a algún milagro por cuestiones de salud, se cuenta cómo la virgen o el santo intervinieron para que sanara la persona, aunque los motivos de agradecimiento son infinitos, con lo que se reconoce que la presencia divina está en cada instante de vida, en lo laboral, estudiantil, amoroso, social. No es infrecuente hallar testimonios donde fulana da gracias a Dios porque cuando llegó el esposo, Sancho había salido dos minutos antes, se había subido a la bicicleta y escapado por detrás de la casa (porque ese día no llegó en auto para no despertar sospechas). “Gracias, virgencita, por el favor recibido. Te ofrezco que ya nunca más veré a mi querido. Ya no lo veré en casa, mejor iremos a moteles”. A partir de estas historias que contienen mensajes simpáticos pensé pintar una serie de exvotos que llamé “Exvotos de fin de milenio”, porque el siglo XX estaba por terminar. Esta serie la pinté en Puebla. Una tarde, la directora de la Galería de Arte Síntesis se enteró de mi proyecto y me dijo que, como una mera casualidad, tenía una fecha libre, en la agenda repleta de compromisos de la galería. ¿Quería exponer ahí mi obra? Por supuesto que acepté. Me puse a escribir las historias y a pintar como poseído, no por el demonio, sino por los hados de la creatividad. Era el caricaturista político del periódico Síntesis, así que muchos lectores conocían mi propuesta. Invité al secretario de cultura de esos años a que inaugurara la exposición, el secretario era el reconocido escritor Pedro Ángel Palou. Cuando Pedro Ángel vio mi propuesta aceptó de inmediato y escribió un texto generoso, donde privilegiaba el sentido lúdico del proyecto, porque cada texto era picaresco, juguetón. Hice una muestra respetuosa, pero jugando con el sentido de agradecer momentos chuscos. La foto que anexo, querida mía, es de uno de los cuadros expuestos. Este exvoto estaba dedicado a la Virgen de Guadalupe y el texto alude a un momento donde la persona que hace la ofrenda le agradece su divina intervención para solucionar un conflicto. Al final, me llamó la secretaria del secretario para decirme que Pedro Ángel no asistiría porque ese día, a esa hora, tenía reunión con el gobernador, pero que acudiría el director de determinada área en su representación; la secretaria del susodicho director me llamó para decirme que también tenía una reunión que no podía cancelar, así que iría… Llegó una funcionaria de tercer nivel, pero todo fue glorioso porque leyó el texto del famoso Palou. Hubo una buena concurrencia, ofrecí vino de honor y mi mamacita preparó butifarras y canapés que, como se estila decir, fueron del gusto de la amable concurrencia. A esa serie de exvotos de fin de milenio le siguieron otras series, una dedicada a Santa Frida Kahlo, una más dedicada a San Julio Cortázar y una reciente (del 2025, que no ha sido expuesta) dedicada a Santa Rosario Castellanos. Las series de Frida y de Julio fueron realizadas con tinta china sobre papel y la de Rosario la hice con plumones acrílicos sobre papel. La exposición en la Galería Síntesis, en Puebla, constó de una serie de cuadros de más de un metro por lado, de óleos sobre tela. El texto de Palou privilegiaba el juego del texto. Pienso lo mismo, las series son sencillas, pero tienen la gracia de unir textos juguetones con la idea del exvoto. El mundo debe ser agradecido por tantas bendiciones de la naturaleza que se dan día con día. En las últimas series he canonizado a artistas y escritores que han hecho objetos sublimes. El concepto ha ido más allá de lo sagrado, porque me atreví a canonizar a la comunista y atea Frida, porque sus cuadros también forman parte de un cielo eterno. Posdata: en el Museo de la Basílica de Guadalupe existe una gran colección de exvotos originales, son pequeñas piezas que fieles han ofrendado a la morenita porque les hizo algún favor divino. Visitar esa colección es entrar a un terreno misterioso. Son pequeñas manifestaciones artísticas, realizadas por pintores anónimos, cuyo trabajo es precisamente especializarse en hacer los exvotos. ¿Mirás lo que significa cada exvoto? Cada uno está ubicado en el terreno del milagro y del agradecimiento. Con ello no se juega, es algo muy respetable. Lo que hago es algo juguetón. Le quito el rostro divino y canonizo, incluso, a la Frida Kahlo, al Julito Cortázar y a la pichita amada Rosario Castellanos, porque ellos, en su genio creativo, también fueron ángeles en la Tierra, con alas y con cola o sin cola, ángeles humanos. ¡Tzatz Comitán!

viernes, 30 de enero de 2026

CARTA A MARIANA, CON OPCIONES

Querida Mariana: te veo focus. Contenta con la profesión que elegiste. Vos no dudaste en ningún momento, tu vocación la tenías bien enraizada. ¿Por qué algunas personas tienen bien definido su vocación y otras no? A mí me costó. Es decir, no supe observarme. Me sobró soberbia. En bachillerato, cuando ya estaba a punto de terminar el tercer grado, siempre pensé: “puedo estudiar cualquier cosa, cualquier cosa puedo superarla”. Como te das cuenta, enfoqué mal mi lectura. Las preguntas correctas eran: “¿para qué sos bueno?, ¿qué te gusta hacer?” Tal vez estas dos preguntas son las que siempre evadí. Erré el camino. Puedo hacer cualquier cosa, dije. Era una soberbia ¡soberbia! No entendí que no podía hacer todo. Bastaba con que alguien me dijera: serás buzo, para desecharlo de inmediato, porque nunca aprendí a nadar, siempre he tenido temor al agua. Bueno, parece que me hizo falta hacer este análisis. Tenía que descartar, eliminar todas aquellas opciones que no estaban dentro de mis capacidades. No podía ser deportista, porque jamás me acerqué a tal actividad. Te he contado que en secundaria odiaba la clase de Educación Física. ¿Mirás? Ya he descartado dos sendas. Así que no podía estudiar cualquier cosa. Debí eliminar y luego analizar las opciones que me quedaran para analizar cuáles eran las más cercanas a mi gusto y a mi capacidad. ¿Química? No ¿Matemática? No (y en forma estúpida decidí, la palabra decidir no es la más conveniente) estudiar una ingeniería. ¿De dónde saqué esa determinación equívoca? De mi soberbia, de no destinarle tiempo a reflexionar. Era tan sencillo, pero a mis diecisiete años no lo pensé así, dejé que todo volara como un papalote sin rumbo. Y tal vez esto fue así, porque tampoco fui un niño que hiciera y volara papalotes. No era bueno para la pelota, no era bueno para la aventura, a veces iba de excursión, pero no era algo que me atrajera ni para lo que me distinguiera, como sí había compañeros que eran intrépidos y gozaban el contacto con la naturaleza. Siempre fui un príncipe cuidadito. ¿Qué me gustaba hacer, entonces? Ah, me encantaba ir al cine. Sí, eso lo disfrutaba. Igual que vos, desde temprana edad, me convertí en un cinéfilo. Bobo que soy jamás pensé que hay mil profesiones relacionadas con el cine. Bobo, mil veces bobo. ¿Qué más me gustaba hacer? Leer, leer era una de mis pasiones. Comencé a devorar las revistas de monitos, luego las secciones infantiles de periódicos y luego di el salto a la lectura de libros, de cuentos, de poesía, de teatro, novelas. Uf. El mundo era inmenso. Desde el pequeño pueblito de Comitán, gracias al cine y a los libros tenía contacto con todo el mundo visible e invisible, con el presente, el pasado y el futuro. ¿Mirás lo que digo? Iba al cine y veía películas dirigidas por Buñuel, por John Ford, por el Indio Fernández y cuando leía estaba en contacto con María Matute, con Miguel de Unamuno, con Camilo José Cela y con cientos más. Uf. Nunca me di cuenta que era un niño especial en el pueblo, mientras los demás jugaban fútbol, bajaban las pendientes en carretones, iban a nadar, reparaban radios, arreglaban bicicletas, miraban objetos a través de microscopios de juguete, jugaban a la comidita y a curar enfermos, yo disfrutaba el cine y la lectura. Muchos amigos también iban al cine y comían los sabrosísimos y únicos tacos dorados del Cine Comitán y, al salir, jugaban a las luchas en los sitios de las casas, pero (ahora lo sé) muy pocos niños de mi generación dieron el salto de las revistas de monitos a los libros de la Colección Básica Salvat. Lo mío, lo mío, era la lectura y el cine. De mudo me fui a meter a estudiar ingeniería en la UAM y en la UNAM. Por esto, en mi fuero interno no hice caso a lo que mi conciencia boba me impulsó cuando me inscribí en Ingeniería y te he contado que jamás falté a la universidad, pero en lugar de ir al aula a aprender circuitos electrónicos entraba a la Biblioteca Central Universitaria y leía, leía (viene la rima) ¡todo lo que podía! Y cuando me enteraba de ciclos de cine en auditorios de diversas facultades iba al cine. Así como en las tardes acudía a la Cineteca Nacional (en el edificio que se quemó) y me aventaba las Muestras de Cine Internacional. En la mañana cine y en la tarde cine. Era la herencia de mi pueblo, pues los domingos iba a la matiné del Cine Comitán y en las tardes me tocaba ver la doble función en el Cine Montebello. Todo estaba cantado, debería estudiar algo relacionado con el cine o con la literatura. Hay tantas opciones. Pero, el bobo de tu amigo jamás se dio cuenta de lo evidente. Posdata: un día un amigo se botó de la risa cuando se enteró que a su hermano le había dado la materia de “Orientación vocacional”. Pucha, dijo, vos ¿con qué preparación contás? Ah, le dije, soy el tipo que más puede hablar de ello, porque ya lo viví. Ahora quise compartir esta experiencia con vos, porque tu vocación fue elegida desde el primer momento, no dudaste. Yo di vueltitas por la orilla, pero, de igual manera, jamás dudé de mis gustos y de mis dones. El otro día, en Guadalajara, saludé al gran crítico de cine: Leonardo García Tsao, y pensé que él tampoco dudó. Si ha ido a cientos de festivales de cine en todo el mundo es porque supo que se podía vivir profesionalmente del cine, que el cine tiene mil senderos, todos maravillosos. ¡Tzatz Comitán!

jueves, 29 de enero de 2026

CARTA A MARIANA, CON UN TUTÍS

Querida Mariana: la palabra culo en España es de uso común. Acá, cuando menos en Comitán, es una palabra que sólo se emplea en voz baja. Así nos acostumbramos. Mucha gente piensa que culo es una mala palabra. En los años setenta una muchacha me dijo, muy molesta: “cara de mi culo”. No sé qué le había dicho yo antes que la molestó. Armando que no se quedaba callado me dijo que el dicho había sido un elogio, porque ella tenía muy buen “me presta”, así lo dijo. En efecto, la chica tenía un trasero que despertaba pasiones. Yo, la verdad, nunca he entendido bien a bien cuál es la pasión que despierta una muchacha con un trasero generoso en volumen. Cuando pasa una chica por la calle, en automático los hombres posan su mirada en la grupa, anca de potrilla desbocada. Dora Patricia Espinosa es fanática de la música de Michael Bublé, cuando se enteró (en 2023) que estaría en la Arena México, en la CDMX, rompió su cochinito, sacó los ahorros, compró boleto para el concierto y viajó para vivir la experiencia. Cuando regresó a Comitán me contó, emocionada, que había sido un concierto maravilloso, botada de la risa me dijo que al principio el cantante habló algunas palabras en español, para decir lo que dicen todos los artistas extranjeros, que México es un gran país, luego se agachó tantito, dio la mano a una chica y dijo que el concierto permitía “tocar tu mano” y luego agregó: “tocar tu culito, también”. Sin duda que sus asesores le recomendaron que dijera eso para tener una cercanía con su público que, en efecto, disfrutó y celebró esas palabras. No dijo culo, dijo culito, en diminutivo, el diminutivo le quita su cara grotesca a la palabra, le da aire de ternura, porque todas las mamás limpian el culito de sus criaturas. En Comitán el culo es tutís. ¿Recordás el cuento de Doña Lolita Albores? No lo recuerdo bien, pero sucede que alguien, dentro de casa, pregunta a alguien que está afuera: “¿qué querés?”, y el de afuera responde: “El tutisito de tu hija”, “Ah, es un alma tutisera”, dice el otro. Se cuenta como chiste. Pues el Bublé, sólo como mercadotecnia, habló del tutisito, así podemos decir que el gran cantante es integrante del club de tutiseros. Digo esto, porque el otro día escuché una canción del chico famosísimo Maluma. Medio mundo escucha su música; es decir, todo lo que canta se queda en nuestra memoria, modela nuestra personalidad. La canción se llama “Bronceador”, él y ella están en la playa, él dice: “tu cuerpito es de mi talla”, ah, ya es una señal de por dónde irá la letra; él le pide a ella que se quite la toalla, oh, oh, para que él le eche bronceador. En este momento ya la letra es alburera: “quisiera echártelo, mami, echarte el bronceador”. Todo simpático, digamos que normal, pero líneas más adelante dice: “qué chimba si te tengo en pelotica, tu culito redondito”. ¿Mirás? Hay mil partes del cuerpo, pancita, deditos, orejitas, pero el autor privilegió el culito. ¿Por qué? Porque, vos lo has oído, ahora vivimos en una sociedad donde el trasero es motivo de excitación. Millones de jóvenes cantan las canciones de Maluma y de otros compas que, dentro de las letras, mencionan al culo que, ahora se ha vuelto ya una palabra común, que se dice con el mismo desenfado con que lo pronuncian en España. Vos sabés que yo soy amante del lenguaje, para mí no existen las malas palabras, todas tienen su encanto, todas sirven para nombrar y la palabra culo nombra una parte del cuerpo, esencial para nuestra existencia. Recordá que en un concurso de órganos del cuerpo todos nombraron sus características para ganar el primer lugar, al final el culo dijo que él era el más importante, dijo: “si yo me cierro, todos ustedes se paralizan”. Posdata: Maluma, igual que Bublé, sabe que el diminutivo le quita su cara agria a la palabra culo, pero también he escuchado una canción de Lola Indigo que se llama “Culo” y toda la letra ronda sobre la palabra. ¡Dios mío! “Si quiere este culo, si quiere este culo, tú tienes que trabajar, darle duro”. Ah, ya entendí, el mensaje es: ¿querés este cuerpecito? Ponete a trabajar. En los videos musicales hay muchas escenas donde el “perreo” es el foco, donde el culito centra toda la atención. Vivimos tiempos donde se glorifica esa parte del cuerpo, por eso, a veces, veo en la calle algunas mujeres que tienen unos grandes cabuses. “Son operadas”, pienso, y sigo mi camino. Ahora hay muchos culitos artificiales, con implantes de gel de silicona. ¡Uf! ¡Ay, qué tiempos los tiempos de La Sonora Dinamita! Ellos cantaban “No te metas con mi cucu”. ¡Qué niños tan modositos, tan de letra de confesionario! ¡Tzatz Comitán!

miércoles, 28 de enero de 2026

CARTA A MARIANA, CON NOTICIAS SUBLIMES

Querida Mariana: me encanta darte buenas noticias, ser como un mensajero de buenas nuevas para nuestra sociedad. El sábado estaba en la oficina y recibí una invitación que envió el químico Enrique Solís Cancino. Una invitación bien cuca, con excelente presentación. La abrí y hallé el motivo: “Jornada Académica Medicina de Laboratorio QFB Enrique Solís Cancino”. Genial. No tengo la certeza, pero debo decir que a mí me parece que es la primera vez que un laboratorio de análisis clínicos realiza una jornada académica en este pueblo, una jornada de alto relieve, digno de cualquier lugar del mundo. Te platiqué que celebré el regreso del químico Solís Cancino a su tierra. Estuvo lejos varios años. Un buen día del año pasado lo saludé y me dio la grata noticia de su regreso al pueblo. Ahora, su experiencia profesional vuelve a estar al servicio de Comitán y de la región. Su laboratorio, ya lo dije en una carta anterior, está a media cuadra de la oficina de ARENILLA, casi enfrente del hotel “Corazón del Café”. Celebré su regreso y acá queda de manifiesto lo importante de su presencia. Ahora invita a asistir a una jornada académica que organiza. ¿Mirás la trascendencia del acto? El químico Solís llegó, vio y compartió, porque sabe que compartir es vencer, vencer la desidia. Con esta iniciativa, generosa, activa a nuestra sociedad. Hay personas que iluminan la burbuja colectiva donde vivimos, el químico Solís es una de esas personas, él no sólo brinda sus servicios profesionales, abre un abanico donde el conocimiento llegue a más gente. La jornada académica consistirá en dos ponencias, la primera se titula: “El laboratorio clínico. De La Artesanía a La Inteligencia Artificial”, que impartirá el Doctor Eduardo Aguirre Langle; la segunda ponencia la impartirá la Doctora Karla Santana Torres, con el tema: “La Biología Molecular en el Despegue del Diagnóstico Clínico”. Suena interesantísimo, sobre todo para los profesionales y estudiosos, pero el público en general puede acercarse a estos temas, expuestos por expertos. Las dos ponencias suenan sugestivas. Pregunté con los organizadores y me dijeron que está abierto a todo el público interesado. La jornada académica se efectuará el sábado 7 de febrero 2026, en el Teatro de la Ciudad, a partir de las diez de la mañana. El acto está coordinado por la QFB Flor Tavernier Albores. Puedo estar equivocado, pero digo que por primera vez un laboratorio de análisis clínico organiza una jornada académica en Comitán. Esto es como un matraz lleno de energía positiva. Posdata: en cuanto recibí la invitación entré al Internet y busqué. Eduardo Aguirre Langle es Doctor en Microbiología y presidente de Asesores Especializados en Laboratorios; Karla Santana Torres tiene un Doctorado en Ciencias Biomédicas, especializada en Biología Molecular. ¿Mirás? Dos ponentes de lujo, en Comitán, gracias al empuje social del Laboratorio de Análisis Clínicos, del QFB Enrique Solís Cancino, comiteco por los cuatro costados. ¡Tzatz Comitán!

martes, 27 de enero de 2026

CARTA A MARIANA, CON DESAYUNITOS

Querida Mariana: la imagen es recurrente, la encuentro en varias partes de la ciudad, en varios momentos. ¿Ya viste con atención? Es una calle comiteca, es temprano, es un sábado, el movimiento es escaso. Acá se ve a una persona que cruza la calle y luego un grupo de personas sentadas ante la góndola de una camioneta, con la tapa abierta. La tapa sirve como mesa. Ellos desayunan, tal vez unos tamales o un pollito con tortillas calientes. Sin duda que los propietarios de la camioneta no son del pueblo, o llegaron para una diligencia personal o van de paso. Tal vez lo que desayunan es un itacate preparado en casa, llegó la hora del desayuno, se estacionaron y dispusieron la mesa. Tal vez, digo, pasaron a comprar unos tamales o un pollo rostizado y unas tortillas. La imagen es recurrente. La veo con frecuencia. Hay mucha gente en tránsito en todos los pueblos. No siempre hay paga para entrar a desayunar a una fonda o a un restaurante. No siempre hay tiempo. Acá se da el prodigio de la vida práctica. Sacar el itacate, bajar la tapa de la góndola, colocar una silla y un tambo boca abajo y prepararse a desayunar, en medio de la plática, de la convivencia. El otro día me tocó ver frente a la casa, donde hay una terminal de combis que van y vienen de San Cristóbal, a otro grupo de amigos o de familiares desayunar sobre la banqueta (desayuno banquetero). Se sentaron en el borde de la banqueta o se recargaron en la pared y comieron. Desde lejos los vi con platos y vasos desechables, con dos refrescos Jumbo y unos tamales. Sin duda que vos también has desayunado así. Uno busca una torta, un jugo y va al parque, se sienta en una banca y desayuna. He visto muchas películas y leído historias en libros donde se repite la escena, no importa que estés en París, Nueva York, la CDMX, Comitán o Tuxtla. A veces voy al mercado Primero de mayo, compro unos chinculguajes y un vaso de atol de granillo y me siento en una banca del parque, ahí desayuno. Nadie dice algo. No falta algún peatón que me ve, pero es algo natural. Sólo hay una mirada de costumbre, no de asombro, porque todo mundo ha hecho este ritual callejero, nómada. Me dio gusto ver la escena que te comparto. Pensé que todo iba bien, porque en muchas ocasiones veo la misma escena cerca de hospitales, estos grupos de personas también desayunan en la calle, porque adentro, en algún cuarto, tienen a un enfermo, están pendientes de su familiar y no les queda más que desayunar en la calle, los veo reír, platicar, mientras se preparan un taco con carnitas y salsa verde, pero algo en su corazón está apachurrado. Hace tiempo que no voy a la montaña donde, cumplido el recorrido, el grupo de amigos se sienta en piedras y saca el itacate con paquitos de frijol o de chorizo con huevo (o la gallina paseada). Con Fito íbamos de vez en vez a Tenam, hace años y en la cima él sacaba un pomo de cristal con huevos duros bañados en salsa verde, un prodigio gastronómico de Comitán. Eso fue hace años, cuando mis hijos estaban pequeños. Hoy la vida ya marcó otros senderos. Ahora, en ocasiones, desayuno en el parque central, en el parque de La Pila o en el parque de San Sebastián. Hay un aire misterioso y bonancible en este ritual. Siempre he dicho que no me gustan los espacios cerrados, por eso no me gusta ir a ese famoso restaurante donde preparan una riquísima lengua en pebre, porque me siento como en una celda; me encanta, al contrario, ir a restaurantes donde el aire y la mirada corren libres como papalotes, como el Mahi Mahi, como en el patio de Tío Javi, como en el 1813, como en el restaurante Bonampak. Sí, la riqueza de la gastronomía comiteca debe disfrutarse en un espacio al aire libre (claro, siempre y cuando no haga mucho viento o llueva). Posdata: mucha gente come a media calle, como esta familia. A veces, la vida exige adecuar espacios cuya vocación es otra. No siempre puede uno comer en casa (siempre lo prefiero) o en una fonda o restaurante. A veces es necesario sentarse en la banqueta para comer alguna torta. ¡Tzatz Comitán!

lunes, 26 de enero de 2026

CARTA A MARIANA, CON FESTEJO

Querida Mariana: el gran fotógrafo Carlos Gordillo celebró el sexto aniversario de su Estudio. Vos y yo hemos platicado la sensación que nos genera ver el inicio de un emprendimiento empresarial, grande o pequeño. Nos da mucho gusto cuando algo comienza a crecer, tal como fueron los deseos de sus dueños. La pequeña tortería que prepara tortas exquisitas y que su clientela se vuelve asidua y cada vez crece más. Lo mismo sucedió con el sueño de Carlos, quien posee muchos dones artísticos, uno de los cuales es la fotografía. Carlos comenzó en forma pequeña, como casi todos, mas un día puso un ladrillito para construir el deseo de un estudio profesional, un espacio donde la gente llegara a tomar sesiones de fotografías con el aval de la calidad y de la mirada artística de Carlos. Su sueño comenzó a tomar forma y hace seis años inauguró el local. Por fortuna su sueño se ha consolidado, ahora mucha gente llega a su Estudio para la toma de fotografías profesionales. Su empresa ya no tiene regreso, sólo ascenso se advierte. Esto lo celebran todos sus amigos y sus familiares. Por supuesto que quien más lo celebra es él. Emprendió un camino que no es sencillo, todas las manifestaciones artísticas se topan con el muro de la incomprensión, pero ahora ya hay mucha gente que aquilata su talento y no dudan en acercarse a él para solicitar una sesión de fotografías. En nuestro pueblo hay muchos y muy buenos fotógrafos y fotógrafas, cada vez hay más artistas de la lente que ofrecen sus trabajos. Hay para elegir. Esto es bueno. No todos los fotógrafos invierten en sus sueños, porque construir un estudio implica una inversión económica. A veces he estado en el estudio de Carlos y he visto el equipo que posee, todo para que el resultado sea óptimo. Su sueño ya es un papalote que vuela alto, tan alto como su talento. Ya no tiene vuelta para atrás. Por eso celebramos su dedicación y constancia. Digo que a veces vos y yo vemos el entusiasmo que empuja a algunos para abrir un nuevo negocio. Vos y yo hemos visto a parejas que pintan los interiores, que agarran el martillo o el destornillador y fijan los canceles donde exhibirán productos para venta; hemos visto cómo abren pequeños negocios que, a la vuelta de algunos meses, se desmoronan. El entusiasmo inicial se desinfla. Eso nos da mucha pena, porque vimos la alegría con que emprendieron su sueño. ¿Qué sucedió? Algo faltó. El emprendimiento tiene muchas sendas, algunas de las cuales son inextricables. En el caso de Carlos todo funcionó tal como lo soñó. Estoy seguro que hubo un momento de duda, de incertidumbre, porque el emprendimiento es como un volado, no se tiene la certeza de que funcionará al ciento por ciento; pero Carlos puso por encima su pasión y la convicción de su talento y la siembra ya ha dado frutos saludables. Su Estudio cumplió seis años. Ya es un pichito que camina solo, que corre, que trepa a los árboles, que juega con las nubes. Ya es un papalote que vuela alto. Esto es para celebrarlo, porque es una empresa comiteca, iniciada por un comiteco de excelencia. Es uno más de los emprendimientos que enraizó, que pegó, que ya da frutos. Posdata: es muy triste presenciar los derrumbes de sueños; por el contrario, da mucho gusto ver los proyectos que avanzan, que dan prestigio al pueblo. El Estudio de Carlos Gordillo Alfonzo ya genera muchas imágenes que dan gusto y alegría a la sociedad. Carlos viene de la tradición familiar y de la tradición histórica del pueblo, que ha tenido muchísimos grandes fotógrafos. Carlos es uno más. Felicidades. Que haya muchas más empresas que cumplan años, muchos años. ¡Tzatz Comitán!

sábado, 24 de enero de 2026

CARTA A MARIANA, LOS TIEMPOS CRUZADOS

Querida Mariana: terminé de leer “El loco de Dios en el fin del mundo”, del escritor español Javier Cercas. Pensé que es una novela sensacional. Un ateo irredento platica un rato con el papa Francisco y le pregunta dos cosas que quiere contarle a su mamá: ¿hay vida eterna? ¿Vendrá la resurrección de los muertos? Estas preguntas se las hace al papa el gran ateo, porque su mamá es católica y tiene la certeza de que cuando muera se encontrará con su difunto esposo. Hace dos días me enteré que Javier Cercas obtuvo el premio al Libro Europeo con esta novela, lo que confirma la calidad de su narrativa. En cuanto lo dejé me decidí, entre la pila de libros pendientes, por la última novela de Mario Vargas Llosa: “Le dedico mi silencio”. Por ahí, dicen los estudiosos de la obra del Premio Nobel quedó pendiente un ensayo que escribiría acerca de Jean Paul Sartre, el filósofo que tanto influyó en sus primeros trabajos, a tal grado que los amigos molestosos le decían de apodo “El Sartrecillo Valiente”. Pero, la muerte le puso el pie, Mario (como lo hará todo mundo) tropezó y hasta ahí se acabó su genio creativo. ¿De qué trata la novela que ahora leo? Es un tema apasionante: de la música criolla del Perú, de los valses peruanos. El tema de Mario me llevó a pensar que en Comitán no tenemos música criolla, nos han hecho falta los estudios de la música tojolabal. Ahora que se acerca la Entrada de Flores, en honor a San Caralampio, recordamos la música que acompaña a la procesión, que está sostenida en dos instrumentos: el tambor y el pito (flauta de carrizo). Entiendo que quien toca el pito, como si fuera el director de orquesta, marca el ritmo, es el pitero quien ordena el sonido de los tamboreros. Parecería muy difícil describir este sonido, por eso digo que hace falta el estudio más a profundidad de los expertos. Los comitecos, quienes son muy pícaros y hábiles para las relaciones sociales, trasladaron el sonido que hacen los tambores en la procesión con una letra muy sicalíptica, pero que sí deja ver una idea cercana al sonido que se da en las entradas de velas y de flores: “Te lo tenté, te lo tenté, tenía pelitos y me espanté”, quitando la simpática alusión sexual, el ritmo queda impreso en ese juego de palabras: “Te lo tenté, te lo tenté”, así suenan los tambores. El ritmo de los pitos es más variado, pero sigue una línea melódica que no es muy cambiante. Diríamos que la música no tiene grandes variantes. Los oídos de los comitecos siempre han escuchado este ritmo, un ritmo que es como el pan compuesto, que es un antojo muy sencillo pero rico; lo mismo sucede con la música que acompaña las procesiones, porque, de igual manera, se produce con sólo dos instrumentos muy sencillos. Por fortuna, la flauta de carrizo sigue siendo la misma desde tiempos inmemoriales, no sucede lo mismo con el tambor, porque ahora la carcaza de madera ha sido sustituida con cilindros de pvc, lo que, sin duda, hace que el sonido cambie. Se entiende que hay una gran distancia entre el sonido producido por el tronco de un árbol natural al sonido que produce un cilindro de plástico. Pero la tradición continúa. Algunos jóvenes acompañan a sus papás y reciben el legado, asimismo ahora se ve la participación de mujeres, cuando años antes esto era imposible, porque la responsabilidad recaía en varones, recordemos que nuestra sociedad ha sido tradicionalmente machista y, sin duda, que la música también refiere dicha estructura social. Mario Vargas Llosa habla de los instrumentos utilizados en el Perú y nos dice cómo el origen del vals peruano se instaló en los famosos “callejones” de Lima, que eran vecindades donde existía un gran hacinamiento de personas en medio de ejércitos de ratas. En estos callejones nació la música criolla, grandes artistas de la guitarra y del cajón peruano salieron de ahí, a la par de grandes compositores. En Comitán, digo, no tenemos algo así. La historia nos indica, eso sí, que nuestro pueblo tiene una tradición musical de años. En las casas de antes de la mitad del siglo XX había muchos pianos y era cotidiano caminar por las banquetas y escuchar que adentro, en las salas, algún artista ejecutaba canciones de música culta; asimismo, hay registros escritos y fotográficos de la existencia de orquestas donde, bajo la conducción de un director, varios ejecutantes de violines, violas, pianos, chelos y otros instrumentos de cuerda, de viento y de percusión alegraban las tertulias que se daba en este pueblo. Como era difícil la comunicación con el centro del país, la proximidad era con el país de Guatemala, con quien, desde siempre, hemos tenido un contacto mucho más cercano. Nuestra historia musical indica la existencia de grandes compositores y de grandes intérpretes. En el libro de oro aparecen los nombres de Fernando Soria y de su hija Isabel Soria. Dos personajes relevantes de la música en Comitán. Se cuenta que Isabel, gran cantante soprano, tuvo participaciones en grandes salas de concierto del mundo. Por esto, el arquitecto Gustavo Trujillo, en paz descanse, y el escritor e investigador Doctor Omar Ruiz, han insistido en que un recinto especial en el pueblo lleve el nombre de esta gran cantante. Cuando menos al maestro Esteban Alfonzo, director de grupos musicales, ejecutante y compositor, la historia local le hizo un mínimo reconocimiento, porque en el jardín central del Museo Arqueológico y de la Biblioteca Pública Regional existe un busto en su honor. Mario encontró un elemento social aglutinador en el vals peruano. Todo mundo sabe que la música es un lenguaje universal. He visto en algunas reuniones donde hay una marimba cómo las patías de los presentes empiezan a moverse siguiendo el ritmo. La música es un detonante inmediato de la alegría, es un cartucho lleno de vida. Yo, lo sabés, no he sido muy aficionado a la música, no como amigos que tengo, que son fanáticos, que en los años setenta tenían cientos de discos y adquirían aparatos de reproducción, de alta fidelidad. No, he escuchado lo que me ponen enfrente, en fiestas o en actos especiales, como el que se dio el pasado 22 de enero 2026, en Mi pueblito San Caralampio, donde el gobernador del estado de Chiapas fue testigo de honor en la entrega de Placa Conmemorativa de Indicación Geográfica Protegida del Comiteco de Comitán. Ahí, la marimba orquesta municipal amenizó el acto y toda la gente tenía pintada en su rostro una sonrisa de colibrí, porque la música estaba muy sabrosa. Digo que no he sido gran aficionado a la música, pero llevo en mi espíritu el ritmo del tambor y del pito. Con eso crecí. Mis papás, niños lindos, me llevaban al festejo de San Caralampio y ahí escuché ese mítico sonido que, insisto, nace de la conjunción de dos simples instrumentos vernáculos: una flauta de carrizo y un tambor con cilindro de madera y baqueta de cuero. Posdata: las serenatas que mis amigos daban a sus novias eran con marimba; los bailes de mi juventud eran con marimba, con marimba bailé, con marimba platiqué, con marimba me emborraché. El sonido de la marimba también es un bordado sublime en mi coraza, en mi corazón. Por ahora seguiré leyendo el último libro de Mario. Lo escribió y nos dedicó su silencio, un silencio lleno de valses peruanos. ¡Tzatz Comitán!

viernes, 23 de enero de 2026

CARTA A MARIANA, CON EL INSTITUTO CHIAPANECO DE CULTURA

Querida Mariana: esta foto la robé de la UNICACH. Es la efeméride de la creación del Instituto Chiapaneco de Cultura. Vi la foto y un caudal de imágenes me refrescó la memoria. Ahí conocí a muchas personas que admiro y quiero. La primera imagen, por supuesto, fue la del Doctor Andrés Fábregas Puig, director del ICHC. Ah, cuántos nombres, cuántas historias: Socorro Trejo, Marissa, José Luis Ruiz Abreu, Uberto Santos, Mario Nandayapa, Óscar Palacios, Gustavo Ruiz Pascacio, Yolanda Gómez Fuentes, Rubén de Leo, Carlos Gutiérrez, Jesús Morales Bermúdez, Gabriel Hernández, el maestro Muciño, así como Heberto Morales Constantino, Miguel Ángel Godínez. Supe del Instituto Chiapaneco de Cultura en el pueblo. En ese tiempo (te he contado) muchas actividades culturales se realizaban en el pueblo, por mediación de esa institución, que tanto bien le hizo al estado de Chiapas. Sus directivos fueron gente comprometida que tenían un plan perfectamente diseñado para llevar cultura a todos lados. Acá conocí a Héctor Cortés Mandujano, a Pepe Falconi, a Dolores Castro, al gran Quincho Vázquez, a Eraclio Zepeda, a Blanca Margarita, a Elva Macías y a muchos más. Venían, compartían su obra y nosotros la disfrutábamos y aprendíamos. Un día me enteré que harían una selección para becarios del Centro Chiapaneco de Escritores, sometí mi obra a concurso. No gané, pero en compensación Jesús Morales Bermúdez me dijo que me invitaba a integrarme al taller de cuento que, cada mes, impartía el famoso Rayo Macoy, Rafael Ramírez Heredia. El último viernes de mes viajaba, con mi Paty y mis hijos, a Tuxtla para asistir al taller. Nos hospedábamos en el Hotel Bonampak (donde también se hospedaba el Rayo) y el sábado, muy temprano, pasaba a dejar a los hijos y a mi Paty con la familia y yo iba directamente al Teatro de la Ciudad, donde eran las sesiones y donde Don Carlitos Trejo, director del teatro, nos recibía. No recuerdo cuánto tiempo duró estas idas y venidas, pero fueron muchas. Llevaba mi grabadora reportera y cuando leía mi texto grababa los comentarios del maestro. Al regresar al pueblo reproducía la grabación y estudiaba las recomendaciones del Rayo. Fue un ejercicio formidable, a tal grado que logré transcribir un decálogo del escritor de cuento, formulado por el maestro. Por desgracia, en medio de tanto desplazamiento perdí ese decálogo que ni el Rayo tenía. Una vez invité a varios integrantes del Centro Chiapaneco de Escritores. En el auditorio de la UDS impartieron una cátedra acerca de la obra de Rosario Castellanos. Recuerdo que Mario Nandayapa dijo que hasta ese momento se dio cuenta de la trascendencia del Centro Chiapaneco de Escritores, muy serio dijo que deberíamos escribir los testimonios de cada uno, para completar una historia en el ámbito creativo de Chiapas. Hasta la fecha nadie ha hecho tal recuento. Hace falta. Todo está por hacerse. El 21 de enero de 1987 se fundó el Instituto Chiapaneco de Cultura. Este edificio lo visité muchas veces, ahí platiqué con quienes luego se volvieron mis amigos de vida. Tuve la oportunidad de presentar en la galería (que estaba en la primera planta) una exposición de collages (que antes estuvo expuesta en los corredores de la Biblioteca Rosario Castellanos, de acá). El amigo poeta Armando Ramírez, del taller de Óscar Oliva, me dijo que su hermano había asistido a la exposición y que él era muy estricto en su juicio crítico y que, por primera vez, le había gustado un trabajo creativo. Me sentí bien. Fue un buen abrazo. Hablo de los años noventa del siglo XX. Nunca participé en alguna lectura en el auditorio, pequeño, que tenía el Instituto Chiapaneco de Cultura, pero sí recuerdo haber asistido a varios recitales, uno de ellos el impartido por Alí Chumacero, una noche que se le pasaron las copas y llegó a leer un poco con la lengua de trapo. Después del tiempo del Ateneo en Chiapas, el gran movimiento Cultural se dio bajo la dirección del Doctor Andrés Fábregas Puig y el equipo de colaboradores. Mucho está por escribirse. Es necesario contar con el testimonio de quienes fueron actores en ese periodo histórico. Posdata: el edificio tenía líneas simétricas, recuerdo las escaleras que llevaban a las plantas superiores, en un cubículo estaba la oficina de Socorrito Trejo, con frecuencia pasaba a saludarla. Ella siempre ha sido muy generosa conmigo. Cuando organizaba los Encuentros Literarios Femeninos (mirá) ella me invitaba a moderar alguna mesa. Yo le decía que era un encuentro de mujeres. ¿Horma de qué me miraba? ¿Me hablaba al tanteo? ¡Tzatz Comitán!

jueves, 22 de enero de 2026

CARTA A MARIANA, CON EL AGUIJÓN DEL TIEMPO

Querida Mariana: “reloj, detén tu camino…” Así lo pidió Roberto Cantoral en su famosa canción. ¡Petición imposible! Bueno, el reloj del palacio municipal en Comitán sí le ha hecho caso al compositor en varias ocasiones. A veces, los peatones pasan, alzan la vista, ven el reloj que permanece parado. El reloj del edificio del ayuntamiento comiteco ya tiene sus buenos años y ahí sigue marcando el tiempo, en ocasiones arrastrando las patas y el minutero. En los años sesenta, antes de los tiempos de celulares donde todo mundo sabe qué hora es, el pueblo comiteco medía su tiempo con el reloj del palacio. “¿Qué horas son?”, preguntaba el muchachito y otro decía: “Las horas de tu calzón”. Siempre pensé que era un juego bobo, que sólo apelaba a la rima fácil. El calzón nunca tuvo hora. Salvo el comiteco que, de apodo, le decían “Tono Calzón”. Salvo este calzón, ninguno otro dio la hora. Y antes del reloj del palacio municipal, ¿cómo medía la hora el pueblo comiteco? Por ahí circula en el Facebook una fotografía donde se ve que en el lugar de los chorros de La Pila hubo un reloj de sol. ¿Mirás lo que acabo de escribir? Justo en el centro de la pared de los chorros había un círculo, coronado con un motivo artístico, que era un reloj. Los burreros que llegaban a cargar los barriles de agua para vender en el centro, sin duda que tuvieron la destreza de descifrar la hora en ese chunche arcaico, genial. Iba a escribir reloj solar, pero podía confundirse con la tecnología actual. Ahora existen lámparas solares, que guardan energía y se activan cuando llega la tarde. Son chunches geniales. El reloj de La Pila era un sencillo instrumento que daba la hora a través de la sombra que proyectaban los rayos solares. Si era un día nublado, el relojito no funcionaba, no daba la hora. En los años cuarenta, pienso, pocas personas tenían relojes de pulso. Sólo los hacendados tenían relojes de leontina. De ahí, sin duda, quedó la costumbre (que a mí todavía me tocó) de pedir la hora a alguien que se miraba con posibilidades económicas. “¿Qué hora tiene usted?”, preguntaba alguien y la otra persona se subía la manga de la camisa y checaba la hora en su reloj de muñeca, también llamado reloj pulsera. Cuando tuve en mis manos un celular moderno, pensé que nadie más iba a necesitar llevar reloj en la muñeca. ¿Quién se sometería a tal tormento? Me equivoqué. Ahora todo mundo tiene celular donde basta ver la pantalla para saber la hora, pero existen millones de personas que usan el reloj pulsera, porque éste, aparte del símbolo de caché que significa, posee una serie de funciones que lo hacen muy atractivo. Ahora, se llaman relojes inteligentes y, además de dar la hora, monitorean la salud. Romeo dice que él checa cuántos pasos da al día, es un podómetro, instrumento que antes sólo utilizaban los deportistas especializados. Como todo en la vida, los relojes también se volvieron símbolo de estatus. El reloj, en sentido estricto, marcaba el tiempo. Pronto alguien tuvo un cronómetro, ah, era más fifí. En los años setenta, te he platicado, hubo una estación radiofónica que era muy escuchada, porque daba la hora cada minuto y uno de sus anunciantes favoritos era Haste, porque Haste, una marca de relojes, era “la hora de México”, así decía su promocional. Medio mundo tuvo un Haste (hasta yo). “Sabia virtud de conocer el tiempo”, así dice el primer verso de un poema de Renato Leduc, que se popularizó gracias a que la convirtieron en canción. Este poema fue producto de una apuesta. Alguien le dijo que era imposible rimar la palabra tiempo, Don Renato no se quebró la cabeza, rimó la palabra tiempo con la palabra tiempo y se sacó la espina. Acá en Comitán, el poeta anónimo también no se quebró la choya, rimó “son” con “calzón” y popularizó un dicho. Posdata: la gente dice que “el tiempo vuela”, que el tiempo se escurre como agua por entre los dedos. Algo de misterioso tiene el tiempo, porque sí se puede asegurar, que como lo enseñó Einstein, el tiempo es relativo. Conforme la vejez se acumula, el tiempo se hace más breve. Es icónico el ejemplo que dice que cuando niños se hacía eterna la llegada de la navidad, para recibir los regalos; en cambio, cuando alguien tiene más de sesenta años (que es mi caso) cuando venís a ver ya llegó la siguiente navidad y así cada vez más veloz, como si el tiempo, en lugar de viajar en el Tren Maya lo hiciera en el Tren Bala. ¡Tzatz Comitán!

miércoles, 21 de enero de 2026

CARTA A MARIANA, CON ESPACIOS DIGNOS

Querida Mariana: fui al Asilo de La Trinitaria. ¡No, no! ¡Ni vayás a comenzar a decir que fui a apartar mi lugar! ¡No! Soy un pichito de 6.8 que es feliz en su casita. Fui porque el otro día (lo recordarás) te conté de “El Janush”, un personaje inolvidable del pueblo. Mi mamá, mi niña linda, iba de vez en vez al Asilo de La Trinitaria a dejar despensas, en compañía de sus compañeras de la Cruz Roja, de Comitán. Una vez me contó que había visto, como huésped, al Janush. En la carta te dije que no sabía cuándo había muerto El Janush, pero un compa me dijo: no, el Janush sigue vivo, está en el Asilo de La Trinitaria. ¿De verdad? No puede ser. No lo creí, pero para comprobar el dicho del compa o para desmentirlo, Dora Patricia Espinosa y yo fuimos al asilo. Tenía añísimos de no ir, añísimos. Tantos que dudé al llegar. Pero recordaba el arco de entrada. Al entrar me encantó pensar que la institución que cuida a personas de la tercera edad estaba rejuvenecida. En efecto, la directora del asilo, la licenciada Érika González Fermán, me dijo que todo se está renovando, con una emoción desbordada contó que la esposa del gobernador y el gobernador Eduardo escucharon la solicitud de años y ahora se dignifica el espacio donde atienden a cuarenta y nueve personas de la tercera edad. Hasta apenas hace una semana eran cincuenta, pero una viejecita se agravó y dejó el espacio vacante. La directora nos llevó a conocer la capilla donde hay una imagen de la Santísima Trinidad, la representación divina que era la consentida de mi mamá, mi niña linda. Al lado de la capilla arreglan lo que será un jardín botánico. Ah, qué bonito. La licenciada Érika nos dijo que los huéspedes llegarán para estar en contacto con la naturaleza. Camino a la capilla pasamos al lado de una fuentecita. ¡Es nueva!, dijo la directora, quien lleva varios años trabajando ahí. Le dije que, sin duda, ha acumulado muchas historias, muchos testimonios de vida, de esa gente que encuentra el sucedáneo de un hogar en esa institución, casa donde terminan sus días, su vida. Algunas personas son visitadas por familiares, pero otras llegaron ahí porque ya no tenían a alguien para que los cuidara, para que los abrazara. Los empleados se convierten en sus aliados. La persona mayor tiene noventa y tantos años de edad. Ah, cuánta vida acumulada. ¿Sabés cuántos años tiene la persona más joven? Cuarenta y tantos años. ¡No debería estar ahí! Pero es un chico que tiene SD (síndrome de Down). Es un pichito inteligente. Ahí vive. Lo que digo, querida mía, ahí está un resumen de la vida. En cada testimonio hay un cachito de una historia mayor, la historia de la grandeza y de la miseria de la humanidad. Por fortuna, así lo vi, en este lugar de la prodigiosa Trinitaria, la gente encuentra un gajo de paz, de tranquilidad. El letrero que está pintado en la pared de un edificio no es gratuito, acá hay ¡humanismo! Los empleados cuidan y protegen a los viejitos y a las viejitas. Se acaba de ir una, pero quedan cuarenta y nueve personas más que requieren atención y cuidado. Quienes transitan con rumbo a los Lagos de Montebello y pasan frente al asilo no saben las historias que ahí se están tejiendo, con hilos que deben desenredarse. Mi mamá, niña linda, que falleció apenas a finales de 2025, iba a dejar despensas al asilo. Ella vio ahí al Janush. Ahora puedo asegurar que El Janush ya no vive ahí. La licenciada Érika me dijo que ella ya no lo conoció. ¿En dónde estará enterrado El Janush? ¿Lo enterrarían en el panteón de La Trinitaria?, panteón que, cuentan, tenía un letrero que decía: “Acá se entierran los muertos que viven en La Trinitaria”. Letrero genial. Cuando la directora del asilo me habló del Jardín Botánico, en automático pensé en un poemita de Benedetti, que no es gran poeta, pero tiene textos simpáticos, como el que se llama “A la izquierda del roble”: “No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes / pero el Jardín Botánico es un parque dormido / en el que uno puede sentirse árbol o prójimo / siempre y cuando se cumpla un requisito previo / que la ciudad exista tranquilamente lejos…” El asilo de La Trinitaria existe tranquilamente lejos, cerca de la carretera hacia Los Lagos, pero esto no interfiere en su armonía, ahora construyen la barda perimetral, que funcionará como contención para el ruido. El Jardín Botánico será un remanso de paz y los viejecitos y viejecitas vivirán con sosiego sus últimos años, sus últimos recuerdos. Posdata: no fui a apartar lugar. Cuando viejo y abatido tomaré una mochila y, apoyándome en un bordón, caminaré hacia la montaña, hacia el lugar donde viven los lobos y me quedaré a vivir con ellos, si me aceptan, si no me destrozan con sus bocas asquerosas de ovejas camufladas. Caminaré por en medio de árboles, de bosques, de jardines botánicos llenos de árboles de pichichej o de matasanos. Entregaré las cuentas y, al modo del poeta, diré: “vida, nada me debes, porque nunca te presté algo”. ¡Tzatz Comitán!

martes, 20 de enero de 2026

CARTA A MARIANA, CON JOYAS

Querida Mariana: ¿on toy? Sí, en Guadalajara, en el vestíbulo abierto del edificio que se llama Distrito Joyero, al lado de una gran avenida, la Mariano Otero, que es la avenida donde está la Expo Guadalajara. Conocí la Expo Guadalajara porque ahí se realiza la gran Feria Internacional del Libro. Vos sabés que el equipo de Arenilla fue a la FIL a presentar la revista en el 2025. Experiencia sensacional. En el 2025, los asistentes casi casi le pegaron al millón. ¿Mirás? Ah, qué festejo tan bello, todo motivado por el libro, maravilloso objeto cultural. Pero, me contaron, durante todo el año hay diversos eventos en la Expo Guadalajara: congresos médicos, de modas, exposiciones ganaderas, uf, de todo. Y cada persona acude de acuerdo a sus intereses. En los últimos días de noviembre y primeros de diciembre, casi un millón de personas nos acercamos para vivir la gran experiencia de andar entre libros, lectores, autores, editores y demás hierbas adobadas con la palabra escrita y oral. Hay gente que le encanta ver vacas, otras son felices viendo vestidos. Nosotros somos felices viendo, palpando, decodificando, oliendo libros. Cada uno elige el camino de su gajo de felicidad. Ya te conté que con Dora Patricia Espinosa casi no salimos del recinto porque nos la pasamos bomba y deseábamos aprovechar al máximo la experiencia de estar en medio de millones de libros. Salíamos sólo para ir a comer. El día de esta fotografía, en lugar de ir al departamento (que nos quedaba a una cuadra) le dije a Dora Patricia que fuéramos a buscar una pizzería, para comer una vegetariana, sin queso. Caminamos entonces por esta gran avenida, la Mariano Otero. Por acá debe haber una placita, dijimos. Caminamos, caminamos, pasamos por un Oxxo, por un Starbucks, por una agencia de Mexicana (cerrada), por tianguis de autos, por agencias. De pronto mi mirada fue jalada como con imán y vi, antes que el edificio posterior, la escultura en bronce que acá mirás. Fue prodigioso, porque en medio de ruido de autos, camiones, caminantes apresurados, la banqueta se abrió a un espacio de sosiego. Tomame una foto, le pedí a Dora Patricia. Luis Aguilar tiene razón, el arte en la calle hace la gran diferencia; el maestro Mancilla dice lo mismo con respecto al libro, cuando alguien se topa con muchos libros puede hallar uno que sea el que lo convierta en un gran lector. ¿Cuántos peatones han hecho lo mismo que yo al caminar frente a esta escultura? Sé que mucha gente lleva prisa, pero a veces hay gente que puede hacerse una pausa y esta obra permitió que nuestro apresurado caminar en busca de comida física botaneara tantito el alimento espiritual, tan necesario para el alma. El edificio posterior, ya lo dije, es el Distrito Joyero (en Guadalajara vi, desde el Uber, varios centros joyeros, me pregunté si Jalisco es productor de joyas, no lo sé, pero lo que sí advertí es que ahí se mueve mucha paga). Dora Patricia me tomó la foto, disfrutamos la obra cierto tiempo y luego seguimos buscando una pizzería artesanal. Caminamos varios kilómetros. No entramos al Distrito Joyero, según nosotros ya habíamos estado frente a la joya mayor. No me regañés. No recuerdo el nombre del autor. En mi cabeza aparece el nombre de Soriano, pero al regresar a Comitán busqué en el Internet y nada hallé, ¡nada!, lo mismo que en mi cabeza. ¡Uf! En la base de la escultura está una placa con el nombre del autor, yo digo que vi: Soriano, pero acá en la fotografía no se alcanza a ver. Tal vez un día, mi amigo Luis Molina o mi amiga Eva Morante, que viven en Guadalajara, pasen por ahí y me digan qué dice la placa (el otro día entré a Google maps y repetí el recorrido que hicimos con Dora Patricia y ¡cabal! encontré este vestíbulo, pero -lo mismo- de lejos no se alcanza a ver qué dice la placa). En fin, por el momento nos quedemos con Soriano. La obra es bella. A mí me proporcionó ese hilo de luz tan necesario, el hilo donde se cuelgan las lámparas que alumbran el camino. No entramos al edificio con varios niveles. En la azotea hay un restaurante y una estructura de cristal que permite el paso de luz al interior, donde hay más de sesenta locales especializados en venta de joyería. ¡Pucha! ¡Genial! Todo está tan bien organizado que hay una oficina de mensajería, para que quien compra esas bellezas que gustan tanto a tantos se haga el envío con toda comodidad, sin salir al exterior (recordé que, en un tiempo, en Comitán, al lado de una tienda de abarrotes muy exitosa abrieron una sucursal bancaria, casi casi como para que por una ventanita depositaran la paga). Posdata: Luis tiene razón, en cada placita, en cada recoveco debe asomar el arte escultórico para que el tránsito desbocado del día encuentre un sosiego, una manera de justificar la vida. A mí me dio mucho gusto hallar este remanso en medio del trasiego impetuoso de esa avenida en Guadalajara. Fue como una mano que nos detuvo, que nos dijo que todo estaba bien, que el río de autos que pasaba a nuestro lado estaba en la otra orilla. Antes de enviarte la carta le mando un mensaje a Dora Patricia. Su memoria privilegiada me avienta un salvavidas a mitad del mar: ¡sí, es una obra de Juan Soriano! Bendigo a los socios de ese espacio que no sólo pensaron en ágatas, rubíes, diamantes y oro, también pensaron en el bronce que se convierte en materia de sueño cultural. ¡Bien! ¡Tzatz Comitán!

lunes, 19 de enero de 2026

POR LA TARDE DE LA MEMORIA

Mamá tiene Alzheimer. Vinieron mis hermanos y eso dijeron. No supe qué decir. En cuanto se fueron quise salir de casa, pero antes investigué en el celular. “Alzheimer: enfermedad neurodegenerativa progresiva, la forma más común de demencia, que destruye lentamente la memoria y las habilidades de pensamiento, afectando la capacidad de realizar tareas diarias”. Salí. En el parque, Armando me explicó: “tu mamá irá perdiendo la memoria, no se acordará de nada”, luego agregó: “pero si vos no tenés hermanos”. Estúpido, sólo faltaba que dijera que no tengo mamá. Lo dejé. Seguí en el parque, pero me senté en el otro extremo, donde él no me viera. Pensé: “se olvidará de todo. Ojalá se olvidara de esta enfermedad”. Si el Alzheimer es una enfermedad que provoca el olvido, ¿no es posible -sólo como milagro- que se olvidara que tiene esa enfermedad y todo volviera a la normalidad? Parece que no. Ayer, antes de visitar a mamá, Rosa, mi hermana, salió apurada, me hizo a un lado en la escalera y dijo: “no olvidés que tiene Alzheimer”. La vi correr para alcanzar el autobús, la vi con el bolso al hombro yendo de un lado a otro. Pensé que era una imagen dramática de lo que sucedía en la cabecita de mamá. El orden mental desaparecía poco a poco. Entré a la casa, hallé a mi mamá en la sala, hincada frente al sofá, como buscando algo. Me sentí mal al pensar: “está buscando su memoria”. Me acerqué, me hinqué también, le di un beso en la frente, ella me vio y dijo: “Hola, hijo, ¿qué tal?”. Bien, dije, todo bien, vos ¿qué tal? Bien, dijo, todo bien. Como todo estaba bien me atreví a preguntarle qué hacía en el piso. “Estoy buscando mi arete, por acá debe estar”, y mostró el lóbulo de su oreja al que le faltaba la argolla que sí tenía en la otra oreja. Entonces, como si fuéramos niños, o más bien dicho, como si yo fuera un niño y ella me acompañara nos pusimos a buscar el arete perdido. “Arete, aretito, ¿en dónde estás?”, preguntaba yo en voz alta y ella, sonriente, maravillada, preguntaba: ¿En dónde? Así estuvimos varios minutos, metiendo las manos debajo del sofá, empujándolo tantito, hasta que mi mamá sacó la mano y dijo: “¡Acá está!”, y mostró la argolla. No quisimos pararnos, así nos quedamos, ella recargada contra el sofá y yo con las piernas entrecruzadas, como si fuera un lama. Ella contó que esas argollas son de oro, que se las regaló su madrina de bautizo, la tía Ernestina, “la que vino una vez y te trajo un carrito de cuerda, ¿recuerdas?, que vivía en Tonalá, allá tenía una casa de huéspedes. Te sorprendiste una vez que fuimos a verla, porque dijiste que esa casa era como la jaula de pájaros que tenía Doña Emerenciana, en el barrio de La Pila, acá en Comitán. Ah, qué fiesta de murmullos, de gritos, de carcajadas, de carreras, de regaños y de caricias. Sí, su casa era como un árbol lleno de pájaros”. Así nos encontró Rosa, quien regresó porque había olvidado no sé qué, ella había olvidado, así lo dijo. Corrió hacia la escalera, pero se regresó del primer escalón, nos vio y preguntó: ¿qué hacen? Nos reímos, ella también. “Locos”, dijo y subió corriendo, escuchamos que abría la puerta de su recámara y, debió marcar en su celular, porque le avisó a alguien: “Sí, acá está. Ya voy”. Bajó en tropel y antes de abrir la puerta nos dijo adiós con la mano. Mamá dijo: “Cuidate, no hagás burradas” y rio, todos reímos. No supe en qué momento de la enfermedad estaba, pero yo la vi bien toda la mañana que estuve con ella. Entramos a la cocina y le ayudé a preparar su comida: caldo de pollo con mollejitas, una ensalada de betabel con pedacitos de nuez y un arroz con leche, con harta canela, como postre. A las cinco me despedí, nos abrazamos, ella me pidió que le pusiera el arete, le dije que se veía muy guapa, ella cerró tantito los ojos y dijo que yo era un adorable mentiroso. Había olvidado que así me decía cuando yo era niño, a todo mundo me presentaba como su adorable mentiroso. Salí de su casa, fui al parque. Ahí estaba Armando, leyendo. Me senté en el otro extremo de la banca. Él siguió con su libro, metiendo la mano en una bolsa de papel, aventando granos a las palomas que lo circundaban. ¿Cómo sigue tu mamá?, preguntó. Acabo de verla, está bien, como si nada tuviera. Debe ser, dijo, tal vez nada tiene, tal vez tus hermanos se equivocaron y nada tiene. Lo quedé viendo. ¿Mis hermanos? Armando siempre es bromista, él sabe que yo no tengo hermanos.

domingo, 18 de enero de 2026

CARTA A MARIANA, CON UNA IRREVERENCIA

Querida Mariana: ¿una irreverencia? ¿Una más? ¿Y por qué no? Bueno, en realidad no es tanto. Quiero decir que no acostumbro hacerlo, es más ¡nunca lo había hecho! ¿Cómo escribir acerca de un libro que no he leído? Entre paréntesis, ahora leo un librincillo que Dora Patricia Espinosa y yo compramos en la Porrúa, en Comitán: “El loco de Dios en el fin del mundo”, de Javier Cercas, que es un librazo. Sugiero que no dejés que se vaya más allá el año 2026 para que le entrés. Es maravilloso ver cómo un ateo se acerca al papa Francisco y le pregunta dos temas escabrosos: qué onda con la vida eterna y qué con la resurrección de la carne. Digo pues que como ya avancé en la lectura del libro de Cercas puedo hablar un poquito acerca de la obra, pero qué decir de un libro que no sé ni de qué se trata. Bueno, mentira, hablaré acerca del título y a partir de ahí, como si fuera Marco Polo, iré recorriendo una ruta imaginaria, que no otra cosa es el camino de la literatura. A ver, primero digo que mirés con atención la foto que te anexo y que robé de la página de la Benemérita UNACH. Conozco a todos los que ahí están, de lejitos, pero los conozco, bueno a unos los conozco más que a otros. Ahí está Verónica Ordaz, amiga de hace dos o tres hectáreas; luego está el autor del libro: Florentino Pérez; en medio el rector de mi universidad, el Doctor Oswaldo Chacón Rojas; luego aparece Sarelly Martínez; y al final el querido y admirado Carlos Román, quien viene de vez en vez a Comitán y lo disfruta. Puro conocido, pura crema y nata de la intelectualidad, puro chipocludo. Bueno, ya es un atrevimiento de mi parte, pero debo decir que conozco a las dos personas que están en primera fila: al amigo del solideo natural, Juan Carlos Gómez Aranda y a la persona de la cabellera generosa, Doctora Mary Carmen Vázquez Velasco. Vos sabés que he dicho que soy el Woody Allen de la literatura comiteca, pues tengo el propósito de publicar un libro cada año, así como Woody presenta una cinta cada año, Carlos Román me dijo que Florentino Pérez me gana, pues publica libro y medio cada año, libro y medio. Qué simpático. Conozco a Florentino, más allá de sus jugadas administrativas, por esa disciplina creativa. Ahora, hace días (acá está el testimonio gráfico), presentó su libro más reciente. ¿El que corresponde a 2026? ¿Ya no habrá más durante el año? Espero que se cumpla la sentencia de Carlos y que pasando los meses Florentino presente el otro medio. Digo pues que hablaré de un libro que no he leído. Pero me atreveré a hablar acerca del título. ¿Ya viste cómo se llama su libro más reciente? “Andar por la vida, ciudades y paisajes”. A mí no me cuesta imaginar por dónde caminó Florentino. Todo está dicho. Estoy viendo al libro, desde acá, desde mi ventana, con viñetas, pasajes de paisajes y de ciudades. El libro, no puede ser otra cosa, es un gran viaje, el mundo visto a través de una mirada acuciosa, nerviosa, inquisitiva, curiosa. ¿Voy bien o me regreso? Mi maestro de cuento, el famoso Rayo Macoy, decía que el título debería sintetizar el contenido, decir en pocas palabras todo el universo aprehendido. Pienso que Florentino logró dar en el clavo: a través de su título ya me dio una buena descripción de lo presentado. “Andar por la vida”, qué bonito. Hay, vos lo sabés, muchos compas que no andan en la vida, compas a los que la vida les anda, bien por arriba o por debajo. ¿Qué hace Florentino? Ponernos al frente la necesidad de caminar por la vida, caminarla, con desparpajo, con sentido de placidez, reconociendo que no hay de otra sopa: o vivís la vida o ésta te pasa encima como tren, como jauría desbocada. Y en este caminar de Florentino, que comparte con sus lectores, se ha topado (no hay de otra) con ciudades y paisajes, que parecería un pleonasmo, porque lo segundo contiene siempre a lo primero. Me encantó saber que un compañero arquitecto de la UVM, en la Ciudad de México, se especializó en Arquitectura del Paisaje. ¿Mirás? Tal vez, digo sólo que tal vez, Florentino pertenece a una serie de escritores que puede llamarse del paisaje, del pasaje, del que no sólo deja que la vida pase encima de él, sino del que pasa a través de la vida, como la sangre pasa por la aorta para inflamar el corazón. Posdata: así que, por primera vez, me atreví a hacer un comentario acerca de un libro que no he leído. Ya estuvo, ya pasó. Recorrí sólo el título, no siempre un título es tan decidor. ¿Por qué se llama “El loco de Dios en el fin del mundo” la novela de Cercas? Porque Francisco, el papa, loco de Dios, viajó a Mongolia, esto lo narra un loco sin Dios, el tal Javier Cercas. No dejés de leer a Cercas, no dejemos de leer a Florentino. ¡Tzatz Comitán!

sábado, 17 de enero de 2026

CARTA A MARIANA, CON PAPELES

Querida Mariana: antes se decía que el mínimo papel superaba a la más excelsa memoria. Entiendo que el mensaje era: “anotalo en un papelito, así no lo perderás”. Ahora, el avance de los chunches tecnológicos ha suplido con mucho a los papelitos, porque todo se anota en dispositivos electrónicos. Hay agendas electrónicas que tienen el agregado de imágenes y de voz, así, como si fuera Alexa, desde temprano te avisa qué compromisos tenés y te recuerda los cumpleaños del día, para que de inmediato mandés un mensajito o si tenés mucha confianza le echés una llamada. Fijate que ayer (en 2026) encontré un papelito de marzo de 1992. ¿Mirás? Un papelito que ha sobrevivido al alud del tiempo. ¿Cuántos años tiene? A ver, en marzo de este año cumplirá 34 años. Pucha, casi tu edad. Cuando vos no eras proyecto de vida, todavía, yo andaba trepado en el escenario de la Sala de Conferencias de la Casa Museo Dr. Belisario Domínguez, porque el papelito que encontré habla precisamente de una noche en que se presentó un libro de poemas del gran poeta chiapaneco Joaquín Vázquez Aguilar, el hijo predilecto de Cabeza de Toro. Quincho falleció en enero de 1994, dos años después que anduvo en Comitán. Ahora, cuando llega el aniversario de su fallecimiento muchas instituciones le dedican recitales y conversatorios. Todo mundo reconoce que Quincho es uno de los grandes poetas de Chiapas, de México. Es una pena que haya muerto joven. Lo encontraron en un departamento, en Tuxtla, días después de su muerte. ¡Qué pena! Solo, como una gaviota extraviada, como si añorara su mar en medio de tanta plancha de cemento. El otro día, mi amigo Baltasar Ramos compartió recuerdos de Quincho en San Cristóbal de Las Casas. Ya te conté que Baltasar se inscribió en literatura, en la UNACH, y viajaba todas las tardes desde San Cristóbal hacia Tuxtla, hasta que un día se fastidió y abandonó el estudio, pero como para ser escritor no se necesitan títulos, él ha insistido en su gusto por la creación y ya tiene varios libros, de poesía y de narrativa. Algo le pepenó a Quincho, porque Quincho, además de ser un gran poeta fue un gran promotor de la creación. A mí me tocó conocerlo en el Centro Chiapaneco de Escritores, donde era coordinador. En 1992 estuvo en Comitán, en la noche, a las siete, fue la presentación de uno de sus libros. De inmediato todo mundo se dio cuenta que estaba alicaído, cómo no, tenía una gran colitis. Elva le recetó medicina y le dijo: “¿Cómo es posible que un bolo con tanta experiencia no sepa cómo curársela?” A lo que Pepe Falconi dijo: “es que es un bolo lírico”. No obstante, Quincho cumplió con su compromiso. En la mesa de honor estuvo Quincho, Elva Macías (quien quiso mucho a Quincho) y José Falconi, quien ahora es candidato para obtener el Premio Chiapas. Pepe Falconi radica actualmente en la CDMX. En el papelito que encontré hay dos o tres notas que quiero compartir con vos, esa noche (14 de marzo) celebramos, además de la presentación de Quincho, que estaba casi ponchado, el cumpleaños de Pepe Falconi, quien nació el 14 de marzo de 1953. Además de los mencionados también estuvieron Jesús Morales Bermúdez, Mario Nandayapa, Blanca Margarita López Alegría y Paco Flores (quien era el director de la Casa Museo Dr. Belisario Domínguez). La cena fue en el restaurante del Hotel Real Balún Canán, edificio que ahora es del grupo de Manuel Albores Alcázar. Quincho debió cuidarse, los demás le entramos con fe a la cena. Alguien comentó que José Falconi era alguien a quien le encantaba comer dulce y era muy sensible, “¿sensible? -dijo Elva- es dramático”. Elva, como siempre, tuvo para todos. Posdata: hallé este papelito, un pedazo de papel que conservó trozos de aquel día, de aquella noche. Dos años antes que Quincho muriera en forma trágica. Fue un bolo con experiencia, pero no tuvo la sapiencia para eludir a la muerte. Se cumplió lo que dijo Falconi: “fue un bolo lírico”. Dora Patricia Espinosa siempre repite que el mejor homenaje a un escritor, a un poeta, es releer su obra. ¿Cómo ves si copio un fragmento de “Magresal” y lo leemos? “A la orilla del estero de Cabeza de Toro, cerca del embarcadero, hay un magresal. Es el árbol más viejo de todos. Es tan viejo que se le han caído todas las hojas, como a mi padre se le ha caído el cabello. Tal parece que ha estado allí desde siempre, desde la raíz de los siglos. Todavía sigue de pie a pesar de que por él han pasado todas las calamidades, chubascos, inundaciones, temblores, quemazones, comejenes. Además de ser el más viejo es también el más corpulento. De él podrían salir montones y montones de leña para abastecer por días y días los fogones de las casas de la ranchería. Al amanecer, cuando se viene de pescar y el estero se abre al día con el verdor fresco del manglar y la alegría blanca de las garzas, el magresal se alza con su grotesca figura esquelética y ceniza…” ¡Tzatz Comitán!

viernes, 16 de enero de 2026

CARTA A MARIANA, CON TIEMPOS REMOJADOS

Querida Mariana: Comitán, dicen, era una comunidad apartada. En los años cuarenta era muy difícil la comunicación. La amada Lolita Albores cuenta que fue hasta 1950 que Comitán dejó su aislamiento ancestral, con la construcción de la carretera panamericana. Nací en 1957; es decir, cuando Comitán ya no estaba sumido en la burbuja. Crecí con las ventajas que permite la comunicación. Mi vicio de la lectura era satisfecho con las revistas y libros que Don Rami Ruiz vendía en su mítica Proveedora Cultural. El periódico, es cierto, seguía llegando con un día de retraso, pero llegaban las noticias, si bien no calientitas cuando menos no como bolillos fríos. En los años setenta, amigos míos conseguían discos de rock, que pedían a las grandes compañías del Distrito Federal; por mi parte, yo recibía un catálogo de libros de una empresa que se encargaba de vender ejemplares a toda la república. Pedía libros, mediante una carta y me llegaba el paquete a la oficina de correos. Esos tiempos no eran tan inmediatos como ahora, pero ya gozábamos con la comunicación establecida con la capital del país, que seguía estando muy lejos, pero cuya cultura se acercaba a través de los servicios de transporte. Ayer te platiqué que a mi mamá le gustaba ver la televisión (nunca vio telenovelas, eso sí no). La primera televisión que tuvimos en casa la compró mi mamá, con oposición de mi papá, que consideraba un gasto innecesario. Lo que es la vida, mi papá también se convirtió en un fiel disfrutador de la televisión, él sí (¡qué cosas!) veía telenovelas y disfrutaba los partidos de béisbol. La televisión llegó a Comitán hasta los años setenta, veinte años después que en la Ciudad de México. Este medio de comunicación significó acercarnos más al centro del país. Los comerciales que aparecían en los programas modificaron nuestros hábitos. ¿Quién iba a comprar el jabón de bola que hacían los cushes si ya estaban los hermosos jabones Palmolive, con aromas exquisitos? ¿Quién se iba a lavar los dientes con ceniza si ya estaba disponible la crema dentífrica Colgate? Y ahora que mencioné esta marca comercial digo que al establecerse la vía de comunicación también nos apropiamos de nuevas palabras y formas de expresión. Si dejamos el jabón de bola también dejamos nuestros modismos. Lo que ahora vivimos es parte de ese proceso de transformación, los jóvenes no hablan de vos, ya lo hacen de tú, porque es la forma prestigiosa de la Ciudad de México. Ya no decimos colgate, decimos ¡cuélgate! Bueno, decimos Colgate cuando nos referimos a la marca, pero cuando mandamos a colgarse a alguien porque nos cae mal, ya no decimos ¡colgate!, decimos ¡cuélgate! En los años setenta todo se volvió chido, porque algún estudiante de la UNAM lo trajo en vacaciones. Nosotros decíamos que lo bonito era lek, mero lek, pero un día, un chavo setentero, con zapatos de plataforma (comprados en el Taconazo Popis), camisa sicodélica y pantalón acampanado, dijo que todo estaba ¡chido!, y la palabreja se nos hizo mero lek y la adoptamos, así que todo fue chido a partir de ese instante. Ahora luchamos en mantener nuestra identidad. ¿Nos sigue apantallando todo lo de afuera? Hay personas que defienden los valores propios. Uno de estos valores es el lenguaje, el maravilloso dialecto comiteco, lleno de picardía y de sonidos maravillosos. Sí, quienes todavía hablan de vos hablan como millones de argentinos, pero con el singular cantadito comiteco. Los que saben dicen que la palabra chido se inventó a principios de siglo en Tepito, pero fue en los años setenta que se popularizó. A nosotros nos llegó directito del Distrito Federal. Igual que muchos compas la adopté de inmediato y me sentía muy bien cuando la decía: el mundo era chido, ya no era mero lek. Uf. Ahora comprendemos que la palabra chido la emplean en muchos lugares, por el contrario, el mero lek (mero bueno) sólo lo empleamos nosotros, es una voz que nos distingue, que nos hace diferentes, la diferencia es lo que hace rico al mundo cultural. Posdata: primero llegó la radio, luego la televisión; luego las videocaseteras, donde veíamos películas, poco a poco el mundo se fue haciendo más cercano. Ahora todo está al alcance de la mano, a través de un “simple” chunche, llamado teléfono celular. Estos tiempos son mero lek. ¡Tzatz Comitán!

jueves, 15 de enero de 2026

CARTA A MARIANA, CON PROGRAMAS DIVERSOS

Querida Mariana: mi mamá veía la televisión, era su entretenimiento vespertino. Cuando el Cable fallaba yo hacía lo imposible para que lo solucionaran de inmediato. Era la ventana que la conectaba al mundo. Durante las mañanas, después de hacer ejercicio, preparaba la comida, comía y a partir de las cuatro de la tarde se sentaba en un sillón o en una silla de plástico a ver televisión. ¿Puedo dividir en tres bloques su programación? Programas de concurso, la misa y programas policiales. Una mezcla que siempre me atrajo, que nunca me atreví a preguntar el porqué de tal gusto. Ahora, a veces, dedico parte de mi tiempo en tratar de descubrir el secreto. Iba a escribir misterio, pero me arrepentí, porque el gran misterio no es otra cosa que la vida. Siempre me boté de la risa cuando leía mensajes en las paredes: “Apágala y préndete”, que acompañaban el dibujo de una televisión. Jamás. Mi mamá tenía a la televisión como la gran compañera; mientras yo leía o escribía ella tejía, costuraba y miraba sus programas, siempre aparecía algún comentario, a la hora de misa (a veces le tocaba la misa que daba el papa, en el Vaticano). Cuando llegaba el momento de darse la paz, ella me buscaba y con sus manos con la v de la victoria me enviaba la paz. Cuando mi Paty estaba en casa, decía en voz alta: “la paz contigo, Paty” y mi Paty contestaba. Por ratos cabeceaba, las oraciones las decía en automático. Lo de la misa no es un misterio, por supuesto que no, mi mamá, de toda la vida, acostumbró el rito católico, desde sus años niños, en Huixtla, hasta más crecida en la Ciudad de México, Puebla, Comitán. Todo en forma presencial, hasta que la pandemia asomó su cara de bruja encabronada y nos obligó a permanecer en casa. Pero, bendita María Visión, porque permitió a mi mamá cumplir con la tradición. La programación nocturna de las series policiales tampoco entraña gran misterio. Mi mamá creció en los años cuarenta y cincuenta, fue al cine en Huixtla y luego en la Ciudad de México, vio películas en blanco y negro que contaban historias de policías y ladrones, así que en las noches de este siglo ella veía series policiales, claro, ya a color, donde el bien luchaba contra el mal, clásico enfrentamiento en la vida. Lo que a mí más me sorprendía (y me sigue sorprendiendo) es su predilección por los programas de concurso. No sólo aquéllos donde la “suerte” estaba en relación directa con el conocimiento de palabra, sino también con concursos de habilidades físicas, del tipo que corría sobre barriles en el agua, con velocidad para no caerse o del tipo forzudo que cargaba una piedra hacia la meta. Ella se divertía con estos programas. La veía saltar sobre el sofá, acercarse al borde, lamentar que alguien no alcanzara el éxito esperado. Una vez me platicaste que tu abuelita es feliz viendo carreras de autos, después de todo también está en la nómina de las competencias y de los concursos. Mi mamá veía programas de cocina, pero, le encantaba ver, los retos de chefs, donde se ponía en juego la habilidad de los competidores. Sí, a ella, los concursos televisivos le inyectaban emoción, vitalidad desde casa. Se divertía mucho, se emocionaba. Mi mamá que era tranquila en su día a día se emocionaba con esos juegos. Veía los programas de “Cien mexicanos dijeron” hasta los programas de televisión española. Uno de los alicientes de todo concurso es el premio. Mi mamá veía ganar dinero a los mejores competidores, insisto, desde ruletas hasta competencias de los hombres más fuertes del mundo. Posdata: tal vez debo sacar conclusiones y una sería que en cada juego el ganador era el más fuerte, el más hábil o el que, después de todo, tenía más suerte. Mi mamá nunca dejó algo a la suerte, siempre me demostró que los logros son fruto de la disciplina, del trabajo concienzudo. La segunda conclusión es que quienes participaban en los concursos habían llegado ahí por ese don llamado destino y se sometían a pruebas para ver si alcanzaban la gloria. La tercera conclusión es que, tal vez, la vida no es tan misteriosa y mi mamá veía esos programas porque se divertía muchísimo. Cuando había que completar una frase, ella hacía un ejercicio de participación. Ella, igual que yo, siempre pensó que la televisión no era una caja idiota, ¡no!, era una compañera divertida. Cuando veía una película y en alguna escena se colaba una pareja en pleno faje, mi mamá cambiaba el canal, como si deseara cuidar la integridad de niños en casa, que sólo era yo. ¡Tzatz Comitán!

miércoles, 14 de enero de 2026

CARTA A MARIANA, CON UNA OBRA DE TEATRO

Querida Mariana: la obra “Prendida de las lámparas” estuvo en escena en la CDMX. La obra, vos lo sabés, lo platicamos, tiene como temática la vida de Rosario Castellanos. No vi la obra, por supuesto. Pero sí vi algunas fotografías del montaje. El escenario (muy cercano al público) estaba lleno de lámparas, muchas. ¿Sabés cómo inicia la obra? Con el fallecimiento de la escritora, en Israel. Porque medio mundo se pregunta cómo murió Rosario, pero hay una constante en las diversas versiones: la lámpara que causó el fallecimiento. A partir de ahí los espectadores reflexionan en la vida de nuestra pichita amada. El título de la obra contiene un simbolismo maravilloso, nuestra comiteca siempre estuvo prendida de las lámparas, apagadas o encendidas. ¿Por qué te cuento esto? Porque por ahí aparecieron los nombres de las tres actrices que estuvieron en escena: Luisa Huertas, Dulce Mariel y Ana Karen Peraza. Tres artistas con diferentes edades, cada una de ellas representa a una especial Rosario. Luisa Huertas nació en 1951; Dulce Mariel y Ana Karen Peraza son mucho más jóvenes. Te cuento esto porque Luisa Huertas es una actriz que tiene una gran experiencia en teatro y en cine. El año pasado (2025) ella, ¡salve!, obtuvo el Ariel como mejor actriz, en la película “No nos moverán”. ¿Mirás la calidad actoral de Luisa? Bueno, resulta que Luisa tiene una relación especial con Chiapas. Ella cuenta que muy joven leyó a Rosario y a la edad de 76 años participó en teatro representando a Rosario. La vida da muchas vueltas, a veces no sabemos en qué momento estaremos adentro de la burbuja cíclica. Luisa vivió una temporada en el departamento de la comiteca Julia Alfonzo, hija de Esteban Alfonzo, el gran músico, hermana de Lupita Alfonzo, teatrera que impartió clases en la Escuela Preparatoria de Comitán. Cuenta la actriz Luisa que ella no conoció a Rosario, pero sí conoció a Jaime Sabines, porque el poeta iba frecuentemente al departamento de Julia. ¿Recordás quién fue Julia? Fue una gran actriz de teatro y de telenovelas. En Comitán se le recuerda mucho por un papel que desempeñó en la fotonovela "Cuna de lobos”, argumento de otro chiapaneco famoso, Carlos Olmos. ¿Imaginás las tertulias que se daban en el departamento de Julia? Una talentosa comiteca unida con otros destacados paisanos y gente del medio intelectual y artístico de la Ciudad de México. Julia ya falleció. Sobrevive su hija. La hermana de Julia, Lupita, también ya falleció. Es una pena que en nuestro pueblo las dos hermanas no tengan el reconocimiento que se merecen. Julia fue una gran artista de teatro, reconocida a nivel nacional; Lupita fue más modesta, pero su labor fue de excelencia en este pueblo. Ambas, así como Luisa, amaron el escenario y las luminarias. En Comitán hace falta un espacio donde se reconozca a los grandes valores artísticos. Por ahí, Rosa Hortensia Aguilar Trujillo, también gran actriz, directora de teatro y dramaturga, tiene un estudio de la historia del teatro en Comitán, ojalá que continúe, para que los nombres de los promotores del teatro en el pueblo no se olviden, porque las sociedades actuales viven con una prisa en busca del futuro, sin reconocer que todo, ¡todo!, se sustenta en el pasado. Venimos de la tradición, eso define la vocación. Comencé diciendo que en la CDMX estuvo puesta en escena la obra “Prendida de las lámparas”, fue una reposición con motivo del Centenario del Nacimiento de nuestra destacada paisana. Estoy seguro que esta obra sería muy bien recibida en el pueblo de Comitán. Alguna institución debería hacer la gestión. Todo mundo sabe que el teatro es una actividad cultural de gran importancia, que sintetiza la variedad de la vida. En esta obra hay tres mujeres artistas, cada una de ellas representa a Rosario en una edad especial. Luisa, por supuesto, representa a Rosario mayor, ya cercana a su muerte. Posdata: la gran actriz Luisa Huertas se llevó el Ariel como mejor actriz en el año 2025. La crítica reconoció su talento. ¿Vendrá alguna vez a Comitán? ¿Vendrá alguna vez a la tierra de Rosario, a la tierra de su amiga Julia Alfonzo? ¡Tzatz Comitán!

martes, 13 de enero de 2026

CARTA A MARIANA, CON LOS PIES DESCALZOS

Querida Mariana: los de mi generación ubicarán al personaje fotografiado. Se dio cuenta que le tomaban la fotografía, él caminaba por la banqueta, con su pantalón y saco con fiebre. No dijo nada, ¿qué podía decir? Ahora pienso que fue como un despertar a la historia que le hayan tomado esta fotografía, en tiempos donde no había celulares, donde poseer una cámara fotográfica era como un lujo. Los de mi generación lo identificarán. Falleció hace años. No sé la causa de su muerte ni sé dónde fue enterrado. No sé nada de él, apenas el apodo con que fue conocido: “Janush”, que es un mote que remite a las lenguas indígenas y a la mitología griega, tal vez su apodo significaba algo, lo que sí puedo decir es que cumplió con el destino de ser un sobrenombre; es decir, encaramarse sobre su nombre. Algunas personas recuerdan que se llamaba Antonio, que le decían Tono, pero la mayoría de la población lo conoció como “Janush”, cuentan que su oficio era lavar carros. Si ves la foto con atención verás que era propietario de una gran dignidad, hacé un juego de imaginación y hacé que el saco y el pantalón estén recién sacados de la tintorería, llevalo a una estética (o peluquería de aquellos tiempos) y pedí que le arreglen el cabello y la barba. ¿Verdad que toma una dignidad de príncipe? Fue príncipe de las calles de Comitán. No sé de qué año es la fotografía, ni sé quién me la obsequió. La encontré anoche, junto a otras fotografías adentro de una bolsa de cuero. Esta bolsa estaba guardada, olvidada. La abrí y la primera fotografía que encontré fue ésta. A la hora que corrí el cierre él volteó y me vio desde la distancia de años. ¿Cuántos? Estaba oculto en esa bolsa. ¿Quién me obsequió la fotografía? Tampoco lo sé. Porque fue un recuerdo que me dieron. A mí, que todo lo pierdo. Por fortuna, esta imagen se conservó. Tal vez deliro, pero yo veo que en la mano derecha lleva su sombrero. ¿Lo ves? Por lo regular -dicen- siempre llevaba una cubeta y una jerga para ejercer su oficio de limpia coches. Acá va con tacuche, un traje convaleciente, como si le hubiese dado el mal de los pájaros tuncos. Acá se le ve con gran dignidad. Pienso que nada dijo a quienes le tomaron la fotografía, porque casi estoy seguro que quienes iban en el auto le gritaron “Janush” para que volviera la mirada. Los del auto siguieron su camino y él también. No hubo intento de agresión, fue un simple llamarlo como un saludo, tomar la foto, tal vez con la conciencia de que en la banqueta se habían topado con un gran personaje de Comitán. Sé que ahora, en tiempos de celulares, hay gente que se encuentra con personajes famosos y aprovecha a tomar una imagen de recuerdo, para comentar, bien chentos: “Mirá a quién nos encontramos”. Esa mañana se toparon con el “Janush” y yo me lo topé ayer, en una bolsa de cuero, una bolsa olvidada. El personaje es uno más de los pies descalzos. Ahora hay pocos como él. Tal vez el famoso Rafita, pero son pocos. Antes había más. Todo mundo de mi época también recuerda a Mario “El Mocoso”, que era un hombre que se acercaba a los dos metros de altura, tenía manos y pies enormes, y siempre andaba sin calzado. La leyenda urbana cuenta que alguien, condolido, le compró un par de zapatos nuevos, pero él no los soportó. Estaba acostumbrado a caminar con los pies descalzos. Asimismo, un empleado de Don Jorge Pérez Mora, Caralampio, quien atendía la ferretería, andaba con los pies descalzos. Antes había muchos comitecos que caminaban así. El “Janush” tampoco usaba calzado, andaba a raíz, en contacto permanente con el suelo. Sí, yo veo que en la mano derecha lleva su sombrero. Es una verdadera pena que lo tuviera en la mano y no en la cabeza. Ahora estaríamos hablando de una fotografía sensacional, del príncipe del jabón y del agua. Posdata: la piedra y la tierra sí reconocían los pies de estos personajes. Las plantas de sus pies eran como vegetales que querían sembrarse en la laja. Por ahí, como en la Leyenda de la Llorona, aún hay cantos de los sonidos que dejaban caer sus pies al caminar por las calles de Comitán. ¡Tzatz Comitán!

lunes, 12 de enero de 2026

CARTA A MARIANA, CON UNA FOTOGRAFÍA DE MI AMADO GUTMITA

Querida Mariana: Abraham Gutman Vicente tiene 8.8 años de edad, es un pichito. Ayer me envió esta foto que se tomó. Quién diría que este cabroncito andaría en estos tiempos tomándose selfis. Ahora se toma selfis, tal vez porque está acostumbrado a tomar la vida. Abraham me cuenta que tiene un libro que ha leído muchas veces, donde se narra la vida de María Goretti. Él es adorador de esta mártir italiana, quien, según los biógrafos, está considerada como un símbolo de devoción religiosa. Mi amado Gutmita estudió en el Seminario de San Cristóbal de Las Casas, estuvo ahí varios años, pero a punto de convertirse en sacerdote ¡reculó! Cuando alguien le pregunta por qué no siguió la carrera sacerdotal (siendo tan religioso como es), con una sonrisa de monito, mostrando los dientes y toda la encía, dice que le ganó más la vocación por las mujeres. No es gratuito el apodo que muchos de sus conocidos le endilgaron: “El mil amores”, y según las estadísticas parece que la cantidad se queda corta, porque tuvo mujeres a pasto. Él posee un encanto que, sin duda, las chicas apreciaron, siempre fue muy detallista y su memoria prodigiosa ha hecho que no olvide a ninguna de ellas. Tuvo sus oficiales, digamos, pero también sus voladitos. Le digo que él es un hombre internacional, porque anduvo con chicas de México y de Guatemala y, tal vez, alguna colada de otro país, porque, como dice el clásico chiste, él, en materia amorosa, fue “pie plano”. Ayer me mandó un mensaje e incluyó esta foto recentísima, donde se ve bien bonito. Recibí la foto y el siguiente texto: “Con una chaparrita de Guatemala, porque hace un poco de frío”, luego se dio cuenta que, o tuvo error de dedo o el corrector del celular hizo la trampa, y corrigió: “chamarrita”. Su mensaje cerró con lo siguiente: “ya quisiera ahora una chaparrita de Guatemala”. Este mensaje da idea de la personalidad de mi amado Gutmita, pichito de 8.8. Ama a Comitán. Llegó a este pueblo cuando tenía pocos años de edad. Vino con su familia porque los médicos recomendaban que el niño Abraham necesitaba un clima como el de nuestro pueblo, acá vivió, recuerda que él es integrante de los primeros estudiantes del Colegio Mariano N. Ruiz. Ahora, lo que es la vida, el clima de Comitán le molesta, no soporta el aire helado que por acá corre. Ahora necesita un clima que vaya acorde a su temperamento (algo más caliente), por eso ahora vive en San Ramón, municipio de Chiapa de Corzo, donde vive a gusto, solo, en compañía de Dios. Es un hombre sabio, posee una amplia cultura, que adoba con su conocimiento de latín y de griego, materias ambas que impartió en colegios. Y digo que es un hombre sabio porque posee un maravilloso sentido del humor, tiene un libro “Los cuentos que cuenta Gutman”, que en sentido estricto no son cuentos sino chistes. Así como le dicen “El mil amores” se le puede decir “El mil chistes” (nombre de una revista que fue famosa en los años 90 y que presentaba unas chicas voluptuosas, “encaramables”, diría el Elías, quien es talachero y tiene tapizadas las paredes de su taller con calendarios que muestran chicas desnudas). Gutmita posee una risa contagiosa, cuenta un chiste y cuando está a punto de acabar suelta la carcajada, basta eso para que los oyentes también se boten de la risa. Él, sabio, reconoce que la risa es agradable a los ojos de Dios, tal como lo decía el papa Francisco, el argentino que no fue tan solemne, como otros papas. Gutmita dijo que se puso la chamarra chapina, porque hacía frío, allá en su San Ramón. Pucha, los clásicos dirían: “Si en la ribera de Chiapa de Corzo hace frío ¡cómo estará en San Cristóbal”, bueno, el otro día vi un video en redes sociales donde un llanito estaba con escarcha, había caído una gran helada en la tierra donde nació mi papá. El clima frío es para mi amado Gutmita como la kriptonita para Supermán. Posdata: Gutmita me envía mensajes de voz casi todos los días, él le llama “manchadas”, a veces sus manchadas tardan más de doce minutos. Esto lo agradezco, porque siempre es muy afectuoso. ¿Por qué ama a María Goretti? Es su amor espiritual. Goretti nació en 1890, en Italia, y murió en 1902. ¿Ya viste? Vivió doce años, era una pichita cuando un acosador le dio de puñaladas. El tipo quiso violarla, ella se resistió. Antes de morir, ella perdonó a su agresor. Era una pichita. Nunca he leído la vida de María Goretti. Mi pichito amado la menciona. Asimismo, mi amado Gutmita, constantemente, me cuenta que un día estaba bañándose la mamá de Pepito y éste entró, la señora se tapó y el hijo preguntó: “¿qué es eso que te estás tapando? La mamá no halló más que decirle: “Ah, es cualquier cosa”. Días después fueron a un restaurante con la familia, el mesero anotó las órdenes y cuando llegó con Pepito, la mamá dijo: “A él tráigale cualquier cosa”. “Sí -dijo Pepito- pero sin pelos”. ¡Tzatz Comitán!