domingo, 18 de octubre de 2026
CARTA A MARIANA, CON LIBRO RECIÉN SALIDO DEL HORNO
Querida Mariana: escribí: “libro recién salido del horno”, en realidad iba a escribir: recién salido del fogón, porque en este pueblo de Dios lo que era tradicional era el fogón, pero luego me di cuenta que el pan se hornea, nadie dice que se fogonea, así que dejé el título, como mucha gente lo dice en el mundo editorial. Libro recién salido del horno significa que está calentito, recién puesto a circular entre los lectores y lectoras. El libro de Marco Antonio Moya Martínez (el contador Moya) ya está en las manos de algunas personas que, sin duda, ya comenzaron a degustarlo.
La imagen de portada, ya la viste, es un fotomontaje, que es síntesis entre lo contemporáneo y lo antiguo. La construcción del templo corresponde al siglo XIX y la escultura de “Las Lolas” es una obra del siglo XX. ¿Y el siglo XXI, ‘apá? Pues es este libro, que tiene miradas al pasado, deja huellas en el presente y advierte lo que el pueblo puede ser hacia el porvenir.
Y digo que es una síntesis, porque la construcción del templo fue obra de muchos personajes anónimos, lo mismo puede decirse de la obra de Luis Aguilar, nuestro escultor, porque si bien su nombre aparece como el creador de esa obra icónica, en el taller hubo gente que ayudó a su factura, sin esos hombres expertos en modelar el bronce en el fuego, difícilmente tendríamos dicha obra en el parque central de Comitán, mi parque.
Es una síntesis, porque siempre que veo un templo recuerdo la anécdota de aquellos dos albañiles que participaban en la misma obra, cuando alguien preguntó al primer albañil qué hacía, dijo que pegaba ladrillos, cuando la misma pregunta fue hecha al segundo albañil dijo: estoy levantando un templo.
Sé que Luis Aguilar es un obrero de la estirpe del segundo, lo mismo Marco Antonio Moya. Ambos, con diferente materia prima, han hecho obras que aspiraron a más.
¿Recordás un poema de Sabines, de quien ahora celebramos el centenario de su nacimiento? Sabines tiene un poema que dice: “Estamos haciendo un libro, / testimonio de lo que no decimos. / Reunimos nuestro tiempo, nuestros dolores, / nuestros ojos, / las manos que tuvimos, / los corazones que ensayamos…”
El contador Moya nos recuerda que él también “está haciendo un libro”, ya inició y entrega a sus lectores y lectoras este libro que se llama “Historias sin tiempo. Comitán entre la memoria y el cambio”. Igual que el poeta Sabines, Moya ha reunido tiempo, tiempo sin tiempo, sin medida, islas con primaveras urbanas. Acá están los “corazones que ensayamos”, que dice Sabines, porque uno es el corazón del autor y uno el corazón de los demás protagonistas; uno es el corazón de Comitán, reunido en este libro.
Moya ha caminado, como una hormiguita tenaz, ha pepenado hojas verdes y ha hecho caminos por las enramadas. Desde la atalaya de los cafés al aire libre él ha viajado a través del esplendor del cielo comiteco, como un moderno vigía ha gritado “tierra, tierra”, grito que pinta de rojo granate las nubes que llueven segundos, horas, meses, años.
Los libros están recién salidos de la editorial, de la Editorial Chiapaneros, de Ernesto J. Zúñiga. Ya tienen alas, ya comenzaron el vuelo, nadie sabe hasta dónde llegarán, el misterio del muro es que abre ventanas en cualquier instante. ¿Qué cruza por esas ventanas? Todo, desde un gato que se asoma, hasta una nube que flota inmarcesible, hasta un águila que viene o va hasta Sudamérica.
El contador Moya ya tiene los libros en las manos, ha iniciado a regarlos como semilla en tierra fértil. Te sugiero que anotés en tu agenda el día 22 de octubre, porque ese día Marco Antonio Moya presentará su libro en la Feria Internacional del Libro 2026, de la Benemérita Universidad Autónoma de Chiapas. La cita será en la Sala Umbral, del Centro Cultural Rosario Castellanos, a las seis y quince de la tarde. Estará el autor acompañado por los comentarios de mi primo Gilberto Augusto Bermúdez Gordillo y la moderación de Elizabeth Culebro Gómez.
Posdata: el 26 de agosto de 1978, Marco Antonio se presentó, a las diez de la mañana, en el Estadio Azteca para presentar examen de admisión en la Universidad Nacional Autónoma de México, años después logró el título profesional de contador público, profesión que ejerce en el pueblo, profesión que combina con la natación y con la escritura. A veces acude al parque a escuchar marimba, pero lo de él es sentarse en una mesa de un café al aire libre, para leer, observar y escribir lo que su aguda mirada advierte.
No olvidés, la cita es el 22 de octubre del 2026, a las seis quince de la tarde, en el interior del Centro Cultural Rosario Castellanos, hallarás historias sin tiempo.
¡Tzatz Comitán!
