lunes, 30 de julio de 2018

PORQUE EL ESTÍO A VECES ES HASTÍO




A veces divido el mundo en dos. Ayer lo dividí en: Mujeres que calzan zapatos de chocolate y Mujeres que escriben en el espejo del agua.
La mujer que escribe en el espejo del agua es una poeta, una verdadera poeta, no como muchas que se colocan el título sólo porque escriben con un lápiz torcido sobre el lodo de sus sueños.
Ella se encanta con los bosques encantados, tira una colcha en el centro de un espacio rodeado de árboles y se acuesta boca arriba y mira el cielo, y en el cielo encuentra nubes que tienen la forma de animales. Ella descubre elefantes blanquísimos llenos de agua que tienen el don de convertirse en lluvia; descubre bicicletas que vuelan de oriente a occidente, sin necesidad de tener alas; descubre tortugas que caminan tan veloces como los cabellos azotados por el viento del norte; descubre nubes que se piensan globos y se pintan de colores y se sueñan sostenidos por manos infantiles en las plazas del mundo.
Ella baila en otoño, recoge hojas secas, pinta horizontes en las paredes y recibe la arena que cae de los relojes que no tienen manecillas.
Ella sabe que el olvido es como un barco que navega en una calle atascada de autos. Ella sabe que la búsqueda es como un gato que no está contento con poseer sólo siete vidas. Ella sabe que el temor es como una oruga que sabe que no podrá cumplir su sueño de volar hasta convertirse en otro animal.
Ella sabe que la huida es como una canción que se apaga a la hora que los perros ladran en madrugada.
Ella sabe que el rezo es como una palabra que no permite vendas para cubrir sus ojos.
La mujer que escribe en el espejo del agua es una poeta, porque desamarra los intentos que se atoraron en la piedra del río. Es la escritora más sublime, porque deja que sus textos se evaporen como el rocío que hipnotiza a los grillos de noche.
Ella se maravilla con las maravillas que crecen en el campo. Sabe que no hay té más seductor que el té de tomar, té de poseer.
A veces sueña con el aroma de las tardes inclinadas, de esas tardes en que el aire juega escondidas en los parques donde los niños crecen como crecen los fuegos que asan los elotes en los anafres. A veces sueña con la pluma que hace diferencia en el ala del ángel.
Ella abraza los troncos de los árboles, porque el abrazo le recuerda el instante sublime en que el salmón salta por encima del muro del agua y ¡lo supera!
La mujer que escribe en el espejo del agua sabe que detrás del texto hay profundidades en las que se ahogan los que no duermen con una semilla de Dios entre las manos.
La mujer que escribe en el espejo del agua sabe que a la vuelta del texto hay rasgueos del alma, pespuntes del corazón, zapateados de ida y vuelta.
Los hombres iletrados, los hijos de la ronda ingrata, no pueden reconocerla, no les alcanza las manos de su espíritu para reconocer la sonrisa en su cara. Ella es mujer que reconoce su camino en el pecho del hombre (o de la mujer), que hace trilla con el buril de su pensamiento. Canta cuando canta el cenzontle del amor libre, del que, cada día, trepa a la torre más alta y mira la puesta del sol y mira el cristo que, como gimnasta soberbio, hace la gaviota con sus alas.
A veces divido el mundo en dos. Mañana lo dividiré en: Mujeres que miran el cielo como si vieran el nacimiento de una niña y Mujeres que descubren aromas de eucalipto en cada caricia de su amante.

sábado, 28 de julio de 2018

CARTA A MARIANA, ADENTRO DE UN ACUARIO




Querida Mariana: Hace años, en casa tuvimos una pecera, una pecera pequeña. Era tan pequeña que sólo cabía un pez. La pecera estuvo colocada sobre un mueble en la sala. Cuando alguien de afuera llegaba a casa, como es normal, se acercaba a la pecera y veía al pez. Los niños colocaban las manos en el borde del mueble y sonreían al ver el pez yendo de acá para allá. Como el espacio era breve, al pez no le quedaba más que dar vueltas y subir y bajar. ¡Uf! Yo pensaba que era cruel el destino de ese pez. La mayor crueldad la encontraba en la transparencia de las paredes de la pecera. Pensaba que el pobre pez miraba que afuera de esos límites ¡había más!, pero el aire exterior era un espacio vedado. Le bastaban dos aleteos para toparse con el cristal. Los niños veían al pez y sonreían al ver el movimiento dinámico y bello. Como el pez era uno de la especie guppy, su colorido era fantástico. Su cola era como un abanico bordado por indígenas tojolabales.
¿Quién puede saber si su forma de vida le agradaba al pez? Yo siempre lo vi como un canario, como un canario de agua. Siempre metido en una jaula de cristal, siempre condenado a estar en medio de una burbuja de agua. Estoy seguro que él hubiese querido nadar fuera de ese espacio tan breve, pero no podía hacerlo, porque el exterior era una burbuja de aire. Lo que a los humanos nos da vida al pez le daría la muerte casi instantánea.
No me preguntés qué pasó con la pecera. Sin duda que el pez murió y la pecera se quebró en alguna mudanza.
Recordé la pecera porque vi que el 24 de agosto estrenan, a nivel nacional, la película “Los adioses”, basada en la vida de Rosario Castellanos. En las redes sociales ya está el tráiler de la cinta. ¿Qué tiene qué ver la película con la pecera? Bueno, resulta que una vez, en una charla, alguien lanzó la pregunta: ¿Con qué animal compararías a uno de tus escritores favoritos? Los que ahí estábamos aceptamos el juego. Martín dijo que Julio Cortázar era un gato, un gato de angora, pero un gato que trepaba a los tejados de noche; Lucero dijo que Octavio Paz era un avestruz de alas doradas, experto en esconder la cabeza; Rocío dijo que Marguerite Duras era una paloma con vista cansada, lo que le provocaba tatarateos a la hora del vuelo. Cuando tocó mi turno, dije que Rosario Castellanos era un pez, un pez en pecera pequeña. Lulú sonrió y dijo que Rosario era un pez en un acuario, un estanque enorme, casi del tamaño del universo. Todos estuvieron de acuerdo, menos yo. Entiendo que Lulú dijo lo que dijo porque ama la obra literaria de Rosario. Ella, igual que Óscar Bonifaz y muchos más, estuvo en desacuerdo que hayan publicado el libro “Cartas a Ricardo”, donde queda de manifiesto la relación amorosa, de dependencia brutal, que Rosario tuvo con su esposo Ricardo. ¿Cómo?, brincaron los defensores de Rosario. ¿Cómo es posible que se exponga a la vista de todos los trapitos sucios de Rosario?
Yo pensé en Rosario como ese pez de la pecera de la casa, porque Rosario, de igual manera, tenía mucho aleteo (por alas y no por aletas), pero apenas daba un giro se topaba con la pared de cristal de la jaula donde permaneció siempre.
¿Por dónde va la película “Los adioses”? Desde lo que puede verse en las imágenes del tráiler cuenta su desarrollo creativo y, sobre todo, su vida amorosa.
Lulú ya está puestísima para ir la tarde del estreno. Se da por descontado que Cinépolis la programará para que se exhibida en Comitán. El licenciado Segundo Guillén, quien siempre está muy movido para hacer acciones que atraigan el turismo a la región, dijo, palabras más, palabras menos, que si estuviera en sus manos promovería una “Alfombra roja” en Comitán, con la participación de los principales actores y la directora. ¿Se hará? Corresponde a las autoridades municipales retomar y procurar esta buena idea. Comitán es la tierra de Rosario, ésta es orgullo de esta tierra. ¿Por qué? Pues porque ella creció en este pueblo. Ella vivió su niñez y parte de su adolescencia en esta maravillosa ciudad. Sí, todo mundo sabe que ella nació en la Ciudad de México, pero acá están sus raíces familiares. Su árbol genealógico demuestra que sus abuelos y sus papás fueron ramas comitecas. Además, su obra literaria está llena de la savia que bebió de niña. Su obra contiene modismos, dichos, anécdotas, historias y personajes comitecos. Ella (lo hemos dicho decenas de veces) es la mujer que colocó a “Balún-Canán” en el firmamento universal. No hay comiteco que supere la estatura de esta mujer. Bueno, con decir, que ni Belisario Domínguez (héroe comiteco de gran relevancia nacional) tiene la trascendencia mundial que sí tiene Rosario. No lo digo en voz alta, porque uno o dos políticos se pueden molestar, pero lo cierto es que la obra creativa siempre es superior a la grandeza heroica. Siempre se pone como ejemplo que el mundo recuerda a Miguel Ángel como el inmenso creador de la Capilla Sixtina y muy pocos recuerdan el nombre del mecenas; es decir, del papa que ordenó su ejecución. ¡Claro! La obra de Miguel Ángel es la sonrisa de Dios, lo otro es la mera idea de Dios. La sonrisa de un niño siempre es superior a la más brillante idea acerca de la felicidad.
Cuando estrenen la película ya estarás de nuevo en Comitán (espero que así sea, lo pido). Sé que irás a verla. Si de por sí has sido una gran cinéfila, ahora, con el diplomado, tendrás más elementos para hacer una crítica más fina, más selecta.
La película ha despertado interés. ¡Cómo no! Ya dije que Rosario Castellanos es reconocida, no sólo en el país, sino en muchas partes del mundo. En las redes sociales muchas personas han manifestado que irán a ver la película. Algunos mencionan que le hace bien al cine nacional que se traten temas que se aparten de las trilladas historias donde actúan los Bichir y las comedias bobaliconas donde aparece el mole de todos los ajonjolíes: Eugenio Derbez. ¡Ya chole! Otros, por el contrario, advierten que Rosario no fue la primera feminista (tal como la película quiere vendernos) y que es un contrasentido que la cinta contenga escenas donde la Rosario (nuestra Rosario) aparezca desnuda haciendo el amor, ya que consideran que eso sí es un verdadero desacierto. Si se quiere promover el lado social y revolucionario de la mujer y su dignidad intelectual, ¿por qué la actriz debe aparecer en cueros? Porque, todo mundo sabe, las escenas de desnudos jalan público. Así pues, muchas personas dicen que esta película no rompe estereotipos, al contrario, los repite y los magnifica.
Todo esto provoca un debate interesante. Un debate en que saldrá ganando la obra de Rosario, porque no faltarán los espectadores que se acerquen a conocer más de cerca la obra literaria de ella; un debate en el que (como bien dice el licenciado Segundo Guillén) si Comitán sabe aprovecharlo puede recibir beneficios turísticos, nunca antes visto. Basta decir que Comitán es la ciudad donde se rodaron algunas escenas de “Los adioses”, para que el mundo vuelva sus ojos hacia esta tierra; basta decir que Comitán es la tierra de la mujer de la que habla la cinta, para que, de igual manera, Comitán se convierta en el punto central de atención.
Rosario, de niña, ¿tuvo mascotas? No lo sé. Ella iba a uno de los ranchos de su papá, El Rosario, que estaba cerca de Ocosingo. Ahí, sin duda, miraba las vacas y los toros y los caballos y las cabras (los cabrones, también). ¿Sintió predilección por alguno de esos animalitos? ¿Tuvo, por ejemplo, un conejito que fuera su mascota y al que le haya puesto un nombre especial? Nadie puede saberlo ya a estas alturas. Un amigo de ella cuenta que en una ocasión la vio atrapar a una lagartija y desollarla. ¡Dios mío! Tampoco podemos saber si esta historia es verídica al ciento por ciento. Todo es mera especulación. Lo que sí podemos aventurar, a manera de juego, es con qué animal puede compararse su personalidad. Insisto, querida Mariana, cuando participé en el juego dije que la comparaba con un pez, con aquel pez que estuvo en la pecera de mi casa. La comparé así, porque siempre la vi adentro de una burbuja, una burbuja que ella no pidió, una burbuja que le construyeron los otros, los de afuera. Primero fue esa burbuja donde creció con el complejo de culpa por saberse menos querida que el hijo varón; luego fue la burbuja de la orfandad en la que, de la noche a la mañana, se vio inmersa por la muerte repentina de sus padres, en la gran Ciudad de México; y luego, la burbuja en la que despertó la mañana en que conoció el amor y se enamoró perdidamente del filósofo Ricardo Guerra, padre de su hijo Gabriel, quien (de acuerdo con el testimonio de ella en las cartas publicadas) siempre la menospreció. Ricardo era ojito alegre y encontraba la novedad en muchas otras piernas y muslos femeninos.
Posdata: Según se ve, mucho de la película cuenta la relación que mantuvo con Ricardo. La película ya ganó un premio en el Festival de Cine, de Morelia. Yo, sin más elementos de apreciación estética, la veo un poco lenta, como con muchas pretensiones, con diálogos muy sobrados, pero iré a verla y ya la comentaremos. Pienso que es bueno que en toda la república y en Latinoamérica se hable de Rosario, es bueno porque Rosario es Comitán y cuando lo valoremos ¡Comitán será Rosario! y a todos nos irá bien.

viernes, 27 de julio de 2018

DESDE EL CÓMIC




Y resulta que, después de todo, ¡me gusta el fútbol! Sólo en una o dos ocasiones jugué, pero lo disfruté mucho en las revistas ilustradas y, ocasionalmente, veo encuentros en la televisión.
Lo jugué cuando estaba en la primaria, sin participar en equipo alguno. Lo jugué en el corredor de mi casa, colocaba una silla pequeña y jugaba a meter penales, la portería era el espacio entre las patas de la silla. Y luego, ya en la secundaria, lo jugué (ahora sí en forma grupal), en una calle lateral del parque de San Sebastián. Como en ese tiempo (finales de los años sesenta) no había muchos carros, los alumnos del colegio Mariano jugábamos “la cascarita” en la calle. A mí me tocaba ser portero. Tenía una táctica especial, me colocaba en la clásica posición de portero, con las rodillas flexionadas y los brazos como alas, pero me acuclillaba lo más que podía, para que a la hora que alguien mandaba el balón en intento de meter gol, yo podía tirarme sobre el piso para atajar la pelota. Tuve instantes de gloria, pero mi mamá no apreciaba mi esfuerzo al tratar de emular las hazañas de Lev Yashin, el mítico portero de Rusia, conocido como “La Araña Negra”, porque siempre vestía de color oscuro, casi casi como ahora visten los darketos. Yo llegaba a la casa con el pantalón todo sucio y rasgado, y con las rodillas raspadas.
Por esto digo que nunca he sido aficionado ni mucho menos practicante del fútbol, pero sí recuerdo que disfrutaba mucho las historias de fútbol que aparecían en las revistas ilustradas (revistas de monitos).
En mi niñez y juventud hubo tres revistas que tuvieron mi especial atención: “El diamante negro”, “Memín Pinguín” y “Chanoc”. Estas revistas se publicaban en forma semanal. Los lectores comitecos las adquiríamos en La Proveedora Cultural.
La primera fue una revista dedicada a un futbolista que se llamaba Diamante Negro, que jugaba con el rostro cubierto con un antifaz y que se amarraba un pañuelo en la cabeza, a manera de un pirata. No recuerdo el nombre de su equipo, pero siempre relacioné los colores de su playera con los que portaban los jugadores del Atlas. Tal vez fue la única revista mexicana de monitos que tuvo como personaje principal a un jugador profesional de fútbol soccer y cuyas principales acciones se daban en la cancha de grandes estadios. Recuerdo que cuando él abandonaba el estadio se colocaba unos lentes oscuros, con lo cual su identidad permanecía oculta. Era un misterio tonto. La segunda revista contaba la historia de una palomilla de cuatro amigos: Ricardo, Ernestillo, Carlangas y Memín, que se conocieron en la escuela primaria y se volvieron inseparables. La revista no tenía al fútbol como eje principal, pero hubo capítulos inolvidables que plasmaron historias de fútbol, como cuando la selección de la escuela fue invitada para jugar en Dallas, en los Estados Unidos. Los cuatro amigos fueron participantes de esa selección y Memín, como siempre, terminó siendo el héroe de la historieta. Y en la tercera revista, también como en la de Memín, hubo historias tangenciales que trataron el tema del fútbol. Los encuentros deportivos en la cancha de Ixtac, el pueblo de Chanoc, fueron proverbiales. El viejo Tsekub no sólo se dedicaba a cazar tiburones, en compañía de su cachorro, Chanoc; ni sólo se dedicaba a tomar cañabar; también le hacía al fútbol y cuando el equipo del pequeño pueblo porteño se enfrentó a la selección mexicana, su actuación fue, de igual manera, de antología.
El fútbol soccer es el pan de cada día de millones de mexicanos. Muchos lo practican en canchas improvisadas o participan en las ligas llaneras o semi profesionales, no obstante, la televisión le ha quedado a deber una buena serie al mundo de fanáticos. El cine mexicano, de igual manera, no ha realizado la gran película que honre al fanático y al mundo del fútbol. Sólo las revistas de monitos lograron la hazaña de contar, con dignidad, historias “de la patada”.

jueves, 26 de julio de 2018

DEFINICIÓN DE MISERABLE




La palabra miserable es miserable. El otro día pregunté a Luis por Romeo, un ex compañero de la universidad. Luis, limpiándose la frente con un pañuelo de tela, dijo: “¡Es un miserable!” y ya no dijo más.
Yo, es comprensible, quedé con la duda. Según Luis, Romeo es un miserable, ¿miserable de miseria?, o ¿miserable de maldad? Porque, cuando alguien es definido como miserable puede referirse a que el tipo ha tenido una suerte comparable a la del famoso Jean Valjean, el protagonista de la famosa novela de Víctor Hugo “Los miserables”; o puede referirse a un tipo como Javert, que es también protagonista de la misma novela, y es quien persigue a Jean Valjean para que pague el desacato de haber robado un pan, ¡un pan! Miserable uno, como miserable el otro.
Por esto, la tía Elena agregaba una frase a la jaculatoria de todas las tardes: “De los miserables…”, y los sobrinos rezábamos: “Líbranos, Señor”.
Yo me hincaba en el reclinatorio anexo al principal de la tía y miraba que cuando ella decía lo de los miserables, sacaba un espejito de su bolso y se miraba. ¿Por qué lo hacía? Nunca le pregunté, porque, estaba seguro, ella ignoraría mi pregunta.
Ahora pienso que lo hacía por el temor de convertirse en una miserable, en el sentido de miseria, porque ella no era miserable, en el sentido de méndigo (y no de mendigo). La tía estaba lejos de ser una mujer miserable, en ambos sentidos, porque tenía una fortuna que le permitía vivir con holgura, y era una mujer bondadosa y caritativa. Tal vez el rezo era efectivo, porque “el Señor” siempre la mantuvo alejada de los miserables.
A mí no me gusta la palabra miserable, me produce urticaria mental su simple pronunciación. Si ahora debo escribirla es porque lo hago como conjuro, para que, como en el caso de mi tía, los miserables siempre estén lejos de mí. Los Jean Valjean de estos tiempos siguen robando panes para alimentar a sus familias, pero hay otra categoría de estos miserables (que entran en la denominación de cerdos asquerosos) que roban miles y miles y miles de pesos y que caminan con total libertad, con la prepotencia de verdaderos miserables, hijos de su engreída y miserable madre.
Todas las mañanas, los hombres de bien piden que “el Señor” mantenga alejados a los miserables. El territorio de los miserables es ancho y pasa a rozar las fronteras de los hombres de buena voluntad; en muchas ocasiones los salpica con su mierda; y en no pocas ocasiones tuerce los destinos de hombres que estaban destinados para la luz.
El rasgo de miserable está en el vaso de peltre que extiende el limosnero, así como en la copa de cristal de Baccarat que sostiene la socialité en la reunión con altos empresarios. Lo miserable es como la vida que se da generosa con cualquier persona, pero es también como la muerte que a nadie discrimina.
“Escribe de manera miserable”, dijo un lector y yo pensé que el escritor escribía de manera mezquina o de manera prepotente. De cualquier manera no era un modelo a seguir.
Que, como decía la tía, el Señor nos libre de los miserables, sean éstos lectores, escritores, banqueros, amantes, cineastas, carpinteros, comerciantes, oficiales de tránsito, médicos, enfermeras, maestros, delincuentes, escultores, artistas, políticos, políticos, políticos…

miércoles, 25 de julio de 2018

CARTA A MARIANA, A VUESTRA SALUD




Querida Mariana: Yo viví la parte final de la Época de Oro de los Presidentes Municipales de Comitán. Recuerdo una tarde que mi papá necesitó hablar con el ingeniero Abelardo Cristiani, presidente municipal. El ingeniero citó a mi papá en su residencia familiar, en la esquina de donde ahora está la oficina de TELMEX. Fuimos. Una muchacha abrió la puerta y dijo que el ingeniero nos esperaba en su oficina. Cruzamos un jardín lleno de flores, con un sol tierno, generoso. El ingeniero salió a recibirnos en el corredor y nos invitó a pasar a su estudio. Yo estaba sorprendido, el estudio recibía luz de un ventanal que daba a la calle y llenaba de tonalidades ámbar a toda la estancia. Alguien, en algún momento, me había contado que el ingeniero había estudiado en Inglaterra. Esa tarde casi comprobé la historia, porque el ingeniero era todo un caballero, un gentleman. Atendió a mi papá con gran afecto y respetuosa confianza. En un momento de la charla, el ingeniero se paró, fue hasta el librero y preguntó a mi papá si deseaba tomar una copa de coñac. Mi papá dijo que sí. Para ese momento yo estaba lleno del aroma de cedro o de caoba que se desprendía de los libreros empotrados en la pared. El ingeniero sirvió dos copas de coñac, una para él y otra para mi papá. Cuando volvió a sentarse, levantó la copa y brindó: “A vuestra salud”, mi papá hizo lo mismo y dijo: “A la suya”, y bebieron. ¡Ah, qué instante! Yo estaba alelado. ¡Qué trato tan fino, tan exquisito! Sí, querida Mariana, viví la colita de la Época de Oro de los Presidentes Municipales. Dicen que (y así es) las comparaciones son odiosas, pero este pequeño momento que te comparto, da una idea de cómo eran antes los presidentes municipales. No haré la comparación con los actuales, pero te encargo que vos la hagás y luego me digás.
Lo mismo sucedió con el cine mexicano. Hubo una época (la llamada Época de Oro del Cine Mexicano), que, sin tanto recurso digital, la pantalla se llenaba de dignidad, esa pantalla que representaba las imágenes tomadas por Gabriel Figueroa. Como dijo el poeta: “Nunca los cielos fueron tan altos”. Ahora, nuestros mejores cineastas no están en el país, han emigrado a Hollywood y desde allá nos mandan su talento. ¿Por qué? Pues porque en este país no vivimos la Época Dorada.
A mí me impresionó el ritual de esa tarde. Cuando nos despedimos, le dije a mi papá, ya camino a casa, que el trato del ingeniero Cristiani había sido de gran caballerosidad. Sí, dijo mi papá: “El ingeniero es de buena cuna”. Desde entonces, cuando bebía la primera copa de brandy o de ron con los amigos, levantaba el vaso y, en mi interior, decía: “A vuestra salud”. ¿Para quién era el brindis? Yo lo enviaba, desde la Ciudad de México, para mi pueblo, para mis papás, para mis afectos y para la muchacha bonita que me gustaba. Lo decía en silencio, porque si lo hubiera expresado en voz alta, los amigos me habrían acabado con sus bromas y chanzas. En silencio levantaba el vaso y, con la misma dignidad con que el presidente municipal de mi pueblo y mi papá habían brindado, decía: “A vuestra salud”, y pensaba en mis abuelos, en mis primas hermanas y en mis tíos. Todo era como una oración. No quiero ser irreverente, pero el primer trago era como una hostia que me llenaba de luz. El ritual era mágico e imponía una dignidad que revivía los mejores tiempos de los mejores tiempos. Desear salud era lo máximo, es ¡lo máximo!
Hoy, cuando escribo a las cuatro de la madrugada, levantó mi taza con té de limón, caliente, y con la misma dignidad del ex presidente municipal de mi pueblo, digo: “A vuestra salud”, y pienso en el ingeniero Cristiani y en mi papá, y vuelvo a verlos en el estudio de la residencia del primero y vuelvo a sentir el aroma del cedro o de la caoba de los libreros y siento el aire que vuela como mariposa en el jardín de la casa y veo reír a ambos y siento la armonía del pueblo de Comitán.
Posdata: Sí, querida Mariana, yo viví la colita de la Época de Oro de Los Presidentes Municipales, de cuando su proceder era de una honestidad total y el cumplimiento de su palabra era total. Aprendí que brindar con coñac o con un sencillo vaso de agua es, de igual manera, un ritual de príncipes. Por esto, ahora, levanto mi taza y digo: “A vuestra salud”, y pienso en el ingeniero, en mi papá, en mis afectos más cercanos y queridos, en vos, y en Comitán. “A vuestra salud”, querida mía, ¡a vuestra salud!
Yo viví la colita de la Época de Oro de Comitán. ¡Oh, mi Dios!
Ahora, que se dice a nivel nacional que vivimos en la antesala de la Cuarta Transformación del País, expreso mi confianza porque, a nivel local, también comencemos a recuperar la dignidad de aquellos presidentes municipales que amaron, de verdad, a este pueblo y pusieron sus mejores capacidades al servicio de su pueblo.

martes, 24 de julio de 2018

LECTURA DE UNA FOTOGRAFÍA




¿De verdad la laja es el elemento constructivo que da identidad a Comitán? No sé, pero la exageración en su uso, parece querer imponerlo. Los arquitectos y urbanistas tal vez mencionaran que otro es el material propio de la región. La laja fue un elemento que se usó en las banquetas; es decir, siempre estuvo en el suelo. Nosotros, los comitecos, sabemos que nuestros símbolos están por encima del piso. No obstante, el parque central de Comitán está tapizado con laja, como si tal elemento fuera más simbólico que el ladrillo, por ejemplo. Los pisos de los patios centrales de las casas comitecas siempre estuvieron hechos de ladrillo. Como el parque central es el patio de nuestra casa común, una relación simple indicaría que el piso del parque debería estar hecho con ladrillo. ¡Sí, ya sé! Los arquitectos dirán que este material no es propio para espacios donde hay intenso tráfico peatonal, porque el frotamiento constante lo desgasta, pero ¿acaso no hay sustancias que puedan impedir el desgaste? No sé, digo que no sé. Sólo digo que tampoco las lajas que usaron para tapizar el parque son el elemento idóneo, porque ahora (¡Qué pena! ¡Qué vergüenza!) el parque está todo lleno de hoyancos, todo chimuelo, todo jodido. La laja, mal pegada, mal cortada, se ha deteriorado en forma grave. Y a esto debemos agregar que las autoridades municipales no han dado el correcto mantenimiento; al contrario, han permitido que medio mundo deteriore el piso al clavar clavos enormes para colocar sus mega carpas.
El piso es de laja y las bases para esculturas o para placas conmemorativas ¡también están hechas con dicho material! Los historiadores y cronistas nos deberían dar luces en este sentido. Tal vez sea momento de hacer un alto y exigir que, como aquellos magníficos desparangaricutirimicuarizadores, nos desenlajen para que seamos buenos desenlajadores, porque la laja, ¡oh, Dios!, además de las piernas y brazos, nos están quebrando el espíritu tan lleno de luz.
En el parque central, cuando menos, hay dos bases enlajadas que soportan dos placas conmemorativas: la del nombramiento de Pueblo Mágico, y ésta, que está al lado del kiosco y donde, con mucha atención y paciencia, puede “descifrarse” el siguiente texto: “Este kiosco simboliza la grandeza y dignidad de un gobierno promotor de solidaridad y progreso. H. Ayuntamiento 1989 – 1991. Comitán de Domínguez, Chiapas. Noviembre de 1991”.
La placa ya está deteriorada. El paso del tiempo y la baja calidad del material han hecho estragos. La autoridad actual podría (como lo ha hecho) lavarse las manos y seguir ignorando el deterioro. Pero, la lógica dicta que la autoridad está para salvaguardar la identidad y la historia de este pueblo.
Un día, todo Chiapas amaneció enlajado. ¿Por qué? ¿Qué rasgo de identidad contiene tal piedra? Los bulevares de San Cristóbal de Las Casas y de Tuxtla Gutiérrez fueron, de manera inclemente, forrados de laja. La autoridad estatal tuvo la misma intención en Comitán, pero un grupo de valientes comitecos se opuso y no permitió tal afrenta. El bulevar comiteco es uno de los bulevares más hermosos del sureste de México, porque no tiene cemento ni piedra, tiene la gracia divina de la naturaleza, sonríe a través de buganvilias, que son como cientos de mariposas posadas en ramas.
El que nos desenlaje buen desenlajador será y todo el mundo se lo agradecerá. Asimismo, el que le regrese dignidad a esta placa que habla de un gobierno “grande y digno, promotor de solidaridad y progreso” tendrá el reconocimiento, aun cuando la placa debió no ensalzar la grandeza del gobierno sino la grandeza de un pueblo que se llama Comitán. El kiosco comiteco, en realidad, como todos los kioscos del mundo, simboliza la grandeza de las sociedades. Los kioscos son elementos que están en el centro del centro de la casa común; son, entonces, símbolos del corazón del pueblo.
Pero, bueno, la placa aporta una fecha, una fecha que es importante para la identidad de Comitán. La calidad de la placa (chafa) parece que fue augurio del descuido en que ahora se encuentra la plaza central. ¡Qué pena!

lunes, 23 de julio de 2018

CARTA A MARIANA, CON UNA HISTORIA DE HOSPITAL




Querida Mariana: ¿Recordás la historia de Ema y Ame? Esta historia aparece en la novela de Bertha Ugueda. Es una historia sencilla, pero a mí siempre me impacta. Cuenta que Ema (niña) y Ame (niño) nacieron en el mismo hospital, en el mismo piso, en cuartos contiguos, el mismo día, a la misma hora, en la ciudad de París. El papá de Ema era mexicano y su mamá era africana, la mamá de Ame era mexicana y estaba casada con un francés. Veinticuatro años después, en un congreso de literatura efectuado en Buenos Aires, Argentina, Ame y Ema se conocen. Ambos son escritores de cuentos para niños y los dos han ganado el Premio Internacional de Cuento Rox Adien. Un día después de la inauguración del congreso coinciden en un hospital, donde han sido convocados para leer cuentos infantiles a niños enfermos. Ahí, ambos se enteran que nacieron en el mismo hospital, el mismo día, a la misma hora, en París.
Rocío dice que la historia es boba, pero a mí me encanta esa coincidencia abrumadora. Por esto, ahora digo que los dos libros que aparecen en esta fotografía tienen algo en común, aunque no lo tengan en su esencia, porque uno es un libro de relatos y el otro es un libro de textos poéticos. La coincidencia se da porque son los libros de julio, en Comitán. Doña Tony, autora del libro “Pecado venial. Relatos y cuentos desde el Sur”, nació en Comitán, quién sabe en qué hospital, hace ya varios años, un poco más de setenta y tantos, y cultiva el relato y la crónica; Mayya Alfaro, autora del libro “Amores de otoño”, nació en Las Margaritas, quién sabe en qué hospital, hace no muchos años, algo más de veintitantos (aplico la fórmula famosa que insiste en que los caballeros no dan la edad de una dama), y cultiva la poesía y el periodismo.
El libro de Mayya se presentó el 7 de julio. Los padrinos del bebé fueron Estrella Molina, Ari Peralta y Daniel Saborío. El libro de doña Tony se presentó el 21 de julio, sus padrinos fueron Amín Guillén Flores y Octavio Gordillo y Ortiz. Ambas presentaciones fueron en el Museo Rosario Castellanos, el museo que ahora está de moda para este tipo de actos. ¡Cómo no! Cualquier escritor consideraría un honor que su obra sea presentada en el recinto que honra la memoria de nuestra escritora mayor.
Así pues, Rocío dirá que estos libros no tienen coincidencia alguna, pero yo digo que son los libros de julio, en Comitán, y esta cercanía los une, porque (debo decirlo) la aparición de libros en este pueblo no es tan frecuente como la elaboración de chimbos. La aparición de nuevos libros en Comitán es noticia agradable.
¿Hay algún otro rasgo que una a estos libros? Sí, la intención sencilla de sus autoras. Bueno, como ya te diste cuenta, el hecho de que sean mujeres autoras es otro rasgo que forma un puente. En la página de Agradecimiento, Mayya dice que su libro está dedicado, entre otras personas: “a quienes con sus palabras (y) su lectura apoyan esta pequeña obra inspirada en algunas vidas”. Por su parte, doña Tony, en la Presentación de su libro, dice que sus textos “pueden ser un reflejo de nuestras vidas diarias y, al mismo tiempo son una invitación fraternal a adentrarse a un universo ficticio y real repleto de afecto y de buenos deseos para que, quien los lea, los haga suyos y se quede con una parte de mi persona.”
Como mirás, querida Mariana, las autoras hablan del sustrato de la escritura, que es la vida cotidiana. Mayya sostiene que se inspiró en “algunas vidas”, y doña Tony dice que sus textos “pueden ser un reflejo de nuestras vidas diarias”. Acá existe otra coincidencia, son hilos de vida que enmarañan o desentrañan las vidas de otros. Ambas escritoras tienen otra coincidencia: comparten sus obras, como si dieran la mano en la banqueta o en la plaza. Acá, en las páginas de sus libros, está la síntesis de muchas horas de trabajo concienzudo.
Nadie les dijo que ellas caminarían por el mismo puente un mismo mes, en el Museo Rosario Castellanos. Nadie intuyó que sus libros fueran los libros de julio, en Comitán.
Posdata: Yo sólo digo que, a diferencia de Rocío, me gustan las historias coincidentes, y acá hallé una historia sencilla, alejada de aquel hospital de París, donde nacieron Ame y Ema. La historia de los libros de julio, en Comitán, es una historia muy cercana a nuestra identidad, muy cercana al patio central de una vieja casona, que fue propiedad de don Jaime De La Vega y que ahora es el recinto que honra la memoria de Rosario Castellanos.

sábado, 21 de julio de 2018

CARTA A MARIANA, CON UN ELOGIO A LA LECTURA




Querida Mariana: Con frecuencia muchos se burlan de “El libro vaquero”, una revista ilustrada, que fue famosa en los años setenta y ochenta. Muchos, en plan de broma, dicen que fulano de tal sólo lee “El libro vaquero”, para burlarse de alguien que no es lector de literatura selecta. Recuerdo que cuando le preguntaron a Peña Nieto aquello de los tres libros y el ahora presidente de la república y ex presidente muy pronto no supo qué decir, Elena me enseñó un meme donde Peña Nieto, con gran seguridad, mencionaba tres títulos: “Justiciero Odioso”, “La muerte llevaba faldas” y “Cazador de indios”, y cuando el periodista preguntaba por los nombres de los autores, Peña Nieto decía: “Son de El libro vaquero”.
“El libro vaquero” es una revista popular, con historias comunes, que son, como ya dije, ignoradas por los intelectuales, pero el otro día escuché la historia de doña Elena, vendedora de tamales en el mercado, que me hizo reflexionar. Ella contó una historia digna de aparecer en “La rosa de Guadalupe”: De niña no fue a la escuela, porque tenía que ayudar a su mamá en el puesto, ya que su madre había enviudado y quedó con cuatro hijos que debió mantener. Doña Elena, ya grande, se decidió a aprender a leer y como tampoco tenía tiempo para ir a la escuela se puso a leer “El libro vaquero”. Doña Cholita, vecina de puesto, (como Dios le dio a entender) le ayudó a identificar las letras y, poco a poco, el milagro de la lectura creció en su mente. Por esto, el otro día, con mucho orgullo buscó entre las cajas de huevos, sacó un ejemplar de la revista y, ondeándola como bandera, dijo: “Yo aprendí a leer con El libro vaquero”. ¡Ah!, tenía una sonrisa como de tanate lleno de orquídeas.
¿Has oído del analfabetismo funcional? ¿Quiénes son los analfabetos funcionales? Los que saben dicen que son aquellas personas que saben leer pero tienen problemas para analizar ideas; es decir, tienen problemas de comprensión lectora. Son muchas las causas del analfabetismo funcional, pero entre ellas está la de falta de práctica de lectura. Conozco a un amigo que aprendió a hablar inglés, pero ahora ya tiene problemas de comprensión, porque (dice) le hace falta practicar conversaciones. Pienso que, en este país de alto porcentaje de analfabetismo, la existencia de revistas ilustradas ayuda a que la gente practique la lectura.
Soy un convencido, siempre lo he dicho, de que las revistas de “monitos” han formado miles y miles de lectores. Los niños que se acercan a leer revistas ilustradas tienen más probabilidades de convertirse en grandes lectores que aquellos niños que no leen tiras cómicas. Al lector de cómics le resulta muy natural dar el siguiente paso, ¡el gran paso!, a los libros de cuentos y a las novelas. He comentado en cartas anteriores que los grandes países lectores tienen a sus grandes personajes de cómics, en Argentina está esa niña maravillosa que se llama Mafalda, y en Francia está Astérix; estas revistas ilustradas han apadrinado a millones de lectores en todo el mundo; ellas han sembrado la semilla de la imaginación y han vuelto adictivos a sus lectores que, sin dudarlo, al crecer física e intelectualmente han subido un peldaño en la escalera infinita y maravillosa de la lectura más selecta. Este acto juguetón ha propiciado cambios en el mundo, porque los lectores son personas críticas y con una visión más amplia de la historia.
¿Vos sabés que el creador del periódico DIARIO DE COMITÁN – NOTICIAS A DIARIO fue Luis Armando Suárez Argüello, actual director de la Casa de la Cultura? Pues sí, el siempre inquieto Luis Armando fue el iniciador de esta aventura editorial, misma que bajo la dirección actual se ha convertido en el periódico más leído de la región. En la propia capital de estado de Chiapas hay muchos periódicos de renombre que no alcanzan a vender, en todo el estado, la cantidad de ejemplares que vende el DIARIO DE COMITÁN. ¿Cuál es la clave del éxito? Que ha dado lo que la gente demanda. Muchos lectores exquisitos critican que el periódico tiene mucha nota roja y que presenta mujeres en paños menores. La nota roja siempre responde al morbo natural que existe en los seres humanos desde los orígenes de la humanidad. Si un reportero del DIARIO DE COMITÁN hubiese vivido en el mismo pueblo en que vivían Caín y Abel, habría enviado un reportaje con el siguiente título: “Caín mata despiadadamente a su hermano Abel” y en el curso de la nota hubiera contado, con pelos y señales, los motivos que llevaron a Caín a darle chicharrón a su hermano; si el mismo reportero hubiera tenido una cámara Canon habría tomado, en primer plano, la quijada de burro que empleó Caín como instrumento asesino. La quijada, perdón, habría mostrado rastros de sangre.
Pero, el periódico es más. Cuando Luis Armando cedió sus derechos se retiró por completo del diario. Muchos años después volvió y se convirtió en colaborador semanal. En ese tiempo (lo juro) comencé a comprar el diario, sin falta, para leer las colaboraciones de Luis Armando, porque en medio de la nota roja y de las chicas en paños menores, había un artículo lleno de sugerencias literarias. El periódico comenzaba a acercarse con mayor inteligencia a la vida cotidiana de este pueblo, que, por desgracia, tiene muchos actos violentos (más en estos tiempos cercanos, donde las autoridades se ven incapaces de garantizar seguridad para los pobladores), pero también está plagado de un intelecto que ha dado luz al propio pueblo y a México entero. Por desgracia, Luis Armando dejó de enviar sus colaboraciones semanales. Ahora, Luis escribe en el HERALDO DE CHIAPAS, periódico estatal que dirige su cuñado Ricardo del Muro.
Hace años, dos de mis fieles lectores me propusieron que publicara ARENILLAS en el diario. Ellos, con buen tino, me indicaron que el DIARIO DE COMITÁN era el más leído y que mis textos alcanzarían a más público. Pensé que era buena idea. Pensé que lo mismo que había hecho tiempo atrás podían hacer otros lectores. Yo compraba el periódico, no para leer las notas rojas ni para ver los traseros de las chicas que por ahí asoman, lo compraba para leer la columna de Luis Armando. De la misma manera que muchos lectores de Playboy no adquirían la revista para ver sólo los traseros y delanteros de las chicas bellísimas que ahí aparecían, sino por la posibilidad de leer un cuento de Vargas Llosa o de Carlos Fuentes; yo buscaba la inteligencia de quien, Polo Borrás dijo, es el mejor escritor de Comitán. Pensé entonces que no faltaría el lector que compraría el periódico para leer la ARENILLA. Y esto, con el paso del tiempo, se ha hecho una realidad. No lo digo con orgullo sobrado, lo digo con satisfacción moderada. Muchos lectores me dicen que buscan con especial interés la edición del sábado porque ese día hallarán las cartas que te envío. Pero, además, y ésta sí es mi satisfacción desmedida, muchos lectores que estaban acostumbrados a solo leer la nota roja y a ver los traseros desmedidos de las chicas, ahora también leen las CARTAS A MARIANA. Vos y yo nos hemos vuelto conocidos. Pienso que esto le hace bien a la humanidad, desde esta pequeña burbuja celeste que se llama Comitán. Me siento chento al saber que, así como Vargas Llosa era buscado en el PLAYBOY, así es buscado Molinari. Mi nombre y apellido se pierden de vez en vez. La otra tarde, una amiga lectora, en el parque de San Sebastián, me llamó y dijo: “Don Arenillas”. ¡Ah, la gran pucha! Me dio gusto. De igual manera, el maestro Jorge llegó un día a la oficina y con la música de la famosa canción de “El organillero”, que cantaba Javier Solís, me cantó: “Ya llegó el Arenillero, con su tema juguetón…”
Por lo mismo, ahora te anexo una fotografía que tomé en el parque de San Sebastián, un sábado, como a las doce del día. Vi que el lector leía con atención el diario, pero mi sorpresa fue grande cuando descubrí que leía la ARENILLA. Fue una Arenilla en la que te platiqué del libro más reciente del investigador Amín Guillén Flores. En esa ocasión dije (tal vez Amín no esté de acuerdo, pero es mi opinión) que dicho libro, “Cántaro y yagual. Apuntes para la historia del agua en Comitán”, es su mejor libro y es como el “Cien años de soledad”, de Gabriel García Márquez. A pesar de que García Márquez se encargó de bulbuluquear que “El amor en tiempos de cólera” era su novela superior, la mayoría de lectores sabe que lo dijo porque jamás volvió a escribir un texto tan brillante como “Cien años de Soledad”. Yo espero que Amín siga dándonos muchos libros de calidad, pero creo que difícilmente superará ese libro generoso que aporta una historia fascinante acerca del agua en Comitán. Puede ser que Amín me calle la boca con un librazo. Ya nada más digo.
Posdata: Al periódico le hace bien la presencia de las ARENILLAS, equilibra la balanza donde está la sangre y la carne de los traseros; a mí me hace bien que las cartas que te envío aparezcan en el periódico, porque llego a más lectores que, de lo contrario, jamás se enterarían de las ideas que te comparto. Es una relación fructífera, de muchos años ya. ¿Irme a otra casa? ¿Para qué? En este espacio hay luz.

viernes, 20 de julio de 2018

CARTA A MARIANA, DONDE SE CUENTA QUE LOS DESHONESTOS SON MÁS DE VEINTIDÓS




Querida Mariana: ¿Ya viste el error ortográfico? ¿Sabés de qué programa de televisión proviene la foto? ¡No me lo vas a creer! ¡Del noticiario cultural del canal 22! Del canal 22 que este año cumple veinticinco de “servir” a la nación. ¿Cómo es posible que en una transmisión a nivel nacional se “atrevan” a difundir tal aberración?
Cuando veo este tipo de dislate siempre recuerdo a mi maestro y amigo Enrique García Cuéllar. El maestro dice que, en ocasiones, los letreros hechos por un rotulista tienen errores ortográficos, porque el pintor apenas terminó el tercero de primaria; pero lo que no tiene justificación es encontrar errores ortográficos en un texto redactado por un universitario. ¿Cómo justificar que el Canal 22, ¡el canal cultural de México!, difunda estas barbaridades?
Enseñé la fotografía a un amigo y me dijo: ¿Pero no vieron el título del libro? ¡No, no lo vieron! Los ignorantes son ciegos.
Te contaré la historia de la fotografía. El martes 17 de julio vi el noticiario cultural. En una sección hablaron del libro “Desconfianza. El naufragio de la democracia en México”, que es un libro de ensayos, escrito por De Jandra, Fadanelli y Oliveira. En un momento apareció una etiqueta como la que aparece en la fotografía, una etiqueta que estaba plagada de errores ortográficos. Intuí que el reportaje incluiría más etiquetas y que, de igual manera, tenían errores. Si hubieras estado a mi lado, habríamos apostado y habría ganado la apuesta.
Fui a la mesa del comedor, donde había dejado la cámara, la saqué de su estuche, la prendí y esperé. No tuve que esperar mucho, porque segundos después apareció esta etiqueta. ¡Bingo! ¡Sí! Tenía errores. Claro, el tipo encargado de hacer estas etiquetas era un iletrado, un ignorante absoluto. Casi casi como si fuera un tipo (¿tipa?) que no hubiese cursado el cuarto de primaria. ¿Cómo una persona con tal nivel de desconocimiento de las reglas del lenguaje labora en el canal cultural del país?
Recordé entonces lo que platicamos el otro día. Una mañana de febrero de 2017, Pedro Cota Tirado, un señor que fue vicepresidente del club de fútbol Necaxa; es decir, que sabe de cosas de balón y de patadas (Tirado, Dios mío, qué presagio), fue nombrado como director del canal 22 de televisión. Días después, el señor Tirado nombró a Rafael García Villegas como director de noticias 22, pero éste no se sintió satisfecho con el nombramiento. Imagino que pensó: “Soy un funcionario picudo, ganaré buena paga, pero me faltará la luz del reflector”, y con el ego hasta el tope pidió (¿decidió?) ser conductor del noticiario cultural y, ¡faltaba más!, le fue concedido y, una tarde, apareció en pantalla al lado de Laura Barrera y Huemanzin Rodríguez (conductores agradables e inteligentes). El nuevo conductor, desde el primer día, mostró el cobre, un cobre lleno de soberbia; desde el primer día quiso demostrar que era el papá de los 22 pollitos y que su presencia en pantalla daba brillo a la pobre cultura mexicana. ¡Ay, Señor! Se presentó con ínfulas sobradas, su imagen (he preguntado con amigos) causó repulsa inmediata, pero ¿qué? ¡Nada! Él es jefe y su presencia no puede evitarse. Los directivos usan la empresa pública como si fuese privada. En la actualidad, el señor García Villegas continúa apareciendo en el noticiario. Como dicen los jóvenes: Ya le bajó de espuma a su chocolate. Sin duda que los expertos en medios de comunicación visual le indicaron que su presencia era de una soberbia indecible, algo que no se merecían los espectadores del noticiario (que apenas se cuentan por varios miles y no millones). Su presencia no estimulaba a ser telespectador consuetudinario del canal cultural, al contrario, impulsaba a cambiar de canal. Le bajó de huevos a su ponche. Sin duda le costó mucho admitir que su imagen no contribuía a sembrar audiencias. Sigue siendo pedante, pero ya no tanto. Para concluir digo que cuando él no aparece en el noticiario, éste fluye como un río limpio. Cuando él aparece algo como una niebla de chaquiras baratas oscurece el panorama. Ojalá que un día (no muy lejano) haya cambios en el canal 22 y el señor García Villegas se vaya con sus complejos de grandeza a otros territorios, que se mire en otros espejos, unos que estén en la oscura recámara de su vanidad. ¡Ay, Dios mío! Nunca imaginé que conocería la versión masculina de “Espejito, espejito, ¿quién es el más bonito?”
Posdata: Todo esto para decir lo que siempre es lamento nacional: En las dependencias gubernamentales hay un desgraciado intercambio de influencias, que permite que lleguen a puestos importantes sobrinos del hombre de Neanderthal. Ojalá que, poco a poco, esta práctica deshonesta se vaya al rancho del presidente electo de la república, lugar en donde deben estar miles y miles de obscenos improvisados. Ojalá que los redactores del canal 22 tengan un profundo conocimiento de la ortografía, tal como es la función del ¡canal cultural de México!

jueves, 19 de julio de 2018

DEFINICIÓN DE NARRATIVA




Nunca falta el amigo que te coloca al borde del abismo. Ayer, mientras comíamos esquites, sentados en una banca del parque central de Comitán, Luis (amigo desde la primaria) me preguntó: ¿Poesía o narrativa? ¡Ah!, qué manera de treparnos a la viga de equilibrio sin necesidad. Como es clásico en tal tipo de juego mental, Luis dijo que debía elegir una, la de mi preferencia. Yo, como es clásico en tal tipo de juego, quise decir que mi privilegio es gozar ambas. La poesía y la narrativa son como la tortilla con sal y el café, pero con pan. Pero no, el juego era elegir una entre ambas ramas del árbol, sólo uno de los frutos.
Pensé entonces: ¿qué elige un poeta? Si a Sabines le hubieran hecho la pregunta en una entrevista en canal 22, sin duda habría optado por la poesía, porque ésta fue su elección a la hora en que el destino le dijo que sería poeta. Para los poetas verdaderos no hay más cielo que la sugerencia del verso. Pero, por ejemplo, si un periodista le hubiese hecho la pregunta a Laco Zepeda, ahora no sé qué hubiera elegido, en caso de que el periodista, como Luis lo hizo conmigo, lo urgiera a elegir sólo un género literario. Laco escribió poesía y narrativa.
Pensé entonces que hay un elemento que parece abrir la puerta para evitar la oscuridad. Los sabios siempre han recomendado a los narradores se acostumbren a leer poesía. Pero (hablo a título personal) nunca he escuchado que tales sabios recomienden a los poetas a leer narrativa. ¿Ustedes sí? Que quiero decir con esto. Pues ¡lo obvio! Que un escritor puede ser un excelente Villaurrutia sin necesidad de leer a Pitol, pero un Pitol nunca llegará a ser un buen escritor si no lee a Villaurrutia. Si Luis me obligara a decir cuál es la cúspide del lenguaje y me diera las dos opciones: poesía o narrativa, tendría que decir que en la primera está la esencia del espíritu. El universo no puede nombrarse a través de una novela, es preciso nombrarlo con el pétalo de la poesía.
Pero, mientras disfrutábamos los esquites y mirábamos a las muchachas bonitas que pasaban frente a los hombres con los zapatos sobre el banco de los boleros, le dije que prefería la narrativa. En el instante que lo dije sentí como si un monstruo me rasgara la piel y esto me provocara un dolor infinito. Pensé que había dejado un par de alas hermosas y que, desde ese momento, caminaría sobre el lodo y el fango del cuento y de la novela, géneros que, con todo su aire, colocan sus manos sobre nuestros hombros y nos dan un envión hacia el piso, como para dejar muy en claro que somos hijos de la tierra, a pesar de que soñemos con el cielo.
La narrativa, por más imaginativa que sea, nos pone los pies en el suelo. Cuando fui niño volé en una alfombra mágica al escuchar un cuento. Volé por encima de alminares y de cúpulas y, desde arriba, miré los bazares llenos de personas y mantas de mil colores; escuché la algarabía de los mercaderes que ofrecían telas, collares y ollas de cobre. Pero no fui más allá, no fui más allá de la luna cuando Julio Verne me llevó allá; no fui más allá del planeta a donde me llevó Carl Sagan.
En cambio, con la poesía, a veces, he vislumbrado casi casi los confines del universo. Nunca he tenido una imagen clara de ellos, pero sí he sentido la mano de luz que siembra y que canta.
Elegí la narrativa, porque ella me ha hecho caminar por caminos agradables, en donde la condición humana está presente. En los cuentos y novelas he hallado (sin salir de mi casa) la mano de la muchacha bonita, la recámara donde se encuentran dos amantes (o tres, sin importar el sexo); en los cuentos y novelas he descubierto que un ratón habla con un gato sin ningún recelo, y he visto cómo la sangre se derrama cuando un hombre abre la puerta y recibe un hachazo a mitad del rostro.
Cuando elegí la narrativa por encima de la poesía abandoné la cumbre máxima y decidí caminar por senderos oscuros llenos de alambres de púas. Sentí una opresión en mi pecho.
Lo bueno es que sólo era un simple juego. Al volver a mi casa mandé a la chingada el juego de Luis y, como si fuera un desterrado del desierto, abrí la llave y bebí el agua de Szymborska, poeta polaca, cuya obra me encanta leer.
¿Qué es la narrativa? Es la ventana que da hacia el patio donde vuela el colibrí que se llama poesía.

martes, 17 de julio de 2018

CASA DE LA PALABRA




Cuando llegué a la Ciudad de México, para estudiar en la UNAM, me asombré al conocer LA CASA DEL LIBRO. Era una librería inmensa, con vidrieras que permitían ver, desde la calle, el interior lleno de estantes con libros. Ante esa rotundez, pensé que La Proveedora Cultural, lugar muy amado, tenía estantes esmirriados y su oferta era pishcul. Entiendo que La Casa del Libro aún existe, de igual manera que existe la querida Proveedora Cultural.
¿Cuántos libros había en la Proveedora? No pasaban de dos mil. La Casa del Libro, pensé, tenía miles y miles de libros, que eran como árboles llenos de ramas y de hojas y de nidos. Ahí estaba mucho del conocimiento humano y (lo advertí desde entonces, en los años setenta) no alcanzaban cien vidas para beberse todo ese tonel de aire limpio.
Me asombré ante esa librería, pero luego pensé que, de igual manera, debía existir algo que se llamara LA CASA DE LA PALABRA, pero apenas lo había pensado caí en la cuenta que la Casa de La Palabra es el diccionario, porque ahí están archivadas la mayoría de las palabras de una lengua.
Cuando llegué al departamento donde vivía en ese tiempo (departamento de la tía Josefa, mamá de Alfredo y del Güero, en la colonia Roma) saqué el diccionario Larousse del pequeño mueble que me servía como librero y le pegué en la portada una hoja con el letrero: Casa de La Palabra. Pensé que, así como lo había hecho el tío Mario, quien pegó en su vocho setenta y dos una calcomanía del Che en el frente, para personalizarlo, yo había personalizado mi diccionario y desde entonces se convirtió en la Casa de La Palabra. Si tenía duda de cómo se escribía una palabra o de su significado tomaba la Casa de La Palabra y la duda desaparecía. Hubo un instante que pensé que el diccionario también podía llamarse DESPEJADOR DE DUDAS. ¡Ah!, el diccionario era un buen libro práctico.
Pero, cuando días después le platiqué a Quique mi logro, él, comiendo el coctel de camarones acompañado con una Tecate, dijo que yo estaba equivocado, que la casa de la palabra era la voz del pueblo y, tomando un poco de cebolla con limón y salsa, con una galleta salada, dijo que el diccionario era clasista, que no agregaba las palabras verdaderas, las que usaba el pueblo a diario. Yo estuve de acuerdo. Sabíamos que los académicos (viejos gatos dormilones) se tardan mucho tiempo en incorporar vocablos nuevos, los que nacen del ingenio popular.
¿Entonces? Entonces ¡nada! ¡La casa de la palabra es esto!, dijo Quique, y movió su brazo derecho como si abriera una puerta y abarcó todo el espacio de la pequeña cantina. Vi que tenía razón. En las otras mesas, así como en la nuestra, la palabra era un venado saltando cercas; era un águila en la cima de la montaña; era una bola de nieve en alud; era una ola contra la escollera; era un barco encallado; era el silencio del templo; el golpeteo del balón sobre la duela del gimnasio. ¡Sí!, Quique tenía razón, la casa de la palabra estaba en la conversación diaria, en el grito, en el murmullo, en la súplica, en la ofensa y en la bendición.
Pero, insistí todavía, mientras echaba unas gotas de limón al bote de cerveza, las personas no tienen la definición de cada palabra que usan, es más, dije, hay mucha gente que no sabe el significado real de cada palabra. Recordé que mi papá decía: “Me es inclusive”, cuando quería decir que algo le valía sorbete. Mi papá jugaba con el idioma. Caí en la cuenta que esa ironía, esa capacidad de juego no está contenida en el diccionario, porque el diccionario, como decía mi amado Julio Cortázar, es “un cementerio”, porque los académicos siempre son muy solemnes, muy sobrios, muy poco pueblo.
Así pues, esa tarde, mientras Quique pedía otra ronda de cervezas y dos cocteles de ostiones, concluí que la casa de la palabra es el espíritu del hombre.
Cuando salimos, ya medio bolencones, nos abrazamos y caminamos por la calle de San Juan de Letrán, esa maravillosa calle que, según Sergio Esquivel, en una magnífica canción, era una calle “…de siempre, de todos los días, de toda la gente”, así como materia de todos los días es la palabra del hombre. Esa tarde, ya acercándonos al Palacio de Bellas Artes y a La Alameda, Quique y yo hicimos la promesa de que, al día siguiente, iríamos a la Casa del Libro para comprar uno o dos libros. Yo, pensé, compraré una novela de Jorge Ibargüengoitia; Quique dijo que compraría un libro de Alfonso Reyes. En ese tiempo leíamos a muchos autores mexicanos. Como dice la canción: “Llevábamos a México en la piel”.

lunes, 16 de julio de 2018

CARTA A MARIANA, DONDE SE VISLUMBRA QUE LA CREATIVIDAD ES LA RESPUESTA




Querida Mariana: Vi en la televisión el partido final de la copa mundial de Rusia. Vi en los letreros de la periferia de la cancha el anuncio: “Creativity is the answer”. Mi conocimiento elemental de inglés tradujo: “La creatividad es la respuesta”. ¿Cuál es la pregunta? La pregunta es todo sueño del hombre. Sí, la campaña comercial de Adidas es un acierto. Este promocional es inspirador, de la misma manera que fue inspirador el slogan de Nike: “Just do it”, que (en mi inglés elemental) traduzco como: “Sólo hazlo”; es decir, al principio Nike nos dijo que debíamos atrevernos a hacerlo, pero como no se trata de aventarse como el Borras, ahora Adidas nos dice que la respuesta para toda empresa es la creatividad. Y esto, tan elemental y simple, es la respuesta universal. ¡Sí!
Vi en la televisión el partido final de la copa mundial de Rusia y vi que la ceremonia de clausura (previo al partido) no tuvo la brillantez que los analistas dicen tuvo el evento, porque a los organizadores les faltó creatividad. Hubo detalles innovadores que se perdieron a la hora que Will Smith, actor norteamericano, apareció en escena y se puso a cantar. Fue tan de domingo de plaza su participación que la creatividad escenográfica quedó oculta.
Sí, Adidas tiene razón, ¡creatividad es la respuesta a toda pregunta! Por esto, en México fallan muchas iniciativas. ¿Por qué en el país hay ausencia de creatividad? ¡Ah, pues muy sencillo! Porque la educación que reciben los alumnos en la primaria no cuenta con algún aprendizaje en tal sentido. ¿Se desarrolla la creatividad? ¡No! Se desarrollan aprendizajes imitativos.
Recuerdo con gran emoción la clase de dibujo que recibí en la secundaria: Dibujo de imitación. La maestra, en un pizarrón cuadriculado, copiaba el dibujo de un león que había trazado en su cuaderno. Nosotros, en un cuaderno con hojas cuadriculadas, seguíamos el trazo de la maestra. Con un poco de paciencia lográbamos un dibujo con trazos muy cercanos al original. Lo iluminábamos, lo llevábamos al escritorio, donde la maestra sonreía, nos felicitaba y “dibujaba” un hermoso diez. Nosotros éramos felices. El otro día revisé el cuaderno de mi sobrina Pau y hallé que tenía una serie de dibujos de caricaturas de Walt Disney. Su mamá me mostró los dibujos, con un gran orgullo, con una gran satisfacción de mamá ganso. ¿Entendés lo que quiero decir, querida Mariana? Si alguno de mis compañeros se hubiese rebelado con la idea de copiar el león del pizarrón y hubiera hecho trazos libres, con un león diferente, la maestra se habría molestado. El dibujo habría obtenido un cinco de calificación. ¿Mirás lo que digo? Mi sobrina Pau, que es una niña listísima, desperdicia el talento innato que traen todos los niños y lo dedica en copiar figuras hechas por dibujantes de Disney. Dibuja al ratón Mickey en lugar de crear un dibujo original del tacuatz Lampo, con trazos libres.
Y este ejemplo de la disciplina del dibujo es algo que está presente en todos los conocimientos que los niños reciben en este país, un conocimiento adocenado.
Vi el partido donde las selecciones de Francia y de Croacia disputaron el primer lugar del mundial de fútbol. Traté de hacer memoria: ¿He leído algún cuento o novela de un escritor croata? ¡No!, creo que no. En realidad, cuando supe que la selección de su país iba a jugar la final entré al Internet y busqué un mapa que me dijera la ubicación de tal país. Pero lo que sí recordé es que he leído muchas novelas y cuentos de autores franceses y lo primero que vino a mi mente fue “El principito”, de Antoine de Saint-exupéry (escritor francés). Este recuerdo me sirvió para apuntalar la idea de Adidas. Sí, la creatividad es la respuesta. En las escuelas mexicanas casi no enseñan a los alumnos a ser creativos, a formular pensamientos que dejen la horizontal y vuelen como enormísimos globos aerostáticos. Todo el conocimiento es como un papalote que tiene una cola hecha con fierro. Así no se puede volar, así no hay crecimiento, así no hay senderos creativos. ¡Qué pena!
“El principito” es un libro de gran creatividad, gracias a eso ha volado por todos los cielos del mundo. Su creador abandonó el mero acto de imitación y entró al prodigioso campo donde la imaginación es la ventana de la creatividad.
¿Qué clase de profesionales tendremos en el porvenir, cuando ahora como alumnos bajan la información del Internet en un proceso que se llama “Copia y pega”?
Posdata: Así no se puede volar, así no hay crecimiento, así no hay senderos creativos.