jueves, 16 de septiembre de 2021

ANTES DE QUE TODO SE ACOMODE (XXXVII)

Julio Cortázar es uno de mis escritores favoritos. Los críticos literarios sostienen que él fue uno de los mejores escritores de cuento del siglo XX. A mí me encanta su novela “Rayuela”. Él, además, fue un prolífico escritor de cartas. No sólo mandaba cartas a su mamá, a su hermana, a sus amigas íntimas, a todos los amigos, sino, también, a sus lectores. Sus lectores podemos deducir que su convicción era: carta recibida, carta contestada. Era un intelectual decente. En una de las cartas que en 1974 le envió a Aurora Bernárdez, su primera compañera de vida, le cuenta: “…despacho entre quince y cuarenta cartas por día…” Ahora hay publicados, cuando menos, nueve libros con parte de su correspondencia. Estos libros contienen las cartas enviadas a los amigos, conocidos y famosos. En el mundo hay más cartas que están desperdigadas en casas de lectores que se sintieron honrados al escuchar el silbato del cartero, abrir la puerta, y ver el nombre del remitente: Julio Cortázar. Yo me siento privilegiado. Nunca le envié una carta a Julio, ni recibí una firmada por él, pero tengo varias cartas firmadas por mi papá. Varias que, religiosamente, conservó mi mamá cuando eran novios (años cincuenta) y dos que están escritas por el niño Augusto, dirigidas a su mamá. Pienso que, en estos tiempos, cuando las cartas ya son una costumbre a punto de extinción, debería haber intentos en las escuelas para que los estudiantes escriban cartas a sus padres y éstos respondan, aunque vivan en la misma casa. Sería maravilloso recuperar esa práctica a fin de conservar rasgos de identidad. En las cartas que conservo de mi papá tengo, frente a mi vista y frente a mi corazón, los rasgos de sus letras y testimonios de sus sentimientos, en tiempos que él no era mi papá, porque yo aún no nacía. Una carta está fechada el 23 de julio de 1923, en 2023 se cumplirá un centenario de ese instante, donde mi tía Lucía Bermúdez Ortiz se sentó ante su escritorio y le escribió a su hermana María Bermúdez Ortiz, quien trabajaba en Tuxtla Gutiérrez, y era la mamá de mi papá: mi abuela María. Al término del mensaje de mi tía Lucía aparece un recadito que mi papá envió a su mamá. Tanto mi tía, como mi papá, inician su escrito con la palabra Querida. Mi mamá Hilda, ahora, me cuenta que su suegra era una mujer muy buena, una mujer querida. Gracias a que los mayores tenían la sana costumbre de sentarse ante una mesa y tomar papel y pluma, puedo tener este registro que ayuda a conocer, en forma íntima, la savia de mi árbol genealógico. La carta dice: “San Cristóbal L. C. Julio 23 de 1923. Señora María Bermúdez Ortiz. Tuxtla Gtz. Querida hermana: Te pongo la presente para saludarte cariñosamente, deseándote completa salud; nosotros aquí todos bien, con el favor de Dios N. S. Te mando el informe de su maestro de Augusto para que veas que no está tan atrasado. Todos te saludamos cariñosamente. No te escribo más, porque estoy muy mal del cerebro. Tu hermana. Lucía”. A casi cien años me entero que mi tía Lucía, quien era esposa de tío Víctor Domínguez, y tenía a su cargo a su sobrino Augusto, estaba delicada del cerebro, no obstante, le envió un mensaje a la hermana para notificarle que mi papá no estaba “tan atrasado” en el colegio. Los tíos Víctor y Lucía inscribieron a mi papá en un colegio de paga. No, no estaba tan atrasado, las calificaciones que conservo de él demuestran que era un niño aplicado, inteligente. Mi papá me contó que en dicho colegio él era elegido para dar asesorías de matemáticas a compañeros atrasados. Y la carta del 23 de julio de 1923 cierra con un breve recado que el pequeño Augusto envió a su querida mamacita. “Querida mamacita, dime qué tal están por allá. Nosotros estamos bien, con el favor de Dios. Saluda a mi hermanita (mi tía Carmela); y así que estén maduros los duraznos del patio, te mando unos para que coman Usted y mi hermanita. Se despide de ti tu hijo que te quiere. Augusto Molinari”. Me conmueve. El hijo esperará que estén maduros los duraznos del patio para enviar a su mamá y a su hermanita. Ah, los duraznos de San Cristóbal de Las Casas. Riquísimos, exquisitos. Cortázar, en una carta dirigida a Luis Gagliardi, el 2 de junio de 1942, le dice: “…he escrito muchas cartas y, fuera de las estrictamente circunstanciales (que no se pueden evitar muchas veces), he dejado en cada una de ellas mucho de mí, mucho de lo mejor o lo peor que hay en mi mente y en mi sensibilidad…” Cada carta manuscrita es una cinta de luz. Esther, mi hermana y media, escribe unas cartas breves para mí, las escribe en una libreta pequeña, le toma una fotografía con su celular y así me las hace llegar. Yo hago lo mismo. Usamos el método tradicional y aprovechamos los recursos tecnológicos de este tiempo. Las cartas llevan lo que Julito Cortázar dice: lo mejor de cada uno (también lo peor). La esencia de la vida está concentrada en esos mínimos cachos de papel.

miércoles, 15 de septiembre de 2021

CARTA A MARIANA, CON FESTEJO POR ANIVERSARIO

Querida Mariana: estoy contento, estamos contentos. Sé que vos y muchas personas más también comparten nuestra alegría. Revista Arenilla, con su edición número 25, cumple cuatro años de vida. Nuestros fieles lectores aprecian el esfuerzo editorial que enriquece la cultura de Comitán y la región. Y, no podía ser menos, el número del cuarto aniversario, está de lujo. La edición, como se dice coloquialmente ¡ya está en el horno!, y pronto llegará a manos de nuestros lectores. Y si digo que está en el horno es porque en este número tenemos en portada a cuatro chefs que dan lustre a la riquísima gastronomía comiteca. En fotografía del genial fotógrafo Carlos Gordillo, nuestra portada se engalana con la presencia de Dulce Nataly Guillén Argüello, chef del RESTAURANTE LA COMITECA; Karla Verónica Vázquez Albores y Mario Antonio Maldonado Espinosa, chefs del RESTAURANTE 1813; y Sergio Caballero García, chef del RESTAURANTE ‘TA BONITÍO. En cuanto tengás la revista en tus manos te enterarás de datos que ennoblecen la cocina comiteca actual, elemento esencial de la cultura del pueblo. Todas las personas que conocen Comitán reconocen la riqueza de su gastronomía. Este número tiene un menú riquísimo. Nuestros lectores satisfarán todos sus sentidos con el contenido de este número. ¿Sabés quién respondió las diez preguntas traviesas de Arenilla? Nada más y nada menos que Estephanie Frías Córdova, empresaria que continúa con la tradición de la reja de papel de china, y que inventó el pasito tacuatzero. Juan Carlos Gómez Aranda envió, desde la Ciudad de México, un ensayo que tituló: “Breve historia de una agrupación de jóvenes soñadores”, donde, con la calidad de redacción que acostumbra, entrega una síntesis del desarrollo de la Asociación de Estudiantes Comitecos Radicados en el Distrito Federal. En tiempos que el fenómeno migratorio pone a Tapachula en la mirada del mundo, en Arenilla presentamos un resumen de la presencia de Esmeralda Maya en “Debate 22”, programa del canal 22 de la televisora nacional, donde platicó la situación de la infancia migrante no acompañada en la Frontera Sur. La bandera del Departamento de Huehuetenango, Guatemala, fue creada por don José Osberto Makepeace Palacios, el famoso maestro Mepis. Acá contamos la historia. Doña Amparo Hernández de Aguirre, señora bella que radica en Guatemala, envía un texto que tituló “Balún Canán”, donde cuenta recuerdos de esta tierra bendita de Dios. ¿Mirás qué riqueza de contenido? ¡Ah, platillos exquisitos para el paladar intelectual de nuestros lectores! Revista Arenilla, con el patrocinio de VETERINARIA 2000, lanzó la convocatoria de la dinámica “Mi chucho es bien comiteco”. Acá viene el chuchito que ganó el derecho de aparecer en la revista. ¿Sabés cómo se llama el chucho? ¡Cositía! Cabal. Viene la síntesis de lo que publicamos en Redes. Basta que nuestros lectores pasen su celular sobre el código para que escuchen nuestros podcasts y vean videos donde Carlitos invita a leer el cuentito del bimestre. Y, sí, en este número también publicamos el cuentito dedicado para los niños y para los papás de los niños, que llega a todos por cortesía de Fundación Alexandra Del Castillo Castellanos. En esta ocasión aparece el cuento: “Presencia infinita”, que cuenta la historia de Rubén y Luis que… bueno, no lo contaré acá. Ya pronto tendrás la revista en tus manos y podrás leerlo. Cumplimos cuatro años de servir al mundo, desde este pequeño, pero enormísimo, pedacito de tierra mexicana. Somos un triángulo que forma el círculo perfecto: patrocinadores, lectores y creadores de diseño y contenido. Nuestro número 25 honra a los patrocinadores, quienes, a pesar de la pandemia, siguen brindando sus servicios de calidad a toda su clientela. Honran ser de buena cuna, porque, además de servir a la patria con la prestación de sus servicios, dan más, ofrecen esta revista en forma gratuita, para que la cultura siga fortaleciendo la ceiba que desde siempre nos da sombra. Posdata: sí, niña querida, sí, como siempre, hay una carta para vos. En esta carta te cuento cómo mis ex compañeros de educación secundaria se reunieron después de cincuenta años del egreso. Cincuenta años después, alumnos de la gloriosa generación 1968 – 1971, de secundaria del glorioso Colegio Mariano N. Ruiz, acudieron a una misa especial y en un desayuno en el patio central del colegio celebraron la vida. Nuestro cuarto aniversario celebra, asimismo, la esperanza, la fe. Sembramos luz para que Comitán siempre tenga el brillo que, por origen divino, le corresponde. Sembramos cultura. Es el acto más noble que una sociedad protege.

martes, 14 de septiembre de 2021

CARTA A MARIANA, CON UN BAR AL LADO DE UN TALLER

Querida Mariana: la fotografía rescata el Comitán de los años setenta. Esta manzana ya no existe, la derruyeron. En este espacio ahora está la ampliación del parque central. En primer plano está el edificio que fue propiedad de mis papás. Muchos muchachos setenteros lo recuerdan con afecto, porque ahí en la parte superior estaba el Café Intermezzo, donde los chavos hacían toquines con música moderna. En la planta baja estaba la tienda de estambres que atendía mi mamá. En muchas tardes me tocó colocar la manivela metálica de unos dos metros de largo para bajar la cortina de tela y evitar que el sol llegara a los mostradores. El sol podía decolorar las bolas de estambre. Ya te conté que don Rafa Morales era simpático. Siempre que me encontraba me decía: osito de peluche. Decía que le preguntaba a mi papá: “Don Augusto, ¿tiene usted bolas de estambre?”, y que mi papá le respondía: “No, don Rafa, si tuviera yo bolas de estambre, mi hijo sería de peluche”, y lo disfrutaba. Don Rafa era un humorista. Cuando le amputaron una pierna decía que él no podía ser presidente del pueblo, porque “ya no podía meter la pata”. Después del edificio de mis papás si subías dos escalones llegabas a un pequeño taller de reparación de aparatos eléctricos y electrónicos. Don César Domínguez atendía ese taller. El anuncio de bandera que dice Philco anuncia su negocio. De igual manera, el ingenio comiteco dice que una vez una persona de comunidad rural llegó a comprar un radio, pero que lo quería de marca Philco (así lo pronunció), el dependiente le corrigió: “No se dice philco, se dice filco”, y él respondió: “A la futa”. El carrito rojo que está estacionado frente al portal era propiedad de don César. Al lado del taller estaba el mítico bar de tío Tavo, el creador de las famosas macharnudas. En la foto se aprecia dos mesas y sillas de madera, pintadas en rojo. Se advierte el otro anuncio de bandera: Bar Bohemio. Tal vez te llama la atención que no hay ni una sola persona, todo está desierto. Es por la hora que fue tomada la fotografía, mirá cómo se desparrama la sombra de las tres de la tarde. Todo mundo, en ese instante estaba en su casa, comiendo, preparándose para regresar al trabajo. Quienes sí están trabajando son los amigos del Café Intermezzo. La puerta de acceso a la segunda planta está abierta. Tal vez alguien estaba sentado en una mesa tomando un refresco o un café. Quien también está trabajando es don César. Ahora casi puedo verlo detrás del mostrador de madera con un cautín en la mano conectando alambritos de algún radio descompuesto. Quien también está trabajando es tío Tavo. Sin duda que algunos amigos están adentro de su bar tomando una cervecita y disfrutando la botana, mínima, pero riquísima. Te he contado que cuando alguien, al ver la botana tan pishcul pedía más, tío Tavo, hombre simpático, decía: “Es botana, no es comida”. Yo le pedía dinero a mi mamá para ir a comprar un pan compuesto con tío Tavo. Hacía unos panes compuestos exquisitos. Siempre digo que alguien debería retomar esa receta, porque al tradicional pan francés le ponía una delgadísima lonja de chicharrón, crema y salsa verde. Ah, era algo delicioso. El siguiente edificio, el de dos plantas, corresponde al Restaurante Nevelandia. En la parte baja había un amplio espacio donde las personas tomaban café, refrescos, helados; los adultos jugaban dominó o ajedrez. En ese tiempo no existían espacios libres de humo y quien fumaba lo hacía sin restricciones. Al fondo del Nevelandia había un espacio separado de la cafetería, con mesas de billar. A mí me encantaba entrar ahí. A veces, mi mamá llegaba a sacarme de las orejas. Ella caminaba el pedacito desde su tienda, y casi estaba segura que yo andaba ahí, en medio de una nube permanente de humo. Me encantaba ver a los jugadores de billar, los pochorocos del pool y los exquisitos jugadores de carambola de palito. Me encantaba escuchar lo que platicaban, afloraba la picardía meramente comiteca. Era una excelsa escuela de la cultura popular comiteca. Posdata: quienes vivimos en los años setenta gozamos estos espacios. Todo mundo habla con nostalgia del Intermezzo, del Nevelandia, del billar, de la Proveedora Cultural y de los demás locales que marcaron las vidas. Cientos de testimonios están aún por consignarse. Los sobrevivientes gozamos ahora la ampliación del parque central, disfrutamos la vista escénica del templo de nuestro santo patrono y del Centro Cultural Rosario Castellanos, pero añoramos esta manzana. Algo similar ocurrió en la Ciudad de México cuando demolieron la manzana que estaba encima del Templo Mayor. Se recuperó el templo, pero muchos citadinos perdieron un elemento de identidad. Ahora, los habitantes de la Ciudad de México disfrutan el rescate del sitio arqueológico, pero algunos, los que tuvieron historias en la manzana derruida, extrañan ese espacio entrañable. Muchas personas de mi generación hablan con nostalgia de lo que fue y ya no es. Es la continuidad de la vida. No hay más.

lunes, 13 de septiembre de 2021

CARTA A MARIANA, CON UN APUNTE

Querida Mariana: mando un apunte de 2021, de una chica de 1971. Sí, ¡cincuenta años! Tomé el apunte de una fotografía donde la chica aparece en Avándaro. ¿Vos has oído de Avándaro? Tal vez ahora, en la conmemoración del quincuagésimo aniversario, lo has visto en redes sociales o en los noticiarios de la televisión. Avándaro fue un festival de rock mexicano que se realizó en la comunidad de ese nombre, en el estado de México, en septiembre de 1971. Calculaban una asistencia de unos veinticinco mil chavos y llegaron más de trescientos mil, ¡trescientos mil! Uf. Estaba muy reciente lo del “Halconazo”, donde jóvenes fueron reprimidos por fuerzas policiales. Cuando el gobierno vio la cantidad de muchachos que se concentraron en Avándaro para escuchar grupos de rock y entrarle a la mariguana, se alarmó. A partir de ese momento quedaron prohibidos “los toquines” de rock. Hace dos o tres días vi en CNN una entrevista de Carmen Aristegui con Federico Rubli, autor del libro: “Yo estuve en Avándaro”, con fotografías de Graciela Iturbide y prólogo de Luis de Llano, el productor de programas de Televisa, hermano de la actriz Julissa, por lo tanto, tío del famosillo Benny Ibarra. “Yo estuve en Avándaro” se titula el libro y, como dice el título, da el testimonio de Rubli de ese magno acto juvenil. Digo que el gobierno se espantó con tal respuesta a la convocatoria, más de trescientos mil chavos se reunieron. La Constitución del país garantiza la libertad de reunión pacífica con cualquier objeto lícito, pero acá les dio temor. Los miles de muchachos se reunieron en forma pacífica y el objeto de la congregación fue escuchar música de rock (y fumar mariguana y algunas chicas y chicos, ya pasados, se encueraron. Una de las chicas encueradas se hizo famosa al salir en portadas de revistas y periódicos y fue conocida como “La chica de Avándaro”. ¿Algún muchacho comiteco estuvo presente en Avándaro? Yo digo que sí, un comiteco setentero, aficionado al rock, pudo estar ahí. Se reunió con los amigos y llegó hasta el lugar donde se realizó el festival. Nadie, ni los asistentes ni los grupos de rock ni los organizadores, previeron que la cantidad de espectadores fuera tan espectacular: 300 mil, ¡pucha! El gobierno se asustó. Cortó por lo sano: prohibió los toquines de rock, así no habría reuniones semejantes. ¿Imaginás una movilización de trescientos mil muchachos? En 1971 yo estudiaba el primer grado de bachillerato, en nuestro modesto Chiapas. La verdad es que, como nunca he sido aficionado a la música el festival no era algo que estuviera en la agenda diaria. Los chavos comitecos, con sus honrosas excepciones, escuchábamos la música que programaba la XEUI, la modosita radiodifusora local. ¿Rock en la XEUI? No, apenas grupos que ahora llamaríamos light. Acá en Comitán escuchábamos a César Costa, Enrique Guzmán (con: ahí viene la plaga) y la novia de México: Angélica María. En la Ciudad de México escuchaban grupos de rock más pesados: Three Souls in my Mind, por ejemplo. No obstante, fui uno de los comitecos que anduvo recordando el festival por todas las calles del pueblo. Sucede que mi mamá fue a la Ciudad de México ese año, se acordó de su hijito, en algún momento, entró a una tienda y me compró un rompe vientos (chamarra de tela delgada, de color azul) que tenía un estampado que decía “Avándaro”. Ya me conocés, donde agarro una prenda que me guste no me la quito ni para bañarme ni para dormir. No me la quité. Envié el mensaje publicitario con tal intensidad que Olivio, chofer de don Jorge Pérez comenzó a decirme Avándaro cada vez que me veía, así como ahora muchos me dicen Arenilla, fui conocido en los setenta como Avándaro. Pucha, yo el escucha de canciones de Napoleón (no Bonaparte) andaba presumiendo en todo el pueblo un rompe vientos que llevaba el nombre del festival más prendido que jamás realizaron los rockeros de este país: 300 mil asistentes. Dios mío. Según el censo, Comitán tenía 40 mil habitantes en 1971. En Avándaro se concentró toda la población de Comitán, multiplicada por 7 y un mojol más. Posdata: Al contrario, del autor del libro: “No estuve en Avándaro”, pero fui un chavo comiteco que anduvo por todo Comitán con un rompe vientos que tenía el letrero “Avándaro”. Vi la fotografía e hice un apunte rápido. Ella está en ese espacio, en 1971. Cincuenta años después, el chico comiteco, el del rompe vientos, le hizo un apunte. Sólo para unir esa historia en el tiempo. Ella tenía una cámara instantánea en la mano, tal vez con un rollo de doce exposiciones. Tal vez, ahora que se cumplieron cincuenta años, ella dijo lo mismo que el autor del libro y fue al librero y sacó el álbum y le enseñó a sus nietos las fotos que tomó ese día en aquel maravilloso escenario. Trescientos mil chavos. Uf. Trescientos mil testimonios. ¡Genial! El rock demostró que es el ritmo de los jóvenes de siempre, de toda la vida. Sería maravilloso tener el testimonio de algún chavo comiteco que haya ido.

sábado, 11 de septiembre de 2021

CARTA A MARIANA, CON RECUERDO DE LOS AÑOS SETENTA

Querida Mariana: te envío una fotografía sensacional. Mi amiga Gloria Ruiz la compartió en redes sociales. Quien aparece en primer plano es el papá de Gloria, don Carlitos Ruiz, un personaje que merece mejor atención por la historia local. ¿Mirás el paso gallardo que lleva? Siempre fue así, un hombre de gallardía. Tuve el privilegio de conocerlo y tratarlo, un poco de refilón, pero en varias ocasiones intercambié impresiones con él. Mi recuerdo es grato, don Carlitos fue un hombre culto, amante del pueblo y enterado de asuntos locales, nacionales e internacionales. Con él se podía platicar a gusto y se podía aprender. Sin duda que sus hijos pepenaron rayos de luz, como de su esposa, doña Piedad. Si pasás por el Colegio Regina mirarás una placa que consigna que ahí estuvo la escuela “La Industrial”, escuela que fundó Mariano N. Ruiz. Esa placa la gestionó don Carlitos. La historia le ha dado la razón a su pasión, él consideraba que los hechos brillantes y las personas relevantes deberían conservarse en la memoria colectiva. Tenía razón, por supuesto que sí. Digo que ahora, quienes pasan por el Colegio Regina tienen un dato para reconocer que este pueblo está formado por el trabajo tesonero de sus mejores hijos, que, gracias a Dios, han sido muchos, son muchos y serán muchos. La grandeza del pueblo merece el agua limpia de sus hijos. La fotografía corresponde a los años setenta, así lo dijo Gloria. Don Carlitos camina con rumbo al templo de Santo Domingo. Un minuto antes pasó frente a la escalinata majestuosa que da acceso a lo que ahora es el Centro Cultural Rosario Castellanos. Gloria no especificó la fecha precisa de la fotografía. Puede ser 1972 o 1976. Y digo esto, porque si fue en 1972, el edificio funciona como Escuela Secundaria y Preparatoria, pero si fue en 1976 ya funciona como Casa de Cultura. Ahora, el edificio ya no tiene esa bardita con las celosías triangulares que le daban un toque armonioso. Las transformaciones, lo hemos platicado, nos quitan elementos de identidad. Los pueblos cultos de Europa preservan sus espacios históricos. Acá, el centro se llama histórico, pero a cada rato sufre transformaciones. Esa balaustrada meramente comiteca era un elemento arquitectónico sensacional. Los muchachos que estudiaron la prepa y secundaria en ese edificio recuerdan que ahí se recargaban y veían lo que sucedía en la calle y quienes pasaban en la calle miraban ese rebumbio de loros jóvenes trepados. Los muchachos se acodaban ahí o se sentaban sobre la bardita. Mientras ellos hacían una pausa a su ímpetu juvenil, el mundo se movía frente a ellos. En la foto de don Carlitos, no se ve a alguien en el edificio. O los muchachos estaban en clase o ya estaban en los otros edificios, los nuevos, donde ahora funciona la escuela secundaria (por las instalaciones de la feria) y la escuela preparatoria (a la orilla del bulevar). Dije que don Carlitos camina con rumbo hacia el templo de Santo Domingo. ¿Cuál sería su destino? No lo sabremos. Jamás. A mí me sorprende el paso firme que lleva. Me encanta saber que ya son los años setenta del siglo XX, porque él, persona sublime, orgulloso de su linaje, pero humilde en su grandeza, no tiene empacho en caminar en la orilla de la banqueta y ceder el espacio interior a una familia que se ve modesta. Tampoco sabremos jamás quiénes eran las personas que pasaron al lado de don Carlitos ese día. Yo advierto dos mujeres de falda hasta los tobillos, zapatos bien cucos. En mi delirio de imaginación diría que la mujer que va al lado de la bardita es hija de la mujer que va del otro lado. El hombre, con sombrero, camina detrás de ellas. Los tres se dirigen hacia la escalinata del edificio con arcos. Van en sentido contrario. ¿Se saludaron? No lo sé. Antes, en Comitán (todavía en algunos casos) existía la costumbre de dar los buenos días, sin que hubiese más cercanía que coincidir en el mismo espacio. Era una costumbre bien bonita. Advierto que el pantalón de don Carlitos está arremangado de la parte inferior. Don Carlitos fue hacendado, como el papá de Rosario Castellanos. Acá lleva el cabello hacia atrás, su frente la tiene despejada. Sí, es como un símbolo de lo que fue en vida: un hombre con la frente en alto. Digo que las transformaciones nos dejan en la orfandad de identidad. ¿Ya miraste la belleza de banqueta? Un día la levantaron y le colocaron lajas. Te juro que ahora daría ganas de quitar las lajas y regresar esta banqueta menos peligrosa, con grabados, digamos, que servían como antiderrapantes y con buen sentido estético. No sé si sigo en mi delirio, pero alcanzo a ver una estrella en medio de un círculo. Ya he contado muchas veces cómo la celosía de triángulos forma estrellas. Vos agarrás una tira de papel, lo doblás imitando la celosía y cuando unís los extremos formás una estrella. ¿Qué significa el nombre Balún Canán? ¡Claro!, nueve estrellas. Y digo que don Carlitos fue hacendado como el papá de Rosario Castellanos, porque quiero unir el nombre de don Carlitos con Rosario, porque conocí a don Carlitos cuando mi Paty y yo teníamos una librería en el Pasaje Morales y distribuíamos revistas y periódicos. Sucede que, ya en los años ochenta, la Proveedora Cultural (que durante muchos años estuvo en la manzana que derruyeron) ya se había pasado al edificio que ocupa actualmente, por el rumbo de lo que fue el Club de Leones. ¡Uf, cuántas transformaciones! Don Carlitos era suscriptor del periódico Excélsior. Una tarde me dijo si era posible que recogiera su periódico en nuestra librería. Ello le ahorraba cinco cuadras. Como la Proveedora Cultural nos surtía los periódicos y las revistas le dije que sí. De esta forma, don Carlitos llegaba todas las tardes por su periódico. Algunas tardes ponía cara de tristeza y enojo, porque el periódico no había llegado puntualmente. Esto de puntualmente es un mero decir, el periódico llegaba con retraso de un día (estamos tan lejos del centro del país). Al día siguiente, pasaba por dos periódicos: el del día anterior y del anterior. Esto permitió que platicáramos por ratitos. Ya te platiqué que Rosario Castellanos fue una de las escritoras más leídas en México. Tal vez no tanto por su poesía o sus novelas, sino por los ensayos que escribía en el periódico Excélsior. Cada semana publicaba un ensayo en la sección editorial. Esto lo hizo desde 1963 hasta 1974, año en que murió. ¿Mirás a lo que quiero llegar? Es decir, ¿a lo que llegué? Don Carlitos, no tengo la menor duda, fue un comiteco que leyó a Rosario en el periódico Excélsior. En los años sesenta y setenta, el periódico Excélsior estaba considerado como uno de los diez periódicos más importantes del mundo, ¡del mundo!, y ahí escribía nuestra paisana. Andrea Reyes, una destacada intelectual se dio a la tarea de buscar en archivos todos los ensayos que Rosario publicó en periódicos y revistas. Los lectores de estos tiempos tenemos, en tres volúmenes, todos esos escritos. Muchos de los cuales leyó don Carlitos. Jamás platiqué con él acerca de lo que ahora digo. Habría sido un testimonio muy importante. Sus hijos deben tener datos. Gloria debe tener datos. No lo he dicho, pero el nombre completo de don Carlitos fue: Carlos Eduardo Ruiz Castellanos. ¿Ya miraste el apellido materno? Sí, ¡Castellanos! ¿Hay una liga familiar con la escritora? No lo sé, no lo sé, nada sé. Bueno, sí sé algo: don Carlitos leyó a Rosario en las páginas del periódico al que estaba suscrito y del cual era un apasionado lector. Siempre he dicho que nada es casual, todo tiene símbolo. Somos lo que vemos, lo que oímos, lo que miramos, lo que leemos. Don Carlitos leía el Excélsior, palabra que significa excelso, lo más grande. Don Carlitos fue un hombre excelso. La prestancia que muestra en esta fotografía da cuenta de su paso por la vida. Nunca caminó por el centro del camino, lo hizo por la orilla, pero lo hizo con gran seguridad. Yo lo recuerdo como un hombre culto, de pensamiento sublime. Fue un comiteco que abonó a la cultura comiteca. Yo radicaba en la ciudad de Puebla cuando él falleció. Lamenté su deceso. Su muerte, pienso, fue como quitarle a Comitán una parte bonita de esa celosía triangular hecha con ladrillos del barrio de Yalchivol. Hay personas que dejan su marca luminosa en la historia común. Ahora me dan ganas de saber más de don Carlitos. A ver si algún día platico con sus hijos. ¿Fue pariente de Rosario o fue de la otra rama de los Castellanos? ¿De dónde le vino su pasión por la lectura? Posdata: ¿Quién le tomó la fotografía? ¿Fue de esas fotografías tan comunes ahora donde los jóvenes dicen: tomame una foto, así como que no me doy cuenta? Si la foto correspondiera a la avenida San Juan de Letrán, de la Ciudad de México, no me sorprendería, porque allá había fotógrafos que tomaban fotografías a los caminantes, pero acá en Comitán tal costumbre no existía. La foto es maravillosa. Nos regala la personalidad de don Carlitos y un instante mágico del Comitán de los años setenta. Antes de despedirme quiero comentar algo: el señor del sombrero tiene amarrado el pantalón debajo de la cintura, don Carlitos lo lleva un poco más arriba. Mi papá usaba el pantalón arriba de la cintura, ¿por qué? No lo sé. Perdón. Nada sé.

viernes, 10 de septiembre de 2021

CARTA A MARIANA, EN UN BARCO

Querida Mariana: todos los niños soñamos con barquitos; los que viven al lado del mar y los que crecen en lugares donde ni a río llegan. Tal vez ese sueño viene de los principios de los tiempos, de cuando Noé construyó el Arca. No sé si vos sabés cuál era el oficio del bíblico Noé. Imagino que no era carpintero, pero, por la gracia divina, logró construir un barco enormísimo, el barco más hermoso del mundo. Romeo dice que la genialidad hubiese sido que sólo animales fueran los sobrevivientes, y lamenta que la pareja de iluskar no haya alcanzado a subir al arca. Los iluskar fueron los animales más bellos que jamás habitaron en el Paraíso. La principal virtud de estos animales definió su extinción. En el libro de Kasandras Jurneda: “Los animales que ya no están”, aparece que los iluskar “de plumaje tan bello como el arcoíris sobre el Monte Divino, nunca se reunían con otras especies, porque en el espejo se reconocían como los reyes de la creación”. ¡Pucha! Todos los niños crecimos haciendo barquitos de papel, poniéndolos sobre el agua de los tanques o soltándolos en la calle en tardes de lluvia. Vimos a los barquitos deshacerse en el puño del agua, hacerse nada. Supimos que esos barquitos, como los seres humanos, estaban destinados a zozobrar; porque luego, ya mayores nos enteramos que el trasatlántico cuyo capitán expresó que ni Dios podía hundirlo se fue a pique, se hizo nada en medio del mar. El Titanic se hizo nada, como se hacían nuestros barquitos de papel. Nada dura, salvo los sueños de infancia. Los sueños niños no crecen y permanecen por siempre. Quienes nacieron cerca del mar tienen sueños con aroma a sal; quienes nacimos en valles o montañas tenemos sueños hechos con lianas de aire. Ayer leí una frase de Le Clézio, el escritor que obtuvo el Nobel de Literatura en 2008. Mirá qué dijo: “Viajar menos, soñar más”. Vos sabés que esa frase me cae como anillo al sueño. Si juego con la frase diría que hay que soñar más viajes o viajar más en el sueño. Cuando construíamos barquitos de papel hacíamos lo que Le Clézio sugiere: soñábamos; soñábamos que el barquito hacía el viaje y nosotros decíamos adiós desde la banqueta, con las gotas de lluvia rebotando en nuestros zapatos. No sé vos, pero yo, desde niño, aprendí que el sueño es más rico que el viaje. Mis viajes más intensos, perdón, han sido a través de la lectura, que es la ventana que da hacia el territorio del sueño. Sé, no soy bobo, que la experiencia real de un viaje es intensa. Subir a una góndola y recorrer las avenidas de Venecia debe ser una vivencia sensacional. Nada suple a lo que tiene uno a la mano. Ahora, en tiempo de pandemia, la sensación de querer tocar, de querer oler, es una constante en los seres humanos. El abrazo real del abuelo no puede compararse al abrazo virtual que ahora se procura en tiempos de emergencia sanitaria. Lo mismo sucede con el viaje. Mencioné Venecia, lo hice porque ahora releo “Muerte en Venecia”, de Thomas Mann. Quienes han visitado esa isla italiana mencionan, emocionados, la excelsa experiencia de pasar por debajo del Puente de los Suspiros, mientras el gondolero (así lo refiere el mito) canta canciones de amor. Iba a decir que ni en sueño he estado en Venecia, pero es falso. He estado en Venecia dos o tres veces y ahora, desde mi casa (espacio favorito de mis sueños, donde los realizo) he vuelto y este viaje ha sido tan intenso, porque (como Dante estuvo de la mano de Virgilio) Mann, Premio Nobel de Literatura, me lleva a esas callejuelas y puentes, en un tiempo semejante a estos tiempos, un tiempo donde la epidemia de Cólera provoca el contagio y posterior muerte de las personas. Le Clézio sugiere “viajar menos, soñar más”. Yo, admirador de los grandes escritores del mundo digo que hay que soñar más, a través del acto creativo y crear más al abrevar en el pozo del sueño. Viajar menos, crear más. Posdata: para reafirmar mi idea boba de resistirme al viaje real y estar inmerso en el viaje a través de la imaginación, mediante el libro, digo que los lectores poseemos una gran ventaja inalcanzable para el viajero común: éste no puede viajar a lugares donde nosotros sí. Yo, igual que él viajo a Venecia, entro a habitaciones donde el viajero común no logra, disfruto estancias reales vedadas en el plano real; pero, además, yo puedo viajar al fondo marino o viajar a la luna o a planetas fuera de nuestra galaxia. Hoy estoy en Venecia. Mañana, primero Dios, estaré en otro país, un país de sueño, descubierto por Le Clézio, ya que, en el Kindle, me espera su más reciente novela: “Canción de infancia”. Igual que todos los niños, en mi infancia construí barquitos de papel. A mis sesenta y cuatro años sigo haciéndolos, soy un hombre que le ha hecho caso a Le Clézio desde siempre: sueño más que viajo.

jueves, 9 de septiembre de 2021

CARTA A MARIANA, EN EL CAMPO DONDE CRECE EL ETECÉ

Querida Mariana: ¿te gusta la palabra etcétera? Hay amigos que la usan con profusión. Hay personas que, incluso, la incluyen dos o tres veces, ¡o más! Pucha. Comienzan a hacer una relación y concluyen diciendo: “etcétera, etcétera, etcétera…” ¡Padre mío! No les basta un etcétera, ¡no! Este uso desmedido debería tener un nombre que señalara la posibilidad de una enfermedad lingüística. Si a mí me preguntaras diría que esas personas padecen “Etcéteratitis”. A mí no me gusta la palabra, no la empleo, salvo cuando, como en este caso, debo referirme a ella. Tampoco me place la abreviatura que emplean algunas personas. Esas personas pronuncian la abreviatura con gran entusiasmo: “etecé, etecé, etecé”. ¿Qué enfermedad lingüística padecen los que pronuncian etecé? ¿Etecétitis? A ver, si busco en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española encuentro que etcétera se usa “para sustituir el resto de una exposición o enumeración que se sobrentiende o que no interesa expresar”. Parece que por ahí está la explicación de mi reticencia a usarla. En primer término dice que ya no se menciona porque se sobrentiende, pero en seguida dice que puede ser porque es algo que no interesa expresar; es decir, el etcétera entra en el terreno de aquello que es irrelevante. Mi amiga Lourdes decía de un antiguo novio: “es un etcétera”. En el grupo de amigos llegamos a identificar al tipo con ese sobrenombre. “Ayer vi al etcétera”, decía Pedro, y Lourdes levantaba el dedo índice y todos reíamos. No me gusta el uso del etcétera. Cuando debo hacer una relación que es inmensa, existe la necesidad de cortar en algún instante y es cuando los demás usan el etcétera y yo uso: y muchos más. Es lo mismo, incluso, si existe el término para expresar en una palabra lo que yo digo en tres, podría pensar que no estoy haciendo uso de la llamada economía del lenguaje, que es una condición necesaria en el proceso de la comunicación. Pero cuando digo: y muchos más, pienso (al menos así lo creo) no está presente esa segregación que sí puede aparecer cuando se emplea el término etcétera. Los incluidos en el etcétera pueden ser integrados a ese cajón donde aparece lo que “no interesa expresar”. En ocasiones, en relación de escritores chiapanecos he aparecido en el cajón del etcétera, porque dicha relación siempre aparece encabezada por los pesos pesados: los Zepeda, los Morales, las Castellanos… y acá, mirá, debí poner tres puntos suspensivos que son como un etcétera, como un “y muchos más”. No es agradable ser parte del etcétera. El ex novio de Lourdes no sé qué hubiera hecho en caso de enterarse que entre el grupo de amigos era conocido como “El etcétera”. Pero, si lo pensamos bien, la mayoría de chicas bonitas coloca en el canasto de “muchos más” a los ex novios y colocan en un nicho a su pareja actual, quien, a veces, también entra a formar parte del canasto de los etcéteras. La palabra es roñosa. El lenguaje es maravilloso, pero hay palabras sublimes y palabras que son como cardo, porque la lengua, al ser descubrimiento genial de los seres humanos, refleja todos los matices de la personalidad de las personas. Hay personas sublimes (por ejemplo, vos, querida mía) y personas cardo. ¿Qué hacer cuando debés hacer una relación de objetos, de personas o de acciones y no alcanza el papel? ¿Usar el término que sirve para eso? ¿Escribir tres puntos suspensivos? Yo decidí emplear el “y muchos más”. ¿Imaginás que a alguien le pusieran como apodo: “El puntos suspensivos”? ¡Pucha! Posdata: a veces, no hay de otra, los seres de a pie entramos al costal de los nombres ignorados. ¡Todos! Ahora pensé en la relación de presidentes de la república. Sólo las páginas estadísticas contienen todos los nombres, pero si alguien quiere pronunciar en algún discurso oficial la relación, mencionará a dos o tres y los demás entrarán en el terreno del etecé, etecé, etecé. Los problemas actuales del mundo también se mencionan en forma fragmentada. Son tantos que es imposible nombrarlos a todos. Hay algunos que entran al océano de los etecé. Lo bonito, digo yo, es que estas cartas sólo tienen una destinataria: vos, bonita. Acá no caben las etcétera ni los puntos suspensivos.

miércoles, 8 de septiembre de 2021

CARTA A MARIANA, CON EL COLOFÓN DE LA SEGUIDOÑA

Querida Mariana: y el 31 de agosto, a las seis de la tarde, participé en “Conexión Radio”. Mi anfitriona fue Paulina Jiménez. La invitación fue para hablar del Bicentenario de La Independencia de Chiapas y de Centroamérica. Mi presencia virtual en Noti-vos fue un día antes de la conmemoración del Bicentenario. La plática en Conexión Radio ocurrió tres días después del acto conmemorativo, por lo que ya tuvimos elementos para platicar, algunas cosas de 1821 y algunas otras de 2021. Fue sensacional esa posibilidad de unir dos tiempos tan distantes, encuachar dos siglos. Como acá ya no estuvo Ramos Maza pues comenté algo de lo que ocurrió el 28 de agosto de 1821 y del testimonio que nos legó el maestro Jaime Rodas Rovelo, acerca de los actos que organizó la comunidad comiteca en el siglo XIX para celebrar la independencia. Ya te platiqué que hubo paseos cívicos, misas solemnes, bailes, desayunos y corridas de toros, entre otros actos que dan cuenta de la alegría del pueblo. Paulina es muy joven y ahora, más que hablar de lo que dije, quiero remarcar lo que ella dijo, porque su voz es representativa del pensamiento de muchos jóvenes comitecos. A la hora que hablé de algunos rasgos del pueblo, ella dijo que: “la cultura es lo que nos reconoce y nos identifica como comitecos”. En el auditorio del Centro Cultural Rosario Castellanos, al mediodía del 28 de agosto, Cecilia Flores, secretaria general de gobierno de Chiapas, dijo, palabras más, palabras menos, que la fortaleza de Chiapas es ¡la cultura!, y días más tarde, una joven comiteca insiste en ello. ¿Qué podía agregar a eso? Nada. Estoy totalmente de acuerdo. Vos sabés que mi trabajo constante es a favor de la cultura, de que los principales rasgos de la identidad comiteca estén presentes en el quehacer cotidiano y que jóvenes, como Paulina, reconozcan la riqueza de nuestra pochota cultural y se reconozcan en ella y la abonen y la rieguen con agua limpia. Y platicamos del acto protocolario que se realizó en el Teatro de la Ciudad, en donde estuvo el presidente de la república, reflexionamos acerca de los mensajes que expresaron los invitados de honor, mensajes que ya quedaron para la historia y para el análisis de los historiadores, investigadores y de la población. Cuando mencioné que Comitán celebró con un gran guateque la firma de la independencia, Paulina comentó: “heredamos de nuestros ancestros, después de doscientos años, esa característica”. Sí, somos un pueblo que ama la vida, que la festeja, que la celebra. Herencia de nuestros ancestros, dijo Paulina. En efecto, venimos de la tradición. El 28 de agosto de 2021 celebramos y conmemoramos un hecho que realizaron nuestros mayores. En esa celebración reconocemos que Comitán se ha formado con la participación de todos sus hijos. Los jóvenes actuales comienzan a sembrar luz en este pueblo. Cuando estos muchachos se reconocen en el espejo de nuestra identidad ¡vamos de gane! Y ellos se fortalecen, porque saben que hay personas que, en siglos anteriores, levantaron las paredes de lo que hoy es nuestra casa común: Comitán. Dije que sí, en Comitán, amamos la libertad y respetamos la palabra ¡amamos la vida! Celebramos la vida y, cuando hay oportunidad, hacemos guateques ¡maravillosos! Ante la pregunta de qué ciudad es la capital cultural de Chiapas, me atreví a decir que todo Chiapas es capital cultural del estado, porque todo Chiapas forma el capital cultural de esta tierra. “Somos historia, somos cultura y estamos llenos de alguna esencia de Chiapas. A mí me da mucho orgullo ser comiteca, ser chiapaneca, ser mexicana. Estoy muy satisfecha de mis raíces y de esta tierra tan hermosa que es Comitán”. Esto fue lo que dijo Paulina, ya casi al término de la plática. Posdata: y así terminó la seguidoña de comunicación. Tres importantes medios de comunicación me brindaron la oportunidad de comunicarme con sus amplias audiencias. Platiqué de rasgos de la cultura comiteca, lo hice como siempre lo hago, con emoción, con agradecimiento universal por ser parte de estas tierras que cobija el cielo más afectuoso del mundo. En los tres programas dije, sin decirlo de manera explícita, pero sí envuelto en nubes, lo que ahora digo: ¡que viva Comitán! Pueblo que vivirá por siempre, pueblo infinito.

lunes, 6 de septiembre de 2021

CARTA A MARIANA, CON SEGUIDOÑA

Querida Mariana: no sé si la palabra Seguidoña está aceptada por la Real Academia. No creo. Pero la he escuchado y me encanta, porque es una acción seguida. Te digo esto porque quiero contarte que tuve una Seguidoña de participaciones en radio, a través del teléfono o del zoom. El miércoles 26 de agosto de 2021 participé en el programa “Vibra la radio”, del Sistema Chiapaneco de Radio, Televisión y Cinematografía; el jueves 27 de agosto fui invitado para platicar en el noticiario “Noti-Vos”; y el martes 31 de agosto estuve (en forma virtual) en “Conexión Radio”. En “Vibra la radio” participé a las 12:15 de la tarde. Mi anfitriona fue Roxana Martínez, destacada comunicóloga de Chiapas. Pienso que platicamos por espacio de diez a doce minutos. A las 12:12 llamaron al teléfono fijo de la casa y desde ahí logré comunicarme con la amplia audiencia radiofónica de todo el estado, digo que de todo el estado, porque el programa radiofónico se escucha en todo Chiapas, a través de las emisoras del Sistema. En el noticiario “Noti-Vos” participé en zoom. El equipo de producción me envió el ID y el código de acceso y como a las 8 cuarenta y feria de la mañana aparecí en pantalla dividida. Mi cara estaba en una ventanita, el rostro de Iván Ibáñez, conductor titular del noticiario, estuvo en otra ventanita, y los rostros de Fernando García y Jessica Nolasco, aparecieron en otra ventanita. Es genial esto de la vecindad virtual. Platicamos unos diez o doce minutos, de ventana a ventana. Ah, como si fuéramos protagonistas de la novela “Rayuela”, de Julio Cortázar, donde Horacio platica con Traveler, desde sus correspondientes ventanas, ubicadas en edificios enfrentados, divididos por una calle angosta. En “Conexión Radio” la invitación fue a las seis de la tarde y platiqué, con Paulina Jiménez, un poquito más de cincuenta minutos. ¡Pucha! Fue una plática extensa. Me comuniqué a través del zoom. La aclaración de los chunches que usé para estar en comunicación, en realidad lo hago más para mí que para vos. Me emociona la capacidad de estos tiempos tecnológicos. El teléfono sigue siendo el maravilloso chunche que siempre ha sido, pero ahora ya rebasa su genialidad; y el zoom es una herramienta que ahora, en tiempos de pandemia, resulta un aliado de la comunicación y del proceso educativo. Miles de instituciones educativas emplean esta herramienta tecnológica para impartir cursos a nivel mundial. El otro día me apareció un anuncio en redes sociales de un Master de Escritura Creativa en Español, dictado por la Universidad de Salamanca. ¿Mirás? La universidad hispana más antigua del mundo al alcance de la mano. Desde Comitán puedo llevar este master. ¡Qué maravilla! Bendita tecnología, cuando es empleada para el crecimiento del árbol intelectual (uno de los catedráticos es el Doctor Luis Arturo Guichard, quien nació en Chiapas y radica en España desde 1997. Un verdadero orgullo del estado). ¿Cuál fue el tema en Radio Chiapas? ¡Comitán de Domínguez! Ah, cualquiera diría que es mi mero mole, no, es mi mero cocido, porque en Comitán el cocido es más apropiado que el mole. ¿De qué platiqué en Noti-Vos? Del Bicentenario de La Independencia de Chiapas y de Centroamérica. Un tema para especialistas, pero donde di mi apreciación personal. ¿Y en Conexión Radio? Pues el tema principal también fue el Bicentenario de La Independencia de Chiapas y de Centroamérica, pero con énfasis en el acto protocolario que se realizó el 28 de agosto de 2021, en la conmemoración. Y, como fueron cincuenta minutos de plática, dio tiempo para caminar por otros caminitos donde el letrero Comitán estaba pintado con letras bien bonitas. Posdata: todos mis anfitriones fueron generosos en su trato. Uno advierte la empatía en la distancia. Debo confesar que disfruté las tres pláticas, porque siempre procuro sentirme como en la sala de la casa y platicar sin poses fifís. Me tocó compartir esencias de Comitán, por lo que el tono de la plática debía ser con el carácter y personalidad que son características de este bendito pueblo. Sólo faltó la botanita y los chicharroncitos con guacamole en una tortillita recién salida del comal. En la radio estatal recordé a la audiencia que, junto a Palenque, San Cristóbal de Las Casas y Chiapa de Corzo, Comitán es el cuarto Pueblo Mágico de Chiapas. Dije que en Comitán respetamos mucho la palabra, que dos de sus principales personajes históricos: Belisario Domínguez y Rosario Castellanos, fueron cultivadores respetuosos de la palabra; don Belisario de la palabra que mueve a la reflexión cívica, y Rosario de la palabra que riega la ceiba de la buena literatura. Aproveché que en la mañana había escrito un tuit que dice: “En muchas ocasiones, Comitán cae en pecado capital, porque los visitantes dicen que es una ciudad ¡soberbia!” Dije que su mercado primero de mayo es una sala de conciertos, donde las voces de decenas de cenzontles hablan de vos, con el proverbial cantadito. En la plática apareció Eraclio Zepeda con la anécdota simpática que contaba acerca del apodo comiteco, que la contaba con la gracia única que poseía; y, por supuesto, salió a bailar el nombre del gran poeta Enoch Cancino Casahonda, quien sostenía que el apodo comiteco es ingenioso. Posdata: hablamos de la bebida “el comiteco” y de la tradición maravillosa de la reja de papel de china; y de muchos más rasgos culturales. La plática fue breve, pero intensa, como intenso es nuestro amor por esta bendita tierra.

sábado, 4 de septiembre de 2021

CARTA A MARIANA, CON DOS CUMPLEAÑOS

Querida Mariana: peguemos la reja de papel de china en el cuarto del cumpleañero, cantemos las mañanitas y, a la hora que rompa la reja, aventemos confeti y lo abracemos. Abrazo para el caricaturista de Comitán: Raúl Espinosa Mijangos. Raúl cumple 51 años hoy. La caricatura es una de las actividades artísticas que más prestigio han dado a México. Todo mundo, tal vez sin saberlo, reconoce a las Catrinas, en Día de Muertos. Donde la muerte es una caricatura esquelética, con un sombrero lleno de flores, lleno de vida. Esa famosa caricatura fue creada por el genial grabador mexicano: José Guadalupe Posada, caricaturista de excelencia. ¿Recordás la película Spectre, de James Bond? Ah, qué bobo soy, cómo no la vas a recordar, si vos sos experta en cine. Bueno, de lo que se trata es que recordemos juntos la escena inicial y que recordemos que esta cinta fue una producción estilo Hollywood; es decir, gringa. Pues los gringos, que son geniales para la mercadotecnia, vieron la catrina e hicieron un fastuoso desfile en el centro de México. Fue tan exitosa esa escena cinematográfica, que luego el gobierno de la Ciudad de México organizó cada año un desfile con características similares. Los gringos pepenaron la riqueza de la cultura mexicana y la trasladaron a la época contemporánea y lograron una secuencia de gran riqueza visual, porque si de algo tenemos para aventar en México es el color de sus manifestaciones artísticas, en sus bordados, en su gastronomía, en sus paisajes, en las fachadas de sus casas y en la impresionante creación plástica. El trabajo de Raúl retoma la tradición, se ha nutrido del trabajo de los grandes y ahora ya goza de un sello particular. Su labor no ha sido sencilla. Raúl ha destinado muchas horas de aprendizaje viendo y aprendiendo el trazo de los grandes cartonistas de México, y luego ha destinado horas y horas de trabajo frente al restirador. Hoy, 4 de septiembre de 2021, Raúl celebra su cumpleaños 51. Que sus amigos y familiares saquen la botella de comiteco para brindar con una copita, sólo una, porque él, sólo de vez en vez, toma un caballito de tequila, muy de vez en vez. Pero, si hablamos de cumpleaños, debo decir que apenas el pasado 20 de agosto, Raúl celebró su cumpleaños número 31 de trabajo creativo. Pucha, Raúl es como el personaje de Alicia en el País de Las Maravillas que celebra los No cumpleaños y los cumpleaños. Pues sí, la vida es para celebrar día a día, para tocochear un buen café con pan, para alzar los brazos y recibir el abrazo del sol. Sí, los artistas celebran la vida cada día, porque cada día es una posibilidad de creación. Desde que Raúl comenzó con su labor de aprendizaje del trazo ¿ha tenido un día sin dibujar una línea? Es pregunta resbaladiza, pero yo me atrevo a decir que no. Digo que Raúl siempre ha dibujado una línea cuando menos. No sé si sea como esos compas que, a la hora que hablan por teléfono, garrapatean líneas en las hojas que tienen al lado. No lo sé, pero sí sé que Raúl ha trazado muchas líneas en estos treinta años de creación. Este doble festejo me permite preguntar: el artista ¿nace un determinado día y renace en otro determinado día? Es decir, ¿Raúl nació el 4 de septiembre de 1970 y renació el 20 de agosto de 1990? No es casualidad que Raúl lleve un registro preciso de los años que lleva ejerciendo su noble oficio de caricaturista. Ahí hay un dato relevante. Es una bobera preguntar cuál de los dos cumpleaños celebra más: el de la fecha de su nacimiento real o el del nacimiento de su creación artística; es una bobera, porque sin el primer cumpleaños no existiría la posibilidad del segundo; pero se vuelve pregunta pertinente cuando uno piensa que, tal vez, el segundo cumpleaños es el que justifica la grandeza del primero. Seamos honestos, si no fuera por su segundo cumpleaños, los treinta y uno de su labor creativa, no todos estaríamos celebrando su cumpleaños primero. Celebramos su cumpleaños en forma pública, porque sus creaciones artísticas han contribuido a engrandecer la cultura del pueblo. Como todos los caricaturistas profesionales, Raúl ha llenado de color las paredes del aire. ¿Cuál es la trascendencia social de la labor artística de Raúl? Bueno, él, además de ser considerado el caricaturista de Comitán, también se le puede aplicar el nombramiento de cronista visual del pueblo. Él posee una amplia colección de personajes que ha “retratado” con su pluma. Es una galería democrática, donde conviven personajes de prosapia y personajes modestos, gente de alcurnia de la sociedad y gente de a pie. Esa galería sintetiza buena parte de la personalidad del pueblo de fines del siglo XX y principios del siglo XXI. Bueno, a poner el mantel blanquísimo sobre la mesa, a sacar las costillitas, las tortillas recién salidas del comal, la salsita molcajeteada, el pico de gallo, los frijolitos con chile de Simojovel, el chicharrón de hebra, los picles, las tostaditas de manteca, los chorizos bien doraditos, las butifarras, la sangrita, el palmito, el chile al pastor, el siete caldos, el quesillo, la crema, la horchata y, por supuesto, la copita de comiteco, sólo una. Que suene la marimba, que las parejas bailen sobre el piso con juncia, que el aroma de esa esencia amarre el espacio. El trazo de Raúl heredó la tradición mexicana y la cercana. Él reconoce las primeras huellas que siguió, se ha manifestado apasionado seguidor del trabajo de dos grandes artistas, uno oriundo de Tehuacán, Puebla: Jorge Carreño, y otro de Comitán, Chiapas: Armando Alfonzo Alfonzo. El estudio de la obra de los dos maestros le permitió ir decantando su estilo. Armando en término estricto no fue caricaturista. Hizo retratos y algunos cayeron en el terreno de la caricatura, porque se deformaron, pero él fue un primerísimo dibujante y pintor de paisajes urbanos y rurales del entorno. Escribió varios libros (Sólo para comitecos, Comitán 1940, Uninajab) y ellos están ilustrados con sus geniales imágenes, con un estilo depurado de achurado, que provoca la luz y la sombra. Armando bordó miles de líneas, Raúl ha continuado con tal pasión artística. En la actualidad, Raúl es amigo de grandes caricaturistas del país. Su obra ha sido expuesta al lado de los grandes cartonistas de México. El género de caricatura ha sido poco cultivado en este pueblo. El arte comiteco, sobre todo, ha brillado en las páginas de la literatura, luz que se cobija en la orilla de ese lago inmenso que se llama Rosario Castellanos. Ahora, ya comienza a brillar la obra de Blanca Lydia Trejo, escritora comiteca cuya obra se desconoce casi en su totalidad, pero que ahora, gracias a la investigación de destacadas intelectuales comitecas comienza a aparecer su rostro en la ventana. Hay tradición en pintura: Benjamín Crócker, Javier Mandujano Solórzano, Mario Pinto Pérez, Samuel Guillén Flores, Aurora Argüello; pero, en la caricatura sólo aparece el nombre de Raúl, quien la ha ejercido con pasión desmedida. Por lo regular, el florecimiento de los cartonistas se da a la par del ejercicio periodístico. En el pueblo no ha sido así. La prensa local no ha tenido una presencia regular de cartones. Sólo de vez en vez han aparecido caricaturas en páginas de la prensa comiteca, pero no ha tenido una secuencia temporal. El éxito del trabajo de caricatura de Raúl es que no distorsiona los rostros, que, en apariencia, sería uno de los ingredientes básicos. Incluso, el término caricatura siempre se aplica como una deformación de la realidad. El trabajo de Raúl sigue la línea de la obra de Carreño quien fue portadista genial de la revista Siempre, donde no distorsionaba los rostros de los personajes elegidos. Su obra ha sido continuada por muchos más. El recientemente fallecido Helguera, también cultivaba esa característica. Regreso a la pregunta boba: ¿qué fecha celebra con más emoción el artista? ¿La de su nacimiento o la de su renacimiento? ¿Qué celebra el escultor, Luis Aguilar, su nacimiento o su renacimiento? Si le echamos pluma vemos que Raúl, de sus cincuenta y un años de vida, lleva treinta y uno en su oficio de caricaturista; es decir, ha dedicado más tiempo a este oficio que a otras actividades. Visitante asiduo de la biblioteca en su juventud, Raúl se enamoró de esta actividad artística. Desde entonces no dejó esa vocación temprana. Por eso, con emoción y orgullo, él subió la imagen donde celebró su cumpleaños número treinta y uno como caricaturista. La línea también ha conformado su silueta. Posdata: pero que los organizadores del guateque no se hagan tacuatz, que abran las puertas de la casa y, al mero modo comiteco, muevan las manos abiertas e inviten a pasar a los invitados. No importa que lleguen los chalequeros, al final ellos también son parte importante del bordado comiteco. Que se pierda la llave, que el guateque se prolongue, que Raúl se sienta chento, que reciba a los amigos, a los familiares, y goce el día de su cumpleaños. Ya mañana celebrará su no cumpleaños jugando con lo que ha jugado durante treinta y un años de sus cincuenta y uno: la línea que forma el mundo.

jueves, 2 de septiembre de 2021

CARTA A MARIANA, CON UNA IMAGEN

Querida Mariana: esta fotografía es de 1979. Un grupo de albañiles se encarga de retirar escombros de las casas que formaban la llamada manzana de la discordia. Al fondo se aprecia el techo del Salón Lino Morales; el ciprés, fiel acompañante de la torre; la fachada del templo de Santo Domingo y parte de la techumbre y arcos de lo que ahora es el Centro Cultural Rosario Castellanos. Se alcanza a ver unos plásticos que protegen el corredor del polvo. Se aprecia que en ese año, la fachada del templo estaba descuidada, se ven manchas de humedad en la torre del campanario y, en la parte superior, unas matas que crecieron contentas. En la página comitandelasflores.com hay una descripción precisa de la fachada y del interior del templo, respecto a la fachada dice: “La portada es de un cuerpo. El ingreso es a través de un arco de medio punto, con un alfiz con cornisa, flanqueado por dos nichos; sobre la cornisa un óculo abocinado y sobre éste, un nicho central con peana; un astil y pináculos coronan la portada”. Ah, términos arquitectónicos deliciosos. Pucha, dice que tiene un alfiz con cornisa. Sí, todo muy bonito, pero ¿qué es un alfiz? Sólo los expertos reconocen dichos términos. Está muy bien, porque así, los legos, pepenamos algunas palabritas domingueras. En fin, investigué en este chunche e hice la traducción: la fachada tiene una puerta con un arco, a su lado dos nichos, arribita un marco rectangular con un techito. Justo a la mitad lo que se llama un ojo de buey, que permite el paso de luz al coro y encima del óculo abocinado otro nicho con una peana, que dice el diccionario de términos arquitectónicos es una base para colocar una escultura, sobre todo una imagen religiosa. Si ahora, con cubrebocas y careta, te parás frente al templo hallarás en su portada todos los elementos acá consignados: está la puerta donde entran y salen los fieles, a su lado dos nichos (al lado de un nicho está la placa del cuarto centenario de la evangelización), arriba del marco el vitral redondo y más arriba el otro nicho con la peana. Ahora pintado en un color amarillo bien coqueto. Pero, un momento, ¿ya miraste que en 1979 en el nicho superior aparece algo como una imagen sobre la famosa peana? No sé si mi vista ya me hace ver de más (recordá que ya uso lentes para leer). Pero yo sigo viendo una imagen religiosa, imagen que actualmente no existe. Los fieles que vivieron el Comitán de los años setenta nos podrán decir si lo que miro es real o creación de mi imaginación. Si la imagen es real, ¿en dónde está? Yo supongo, sin certeza, que dicha imagen representaba a Santo Domingo. La lógica eso indica, pero la lógica nada tiene que ver con el mundo surrealista en que vivimos. La lógica diría que un relieve de la fachada del templo de San Sebastián correspondería a una imagen del santo al que está dedicado el templo. ¡Pues no! El relieve presenta a un caballerango con sombrerito y una espada sobre un caballo. Alguien me dijo que es la imagen de Santiago Apóstol. Ah, yo no sé. Traigo esto a colación, porque la imagen que estaba en el nicho superior central del templo de Santo Domingo tal vez correspondió al santo patrono de Comitán, pero tal vez no. Te encargo que le preguntés a tu abuelita si recuerda esa imagen en el nicho del templo. Según yo, en 1979 ahí estaba, ahora ya no está, ahora el nicho está bien bonito, pero vacío. En 1979 Comitán ganó mucho, pero también perdió. Ahora, el parque central está ampliado, desde todos lados se aprecia el monumental templo de Santo Domingo, pero, los nostálgicos extrañan la manzana derruida. Las casas, lo sabemos, también son asideros para la memoria colectiva. Los niños que ahí corrieron de un lado para otro en la calle, echando volados para cambio de figuritas, añoran ese espacio que les otorgó tanta felicidad en un Comitán tranquilo. Pero, ahora, entonces, también debemos agregar a la lista de pérdidas la imagen del santo que estaba en el nicho superior de la fachada de Santo Domingo. ¿Alguien puede dar razón, en caso de que mi vista no me engañe? Posdata: Ganamos y perdimos. Así es la vida. A veces, la ganancia no compensa lo perdido. A veces, la pérdida rebasa la ganancia y nos quedamos con la sensación de que el trueque fue infructuoso.

miércoles, 1 de septiembre de 2021

CARTA A MARIANA, CON GENIALIDADES SABROSAS

Querida Mariana: me encantan los jóvenes inteligentes y traviesos. Linda es traviesa, inteligente y bonita. Bueno, no tan bonita como vos. Espero que Linda no se enoje por esto que escribo, pero, bueno, así lo siente mi corazón. Ahora comprobarás que ella es traviesa, inteligente, bonita y juguetona. Anoche me mandó un mensaje donde descubrí una forma virtual de juego, de juego bonito, de juego para parejas. Te pregunto: ¿vos has jugado WORD? Entiendo que la palabra Word significa palabra, pero, además, también es un programa para escribir textos en computadora. Las cartas que escribo las redacto, precisamente, en Word; es decir, sí juego con Word. Así que a Linda le contesté en forma positiva. Y cuando me mandó el juego de Word entendí que no, que no lo había jugado nunca, porque (jamás lo hubiera imaginado) me mandó todas las posibilidades de esa maravillosa herramienta de Office. Resulta que el juego tiene que ver con la barra que está en la parte superior. Donde dice INICIO y en seguida, en seguidita: INSERTAR. Ah, entendí. Así que, para jugar bonito oprimí la tecla de SELECCIONAR, seleccioné y luego, satisfecho con mi selección, le di a INSERTAR y ahí elegí un SÍMBOLO. Los símbolos son importantes a la hora del juego. Piqué (sin albur) en DISEÑO y elegí MARCA DE AGUA, que es como decir: marca húmeda. En este momento me di cuenta de la genialidad del juego de Linda. Comenzás, seleccionás, insertás y dejás tu marca de agua. ¿Qué más? FORMATO. Ahí, ah, qué divertido, elegí SALTOS, ORIENTACIÓN Y TAMAÑO. Como mirás acá se puede uno detener bastante tiempo en el juego: ¿qué tipo de saltos? ¿Cómo lo orientás? Lo del tamaño es tema especial para ustedes. Advertí que es un momento difícil del juego. Si no hay un buen tamaño, la letra resulta pequeña y no se puede leer bien y vos sabés que en los juegos es necesario hacer una buena lectura. Bueno, luego pasé a REFERENCIAS. Pucha, pensé en la dificultad de andar pidiendo cartas de recomendación, pero luego me alegré porque ahí tiene la posibilidad de MARCAR ENTRADA y de INSERTAR ÍNDICE. Ah, eso es bonito, rico: marcar entrada y meter índice. Genial, genial, qué juego tan emotivo, tan sabrosito. Luego pasé a la siguiente ventanita: CORRESPONDENCIA, y pensé que en el juego es esencial la correspondencia de la pareja, miré que hay un apartado que se llama INICIAR COMBINACIÓN DE CORRESPONDENCIA, y pensé que era como esa práctica francesa tan atrevida que se llama Ménage à Troi. Luego pasé a la sección REVISAR y ahí le di a COMPARAR y esperé que Linda le diera a ACEPTAR O RECHAZAR, porque siempre, en todo juego, los participantes comparan. Al final le piqué a VISTA y ahí hallé CAMBIAR VENTANAS. Ah, bendito Dios, pensé que si te rechazan porque no supiste hacer los SALTOS o tu TAMAÑO dejó mucho qué desear, siempre existe la posibilidad de CAMBIAR VENTANAS. Luego vi algo que se llama MACROS, pensé en la bellísima capacidad para volver macro lo micro, pero ya no le seguí, porque Linda me había enviado un mensaje donde me preguntaba si alguna vez había jugado EXCEL. Posdata: en lo dicho, Linda es traviesa, juguetona, inteligente, linda. Le hace honor a su nombre. Sus juegos siempre han sido sensacionales, deliciosos. Antes jugaba en español, con palabras, ahora, en época de globalización ya le entra (sin albur) al inglés, al WORD y al EXCEL. Vos, ¿has jugado WORD con tu novio? ¿Jugarías POWER POINT?, que en mi español dudoso traduzco como Punto Poderoso. ¡Pucha, genial!