domingo, 30 de octubre de 2022
CARTA A MARIANA, CON EL VIENTO A FAVOR
Querida Mariana: los de estas tierras no dominamos los términos marítimos, como sí lo hacen quienes viven en zonas costeras o en islas. Para un isleño la palabra cayuco es un término común, afectuoso. Los comitecos no trepamos a cayucos, no tenemos playas, ni estrellas de mar, ni redes para pescar, ni faros, ni leyendas con sirenas.
Comemos mojarras que traen de La Presa. Los viernes vemos las camionetas y escuchamos las bocinas: “Compre mojarra fresca”. Las personas salen de su casa, eligen los pescados que están en una nevera y luego el vendedor los coloca en la báscula y dice: es tanto.
Los productos del agua nos llegan de otra parte. Algunos amigos suben a su auto y van rumbo a La Presa a comer pescados recién sacados del agua. Me dicen que el sabor es diferente, además están en el entorno ideal. Sí, no es lo mismo comer una mojarra frita en el comedor de tu casa, en el comedor de todos los días, que estar en una palapa recibiendo la brisa y el calorcito de aquellos lugares.
Quienes somos lectores hemos viajado muchas veces a esos lugares maravillosos, hemos visto delfines, gaviotas, y apreciado a las mulatas, de muslos fuertes y sonrisas fáciles.
A pesar que en Comitán no tenemos términos marítimos en el léxico de todos los días, sí he escuchado con frecuencia algo que tiene relación con el mar: con el viento a favor. ¿Has escuchado esta frase? Con el viento a favor. Es como un lugar común que nos ha llegado desde tierras que colindan con el mar, porque, entiendo, es un término que emplean los marinos. ¿Qué significa estar con el viento a favor? En el mar, entiendo, es tener la mano divina que te empuja sin problema al rumbo predestinado. Tal vez, por esto, en lugares alejados del mar (como nuestro amado pueblo) empleamos la frase para decir que todo va bien, que hay fuerzas inexplicables que ayudan a que sigamos por la ruta correcta.
Esto está también relacionado con otro término acuático: “nadar contra corriente”. Esto, sin que yo sepa nadar, es un absurdo. Sé que si vas a favor de la corriente, el esfuerzo es mínimo. A veces veo documentales donde peces maravillosos nadan contra corriente, son peces fantásticos. Los salmones son los grandes inconformes, los que van contra toda lógica. La mayoría de peces se dejan llevar con el rumbo del fluido.
Tal vez por esto, el maestro Rubén siempre nos decía en clase: Sean salmones y no pez globo. A mí me encantan los salmones, pero también me seduce el pez globo.
En los documentales veo cientos de salmones nadando contra corriente, saltando por encima del agua que viaja en sentido contrario, es un movimiento sensacional, pero, de igual manera, veo a los osos que se paran en las piedras, en las pequeñas caídas de agua, abren las tremendas bocas y engullen a los salmones que ahí terminan su viaje y su vida.
¿Qué diría ante esto el maestro Rubén? Nunca lo preguntamos, porque éramos niños.
Debo ser honesto, a mí me encanta dejarme llevar por la corriente, nunca he tenido espíritu de salmón, soy un cachetón pez globo, nado en el aire sosegado, nunca me enfrento a la tormenta; pido, eso sí, lo pido siempre, tener el viento a mi favor, y mi Dios es tan complaciente, tan hoja de hierbabuena, que sopla suave, armonioso, y me conduce, como diría el Salmo, por verdes prados.
Y esto es todo un milagro, sobre todo en estos tiempos, donde los ciclones están a todo lo que dan, y no sólo me refiero a los fenómenos naturales, sino a los provocados por los hombres.
Debemos reconocer que ahora, en Comitán, no tenemos los mismos aires afectuosos que tuvimos en los años sesenta o setenta. El otro día, mi mamá me contó que en su pueblo, Huixtla, en los años treinta, el presidente municipal, que era un hombre sencillo, salía a caminar todas las mañanas, muy temprano y veía la situación imperante y escuchaba a los vecinos; y luego me contó que así recuerda al maestro Roberto Bonifaz, cuando fue presidente municipal lo veía muy temprano caminando por las calles de Comitán. En esos tiempos, estos pueblos tuvieron el viento a favor, su propia gente lo procuraba.
Posdata: me gusta leer y ver películas con historias de mar, disfruto mucho descalzarme y caminar por la playa, sintiendo la caricia de la ola que, esquiva, me besa y se devuelve a su lugar de origen, al lugar donde pertenece.
¡Tzatz Comitán!
viernes, 28 de octubre de 2022
CARTA A MARIANA, CON UN MUNDIAL
Querida Mariana: te he contado de los álbumes de figuritas. En los años sesenta, los niños comitecos íbamos a la Proveedora Cultural, a media cuadra del parque central, a comprar los sobrecitos con figuritas y a echar volados. ¡Ah!, muchos paisanos de mi generación recuerdan cómo a media calle los niños corríamos para ver si caía sol o águila y el perdedor entregaba el paquete de figuritas al ganador. Los niños intercambiábamos las repetidas y buscábamos las faltantes.
Como siempre, el espíritu mercadotécnico de empresarios listos estaba al ciento por ciento. Un buen día dos señores entraban a nuestro salón, saludaban y decían que nos obsequiarían álbumes (vacíos, por supuesto) y decían que en la Proveedora Cultural podríamos comprar las figuritas y cuando llenáramos el álbum podríamos canjearlo por atractivos premios, que don Rami Ruiz (el propietario de la Proveedora) se encargaba de colgar (recuerdo pelotas, carros y máscaras de luchadores). Así, sentados como estábamos, uno de los señores pasaba a entregarnos el álbum, que olía a nuevo (con el mismo aroma que tenían los libros de texto que al inicio de clases nos entregaba el maestro Víctor, nuestro director).
Y ahora, ya viejo, pasé por una tienda, una de estas mañanas de octubre, y miré en un aparador, el siguiente aviso: “Intercambio de estampas del álbum del Mundial, en tienda de ropa infantil “Travesuras”, este sábado de 11.00 a. m. a 1:00 p. m.”
¡Sí! Los chavos de estos tiempos también llenan álbumes, ahora con la temática del Mundial de Fútbol que está a la vuelta de la esquina y se celebrará en Qatar.
Y como dice Rosa Montero, la escritora española, una cosa invocada arrastra a otra de igual catadura. Llegué al Colegio Mariano y dos chicas tenían figuritas en sus manos, una de ellas presumía tener la de Mesi, una de las figuras más admiradas del fútbol de estos tiempos.
En mis tiempos, no recuerdo haber llenado un álbum con la temática del fútbol soccer. Recuerdo un álbum con figuras de Walt Disney.
Las chicas me platicaron y encontré diferencias notables. Ahora, el álbum lo compraron, ¿sabés dónde? En Liverpool, tómala. Hay dos presentaciones, uno de pasta dura y otro más modesto. Las chicas, ¡faltaba más!, adquirieron el de pasta dura. Cada sobre cuesta dieciocho pesitos y trae 5 figuritas. El álbum está preparado para recibir más de seiscientas figuritas, porque trae los rostros de los jugadores de las selecciones participantes (México incluido), más imágenes de los estadios (de primer mundo) y de las selecciones que han ganado el Mundial durante toda su historia. ¡Ah!, qué álbum tan bonito, tan ilustrativo. ¡Ah!, qué vivos son estos empresarios de Panini (italianos debían ser).
Hoy, en nuestro pueblo, ya no hay las carrerizas frente a la Proveedora, hoy pueden intercambiar estampas en “Travesuras”, en forma más “civilizada”, en un determinado horario. Al final ¿te hicieron falta algunas figuritas? No te preocupés, podés pedirlas por Internet y llegarán a tu casa, por mensajería.
El interés por llenar álbumes es el mismo, la sensación es coincidente, los medios han cambiado, los términos también, los niños comitecos de los años sesenta decíamos figuritas, ahora, los chavos del 2022 dicen estampas.
Posdata: al final me enteré que sólo una de las chicas llena el álbum, su amiga compra sobrecitos y se los obsequia, la aficionada le va a Argentina y el día que esta selección se enfrente a la de México será feliz si gana Argentina y Messi mete goles, ella es mexicana, pero su corazón futbolero está con la selección del país argentino. Su papá le dijo que este año no irán al Mundial, pero para el próximo ya le prometió que irán, dice que el siguiente Mundial será en USA, Canadá y en México. ¿De verdad? No lo sé. Los tiempos cambian.
Tengo amigos que fueron al Mundial del 70, que se celebró en nuestro país; también en 1986, que, de igual manera, se celebró en México. El destino se los puso fácil.
La chica me dijo que en 2026 los juegos serán en tres países colindantes. Tal vez será la primera vez en la historia que se dé un fenómeno con estas características. ¿Se te antoja ir? ¿Irás a la Feria del Libro, en Guadalajara, este año? ¿Irás al Festival de Cine de Morelia?
¡Ah, la vida! Messi revuelto con Iñarritu y con Vargas Llosa.
¿Y Panini no hará álbumes con imágenes cinematográficas, con escritores del mundo, con fotografías de Comitán, Pueblo Mágico?
¡Tzatz Comitán!
jueves, 27 de octubre de 2022
CARTA A MARIANA, CON UNA RUEDA
Querida Mariana: es una rueda de la fortuna. ¡Pucha, qué bonito nombre! Aunque, en los últimos tiempos, la gente insiste en restarle belleza. ¿Has oído que muchas personas usan la rueda de la fortuna como sinónimo de miseria? Con frecuencia escucho esto de: la vida es una rueda de la fortuna, a veces estás arriba y otras abajo; es decir, la rueda de la fortuna es como símbolo de los vaivenes de la vida.
De niño nunca vi a la rueda de la fortuna con tan infortunado simbolismo. ¡No! Si rescatamos el concepto original podemos decir que es un chunche fantástico que permite ver los tejados de las casas, ver parte del entorno desde arriba, sentirse pájaro por un rato.
Sí, es cierto, en un momento estás arriba y en otro estás abajo. ¡Ah, qué delicia!, te sentís flotando en la burbuja del aire, mirás a quienes siguen en el suelo y los saludás y conforme lo hacés advertís que bajás, sentado, sin machincuepas, y, cuando estás a punto de saludar el piso con el trasero, volvés a encumbrarte y ahí vas de nuevo, con esa sensación de levitar, de flotar, de poder ver todo desde arriba. Cuando las vueltas terminan y el empleado te quita la barra volvés a poner los pies en la tierra.
¿Mirás lo que digo? Volvés a poner los pies en la tierra, después de andarla haciendo de astronauta por un rato, de sentir la gloria del mínimo y modesto viaje interestelar. Nunca estuviste cerca de las estrellas, pero sí, bendito Dios, te despegaste del suelo de todos los días.
Cuando trepás a tu auto también dejás de pisar el suelo, pero las llantas siguen firmes dando vueltas interminables en las calles; en cambio, esta rueda maravillosa está fija al piso, pero posee el don de elevar a quienes se sientan en esos asientos que desafían el vacío. Esta es la magia que provoca la rueda de la fortuna.
¿Quién piensa en ese ejemplo bobo de que es como la vida? Un día estás arriba y otro día estás abajo. ¡No! La vida no es una rueda de la fortuna, la vida es como una rueda de caballitos.
Algunas personas no disfrutan la rueda de la fortuna, no les gusta este juego. A mí no me provoca deseo treparme a esas montañas rusas donde los carritos ascienden lentamente y luego se descuelgan desbocados hacia la parte baja y dan vueltas tan cerradas que dan la impresión que el carrito saldrá volando hacia el vacío. ¡No! En los parques de diversiones, de todo el mundo, hay mil juegos atrevidos, que están diseñados para espíritus implacables. No, vos sabés que soy de espíritu sosegado. De niño subí a la rueda de los caballitos, porque (ésta sí, sobre el piso) daba vueltas armoniosas, bastaba que uno se detuviera bien del poste para que el caballito subiera y bajara sin hacer desfiguros, todo era cadencioso; lo mismo sucede con la rueda de la fortuna. La vida no es como una rueda de la fortuna, ¡no!, la vida es tormentosa, en el momento menos pensado comienza a dar cabriolas como si fuera una palmera en pleno huracán y te somata contra el piso una y otra vez, la vida es inclemente, es cabrona; pero, dentro de todas sus vueltas impredecibles, también otorga momentos sublimes, playas tibias, aguas generosas, y dentro de estos rasgos nobles la rueda de la fortuna hace presencia infinita, porque, igual que la rueda de caballitos, su movimiento es como una caricia ponderada.
Me gusta la rueda de la fortuna, me gusta alzar la vista y hallar al amigo que viaja en una de esas góndolas y me saluda desde la altura; me encanta seguirlo con los ojos y ver cómo desciende en su barco y vuelve a elevarse.
Posdata: los ingleses son maravillosos. ¿Has visto la gran rueda de la fortuna que instalaron frente al maravilloso Támesis? Y los ingleses son geniales porque, al nombre maravilloso de rueda de la fortuna, le agregaron un chipote genial: the London eye. Pucha, maravilloso. Sí, ojo divino, sensacional.
El día que andés en Londres trepá al Ojo de Londres y cuando estés arriba, sintiendo el aire friecito y neblinoso, recordá que en Comitán, en los años sesenta, en la feria de agosto, colocaban la rueda de la fortuna frente al palacio municipal y quienes subían miraban, en lugar del río Támesis, los ríos de orines que bajaban por la avenida central.
¡Tzatz Comitán!
miércoles, 26 de octubre de 2022
CARTA A MARIANA, CON UN RECUERDO
Querida Mariana: el poeta Roberto López Moreno escribió ¡qué dolor!, para decir su pesar por la muerte del comiteco don César Armando Gordillo Vives. En el pueblo, muchas personas manifestaron su dolor, don César era muy querido en Comitán, a pesar de que no vivía acá. Él jamás olvidó su tierra natal, por eso, en el libro “Uninajab. La feliz niñez” legó sus recuerdos de niñez. Este libro tiene testimonios de cuatro excelentes comitecos: Ramiro Gordillo García, Armando Alfonzo Alfonzo, Eugenio Cifuentes Guillén y don César.
En redes sociales apareció la nota luctuosa el día 24 de octubre de 2022. Sus restos mortales fueron velados en la sucursal Pedregal de una casa funeraria, de la Ciudad de México.
¿Mirás el destino luminoso de los comitecos? Don César fue velado en un pedregal, tal vez para hacer homenaje a las calles empedradas que vivió de niño en Comitán y las piedras del amado Uninajab, lugar donde, con amigos y primos, pasaba las llamadas “temporadas” vacacionales.
La vida es temporal, es un abrir y cerrar de ojos. Don César vivió con intensidad ese parpadeo.
Pero don César no sólo compartió sus recuerdos y sentimientos en el libro citado; en el número 18 de Kujchil, correspondiente a la segunda quincena de abril de 2014, el ilustre comiteco fue entrevistado por Paty Espinosa, actual editora ejecutiva de Arenilla-Revista. Kujchil fue un impreso, con tiraje de diez mil ejemplares mensuales, de distribución gratuita, que se publicó en la administración de mi querido licenciado Luis Ignacio Avendaño Bermúdez.
Don César, en abril de 2014, era el coordinador del grupo “Recuerdos y amistad”, que aglutina a comitecos radicados en la Ciudad de México y área metropolitana. Don César le platicó a Paty los inicios de esta agrupación y datos históricos y anecdóticos muy importantes. En esa entrevista don César se mostró como lo que fue: un comiteco que, a pesar de la distancia y el tiempo, amaba profundamente a esta tierra, igual que muchísimos paisanos que, por diversas circunstancias, dejaron de vivir en su pueblo natal y fueron a vivir a lugares distantes.
Don César vivió en su Comitán toda la infancia y parte de la adolescencia; es decir, los años esenciales de la vida de un ser humano tuvieron la marca: cositía ciento por ciento.
El grupo Recuerdos y amistad se quedó sin un integrante hermoso, la burbuja de aire tendrá algo como un hueco.
Él dijo que el grupo se creó, aproximadamente, en 1976 y desde entonces, cada segundo domingo de mes, se reúnen para desayunar. Primero se reunían en el Club Libanés y posteriormente en el restaurante Conditori, donde los consienten, porque les dan un privado para que la comitecada se sienta en confianza y los chistes y anécdotas fluyan como fluye el aire, el ventarrón y el agua, en las pozas de Uninajab.
En los inicios del grupo eran como el Club de Tobi, puro barraco, pero don César pidió que el grupo se abriera y desde entonces se volvió un grupo familiar. El grupo “Recuerdos y amistad” llegó a tener, en los años ochenta, hasta sesenta integrantes. “Actualmente –y no es broma- se murieron cincuenta y quedamos diez. Cinco nos quedamos allá y cinco se vinieron a Chiapas. Vinieron y fundaron el grupo Recuerdos y amistad, de Tuxtla Gutiérrez”, puntualizó don César, imagen dramática, pero muy real.
Ya lo dije, querida mía, la vida es temporal, es viaje de temporada. El grupo se fue deshojando en el otoño. Hoy está más disminuido que nunca.
Para recordar a don César, comparto con vos algunos de sus recuerdos que plasmó en el libro “Uninajab. La feliz niñez”.
“La poza de la Virgen era algo como un tesoro, no todos la conocían y muchos la confundían, pues quedaba entre los remansos de la corriente que iba del Amate a la Poza Grande de la Mesa, en realidad se formaba de un derrame lateral de la corriente principal. Tenía en su fondo piedrecitas rodadas que la corriente depositaba constantemente y estaba rodeada de hojas y flores…
“En las tardes, y si no había mucho viento, se tendían petates, fuera de los jacales para que los señores jugaran a los dados (…) por las noches, tres juegos eran los preferidos: “los tiznados”, “las prendas” y la lotería.”
Posdata: que descanse en paz.
¡Tzatz Comitán!
martes, 25 de octubre de 2022
CARTA A MARIANA, CON ANTOJITOS
Querida Mariana: ¿ya leíste el letrero que está al fondo? Dice “Antojitos Del Centro”. Hace promoción a lo que venden y, de pasada, promocionan al negocio ambulante de la esquina. No sé cuántos años tiene este negocio de arroz con leche, atoles y pedazos de rosca, pero casi estoy seguro que es más antiguo que el negocio fijo.
El otro día, en un Platicatorio, mi amiga Candy Penagos dijo que los puestos ambulantes que colocan todos los días en el parque central, en los corredores interiores que están frente a este espacio de la fotografía, le llaman “El corredor del chinculguaj”, y como si fuera promotora de esos ambulantes dijo que ahí se come sabroso y barato.
Los dueños de locales fijos siempre protestan, los restauranteros que están frente al parque central se quejan porque los ambulantes no pagan luz, ni renta, ni impuestos, ni… ¡Uf! Y mencionan que dan mal aspecto al corazón del Pueblo Mágico, sobre todo, porque no son higiénicos e impiden el paso libre de los peatones. Pero, en contraparte, muchas otras personas aducen que los ambulantes hacen su lucha por el sustento diario y rematan diciendo que para todos da Dios.
La proliferación de ambulantes nos puede dar una idea aproximada de la situación económica del país.
Digo que no sé cuántos años tiene que apareció este puesto de la esquina, pero ahora, todas las mañanas, desde temprano aparecen las mesas de madera, las ollas, los anafres, las morraletas y cajas de cartón llenos de platitos y vasos de unicel, más bolsas de plástico, donde sirven los tamales, los pedazos de rosca, el atol de granillo, el jocoatol y el arroz con leche.
En la Ciudad de México abundan este tipo de puestos con venta de las famosas Guajolotas (tortas de tamal), preparación de tlacoyos, pellizcadas, riquísimos tacos de canasta (dos de papa y dos de chicharrón, con su salsa verde).
No sólo en el centro de Comitán se da este fenómeno de proliferación de puestos con venta de atoles. En el barrio de Microondas ahora se ha dado un fenómeno similar. En la 5ª. oriente sur también hay una esquina con un puesto de venta de antojitos que es visitadísimo por vecinos, pero la oferta se ha ampliado, llega una camioneta con venta de piñas, más adelante una señora vende tostadas de manteca, un puesto de frutas y verduras (todo sobre la banqueta); más adelante, también sobre la banqueta, un negocio con venta de chicharrones y chamorros (ahí está el perol lleno de aceite hirviendo), manteca y frascos de palmito en vinagre.
Desde siempre, en Comitán, muchas personas, por las tardes, sacan mesas en la puerta de sus casas, y venden taquitos dorados, butifarras, chalupas, panes compuestos. Desde lejos se ve el foco que alumbra la pequeña mesa, personas que se sientan en la banqueta y disfrutan esos antojitos.
Da una vueltita rápida por la periferia del parque central y verás el aumento de los puestos ambulantes y frente a la Casa de la Cultura puestos semifijos. Ahí están combis con venta de hamburguesas, y en la tarde ponen los puestos con venta de elotes asados, hervidos, esquites, cáscaras y chayotes. Al inicio del portal sur el puesto (¡maravilloso!) de doña Amparito, quien vende dulces regionales (¿has probado los nuégados? Ah, son los mejores de Comitán y de puntos intermedios); a mitad del portal, helados; y al final, la señora que vende chayotes hervidos desde temprano. Se salva el portal poniente y el edificio del palacio municipal, el portal porque ahí sólo hay establecimientos fijos que han aprovechado el corredor para sacar sus mesas y sillas debajo de hermosas sombrillas.
Posdata: la convivencia exige orden. Un poco de orden (o bastante) falta en nuestra ciudad. Todos podemos convivir, pero debemos hacerlo con orden. ¿Has visto fotografías de mercados en ciudades europeas? ¿Has ido a la Central de abasto en nuestro Comitán? ¿Por qué no se puede poner orden? La educación hace la diferencia.
¡Tzatz Comitán!
lunes, 24 de octubre de 2022
CARTA A MARIANA, CON UNA FOTOGRAFÍA DE 1994
Querida Mariana: paso copia de fotografía, cuya copia me la pasaron dos queridos y admirados escritores: Héctor Cortés Mandujano y Socorrito Trejo.
La foto fue tomada en 1994, con una cámara análogica, cuando los celulares no aparecían ni en sueños. Por eso, estas fotografías son excepcionales, registros únicos de momentos sublimes.
Héctor me dijo que Socorrito le había enviado la foto, porque ahí está él. ¿Ya lo viste? Es el primero que está en la izquierda, con una camisa de manga larga, de tono rojo quemado, casi al lado del florero. Cuando se descubrió hizo, sin duda, lo mismo que yo: buscar caras conocidas y me reconoció. Me la envió por WhatsApp. Jamás imaginamos en ese instante esta posibilidad de comunicación instantánea.
Ese mismo día, más tarde, recibí la misma fotografía, enviada por Socorrito, porque también me encontró y, generosa, pensó que debía tenerla en mi archivo.
Héctor dijo: “te la mando para que hagas tu ceremonia de la magdalena en el té…”, en alusión a “En busca del tiempo perdido”, de Marcel Proust. Recordá que el narrador moja una magdalena en el té y de inmediato recuerda un pasaje de infancia. A cada rato las personas nos dicen que un aroma o un objeto los remite a momentos vividos. Héctor tuvo razón, vi la fotografía y me trasladé a ese tiempo.
Cuando estábamos en este espacio vos eras una criatura pequeña; vos estabas en brazos de tu mamá, tomando teta, en Comitán, mientras yo andaba en Tuxtla.
¿Qué espacio es este? Socorrito me dijo que es la Sala de Exposiciones del Instituto Chiapaneco de Cultura, que, en la rectoría del doctor Andrés Fábregas Puig, fue una institución que dio luces a esta tierra pródiga.
Socorrito, siempre ordenada en sus archivos personales, comentó que la fotografía fue tomada en septiembre de 1994, en un Encuentro de Mujeres Escritoras, que se realizó en homenaje a la poeta Carmen Alardín. Y entonces, como previó Héctor, el viaje a esa burbuja fue en automático. Sí. Recordé que un año antes estuve sentado al lado de Carmen en una mesa de lectura. En esa ocasión fungí como moderador (también era encuentro de mujeres escritoras, ¡mujeres!, Socorrito me incluyó como moderador). Carmen ya falleció, la recuerdo con cabello corto y de recia personalidad. Cuando leyó poemas de su autoría lo hizo con gran autoridad, remarcando los tonos álgidos. A mí me sedujo en ese instante, estaba a su lado, sentía como si el oleaje de su palabra besara mi playa para dejar una huella indeleble.
Pero, hubo un antes de ese momento. Al principio había leído Marissa Trejo (hermana de Socorrito). Marissa y yo éramos, en esos días, compañeros de la carrera de Literatura Hispanoamericana, en la Facultad de Humanidades, de la gloriosa UNACH. Mientras Marissa leía, Carmen me preguntó quién seguía en el orden de lectura, digo que estábamos sentados al lado, le enseñé el papel que me habían entregado, la poeta veracruzana Silvia Tomasa Rivera echó un ojo al papel y vio que era la poeta que seguía en el orden. Olvidando que estábamos bajo el escrutinio de la audiencia y brincó, brincó como pez espada en el mar, y dijo que no, que no estaba de acuerdo que Carmen cerrara el acto (siempre cierra el personaje más relevante). Carmen se opuso a ceder su espacio, comenzó una ligera pero acalorada discusión en voz baja, bajísima. Yo era quien debía poner orden, antes de intervenir, Carmen propuso un “volado”, de inmediato saqué una moneda, la cubrí en mis manos (todo esto debajo de la mesa) y pedí a la inconforme Silvia que pidiera sol o águila. Silvia perdió, el orden quedó tal como estaba preestablecido, Carmen sonrió, Silvia aceptó. Al final de la lectura, Silvia se acercó a Carmen y la felicitó por su poesía. ¡Sí! Su lectura había sido soberbia, en su sentido más amplio.
Posdata: ¿ya me encontraste en la fotografía? Ah, es súper sencillo. Mirá con atención, estamos en Tuxtla, todo mundo viste con ropa fresca, ¿quién es el tipo que porta una chamarra?
Socorrito dijo que estoy detrás de la poeta Elda Pérez Guzmán y al lado del pintor David Rodríguez Patiño (quien ya falleció). Elda era integrante del Taller de Poesía que coordinaba el enormísimo poeta Óscar Oliva. Los integrantes de ese Taller sesionaban en el Edificio Maciel.
Gracias a mis queridos y admirados amigos Héctor y Socorrito me llegó esta magdalena, que ahora comparto con vos, para ir en busca del tiempo ganado.
La chica del vestido negro ¿es la poeta Clarita Guillén? Sí, debe ser ella.
¡Tzatz Comitán!
domingo, 23 de octubre de 2022
CARTA A MARIANA, CON AGRADECIMIENTO
Querida Mariana: los compositores musicales son geniales. Bien se dio cuenta el autor cuando vio que “de las lunas, la de octubre es más hermosa, porque en ella se refleja la…” Sí, antes de la pandemia me tocó ver unas lunas maravillosas, iba en mi tsurito y detrás de las montañas aparecía una luna espléndida, enorme, soberbia.
Ya sabés que en octubre cumplimos aniversario de nuestra revista Arenilla. En este 2022 celebramos con toda la comunidad nuestro quinto aniversario. ¡Ah, estamos chentos, satisfechos! Sabemos que contribuimos con nuestro granito de Arenilla para consolidar la esperanza. Comitán es un pueblo de grandeza cultural, muchísimas personas, en forma personal o mediante instituciones y empresas, contribuyen día a día a engrandecer nuestra ciudad y la región. Nosotros, en forma modesta, pero muy digna, también aportamos luz.
¡Cinco años! ¡Qué generosos han sido nuestros lectores que nos reciben con agrado y emoción! ¡Qué generosos nuestros patrocinadores!, ellos apoyan nuestro proyecto editorial porque saben que la cultura es esencial. ¿Ya miraste que el Honorable Ayuntamiento Municipal de La Trinitaria reconoce el esfuerzo que hacemos? En forma personal, querida mía, agradezco esa grandeza de mira. Cuando una autoridad camina al lado de su gente, la sociedad se fortalece. Esa visión inteligente habla muy bien de quien dirige los destinos de un pueblo. Cuando se apoya a la cultura se apuntala el espíritu de la sociedad, se honra el cargo, se cumple con la patria.
¡Cuántos empresarios nos han apoyado en estos cinco años! Veo el cielo, respiro el aire de nuestro pueblo y siento el aleteo generoso que nos impulsa a volar alto, más alto, todo en nombre del pueblo que me vio nacer, que me da cobijo, que me enseña a amar la vida, a pensar que los comitecos son gente noble, de corazón bondadoso. Nos merecemos un pueblo tranquilo, culto, hermoso, limpio, a la altura de su grandeza de siglos. ¡No merecemos menos!
Te pido, por favor, que digás a tus amigos que lean el número más reciente de nuestra revista, número que celebra nuestro quinto aniversario. Cuando es cumpleaños de una criatura (pequeña o grande) en Comitán colocamos la reja de papel de china, cantamos las mañanitas, invitamos a los amigos a acompañarnos en la partida de pastel. En estos cinco años nos han apapachado mucho. Agradecemos esas muestras de afecto, que nos dicen que hacemos bien las cosas, que le hacemos bien a Comitán; en reciprocidad invitamos al guateque, ponemos en manos de miles de lectores una revista con lo nuestro, con lo mejor de la región.
En este número presentamos un reportaje del Hospital Veterinario Dr. Moreno; tu carta, donde te platico buena parte de la historia de la hermosísima colonia Miguel Alemán. Doña María del Socorro Gutiérrez Domínguez, habitante pionera de esa colonia, me regaló un maravilloso testimonio para que lo compartiera con vos. ¿Qué más? Mucho más, ya sabés que cada número reserva sorpresas magníficas. Damos a probar a nuestros lectores un caramelito a través de un breve recorrido por la calle principal de La Trinitaria, un pueblo dulce.
Más, mucho más, gracias a la Fundación Alexandra Del Castillo Castellanos, entregamos el cuentito. En esta ocasión publicamos un texto escrito por don Abelardo Espinosa, quien no es un escritor profesional, pero se colocó frente al teclado y nos obsequió un cuento bien bonito, ilustrado por su nieto Carlitos, nuestro dibujante consentido.
Compartimos un maravilloso testimonio de vida de doña María del Carmen Villatoro Flores, quien, a la edad de 102 años de edad, conserva una memoria transparente, como de agua fresca, recién brotada. Ella es un Tesoro de Comitán.
Reconocemos el apoyo sostenido y generoso del licenciado Héctor Flores, director general de San Marcos, Colección Caballero, empresa que cumple 52 años, en este noviembre de 2022, y que fue la primera persona que nos estimuló con su apoyo económico para que nuestra revista volara.
La odontóloga Aracely Pérez nos habla acerca de la importancia de la prevención en el cuidado de la dentadura; y mucha información cultural de nuestra ciudad hermana: Huehuetenango, Guatemala.
Brindamos sugerencias para comer. Una experiencia gastronómica inolvidable en el reconocido Restaurante 1813, que está ubicado en la 9ª calle sur oriente, número 48, en el barrio de Microondas.
Asimismo, en el recorrido que hicimos por la Colonia Miguel Alemán, traemos riquísima comida para todos los lectores: panito, panito rico, higiénico, inolvidable, en la Flor de México; el sabor tradicional de Comitán, lindo y qué rico; pulpos al ajillo del restaurante El Macabil; o costillas ahumadas, en el camión rojo, de Big Red Food Truck.
Compartimos visitas a Auditivos de Comitán y al Sanatorio Genoveva 2000.
Posdata: estamos chentos, querida mía, muchos amigos nos felicitaron de manera especial: San Marcos, Colección Caballero; Pastelerías Nataly; el Honorable Ayuntamiento Constitucional de La Trinitaria, administración 2021-2024; Itálika Kólob; Abarrotes San Luis; Laboratorio San Francisco; Clínica Veterinaria 2000; Churrería Porfirio; Von Domay – Corderos; Hotel Los Lagos de Montebello; Sanatorio Genoveva 2000; Crearte en Madera; Auditivos de Comitán; Fundación Alexandra Del Castillo; y Servicio de Grúas Castillo.
De las lunas, la de octubre, porque en ellas se refleja el aniversario de ARENILLA.
¡Tzatz Comitán!
viernes, 21 de octubre de 2022
CARTA A MARIANA, CON EL CIELO EN LA TIERRA
Querida Mariana: esta fotografía me encanta. Sí, ella es Cielo, compañera de trabajo de la revista Arenilla. Cielo (Cielito, le decimos de cariño) se encarga del Contenido digital, pero también es imagen de nuestra empresa, la cara bonita pues.
Acá se paró en esta maravillosa puerta casi transparente, levantó los brazos y señaló hacia el letrero.
No le cuesta señalar el cielo, no le cuesta mirar el cielo, no le cuesta, porque ella, igual que todas las chicas que así se llaman, sabe que es cielo en la tierra, y esto no es poca cosa.
De todas las bondades de la naturaleza, el cielo es uno de los elegidos para nombrar a chicas. No he conocido todavía a una niña que se llame Tierra, sí conozco a varias chicas que se llaman Mar, mi amiga Mar Pérez, destacada escritora, anda con sus oleajes humedeciendo muchas tierras de Jalisco. También conozco a varias chicas que se llaman Estrella, pero no he conocido a ninguna que se llame Piedra.
No conozco a alguna que se llame Tenocté, aunque sí hay. Claro. Este nombre deberíamos popularizarlo más en nuestra tierra, porque es un nombre bello y simboliza esencia divina.
De la naturaleza, los seres humanos elegimos nombres de flores para nombrar a chicas. Conozco a una Azucena, a varias Margaritas, muchas Rosas, una Alhelí. En el terreno de la caricatura existe una Petunia, nombre de una flor que mi mamá tuvo en la casa de Puebla. ¿Conocés a alguien que se llame Orquídea? Fijate que no he tenido el gusto, pero debe haber, porque, de igual manera, es un nombre bello.
Cielito se sabe parte importante del universo, tocaya de esa maravillosa burbuja universal, porque, lo sabemos, o cuando menos lo intuimos, el cielo es infinito. Si hacemos caso a la ciencia el cielo está en constante expansión, globo maravilloso que no termina de respirar. La ciencia también explica que este hálito terminará un día, pero para que llegue ese día faltan millones y millones de años. Ya no lo veré, por eso no me preocupa.
Cielito levantó los brazos y señaló hacia el letrero, como advirtiendo que no sólo veamos hacia abajo o hacia el horizonte, de vez en vez es bueno mirar hacia donde está su tocayo: el cielo.
La burbuja infinita es un espacio masculino; ella (¡qué bueno!) es esencia femenina. Los seres humanos decimos: ¡mirá el cielo!, pero cuando ella pasa frente a nosotros decimos: ¡mirá, la Cielo! Esta transmutación de géneros es proverbial.
Ella y su esposo deben saber si Cielo terrenal tiene estrellas y galaxias, si la Vía Láctea es también parte de su universo.
¿Ya reconociste en qué espacio de la tierra está Cielo? Sí, está en Casa Rosario, espacio generoso que se anuncia como un Bazar de Arte, ah, genial. Malena Jiménez, creadora de este bazar, dice que acá conviven muchas marcas, venden productos orgánicos, de belleza, salud y bienestar. ¡Pucha, mirás qué oferta tan atractiva! En estos tiempos es necesario conocer productos orgánicos que nos ayuden a vivir en armonía. Y si digo en armonía te pido por favor que dejés de mirar a nuestra modelo y hagás caso a su sugerencia: mirá hacia arriba y leé el letrero: Nanishaw, galería de arte.
Sí, querida mía, vos sabés que Malena es una destacada promotora del arte en nuestro pueblo. En Casa Rosario, bazar de arte, destinó un espacio para ofrecer obra artística, escultura, pintura y dibujo, de destacados artistas locales, nacionales e internacionales.
Vos y yo sabemos, lo hemos dicho siempre, que los seres humanos no acostumbramos a ver el cielo, por eso nuestra Cielo nos invita a ver hacia arriba, a acercarnos a la galería, apreciar obra artística y adquirirla. Una obra de arte tiene una relación directa con lo más sublime del universo. Nosotros, en revista Arenilla, tenemos a nuestro Cielo en la tierra; quienes compran arte también poseen la misma gracia.
Posdata: Malena ha sido una constante promotora cultural, no ceja en su intento de bajar el cielo a la tierra. Casa Rosario es un espacio muy digno, muy bello, por eso nuestra Cielito se sintió como si estuviese abrazada por su tocayo infinito.
¡Tzatz Comitán!
jueves, 20 de octubre de 2022
CARTA A MARIANA, CON LLUVIAS
Querida Mariana: no me gusta mojarme, pero reconozco la bendición de la lluvia. Admiro a quienes disfrutan la lluvia, caminan, bailan y chapotean en el agua.
¿Todas las bendiciones llegan desde las alturas? ¡No! La lluvia sí, el sol ¡sí!, pero los frutos provienen de bendiciones terrenas. Las plantas y los árboles salen de la tierra, buscan el aire, el cielo, pero se nutren del suelo.
Todo el mundo está lleno de bendiciones, gracias a éstas se da la vida. Una vida que, por obra y gracia de muchos malos seres humanos, se ha vuelto incierta.
A veces hago el recuento de bendiciones y la relación se hace infinita. Los comitecos reconocemos que la máxima bendición es haber nacido en esta tierra; quienes acá se quedan a vivir (comitecos por adopción se nombran), eligen este pueblo porque saben de esa bendición y eligen ser bautizados ya grandes en este aire.
¿De dónde el aire? Mi cabeza no alcanza a distinguir este milagro. Mi cerebro elemental, de primer grado de preescolar, no dimensiona el origen del aire, savia que otorga la vida. Por ahí, más o menos, entiendo el ciclo del agua, pero no alcanzo a distinguir el origen del aire.
Sé que hay los llamados “ojos de agua”, los nacederos, he sido testigo de un espacio de éstos. Una vez, alelado, escuché lo que un amigo me dijo: “acá nace el agua”. Dios mío, ¡qué prodigio! Fui testigo de un nacimiento generosísimo, fluido divino, el agua no se cansaba de manar. Pero nunca, ¿por qué?, un amigo me ha detenido y ha dicho: “acá nace el aire”.
Mi cerebro elemental advierte la lluvia de bendiciones, incluida el agua, la lluvia, pero como fui un niño cuidadito no me acostumbré a gozar de la lluvia y siempre que el cielo se nubla y en mi cabeza aparece la letra, también elemental, de la canción: “parece que va a llover, el cielo se está nublando…”, corro a resguardarme y, como en esta fotografía, tomo ese chunche maravilloso que se llama paraguas y que, genial objeto, también puede servir como parasol. En el pueblo veo en las plazas a mujeres que cuando llueve usan el paraguas y cuando caminan a medio día bajo un sol inclemente usan el parasol. Este chunche protege de estas dos bendiciones que también provocan afectaciones. Tengo un amigo de mi edad que, por una gripe mal cuidada, ahora tiene un padecimiento, me contó que un día la lluvia lo pescó afuera de su casa y se agravó.
¿Viste que escribí que el paraguas sirve para proteger al ser humano de estas dos bendiciones? ¡Qué incongruencia! Soy un caso especial, porque cualquiera pensaría que de las bendiciones nadie debería protegerse, pero, insisto, estas bendiciones causan conflictos en ocasiones. En la película colombiana “El olvido que seremos”, basada en una novela maravillosa de Héctor Abad, aparece que una chica muere de cáncer de piel, por haber estado expuesta en demasía a los rayos del sol.
¿Mirás? Mis fobias se alimentan de esos testimonios. El sol y la lluvia son bendiciones, pero hay personas que se protegen de ellas, para no sufrir daños físicos irreversibles.
Los frutos son bendiciones que brotan de la tierra, en el suelo, también, existen nacederos de agua, por una maravillosa trasmutación, luego el agua nos llega del cielo, se desgaja con armonía estruendosa y provoca el milagro de la cosecha de maíz, de flores, de vida.
¿Vos podés explicarme en dónde están los nacederos del aire? ¿Dónde ese globo infinito y maravilloso que provoca ese fluido invisible que nos permite vivir?
Posdata: a veces veo en Youtube la escena donde el genial Gene Kelly baila bajo la lluvia. Siempre he pensado que esa lluvia fue provocada en forma artificial, que Gene pidió que no estuviera fría y en cuanto concluyó le pusieron una chamarra y fue al vestidor para bañarse con agua calientita y lo cubrieron con una bata blanca, pachoncita, hermosa y le sirvieron un té bien caliente con un chorrito de güisqui.
Cuando veo esa escena genial me preguntó si, en esas condiciones, me atrevería a bailar y cantar bajo la lluvia. Dudo un rato y luego me digo: no me gusta mojarme. Ah, pero qué bobo. ¿No entendés, Alejandro, que la lluvia es una bendición?
¡Tzatz Comitán!
miércoles, 19 de octubre de 2022
CARTA A MARIANA, CON LA PRESENCIA DEL MAESTRO BERNARDO
Querida Mariana: presentaron el libro más reciente del poeta Arbey Rivera. Qué prodigio. En este mes de octubre te he platicado de la aparición de tres libros en nuestra ciudad. Qué cosecha tan pródiga, tan intensa. Esto es prueba palpable del talento de los comitecos y del trabajo constante. El libro del poeta Arbey se llama “Beber de la fuente” y fue presentado, en el Teatro de la Ciudad, por tres destacados intelectuales de nuestra ciudad: el maestro Jorge Gordillo Mandujano, la ensayista Angélica Altuzar Constantino y la poeta Mirtha Luz Pérez Robledo. Al final de los comentarios, participó el autor.
Sé que ahora estás diciendo que volví a equivocarme en el título de esta carta. Escribí maestro Bernardo. Ahora sí no me equivoqué, por ahí apareció el maestro Bernardo Villatoro, personaje ilustre de nuestro pueblo, que falleció hace años. ¿Entonces? Ah, te cuento.
En los comentarios, Angélica dijo que el libro de Arbey “canta al paisaje y a los veneros de la que lo recibe esquiva, pero más tarde lo conduce amorosa por sus singladuras y, samaritana, le da de beber de la fuente”. ¿Mirás? El poeta llega a Comitán, la ciudad se le muestra esquiva, pero luego, ¡faltaba más!, le da de beber de la fuente, y ahora, el poeta devuelve esa luz a través de su palabra.
Por su parte, Mirtha dijo que “los comitecos nos podemos reconocer en este poemario, en esta ciudad que el poeta Arbey inventa”. Ya Mirtha dijo que ella no es de Comitán, Comitán es de ella, ahora Arbey inventa su Comitán y nos comparte esa ciudad.
Y el maestro Jorge dijo que la poesía de Arbey “lanza ráfagas de luz en el interior del hombre”.
¿Y Bernardo, ‘apá? Ah, pues resulta que en su texto introductorio el maestro Jorge mencionó al maestro Bernardo Villatoro, personaje que, cuentan los mayores, era muy pulcro en el uso del lenguaje. El maestro Jorge, con su memoria prodigiosa, compartió una anécdota que en síntesis apretada es la siguiente: llegaron dos campesinos a pedir ayuda al maestro Bernardo, éste los escuchó, los asesoró y cuando uno de los campesinos preguntó qué era lo que estaba sobre el escritorio, el maestro Bernardo dijo que era un libro y se aventó una maravillosa descripción de este objeto cultural. El maestro Jorge dijo que el maestro Bernardo, con su docta voz, mencionó: “un libro es como una puerta para descubrir las grandezas de nuestro mundo; un libro es fruto del talento de personas y nos ayuda a despertar los sentidos, a cultivar la imaginación, a mejorar nuestra memoria; un libro, sin sembrarlo, da muchos frutos y muy buenos; un libro es como una luz que aclara la vida. Cada uno de nosotros está hecho de los libros que lleva dentro”.
¿Qué te parece? Ah, si lo leyera la Irene Vallejo, autora de ese sensacional libro: “El infinito en un junco”, diría que esta descripción del libro es muy bella y certera (¿te digo algo? Me sonó como un híbrido, un fantástico texto JorgeBernardeano).
Fue maravilloso constatar el milagro. En la presentación del libro del poeta Arbey, apareció la presencia siempre gentil del maestro Bernardo Villatoro, cultivador de la palabra. Gracias a la palabra, el maestro Bernardo se paseó por el escenario.
Posdata: el maestro Jorge dijo que Arbey hace libros, como si dijera que hace luz que aclara la vida. En su participación, el poeta dijo que este poemario es un “breve homenaje a Comitán”, ciudad donde radica desde hace años.
¡Tzatz Comitán!
martes, 18 de octubre de 2022
CARTA A MARIANA, CON UN TEMPLO LLENO DE RECUERDOS
Querida Mariana: el templo de Santo Domingo estaba vacío. Tal vez a la hora de misa estuvo lleno, pero a la hora que llegamos con mi mamá nadie más había.
Ah, el templo, hermoso, inmenso, estuvo dispuesto sólo para nosotros. Recordé las dos religiones que me legó mi papá: el cine y el catolicismo. Recordé que una vez, mi Paty y yo vimos una película sin nadie más en la sala y ahora, ¡qué prodigio!, el otro templo estuvo sólo para nosotros.
Te he contado que a mí me encantan los grandes espacios públicos vacíos, los que tienen como vocación recibir a multitudes. Pensá en los estadios, en las plazas, en los teatros, en las salas cinematográficas, en los colegios y en los templos. Todos estos espacios fueron diseñados para recibir multitudes.
Mi mamá oró, estaba emocionada por regresar después de dos años de encierro en casa. Esa mañana de domingo dábamos vueltas en el parque central, eran como las nueve y media de la mañana, me dijo que extrañaba en forma especial dos espacios: el templo de Santo Domingo y el mercado primero de mayo. Le dije que no debía extrañar el templo porque entraríamos y así lo hicimos y el impacto fue absoluto, el templo estaba vacío de fieles.
Ella oró y yo, en esos minutos, recibí la cascada de recuerdos infinitos: todas las mañanas que acudí a misa en compañía de mis papás; las tardes de Viernes Santo con el Sermón de las Siete Palabras; el olor a incienso; los pesos que nos daban los padrinos a los acólitos después del bautismo; la subida al campanario, en una escalera altísima y tembleque; la tarde que mi papá me vistió de acólito para que llevara el incensario, acto relevante. La salida de misa, cuando buscaba al repartidor de programas de los cines, para ver la programación de las películas que vería en la tarde. Recordé las tardes de doctrina, cuando al término recibíamos los boletos que cambiábamos por juguetes y antojitos en las posadas de diciembre. Recordé el asombro de cada domingo a la hora que me aburría la misa y me dedicaba a ver los cuadros religiosos pintados por el maestro Güero; recordé la cara de una niña que lloraba al paso de la imagen de una virgen también llorosa. Mientras mi mamá oraba, daba gracias por las bendiciones y, sin duda, pedía la gracia divina, yo recordé las mañanas en que los hilos de luz que pasaban por los vitrales cruzaban el aire y me hacían inventar historias de arañas equilibristas.
El templo de Santo Domingo de mi pueblo fue un crisol que me invitaba a crear historias desde edad pequeña y a enamorarme de la niña que, conmocionada, miraba la imagen de la virgen llorosa y sus ojitos se llenaban también de lágrimas. Nunca la había visto antes, desde ese instante me volví fanático para ir a misa los domingos, no por la misa en sí, sino por la esperanza de toparme con ella. Inventé que, en cuanto nos sentábamos, decía a mis papás que iría a rezar frente a la imagen de una virgen que estaba en la parte delantera al lado del altar, mi papá y mi mamá sonreían satisfechos, mi papá me daba una palmada afectuosa en el hombro y, con ese movimiento, me autorizaba a ir hacia el lugar donde estaba la imagen. Caminaba de prisa, me persignaba en forma apresurada, daba la vuelta y el regreso lo hacía con toda la calma del mundo, escuchaba el murmullo de personas que oraban en voz baja o que chismeaban, mientras buscaba afanoso en las bancas de ambos lados, pedía a Dios que, si era tan poderoso, hiciera el milagro y ¡Dios no fallaba! Siempre mi mirada se topaba con su carita que veía hacia el frente, con una concentración tal que parecía permanecer en estado de gracia. Pedía a Dios que ella, niña preciosa, me viera, aunque fuera un instante, para que me viera sonreír, en medio de mi timidez, pero Dios, ya había hecho el primer milagro, no estaba para cumplir todos mis deseos. La niña nunca me vio. Cuando salíamos de misa, yo trataba de retrasar a mis papás, pero mi mamá nos apuraba, ya nos esperaban los tamales untados, los pastelitos, el chocolate caliente. Miraba hacia atrás, mientras caminábamos, en busca de la niña bonita, la más hermosa del mundo.
Posdata: esta mañana de domingo que tuvimos el templo sólo para nosotros, mientras mi mamá oraba, yo recibí el alud de recuerdos, los sonidos, las oraciones, los cantos, la campana, el órgano, el ruido que hacíamos al hincarnos, al ponernos de pie. Casi sesenta años se acumularon en dos o tres minutos que ahí permanecimos, en medio de una burbuja impresionante, llena de silencio.
¡Tzatz Comitán!
lunes, 17 de octubre de 2022
CARTA A MARIANA, CON FESTEJOS EN BARRO
Querida Mariana: Robertoni llegó a Comitán; llegó el domingo 16 de octubre de 2022. Mi mamá y yo dábamos una vueltita por el parque central del pueblo y lo vimos bajar de su auto. El gran artista de Chiapas caminó hacia uno de los restaurantes al aire libre para desayunar. Eran las nueve y feria de la mañana, el día era espléndido, dos amigos boleros ya trabajaban y los meseros esperaban a los comensales. Le dije a mi mamá que él era Robertoni, que es mi amigo y que eso es mi privilegio. Le grité desde la banqueta del parque, volvió la mirada y le supliqué que no se moviera, que se quedara así, como en juego de estatuas, para que le tomara la fotografía maravillosa: Robertoni recibiendo el abrazo afectuoso del aire comiteco. Él levantó la mano. Luego crucé la calle, lo saludé y le di un ejemplar de la Arenilla más reciente.
¿Por qué Robertoni estuvo esa mañana en Comitán? Porque a las doce del mediodía se inauguró un mural de su autoría en Bioexpendio, espacio cultural al lado del Tío Jul, en el barrio de Guadalupe. Por eso, querida mía, la foto que te comparto es una foto también maravillosa.
¡No!, no es Robertoni. Pucha, dirás que juego con vos. Ya te conté que a Robertoni le pedí que no se moviera, que jugara el juego de las estatuas; así que, luego de saludarlo pasé a Bioexpendio para ver el espacio donde está el mural que él creó y ahí me recibió el maestro Ramón Toache Ávila, quien tiene más de veinte años de radicar en esta ciudad y nació en Catazajá, esto se advierte en un tono especial cuando habla.
Me atreví a pedirle al maestro que posara al frente del mural de Robertoni, porque él es el mago que realizó el prodigio de traer a Comitán la obra del gran ceramista chiapaneco.
Me interesa, querida mía, decir que el acto que se realizó más tarde del momento de esta fotografía fue un instante sublime en la cultura de Comitán. El maestro Toache diseña un espacio genial en el pueblo.
Hay personas que pelean un título abstracto: capital cultural de Chiapas; unos dicen que es San Cristóbal de Las Casas, otros que es Comitán; y ¿dónde dejan a Chiapa de Corzo, a Tapachula, a San Juan Chamula? Que se queden con sus discusiones estériles, lo único cierto es que hay personas en nuestra ciudad que realizan una labor maravillosa para fomentar el arte.
El domingo 16 de octubre se reafirmó esa coincidencia de voluntades geniales: por un lado el promotor Ramón y por el otro lado el artista Robertoni, extremos de un puente excelso. Ambos son fantásticos constructores de identidad: tienden puentes de luz donde transitan seres humanos y una que otra mascota.
Soy admirador de la obra de Robertoni, agradezco su generoso abrazo. Vos sabés que por el bicho no acudo a actos donde se concentran muchas personas. Igual que la mañana en que se inauguró el mural del campus de la UNACH, en esta ocasión también llegué antes del acto protocolario, llegué a la hora que su mural estaba cubierto por una tela roja. Más tarde se develó el mural ante una multitud de miradas, los aplausos llovieron en ese cielo limpio.
Me encanta jugar. Con Robertoni jugué al juego de las estatuas, con Ramón jugué el juego del mural escondido y hallado en el templo de Bioexpendio. Si mirás con atención, el cabello del mural se aprecia por encima de la tela y en sus pies está la placa alusiva al mural. Robertoni y Ramón (los erre fantásticos) jugaron, porque ellos son fieles creyentes de la magnitud del instante. Ramón y Robertoni sembraron espigas de luz esa mañana.
Tenemos obra de Robertoni en Comitán, tenemos muchas obras del pintor Mario Pinto Pérez, muchas esculturas del genial Luis Aguilar; obras del ceramista Manuel de Yalumá; murales de Suasnávar, de Cunjamá; de Antún Kojtom; del maestro Rafael Muñoz… y no sigo, porque nunca alcanza el papel. ¿A quién le importa pelear el título de Capital Cultural de Chiapas? Lo importante es saber que hay seres humanos comprometidos con el arte y que, generosos, abren su corazón para compartir esas semillas de luz.
Posdata: el domingo 16 de octubre tomé dos fotos sensacionales, ésta que te comparto, donde Ramón Toache se paró frente al mural que aún no había sido develado; y la que le tomé a Robertoni en un restaurante al aire libre frente al parque central del pueblo. Dos instantáneas que dan cuenta de la grandeza cultural de Chiapas. Reconozco el aporte de la iniciativa privada. ¡Felicidades!
Esa mañana, aparte del mural de Robertoni, se reconoció a José Alfredo Gómez Pinto, creador de otro mural que está en Bioexpendio. ¡Ah, mañana sublime!
¡Tzatz Comitán!
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