sábado, 19 de noviembre de 2022

CARTA A MARIANA, CON PIGMENTOS

Querida Mariana: ¿cuántas veces has visto el mural del palacio municipal? Varias, ¿verdad? Todas las personas que van al palacio para hacer algún trámite ven el mural. Algunas personas se detienen y lo observan, otras pasan de largo, con grandes zancadas, bajan o suben la escalera principal. Pero, aun los que pasan de largo algo pepenan de ese colorido, porque no es lo mismo pasar frente a una pared blanca que una donde tiene colores, figuras, historias. No sé si conocés el libro catálogo que se llama “Un mural en Comitán – Génesis e historia de los hombres del maíz”, que aporta elementos para conocer la génesis del mural, pintado por el artista Manuel Suasnávar Pastrana, quien nació en 1946, en la Ciudad de México, y radica actualmente en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez. ¿Cuándo realizó Suasnávar este mural? La fecha consigna: agosto de 1988 a junio de 1989. El libro catálogo fue impreso en septiembre de 1990, en Ediciones Gernika. Esta editorial es conocida nuestra porque es la que se encargó de editar varios de los libros de nuestra cronista doña Lety Román de Becerril. Vos sabés que el edificio del palacio municipal tiene dos plantas, pero al lado del Pasaje Morales tiene un sótano, que ahora se utiliza para oficinas. Mientras Suasnávar pintó el mural este espacio sirvió como taller. Ahí tuve la fortuna de ver, sobre una mesa grande, los bocetos que sirvieron de modelo para la conformación de la obra. Como lo dice el pie de página de la fotografía que me robé del libro catálogo, muchos bocetos los hizo Suasnávar en carbón sobre papel manila. No sé en dónde estén estos bocetos, pero sin duda que bien podría realizarse una magna exposición con ellos, para dar idea del proceso creativo, cómo pasar del papel al muro y darle color. Aparte del nombre del autor del mural: Manuel Suasnávar, aparecen los nombres de colaboradores: Saúl Martínez, Flavio Mejía, Robertoni Gómez y Mario Pinto. Estos dos últimos nombres han salido en nuestras pláticas de los tiempos recientes; el de nuestro paisano Mario Pinto, porque hace cosa de meses presentó, a invitación del senador Eduardo Ramírez, una magna exposición de acuarelas en la sede del Senado de la República; y el de Robertoni Gómez, porque también en fechas recientes inauguró dos murales de cerámica en nuestra ciudad, uno en el patio central del Campus VIII, de la UNACH, y el otro, en Bioexpendio, en el barrio de Guadalupe, muy cerquita del templo, a unos cuantos pasos del local de Tío Jul. Puro arte, ¡del bueno!, de exportación. Así como vi los bocetos originales, también, como muchos comitecos, admiré el trabajo que realizó el maestro Suasnávar con sus colaboradores. Andaban trepados en andamios, con botes de pintura y brochas al lado, vestidos con sus overoles de trabajo, dándole a la artisteada día tras día. El cubo de la escalera se fue iluminando. Los tres paneles, que son transportables, recibieron la luz de los artistas y el blanco de inicio se volvió un maravilloso caleidoscopio histórico. A mí me sorprende la capacidad de síntesis que tuvo el gran muralista Diego Rivera. ¿Cómo contar la historia del país en pocos metros cuadrados? Pues algo similar realizó Suasnávar. Pucha, qué capacidad de resumir la esencia de esta tierra. Es difícil balbucear con palabras la síntesis que él realizó con los trazos y el color. El mural está plagado de personajes importantes. Por supuesto que en el panel central resalta la figura desnuda de Belisario Domínguez y la de Halach Huinic, cuya figura nace de una mazorca de maíz. En estas dos figuras existe un lapso que da cuenta de siglos. Cada una de las escenas tiene la misma cinta temporal que, insisto, logra dar de un solo vistazo todo un tiempo eterno. ¿Cómo se construyó la historia de estas tierras? En este mural del palacio municipal están representados muchos de los principales actores. Suasnávar nos recuerda que los seres humanos de estos tiempos son herederos de los hombres del maíz. La figura heroica de Belisario Domínguez está rodeada por varios héroes de la revolución y por un grupo de conservadores. Victoriano Huerta está casi sentado sobre un trono brutal, que es un amasijo de cuerpos inertes. En la parte inferior, casi a los pies del héroe comiteco está la escena que representa la independencia, entre los actores hay una figura femenina: la de Josefina García. En esta maravillosa síntesis histórica de Suasnávar queda plasmado lo que ahora se sabe más: la presencia de hombres, la invisibilización de las mujeres. Llama la atención que el artista no colocó la figura de Josefina en el panel de la derecha, donde la figura más visible es la de Fray Matías de Córdoba, que sostiene una tea de donde salen chispas que se convierten en mariposas. Es una imagen muy bella, muy conceptual. La llama de la libertad vuela por todos los confines. Así como se representa una imagen inédita, combatiente de Belisario, la imagen del fraile libertador abandona la tranquilidad que acompaña la mayoría de sus pinturas y asume una imagen similar a la de Hidalgo, quien, montado en un brioso caballo, llama a la insurrección. La figura de Matías de Córdova se complementa con un grupo de personas con los brazos en alto, representación de los diversos grupos sociales del estado que votaron a favor de la federación de Chiapas a México. ¿Y en el panel de la izquierda? Ahí están las figuras impresionantes de dos liberales: Benito Juárez y Ángel Albino Corzo. El palacio municipal es un espacio muy visitado, cientos de personas acuden a diario, por múltiples causas. Muchas personas se quedan en los corredores de la planta baja, los que circundan el hermoso patio central con la estatua de tío Belis, réplica de la que existe en el Senado de la República; pero muchas otras deben subir por la escalera porque van a la planta superior, donde se encuentra la oficina del presidente. Estas personas se topan con el mural, un mural que, lo han dicho varios ciudadanos en redes sociales, necesita mantenimiento, porque le quisieron dar una manita de gato y lo arañaron de más, porque (así lo dicta la lógica), el mantenimiento de una obra artística necesita de la participación de gente experta. Ah, recuerdo cuando una de las obras en bronce, de nuestro escultor Luis Aguilar, le dieron una “barnizada” a lo bobo, eliminado la pátina original. Comitán posee muchos tesoros artísticos, por desgracia no todo mundo los valora. En el pueblo existen muchos murales, realizados por verdaderos y reconocidos artistas. Está, en primer lugar el del palacio municipal, pero también están los del Centro Cultural Rosario Castellanos, el de radio IMER, los ya mencionados de Robertoni, y varios más. Al nombre de Manuel Suasnávar se unen los nombres de Mario Pinto, de Antún (quien en este año recibió la Medalla Rosario Castellanos), de Cunjamá, de Muñoz López, de Valdemar Castañeda… Una ruta de murales es un gran atractivo para propios y visitantes. Claro, esta ruta debe ser propiciada por guías con suficiente conocimiento de las obras, tanto en el plano histórico como en el estético, pero antes todo debe estar “presentable”, diríamos en el pueblo. La ficha técnica del mural de Suasnávar (el mural de Comitán, el del palacio municipal) dice que está pintado con acrílicos sobre gesso. El panel central mide 8 x 4 metros, y los paneles laterales miden 4 x 4.90. En 96 metros cuadrados, el maestro Suasnávar logró la genialidad de sintetizar gran parte de nuestra historia. Mirá qué dice mi admirado y querido doctor Andrés Fábregas Puig a propósito de esta obra: “Quizá Manuel Suasnávar, en el mural de Comitán cerró un ciclo pictórico y abrió otro. El tiempo lo dirá, pero lo que ya podemos afirmar es que estamos ante un pintor con sensibilidad acerca de su entorno y un grado notable de conciencia del valor de la historia”. Posdata: en el panel de la izquierda, en medio de los rostros de Juárez y de Albino Corzo está la imagen bellísima de un colibrí. Los rostros iracundos, serios, dramáticos, pétreos, solemnes, de los personajes históricos encuentran el balance ideal en la belleza de esa ave perfecta, símbolo de esperanza, de libertad. Al subir por la escalera de ese lado siempre hago un ligero alto, porque escucho el aleteo y siento el airecito de ese pájaro genial; ese colibrí es mero comiteco, es un chupamirto genial. ¡Tzatz Comitán!

martes, 15 de noviembre de 2022

CARTA A MARIANA, CON UN PERSONAJE ACEPTADO EN TODOS LADOS

Querida Mariana: podría ser hasta adivinanza: es una joya, pero no se guarda en caja de valores. Sí, es el libro. Y digo esto, porque el otro día pensé que un collar con diamantes, cuando no está en el cuello de una muchacha bonita debe estar guardada en una caja fuerte. Nadie guarda libros en cajas fuertes, salvo un millonario que posea una Biblia impresa por Gutenberg. Los libros son tan juguetones que aparecen en cualquier espacio y nadie se sorprende. Pensá en todos los lugares donde has visto libros. En muchos, ¿verdad? Este maravilloso objeto cultural tiene vocación para aparecer en lugares insólitos. Sé que ahora estás pensando en la basura, porque la basura está en todos lados. Parece que el libro -antípoda de la basura- es como primo hermano de la basura. Me refiero a los lugares donde se mete. Ningún otro objeto tiene este don. He visto libros en bancas de templos, en confesionarios, en campanarios, y no necesariamente libros religiosos, ¡no! Los libros trepan donde otros objetos no. Pensá en un balón de fútbol. La pelota es un chunche que asoma en muchos lugares, pero nunca he visto un balón en la mesa del cuarto de una prostituta. Libros ¡sí! Los libros están en lugares sagrados y en lugares no santos. Las estadísticas mencionan que los mexicanos leemos poco, no obstante, veo libros por todos lados. Hoy, muchísimas personas tienen celulares, las ves en todas partes, con la mirada absorbida, en posición de pleitesía ante el dios de la tecnología. Pues el libro compite en forma muy digna ante el teléfono celular cuando se trata de hacer estadísticas espaciales. Sí, el celular, igual que el libro, aparece en mil y un lugares: en los cuartos (no sólo de las casas familiares sino también de moteles y de lupanares). Para los creyentes, uno de los lugares más sagrados es el altar del oratorio, donde están las imágenes de vírgenes y de santos. Ahí he visto libros y celulares al lado de velas, veladoras, rosarios y floreros. Bueno, una vez vi uno de esos chunches predictores de embarazo. Imaginé que ahí lo colocó una chica de la casa, con el ruego de que diera positivo en caso de estar bien casada y diera negativo en caso de ser soltera traviesa. En casa, las personas tienen clósets para guardar la ropa, mesa para desayunar, sillas para sentarse, televisión para ver películas y, en muchos casos, muebles para conservar los libros, los llamados libreros; pero el libro es travieso, en muchas ocasiones se escabulle de los libreros y se cree manzana y aparece sobre la mesa, se cree almohada y está en la cama, se piensa papel higiénico y se sube al tanque de la taza del baño, se imagina hormiga y aparece sobre el césped recargado en un tronco. Es viajero infatigable: lo he visto en barcos, sobre burros, en lanchas, en autobuses, en autos, en aviones y en trasatlánticos. El libro cabe en un jarrito, porque se sabe acomodar. Posdata: no hay lugar donde el libro no quepa. Con decirte que hasta en hornos ha estado. Claro que cuando ha estado al lado de troncos ardiendo se ha quemado, se ha vuelto ceniza, polvo, nada. A veces me vuelvo irreverente y retomo las palabras del Maestro y digo: dejad que los libros vengan a mí, que se acerquen, que jueguen en mi patio, que se trepen a mis árboles, que vuelen mis cielos, que aniden en mis ramas; dejad que me abracen, que me consientan, que se vuelvan abuelos y me cuenten muchas historias, muchos cuentos antes de dormir, y que al despertar sean los pájaros que picoteen en mi ventana y me digan que la vida vale la pena por ellos, los libros, los chunches más bellos del mundo. ¡Tzatz Comitán!

domingo, 13 de noviembre de 2022

CARTA A MARIANA, CON ALGO ESPECIAL

Querida Mariana: estoy en un lugar especial: el restaurante 1813. Paty Espinosa, editora ejecutiva de nuestra revista Arenilla, dijo que este restaurante garantiza vivir una experiencia con todos los sentidos. Sí, lo comprobé. Estuve la mañana del 9 de noviembre de 2022 y viví una experiencia sensacional, tan especial que no alcanzan mis palabras para expresarlo. Vos sabés que siempre es así, la experiencia vital no puede describirse a cabalidad. Las palabras nos ayudan a medio balbucear lo que es todo un cachito de luz. Esa mañana vi a mi amiga Maluye Nájera, que desayunaba con un grupo de amigas. Ah, me dio una gran alegría verla. Pensé ir a saludarla, pero, ya me conocés, me dio pena. Pues sí, con qué derecho llegás a quebrar la burbuja armoniosa que se crea entre un grupo de amigas que disfrutan el instante. Desde lejos envié bendiciones. La presencia de Maluye fue como el colofón del disfrute. Digo que nunca había estado en el 1813 y me bastó dar dos pasos en su interior para sentir que estaba en un espacio maravilloso. Vos sabés que la tradicional casa comiteca tiene su patio central y luego, en la parte posterior, lo que llamamos sitio, donde hay árboles y yerbitas medicinales o para uso de la gastronomía. Pues cuando entré al 1813 sentí que el mundo estaba exquisitamente expuesto al contrario. La entrada es un maravilloso huerto, un sitio pues, con hierbas y árboles, con el mojol de que tienen sus nombres: ruda, hierba santa, pimienta, hierbabuena, epazote y más, mucho más, y árboles: durazno, jocote, anona blanca, naranja, níspero; bueno, con decirte que hasta un maguey comiteco tienen. Pero eso no es todo. ¿Sabés por dónde te invitan a caminar para llegar a las mesas? Por algo como un túnel, un túnel verde, por supuesto, una maravillosa enrama hecha con árboles de trueno, delgaditos. Esto lo sé porque tuve el privilegio de saludar a Conchita Avendaño Román, que estaba desayunando con una amiga. Oí, le pregunté, cómo se llaman estos arbolitos: truenos, me dijo. Ah, qué maravilla. Dijo que en el parque de San Sebas, su mero barrio, hay truenos, sólo que gordos, bonitos, casi ceibas, los del túnel verde son delgaditos, eso permitió que los aprovecharan para curvarlos y hacer una bienvenida prodigiosa a todos los amigos. El otro día pasé por ahí y me dio gusto ver dos autobuses turísticos, de ahí bajaron muchos visitantes a disfrutar los ricos platillos que ofrecen. Tuve el privilegio de conocer a los fundadores del restaurante: chefs Karla Albores y Mario Maldonado. Geniales anfitriones, ambos son apasionados de la gastronomía y recordá lo que dicen los sabios, bueno hasta Mijares lo dijo el otro día en una entrevista con don Francisco: en la vida hay que hacer lo que a uno le gusta, y los chefs aman lo que hacen y esto se nota en los ricos platillos que ofrecen, que es para gustos exquisitos, la cocina comiteca y regional llevadas a su máxima expresión. Por esto, la chef Karla fue invitada a participar en la Muestra Gastronómica que en días pasados se realizó en la ciudad de Nueva York, a iniciativa del senador Eduardo Ramírez. Cuando la chef me contó esta experiencia su mirada adquirió un brillo magnífico, dijo que tomó una fotografía en el Rockefeller Center donde aparece en primer plano un pan compuesto. Lo contó con la emoción de la alpinista que alcanza la cima del Aconcagua o del Everest y siembra la bandera de México. Sí, Karla fue en representación de Comitán, de Chiapas y de México, y al llegar a ese maravilloso espacio neoyorquino colocó el pan compuesto comiteco y se sintió orgullosa. Ah, yo agradecí ese orgullo por la tierra, mirá lo que hace el talento, la pasión, el cariño por una tierra y por lo que ésta nos ha heredado. El orgullo comiteco a través de uno de sus antojitos más reconocidos y a través de una chef de categoría internacional. ¡Va pitutazo de comiteco, en honor a Comitán y a los chefs del Restaurante 1813! Me despedí. Cielito, Paty y Roberto, mis compañeros de Arenilla-Revista, platicarían con Karla y con Mario. Karla me ofreció una Ensalada 1813, con lechugas, vinagreta de miel de agave comiteco, nueces tostadas y brocheta de pollo al romero. ¡Dios de mi vida!, sólo al mencionar los ingredientes se antoja, como dicen los chavos: al mil ocho mil. Posdata: mi apreciada amiga Gloria Ruiz me platicó que ese mismo día se reunió con sus amigas del grupo de telefonistas y que recomienda ampliamente el Molcajete 1813. Ah, pura bendición. Volveré, primero Dios, y probaré la Ensalada 1813. Para los que comen de todo ¡hay de todo, y todo bueno, mero lek! Restaurante 1813 y sus fundadores ¡son orgullo de Comitán! ¡Tzatz Comitán!

sábado, 12 de noviembre de 2022

CARTA A MARIANA, CON VERSOS DEDICADOS A COMITÁN

Querida Mariana: ¿cómo estás? Empecé con una pregunta, sigo con otra: ¿de los santos comitecos cuál es tu consentido? Los fieles tienen para todos los gustos. A mí me encanta ver la devoción que tienen por unos y otras. La tía Fulvia trepa al colectivo y va a la Colonia Miguel Alemán, porque es devota de la virgen que se venera en el templo. Con frecuencia decimos que el santo consentido de Comitán es San Caralampio (tata Lampo) aun cuando reconocemos que Santo Domingo de Guzmán es el santo patrono, por eso, Santo Domingo tiene su templo, amplio, monumental, en el mero corazón de Comitán, pero tata Lampo tiene su templo en el barrio donde, según la leyenda, dio inicio la construcción de nuestra ciudad. ¡Nadita! Ayer, hojeando el libro “Legado de un alma – Poemas”, de Julio César Román Gordillo, hallé un poema que dedicó al pueblo, su pueblo. El poema se llama “Tierra natal”. Pensé que algún estudioso debe hacer una relación de los poemas dedicados a Comitán, porque conocemos muy bien la letra de la canción que Roberto Cordero Citalán le dedicó, pero ignoramos un tantito los textos que otros autores le han dedicado a su tierra. Leí el poema y llamó mi atención cómo él no sólo eligió los santos de su preferencia, sino que los ubicó en un podio con primero, segundo y tercer lugares, como si fuese competencia. Ah, dije al principio que es cuestión de gustos o de milagros, porque, lo hemos expresado en muchas ocasiones, hay decenas de personas que aseguran haber recibido un milagro propiciado por tata Lampo (es un santo milagroso, dicen). De Santo Domingo no se escucha que sea muy ducho en estas cuestiones celestiales. Tampoco se sabe mucho de San Sebastián; sin embargo muchas personas dan testimonio que el vecino, un pichito hermoso que se llama Niñito Fundador, hace muchos milagros. Julio César le dice a Comitán “tierra mía”. Sí, el noventa y nueve punto nueve por ciento de los comitecos le llama así a Comitán: “tierra mía”. Es difícil emplear el plural, la mayoría se apropia de la tierra donde nació. Comitán es mi tierra, decimos, así como, por ejemplo, digo: mi Paty, porque mi esposa es como mi tierra, el trozo de luz donde crezco como milpa, a veces con hongos, pero hongo de lujo gastronómico: huitlacoche. El poema que Julio César le dedica a Comitán está dictado por su afecto, lo expresa en forma sencilla y, sobre todo, con un toque de humor muy sutil, que es indicativo de que es mero comiteco. Mirá que dice del Río Grande: “Por Oriente se levanta / entre campos con salitre / y cerca del río sin agua / (mal llamado Río Grande) / el pequeño cerro Nitre”. Ah, disfruté mucho esa paradoja: “un río sin agua”, más el agregado del nombre. ¿A quién se le ocurrió llamar Río Grande a un arroyo, que, como dice Julio César, anda seco? En estos tiempos cualquiera podría haberle dicho a quien bautizó el arroyo: te hace falta ver más “bax”. En versos más adelante se encuentra lo que te comenté con respecto a los santos. Mirá qué dice Julio César: “De Guzmán Santo Domingo / es patrono principal / Caralampio el más querido / tercero San Sebastián”. ¡Maravilloso! ¿A poco no? El autor le da medalla de oro a Santo Domingo, porque pues es el santo que llegó con los dominicos, los que iniciaron la evangelización; pero le da medalla de plata a Caralampio, porque es quien está más cerca del corazón de los fieles; y la medalla de bronce se la otorga a San Sebastián. No me hagás caso, pero quiero pensar que el apellido paterno del autor muestra que él creció en el barrio del santo que obtuvo el bronce. Debe ser mero bataneco. No lo sé de cierto, digo parafraseando a Sabines, sólo es una suposición. Julio César Román Gordillo nació en Comitán, el 17 de mayo de 1943; primero Dios, el próximo año cumplirá 80 años. Su ficha biográfica dice que sus primeros estudios los realizó en el Colegio Mariano N. Ruiz; luego cursó estudios de Humanidades y Filosofía, en San Cristóbal de Las Casas; y Filosofía y Teología en la Universidad Gregoriana, en Italia. ¡Ah, nadita! Paisano talentoso. Ejerció la docencia durante más de treinta años en Huajuapan de León, Oaxaca, ciudad donde radica actualmente. Allá, en esa prodigiosa ciudad, escribe sus libros. Lo imagino en su escritorio, echado para atrás en el sillón, recordando a su Comitán, tierra suya. Como nos regaló algo decidor, digo que en el caso de los santos, nadie podrá estar en desacuerdo con la entrega de la medalla de oro y de plata. No tiene vuelta de hoja: Santo Domingo es el santo patrón y San Caralampio es el más querido. La polémica entraría en el tercer lugar. Digo que él es bataneco de corazón, por eso aparece San Sebas; pero, como dije, hay para todos los gustos, para todos los corazones. Muchos devotos dirían que uno de los santos amados es el Niñito Fundador. Vos y yo conocemos a mujeres que, cada año, le bordan vestiditos especiales, es su forma de agradecer los favores recibidos. El otro día te comenté que todos los cumpleaños de santos y vírgenes, en Comitán, se celebran en los atrios de sus templos. La Virgen de La Asunción y la Virgen del Rosario son vírgenes bien consentidas, porque sus atrios son amplísimos. La Virgen de La Asunción tiene todo un parque para su festejo, un parque maravilloso. No sé a vos, pero a mí me gusta ir al parque de la Colonia Miguel Alemán para disfrutar ese espacio limpio, generoso. Similar sensación tengo cuando voy a Yalchivol y veo el atrio que es como una inmensa flor de girasol. La virgen patrona de los músicos tiene un atrio más modesto, pero los fieles se adueñan de casi toda la calle cuando es su festejo. En años pasados (hace tiempo) los festejos de Santo Domingo, San Caralampio y San Sebastián competían en suntuosidad y se realizaban en “sus atrios”, en el parque central, en el parque de La Pila y en el parque de San Sebastián. Un día, la celebración del santo patrono se pasó a las instalaciones de la feria, hechas especialmente para el festejo y esto, por así decirlo, la subió a un escalón superior, desde entonces, los festejos a San Sebastián y a San Caralampio perdieron algo de su brillo. Todo mundo de aquellos dorados tiempos habla del festejo dedicado a San Sebastián, ah, era una fiesta maravillosa, con corridas de toros incluidas. El otro día, mi querido amigo ingeniero Galindo habló de su barrio, Yalchivol, y comentó la belleza del festejo anterior, que incluía carreras de caballos. Estas carreras se realizaban en lo que ahora es el bulevar. Por ahí hay fotografías de la amplitud de esa avenida, cuando aún no estaba pavimentada. Ah, las carreras de caballos se efectuaban improvisando dos carriles y el desenlace se dilucidaba después de que la polvazón cedía. Ahora ya no hay carreras de caballos en las ferias, porque todo está encementado, vencieron los caballos de fuerza de los autos. La feria de Santo Domingo ganó en popularidad, ahora vienen artistas de reconocido prestigio y actúan en los llamados masivos. La gente acude a ver al Tri o a Paulina Rubio (bueno, bueno, insisto, es cosa de gustos). El santo patrono quedó un poco relegado, salvo el mero día, él pasa de noche. Y si el mero día vuelve el festejo al templo es porque, cuando era presidente municipal, al contador José Antonio Aguilar Meza se le ocurrió hacer un guateque con marimbas y muestra gastronómica. Ah, qué bendición. El mero cuatro de agosto el “atrio” se riega con juncia y desde temprano ejecutantes maravillosos tocan marimba y la gente acude a escuchar y a botar la polilla, moviendo los brazos y las piernas en forma armoniosa, con las caras tatuadas con sonrisas providenciales. ¡Que viva Santo Domingo!, grita el maestro de ceremonias, y hay diana diana conchinchín. Versos sencillos contiene este libro, algunos ingenuos, simpáticos, sin pretensiones. Ah, lo disfruté. Se dedicó un corrido, que se llama, precisamente: “El corrido de Julio César”, y en un cuarteto dice: “Le llamaron Julio César / como al general romano / y tuvo sus siete hermanos / todos guapos y muy sanos”. ¡Los siete Román! Más adelante escribió: “El primero fue Rodolfo / el segundo Julio César / el tercero fue Manuel / el cuarto Beto -el grandote-“. “El grandote”. Todo muy coloquial, muy de tarde con café con pan. Posdata: entonces, ¿qué decís? Cuáles son tus tres primeros lugares en la relación de los santos y vírgenes del pueblo.

viernes, 11 de noviembre de 2022

CARTA A MARIANA, CON RITMO

Querida Mariana: ¡a mover el culo! Dirás que comienzo en forma prosaica. No. Acabo de escuchar la canción con esta letra. Nada que ofenda, al contrario. La canción invita a bailar, a mover los brazos, las piernas, a sonreír, a llenarse de vida, a mover los pies, a mover el culo. Ya lo hemos platicado en varias ocasiones, en España no tienen inconveniente en decirle culo a la parte del cuerpo que nosotros, más pudibundos, llamamos trasero. Lo bueno que en Comitán tenemos el sucedáneo perfecto y empleamos tutís. No todo mundo reconoce este término. Diría Armando Alfonzo, es “sólo para comitecos”. A mover el tutís, a moverlo. Claro, hablamos de baile, de música. De acuerdo con el diccionario, culo es: “parte del cuerpo humano constituida por las nalgas”. ¿Lo sabías? Llama mi atención que se refiera a una parte del cuerpo humano; es decir, los cuches no tienen culo; los cuches tienen ¿cola? No sé bien, algún amigo veterinario podrá decir o un amigo carnicero, pero, de acuerdo con el diccionario sólo los humanos tenemos culo, y acá (¡bendito Dios!) hay personas que se ofenden si escuchan la palabra. Si aplicamos esto podemos decir que cuando una chica comenta que le pica la cola (se está diciendo cuchita), lo correcto sería, en caso de que tenga un granito en la nalga, decir que le pica el culo. A mí me sorprende, de veras, cómo muchas personas respingan la nariz y retuercen su mente, cuando escuchan la palabra culo, se ofenden, piensan que quien lo dice es un grosero. Dios mío. Se ofenden con la mención de una palabra simple, una simple palabra bisílaba. Si a estas vamos la palabra baba es más ofensiva y ahí vemos a medio mundo besándose en la boca, babeándose a la hora del beso francés y a la hora de dormir. Pobres almohadas. Los comitecos, cuando bailamos (bueno, los que bailan) movemos el tutís, ah, qué alegre se pone el parque central cuando la marimba suena y las parejas se ponen a bailar. No faltan (qué bueno) quienes no necesitan pareja para bailar, se paran de la silla y solitos ahí andan dándole brillo a las lajas del parque, levantando los brazos, las piernas, moviendo el culo. “Ve aquella culona”, ah, tiene un traste de antología, cuando lo mueve el aire se hace delgado para que su tutís se regodee en el espacio. “Mirá, cómo lo mueve”. Sí, se refiere al tutis, es que, seamos honestos, es la parte que más se mueve en el baile, digo, del baile popular. Si hablamos del ballet, otras partes del cuerpo son las más visibles, las más estéticas. Los grandes bailarines se remueven en el aire, abandonan el piso y extienden los brazos y las piernas en una armonía divina. Los que bailan, los jueves y domingos, en el parque, apenas despegan los pies del suelo, cuando un pie está arriba, el otro está bien puesto en la tierra, mueven los hombros, el torso y mueven sabroso el tutís. Ah, qué bonitos se mueven los tutises, de acá para allá, bamboleo exquisito. “Si como lo mueve ¡lo bate! ¡Qué sabroso chocolate!” Ah, rima genial, que da a entender que la chica en cuestión, así se mira, es de movimientos geniales, por lo tanto, a la hora del batido debe ser sensacional. No, no me preguntés cuál es el batido. ¿Qué voy a saber? De las artes el que menos caso le hago es a la danza, pero mis ojos se llenan de vida cuando, de vez en vez, presencio a los integrantes de los grupos de danza folclórica del pueblo. El otro día vi la actuación del famosísimo ballet de Amalia Hernández, en el Festival Internacional Cervantino, ah, qué deslumbre, qué sincronía de movimientos. Excelso. Posdata: a mover el culo, es invitación permanente a bailar, a gozar la vida. Moverlo con ritmo de marimba, en alfombra de juncia, con el grito de “Cotz para los marimberos”, mientras la anfitriona reparte los “puritos” y en la noche “se pierde la llave”. A mover el culo, como manifestación de vida, como agradecimiento por estar sano, porque las patas no se cansan de batir el aire, de airearlo. ¡Tzatz Comitán!

miércoles, 9 de noviembre de 2022

CARTA A MARIANA, CON FESTEJO

Querida Mariana: hay temporadas de grandes festejos. ¡Qué bendición! El otro día festejamos el cumpleaños 32 de la Revista VOS y ahora celebramos los treinta y tres de VISIÓN 59 – ÓPTICA, empresa de Jorge Guillén, que se encuentra en la ciudad capital de Chiapas, pero que, gracias al dinamismo de su fundador, llega a muchas partes del estado. Y digo esto porque, en forma frecuente, Jorge se descuelga de la capirucha y llega a Comitán para ofrecer lentes, lentes de calidad. Por acá, en redes sociales, veo las fotografías que sube, sobre todo, de antojitos comitecos que disfruta en sus viajes, como lo dicta la tradición, Jorge toma el café pero con pan y luego también le entra a las chalupas y a los tamalitos de frijol, los famosos pitaules. Celebro el cumpleaños 33 de su empresa, porque veo que es un hombre disciplinado, que le pone pasión a su trabajo, lo disfruta. Sabe que la imagen es esencial en todo negocio (vende pues productos para los ojos). No conozco su local en físico, porque ya sabés que me cuesta trabajo salir del pueblo, pero veo en fotografías que su negocio tiene una presentación muy atractiva. Y, pienso, que esto tiene que ver con el gusto por el diseño. Fijate que Jorge y yo coincidimos en los años 80 en la Facultad de Arquitectura, en la UNACH. Después que dejé la carrera de arquitectura en la UVM, en la Ciudad de México, me inscribí en la UNACH y ahí coincidí con Jorge, él se acuerda bien de cómo un grupo de alumnos fuimos a Villaflores para trabajar unas maquetas y planos de proyectos que el presidente municipal le presentó al gobernador Sabines, el viejo. El presidente mandó a acondicionar un espacio al lado de su oficina y ahí trabajamos. Una tarde tomamos dos cervezas de más, regresamos a trabajar y cuando tomé el cúter para cortar un pliego de papel cascarón, la emotiva cantidad de cebada hizo que, en lugar de cortar el papel, me hiciera un tajo en uno de mis dedos. ¡Pucha! Salí corriendo, buscando una salida, pero de nuevo la cebada me hizo la travesura de confundir las puertas, entré a la oficina presidencial y manché parte de la impecable alfombra verde. Al final bajé y fui a la Cruz Roja donde me cerraron la herida, al día siguiente me despedí de los compas, viajé a Comitán y ya nunca más volví a la facultad. Un día, años después me topé con Jorge y me preguntó: vos sos el que se lastimó el dedo, ¿verdad? Sí, dije yo. Su espacio es muy agradable, con excelente gusto. Estudioso de los espacios urbanos también ha contribuido a dignificar el bulevar donde está su negocio, planta árboles, obsequia arbolitos para que sus amigos y clientes los planten en sus entornos. Jorge es un ciudadano ejemplar. Y es más, porque a la empresa original, la que ahora cumple treinta y tres años ha agregado una donde vende bicicletas de calidad, porque es practicante del ciclismo, convencido de que esta actividad no contamina el medio ambiente y ayuda a la salud humana. Nos conocimos a inicios de los años ochenta, viajamos juntos a Villaflores para hacer maquetas y planos de proyectos que, tal vez, se llevaron a cabo y beneficiaron a aquel pueblo. En dos tardes estuvimos en el balcón central de la presidencia y desde ahí vimos a las chicas que daban vueltas en el parque y que nos veían con esa mirada que siempre aparece cuando hay jóvenes guapos. Y hoy, en 2022, tengo la bendición de mandarle un abrazo afectuoso, de desear que siga fortaleciendo su empresa y que contabilice ochocientos mil kilómetros bicicleteados. Posdata: ¡Salud! ¡Tzatz Comitán!

martes, 8 de noviembre de 2022

CARTA A MARIANA, CON EJEMPLO

Querida Mariana: fue ejemplo clásico en el taller de creación literaria: “Tomen un poco de agua con las manos”, dijo el coordinador. Los talleristas buscamos una fuente dónde pepenar agua. Algunos, previsores, llevaban agua en botella y la compartieron. Y ahí estuvimos recibiendo un poco de agua, poniendo las manos como cuencos, y bebiéndola, como si estuviéramos en el desierto. Las camisas y blusas mojadas. La mayoría elevó las manos a la altura de la boca y bebió. Fue la tarea. El coordinador, desde la cabecera de la mesa larga, echado para atrás en la silla, miró lo que hacíamos. Cuando todos terminamos volvió la calma, algunos reímos, otros buscaron un pañuelo para secarse. Nos limpiamos la boca con el antebrazo y esperamos el comentario del coordinador, que nos explicara el motivo de tal ejercicio. Aunque sabíamos que, al final, todo era parte de la literatura, todo podía servir para la creación. Jesús Morales, en el Centro Chiapaneco de Escritores, indicaba que el escritor debía serlo de veinticuatro horas al día; y Óscar Oliva, en su taller de poesía, recomendaba leer de todo: física, química, arquitectura, astrología, astronomía y poesía también. Todo es material de creación literaria. En esa ocasión, el coordinador del taller preguntó, una vez que ya todos estábamos sosegados: ¿qué les dije que hicieran? Uno de nosotros vio a los demás y se atrevió a tomar la estafeta lanzada: que tomáramos un poco de agua con las manos, y nos vio esperando que asintiéramos, que con un movimiento de cabeza reafirmáramos lo que había dicho. ¡Eso!, dijo, el coordinador, que tomaran un poco de agua con las manos, no que la bebieran. Las risas asomaron, pero el ceño adusto del coordinador obligó a volver a poner rostros serios. Tomar no es sinónimo de beber, pensamos. ¡Pucha! Como siempre, comprobamos que el lenguaje es complicado. En ese instante supimos que el coordinador nada diría, entendimos el mensaje. Dijo que tomáramos un poco de agua con las manos y no que la bebiéramos. El escritor necesita precisión en el lenguaje, para que el lector no beba si nosotros queremos decir que sólo tome agua con las manos. Pero, vos dirás, sí son sinónimos, acá en Comitán usamos el verbo tomar como sinónimo de beber, acá tomamos trago. Sí, pero, parece que el término más apropiado es el de beber. Bebemos trago, bebemos líquidos, tomamos objetos con las manos; y si tomamos un poco de agua con las manos lo que hacemos es meter las manos en la fuente. El oficio del escritor es difícil, es labor pesadísima. Los poetas, hablo de los verdaderos, los que tienen el don, eligen la palabra que tiene “maridaje” con la otra que se lleva bien. ¿Mirás lo que digo? El poeta, además de buscar el término preciso para dar la idea exacta, debe buscar que suene bien, que tenga sonoridad. Si un texto no tiene ritmo ¡no es poesía! Tan simple como esto, y luego, si no contiene la esencia de la vida, la totalidad, ¡tampoco es poesía! A ver, pongo un ejemplo, hace como cinco años, la poesía de Mónica Zepeda no era conocida por el público. De pronto apareció y ahora está considerada una de las voces mayores de la poesía chiapaneca, todo mundo así lo reconoce. ¿Cómo logró este prodigio si hay tantas escritoras que llevan años talacheándole? Ah, la respuesta la sabés: Mónica es una verdadera poeta, una gran poeta. Las demás seguirán dándole duro a la talacha, pero nunca alcanzarán las altas nubes que ella alcanza. El don. Los sabios no se equivocan, desde años han dicho: lo que natura no da, Salamanca no presta. Los narradores somos más permisivos, no obstante, hay escritores que alcanzan grandes alturas. En Latinoamérica aparece de inmediato el nombre de Jorge Luis Borges, un escritor pulcro. Recuerdo que el gran poeta (poeta grande) Quincho Vázquez decía que Carlos Román era como el Borges chiapaneco, Carlos escribe con precisión, con elegancia, con inteligencia. No todo mundo logra esa claridad. Hay muchos compas que escriben en forma farragosa, no son sencillos. No tienen la grandeza de la sencillez. El otro día, en redes sociales, mi tocayo Aldana dijo que de los escritores chiapanecos vivos los más picudos son: Héctor Cortés, Alfredo Palacios, Nadia Villafuerte y José Martínez Torres. Algunas personas agregaron nombres a esta selecta lista. Los cuatro mencionados son narradores comprometidos con el oficio. Conozco la obra de los cuatro, la he disfrutado. Fui testigo de la disciplina y del talento de mi maestro Pepe Martínez, cuando trabajé con él. Escritor de veinticuatro horas, como dice Jesús Morales. Disciplinado en la lectura, en la cátedra, a la hora de escribir y a la hora de vivir la vida, con intensidad. Posdata: tomen un poco de agua entre las manos, dijo el coordinador y todos hicimos un cuenco y bebimos. Tal vez, ahora lo pienso, nosotros fuimos un poco más allá del ejercicio propuesto y no sólo tomamos la vida entre las manos, sino que la bebimos. Tal vez esto fue el colofón de aquel ejercicio, tal vez esto también sea lección. No sólo tomen el agua fresca de la vida, ¡bébanla con intensidad! Tal vez algún día logren escribir la gran obra. ¡Tzatz Comitán!

domingo, 6 de noviembre de 2022

CARTA A MARIANA, CON FESTEJO

Querida Mariana: la revista VOS celebró su cumpleaños 32. ¡Pucha, cómo ha crecido! La conocí niña, pichita, y ahora es una comiteca llena de gracia, que ha crecido al cuidado amoroso de su creador: Roque Flores. Todo Comitán celebra este cumpleaños. Como lo hacemos en el pueblo cuando hay festejo relevante regamos juncia fresca y pedimos que suene la marimba, que suene con la misma alegría de las campanas. Todo mundo emprendedor sabe que no es fácil posicionar a una empresa. Cuesta mucho. Mantener una empresa es tarea titánica. La revista VOS se ha posicionado y vuela ya como papalote, por todos los cielos de la región. Durante treinta y dos años ha llevado mucha información a sus múltiples lectores. A mí me encanta saber que cada mes la palabra VOS se expande y resuena. No es poca cosa, Roque ha sido uno de los grandes preservadores de este vocablo generoso que es parte importante del carácter de nuestro pueblo. Todo mundo sabe que uno de los rasgos que permitió obtener el reconocimiento de Pueblo Mágico fue el voseo. Pocas ciudades en México poseen esta característica lingüística. Roque, a través de su revista, ha conservado, como en cajita laqueada, esta riqueza. Siempre que vemos un ejemplar de su revista brinca la palabra: Vos, vos, vos. Roque escribió en redes sociales que el 5 de noviembre de 1990 apareció publicado el primer número de la Revista VOS. Imagino el regusto que tuvo al ver a su pichita entre sus manos y comenzar a distribuirla entre patrocinadores, amigos y lectores. Es difícil mantener una empresa. Como diría el clásico: no es hacer enchiladas. Aunque esto, lo de hacer enchiladas, tampoco es cosa sencilla. Toda empresa, desde hacer enchiladas hasta hacer una revista, requiere talento, pasión, perseverancia y mucho trabajo. He sido testigo en múltiples ocasiones del trabajo de Roque, ahí anda del tingo al tango en busca de la nota, del patrocinio. No es labor sencilla. Por esto, esta celebración merece un aplauso sostenido, ponerse de pie para ver que Roque, junto con su equipo, caminan por la pasarela donde todo mundo habla de vos. Desde el año de 1990 hasta este instante han transcurrido grandes transformaciones en nuestra región, muchos cambios se han dado. La revista de Roque se ha mantenido, como una casa tradicional de Comitán, con cuatro corredores y patio central, sigue abriendo su puerta para recibir a sus lectores, amigos y patrocinadores. Roque es perseverante, ha tenido épocas difíciles, pero todas las ha superado y ahora se vislumbra una etapa llena de luz. Roque escribió: “han sido 32 años de logros y satisfacciones”. Sí, eso se privilegia, pero esos logros y satisfacciones están aparejados con un trabajo intenso, de no pocas dificultades. Revista VOS, dice su creador, llega a su cumpleaños 32 celebrando “28 años de Revista VOS impresa y 4 años de Facebook”. En una ocasión abrí la Revista VOS y encontré un poema, de un poemario mío que obtuvo el segundo lugar de Los Juegos Florales de San Marcos, en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez. Ah, qué abrazo tan emotivo recibí; en otra ocasión envié un texto breve a Roque y él lo publicó. Así que, por fortuna, no sólo he sido atento lector de la revista VOS, también he sido participante. ¡Que suene la marimba, que el aroma de la juncia fresca sea bendición para el espíritu de Comitán, tierra donde se sigue hablando de vos, donde ahora bebemos un pitutazo de comiteco a la salud de Roque Flores y del equipo de Revista VOS! Posdata: que sean muchos años más, muchísimos más; que el VOS siga siendo esencia de nuestro carácter, de nuestra identidad. ¡Tzatz Comitán!

sábado, 5 de noviembre de 2022

CARTA A MARIANA, DONDE SE HABLA DEL PAPÁ DE IRMA SERRANO

Querida Mariana: en la biblioteca del Colegio Mariano N. Ruiz existe un libro encuadernado que habla del poeta Santiago Serrano. Es una verdadera joya. Al colegio llegó gracias a un donativo generoso que hizo el maestro Gustavo Alfredo Álvarez Figueroa, quien, te he platicado, radica ahora en el Estado de México, donde escribe libros de poesía y libros dedicados a su pueblo, el nuestro: Comitán. La pregunta que asoma al ver este libro es: ¿quién fue Santiago Serrano? ¿Recordás que el otro día te dije que no es sencillo hallar en la vida a padres e hijos que sean famosos? En Comitán teníamos la costumbre de preguntar: ¿hijita de quién sos? Al decir el nombre del papá o de la mamá ya se identificaba a la niña en cuestión. En el caso del personaje de este libro hay una maravillosa coincidencia, tanto el padre como la hija son famosos. Santiago Serrano fue papá de la famosísima actriz, cantante y política: Irma Serrano y ésta es hija de un destacado poeta chiapaneco: Santiago Serrano, el famoso Chanti. Digo pues que en este caso también se vale preguntar: ¿papá de quién sos?, porque el nombre de la hija es de fama internacional. No todo mundo sabe que Santiago Serrano fue un destacado poeta, pero menos gente sabe que escribió el libro: “Belisario Domínguez, su vida, pensamiento y anécdotas”. Gracias a este libro nos enteramos de ese trabajo. El otro día, también, te platiqué que Irma tuvo dos hermanos, una mujer y un hombre. La mujer es nuestra conocida doña Yoli Serrano Castro, que se casó con don Rubén Morales; y el hombre fue Mario Serrano Castro. Pues resulta que este libro se debe al tesón del hijo: Mario Serrano Castro. En el prólogo, el hermano de Irma dice que: “por índole temperamental, los poetas viven desordenadamente”. Bueno, bueno, no es ley general, pero hay algo de eso. Mario emplea este argumento para definir a su papá. Mirá qué dice el hijo acerca del padre: “… mi padre, el poeta Santiago Serrano, vivió una vida bohemia y sin pizca de método…” Tal vez en este instante te preguntás por qué en esta carta te hablo de este libro. Bueno, primero porque el poeta Chanti fue padre de Irma, quien ahora radica en nuestro pueblo, y segundo porque debe haber algunos mayores que escucharon hablar de don Santiago, porque él fue vecino de Comitán, ya que vivió en el rancho La Soledad, que está en el municipio de Las Margaritas (el poeta es conocido también como Chanti en el medio literario chiapaneco). Claro, el hijo dice que su papá fue “un trashumante. Nunca vivió en un sitio o pueblo más de dos años seguidos”. Parece que esta apreciación es una exageración, porque entiendo que el poeta vivió varios años en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, donde cimentó su prestigio literario. Pero, el hijo dice que como su papá andaba del tingo al tango “perdió lo mejor de su cosecha literaria”. Pucha, qué pena. Mario dice que en la capital de Chiapas “extravió los originales de unos cuentos festivos”. Por eso, dice Mario se dio a la tarea de publicar este libro que: “obedeciendo a innatos sentimientos filiales y sin más propósito que evitar su documental extravío”. El libro contiene “papeles y recortes, con algunos de los juicios que sobre su personalidad literaria han emitido críticos y escritores amigos”. Labor generosa sin duda. Mario honró la memoria de su padre y obsequió a los lectores una serie de artículos que dan cuenta de la obra literaria de este poeta importante. Para que mirés que era un pata de chucho, comentaré que Mario dice que su papá hizo sus primeros estudios en nuestro estado, luego dio un brinco a la Ciudad de México donde hizo estudios profesionales; posteriormente hizo una gira literaria por todo Centroamérica, pegó otro brinco a Estados Unidos, donde viajó de Nueva York a Los Ángeles y remató en Europa. El libro que te comento fue publicado en el año de 1954, tres años antes que falleciera don Santiago. ¿Qué encontramos en el libro? Dos ensayos de Rodolfo Cruz García. Uno se llama “Santiago Serrano en México” y el otro “Retrato literario de Santiago Serrano”. En estos ensayos vemos que el autor supo de Chanti gracias a que una noche el poeta Armando Duvalier recitó unos versos que dijo eran de un poema escrito por Santiago, y nos enteramos que no sólo poesía escribió el papá de Irma, sino también libros con ensayos, el ya mencionado de Belisario y otro que se titula “Chiapas revolucionario”. Espíritu inquieto y tenaz era el de Chanti. Otro ensayo que recoge este libro, es el titulado simplemente: “Santiago Serrano”, escrito por el doctor Rodolfo A. Navarro, quien conoció a Chanti en la preparatoria del Liceo de Ciencias y Artes (el antecedente de la ahora UNICACH). Viene una plática que dio el centroamericano Armando Laparra y que se titula: “Trayectoria lírica de Santiago Serrano”. ¿Mirás la importancia de este libro encuadernado? Recoge varios testimonios literarios acerca de la obra del papá de Irma. Esto confirma la importancia que su obra tiene en la historia de la literatura chiapaneca. Sin embargo, ahora don Santiago anda como olvidado. El maestro Sarelly Martínez rescató la esencia con un libro reciente que se llama “Santiago Serrano, el periódico y el verso”, pero de ahí en fuera ¡nada! Hay más ensayos, más, muchos más, no quiero aburrirte dando síntesis apretada de ello, pero, antes que se me acabe el espacio, digo que no es frecuente hallar cartas en los libros de poetas y narradores de estas regiones. Y digo esto porque vos y yo somos amantes de las cartas. En la parte final de este libro, compilado por el hijo, aparece un apartado que se llama precisamente “Cartas al poeta Serrano”, y ahí, fuera del protocolo de los ensayos, encontramos una relación más íntima, más emotiva. Este epílogo basta y sobra para justificar lo que dije al principio: este libro es una joya. Mario dice que en el archivo epistolar de su papá existen más de mil cartas. En este libro se publican algunas. El 22 de agosto de 1949, el licenciado Antonio Vera Guillén, ilustre trinitarense, le dice a Santiago que recibió su libro de poesía: “Playa a la vista” y se despide diciéndole: “Va, con mi felicitación para ti, mis expresivos parabienes para tu culta esposa por su cooperación en tu libro, que, sin eufemismo, es el mejor que se ha hecho en Chiapas”. El licenciado Vera se refiere “a su presentación y formato”. Del libro acerca de Belisario Domínguez encontramos una opinión del reconocido maestro Óscar Bonifaz. Mirá qué dice nuestro Premio Chiapas: “Verdaderamente todos los comitecos deberíamos darle las gracias por dar a conocer al mundo la vida ejemplar del insigne don Belisario Domínguez, vida que usted, apegado a la más absoluta verdad y con su reconocida limpieza de pluma, describe a las mil maravillas”. El hermano de Irma dice que su papá “vivió una vida bohemia y sin método”, pero por lo acá dicho se ve que fue muy chambeador y disciplinado, de esto dan cuenta sus libros. Un hombre sin método no puede dedicarse a estudiar la vida de un personaje como Belisario Domínguez y escribir su vida, pensamiento y anécdotas. Nunca he tenido en mis manos este libro de Chanti, llama mi atención el apartado de anécdotas, porque en el pueblo se conocen varias que hablan del virtuosismo de nuestro héroe, pero tal vez el poeta Santiago Serrano escribió algunas que no son tan conocidas. Por ahí aparecerá. Mientras tanto, buscando en los libreros de la biblioteca del Colegio Mariano N. Ruiz me topé con esta joya que nos obsequió el maestro Gustavo Alfredo. Posdata: sí, tenés razón, a veces me voy por el sendero de los libros y me vuelvo medio solemne, pero pienso que es bueno compartir con vos estos hallazgos. A final de cuentas Irma Serrano tuvo un papá destacado. Claro, ella es más conocida, porque se convirtió en una gran actriz y cantante de México. Su fama fue más allá de la patria, llegó a ser venerada en muchos países de América Latina. Santiago Serrano: ¿papá de quién sos? De Irma Serrano, La Tigresa, la impar. Y vos, irma, ¿hijita de quién sos? De Santiago Serrano, destacado poeta, periodista y ensayista de Chiapas. Ah, ‘ta bueno. ¡Tzatz Comitán!

viernes, 4 de noviembre de 2022

CARTA A MARIANA, CON MODISMOS CASTELLANOS

Querida Mariana: esto del voseo comiteco no es poca cosa. El otro día platicamos que los tojolabales son grandiosos, porque lograron que su idioma perviviera a la dominación española. Después de tantos siglos y tantas intentonas de exterminio lingüístico ahí siguen hablando su idioma, con mucho orgullo. Pues los comitecos de estos tiempos, también andamos en un maravilloso intento de defensa del voseo castellano. En pocas regiones de Chiapas se habla de vos (bueno, de vos, mi niña amada, cada vez hablan más en Comitán, Chiapas y lugares circunvecinos. Ya mirás que en Huehuetenango, Guatemala, ya muchas personas te conocen). Hay muchos comitecos que ignoran el voseo, así como evitan el uso de modismos, porque se les hace no prestigioso. Sin embargo, lo hemos dicho, el voseo nos identifica, nos hace diferentes a los otros. Además, lo hemos platicado también miles de veces, en Argentina, por ejemplo, el voseo es de gran prestigio, porque millones de argentinos lo hablan. Algunas personas, cuando hablo de vos me preguntan si soy argentino. Nuestro voseo será maravilloso cuando a un argentino le pregunten si es comiteco. No, difícil que esto se dé, difícil, porque el acento del argentino es proverbial. En fin, los comitecos y los millones de argentinos nos parecemos por hablar de vos, sólo nos diferenciamos por el tono de voz, ellos han hecho popular su habla, porque, ya lo dijimos, muchos argentinos lo han popularizado en todo el mundo, ah, pero cuando los comitecos famosos salgan en la tele y comiencen a hablar de vos con ese cantadito maravilloso todo mundo nos amará. Y digo que es resistencia, porque los españoles siguen mandando sus campañas colonizadoras, en forma más sugerente, pero con igual contundencia. El mercado de los libros en castellano está controlado por editoriales españolas. Las pequeñas editoriales mexicanas fueron absorbidas por ese pulpo, esto provoca que las traducciones contengan muchos modismos de aquel país europeo. Los lectores latinoamericanos nos bebemos esos términos y en cualquier rato los comenzamos a emplear. Y ahora resulta que la casa de Rosa no tiene alberca sino piscina. ¡Ah, pucha! Y cuando Rosa lava la ropa andamos diciendo que ella hizo la colada. ¡Dios mío! ¿Colada? Sí, en España la gente hace la colada cuando lava la ropa. Recontrapucha. En Comitán una chica no hacía ¡estaba! En el Comitán de los años setenta cuando Rosa andaba con un enamoradito dijimos que ella andaba “colada”. No me preguntés por qué decíamos eso. Si revisás el diccionario mirás que colada viene del verbo colar, así pues, en la cocina, Rosa puede decir que la salsa ya está colada; y en términos coloquiales se puede decir que si Rosa entró por la puerta trasera al concierto de Mijares: entró de colada, se coló. ¿Por qué decíamos que Rosa estaba “colada” cuando tenía un enamorado? Nunca he descubierto el misterio. Ahora, después de leer autores españoles y muchas traducciones, hechas por españoles, la palabra colada sustituye en ocasiones el comiteco: lavar la ropa. El otro día, mamila que soy, snob, miré que había ropa colgada secándose en un patio y pensé: hicieron la colada. Pucha máquina, ahora pienso que es una palabra colada. La palabra está bien aplicada, el diccionario de la Real (dictado en España, pues) dice que colada es: lavado de ropa sucia de una casa; pero me caigo mal cuando mi mente, en lugar de decir lavado de ropa, traduce: colada. Uf. Debo hacer un acto de resistencia y decirme: a ver, Benito, en Comitán se dice lavar la ropa sucia y el término colada sólo se aplica a la chica que anda con enamorado. Que, la verdad sea dicha, no sé si ahora sigue existiendo el enamoramiento, porque veo a muchachos que no son pareja, ahora son amigos con derechos. ¿Y estos amigos con derechos cuáles son sus responsabilidades? Tal vez sólo gozan los derechos y dejan afuera los torcidos. Muchachos simpáticos los de estos tiempos. Posdata: ah, me caigo mal. El otro día mi mamá me ofreció un jugo de naranja, como lo ha hecho toda su bendita vida, y ¿sabés qué le dije después de probarlo? Hmmm, estuvo rico el zumo de naranja. ¡Dios mío! Pido perdón, en Comitán, el sumo, con ese, nos servía para alburear. ¡Tzatz Comitán!

jueves, 3 de noviembre de 2022

CARTA A MARIANA, CON OBJETOS VOLADORES IDENTIFICADOS

Querida Mariana: ¡qué tiempos estos tiempos! ¡Tiempos gloriosos! ¡Tiempos inadvertidos! Ah, los niños de los sesenta veíamos el cielo y de vez en vez nos sorprendíamos ante una avioneta. Escuchábamos el sonido y buscábamos con la vista hasta hallar el objeto volador. Los niños de esos años nos llenábamos la mirada y colmábamos el espíritu con papalotes que muchos niños volaban. No recuerdo haber volado alguno, ¡no!, fui un niño que se perdió muchas de las aventuras infantiles de aquellos años, pero sí los vi volar. Como cuentan con el arco iris yo buscaba el origen de la cuerda, porque sabía que ahí estaba un niño jalando la cuerda (ahí estaba el tesoro), impulsando el papalote. Sabía que el niño había pedido a un amigo que sostuviera el papalote entre las manos, con los brazos extendidos, por arriba de la cabeza. Ambos se habían colocado de tal manera que el viento pegaba sobre el papalote, para que lo impulsara hacia arriba. Ah, qué belleza de movimiento sincrónico, la locomotora con el cabús. El instante del vuelo se daba, el amigo soltaba el papalote y éste comenzaba a ascender y el niño locomotora controlaba el vuelo y daba hilo, más, más, mucho hilo, para que el papalote volara por el amplio cielo de Comitán. Rosario Castellanos, en su novela “Balún Canán”, cuenta que en Nicalocok iban a volar papalotes, en campitos abiertos. Eso veíamos los niños de los años sesenta cuando mirábamos el cielo, a veces aparecían zopilotes o bandadas de garzas que iban a la Ciénega, ocasionales ejércitos voladores de loros, el “relámpago verde” que dijo el poeta. También veíamos pequeños destellos de humo cuando los cuetes tronaban. Pero jamás, ni en sueño, pensamos que los niños comitecos de los años veinte del siglo XXI llenarían sus miradas con drones, estos chunches tecnológicos que son capaces de tomar fotografías aéreas y videos. ¡Qué genialidad! Lo sabemos, el genio humano no sólo sirve para lo bueno, también es empleado para lo malo. Ahora vemos noticias donde las grandes potencias mundiales emplean drones para ataques. Uf, la ciencia al servicio del mal. Pero, acá en Comitán, hasta el mes de noviembre de 2022 los drones son empleados por los fotógrafos de estas tierras para tomar fotografías y videos. Paso copia de una foto que tomé una mañana de octubre en el glorioso Colegio Mariano N. Ruiz, plantel de Los Sabinos. ¿Ya viste el cielo? Diáfano, profundo, enmarcado por árboles y un dron. ¡Sí! Uno de los mejores fotógrafos de Chiapas, Carlos Gordillo, tiene este juguetito y esa mañana se dio a la tarea de hacer tomar aéreas. Nunca los alumnos de la secundaria del colegio, a fines de los años sesenta, imaginamos que estos chunches maravillosos nos darían imágenes desde lo alto, nosotros tenemos fotografías tomadas a ras de suelo. Ahora, la tecnología permite vernos como nos ven los chinchibules al vuelo, como nos miran los astronautas, como nos ven los dioses que andan en el Olimpo. Muchos artistas de la lente no sólo tienen equipos sofisticados para tomas a ras de tierra, ahora también invierten en chunches para realizar fotografías a vista de pájaro. Acá está esta amalgama que digo, yo, con mi celular tomé la foto a ras de tierra, tomé la foto donde un chunche vuela y hace el registro desde el cielo. Si digo que lo que Carlos hace es un registro celestial no exagero, lo hace desde el suelo viendo desde el cielo. Posdata: vos, igual que yo, igual que miles y miles de personas, disfrutás las tomas aéreas que nos regalan los fotógrafos de estas tierras. Ahora, gracias a esas tomas, a sus talentos, a sus obsesiones, los comitecos tenemos fotografías jamás imaginadas. En los años sesenta algunos fotógrafos tomaban fotos desde sus avionetas y por ahí hay registros de cómo se veía Comitán desde el cielo, pero ahora, ¡qué bendición!, tenemos un profuso registro de cómo se ve Comitán desde arriba. Para quienes viven lejos del pueblo ahora resulta más fácil poner curitas a la cicatriz de la nostalgia porque entran a Google Maps y hacen recorridos en calles y plazas de Comitán, y, a través de redes sociales, ven fotografías actuales, tomadas a ras de suelo y desde el cielo. ¡Qué tiempos tan bellos estos tiempos! ¡Tzatz Comitán!

martes, 1 de noviembre de 2022

CARTA A MARIANA, CON UNA ESENCIA INOLVIDABLE

Querida Mariana: parece que se llamaba Santiago, era ciego, se sentaba en una grada de la entrada del templo de Santo Domingo, tocaba la mandolina. La gente que entraba, salía o pasaba por ahí le dejaba una moneda. ¿Sobrevivía con eso? ¿A qué hora llegaba? ¿A qué hora se iba? Nunca supe. Tampoco supe en dónde vivía. En los años sesenta, Comitán era un pueblo más afectuoso. En ese tiempo no usábamos los términos que ahora se usan, hoy, diríamos que Santiago (¿así se llamaba?) era débil visual, que tenía una discapacidad, en aquellos años decíamos que era cieguito, eso sí, con cierto cariño, como condoliéndonos de su desgracia, porque no es sencillo vivir, sobrevivir, condenado a no ver. Los otros sentidos se potencian. Los ciegos potencian, sobre todo, el sentido del tacto y del oído, digo yo. Deben estar muy atentos a lo que escuchan y se acostumbran a leer con sus dedos, con sus manos, con el resto de su cuerpo. Lo digo así como si fuera la cosa más natural del mundo, pero es un prodigio: leer con las manos. Por ahí he sido testigo de un ciego repasando el rostro de alguien como para tener idea completa de los rasgos del otro. Hay ciegos que aprenden a leer en braille, es la manera como pueden relacionarse con el mundo. El ciego del templo de Santo Domingo (ya debe haber fallecido) nos regalaba melodías con sus manos y el instrumento. Mandolina, no muchas personas en Comitán ejecutan este instrumento. Raúl Espinosa, el gran caricaturista de Comitán, tiene un retrato de este personaje. Ahora creo recordar que no usaba zapatos (¿estoy inventando?). Lo que sí recuerdo es el instrumento musical. Me sorprenden los instrumentos musicales, unos más que otros. Reconozco la belleza del arpa y del piano, por ejemplo, pero me seducen los instrumentos pequeños. Para escuchar a un pianista debés ir a una sala de conciertos o a la sala de una residencia. ¿Cómo cargás un piano? En cambio, los instrumentos pequeños son fáciles de llevar y con ellos un buen ejecutante logra la maravilla del sonido armonioso. Santiago nos regalaba esas aves que se paraban en nuestros oídos, se paraban como si fueran chinchibules cantando en la ventana. Era un hombre generoso. Llegaba al templo, se sentaba, de una morraleta sacaba la mandolina y se ponía a tocarla. Entiendo que tenía bien estructurado sus horarios. No podía estar ahí a la entrada o salida de misa. Hubiese sido como una estampida de búfalos. Se sentaba ahí a la hora que no había un ritual masivo, a la hora que pocos fieles llegaban a rezar, a prender una veladora, a agradecer. Eso sí hice. Me paré un rato para verlo, para escucharlo. También, en una o dos ocasiones le dejé una moneda. ¿Tenía un sombrero o un recipiente de plástico para recibir las monedas? No recuerdo. Ah, no tengo a la mano el dibujo de Raúl, ahí está bien ilustrado. A lo lejos recuerdo que el dibujo de Raúl está hecho a lápiz, tal vez vuelvo a inventar. La mandolina es un instrumento pequeño, soberbio, majestuoso. Él podía llevarlo con facilidad. Me encantan las armónicas (violinetas le decimos en Comitán. Violineta, qué bonito nombre). El maestro Jorge toca la armónica cuando es cumpleaños de alguno de sus amigos, mete la mano a la bolsa de su pantalón y la saca. Dice que cuando fue niño oía a los hombres del campo tocar este instrumento. En las tardes, cuando las estrellas y un viento fresco asomaban, el sonido de la violineta se encaramaba a los árboles y llegaba hasta sus oídos. A veces he escuchado discos de blues donde aparece el sonido de una armónica. Si la marimba vino de África tal vez la armónica vino de por allá. ¡No! La violineta debe ser invento de otro lugar. No hay violinetas de madera. En el Internet debe existir, sin duda, la historia de este instrumento. Bueno, de todos. Vos y yo somos gente común y sin embargo estamos en el Internet, ahí están todos los personajes del mundo, los famosos y los modestos. Ahora pienso que ahí debe estar Santiago también. Suspenderé la escritura de esta carta y buscaré. ¡Genial! Sí, ahí está el dibujo de Raúl. Vos también podés verlo. Ahí está el maravilloso Santiago. Ah, siento que mi espíritu sosegó. Sí, ese era su nombre. Raúl lo trató con cariño: Santiaguito Lara. La ilustración es parte de la serie que Raulito tituló: Los Pito Pérez de Comitán. Sí, los entrañables personajes de nuestro pueblo. Posdata: hoy existen otros personajes. A veces paso frente al templo y veo a un hombre, joven, sentado en una silla. Algunas personas le entregan monedas. Los Pito Pérez de estos tiempos ya no poseen la gracia que sí tuvo Santiaguito, él tocaba la mandolina, nos obsequiaba sonidos armoniosos, no pedía una moneda a cambio de su ceguera, ¡no!, él trabajaba en el arte que dominaba y las personas que respetaban su oficio le entregaban una moneda. Por el rumbo de Jesusito hay un personaje que tiene una cubetita de plástico y a todo el que pasa le arrima la cubetita y pide: un peso, un peso. Esa es su gracia, piensa que el movimiento de su brazo le da derecho a pedir un peso. Santiaguito tocaba la mandolina, era ¡un artista! Era ciego, pero veía con amplitud la esencia de la vida. ¡Tzatz Comitán!