domingo, 4 de diciembre de 2022

CARTA A MARIANA, POR UNA FELIZ NAVIDAD

Querida Mariana: “ya llegó diciembre y sus posadas”. Más o menos así dice la canción. Sí, ya llegó diciembre y la navidad está a la vuelta de la esquina. Magú, genial caricaturista mexicano, tiene una serie de cartones navideños. Los protagonistas son los pavos, guajolotes, jolotes. En forma humorística hace conciencia del mal rato que pasan estos animales, porque son el platillo favorito de temporada. “Cómo no nací tacuatz”, piensa el jolote. Todo mundo ya comienza a comprar los regalitos para navidad. En Comitán se presentará Aquino, el Piano de México. Medio mundo lo ha escuchado. Ahora se presenta en un espacio idóneo: el auditorio Belisario Domínguez, que está en el campus de la UNACH. El acto es como dicen ahora: con causa; y la causa es muy noble, tan noble como la labor desprendida que hace una mujer de nuestro pueblo: la maestra Geny Alfonzo. Todo mundo reconoce la campaña que doña Geny ha impulsado a través de su asociación en favor de los animalitos, chuchitos y gatitos, sobre todo. Si no fuera por ella, Comitán tendría un problema serio de perros callejeros. Ella ha promovido campañas de esterilización (ya cumplió más de cien). Ella lo hace en forma desprendida, lo hace por cariño a los animalitos y por un auténtico amor por nuestra sociedad. Hay personas que la apoyan en su labor, pero son pocas, para el esfuerzo que esto significa. Ella es de carácter fuerte cuando se trata de defender su ideal. Por supuesto, hay personas que no comprenden a cabalidad lo que ella realiza desde hace años. Su pasión y entrega es total, sin regateos. Así como hay incomprensión hacia su labor, también hay muchas personas que ven con agrado su trabajo. ¿Qué gana ella? ¿Dinero? No, para nada. Sin embargo, dinero es lo que hace falta para esta labor. De vez en vez su asociación promueve rifas para allegarse de fondos. Ahora, su asociación se aventó un paquetazo: la presentación de un artista de talla internacional: Arturo Aquino. “Aquí ¡sí!”, pensó la maestra Geny, y el Piano de México se presentará en el espacio más soberbio cultural de nuestra ciudad: el Auditorio Belisario Domínguez, porque lo merece el artista, lo merece nuestra ciudadanía y lo merece la causa. He visto cientos de personas que aman a sus mascotas, las miman, las cuidan. Sus primos, los callejeros, como su nombre lo indica, están olvidados. ¿Quién vela por ellos? Pocas personas. Tengo conocidas que sí velan por esos desamparados, les procuran una mínima atención, los llevan a albergues y les dan alimentos. ¿De dónde sacan paga para las croquetas? ¿De dónde? Ah, qué difícil. El concierto de Aquino es con causa. Por eso es necesario que la comunidad comiteca y de la región ponga una mano en su corazón y otra en la cartera, porque de nada sirve la comprensión si no va acompañada de la solidaridad. ¡Que todo mundo compre uno, dos o más boletos! ¡Doscientos cincuenta pesitos nada es! Nada es si decimos que servirá para escuchar un concierto de piano en un espacio maravilloso. Ah, si yo te contara lo que los europeos pagan para escuchar un concierto semejante. La entrada servirá para pagarle al artista y para apoyar a la asociación que tanto bien le hace a nuestro pueblo. La asociación sólo obtiene la satisfacción del deber cumplido, el gusto de aportar su granito de arena para que el mundo sea menos miserable. A nosotros sólo nos están pidiendo aportar una mínima paguita. Pienso que muchas personas pueden (desde ahora) procurarse y procurar a los suyos una feliz navidad, incluyendo boletos para el concierto en el regalo navideño, que la noche del 16 sea el inicio de un festejo maravilloso. Comencemos la navidad comiteca con un concierto de piano en magnífico escenario. Cada boleto adquirido ayuda a que nuestra comunidad sea más empática. Los comitecos hemos sido, desde siempre, personas admirables, que nos unimos a las causas nobles. La maestra Geny y sus colaboradores aportan lo más valioso que poseemos los seres humanos: tiempo. Ahí la veo dando vueltas y vueltas para alcanzar apoyos económicos. Ahora pide la solidaridad de nuestro pueblo. Lo hagamos por los chuchitos y por los gatitos de la calle. Posdata: ¿viste que Arenilla-Revista rifó dos boletos en zona VIP? Lo hicimos para celebrar nuestro quinto aniversario con nuestros lectores y como apoyo a la labor maravillosa que realiza la asociación de doña Geny. Aportamos nuestro granito de Arenilla. Ahora falta que todos los amigos de animalitos apoyen la iniciativa y adquieran los boletos que están a la venta en el Colegio Mariano N. Ruiz, en el restaurante La Casita, en la tienda de Hermilo Vives y Sucesores, y en el restaurante La Casa de los Cortes. Que todo mundo tenga una feliz navidad. Pobres guajolotes, en esta temporada dejan de ser simples jolotes y se convierten en pavos. ¡Ay, Señor! ¡Tzatz Comitán!

sábado, 3 de diciembre de 2022

CARTA A MARIANA, CON TIKTOKADAS

Querida Mariana: vivimos en un mundo TikTok. En mi infancia jugábamos al Toc toc y al Tic tac. Eran juegos sencillos, pero propiciaban el contacto con los amigos y primos. El patio de una casa se convertía en el gran espacio. El TikTok de este siglo no llama mi atención, pero como vivimos interconectados he visto esos videos cortos que se graban en todo el mundo. A veces, algún amigo me envía un TikTok en el celular y caigo en la tentación. Por lo regular, al segundo número tres veo por dónde va la vaina y si veo que puede dar luz lo veo, si son boberas lo elimino y agradezco a mi amigo el envío. Tiene años que no acudo a confesarme. Sigo siendo un pecador (ya sé que estás pensando: árbol que crece torcido jamás se endereza), pero ya no comparto mi historia personal con un semejante, prefiero platicar directamente con Dios y no con otro pecador igual que yo, porque conocemos tantas historias oscuras que mejor me voy por la orilla. Digo esto, porque con la revolución tecnológica las listas de pecados se han ampliado. Ya imagino la escena donde la muchacha bonita se hinca en el confesionario y dice: “acúsome, padre, que le mandé el pack a mi novio”, y ya estoy viendo al padre, como el que sale en el programa cómico donde está la pecadora Chabelita, sobándose las manos sobre la sotana, diciendo: “y qué más”. Hoy existe algo que se llama sexo virtual. ¡Pucha! Las parejas que están en lugares distantes se cachondean de lejitos y a través de una pantalla. ¿En qué categoría de pecados entrará esta modalidad? No lo sé. ¿Yo qué voy a saber? ¿Es de pensamiento, palabra, obra u omisión? Pensamiento ¡sí! ¿Obra?, pues, aunque sea en pantallita, parece que sí obran. ¿Palabra? Ah, pero por supuesto, vos sabés que la palabra es uno de los principales afrodisiacos. Se da por descontado. ¿Omisión? Pues sí, porque los machos machos deberán quejarse por no tener la tortita a la mano. En fin. Ahora hay pecados novedosos. Lejos están los tiempos donde los niños confesábamos que habíamos robado una moneda de un peso, habíamos respondido mal a nuestra mamá y mentido, porque en lugar de ir a la escuela en la tarde a clase especial nos habíamos ido de pinta. Tal vez las penitencias ya no son simples Aves Marías; ahora deben ser como castigos de primaria: “Hija, rezarás diez padres nuestros y eliminarás de tu celular el número de tu amante”. Y es que, es de todos sabido, el número del Sancho está registrado como “Tintorería”. Una tarde cualquiera aparece el siguiente mensaje en el celular de ella: “Buenas tardes, señora. ¿Quiere que le planchemos el blazer azul? A las cuatro la planchadora estará a la máxima temperatura. Estamos a sus apreciables órdenes”. A las tres, la mujer se despide del esposo y dice que irá a comprar pan y pasará por el blazer azul a la tintorería. Vivimos en un mundo TikTok. El otro día fui a casa de tía Azucena y la encontré bailando perreo al lado de sus nietas, acuclillada movía su cadera como gallina clueca. “Acá andamos, tiktokeando”, me dijo. En eso entró el tío Armando, me saludó y dijo que su esposa era una imprudente, repitió lo que dicen muchos: “No es lo mismo los tres mosqueteros que veinte años después”, y cerró: “Tiktokeando, ¡chocheando estás!” La tía tiene setenta y siete años de edad. Gracias a Dios tiene una salud envidiable y un humor que le permite jugar TikTok con sus nietas. Jugábamos al Toc toc. Tocábamos en el aire y en voz alta decíamos ¡toc toc! ¿Quién toca? Un viajero. ¿De dónde viene? De China. ¿Qué vende? Entonces, con acento chino castellanizado, nombrábamos frutos del huerto: dulaznos, nalanjas y mandalinas. ¿A cómo los vende? A tles pol un peso. Las niñas pedían auxilio: ¡auxilio, nos piden un beso! Los niños, como si fueran caballeros de un reino sobre caballos corrían tras el chino perverso. Cuando era atrapado recibía un castigo, una de las niñas se acercaba y le decía que había perdido su nacionalidad, exigía el pasaporte y le decía: “a partir de hoy sos un cochino”, y todos gritábamos ¡cochino, cochino! Era un juego sencillo, pero nos divertíamos. Así se nos iba la tarde, los pájaros llegaban a la inmensa ceiba, el sol buscaba su nido detrás de las montañas y la entrada de la noche era el recordatorio para que las mamás nos llamaran a cenar. A cenar, de igual manera, cosas sencillas: café con una tostada con crema. Jugábamos al Tic tac. La primera vez que lo jugué fue en casa de Arturito, en el barrio de San Sebastián. Dos niños se paraban en el centro del patio, uno era el Segundero y el otro el Minutero. El Segundero daba cinco pasos y comenzaba a caminar en círculo, alrededor del Minutero, quien tenía cerrados los ojos con un pañuelo. El objetivo del juego era que el Minutero lograra atrapar al Segundero en el lapso de un minuto. El Minutero ponía atención a los pasos del Segundero, pero no era labor sencilla, porque los demás jugadores gritábamos a cada paso del Segundero: ¡Tic tac, tic tac, tic tac! En un momento determinado todos apurábamos el grito y era como un hervidero: ¡tic tac, tic tac, tic tac!, y sin aviso previo nos callábamos, era la señal para que el Minutero fuera en busca del Segundero, quien no podía moverse. El Minutero, si era listo, daba cinco pasos al frente y comenzaba a caminar en círculo, pero vos sabés que una persona se descontrola cuando tiene los ojos cerrados. A veces, el Minutero terminaba chocando con la pared de la cocina. Lo bueno es que siempre iba con los brazos extendidos, así que detectaba que estaba mal. Cuando el Minutero tenía la suerte de atrapar al Segundero le iba bien, porque cada uno de los jugadores debía dar un peso. Por eso, todos hacíamos silencio y respirábamos pausado, pidiendo a Dios que no atraparan al Segundero. Este juego tenía la enseñanza que aprendimos cuando crecimos: el tiempo es oro. Si el Minutero atrapaba al Segundero, aquél ganaba paguita. Así se nos iba la tarde, jugando al Tic Tac. Juego casi bobo, pero que nos encantaba, nadie peleaba, al contrario, siempre estábamos de buen humor, con la sonrisa a punto del vuelo. Hoy, el mundo gasta su tiempo jugando al TikTok. También son juegos bobos y simples. Igual que nosotros, veo que los disfrutan. Mi Paty se acerca y me enseña un video de TikTok, ella prefiere los de animalitos; a veces son videos chistosos. Me conocés, como reconozco la diferencia entre humor y payasada, apenas sonrío, porque, la verdad, el TikTok está plagado de payasadas y tiene ausencia de humor. Todo está concentrado en el celular. Compartimos los juegos, pero falta esa cuerda que se comparte a la hora de saltarla, a la hora que dos la sostienen por sus extremos y le dan vueltas para que otros, en fila, pasen y salten, en medio de risas y gritos alegres. Los juegos sencillos que jugamos los niños comitecos de los años sesenta ya están en peligro de extinción. Fui niño cuidado, no jugué juegos extremos, me encantaba jugar el Toc toc y el Tic tac, juegos que no exigían un esfuerzo físico supremo o cualidades propias de Chanoc o de Kalimán. Como no existía el TikTok, los niños de entonces jugaban al Chepe Loco al Esconde Cincho o a subirse al carretón (abuelo de la avalancha) y se descolgaban desde lo alto de la bajada. José Luis cuenta que iban a Tinajab y alquilaban canoas para navegar en la Ciénega. ¿Podés creerlo? Ah, qué entretenimiento tan genial. Y cuando no tenían tiempo para ir a Tinajab alquilaban una bicicleta en “La casa del ciclista” y daban vueltas por las calles del pueblo. Nada de esto hice. A mí me gustaba jugar cosas sencillas. No tenía valor para lo demás. Debo confesar que soy un viejo con la bufanda de la nostalgia. ¡Sí! Extraño los simples juegos del Toc toc y del Tic Tac. Se me fue el tiempo en un tris tras. El mundo, con el rostro de lobo que siempre ha tenido pero que de niño no advertí, como en el cuento de la Caperucita Roja, me ofrece un mundo TikTok, lo hace con su malicia, con su hipócrita cara inocente. Procuro evitar la tentación, no cierro los ojos, pero sí camino lejos de su influjo. Sé que este mundo TikTok es el clásico canto de las sirenas. No me gusta este canto, es imposible atarse al poste, como lo hizo Odiseo, es imposible ponerse tapones en los oídos. La mercadotecnia es un pulpo incontenible. Por eso, la recomendación es caminar por la orillita, siguiendo el avance del mundo tecnológico, pero sin ser parte del flujo incontenible. Posdata: muchos amigos me dicen que esto sólo es el principio, que la revolución tecnológica reserva todavía muchas vías. Los poderosos seguirán extendiendo sus tentáculos hasta asfixiar al mundo. Por el momento nos dicen que debemos respirar al ritmo del TikTok, no sé cuál será el ritmo del futuro. ¡Tzatz Comitán!

viernes, 2 de diciembre de 2022

CARTA A MARIANA, CON FOTOGRAFÍAS

Querida Mariana: hoy todo mundo tiene cámara en el teléfono celular. En los años sesenta sólo los privilegiados tenían cámara fotográfica. En la avenida de San Juan de Letrán, en la Ciudad de México, había fotógrafos callejeros. Era un oficio singular. Ellos tomaban fotografías a todos los que caminaban por esa avenida. Era un registro constante. No existía el prurito de hoy donde hay gente que se molesta cuando les toman una fotografía. ¿Qué artista o figura pública puede controlar ese acecho? Pues, en esos años todo mundo, como si estuviera en una pasarela, era retratado. Como comprenderás, estos fotógrafos vivían de vender esas fotografías. Hasta la fecha no entiendo cómo funcionaba el negocio. Imaginá que vos ibas caminando por ahí y te tomaban una fotografía, vos seguías tu camino. ¿Cómo sabías que te habían tomado una fotografía y tiempo después estaría disponible? Imagino que al lado del fotógrafo había un compañero que entregaba tarjetitas explicando esto. Te tomamos una fotografía, querés conservar el recuerdo, acá la encontrarás. Estas tomas son un registro gráfico importante de la historia de México. Estoy casi seguro que en tu casa existe una de estas fotografías en un álbum. Yo, ingenuo provinciano, caminé por ahí un día en los años setenta. Iba bobeando, maravillado ante las vitrinas de los negocios, los carros, el mundo de gente que iba de un lado a otro cuando sentí una presencia que se fijaba en mí. Volví la mirada y me topé con el fotógrafo que capturó el instante donde caminaba por esa avenida anchísima, como jamás existió una en Comitán. Ahora le pregunté a mi mamá y dice que sí, que ella fue retratada en los años cincuenta, dice que esas fotografías se llamaban “instantáneas”, pero ella jura que la foto se la entregaron al instante, jura que vio cómo de la parte baja de la cámara salió la foto. ¿De verdad? Pues mi mamá lo asegura. A veces enredamos sueños. En el Internet dice que en esa década apareció la primera Polaroid en Estados Unidos, y ya te conté que acá en Comitán, a finales de los años sesenta, don Polo Torres me impresionó al tomar una fotografía que fue expulsada de una cámara, la foto la sacudió al aire y luego me llamó para que viera la impresión. ¡Magia!, pensé. No, era una cámara Polaroid de fotografías instantáneas. Era un día de campo en Los Lagos de Montebello. Es una leyenda urbana, pero algunos aseguran que en la avenida detrás de la Biblioteca Municipal había un fotógrafo callejero al que le decían el cieguito. ¡Cómo! No lo creo, pero un día necesité, de urgencia, una fotografía tamaño infantil para algún documento en la preparatoria y fui a que me tomara la foto. Me colocó contra la pared, tomó la foto, manipuló la placa y diez o quince minutos después tuve entre mis manos la fotografía tamaño infantil, toda húmeda. No, tal vez oímos mal, tal vez era el mudito. Sí, eso. Cómo un fotógrafo ciego. De Ripley. A veces, cuando veo un álbum de fotografías hago un ligero repaso a la historia de la fotografía. Es impresionante el avance que han tenido las cámaras. Mi papá me regaló la primera cámara que tuve, una muy sencilla; luego compré una (a dólar) en un supermercado de Bronswille, Texas; más tarde, tuve una (maravillosa) que era una cajita que me ponía en la panza, porque el visor estaba en la parte superior, era genial; luego tuve una profesional, que Quique hizo favor de comprarme en Canadá; y ahora, ahora, como todo mundo no profesional, utilizo la cámara del celular. Si la foto que le tomaron a mi mamá fue “instantánea”, ¿cómo debemos llamar a las que ahora tomamos para el archivo digital? Tardan uno o dos minutos para impresión, pero ahora tenemos la oportunidad de enviar una foto a cualquier parte del mundo a través de los chunches tecnológicos, ahora tomo una fotografía y, de inmediato, puedo enviarla a un amigo que está en Buenos Aires, Argentina. Esto es más que instantáneo. ¿Qué palabra puede emplearse? ¿Qué palabra puede inventarse para decir que es más que cachinflín? Posdata: vos no te sorprendés de estos tiempos. Los de mi generación no acabamos de cerrar la boca. Para los jóvenes esta revolución tecnológica es lo más común, para nosotros, que crecimos antes de estos avances, cada clic en la computadora nos abre una ventana indescriptible. ¡Tzatz Comitán!

jueves, 1 de diciembre de 2022

CARTA A MARIANA, CON PALABRAS QUE CABEN EN CUALQUIER HORIZONTE

Querida Mariana: las palabras son juguetonas. Por ahí, el poeta Octavio Paz tiene un poema maravilloso que se llama “Las palabras”, ¿recordás cómo inicia? Dales la vuelta, cógelas del rabo (chillen, putas), azótalas… Travieso juguetón, el tal Octavio. El poeta sugería que a las palabras debemos darles la vuelta, cogerlas del rabo, azotarlas y otras linduras. Se trata de jugar con ellas, de no temerles, de hacerse compas, de invitarlas a saltar la cuerda, de aventarse del tobogán más alto, de volar con ellas. Vos y yo somos amantes de las palabras. Cuando leemos un poema o un cuento o una novela descubrimos, emocionados, el brillo de cada uno y nos preguntamos cómo es posible que un poeta alcance tal altura al colocar palabras simples y comunes en un orden tan perfecto. A mí me encanta cuando un experto gastrónomo dice que hay un maridaje entre un vino y un platillo; es decir, que el menú ofrecido alcanza sabores indecibles cuando es acompañado con cierto tipo de vino, no todo se lleva con todo. Vos y yo nos llevamos bien, porque nuestros espíritus hacen buen maridaje, somos encuache. El otro día hallé que hay un tipo de palabras que se llaman “epicenas”. Pucha, de inmediato pensé en el personaje de Derbez: “Así como hay palabra epicena, ¿hay palabra epidesayuno?” Sustantivo epiceno, qué simpático nombre. Y ya miré que la palabra epicena es la que se aplica sin distingo a lo femenino como a lo masculino, digo, es la palabra que no admite el encono de las feministas que insisten en volver un tachilgüil el lenguaje, colocando a la palabra todos una e estéril al final. ¿Ejemplo de palabra epicena? ¡Poeta! Ah, qué bendición. Podemos decir que un poema fue escrito por la poeta o por el poeta. ¡Qué palabra tan bonita es la palabra epicena! Rosario Castellanos, nuestra Rosario, le gustaba decir que era poetisa. ¿Te gusta la palabra poetisa? Ese término se aplica exclusivamente a la mujer que es poeta. No hay poetisos, y ¡qué bueno!, porque la palabrita no es muy afortunada. No sé qué pensés vos, pero a mí no me gustaría decir que mi amiga Marvey es poetisa, ¡no!, prefiero decir que es poeta. La palabra poeta no se confunde con otra, es una trisílaba perfecta: po e ta; en cambio, la otra, también es trisílaba, pero se presta a confusión: poe ti sa. Pronunciala. ¿A poco no la primera sílaba suena enredada? Ese “poe” junto tiene como una piedrita sonora. La po e ta escribe po e mas. ¿Qué escribe la poetisa? Entiendo que Rosario empleaba el término poetisa para decir que las poetas tenían su propio nombre. Era feminista a ultranza. Por fortuna, digo yo, nunca pensó en escribir “poete” para hacer lenguaje inclusivo. Se vale usar términos propios. Así como hay actor existe la actriz; aunque por ahí existe la palabra artista que engloba a todo mundo. Lo que diré es una bobera, pero la palabra epicena es maravillosamente inclusiva: poeta, cantante, artista, estudiante, pianista, sastre, incluye a todo mundo. La diferencia está en el uso del artículo el o la. Si digo: Rosario Castellanos fue una gran poeta, resulta lo mismo si digo: Rosario Castellanos fue una gran poetisa. Y, disculpame, a mí, tal vez sólo a mí, me suena más linda la primera expresión. Poetisa, es una palabra un poco agresiva, como con clavos. Y si quiero ponerme cursi digo que la poeta debería usar términos más poéticos. Posdata: Rosario Castellanos y Octavio Paz fueron grandes poetas. ¿Ofendo a alguno de los dos al usar la palabra poeta para ambos? Pienso que no. Si le hago caso a la Rosario debería decir: Rosario Castellanos fue una gran poetisa y Octavio Paz fue un gran poeta. ¡Ay, señor! Más gastadero de saliva. ¡Tzatz Comitán!

miércoles, 30 de noviembre de 2022

CARTA A MARIANA, CON GALERÍA DE TRIUNFADORES

Querida Mariana: Maximiliano estará en el Senado. Ah, qué maravilla. Tal vez no lo escribí bien, porque una vez Romeo me dijo que había estado en Bellas Artes y luego supe que se había tomado una selfie en la entrada. Tal vez debí escribir: Maximiliano tocará en el Senado. Parece que volví a regarla, porque cualquiera puede tocar la puerta de cristal del Senado. A ver, para ser más precisos basta copiar lo que está escrito en la etiqueta: Maximiliano ofrecerá el recital de piano “Despidiendo otoño”. Parece que queda más claro, y esto da idea de la grandeza del acto: Maximiliano Domínguez Mayorga ofrecerá un recital de piano en el Senado de la República. ¡Ay, papá, qué privilegio! ¿Conocés a Maximiliano? Sí, porque recuerdo que algo me comentaste cuando publicamos una entrevista con él, en la revista Arenilla. Es un joven talentoso. A mí me da mucho gusto la noticia. En los últimos tiempos, el senador comiteco Eduardo Ramírez ha realizado una serie de actos donde invita a paisanos a presentarse en el Senado de la República. Debo reconocer que si no fuese por esas iniciativas, apoyadas por personas cercanas, nuestros paisanos no habrían llegado a ese recinto de la patria. Un día, el gran pintor comiteco Mario Pinto Pérez montó una exposición de acuarelas; otra mañana, el gran deportista comiteco Cuauhtémoc Alcázar Cancino recibió un reconocimiento por su trayectoria; de igual manera, el gran médico comiteco Joaquín Ramírez Aguilar obtuvo una distinción por su trayectoria humanista; y ahora, el joven artista comiteco Maximiliano Domínguez Mayorga ofrecerá un recital. Esto es muestra fehaciente de la calidad de la melcocha comiteca. ¿En dónde tocará Maximiliano? Ah, mirá en qué lugar: en el auditorio Octavio Paz, del Senado de la República. ¡Nadita! El espacio lleva el nombre del único poeta mexicano que, hasta la fecha, fue merecedor del Premio Nobel de Literatura. A mí, lo sabés, me encanta leer ensayos de Octavio Paz. Todo mundo reconoce que fue uno de los intelectuales más ilustres de este país y de lugares circunvecinos. Asimismo, me fascina el poema brevísimo que se llama La rama, ¿lo recordás? Canta en la punta del pino un pájaro detenido, trémulo, sobre su trino. Se yergue, flecha, en la rama, se desvanece entre alas y en música se derrama. El pájaro es una astilla que canta y se quema viva en una nota amarilla. Alzo los ojos: no hay nada. Silencio sobre la rama, sobre la rama quebrada. Hoy, más que nunca, la voz de Octavio Paz puedo relacionarla con la música de Maximiliano. Mi querido Temo Alcázar, cuando supo que sería reconocido en el Senado, escribió en redes sociales: “Voy por la grande”, Maximiliano, jovencísimo, ya es un pájaro sobre una rama, una rama del enormísimo árbol del arte, de la vida suprema. Posdata: cada que me despido de vos digo: ¡Tzatz Comitán!, que significa ¡Fuerza Comitán! Hoy, con emoción, digo: ¡Tzatz, Maximiliano!, por siempre, para siempre.

martes, 29 de noviembre de 2022

TIEMPO QUE ES MÁS QUE EL ORO

A veces divido el mundo en dos. Ayer lo dividí en: mujeres que invierten tiempo en la Casa de Bolsa, y mujeres que se embolsan el tiempo de los otros. La mujer que invierte tiempo en la Casa de Bolsa es experta en valores. Reconoce cuándo es tiempo de siembra y cuándo el tiempo de recoger los frutos. Si el dicho recomienda “vigilar los centavos, porque los pesos se cuidan solos”, ella sugiere ser cuidadoso de los segundos, ya que así los minutos no se malgastan. La vida, como construcción fastuosa, debe hacerse ladrillo por ladrillo, segundo por segundo. Su principal objetivo no es acumular tiempo, la inversión no es para duplicar el tesoro, sino para reforzar su valor. No le gusta especular con el tiempo, como sí especulan las empresas con el billete verde. Ella vive con el lema genial que dice: “time is money” y este dinero es un legado intangible, la principal herencia. Como ya advirtió el lector inteligente, su tiempo lo invierte en forma regular y permanente, como si fuera farmacia en turno, invierte el tiempo las veinticuatro horas del día, hasta que el propio tiempo le dice: “¡ya, basta, te llegó la hora!”, que es una frase boba, porque a todo mundo le llega la hora en un segundo, no en una hora. La hora restalla en un instante con la misma intensidad del Big bang, sólo que en proceso inverso. El hombre sabio dice que “el tiempo perdido los sabios lo lloran”, pero nadie ha dicho que los hombres exitosos son quienes se dedican a buscar ese tiempo extraviado. Cuando estos gambusinos geniales encuentran tiempo tirado lo limpian, lo pulen y lo echan a volar por sus cielos. Estas crías de tiempo anidan en lo más alto de la montaña y se convierten en águilas que hacen más grande la leyenda. El tiempo perdido, que es hallado en el templo, tiene la liviandad del vuelo y la solidez de la roca; los gambusinos usan esta sustancia temporal, como alquimistas, para convertirla en oro. La mujer que invierte tiempo en la Casa de Bolsa sabe que no hay un ser humano que no dependa de él, es un valor inmutable que no admite réplica. Ella, por supuesto, ama los objetos que miden el tiempo: los relojes electrónicos y de arena; los relojes de pulso y los de pared, los relojes con engranes de tela y los que tienen maquinarias diseñadas en lo profundo de la cueva. Prefiere los relojes analógicos, porque son abuelos de alcurnia que siempre recomiendan darles cuerda, como un recordatorio que en la vida, cualquier acto, necesita de la cuerda. Dar cuerda al salto para que se diviertan las niñas, dar cuerda al ánimo para que se sostenga en la línea, dar cuerda al trompo, a la vecina que es gatita en celo. Si el sabio dijo que le bastaba un punto de apoyo para mover el mundo, ella sabe que basta un costal de segundos para caminar por el callejón del asombro, por el mercado de los milagros, por las canchas eternas, por las pistas de baile. A veces divido el mundo en dos. Mañana lo dividiré en: mujeres que comen cacahuates, y mujeres que simplemente comen huates.

domingo, 27 de noviembre de 2022

EL DESTINO SOBRE UNA HOJA AL AIRE

A veces divido el mundo en dos. Ayer lo dividí en: mujeres que saben reconocer la luz de la piedra, y mujeres que leen horóscopos. La mujer lectora de horóscopos es como una vidente que juega con el destino y lanza las cartas del zodiaco como si fuera tarot. Su bola mágica no es de cristal, es de piel y de carne. La lectura del futuro de cada día lo hace en el cuerpo del amado. Es sorprendente ver cómo ella, que dejó de ser Virgo hace mucho tiempo, descubre a Aries y Tauro en la entrepierna. Piscis y Acuario se regodean en los brazos y manos de él. Desde que ella se dio cuenta de su vocación mandó a Cáncer y a Leo al cuarto de los trebejos, lugar donde deberían reposar todas las miserias del mundo. En la azotea de su cuerpo, donde recibe el sol de madrugada, sobre un pedestal, ha colocado a Géminis, porque sabe que el destino del ser humano es la imagen de los gemelos. Ella dice que cuando la humanidad logre armonizar el Doctor Jekyll con el Míster Hyde que todos llevamos dentro, ese día el mundo será una alfombra de nubes, un caramelo de miel, una huella sin arrugas ni lamentos. Ella lee el horóscopo porque le gusta caminar sendas inciertas. Siempre que lee el destino de Libra o de Sagitario elimina los árboles del bosque y los convierte en un valle sin impedimentos. Si algún miserable le pide conocer su horóscopo del día, ella, como si fuera la doctora corazón, pinta de rosa cada palabra hasta convertir el mensaje en una puerta azul con espíritu violeta. En sus manos el destino del universo tiene un rostro de muñeca de Sololoy. Si el horóscopo señala que el día tendrá una grieta, ella lo edulcora y dice que el día será como la túnica de María Magdalena: llena de espinas tenues que se quiebran al conjuro de la palabra más dulce. Los agnósticos y los ignorantes no saben que ella es dueña de la palabra, porque el horóscopo no es más que el futuro escrito sobre una nube o sobre una piedra. Ella asegura que su vocación es nieta del acto que realizó Moisés al recibir las tablas con los diez mandamientos, ahí quedó asegurado el destino del mundo católico. La gran pasión de su vida han sido las imágenes del zodiaco. Desde niña jugaba con ellas, las pegaba sobre pedazos de cartulina y las pegaba en las paredes de su habitación, por las noches se iluminaban como estrellas y platicaban entre sí. Ah, cómo disfrutaba a la hora que Sagitario se montaba sobre Virgo y cabalgaban por la estepa. Hoy, las imágenes del zodiaco están tatuadas en su cuerpo y en su alma. Su juego favorito es cuando el amado trata de adivinar en qué parte del cuerpo tiene tatuado el signo de Capricornio. Todos sus amantes han descubierto que la ruta de Géminis conduce a sus nalgas, cada uno de los gemelos brinca sobre un cachete rosado, pulido, luminoso. A veces divido el mundo en dos. Mañana lo dividiré en: mujeres que cambian el rumbo, y mujeres que juegan tenis sobre las camas. ¡Tzatz Comitán!

sábado, 26 de noviembre de 2022

CARTA A MARIANA, CON UN RECADO

Querida Mariana: cuando murió Rosario Castellanos, Jaime Sabines le mandó un recado. Ahora todo mundo puede leer lo que Jaime le dijo a Rosario. Triste y enojado, el poeta le dijo tonta a su amiga. Jaime no le escribió un poema, le escribió un recado. Por eso Jaime es grande, porque supo que un recado es menos pedante que un poema, un recado es más de amigos. No faltan las personas que se sienten muy importantes cuando un poeta les dedica un poema. Estas personas son muy creídas, como decimos en Comitán. Un recado es algo de más confianza, más íntimo, más cariñoso. En mis tiempos infantiles, en tiempos donde creíamos que la lámpara maravillosa hacía prodigios, los niños enviaban recados a las niñas y éstas, cuando miraban con afecto a los escribidores, respondían también con recados, escritos de puño y letra. Todo mundo se enviaba recados, papelitos que eran conservados adentro de cajitas, donde estaban las flores secas. Jaime escribió el recado a Rosario de su puño y letra. Jaime usaba libretas para escribir sus poemas. No escribió muchos recados, por eso, el que envió a Rosario es muy apreciado. A mí me gusta mucho la palabra recado. En Comitán, antes, muchas personas enviaban recados y, fieles a nuestra costumbre, también enviábamos recaditos. ¿Vos recibiste recaditos? Alfonso, quien siempre ha sido un chico listo y aventado, copiaba poemas de grandes autores, los pasaba a mano en un papelito y se los daba a la chica que le gustaba. En más de una ocasión vi a la chica orgullosa y escuché que agradecía el honor, porque, a pesar que la chica no era lectora de poesía se sintió muy bien al saber que ella era el motivo de inspiración. Si hubiese sabido la realidad, no sé qué habría pensado. Lo que hacía Alfonso en la adolescencia no era cosa infrecuente, era lo más común del mundo. Muchos chavos eran simples copiones de poemas de amor, viles profanadores del derecho de autor. Ah, pero las chicas también tenían sus recursos. Circulaba un libro que traía modelos de cartas. Las chicas copiaban el texto y sólo agregaban el nombre del chico en la mira. El chico, enamorado, se desparramaba sobre las nubes al leer esos mensajes apasionados. Vivíamos en un mundo de ficción, donde la chica creía que era la musa y el chico pensaba que la chica había escrito algo salido de su corazón. Pero, digo que eran papelitos, porque la revolución tecnológica era algo inadvertido, nunca imaginado. Sabines, de niño, sin duda, mandó recaditos a alguna tuxtlequita que le gustaba, o ya luego, cuando atendió la tienda de telas, mandó recados a clientes o a proveedores. Los papeles andaban de un lado a otro, en ocasiones se entregaba en mano del destinatario, pero en ocasiones eran enviados a través de lo que acá en Comitán se llamaba “un propio”; es decir, un tercero que hacía la chamba de mensajero. Me tocó en mi época de estudiante llevar un recadito a un amigo. Pasé a saludar a la mamá y aventé el clásico: “doña Tonita, mañana viajo a México, ¿algún encargo para Ramón?”. Sí, dijo ella, esperame tantito. Como atendía a una señora en su tienda, tomó un pedazo de papel, garrapateó algunas líneas con un lápiz, me lo extendió y dijo: “hacé favor de llevarle este recado”. Lo doblé y lo guardé en la bolsa de mi camisa. ¿Hoy? No, ¡qué risa! Hoy, todo mundo toma el celular y envía un mensaje inmediato, con foto incluida. Hay un libro que escribió Pilar Jiménez Trejo que se llama “Jaime Sabines, apuntes para una biografía”. En la portada puntualiza que las fotografías son del archivo de la familia Sabines Rodríguez. Es un documento maravilloso, porque nos permite a los lectores entrar a la intimidad del poeta. En las páginas 170 y 171 hay dos documentos. El de la página par es foto de una carta que Sabines le escribió a su adorada Chepita, en 1950; y el otro documento es un fragmento del poema famosísimo “Los amorosos”. Alfonso copió más de una vez este poema para darlo a una chica: “…los amorosos juegan a coger el agua, a tatuar el humo…” Ah, qué líneas tan bonitas. Andrés, que era un malcriado, bromeaba y decía que el Alfonso era un depravado, porque remarcaba las palabras iniciales y escribía la continuación con tinta endeble: “LOS AMOROSOS JUEGAN A COGER el agua, a tatuar el humo”. ¿Recordás el famoso y críptico cuento breve, brevísimo de Tito Monterroso, el de El dinosaurio? “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí” Un día, en Campeche, estuve en un encuentro literario donde estaban Tito y su esposa Bárbara Jacobs. Cuando Tito intervino respondió a la pregunta obligada y dijo que lograr tal concisión le había demandado mucho trabajo y mucho tiempo, había hecho muchas correcciones al texto hasta dejarlo como ahora existe. ¿De verdad? A mí me pareció que le echaba más crema de la necesaria a sus tacos. A mí, más que el dinosaurio, me gusta más el Testamento de Sabines. ¿Lo conocés? En la página 410 del libro citado aparece escrito de puño y letra de Jaime: “Testamento. A mis seres queridos / les dejo la vida”. Me gusta más porque es menos oscuro, menos misterioso. Sabines tradujo a palabras claras y sencillas lo que el tío Amandito hizo con sus hijos, allá en Sinaloa. Ya en su lecho de muerte, rodeado de todos ellos, con la voz cansada, pidió a uno de sus hijos que escribiera su última voluntad y llevara el recado con el notario. El hijo tomó una libreta, una pluma y esperó que dictara el padre. El moribundo se inclinó hacia un lado y dictó: “Es mi voluntad dejar a mis hijos lo siguiente…”, se hizo un silencio que pareció interminable, todos acercaron sus sillas y se acercaron más al padre. Como si le llegara una idea de muy lejos, preguntó: “¿qué falta para arreglar mi tumba?” ¡Nada!, respondieron todos. “Ah, bueno” e inclinó la cabeza y dejó de respirar. Los hijos se vieron, el viejo no había dicho qué les dejaba. Días después el notario notificó que el papá había hecho su testamento con anterioridad, cuando le dieron lectura, los hijos se enteraron que, en efecto, les había dejado ¡nada!, todos sus bienes los legó a un asilo de ancianos. Sabines, al dejar la vida, les dejó la vida. El libro de Pilar dice que son “apuntes para una biografía”. Hoy veo a muchos alumnos universitarios que toman sus apuntes escolares en una computadora personal, incluso hay algunos que sólo “apuntan” con su cámara del celular y toman fotografías a lo que el maestro escribió en el pizarrón. En mis tiempos universitarios los apuntes los hacíamos en libretas. El papel y el lápiz, o pluma, eran suficientes elementos para tomar apuntes o para enviar recados. Sabines, así se ve en este libro, escribía sus poemas con una pluma y un papel. El texto del Testamento le salió como una línea de luz, sin titubeos, sin borrones. Tito Monterroso dice que le dio mil vueltas a su famoso cuento. Sabines escribió su texto poético de un solo impulso. Su letra manuscrita era clara, no tenía las oscuridades de la letra de Rosario, que era incomprensible por enredada. Sabines corregía poco. Tal vez era como Mozart al escuchar la música que escribía, como si fuera un dictado divino. Tal vez por esto, un lector atento encuentra deficiencias en la redacción de sus poemas, le gustaba dejar las imperfecciones, siempre privilegió la sonoridad, el trueno, la lluvia de las palabras. A veces, en talleres literarios, hacen ejercicios de escribir cuentos breves, como el que escribió Tito, o poemas brevísimos, como el que escribió Sabines. Posdata: varios poetas han escrito sus testamentos. El poeta Eliseo Diego nos dejó “el tiempo”, nuestro paisano nos dejó “la vida”, y digo que nos dejó esta esencia, porque nosotros, sus lectores, formamos parte de sus seres queridos. ¿Mirás qué generosos los poetas? Nos han heredado el tiempo y la vida. ¿Para qué ambicionar más? Cuando Rosario murió, Jaime le escribió un recado, le envió un papelito, un papelito que jamás llegó a manos de la destinataria. Jaime lo escribió para sacar su tristeza, su dolor, su coraje por una muerte tan absurda, tan simple, tan de rancia galleta de animalitos.

viernes, 25 de noviembre de 2022

CARTA A MARIANA, CON PARQUES LLENOS DE FLORES

Querida Mariana: leí lo de las clasificaciones cinematográficas y me seguí de largo, con las crónicas escritas por doña Tony Carboney, ah, qué datos tan importantes para nuestra identidad. Ya sabemos que las calles de nuestra ciudad tuvieron nombres de flores, en algún momento. Doña Tony explica que el bautizo de las calles con nombres de flores fue uno de los actos conmemorativos del Primer Centenario de la Independencia de México. Maravilloso. Sucede que en el mes de septiembre de 1910, las autoridades y el pueblo celebraron esa fecha histórica, con una serie de actos relevantes. Hubo una Junta Patriótica, presidida por don Zacarías Gordillo, que organizó un guateque de once días, comenzó el día 6 y concluyó el día 20 de septiembre. El día 17 de septiembre de 1910 fue lo del bautizo de calles. Mirá qué escribió doña Tony: “Inauguración de la nueva nomenclatura floral de la ciudad, que se designan las avenidas con nombres de flores en plural y las calles en singular, a partir del eje central que divide la ciudad en dos secciones. El gobernador don Flavio Vera decretó que a partir de esa fecha nuestra ciudad se llamara Comitán de Las Flores…” Dos o tres cosas llaman mi atención. La primera: he escuchado que muchos comitecos dicen que el nombre de Comitán de las Flores se debe a una galantería de don Flavio, pero acá se consigna que el gobernador decretó que así se llamara y, entiendo, un decreto se respeta. Los historiadores que hacen la relación de diversos nombres que tuvo nuestra ciudad no colocan en forma oficial el de Comitán de Las Flores. ¿Por qué? A continuación, veo que los comitecos de aquel año eran bien abusados, distinguieron calles y avenidas nombrando a las primeras con el nombre de una flor en singular: calle rosa, calle azucena; y las avenidas llevaron el nombre en plural: avenida de los laureles, avenida de Las Magnolias. ¿Existirá en algún lugar el plano con esos nombres? Ah, conocer eso sería encantador. Alguien propuso hace tiempo recuperar esa nomenclatura, colocar debajo de los nombres actuales el agregado con el nombre de la flor, porque el llamado himno de los comitecos, la canción Comitán, habla, precisamente, de Comitán de las flores, donde están mis amores. Sabemos que para efectos oficiales usamos el nombre oficial de Comitán de Domínguez, pero, la verdad, es que todo mundo dice sencillamente Comitán y cuando cantamos la famosa canción pues le agregamos el de Las Flores, que todo mundo dice que se debe a la belleza de sus jardines y de sus mujeres. Las comitecas son las flores que adornan el jardín, aunque algunas huelen a mosqueta, que dicen no es un aroma agradable. En esta crónica, doña Tony dice que el parque de San Sebastián cambió su nombre también en esta serie de actos, el día 19 de septiembre de 1910 cambió su nombre por el que tiene actualmente, de “La corregidora”, ese día también se inauguró el busto de doña Josefa Ortiz de Domínguez. Todo muy bonito, todo muy patriota, pero, si somos honestos y objetivos, decimos que nadie, salvo los oficialistas dicen parque de La Corregidora, todo mundo lo llama parque de San Sebastián o, más en confianza, parque de San Sebas, los malcriados dicen: San Sobas. ¿Quién dice parque de La independencia? Todo mundo dice parque de Guadalupe. ¿Alguien dice parque Benito Juárez? Pocos, la mayoría dice parque central. Bueno, vemos que los héroes no hacen verano en espacios públicos. Bueno, ni siquiera en las escuelas, acá estudiamos en la Benito, en la Matías, en la Belisario, en la Mariano, en la Josefina. Pucha, qué confianzudos, dirán los otros; nosotros sabemos que es cercanía, afecto. Lo han dicho mil veces, acá el máximo héroe civil no es Belisario Domínguez Palencia, acá es tío Belis, con cariño, con cercanía. Posdata: ah, maravillosa labor de doña Tony. Que el pueblo se lo reconozca. ¡Tzatz Comitán!

jueves, 24 de noviembre de 2022

CARTA A MARIANA, CON BOCETOS DE VIDA

Querida Mariana: una de estas mañanas estuve en el parque central. Caminé cerca de la fuente y miré algo que me llenó de vida: un grupo de muchachos dibujando la fachada del templo de Santo Domingo. Un alud de recuerdos se me vino encima, sin agobio, al contrario, con emoción. El recuerdo me bañó en luz. Recordé cuando en el año 79 andaba, con los amigos de arquitectura de la UVM, haciendo bocetos en una calle del tradicional barrio de Coyoacán (alcaldía, actualmente). Como estuve, estaban estos chicos, sentados en las gradas, trazando con lápiz sobre las libretas de dibujo. Me acerqué y supe que son estudiantes del primer cuatrimestre de arquitectura, de la UVG, y el docente es mi amigo el maestro Diego Gómez Aranda. Saludé al arquitecto Gómez, me explicó que esos treinta y tantos muchachos conforman uno de los dos grupos que estudian en la universidad. Digo que me emocioné, porque algo en mi interior me dice que la arquitectura es uno de mis amores extraviados. No terminé la carrera. Un día, haciendo caso a la sabiduría popular que siempre dice que uno debe ser arquitecto de su propio destino, decidí hacer no sólo edificios sobre la tierra, sino hacer una gran construcción en el aire. Me convertí en un urbanista de la imaginación y creo una ciudad con cimientos hechos con palabras. Mi obra está hecha con muchas avenidas, grandes plazas, enormes templos, muchas bibliotecas, jardines llenos de colibríes, donde caminan miles y miles de personas, personajes. Pero, en el fondo, extraño esa actividad maravillosa de crear bocetos para edificar construcciones con piedras y ladrillos, a veces, me hace falta el sustento de la mezcla real, del andamio, del teodolito. Mi mundo está lleno de nubes. Después que platiqué con el maestro Gómez Aranda me topé con Itali Guillén, alumna del primero B, de arquitectura, que aparece en la foto que anexo. Ah, vi la emoción en su rostro, me platicó que su papá es ingeniero, que su hermano estudia lo mismo y que ella domina el autocad y está decidida a ser una gran arquitecta; que le emociona la arquitectura tradicional del pueblo y que, así lo pensé, al hacer este ejercicio de dibujo reconoce los detalles de las construcciones. Es un ejercicio importante en la vida: pararse frente a un edificio y admirar los balcones, las ventanas, los rostros que se asoman en el zaguán, los sonidos que llegan desde el sitio, las historias que están impresas en las paredes; es bueno pararse frente al espejo y ver las aristas que forman nuestros cuerpos y los hilos que bordan nuestros espíritus. A la hora que Itali me contó sus sueños sentí que estaba parado frente a un espejo. Ella inicia esta aventura espectacular, semejante a la aventura que emprenden los que ascienden al Everest. Ella llegará a la cima, será una triunfadora en esta profesión maravillosa. ¿Ya miraste qué tiene entre las manos? Es un dibujo que hizo del Museo Guggenheim, en Bilbao, obra del arquitecto Frank Gehry. Me encantó el trabajo de mi amigo Gómez Aranda. No sólo hace que suelten la mano haciendo reproducciones de reconocidas obras arquitectónicas del mundo, sino también del pueblo, al aire libre, frente al objeto. No sé si Itali ya se echó un viajecito virtual o presencial a los grandes museos del mundo; no sé si ya caminó por el interior, si absorbió la luz que se filtra en los ventanales y que se detiene ante las obras artísticas. Ayer busqué en el Internet y vi que el Guggenheim español cumple 25 años y su lema es “El arte inspira futuro”. Me encantó el lema, lo amarré al barco de la clase de estos muchachos y pensé que esa actividad inspira futuro, el futuro promisorio de nuestros muchachos y de nuestra ciudad. Posdata: Itali será arquitecta, conseguirá su sueño, lo advertí en su mirada decidida. Uno reconoce a los grandes viajeros, a los que colocan el piolet sin dudar y comienzan el ascenso. Recordé que, con mis compañeros de la gloriosa UVM, no sólo hicimos bocetos en Coyoacán, un día también hice un boceto del Museo de Arte Moderno, el maravilloso recinto que está en Chapultepec, en esa ocasión me acompañó mi amiga Rocío Franco, quien era estudiante de bachillerato en el Tecnológico de Monterrey y escribía cuentos. En ese tiempo la gaceta de su institución le había publicado un textito donde contaba la historia de un gatito. No cumplí mi sueño de ser arquitecto, decidí ser un urbanista de la palabra. Como Itali y sus compañeros, cada mañana me siento en las gradas y hago bocetos de mi ciudad imaginada, la que comparto con vos. ¡Tzatz Comitán!

lunes, 21 de noviembre de 2022

CARTA A MARIANA, CON OTRO LIBRO PRODIGIOSO

Querida Mariana: quienes siembran ¡cosechan! Las mujeres y los hombres buenos de Comitán han sembrado desde siempre, por eso Comitán cosecha frutos abundantes; Óscar Bonifaz ha sembrado desde siempre, por eso cosecha cariños, afectos, admiración, reconocimiento. El 19 de noviembre de 2022 presentaron una reedición de su libro: “Arcaísmos, regionalismos y modismos de Comitán, Chiapas”. Los comentaristas fueron personajes ilustres: Juan Carlos Gómez Aranda, Mario Escobar, Fabián Nezahualcóyotl y Diego Greene. En la invitación, los organizadores transcribieron unas palabras escritas por Rosario Castellanos: “El habla de un pueblo nos da, además de un índice de su forma actual de vida, una gráfica de estados de ánimo colectivos, de ambiciones, de recuerdos, de propósitos”. Óscar Bonifaz tiene varias ramas que lo hermanan con Rosario: ambos nacieron en Comitán, en el año 1925 y son poetas. El principal hermanamiento se da a través de la palabra, una palabra que es local y universal. Bonifaz y Castellanos retoman aspectos del pueblo, de la región, y nos narran en novelas trascendentales. Castellanos ya logró el reconocimiento unánime de toda la patria y más allá de las fronteras; Bonifaz sigue expandiendo el aire de su palabra, una palabra que es muy cercana a la voz del pueblo, muy cercana al voseo y a las diversas inflexiones de nuestro lenguaje. Ya lo dijo Rosario: “el habla de un pueblo nos da (…) estados de ánimo colectivos, ambiciones, recuerdos, propósitos”. Dentro de la vasta obra literaria de Bonifaz, que abarca ensayos, novelas, cuentos, poemas y teatro, el libro que presentaron la noche del 19 de noviembre es un libro entrañable. El propio Bonifaz reconoce que es el libro que más reediciones ha tenido. Es un libro buscado. La primera edición fue impresa en el año 1976, por la recién inaugurada Universidad Autónoma de Chiapas (ya hemos comentado, niña mía, que al editor se le fueron las patas pues pensó que la ene de la UNACH significaba nacional y así apareció que el libro fue publicado por la Universidad Nacional Autónoma de Chiapas. Algún amigo me platicó que el hecho de agregar la ene a las siglas de la universidad chiapaneca obedeció a diferenciarla con otra institución que se llama UACH. No lo sé). A partir de ese año, muchas reediciones se han realizado, todas se agotan, a pesar de que es un libro inagotable. Y es inagotable, porque al hablante de este tiempo le sigue llamando la atención constatar el brillo de esas palabras que, con dedicación, Bonifaz fue pepenando en todos los caminos. Hoy, gracias a esa labor de gambusino, esos modismos, arcaísmos y regionalismos siguen vivos. Basta tomar el libro de Bonifaz para encontrar sonidos que son escasos, pero que siguen teniendo el brillo inmanente del tesoro. Rosario le atinó, el lector encuentra estados de ánimo colectivos, porque un término se impone cuando es usado por la mayoría de una comunidad. Las palabras que contiene el libro de Bonifaz fueron de uso extendido en los años cincuenta, cuando nuestro lenguaje aún no recibía las nuevas tendencias que se emplean en otras regiones del país. En el habla popular quedaron impregnados esos arcaísmos que, lejos de sonar rancios o putrefactos, poseen la pátina del oro antiguo, de la pieza en bronce. Los comitecos nos sentimos orgullosos de nuestro lenguaje, de nuestro modo de hablar. Bonifaz, gracias a este libro, cimentó ese orgullo. Cuando la semilla es fértil y se siembra en tierra buena, la cosecha es abundante. Comitán sigue cosechando frutos admirables. Los continuadores de la obra ahí están: Juan Carlos Gómez Aranda, Mario Escobar, Fabián Nezahualcóyotl y Diego Greene fueron elegidos para hacer comentarios, porque el habla comiteca sigue creciendo en sus patios. Los editores cumplen con la patria, siguen difundiendo el legado de Bonifaz y las voces jóvenes son como auténticos cenzontles que cantan la lengua comiteca por todos los cielos. Posdata: Dadme a elegir un libro de Castellanos y elijo “Balún Canán”; dadme a elegir un libro de Bonifaz y elijo el libro que presentaron en el Teatro de la Ciudad. Me los llevo a la isla solitaria, ahí, entre las manos, llevo una parte singularísima de nuestro pueblo. ¡Tzatz Comitán!

domingo, 20 de noviembre de 2022

CARTA A MARIANA, CON UN PREMIO NACIONAL DE LAS ARTES

Querida Mariana: un día, hace años, tuve entre mis manos el libro “Trabajo ilegal”, de Óscar Oliva. Ese día, nublado, con una taza de chocolate en la mesa, abrí el libro del poeta y leí, como si fuera una mariposa, el inicio de un poema: “De Tuxtla a la Ciudad de México / hay más de mil kilómetros de distancia /más de un millón de metros / más de cien millones de centímetros…” Ese día conocí al poeta Oliva; ese día comencé a recorrer sus caminos, un territorio lleno de nubes y de piedras. Un día, hace años, estuve con Oliva en Zacatecas, estuve al lado de él, de su esposa: Sonia Quiñones y del poeta Mario Nandayapa. Ese día, los acompañantes fuimos testigos del acto donde el poeta mayor de Chiapas recibió el Premio Internacional de Poesía Ramón López Velarde 2013. Ese día dijo que deseaba “tener en cuenta y tratar de manejar las nuevas tecnologías que están transformando el viejo oficio del arte de la poesía” Ese día reconocí lo que en una ocasión había dicho en su taller de poesía, en el edificio Maciel: los poetas deben leer todo, conocer de todo: de arte, de oficios, de sicología, de astronomía, de cocina. Ese día entendí que la obra excelsa está hecha de los grandes retazos de la vida. La existencia es sencilla y compleja, es como un sencillo árbol que tiene muchas hojas, muchas hormigas, muchos nidos, muchos pájaros. La existencia es un árbol maravilloso. En este mundo hay personas que siembran y personas que talan. Uno de los grandes sembradores es Oliva. Desde siempre, el hombre que se llama Óscar honra a su apellido. Mi papá, buen sembrador de sencillas plantas, tomaba todas las mañanas una copa de aceite de oliva. Sé que, parafraseando al poeta Sabines, “la poesía de Oliva se puede tomar a cucharadas”, mi papá me enseñó que debe tomarse cada mañana, con unas gotas de limón y una pizca de sal, en una copita tequilera. Un día, hace años conocí a Oliva, comencé a tomarlo, por las mañanas, a veces en ayunas, para que haga bien al espíritu. Hace años estuve al lado de Oliva, en su taller del Maciel, y, años después en el patio central de un edificio en Zacatecas. En 2013 estuve más cerca que nunca y pensé que, de Chiapas a Zacatecas “hay más de mil kilómetros de distancia”, no obstante, ahí estábamos platicando el poeta mayor y el arenillero. En esa ocasión me permitió grabar la plática y a mi retorno a Comitán la publicamos en la gaceta Kujchil, publicación del Honorable Ayuntamiento, en la administración de mi querido licenciado Luis Ignacio Avendaño Bermúdez. Un día, hace años, tuve entre mis manos y en medio de mi espíritu un libro de Óscar Oliva. Lo abrí como se abre una ventana y el aire entró, un aire novedoso, infinito. Ese día de hace años comencé un viaje iniciático que no termina, que es una piedra que, como agua, se dirige al mar y humedece todas las orillas. Igual que mi papá, todas las mañanas tomo una copa de aceite de oliva, lo hago para honrar su nombre, como ablución bendita. Como no lo hizo mi papá, no sólo tomo aceite de oliva en una copa tequilera, le agrego la lectura de un poema de Óscar, lo hago, también, para bendecir mi madrugada, porque la palabra de Oliva es como el aceite que sirve para prender la lámpara votiva, la que da luz permanente, la que aleja las oscuridades, la que elimina el fastidio de la grieta. Y ahora, hace pocos días, vi que el poeta mayor de Chiapas viajó de Tuxtla a la Ciudad de México para recibir el Premio Nacional de las Artes, de manos del presidente de la república. Lo vi en la televisión de la casa, escuché que dijo: “necesitamos que nuestros países vivan en paz, sin guerras, sin niñas asesinadas”. Supe que el viejo maestro sigue siendo sabio y continúa sembrando palabras. Si no fuera por ellos, por los sembradores de palabras, el corazón de los pueblos sería ya un inmenso desierto, una porquería de tierra. Posdata: nuestro paisano Luis Aguilar toma un vaso de agua todas las mañanas, lo hace como un ritual de vida. Yo, en ayunas, tomo una copita de aceite de Oliva y leo un poema del poeta mayor; es decir, bebo palabras limpias para comenzar bien el día. Un día, hace años, estuve en Tuxtla, estuve en Zacatecas. ¡Tzatz Comitán!