miércoles, 24 de enero de 2024
CARTA A MARIANA, SIN PALABRAS
Querida Mariana: ¿dejás que hable de mi mamá? Lo haré porque el maestro César Pérez, uno de los más grandes fotógrafos de Chiapas, me regaló esta imagen. El sábado nos encontramos en el cumpleaños de doña Zoilita de Teutli y César me dijo que le haría un retrato a mi mamá. Yo guardé su cubreboca y su bolso y ella vio hacia donde estaba el maestro de la lente.
Bastó un minuto, César inmortalizó el instante. Cada persona tiene su propia lengua de fuego para hablar del horno de casa, la mayoría de hijos e hijas piensa que su mamá es la mejor mamá del mundo. Es comprensible. De las madres se ha dicho todo, pero yo todavía tengo dos o tres palabras para definir a mi mamá. Ella, vos lo sabés, tiene noventa y tres años y, a Dios gracias, está muy bien, física, espiritual y anímicamente.
“Hay que echarle ganas a la vejez”, repite en forma constante. Todas las mañanas, al entrar a su recámara la encuentro en su cama haciendo sus ejercicios, recostada sobre el colchón “hace bicicleta”, levanta los brazos, cierra y abre sus manos como si recogiera frutos del aire.
Mi mamá no sólo le echa ganas a la vejez, lo ha hecho toda su vida. Una palabra que ella ha hincado en mi memoria es: ¡trabajo! Siempre la he visto trabajar. Mi recuerdo niño es el de mi mamá atendiendo una tienda con venta de sombreros, luego trabajó en la Casa Yaninni y cuando cerraron este negocio ella abrió su tienda de estambres. Muchas personas en el pueblo la recuerdan en el edificio de la esquina de la manzana derruida. Nadie lo ha dicho, pero yo advierto que los propietarios de esos edificios de la manzana de la discordia fueron generosos. Por supuesto, no había forma de rebelarse ante un acto expropiatorio, pero los dueños de esos edificios, de esos locales comerciales, de esas casas, abandonaron sus propiedades para que ahora los comitecos tengan un parque ampliado. En uno de los corredores del parque actual estuvo la tienda de mi mamá. Cuando el local fue derribado ella pasó su tienda a un local del Pasaje Morales. El pasaje tenía viviendas, se volvió un corredor comercial.
La otra palabra que define a mi mamá es, precisamente, generosidad, siempre la he visto con la mano abierta para sanar mis heridas físicas y espirituales; siempre soltando el billete para que me fuera a estudiar literatura a la UNACH, para comprar libros, para los alimentos de casa. Generosa no sólo con los cercanos sino con el entorno. Cuando fue presidenta de las damas voluntarias de la Cruz Roja, con un grupo de amigas, destinó tiempo y gajos de su corazón para aliviar tantito el sufrimiento de otras personas, los refugiados guatemaltecos. La vi caminar por todo el pueblo, con su uniforme de dama voluntaria, solicitando una ayuda económica para el mantenimiento de esa noble institución.
Mi madre ha sido una mujer trabajadora y generosa. La he visto tejer cientos de prendas, que vende o que obsequia; horneando pastelitos o roscas para llevarlos al antiguo local del Café Gloria, para pepenar algunas monedas. Con nada se ha quedado, todo lo ha destinado para la casa, para su hijo.
Ella es una mujer elegante, que viste en forma modesta, pero con gran gusto. No ha necesitado joyas, porque ella es una joya insuperable.
Y la tercera palabra que hoy escribo en el aire, para honra de mi mamá, es pulcritud. Aún en tiempo de pandemia, sin salir de casa, ella todas las mañanas se vestía como si fuera a salir a la calle. Todos los días realiza un ritual maravilloso donde se pinta, se aplica cremas y aceites, se consiente. Ella no saca la basura, pero si lo hiciera, estoy seguro que no lo haría sin estar como figurín. Muchas personas le preguntan cuál es el secreto de poseer un cutis lozano, como de quinceañera. Ella les dice qué hace. Ya lo dije, su generosidad no tiene límite.
Posdata: acá está a sus noventa y tres años, con un broche en el suéter de color azul, un color que le va bien, porque el azul es un color que da tranquilidad al espíritu; acá está con un broche de flor con cinco pétalos, número que le va bien, porque la gente dice que no hay quinto malo; acá está, armoniosa, con sus manos entrelazadas, con sus dedos chuecos pero incansables (una maestra de yoga dice que las manos son nuestras artesanas, mi mamá es una gran artesana, sus dedos aran sobre el cielo y siembran flores). ¡Que el universo siga regando vida a quien ha dado mucha vida! Acá está mi mamá, Doña Hilda Cecilia Torres Córdova viuda de Molinari, en una fotografía que tomó el gran César Pérez.
¡Tzatz Comitán!
martes, 23 de enero de 2024
CARTA A MARIANA, CON CHUNCHES DIVERTIDOS
Querida Mariana: el mundo está lleno de objetos, de chunches maravillosos. Conforme pasa el tiempo más chunches se incorporan. En mis tiempos no hubo juguetes sexuales, hoy existe un amplísimo catálogo, el otro día Lorena me mostró muchas fotitos, ¡cuántos chunches! Quedé con la boca abierta, no, no, ¡mentira!, se presta a malas interpretaciones; lo que quiero decir es que me sorprendí con tal variedad. Hay para todos los gustos. Cuando teníamos el Centro Comiteco de Creación Literaria vino mi amigo el escritor David Tovilla y dio un taller con relación al tema: juguetes sexuales. De más está decir que el salón se llenó de gente interesada.
No sé si vos tenés chunches de estos en tu habitación, ni me importa (¡otra mentira!), pero nadie dudará el uso de un dildo (bueno, ya te conté que un niño halló uno de estos chunches y lo usó para jugarlo como cohete, ¡ah, la bendita inocencia!).
Los juguetes sexuales fueron creados con el objetivo preciso con el que todo mundo los emplea. En cambio, hay otros chunches que fueron creados para satisfacer otro fin y que los amantes ingeniosos emplean para juegos de cama.
Un pincel le sirve al artista plástico para embarrar de pintura los lienzos, pero los amantes lo utilizan en forma sublime, porque… bueno, vos ya sabés.
Casi todos los chunches habidos y por haber, con un poco de imaginación, pueden usarse como juguete sexual: plumas, plumines, plumones, tapitas, libros. ¿Libros? Sí, ¡libros! Ah, si supieras todas las cosas que pueden hacerse con los libros.
Digo, aparte de lo que puede hacerse con el lenguaje. Vos sabés que la palabra es, por esencia, el mayor juguete sexual del mundo, de todos los tiempos. El amante que es ducho en el uso del lenguaje tiene mucho a su favor. ¿Recordás eso de “verbo mata carita”? Los que saben aseguran que incluso un buen verbo vence a un buen pene. No sé. A mí no me preguntés cosas de jóvenes, respetá mi vejez.
El albur fino es maravilloso. Yo celebro a las amigas que tienen el gusto exquisito de “prenderse” con la flama de la palabra.
Algunas chicas se molestan con un albur que consideran grosero, de baja ralea. La verdad es que el albur es pueblo y si la chica está dispuesta al juego debe “aceptar” todo, para que el juego no tenga limitantes, que joden el juego.
A mí me encanta ver la multiplicidad de sentidos que toman palabras que, por supuesto, son inocentes.
Una palabra inocente es “palo”, pero los chicos luego andan presumiendo que se aventaron un “buen palo”. Ay, señor, sólo porque sabemos qué vereda alcanza es que conectamos. Un chico dice que fulanita es “un buen palito”. Esto es un elogio. Por supuesto que el joven debería ser más discreto, pero al final todo el vecindario se entera de que fulanita es hábil para juegos de cama. Es un elogio, porque hay chicas que no son “un buen palito”, al contrario, “son como palo”. Uf.
“Pasame el recogedor”, pidió un día Doña Chayito, y el molestoso de Andrés llevó a su hermano mayor y señalándolo dijo: “acá está el gran recogedor”. Cuando lo oí recordé que en los años setenta hubo el estreno de una película mexicana que se llamó: “La recogida”, era la historia de una chica que había sido adoptada, chica de barrio, pero una amiga siempre jugaba con eso: “La recogida, hmmm, qué rico”.
La chica que se pone un poco de alcohol en la herida dice al amigo: “Soplame”, y el chico juega: “¿De verdad querés que yo te sople?”.
Posdata: miles de chunches, todos, con un poco de imaginación, sirven para jugar con la pareja. Mile de palabras, todas sirven para alburear fino o grueso (ah, pues, lo dije sin albur).
¡Tzatz Comitán!
lunes, 22 de enero de 2024
CARTA A MARIANA, CON HISTORIAS DE PAREJAS
Querida Mariana: hoy es popular la palabra “pareja” para hablar de la persona que está a tu lado. Digo que vos tenés novio, los demás dicen que tenés “pareja”.
Romeo, en broma, dice que tiene “dispareja”. ¿Por qué pareja? Ah, misterio de la vida.
En el diccionario, la primera acepción de pareja es: “igual o semejante”, ya en la tercera acepción se dice que es: “conjunto de dos personas que tienen entre sí alguna correlación o semejanza”.
¿Mirás? “Alguna semejanza”, ya nada tiene que ver con “igual o semejante”.
Por eso, Romeo tiene razón: hay parejas muy disparejas, porque no son iguales, la única semejanza que tienen es que son seres humanos. Bueno, no necesariamente, Alicia siempre dice que su pareja es la perrita que siempre carga en sus brazos. Ella imita arcadas cuando alguien le pregunta por qué no tiene pareja humana. “No soy tonta”, dice y abraza con más emoción a su perrita, que bautizó con el nombre de “Mi vida”, así que cuando estamos en el departamento, Alicia grita: “Mi vida” y su vida aparece moviendo la cola, de un salto sube a su regazo y lame su mano. En ese momento pienso que la vida puede ser sencilla, maravillosa, única.
Cosa que no es tan simple, aseguran los expertos sicólogos que tratan relaciones de parejas (humanas).
Vos y yo lo hemos vivido. Lo vivo en el colegio. En mis años de docente me ha tocado ver chicos que comienzan una relación con chicas (fijate que en los últimos tiempos he sido testigo de relaciones de chicas con chicas, los chicos no se atreven a salir del clóset). He visto todas las fases de una relación. Al principio, vos lo sabés, todo es maravilloso, los veo felices, se sientan en una banca, se toman de la mano, algún besito fugaz, risas, miradas de colibrí frente a una flor. Ay, Señor, tiempo después los encuentro en la banca, con cara de loro sin comida, discuten, ella llora mientras él trata de explicar lo inexplicable. “No, estúpido, yo te vi”, ¿qué defensa puede hacerse ante tan contundente afirmación?
Es muy difícil hallar la igualdad, porque, como siempre lo hemos dicho: vos sos vos y él es él. El otro día hallé tres cuentitos breves que hablan de las parejas. Pensé que debía compartirlos con vos, sólo como ejemplos de la dificultad de relacionarse. Va el primero:
“Él, enamorado, le invitó un helado a ella, ésta aceptó, al tomar el helado y ver que se derretía rompió su relación para siempre”.
Va el segundo:
“Cuando pensó que su relación funcionaba como el mejor auto a gasolina, se enteró que ella estaba emocionada con un novedoso auto eléctrico”.
Y el último:
“Una noche, por higiene, decidieron dormir en camas separadas; al siguiente día, también por higiene, decidieron vivir en casas separadas”.
Posdata: las relaciones interpersonales son difíciles, no son tersas, difícilmente se logra la “parejura”
¡Tzatz Comitán!
domingo, 21 de enero de 2024
CARTA A MARIANA, DE AQUÍ A LA LUNA
Querida Mariana: tengo en mis manos el libro “Invocaciones de amor”, de Elvira Hernández Morales, de la editorial De aquí a la luna.
El escritor Mario Escobar realizó el prólogo. Ahí dice: “Invocar al amor se dice fácil pero hacerlo desde un ángulo de vida que busca llegar al terreno de la poesía, puede llegar a ser una compleja, aunque agradable aventura”.
El libro contiene dos secciones: poesía y teatro.
Conocí a Elvira por su trabajo teatral. Ella ya forma parte del libro de la historia del teatro comiteco. En su ficha biográfica aparece el siguiente dato: desde 2009 es directora del Grupo Cultural Tierra Cero. Ah, la pichita cumple en 2024 sus quince años. Ella, para celebrar este aniversario, se presenta en sociedad con su primer libro.
El otro día la saludé en un café y le expresé mi felicitación por ser autora de obras teatrales. Pocos escritores en el pueblo (en todo Chiapas, en todo México) se dedican a la dramaturgia. La mayoría de escritores le entra al cuento, a la novela, al ensayo y a la poesía.
En Comitán, la más renombrada dramaturga (aparte de nuestra Rosario) es Rosa Hortensia Aguilar Trujillo, directora del grupo Escudo Jaguar Teatro, que ya lleva muchos años trepado en la escena, iluminado por los reflectores. Ahora, la quinceañera Elvira nos presenta tres obras teatrales: Flores para Sofía, Hubo una vez un país de niños y Voces.
Con esto, Elvira se muestra no sólo como actriz, como directora, sino, también, como autora de textos teatrales. ¡Bien! Círculo cerrado.
Hace muchos años, me invitaron a moderar un encuentro de mujeres comitecas creadoras. Me entregaron el orden de participación con la indicación de que cada una de las participantes tenía derecho a hacer uso del micrófono durante diez minutos. Poco a poco fui cumpliendo con la encomienda, tocó el turno a Elvira, la presenté, ella (muy teatral) jaló una silla, se sentó a mitad del escenario, saludó a la audiencia y comenzó a leer un guion teatral, escrito por ella, un guion de teatro costumbrista, con personajes locales, que hablaban con modismos y con la particular picardía de los comitecos. Vi que la gente, sentada en las butacas del teatro de Casa de Cultura, disfrutaba la lectura de Elvira, varias personas se botaban de la risa. Vi el cronómetro y ya había terminado su tiempo, así que, por respeto a las demás participantes, agradecí a Elvira y presenté a la siguiente creadora. ¡Ah, ya podés imaginar la cara que me aventó Elvira! Ya, ya, pichita, ya, ya cumpliste, ahora le toca a la siguiente. Eso fue hace tiempo, ahora, Elvira no tiene límite de tiempo, los lectores podemos leer sus textos sin apremios; los futuros directores darán tiempo suficiente para ensayos y para el montaje de obras de autores comitecos.
Me encantó el nombre de la editorial: De aquí a la luna. Sé que a las chicas se les hace poca distancia cuando su enamorado les dice que las quiere de aquí a la luna, de ida y vuelta, pero si lo vemos en el plano real, de aquí a la luna no es un acto sencillo ni rutinario, ya quedó demostrado ahora que la UNAM lanzó el proyecto “La colmena”. El proyecto abortó, porque ir de aquí a la luna tiene su complejidad.
Escribir teatro tampoco es cosa sencilla. Cualquiera pensaría que lo más simple es escribir un monólogo porque sólo interviene un personaje. Idea errónea. Redactar un monólogo es muy complejo. Escribir una obra donde intervienen más personajes es mucho más complejo. Así que estructurar una historia con diversas personalidades insertas en una historia es labor difícil.
Posdata: sugiero, mi niña linda, que le des una vueltita a la obra “Voces”, un monólogo muy interesante. ¿Dónde conseguís el libro de Elvira? Bueno, fue lo que pregunté y ella me dijo que, por el momento, sólo con ella. Pucha. Bueno, en el libro viene una dirección electrónica para ponerse en contacto con ella: atenas606@hotmail.com
¡Tzatz Comitán!
sábado, 20 de enero de 2024
CARTA A MARIANA, CON UN BUENA ONDA
Querida Mariana: murió el escritor José Agustín.
Los lectores nos sentimos amigos de los autores literarios, los autores se vuelven nuestros amigos, en ocasiones son más amigos que los amigos cercanos.
Los amigos escritores están siempre que los necesitamos. El pueblo dice que los verdaderos amigos se conocen “en la cama y en la cárcel”. Salomón dice que es cierto, que las verdaderas amigas se conocen en la cama. Es un molestoso, el Salomón.
De lo dicho, se concluye que los autores literarios son verdaderos amigos porque están en la cama, en la cárcel y, diría la Biblia, en todo lugar.
Por esto, ahora que se supo del deceso del escritor José Agustín muchos lectores lamentamos su ausencia física.
He leído innumerables manifestaciones de pesar. José Agustín es amigo de muchos lectores en todo el mundo.
En Comitán leí, en redes sociales, un texto muy bello que escribió el maestro comunicólogo Iván Ibáñez. Iván es un gran lector. El texto donde recordó a José Agustín lo acompañó con una fotografía, donde sobre una mesa estaban ejemplares de todos los libros publicados por el escritor, ¡todos los libros! ¡Pucha! De ahí se colige que José Agustín es uno de los grandes amigos de Iván y viceversa.
Los autores no saben cuántos amigos tienen en el mundo. Muchos perdimos un buen amigo.
No sé si en algún momento José Agustín anduvo por Comitán. No existe registro de que alguna institución lo haya invitado. Es una pena. ¿Vino a vacacionar? ¿Pasó de incógnito por Comitán al ir a Los Lagos de Montebello? No lo sé. La visita de amigos escritores es fundamental para el conocimiento del ser humano. Cuando reflexionamos en ello toma relevancia la propuesta de Iván en el sentido de que el Festival Rosario Castellanos privilegie la literatura, que en dicho festival vengan grandes autores literarios, que Comitán se llene de grandes mazorcas literarias, que se desgrane la vida.
Murió el escritor José Agustín, el amigo buena onda.
He platicado que, en muchos casos, no recuerdo en qué instante fulano de tal se volvió mi amigo, pero en el caso de José Agustín sí tengo algunos datos precisos, sé quiénes me lo presentaron, amigos de él.
En el Comitán de los años sesenta y setenta era difícil conseguir libros. ¿Biblioteca pública? Sólo la que existía en un viejo salón de la presidencia municipal.
Cuando viajé a la Ciudad de México para estudiar en la universidad (lo he contado muchas veces) hallé el Paraíso soñado. Una mañana entré a la Biblioteca Central Universitaria, de la UNAM, y, además de admirar la belleza exterior del edificio supe que, en su interior, en su mera panza, había, no cientos, sino miles y miles de libros. No tardé en obtener mi credencial, que fue el pase para ingresar al territorio de la imaginación.
Así, en la primera ocasión, revisando el inmenso catálogo mi mirada topó con un libro de Gustavo Sainz, “La princesa del Palacio de Hierro”, que estaba recién salido del horno (1974), yo ingresé a la UNAM en 1975. Como todos los usuarios teníamos la ventaja del préstamo a domicilio, me llevé a Sainz a la casa y ahí disfruté la novelilla. ¡Ah, qué maravilla! Me enteré entonces que Gustavo Sainz era uno de los integrantes de la literatura “de la onda”. Volví a repetir: ¡qué buena onda! Porque el término nos había llegado hasta Comitán en los años sesenta y setenta, no en la apreciación literaria, sino como sinónimo de lo que hoy los chavos llamarían “chido”. Cuando los jóvenes comitecos decíamos que fulanita de tal era “buena onda” abríamos un gran abanico de energía positiva. Ser buena onda significaba lo mejor. Había chicos que andaban en la onda, recordá que en los años sesenta, los chicos y chicas armaron, en todo el mundo, movimientos sociales revolucionarios, fue la época del Amor y Paz, de la sicodelia, de la mariguana, del amor libre, de las inconformidades, de los Beatles, de los pantalones acampanados, del cabello largo en hombres, de las minifaldas en chicas, de la Joan Báez, del Che Guevara, del rechazo a la guerra en Vietnam, de los hongos alucinógenos de María Sabina. Todo esto, así como de refilón, nos llegó a Comitán, los chavos de aquel tiempo ¡lo vivimos!
Cuando leí a Sainz y supe que era integrante de “La onda”, supe que ahí había un camino para recorrer. Sainz me llevó a Parménides García Saldaña, otro jovenazo sensacional. Leí “El Rey Criollo” y quedé deslumbrado. Uno de los cuentos narra un desmadrito en una función cinematográfica y eso me hizo recordar lo que sucedía en el Cine Comitán y en el Cine Montebello del pueblo. Ah, qué manera de narrar tan sabrosa, tan en mangas de camisa, sin ínfulas, sin mamonerías, el lenguaje con que los chavos setenteros hablábamos estaba en esas páginas. La lectura de ambos libros fue como estar en un parque escuchando la plática de un amigo, las palabras volaban, alegraban el aire. ¡Qué buena onda!
De Sainz y Parménides brinqué a José Agustín. Entregué en el mostrador el libro de Parménides y llené la ficha para solicitar “La tumba”, de José Agustín, libro que fue publicado por primera vez en 1964.
“La tumba” llegó a mis manos doce años después de ser publicado. Muchos jóvenes ya lo habían leído, ya se habían hecho amigos de José Agustín.
El comiteco acababa de llegar a la gran ciudad y ya se había hecho de varios amigos, amigos todos “buena onda”.
Desde entonces siempre estuve pendiente del amigo José Agustín, supe que vivía en Cuautla, que estaba casado con una mujer de apellido Bermúdez (mi querido amigo Abraham Gutman diría que ella era descendiente de judíos, el apellido Bermúdez viene de Bermudo. El nombre de mi papá es Augusto Molinari Bermúdez), supe entonces que los hijos de José Agustín son Bermúdez en su apellido materno. Pero también supe que José Agustín fue amigo íntimo de la novia de México: Angélica María. Miles de fanáticos soñaban con la novia de México y el único que supo que las amigas verdaderas se conocen en la cama fue nuestro amigo José Agustín. Muchos pensaron: si yo no puedo, cuando menos que él nos represente, y el amigo buena onda ¡cumplió!
No he leído todos los libros de José Agustín, como sí lo ha hecho Iván. Pero he disfrutado mucho con la lectura de sus cuentos, de sus novelas e incluso con una trilogía de ensayos que se llama “Tragicomedia mexicana”, donde hace una revisión inteligente y crítica de la situación social del país, a partir de 1940, década en la que nació. ¡Es un ejercicio intelectual muy interesante!
Y ahora, un día de estos, ya muy lejos de donde lo conocí, la Ciudad de México, me enteré por los noticiarios que José Agustín había muerto. La noticia la recibimos mi mamá y yo cuando veíamos un noticiario televisivo. ¡Ah!, dije, la interjección fue de lamento. El conductor dijo que el escritor había padecido secuelas de un accidente sufrido en el Teatro de la Ciudad, de Puebla. Mi mamá me vio y dijo que una vez habíamos ido a ese teatro. Sí, una vez fuimos a una conferencia que dictó el paisano Laco Zepeda.
Lamentable accidente sufrió José Agustín, en 2009. Participó en un festival y al término de su conferencia, los fans subieron al escenario a saludarlo, a pedir el autógrafo, fue tal la emoción que él no se dio cuenta del foso de una altura superior a dos metros, trastabilló y se fue al fondo, ninguno de los que estaban cerca lograron sujetarlo. La foto que circuló fue impactante, José Agustín quedó tirado en el piso. Dios mío, minutos antes todo era alegría, bastó un instante fatídico para cambiar el rostro del momento. ¿Has visto cómo los forenses pintan en el piso el contorno de un cadáver? La foto que circuló fue algo similar, el cuerpo de José Agustín quedó con una pierna flexionada, con los brazos a los lados, boca abajo. El accidente fue en 2009, nuestro amigo jamás se recuperó. En 2024, el forense final pintó el perfil de su cuerpo sobre el cemento del infinito.
Posdata: estoy seguro que, como en muchas partes del mundo, en Comitán José Agustín tiene muchos amigos. Tal vez nunca vino físicamente, pero en muchas manos de lectores comitecos ha estado revoloteando irreverente, chingón, buena onda.
¡Tzatz Comitán!
viernes, 19 de enero de 2024
CARTA A MARIANA, CON ALUMNITOS
Querida Mariana: la foto fue tomada en un salón de clases. Hay un grupo de alumnitos atentos, haciendo trabajos en papel.
En realidad, los alumnos son docentes, sin duda que están en un curso de actualización. Cada uno tiene un gafete con mínimos datos personales, para que el coordinador sepa de dónde provienen, para que los compañeros puedan nombrarlos.
Como siempre que existe un grupo que tiene un objetivo común, la convivencia permite platicar, convivir y, en ocasiones, ir más allá.
Lo de más allá puede ir hasta donde la imaginación da, hasta donde la vida entreteje destinos.
No hablo de este grupo en particular, pero sé de historias amorosas que se han gestado en encuentros similares.
En mi grupo de secundaria tengo un ejemplo muy cercano. Un día llegó Armando al segundo grado, proveniente de Oaxaca, y, como si tuviese un radar amoroso, de inmediato vio a Elsa. Elsa aceptó su amistad, hablo de 1970; hoy ellos tienen tres hijos y nietos, se hicieron novios y luego se casaron, por ahí anduve en su boda religiosa, que ocurrió en el templo de San Caralampio.
Acá tal vez no se dio un ejemplo tan exquisito, pero, sin duda, que entre los participantes hubo amistades que se dieron.
Todos los alumnitos ponen atención a las indicaciones del coordinador de la actividad, tienen entre manos pedazos de papel que doblan para formar una figura.
Se advierte que en las paletas de las sillas hay figuras geométricas realizadas con pedazos de papelitos de color.
Como siempre, cada actividad es una enseñanza de vida. Tuvieron planos de papel, al seguir las indicaciones lograron que ese plano se convirtiera en un objeto de tres dimensiones. Cada día, en las actividades profesionales hacemos lo mismo: lo plano lo convertimos en realidades de tercera dimensión.
En la foto encuentro caritas conocidas, la chica que tiene la chamarra de color avena (así lo miro yo), y el cuello blanco, es la maestra Chepis, ella dirige su vista hacia sus manos que hacen el doblez exigido, en la paleta tiene bellas figuras geométricas.
Por ahí también, de camisa verde, está mi compadre Roberto Álvarez. Entiendo que él ya se jubiló de la profesión de catedrático, lo que indica que esta foto ya tiene tiempo que fue tomada.
Chepis y Roberto podrían darnos pistas acerca del tiempo que tiene esta fotografía.
La vida son instantes, momentos donde alguien nos indica cómo doblar los papeles para hacer figuras geométricas de tres dimensiones. Los más excelsos son los que, de las tres dimensiones, logran vislumbrar otras dimensiones.
Pero no sólo Chepis y Roberto pueden darnos pistas. Le enseñé la foto a mi jefe, el maestro Huguito Campos, y me dijo que fue un taller que él organizó, un maestro de Oaxaca, experto en papiroflexia, compartió su conocimiento con maestros de la zona.
Acá hay un grupo de docentes sentados en el otro lado, en los permanentes cursos de actualización, donde se aprende la gran lección: todos aprendemos de todos, a veces nos toca jugar el papel de maestros, a veces el papel de alumnos; el estudio jamás concluye.
Mi compadre Miguel Penagos (en paz descanse) también era una persona muy hábil para hacer figuras en papel. A mí me impresionaba toparme con el famoso “Papirolas”, un personaje que se paraba frente a la Facultad de Arquitectura de la UNAM, colocaba una mesa con figuritas de papel que él, frente a nosotros, hacía. De eso vivía. Acá, los maestros no están recibiendo un curso para dedicarse a hacer papirolas, no, lo recibieron como complemento de las actividades que luego se desarrollan en el aula. Así se da la transmisión del conocimiento, es una estafeta que jamás para.
Posdata: para leer necesito lentes, los lentes me ayudan a ver algunos detalles. Por ejemplo, en las láminas que están sobre la pared hay fotos de escritores, me atrevo a señalar a dos: el primero es el poeta uruguayo Mario Benedetti; y la tercera es nuestra paisana Rosario Castellanos.
El lugar donde fue tomada la foto es el salón de usos múltiples del nivel preescolar.
Hoy, nuestro Colegio Mariano N. Ruiz ¡va rumbo a los setenta y cinco!
¡Tzatz Comitán!
jueves, 18 de enero de 2024
CARTA A MARIANA, CON PERSONAS
Querida Mariana: cada persona es el centro del universo, vos sos el centro del universo. Camino por la calle y veo a muchas personas; la que mira desde su ventana; el que hace arreglos en la florería; la que barre la banqueta; la que mueve una escobetita con hilos de papel para espantar moscas; el que lee; la que besa a su novio; el que habla por celular; el que saluda; el que come una paleta de chimbo, que compró en San Sebastián, con doña Estelita; las mamás que llevan a su niña en una carreola; los papás que impulsan a sus niños en columpios, las muchachas que van de la mano, de que son pareja. Decenas de personas en oficinas: el presidente, la secretaria, el tesorero, el diseñador.
¿Cuántos habitantes tiene Comitán? ¿Más de ciento veinte mil personas? Sí, eso dicen las estadísticas. Ya “semos” bastantes. La dinámica social se transforma día a día.
Pienso en la historia de cada una de las personas con las que me topo. Ya te conté que en los últimos tiempos se me ha vuelto obsesión, porque veo a estas personas un instante, pero luego se van, desaparecen de mi vista. Sé que cada una de ellas tiene una vida. Decenas de preguntas asoman, desde trascendentes hasta bobas (característica de Molinari).
Una vez te conté que, estando en Puebla, descubrí qué me unía a Comitán, en comparación con los demás pueblos del mundo: el conocimiento del interior de muchas casas. Es algo lógico, si he vivido en Comitán desde pequeño he tenido acceso a muchas casas, en algunas de manera más íntima y en la mayoría en forma general. Hay casas donde he conocido incluso recámaras, no hablo de intimidades sexuales, hablo de intimidades sociales. Hubo un tiempo donde iba a casas de los amigos de infancia y adolescencia y estuve en espacios donde sólo los más cercanos tenían acceso. Vos no dejás que medio mundo entre y conozca tu recámara, pero muchos de tus afectos sí han estado ahí.
Este conocimiento me ha permitido vivir en forma intensa, porque he estado en sitios privilegiados. Cuando estuve en Puebla, por mi trabajo periodístico estuve en espacios vedados para la mayoría de habitantes, por ejemplo, estuve en la oficina particular del presidente municipal, estuve en casas de diputados y senadores.
Todo esto siempre llama mi atención.
En ocasiones, en casa de amigos comitecos veía álbumes de fotos, práctica que me encanta, que me llena de imágenes geniales.
Me fascina el mundo. Pienso que no tengo necesidad de conocerlo todo, con un acercamiento a las calles del pueblo, a las casas y, sobre todo, a las historias de vida de su gente tendría para echar hacia arriba. Todo se reduce a entender la vida a través de las personas, es la gente lo que sintetiza el sentido de la vida.
De nada sirve el objeto, el paisaje, la nube, el río, el pájaro, la piedra, la computadora, si la persona no los habita. Todo chunche tiene razón de ser en la medida que le sirve al hombre.
Cuando viajo, de vez en vez, veo a la distancia las imágenes de chozas donde hay gallinas y ovejas pastando, me emociono cuando en la puerta de la casa veo un niño panzudito que se asoma y luego la mamá que lo alza y lo lleva de nuevo hacia adentro. Ahí hay vida, ahí está la justificación del porqué asoma un hilo de humo en la chimenea y se evapora en el azul del cielo.
Se me ha vuelto obsesión. Me seduce la imagen de los seres humanos, de los viejos, de las niñas, de las chicas que llevan libretas abrazadas a sus pechos; me emociona, me apasiona. Trato de imaginar la vida que ellos ocultan, lo que no veo en esa ventana instantánea. ¿Cómo duerme esa chica que ahora pasa frente a mí? ¿Cuál es el ritual que hace cuando se baña? ¿En qué lugar se hizo ese tatuaje que corre por su cuello? ¿Le gusta que su amado le bese el cuello, que se lo lama? ¿Cuándo tuvo su primera relación sexual? (dije que hago preguntas bobas, me las hago a mí y no puedo responder, porque todo cabe en el terreno de la especulación). Me encantaría saber de voz propia todo lo que ha modelado su vida. ¿Para qué? Sólo para identificar que la luna tiene razón de ser y de estar en el cielo.
Posdata: camino por el pueblo y tengo mucho cuidado al hacerlo sobre las banquetas llenas de lajas resbalosas, pero me detengo por ratos, para no caer, y para ver lo que sucede a mi alrededor, más que las puertas, los balcones, los techos, las fachadas, lo importante es el chico que camina, que escucha música con audífonos, que se dirige con prisa quién sabe a qué lugar.
¡Tzatz Comitán!
miércoles, 17 de enero de 2024
CARTA A MARIANA, CON AUDITORIOS
Querida Mariana: mi escuela primaria, La Matías, no tenía auditorio. Al principio estaba en una casona vieja adaptada; luego, ya en 1968, los alumnos pasamos a ¡la nueva escuela! Estrenamos el edificio donde actualmente funciona. Tampoco tuvo auditorio. Los actos culturales se realizaban en improvisados templetes. El patio se llenaba de sillas plegadizas de madera, si había necesidad los maestros colocaban manteados. Cuando llegué a mi Colegio Mariano N. Ruiz tampoco hallé un auditorio, pero como el director de la escuela, el padre Carlos, también era el mero chipotles del templo de San Sebastián, el anexo del templo nos sirvió como salón de actos, ahí hallé el primer espacio cerrado donde presencié concursos de declamación y obras de teatro, usábamos las bancas del templo. Bancas corridas les llamaban algunos, siempre llamó mi atención ese término. Algún día platicaremos acerca de ello: bancas corridas.
Terminé la educación secundaria y tuve el privilegio de ser aceptado en la Prepa de Comitán (antes anduve un ratito en la Prepa de San Cristóbal, en la prepa nocturna. Tal vez otro día hablamos de ello). Y en mi escuela preparatoria ¡sí tuve auditorio! No tenía nombre, ahora ese auditorio, que es parte del Centro Cultural Rosario Castellanos, se llama Roberto Cordero Citalán, en homenaje al creador de esa bonita canción que se llama Comitán, Comitán de las Flores, donde están mis amores, donde quieren de verdad…
Para mí eso significó una gran experiencia. Lo mismo sucedió cuando llegué a la UNAM y conocí cafeterías dentro de la institución (te caeré mal, pero de eso hablaremos en otra ocasión).
Era maravilloso estar en el patio de la escuela o en el salón de clases y escuchar que algún maestro indicaba que debíamos trasladarnos al auditorio, caminábamos tantito, subíamos unos escalones y ya estábamos en un espacio cerrado, con un gran escenario al frente y una serie de butacas donde nos sentábamos. Por primera vez, los asientos estaban fijos. Los alumnos no debíamos cargar sillas plegadizas ni bancas corridas, los asientos eran permanentes. Mi primera idea de auditorio nació de esa certeza: ese espacio era especial para actos, del tipo que fuera.
El auditorio de la prepa servía para obras de teatro, conferencias, clases especiales. No sólo lo usaban las autoridades, en más de una ocasión los alumnos lo usamos para acuerdos estudiantiles, bastaba solicitar permiso para tener el auditorio a nuestro alcance, era un espacio que nos pertenecía. Mis ex compañeros recordarán que momentos importantes del movimiento de huelga, que permitió la construcción de las nuevas instalaciones de la secundaria y de la preparatoria, se gestaron ahí, ahí se dieron los debates donde Constantino Kánter (Marco Antonio), Raúl Jiménez, Raúl Sánchez, Cándido Alfaro y demás líderes del movimiento lograron la hazaña de obligar la visita del secretario de educación de Chiapas para la firma de los convenios que lograron la construcción de los nuevos edificios (por cierto que en este año mi generación cumplirá cincuenta años de haber egresado, es la generación que propició el cambio, ¡nadita!)
No existe una bitácora que dé cuenta de la multitud de actos relevantes que se celebraron en ese auditorio. Yo acudía a los mítines y a las diversas representaciones culturales, me imponía el escenario, siempre procuré ser de la audiencia (ya más tarde, cuando ya era la casa de la cultura subí como actor y luego ya en otros actos relacionados con la literatura).
El auditorio Roberto Cordero Citalán fue el primer auditorio que conocí, el impacto inicial jamás me ha abandonado, saber que había espacios especiales para actos culturales me impresionó.
En la primaria había jugado fútbol en el patio central; en la secundaria eché cascaritas en la calle; pero sabía que existía un campo especial para la práctica, en Comitán había un estadio, en la Ciudad de México había estadios. En mi pueblo había un auditorio, lo tenía mi escuela preparatoria.
Posdata: cuando entré a la UNAM conocí muchos auditorios, en uno de ellos escuché una conferencia del gran Alexander Oparin. ¡Uf, qué privilegio! En el auditorio de mi facultad escuché un concierto de Óscar Chávez, y en los demás auditorios de la UNAM disfruté ciclos de cine de arte. La UNAM fue mi gran escuela de vida.
¡Tzatz Comitán!
martes, 16 de enero de 2024
CARTA A MARIANA, CON EFECTOS DE LA GLOBALIZACIÓN
Querida Mariana: el mundo globalizado nos apabulla. Bueno, no es para tanto. Como todas las cosas en la vida, la globalización tiene cosas negativas, pero también positivas.
¡Todos los países se volverán imitación de otros!, gritan los extremistas. Eso sucedería si cada país cancelara sus elementos culturales.
Mirá, en los años sesenta del siglo pasado, las personas que en Comitán deseaban aprender inglés tenía opciones limitadas. La querida maestra Antonieta de González daba clases particulares. Pocas personas dominaban el idioma inglés.
Ahora, en nuestro pueblo hay más opciones para aprender inglés, caminamos por las calles y vemos escuelas privadas donde enseñan este idioma, la más conocida es Culturalia, también la admirada maestra Nanci Kapeloff, esposa del doctor Rubén Sánchez, imparte clases particulares.
Pero, además (ah, bendita globalización educativa) ahora los comitecos, de todas las edades, como cualquier ciudadano del mundo, pueden aprender inglés a través del Internet.
Jamás lo hubiésemos pensado, imaginado. Hoy, el conocimiento está en la palma de la mano, literal, por medio de los celulares.
Y, esto es genial, ni siquiera hay que desembolsar paga. Por ahí está la opción de Duolingo, que es gratuita (claro, me explican, hay un Duolingo Plus que sí cobra). Una amiga tiene un buen nivel de inglés con el estudio de Duolingo.
Por supuesto que si querés tener papeles y ya entrarle a Toefl, para tener reconocimiento a nivel mundial ya se necesita una especialización, pero Culturalia sí lo ofrece. Y no sólo esto, hay instituciones educativas particulares de nivel primaria que otorgan certificaciones avaladas por la Universidad de Cambridge. El mundo está en manos y mentes de quienes desean aprender una lengua que abre ventanas en el mundo entero.
En los años sesenta era más complejo, hoy existen múltiples opciones. En cualquier comunidad rural de nuestro municipio, con conexión a Internet, los chicos y chicas tienen oportunidad de prepararse. Esto es una maravilla, una bendición.
Sé lo que estás pensando, también está lo otro: todo mundo viendo lo mismo. Por ejemplo, en materia de cine, las plataformas más populares andan guiándonos por el camino que a ellos les conviene. La mayoría de cinéfilos ve series que se popularizan. Muchas series son inglesas (lo que abona en lo que decimos: el inglés sigue siendo un idioma de primer orden mundial, pero, la mayoría, las ve dobladas (sin albur)). También hay muchas películas del cine mexicano contemporáneo, cintas de relieve. ¿Ya viste “Bardo”? Es una película locochona de Alejandro González Iñárritu, una cinta que merece verse. El otro día vi “Familia”, cinta mexicana muy disfrutable, estelarizada por Daniel Giménez Cacho (así es su apellido, Giménez).
¿Tik tok? Pues es parte del mundo actual, darse una vueltita por ahí, por Instagram, tampoco es dañino, se vale discriminar, buscar opciones que aporten al desarrollo intelectual.
El ejemplo que di del inglés es uno entre muchos, porque ahora (cosa imposible en el Comitán de los sesenta) también se puede aprender hebreo, chino, japonés, ruso y los de allá pueden aprender español, cosa difícil de lograr en una comunidad rural de Japón en los años sesenta.
El término de globalización indica que todos estamos ya intercomunicados. Esto abre una gran ventana para Comitán: es posible abrir tiendas virtuales que ofrezcan productos nuestros, para envío a todo el mundo, ¡a todo el mundo!
Posdata: cada vez hay más paisanos que hablan el idioma inglés, esto es maravilloso. Esto es una de las grandes ventajas del mundo globalizado, cada vez hay más gente que sabe qué significa cotz y el porqué decimos “cotz para los marimberos”, que es uno de los más grandes deseos que el mundo puede expresar. Claro, el cotz ya era práctica conocida en todo el mundo desde que se dio el origen de nuestro universo.
¡Tzatz Comitán!
lunes, 15 de enero de 2024
CARTA A MARIANA, CON UN MORALES
Querida Mariana: muchos amigos míos viajan. Cuando lo hacen a grandes ciudades acuden a museos. Mis amigos y amigas son personas sensibles, amantes del arte.
Cuando vuelven me platican de los lugares que visitaron, se sorprenden ante el tráfico en Nueva York o México; el intenso enjambre de personas que van de una a otra parte; me cuentan que se quedaron mucho tiempo viendo aparadores, de ropa, de joyas, de libros (esto que pareciera pleonasmo no lo es, si bien los libros son joyas, lo que mis amigos más apreciaron fueron relojes de platino y torzales con piedras preciosas).
Les veo la emoción en sus ojos. Los viajes ilustran, dicen los sabios. Dudo un poco de la certeza de la frase, porque a veces, a veces, veo a amigos y amigas que no regresaron muy ilustrados. Lo que sí veo en sus miradas es el pájaro de la novedad, porque salir de casa significa toparse con imágenes inéditas.
Cuando platican sus viajes, muchos de los turistas me comparten imágenes donde aparecen instantes, en ocasiones aparecen las fotos que se tomaron al lado de obras de arte. Si conocieron el museo Soumaya se retratan al lado de una réplica del Beso, de Rodin; si entraron al museo de arte de Nueva York me enseñan imágenes donde están al lado de un Picasso, ¡Picasso, pucha!
Vos sabés que he viajado poco, una vez, cuando estudiaba el Diplomado en Acción Cultural, en el Museo de San Carlos, en la Ciudad de México, fui con un compañero (quien era en ese momento el director del Museo del Faro, en Veracruz) a ver una exposición con los gordos y gordas de Botero, en San Idelfonso. No me tomé la foto del recuerdo con un cuadro de Botero. Aún no había los celulares que hoy lo permiten.
Por esto, el otro día entré al Museo de Arte Hermila Domínguez de Castellanos, de nuestro pueblo, y no desperdicié la oportunidad de tomarme la foto del recuerdo con un cuadro del gran pintor oaxaqueño Rodolfo Morales.
Ya te he contado que tener cuadros originales (óleos) de Morales es un lujo para los comitecos. Digo esto, porque en este museo también hay obra de Toledo y Tamayo, los dos reconocidos artistas de aquella tierra, los dos grandes, los dos más famosos, pero resulta que de Toledo y Tamayo existen grabados; es decir, en otros museos y residencias particulares existen réplicas de esas obras; en cambio, el cuadro que acá te presento es único, lo que en buen comiteco quiere decir que sólo acá tenemos esta belleza. No me preguntés cómo se llama el cuadro. Mi intención es decirte que si te gustó la imagen vayás al museo y la apreciés en vivo.
El beso, de Rodin, no es una pieza única; hay varias en diversas ciudades del mundo. Lo que sí es una pieza única es el Picasso que hay en el museo de arte de Nueva York. Los cuadros que vi de Botero también fueron obras únicas. Bueno, pues lo mismo sucede con este Morales. El museo cuenta con dos óleos originales del gran maestro oaxaqueño (puedo estar equivocado, tal vez por ahí hay otro). Por estos dos cuadros bien vale la pena la visita al museo, bien vale la pena que lo visiten los comitecos y gente de todo el mundo, porque sólo acá tenemos estas dos piezas valiosas.
A mí me encanta la obra de Morales. Me caigo mal, pero volveré a contar la anécdota que ya te he platicado en ocasiones anteriores, cuando Morales era chiquitío entró a una escuela de dibujo y el maestro (¡bobo!) lo corrió, porque no sabía dibujar las manos. Acá hay varias imágenes y muchos pares de manos. ¿No sabía dibujar manos Rodolfo Morales? ¿Qué son entonces lo que aparece? No le miro cara de tren, ni de avión, ni de esparadrapos, menos de lagartijas. Son manos, muchas manos. Pienso que este cuadro es como una bofetada con guante al maestro bobo. ¿Dijiste que no sabía dibujar manos? Pues acá te mando un racimo, manos con mi estilo. Así pudo decir el gran Rodolfo Morales.
Posdata: siempre he dicho que la anécdota pervive, lo que nadie recuerda es el nombre del maestro estúpido. La historia supo que no valía la pena consignar el nombre de un bobo; en cambio, el niño expulsado se convirtió en un gran artista plástico. Dos de sus obras las posee Comitán. ¡Cómo no va a ser un lujo!
¡Tzatz Comitán!
domingo, 14 de enero de 2024
CARTA A MARIANA, CON UN MOÑO
Querida Mariana: siempre que alguien fallece colocan un moño negro en casa. No, no siempre. Hay ocasiones donde nada colocan. Hoy, quiero colocar un moño transparente, que sólo lo vean los seres buenos.
Vos sabés que falleció Gustavo Gordillo Abarca, un hombre muy conocido en la ciudad.
Él se preparó en la UNAM, se tituló de cirujano dentista, era un hombre inteligentísimo. Al regresar al pueblo, no sabemos bien a bien en qué momento, algo pasó en sus conexiones cerebrales, dejó de ser lo que todo mundo llama “normal” y su personalidad adoptó características especiales. Su inteligencia natural se sublimó y entró a terrenos desconocidos para la comprensión racional. Estuvo por encima de la nata donde los demás navegamos. Su mente tocó dimensiones desconocidas para la mayoría.
¿Por qué le sucedió eso? ¿En qué momento sus neuronas hicieron sinapsis con otras secuencias? Nadie puede decirlo.
Un anuncio en la puerta de su casa nos decía por dónde andaba su camino: “La súper inteligencia del control mental”. ¿Mirás cómo él estaba lejos del día a día de los demás?
A mí siempre me sorprendió que era uno de los comitecos que tenía la puerta abierta de su casa, durante toda la mañana. En tiempos donde ahora todo mundo tiene las puertas cerradas o enrejadas, él (en los últimos tiempos) estaba sentado en la puerta, desde ahí presenciaba todo lo que sucedía en la calle, y quienes pasábamos por la calle lo veíamos.
Cuando con Paty, editora ejecutiva, salíamos a repartir el número más reciente de Arenilla, siempre pasábamos a dejarle un ejemplar. Paty bajaba del auto, le entregaba la revista y él lo agradecía desde lejos. Siempre pensé que los artículos de Arenilla podían servirle de asidero del pasado del pueblo, de los tiempos cuando él era un anormal igual que nosotros.
En tiempos recientes él ya no subía al parque, durante mucho tiempo disfrutó llegar al parque central. Algo le sucedió en su motricidad y un día se le dificultó caminar, se auxilió de una andadera, en varias ocasiones lo vi llegar al centro usando ese chunche. Pensé en el esfuerzo que hacía, porque tenía que caminar por pendientes. Un acto humano poderoso subir y bajar por las calles de Comitán con una andadera. Él lo hacía. Pero una mañana ya no salió más de su casa. Todo mundo lo vio en el portón, sentado. Ahí llegaban amigos a platicar con él, a estar pendientes.
¿Qué pasó en su mente? No sé. Su inteligencia se sublimó. El cartel de su casa lo demuestra, él era un hombre “con súper inteligencia”.
Su comportamiento no era el comportamiento común de la mayoría. A veces se volvía agresivo, quién sabe qué veía en su entorno, veía algo que no estaba bien.
Una vez me tocó ver su actuar muy de cerca. Yo estaba sentado en una de las jardineras del parque central, eran como las cinco de la tarde, todo estaba armonioso. Unos gritos alteraron esa concordia, miré hacia el portal, Gustavo le gritaba a un tipo que estaba en la parte superior, lo hacía con vehemencia, con coraje. Algo había sucedido y él no se reprimió. En un momento puso punto y aparte a su diatriba y caminó hacia el parque, sus pasos lo guiaron hacia mí, seguía enardecido. Me vio, ¡Dios mío!, pensé, hasta acá llegué, porque su mirada seguía perdida. Me vio y sin aviso alguno se hincó frente a mí y así permaneció durante un tiempo. ¿Qué hacer? Pensé ponerme de pie y ayudarlo a pararse, pero mi mente me dijo que permaneciera sentado. ¿Por qué tuvo esa actitud ante mí? Después de un tiempo se paró y siguió su camino.
Cuando supe de su lamentable fallecimiento mentalmente me hinqué frente a él, veneré su forma de ser. Si él se portó agresivo con el tipo del portal es porque, sin duda, algo no estuvo bien dentro de la burbuja de la energía celestial.
Posdata: cuando corrió la noticia de su fallecimiento muchas personas lo lamentamos, él era el comiteco cuyo control mental estaba en otra dimensión, algo incomprensible para los seres “normales”. ¿Tuvo amigos que lograran entrar a su burbuja? No lo sé. A veces no podemos acceder a espacios donde moran los seres especiales, los que, en lugar de moño negro, merecen moños blancos, transparentes, celestiales.
¡Tzatz Comitán!
sábado, 13 de enero de 2024
CARTA A MARIANA, CON TRANSFORMACIONES
Querida Mariana: todo se transforma. El artista plástico José Luis Cuevas pintaba su autorretrato todas las mañanas, para dejar constancia de que su rostro se modificaba, día a día. Ahora hay personas que, también a diario, se toman autorretratos con sus celulares y hacen un día a día de la transformación.
Todo se transforma. El jardinero ve cómo los árboles cambian. Hay un documental que muestra cómo, mientras un tren avanza por la vía, todo está en movimiento: las nubes, las frondas de los árboles, las aves, las personas, los perros, el polvo.
No lo percibimos a cabalidad, pero todos los pueblos del mundo se transforman. Don Pilo cambia la puerta de su casa; Doña Amanda cambia de sitio una maceta; Jorge pega un cartel de Los Beatles en su recámara (los chicos de los años setenta, además de los Beatles, pegaban carteles del Che. Ahora, estoy seguro, poca gente pega carteles del Che, muchos más sí pegan carteles de Los Beatles, porque se han puesto de moda de nuevo).
Nuestro Comitán se transforma. Una vez hice un ejercicio de señalar los cambios en una calle. Al mes ya dos negocios habían cerrado. Ahora hay nuevas negociaciones.
Según los investigadores, nuestra ciudad comenzó a transformarse en forma vertiginosa a partir de los años cincuenta, del siglo pasado. La Carretera Panamericana nos unió con el resto del país y con ello llegó “la modernización”.
Llegaron nuevos materiales de construcción y los procesos constructivos que habían permanecido por años se modificaron. Adiós tu tejamanil, bienvenido el cemento.
Vos y yo hemos platicado que Comitán no puede permanecer cerrada a los avances que se dan en este mundo globalizado, no puede permanecer aislada como sí permaneció China por mucho tiempo. Lo que las ciudades deben hacer es aliar lo novedoso con la tradición.
Un día llegó a Comitán la hamburguesa. Bienvenida. Mientras en las mesas comitecas esté el pan compuesto Comitán seguirá siendo grande. Hace poco tiempo llegó Starbucks a nuestra ciudad. Bienvenido. Mientras en las mesas comitecas siempre esté el café chiapaneco Comitán seguirá siendo grande. El café con pan es una tradición centenaria, es algo inherente a nuestra personalidad. Que nadie nos la arrebate, que nadie la cancele. Tal vez eso nos hizo falta hacer cuando llegaron los nuevos procesos constructivos, no tuvimos la capacidad suficiente para agregar la modernidad a las casas tradicionales. Fue una desgracia que se tirara una casa para edificar una nueva. Bien pudo conservarse el toque urbano de siempre. Pero ya comentamos que en algún momento, una autoridad municipal tuvo la ocurrencia de ampliar las calles, porque ya existían muchos autos. Privilegió a los automóviles en lugar de privilegiar al peatón e instituyó un decreto donde quedó establecido que si alguien modificaba su casa debía remeter su fachada, con lo que, de inmediato, firmó la sentencia de muerte a muchas fachadas tradicionales. Tenemos la muestra de ese desacierto en muchas calles del pueblo. Vas caminando en una banqueta y hallás remetidos. Es simpático el recorrido, pero es un absurdo. No tuvimos la capacidad de preservar lo auténtico. Nadie se opuso.
Años más tarde, un grupo hizo la remodelación del centro histórico y, como si fuese un set cinematográfico para película antigua empedraron parte de las calles y enlajaron las banquetas, propiciando con ello que ahora la ciudad sea resbaladiza y provoque muchas lamentables caídas. No tomaron en cuenta la topografía de nuestra ciudad. Si Comitán tiene subidas y bajadas debieron pensar en los peatones adultos, los viejos, y, en lugar de poner materiales resbaladizos, colocar materiales anti derrapantes.
Ayer caminé por el parque de Guadalupe. No se llama así, pero así le decimos. Los comitecos ignoramos el nombre oficial. Deberíamos haber celebrado el cumpleaños sesenta del llamado parque Independencia, que, según consta en una placa de bronce, se inauguró el 1 de enero de 1964. Pero no lo hicimos, porque Comitán se transforma y en este proceso de transformación olvidamos parte de nuestra esencia. Tal vez la autoridad lo ignora porque nadie del pueblo llama al parque con su nombre oficial, la voz del pueblo se impone siempre. El corazón del pueblo lo llamamos parque central, ¿quién dice parque Benito Juárez? Así pues, al parque Independencia todo mundo lo llama parque de Guadalupe. Para actos oficiales se nombra Centro Cultural Rosario Castellanos, pero la mera neta es que una mayoría sigue llamando Casa de Cultura al edificio.
Al leer la placa del parque de Guadalupe pensé que actualmente, como lo de las fachadas de casas, el parque está mocho. Ya no conserva la estructura con que fue inaugurado, porque la placa dice que “como homenaje a los próceres de la libertad de México y Chiapas, fueron construidos por el H. Ayuntamiento Constitucional 1962 – 1964”. Este plural se refiere a que hubo un parque y una cancha. Ahora ya no existe la cancha.
Todavía recuerdo la cancha de básquetbol. Los vecinos disfrutaron la práctica de ese deporte. Como todo se transforma, un día, la autoridad quitó la cancha de básquetbol y construyó una pista de patinaje y ahora tenemos una plataforma con una escultura en cemento que trata de emular una marimba, porque fue concebido para conciertos de ese instrumento, pero, la mera verdad, es que no le han dado ese uso. Si a mí me preguntaran diría que se perdió un espacio de convivencia para jóvenes que hacían deporte en forma sana, quiero pensar.
Todo se transforma. Hay cosas positivas y otras que no contribuyen a nuestro bienestar. En varias ocasiones, algunos ciudadanos han manifestado su deseo de peatonizar el centro. Con un estudio urbano bien sustentado se puede lograr. Esto permitiría que Comitán recuperara parte de su esencia provinciana. Es un tema complejo por la situación actual, pero no sería imposible de lograrlo. Grandes ciudades de Europa tienen espacios de convivencia, donde el automóvil no es el personaje principal, son ciudades humanistas donde se piensa en el ser humano, como lo más importante de la creación. Vos no lo viste, pero en la ampliación del parque la calle que va de Casa de Cultura al Teatro de la Ciudad no fue calle, sino que fue una extensión del parque. Los automóviles estuvieron ausentes. Pero, algunos automovilistas se quejaron, adujeron que debían dar gran vuelta con sus autos y la autoridad cedió y abrió la calle. Los pueblos se transforman, a veces para bien, y en otras ocasiones para mal.
En este tópico debe privilegiarse entre el auto y la persona. De la respuesta diremos si somos una sociedad que pone en primer lugar a las máquinas o pone en primer lugar a las personas. ¿Qué queremos ser? ¿Una sociedad mecánica o una sociedad humanista? Ya no digo más, porque, insisto, es un tema complejo. Si somos un pueblo con más de ciento cincuenta mil habitantes imaginá cuántas opiniones existen al respecto.
Las sociedades se transforman. Toda la vida está en constante cambio, en movimiento. ¿Los objetos tienen la capacidad de cambio? En apariencia no, porque no tienen vida y sólo lo vital se transforma. Pero en casa tengo varios objetos que, con el paso del tiempo, se han deteriorado. De ayer a hoy, el radio que tengo sobre una cómoda se llenó de polvo, este polvo (no lo sé bien) actúa como muchachito jodón sobre la superficie y la desgasta. Los objetos también envejecen, a los radios también les aparecen arrugas, se llenan de canas, se cansan. ¿Los viejos? Ah, ni me quedés viendo. Los viejos padecemos los estragos de la vida, como si fuésemos árboles, hay un instante que estamos llenos de hojas verdes, con nidos y la alegría de cientos de pájaros; pero un día, sin darnos cuenta, vemos en el espejo que comienzan a caer las hojas, nos vamos secando. ¿Los pajaritos? Ah, pues, sé seria.
Posdata: el Comitán de los años cincuenta se ha transformado. Aún existe la esencia, pero nuestra sociedad ya tiene otra fachada. Mientras permanezca la esencia, el pueblo seguirá siendo enorme, enormísimo, porque Comitán es un pueblo único. Todas las personas que lo aman contribuyen a su grandeza. La transformación siempre debe ser para lo positivo. Los seres humanos nos transformamos a cada rato; los papás ven cómo sus hijos van cambiando físicamente y en rasgos sicológicos, los papás y mamás piden porque estas transformaciones sean para un sano crecimiento intelectual y espiritual. Lo mismo se aplica a las sociedades. Comitán ¿está cambiando para bien?
¡Tzatz Comitán!
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