lunes, 24 de marzo de 2025
CARTA A MARIANA, CON IMAGEN SUBLIME
Querida Mariana: acá está la pequeña Nat con su mamá Cielito. Sí, nuestra compañera de Arenilla, encargada del Contenido Digital, está con su hijita.
No hay necesidad de describir la imagen, bella, como bellas la hija y la madre. Cielito, más hermosa que nunca, le cuenta un cuento a su pequeña Natalia.
Desde que Nat estaba en la pancita, Iván, su papá, le leía cuentos. A los dos meses de edad, Nat, recostada en un sofá sigue escuchando historias fascinantes. Acá, Cielo (ah, nombre que habla de su belleza física) le lee el cuento “Lo que más me gusta de ti”.
Nat, con sus manitas sobre su pecho, escucha atentamente lo que su jovial mamá le narra. Porque, Cielito sabe que la palabra es bendita y Nat está pepenando historias sublimes. Sí, ella llegó a este mundo que no siempre es afable, pero su mamá se encarga de despejar los nubarrones y le cuenta historias bonitas, que sean como mariposas que aleteen frente a su carita, que le lleven aire bueno. Se trata de que la pequeña Nat crezca en medio de duendes simpáticos y árboles llenos de frutos buenos; se trata de que la pequeña Nat se alimente, no sólo de la leche materna, sino también del fruto de la imaginación, de la bondad de quienes han contado historias para bebés bonitas. Nuestra compañera Cielo le da la teta para alimentarla físicamente y le da su propio nombre, Cielo, para que su niña vea estrellas (las nueve de Balún Canán) y escuche el murmullo de los cometas. Porque no sólo la palabra ha alimentado a Nat, también, desde que estaba en la pancita, su papá y su mamá le pusieron música clásica, para que los violines y el piano y las tarolas, en plena armonía, celebraran su vida. Me cuentan que cuando Nat está molesta, se tranquiliza si le ponen a Vivaldi. Ah, qué cordón umbilical tan eterno, la música de los grandes sigue estimulando la paz en el mundo, la palabra de los grandes sigue colocando pajaritos sobre todos los aires, sobre todos los vientos.
Acá está una bellísima imagen. Cielito, bellísima, le cuenta historias bellas a su niña, luego le da de mamar (ah, qué momento más sublime) y la saca al patio para que vea el tocayo de su madre y cuente el vuelo de los pájaros y escuche sus cantos y oiga el ladrido de la pequeña perrita Luna y el maullido tierno y exigente del gato Malvavisco.
Esta historia se ha repetido desde que el libro fue libro y mucho antes, las mamás de todos los tiempos han contado historias bellas a sus críos, porque es la forma de neutralizar los monstruos de la realidad; los monstruos de la ficción son aliados de la vida plena, son los que deshacen las dentaduras de los reales.
Nat escucha, con sus manitas sobre el pecho, escucha atentamente las palabras de su mamá, y ésta, espléndida, sonríe al ver que su pichita la escucha.
¿Qué tanto pepena la pequeña? ¡Mucho! ¡Enormidades! Tal vez alguien diría que está muy pequeña para saborear el fruto de la lectura, pero no es así, ella pepena la esencia, como si la palabra fuera una naranja ella saborea cada letra, cada sonido. Ella no es más que la síntesis de la raza humana, nosotros, parecería que no, pero sí pepenamos las historias que el universo nos narra, escuchamos los sonidos que son eco del Big Bang, recibimos el aire que proviene del hálito inicial. Como Nat, todos los seres humanos, en forma sencilla, ponemos nuestras manos sobre el pecho y escuchamos la palabra de nuestra madre nutricia: la Tierra.
Y esta nueva integrante del mundo, disfruta por ahora la palabra que su mamá le cuenta. Acá, el aire sigue siendo el cordón umbilical donde la madre nutre a la hija.
La mamá va dejando huellas en el aire, huellas que, cuando Nat sea grande, buscará para encontrar la senda del sosiego. Todo es aire, todo es vida. La palabra cumple con su misión, la palabra, en este caso, sí cumple su palabra.
En la voz de Cielito va un tren cargado de palabras, de historias; este tren viaja por vías de todo el mundo: por las montañas del Tíbet, por los mares del sur, por la Cordillera de Los Andes, por la Torre Eiffel, por el Big Ben, por las ruinas de Chinkultic, por Palenque, por Tenam, por el parque central de Comitán, por el Cañón del Sumidero, por la Calle del Resbalón, por el nido del cenzontle, por el árbol lleno de orquídeas, por el limonero, por el templo, por el jardín donde crecen azucenas. Cielo le da lechita todos los días, lechita de sus pechos y lechita de historias bonitas.
Posdata: Nat mama lo mejor de la vida. Dios las bendiga siempre. Mientras más mamás cuenten historias bonitas a sus críos en el mundo crece la flor de la esperanza.
¡Tzatz Comitán!
domingo, 23 de marzo de 2025
CARTA A MARIANA, CON FOTOS DE PRIVILEGIO
Querida Mariana: le dije al Doctor Besares que la sección de “Fotos de privilegio” se ha hecho famosa, él protestó, dijo que no importaba la fama sino la trascendencia, agregó, con sus palabras y no éstas, que siempre que ve la foto encuentra a Comitán.
Reflexioné en ello y le concedí la razón. Sí, no importa la fama sino la trascendencia. Cada vez que alguna persona acepta posar a mi lado ocurre un prodigio. Algo sucede en la coincidencia, de pronto, el destino (¿quién más?) hace que alguien coincida conmigo en algún lugar.
Como no salgo del pueblo, más que a lugares cercanos, muy cercanos, la mayoría de fotos de privilegio ocurre en Comitán, así que el entorno es el pueblo donde nací. A veces aparecen personas de otras partes de Chiapas o de México o de Guatemala, son personas que, por algún motivo, llegaron a nuestro pueblo y coincidimos, bien en un parque o en una calle o en el interior de un edificio o de una casa.
En cada fotografía de privilegio está implícita la magia de un instante compartido, así sólo sea un lapso breve. Cada fotografía contiene una historia que ahí se cuenta, quien sabe ver encuentra destellos, hallazgos; halla una tira de vida intensa.
Sí, el doctor Besares, hombre sabio, tuvo razón, no importaba que la sección se hubiese hecho famosa, su importancia radica en que es una historia de vida contada desde Comitán, desde este pueblo maravilloso.
En cada fotografía de privilegio hay un cielo y una burbuja de aire. Coincido con personas, conocidas o no y ellas posan conmigo. El único elemento repetido es mi persona, yo soy la figura que todos tienen, la novedad está en el otro, en la otra, en ellos me reconozco, en ellos está la esencia del ser humano. Somos seres ya de este siglo XXI, somos testigos de una época convulsa, pero prodigiosa. En el siglo donde la Inteligencia Artificial ya es un rostro que se muestra, estas fotografías no tienen Photoshop ni están modificadas, aparecen tal y como fueron capturadas en una “sencilla” cámara de celular o una cámara fotográfica digital.
Cada foto de privilegio es como un árbol, un reloj que detuvo sus manecillas, es un regalo de vida, un presente para el futuro. Cada una de las fotografías tiene una enormísima carga de pasado pero su horizonte recibe la luz de un día recentísimo.
En cada fotografía hay un reconocimiento del instante compartido, me pongo al lado de la persona retratada, extiendo el brazo y muestro un pulgar que denota aprobación y gusto.
Esta serie de fotos es una gran fiesta, donde la vida está concentrada en un instante, quienes ven la fotografía así lo interpretan, por eso, hay personas que de inmediato le dan un “like” corroborando la aprobación y el gusto. He hallado el siguiente comentario: “qué gusto de verlos, hace años que no los veía”, es dicho de alguien que radica fuera de la ciudad y cuando nos “encontró” se sintió identificado, en ese comentario hay también un gran instante de coincidencia, ya no somos dos lo que coincidimos sino tres, o más, más, muchos más. La vida es un compendio de instantes compartidos y en la fotografía de privilegio hay toda una retahíla de momentos esenciales.
Me alegra mucho que en algunas ocasiones me topo con alguien y de pronto él o ella sugieren que nos tomemos una foto y agregan: “la de privilegio”. Por eso me atreví a decirle al Doctor Besares que la serie ya se había hecho famosa, ¡no!, dijo él. Y, hombre sabio, tuvo razón, la fama es efímera, es un cerillo con luz engañosa; la foto de privilegio ya posee una trascendencia que va mucho más allá de los lentes para sol, es el sol, es el mar, la palmera, la banqueta, el césped, la flor, el cielo.
Las dos personas que aparecemos en la fotografía de privilegio sonreímos. A mí me da cierta pena, pero siempre procuro posar mi mano sobre el hombro contrario de ella, como si fuera un pájaro, el ave que hace eterno el instante.
Posdata: la serie ya trascendió la fama, se ha hecho trascendente, infinita, eterna. No tengo ningún derecho sobre tal costumbre, sólo hago lo que ahora hace medio mundo al toparse con el otro medio mundo: dejar constancia de un encuentro, un encuentro fortuito que se elonga en el tiempo. Si la serie ha tenido trascendencia es porque siempre uso una palabra: privilegio, con esto digo que me place estar con la otra persona y que doy mi testimonio de agradecimiento por permitirme tal gusto de vida, tal flor en el campo yermo.
¡Tzatz Comitán!
sábado, 22 de marzo de 2025
CARTA A MARIANA, CON CENTENARIOS
Querida Mariana: Comitán celebra el Centenario del Nacimiento de Rosario Castellanos, la gran escritora comiteca. En muchas partes de México y del mundo hay festejos en su nombre. Ella puso el nombre de Comitán en el mapa internacional. Su primera novela “Balún Canán” tiene como entorno nuestra ciudad, ella platica lo que vio de niña, ahí está su mirada inteligente, reflexiva.
Las personas que visitan el Museo Rosario Castellanos que está en nuestra ciudad conocen algunos ejemplares con traducciones de dicha novela, traducciones al francés, al inglés, al japonés, al hebreo y otras lenguas. Esto sólo significa una cosa: lectores franceses, ingleses, japoneses y hebreos, aparte de lectores en castellano han conocido Comitán a través de sus páginas. Por esto se dice que ninguna otra persona de Comitán ha hecho tanto por esta ciudad, Rosario, siempre Rosario, ella ha sido la más sublime oración para invocar la grandeza de nuestro pueblo.
Este es su año, por eso el Congreso del estado de Chiapas nombró a 2025 como Año de Rosario Castellanos Figueroa. Todo mundo la celebra y esto es orgullo para nuestra ciudad. Pero, no sólo ella es motivo de festejos. En 1925 también nacieron otras celebridades en el mundo y son motivo de fiesta, de recordatorio.
En un texto del escritor José Agustín (“Un día en la vida”) aparece la descripción de un festejo que el también escritor Carlos Fuentes le dedicó al colega estadounidense William Styron, en la cantina “La ópera”, de la Ciudad de México. El famoso escritor William Styron visitó México para presentarse en la Librería Universitaria, a finales de los años sesenta. El texto de José Agustín es también para celebrarlo, ¿por qué traigo el tema en esta cartita? Porque William Styron también nació en 1925, mismo año del nacimiento de Rosario. William nació el 11 de junio de 1925, en Newport News, Virginia. Esto significa que allá y en otras partes del mundo también hay y habrá festejos en su honor. José Agustín narra que Styron llegó a la cantina “La ópera” acompañado de la gran actriz Candice Bergen (“realmente cuerísimo”), y es que William estuvo relacionado con el cine, en 1983 fue presidente del Jurado del Festival de Cannes, el más importante festival cinematográfico del mundo.
En literatura se acostumbra llamar “Generación” a creadores que nacieron en un determinado lapso, pero los verdaderos hermanos generacionales son los que nacieron el mismo día del mismo año, como es el caso que platico: el de William y el de Rosario, uno nació en Estados Unidos de Norteamérica y la otra nació en México, pero ahora todo el mundo celebra su genio en el año que nacieron. ¿Por qué se hace? Se hace para no olvidarlos, para decirnos que su genio creativo fue esencial en el desarrollo del pensamiento del mundo.
¿Hay más escritores nacidos en 1925? ¡Por supuesto que sí! Ya te conté el otro día que Ernesto Cardenal nació en Nicaragua ese año, así que también el pájaro Cardenal es celebrado en 2025. Cardenal, lo sabés, fue sacerdote revolucionario, junto con la palabra tomó el fusil. Lo cierto es que nadie celebra su afición por el arma, pero sí lo recordamos por la sutileza de su palabra, siempre es así (aunque los rebeldes opinan lo contrario), no hay arma más poderosa que el lenguaje. Es muy conocido su poema “Oración por Marilyn Monroe”, que comienza así: “Señor / recibe a esta muchacha conocida en toda la Tierra con el nombre de Marilyn Monroe / aunque ese no era su verdadero nombre / (pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años / y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar) …” ¡Uf!
El gran Emilio Carballido también nació en 1925, en Veracruz. Fue un gran dramaturgo mexicano, sin duda que en este año habrá muchas puestas en escenas de sus obras. ¿Recordás que hace años un grupo de maestros del Colegio Mariano N. Ruiz montó la divertidísima “Cuento de navidad”? Ah, todo mundo se divirtió, los actores y actrices, el estudiantado y los papás y mamás que nos acompañaron en el Salón de Actos, del plantel Los Sabinos. Como fue en temporada navideña, al final el Maestro Hugo invitó un ponchecito. Carballido estuvo esa noche en Comitán, tierra de Rosario. Hoy, ambos siguen unidos por las celebraciones de sus centenarios de nacimiento.
¿Quién más? Hay más, pero como la carta está a punto de concluir sólo menciono dos nombres más, dos nombres de paisanos: el escritor Óscar Bonifaz y la lectora Piedad Albores de Ruiz. Doña Piedacita (como cariñosamente le llamaban sus cercanos) nació en Comitán en 1925 y fue amiga de Rosario Castellanos. Por supuesto que sí. Los historiadores y estudiosos de la vida y obra de Rosario deberán investigar más en la familia Ruiz Albores, porque Lupita Ruiz Albores (hija de Doña Piedad) comentó en un mensaje de redes sociales que su tío Dr. Gonzalo Ruiz Castellanos fue albacea cuando murió Rosario Castellanos, esto habla de la cercanía entre ambos árboles genealógicos.
El otro día platiqué un rato con mi amiga Gloria Ruiz Albores, hija de Doña Piedad, Gloria me dijo que su mamá fue amiga de Chayito (así le llamaba, Chayito). El papá y la mamá de Doña Piedad eran amigos de la mamá y del papá de Rosario, en los años treinta se acostumbraba en Comitán ir de visita a la casa de amigos y luego “se correspondía” la visita. Cuando los mayores se reunían, las hijas también. La niña Piedad jugaba con la niña Chayito.
Ana Lucía Ruiz Bermúdez (nieta de Doña Piedacita) compartió el otro día un video donde habla de Rosario Castellanos (está disponible en Youtube en la página de “Señora Robot”). En dicho trabajo escuchamos a Doña Piedacita, quien cuenta que el papá de Rosario vendió la finca “El Rosario" a un señor de apellido Solórzano y éste lo vendió al gobierno para que se hiciera el ejido. Cuenta también algo de la historia de la mamá de Rosario, Doña Alicia Figueroa, son datos muy importantes, porque los historiadores han puesto más atención al apellido Castellanos que al apellido Figueroa. Doña Piedacita menciona a dos hermanos de Doña Adriana: Adalberto y Jesús, la familia tenía un rancho, de eso vivían. Don Jesús se casó y fue a vivir a la Ciudad de México. Luego, información maravillosa, cuenta que Doña Adriana, mamá de Rosario, “era bonita, ojos crespos, chaparrita”, ah, qué maravillosa descripción. Al contrario, el ingeniero César (papá de Rosario) era “Altote, grandote, grandote, el hijo de Chayito se parece a él”.
¿Mirás? Todo esto contó quien fue amiga cercana de Rosario Castellanos. Y dice más, dice que en los años treinta, en Comitán, había “centros de costura”, donde las mujeres se reunían para aprender a coser, agrega: “yo tenía unos trece años cuando empecé a aprender a tejer en la casa de la Julita Rovelo, en el centro, en casa de Don Adolfo Rovelo”. Ahí llegaba Doña Adriana, Piedad fue, por así decirlo, compañera de salón, cuenta que Doña Adriana sólo pensaba en coser ropa para su hija, para Chayito.
Posdata: en este 2025, la gran estrella es Rosario. En todo Chiapas y en muchas partes de México y del mundo, hay celebraciones en su honor, por el Centenario de su nacimiento, pero acá en Comitán también celebramos el centenario del nacimiento de una de sus amigas cercanas: Doña Piedad. Porque cuando ella platicó con su nieta aportó datos que hoy son testimonio importante de la vida de Rosario en Comitán.
Todo mundo lo dice: Rosario nació en la Ciudad de México (antiguo Distrito Federal) pero como llegó pichita a este pueblo, acá vivió toda su infancia y parte de su adolescencia, ella siempre se asumió comiteca, sus amigas de infancia fueron personas de esta ciudad, con ellas jugó, con ellas estudió, con ellas compartió momentos esenciales. Imagino que cuando ella narra los juegos escolares estaba en su mente los momentos que compartió con niñas de Comitán, en el patio de la escuela. Una de las niñas que compartió instantes de vida con ella fue Piedacita. Acá, ahora están unidos los dos nombres: Chayito y Piedacita.
En pocos lugares del mundo se atreven a decirle Chayito a Rosario Castellanos, acá sí, porque, lo sabés, Comitán es un pueblo afectuoso, muy dado a nombrar con diminutivos a las personas amadas. En este 2025, nosotros le cantamos las mañanitas a Chayito y a Piedacita, niñas que nacieron el mismo año. En la foto que anexo está Doña Piedad, bella pichita comiteca.
¡Tzatz Comitán!
viernes, 21 de marzo de 2025
CARTA A MARIANA, DONDE SE DICE QUE CAMINO POR LA ORILLA
Querida Mariana: me gusta caminar por la orilla, no meto mis pies en el río ni en la arena del desierto.
París me enseñó el camino, todas las personas caminan por los bordes del Sena, ahí se sientan a comer, a descansar, a tomar vino; ahí se besan las parejas, ahí leen quienes adquirieron un libro, bien en las “bouquinistes” o en la mítica librería “Shakespeare and Company”.
En los años sesenta, los comitecos iban al Río Grande, llevaban canastos con “paquitos”, con gallinas “paseadas”. Algunos se metían a nadar a las pozas, otros preferíamos caminar por las orillas del río, como si estuviéramos en nuestro propio Sena.
Camino por la orilla, porque París me dijo cómo hacerlo. Jamás escuché el llamado de Nueva York, por eso no tengo rascacielos en mi mirada ni el metal es mi deseo.
Siempre leo como si estuviera en un café al aire libre, en el boulevard Saint-Michel, como si el espíritu de la Torre Eiffel, más alta que la estatua de tío Belis, estuviera cerca.
No me espantan los callejones ni los espacios reducidos, siempre camino como si estuviera en el corazón de la Plaza de la Concordia, como si la baguete se hubiese hecho pequeña para tener el tamaño ideal del pan compuesto.
Vos sabés que no bebo vino, ya tomé lo que era mi ración de vida, pero siempre que tomo un vaso de agua lo bebo como si fuese vino tinto, como si fuese vino blanco que exige el pescado que como, porque esa palabra tan bonita que es maridaje me lleva a buscar que el agua combine con todo lo que como.
¿Por qué pienso que una de las mujeres más bellas del mundo es Brigitte Bardot? Porque la conocí en el Cine Comitán, que estaba a media cuadra del parque central de Comitán. Entré a la sala, me senté en una butaca de madera, de triplay, pintada de rojo, y la pantalla se iluminó como si fuera un amanecer visto desde la cima del Junchavín, jamás el rostro de una actriz había tenido tal luminosidad, jamás había condensado el brillo divino. Supe que ahí estaba la mujer ideal, la que tenía todo lo que París era: ciudad que, como dijo una amiga en Puebla, fue hecha para enamorarse, para vivirla. Brigitte era, así lo pensé, la mujer que la naturaleza hizo para enamorarse, para vivirla. Desde esa tarde prodigiosa, mi vida no ha sido más que un camino iluminado por el recuerdo de la Bardot. Ella, también, hija del Sena, ha caminado por la orilla del reflector, jamás, jamás se hizo una modificación a su cuerpo, a su rostro, dejó que las grietas del tiempo caminaran por ella, hoy sigue siendo la mujer más bella del mundo, llena de arrugas, con el rostro cansado, con el cuerpo marchito, pero con el espíritu más puro, hecha del aire que vuela por la cima del Everest.
Me gusta caminar por la orilla, no meto mis pies en el río ni en la arena del desierto. Tampoco vuelo, me place ser, como decía Sabines, un peatón.
Mi vida ha dejado que París le ponga su huella, que hable en francés. Si me detengo ante un aparador juego a que estoy en Le Marais; si camino por el Pasaje Morales juego a que es la Galerie Vivienne, y recuerdo a Julio Cortázar, el argentino más francés y viceversa.
Cuando recuerdo a Julio llego a casa y tomo del librero uno de sus libros de cuentos y camino con él en una plaza donde un grupo de jóvenes juega petanca.
Pienso que así como en París hay un Barrio Latino, en nuestro pueblo bien podríamos nombrar un Barrio Francés, para que el paseo estuviera menos en el Río Grande (que ya apesta a mierda) para volverse Río Sena y caminar en su orilla, imaginando que ahí lo cruza el Pont des Arts.
Posdata: dichosos y bienaventurados los que caminan por el centro, los que crecen ante la luz del reflector. A mí me gusta caminar por la orilla, como no sé nadar no me meto al agua de la vida, dejo que la Tierra sea mi casa, el caparazón de mi tortuga.
¡Tzatz Comitán!
jueves, 20 de marzo de 2025
CARTA A MARIANA, CON UN RECUERDO HELADO
Querida Mariana: ayer pensé en el nevero. Nadie en especial. Lo hice porque recordé que en la primaria tuvimos un compañero que le decíamos “Chepe nieves”. En un libro vi la imagen del famoso Yeti, el abominable hombre de las nieves. Inocente pensé que Chepe era pariente del Yeti. ¿Abominable? Chepe era lo contrario, un pan de dulce, era un niño bueno. Luego me enteré que a Chepe le decían así porque su papá hacía y vendía nieve en el parque. Un día que no hubo clases vi a Chepe al lado de su papá, al lado de un carrito de madera que se sostenía en dos patas y dos llantas. Era un invento genial. Me acerqué, lo saludé y él me preguntó de qué sabor quería la nieve: ¿de coco o de vainilla? Cuando hizo la pregunta, antes que yo respondiera, le dijo a su papá, que llevaba un sombrero blanco, que yo era Molinari, hijo del señor que vende la Coca Cola. Don Augusto, dijo el nevero. Mi papá vendía la Coca Cola, pero no la hacía, el papá de Chepe hacía la nieve y salía a venderla, trepaba los tambitos en su carro de madera y en el trayecto de su casa al parque lo anunciaba: ¡nieve, nieve! Esa mañana había preparado dos sabores: coco y vainilla.
Ayer pensé en el nevero, pensé en el oficio: hace y vende. Mi papá sólo vendía el producto. La Coca Cola llegaba desde Tuxtla Gutiérrez en camiones de redilas, bajaban el producto en casa, quedaba en bodega y de ahí, Carmelino y Jorge subían las rejas de refrescos a un camión repartidor y lo distribuían en las tiendas de la ciudad. El papá de “Chepe nieves” era como una fábrica. Pensé en el trabajo que significa el oficio de nevero. Quienes ahora tienen locales donde venden productos chinos suben las cortinas todas las mañanas y colocan la mercancía en los estantes. Como el nombre lo indica, los productos llegan desde China. ¡Dios mío, qué diferencia con las ilustraciones que veíamos en la primaria donde aparecía la mítica Nao de China! La Nao traía sedas, no las boberitas desechables que ahora consumimos y que producen en serie en aquel país asiático. Ninguno de los vendedores produce los chunches. El papá de Chepe sí fabricaba el producto que después vendía. Una mañana, a la hora del recreo, mientras hacíamos fila en la tienda escolar, le pregunté a Chepe si su papá era feliz, dijo que sí, pero, como lo pensaba, agregó que era un trabajo difícil, a veces no se vendía todo y su papá regresaba triste a casa, colocaba las monedas sobre una mesa de madera, las contaba, se levantaba como si también sus pies, además de cansados, estuvieran cargados de tristeza y comía con desgano (a las seis y media de la tarde). Dijo que su papá lo levantaba a las cuatro de la mañana para que le ayudara en el proceso de la hechura, luego él desayunaba algo que le preparaba su mamá, atragantándose, tomaba la mochila y corría para llegar a la escuela. Yo me levantaba a las seis de la mañana.
Posdata: durante un tiempo a mi papá le dio por fabricar refrescos, en casa había una pequeñísima fábrica, me gustaba porque mi oficio era lavar las botellas de cristal, que estaban en una tina llena de agua, de ahí tomaba un envase e introducía una escobetilla con jabón y le daba una buena chaqueteada para que las impurezas se desintegraran, luego pasaba el envase a otra tina que tenía agua limpia. Ese negocio no prosperó. Mi papá siguió vendiendo los refrescos embotellados que llegaban desde Tuxtla.
Vos sos muy joven, tal vez ya no te tocó jugar un juego infantil que se llamaba “Chepe loco”, no sé el porqué del nombre. Sucede que un día, a uno de los compañeros se le ocurrió llamar así a “Chepe nieves”, todos nos reímos, menos él. Vos sabés que los niños son maldosos, casi malvados. Desde ese día, el tierno Chepe nieves se convirtió en Chepe loco, yo veía que su cara se transformaba cada vez que alguien le decía así, su carita limpia cambiaba, se ponía del color del hierro sometido al fuego y también asumía la dureza. Yo pensaba que en él ocurría una metamorfosis, algo de su antepasado El Yeti, el abominable hombre de las nieves, se asomaba. Pero, luego la herencia maligna desaparecía, porque se humedecían los ojitos de Chepe y su carita mostraba su fragilidad, su cara de niño bueno, en compensación por la nieve de vainilla que una mañana me invitó, mientras su papá nada decía, yo le invitaba tres galletas saladas y una coquita pequeña, juntos caminábamos por el patio central de la Matías de Córdova, nos sentábamos en una grada y tomábamos nuestro lunch.
¡Tzatz Comitán!
miércoles, 19 de marzo de 2025
CARTA A MARIANA, CON LA UNIVERSIDAD NACIONAL ROSARIO CASTELLANOS (tercera de tres)
Querida Mariana: un amigo cercano, quien me envía mensajes todos los días, admirador de la 4T, me dijo que iría al Zócalo el domingo 9 de marzo para estar con Claudia. Lo hizo, viajó a la Ciudad de México para ser testigo de ese día histórico. Le deseé buen viaje y como colofón le dije: yo esperaré que Claudia venga a mí, lo dije porque corría el rumor, cada vez más intenso, de que la presidenta de la República vendría a Comitán a inaugurar la Universidad Nacional Rosario Castellanos. Y la predicción no falló, la presidenta no me falló: vino a mí. Claro, para mí hubiese sido algo menos complicado que llegara a la casa, se tomara un café y platicáramos un rato, pero no sucedió así, vos sabés que las agendas de los poderosos no tienen huequitos para esas convivencias sencillas, además, tal vez alguien le contó a la presidenta que en casa, desde Pandemia, no aceptamos visitas.
Pero la presidenta de la República vino a Comitán y yo no podía perder la oportunidad de estar en el mismo espacio que ella. Mi amigo viajó hasta la Ciudad de México, yo la tenía más fácil.
Mi amigo Jorge Mandujano, quien siempre está al tanto de los grandes eventos del país, hizo favor de enviarme copia de la agenda oficial que Claudia tenía el día viernes 14 de marzo: a las siete y media su mañanera; a las diez de la mañana Conferencia Mundial de Mujeres Parlamentarias; y a las seis de la tarde, ¡Dios mío!, inauguración de la Universidad Nacional Rosario Castellanos, sede Comitán, en carretera municipal Tecnológico-Copalar, kilómetro 2,200. Con esta certeza pensé que el día viernes 14 de marzo 2025 sería un día grandioso para el pueblo, vendría la presidenta de la República. Entré a redes sociales y ya había algarabía local, alguien subió una etiqueta donde se leía que el punto de encuentro era el Polideportivo. No tenía idea de la clase de acto que el gobierno había organizado, pero cuando leí esa invitación comunitaria intuí que sería un acto multitudinario y no un acto académico. Pero me repetí: tenés qué ir, tenés qué ir. Mi amigo Mario me llamó por teléfono, preguntó si iría, le dije que sí, que iría con Paty Cajcam. ¿Me pego con ustedes?, preguntó. ¡Claro!, dije, será nuestro privilegio. Le expliqué que como era viernes, teníamos el “En vivo”, que cada semana hacemos en Arenilla para hablar de la obra de Rosario Castellanos, así que saldríamos del centro a esa hora. Además, le dije, vamos en calidad de pueblo, sólo para ver cómo se desarrolla el acto, no somos invitados especiales ni tenemos acreditación como medio de comunicación. Mario aceptó y cinco minutos antes de las cinco mandó un mensaje diciendo que ya estaba en la puerta de la oficina. Terminamos el “En vivo”, nos trepamos al tsurito y partimos con rumbo a la universidad. Decidí ir por la ruta del Crematorio y del Rastro. Como supuse, la carretera del Tecnológico estaba llena de autos. Al llegar al cruce, los automovilistas se pusieron de acuerdo en pasar uno por uno, porque ningún agente vial estaba disponible. A partir de ahí el tránsito se hizo lentísimo, a vuelta de rueda. Nosotros quedamos atrás de un camión de pasajeros, poco a poco avanzábamos, la fila de autos era enorme. Ya era más de las cinco y media (la cita era a las seis), hubo un instante en que la carretera de voy y vengo la convirtieron de un solo sentido y los automovilistas comenzaron a avanzar por el carril de regreso, escuché el sonido de una sirena, una camioneta de policía pasó a mi lado y detrás de él una serie de autos finos, con cristales polarizados, avanzando a gran velocidad. Pensé que era peligroso, porque (nunca falta) cuando pasó el convoy de poderosos, una serie de automovilistas de a pie aprovecharon y se unieron a la caravana. Llegó un instante en que todo volvió a “la normalidad”, sólo seguía avanzando una fila, pero al rato (ya sin velocidad) otros autos trataban de rebasar, porque el avance seguía lentísimo, cuando vine a ver, un carrito verde, simpático, se puso a mi lado, volví la vista y me topé con el senador Pepe Cruz, como buen comiteco, lo saludé: ¡senador, cómo está! Bien, me dijo, ¿tú? Acá vamos. Como el tránsito era lentísimo, me dijo: me bajo para saludarte y vi que abrió la puerta del auto verde, se bajó y me dio la mano. Lo saludé. Se subió al auto y vimos que su chofer se metió en una lateral, se estacionó y el senador bajó. Caminará, pensamos. Pues sí. Quiere llegar a tiempo. Pensé entonces (ahí me equivoqué) en imitarlos. Me metí en la lateral, estacioné el tsurito e invité a Mario y a Paty a caminar. Y allá vamos, la tarde era fresca, el sol ya se disponía a despedirse, caminábamos al lado de la fila de autos que avanzaba poco a poco. Pensé que había hecho buena elección, caminábamos más aprisa, llegaríamos antes que los demás. Pero avanzábamos, acezábamos y no veíamos el Polideportivo. Después de varios, muchos minutos, vimos la pared de la cancha de frontenis, ánimo, ya estamos cerca. Sí, pensé, ya estamos más cerca que hace diez minutos. Vi una mujer que, a lo lejos, estaba sobre la azotea de su casa, desde ahí presenciaba el momento histórico. Claro, ella no miraba más que un enorme gusano metálico sobre la carretera. Por fin llegamos al Polideportivo, como lo decía la invitación de redes sociales, muchísimas personas estaban concentradas ahí, con pancartas de bienvenida, me acerqué a un líder transportista y pregunté si por ahí pasaría Claudia, sí, me respondió con certeza. Fue donde volví a tomar una decisión equivocada: propuse a Mario y a Paty que, como el acceso principal tenía vallas camináramos por la carretera alterna, la de piedras, y para allá fuimos (luego vi en redes sociales que el líder transportista subió foto al lado de la presidenta, porque ella pasó por ahí). La tarde era bella, ya comenzaba a oscurecer, las piedras no trataban bien a las plantas de nuestros pies. Pero, no nos rajamos. Por fin llegamos, más vallas, una persona que resguardaba nos informó en forma muy amable que el gobernador ya había llegado. Él, nuestro paisano, como cientos de personas, estaba en espera de la llegada de la presidenta de la República. El guardia nos dijo que debíamos caminar hacia las carpas gigantescas que levantaron en terreno aledaño a los edificios de la UNRC. ¡Uf, sí, era un acto multitudinario! Lo primero que vi fue una fila de baños portátiles, la gente los usaba. Una amiga me dijo, después, que junto a sus compañeros de trabajo, había llegado a las tres de la tarde, estaban sentados, pero ya había cansancio y hambre. Ya iban a dar las siete, la oscuridad se había instalado alrededor, sólo en el espacio de la manifestación había luz emitida por reflectores. Los conocidos se saludaban, había un ambiente de fiesta, pero también de fastidio, mucha gente emprendió la retirada. La presidenta no llegaba. Se sabe, este tipo de actos exige hacer paradas. Saqué el celular para tomar una fotografía y vi el reloj: ya pasaba de las siete. Con pena le dije a Mario y a Paty que hasta ahí, debía regresar al pueblo, vos sabés que duermo a las ocho, así que mi cama me esperaba. Estábamos cansados por la caminata, por el sudor, por el polvo (un polvo fino que se levantaba cada vez que pasaba un carro, un polvo dañino que me obligó a usar un cubrebocas). Mario y Paty dijeron que sí, que regresáramos a buscar el tsurito. Comenzamos a caminar, Paty dijo: ahí viene una combi, le hicimos la parada, subimos, viajamos parados, la combi iba llena, avanzaba muy lento, al llegar al entronque con la carretera pavimentada, un agente de vialidad (por fin vimos a uno) desviaba los autos con rumbo al aeropuerto de Copalar. ¡Bajan, bajan!, grité, nosotros debíamos caminar hacia el lado contrario. Al bajar, vimos la luna en medio de la oscuridad, bellísima moneda dorada. Ah, qué privilegio para Claudia, el cielo con una luna bellísima y nueve estrellas. Mario dio la mano a mujeres que bajaban del transporte, porque eso sí, agotados, pero los comitecos somos caballerosos. Emprendimos la caminata de regreso. Lamentamos que la luna estuviera detrás, hubiese sido una gran motivadora verla mientras caminábamos. Y allá vamos. Yo adelante, queriendo llegar lo más pronto, Paty y Mario platicando atrás, pero sin hacer pausa. Por fin llegamos, el tsurito estaba solo, ah, fiel compañero de más de veinte años. Subimos y comentamos que cuando el acto terminara regresaría el caos vehicular, ahora avanzábamos con paso firme. Cuando subimos a la combi, Paty dijo que había escuchado que el maestro de ceremonias (el buen Paquito Ruiz Vera) había anunciado con emoción: …Claudia Sheinbaum, presidenta constitucional de los Estados Unidos Mexicanos…, ya había llegado a la Universidad Nacional Rosario Castellanos para la declaratoria inaugural. Sí, estábamos cansados. Pensé en las personas de comunidades cercanas, ¿a qué hora llegarían a sus casas?
Cuando llegamos a la ciudad le dije a Mario que lo llevaría a su casa, Paty me acompañó. Luego dejé a Paty en la oficina, ahí estaba ya su hermano Roberto Carlos, quien también fue a la recepción de Claudia, pero, igual, regresó sin esperar el acto inaugural. Llegué a casa al filo de las ocho, recibí un mensaje de Mario, era una foto donde estaban los invitados de honor. Lo vi en la tele, dijo.
Posdata: un invitado de honor me dijo al día siguiente: casi no llego. Sí, fue muy complicado llegar. Así vivimos un instante histórico para la vida de nuestro pueblo. Hay cientos de testimonios más, cientos de fotografías que dan cuenta de este momento de luz para la educación.
¡Tzatz Comitán!
martes, 18 de marzo de 2025
CARTA A MARIANA, CON LA UNIVERSIDAD NACIONAL ROSARIO CASTELLANOS (segunda de tres)
Querida Mariana: Malena me dijo que sus amigos Ninfa y Robie eran los encargados de hacer los murales del edificio de la nueva sede en Comitán, de la Universidad Nacional Rosario Castellanos. Ah, me dio mucho gusto conocer dicha noticia. La educación siempre debe estar aliada al arte. Cuando el arte se manifiesta en los muros se logra una gran conexión. ¿Lo imaginás? A partir del día de inicio de cursos, el estudiantado, al llegar a su escuela, al caminar por los pasillos, se toparán con imágenes que colocarán flores en sus espíritus. Cuando Malena me lo dijo pensé que debía conocer a los artistas y sus obras.
Una mañana platiqué con el arquitecto Arturo Culebro Jiménez, profesional que se encargó de hacer la preparación de los muros para que los artistas trabajaran. Le pedí que me permitiera ir al sitio para que me explicara el proceso, paso inicial, importantísimo, en la ejecución de la obra. Pensé en Diego Rivera al pintar los murales en la Ciudad de México, casi vi al enormísimo sapo genial trepado en los andamios, llenando de luz, de color, de vida, los muros, supe que antes esas paredes necesitaron una preparación. El arquitecto Arturo se colocó otra medallita en su carrera profesional, porque ha participado en obras emblemáticas en este país. Junto con su papá, Fredi Culebro, realizaron las estructuras de dos terminales del Tren Maya, y digo que se encargó de la preparación de la base para el mural exterior de la Universidad Nacional Rosario Castellanos. ¡Nadita! Los artistas le pidieron que preparara seis capas, con diferente color, porque la técnica empleada en dicho mural fue la del esgrafiado. ¡El resultado ha sido maravilloso! La UNRC es un espacio muy digno, ventana para el conocimiento y para el arte.
Arturo Culebro Jiménez nació el 16 de diciembre de 1983, en Comitán, se tituló en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Iberoamericana, en Puebla. Colabora con su papá en la empresa Culebro & Jiménez Constructores, S.A. de C.V.
Ninfa Torres Lagunes nació en 1982, en Misantla, Veracruz. Estudió la Licenciatura en Artes Plásticas en la Universidad Veracruzana en la ciudad de Xalapa, Veracruz. Desde 2008 imparte cátedra en la licenciatura de artes visuales de la UNICACH. Ha hecho estudios de posgrado en España, ha participado en varias Bienales y fue becaria del programa de Estímulos para el Desarrollo y la Creación Artísticas del Fondo Estatal de Veracruz.
Robie Espinoza Gutiérrez nació en 1982, en Veracruz. Es licenciado en artes plásticas, con especialidad en pintura, por la Universidad Veracruzana. Cuenta con 8 exposiciones individuales y ha participado en más de 30 exposiciones colectivas dentro y fuera del país. Fue becario de jóvenes creadores FONCA. Es docente en la licenciatura en artes visuales, en la UNICACH.
Posdata: lo que era un muro blanco, mudo, se convirtió en un mural lleno de vida. Los artistas le hicieron a Rosario Castellanos una permanente reja de papel de china, para celebrar el centenario de su nacimiento.
Anexo copia del mural exterior, ahí está Rosario, en medio de la naturaleza, en medio de sus palabras, ella ve hacia el horizonte, hacia el centro de México, los pájaros y mariposas forman una ronda alrededor de su genio, detrás de unas hojas está agazapado un felino, mientras, quitado de la pena, un ciervo bebe agua, este ciervo no lo sabe, pero aporta una nueva visión a la leyenda comiteca, acompaña al jaguar que bebió agua en la pila, el ciervo bebe agua del manantial universitario y todo mundo dice: ¡qué acá se construya el faro de luz, de sabiduría! Es tiempo de la primera lluvia, los tzisimes aparecen y van tras las hojas verdes del Verbo, de la palabra de Rosario.
¡Tzatz Comitán!
lunes, 17 de marzo de 2025
CARTA A MARIANA, CON LA UNIVERSIDAD NACIONAL ROSARIO CASTELLANOS (una de tres)
Querida Mariana: anotá la fecha 3 de marzo 2025; anotala en el libro de las páginas luminosas de Comitán; untala en tu espíritu. Esta fecha marcó el inicio de labores de la Universidad Nacional Rosario Castellanos, unidad académica Comitán.
La presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, le dio el rango de nacional a la universidad y el plantel de Comitán es el primero fuera de la Ciudad de México.
La universidad comenzó sus labores sin un acto protocolario de inauguración. Para ser testigo de ese día importante, pasé a dejar a mi Paty al plantel Los Sabinos, del Colegio Mariano N. Ruiz, y luego fui a la UNRC, chequé la hora, eran las siete de la mañana con doce minutos. Viajé por la calle de terracería del Crematorio Los Sabinos, luego por la terracería al lado del Rastro (que siempre apesta), donde está el Fraccionamiento Rosario Castellanos (¡qué visionarios los dueños!), llegué al crucero que lleva al Tec y al Polideportivo, seguí por esta ruta, ya que las instalaciones de la UNRC están al lado de este centro deportivo (poco visitado por deportistas). Llegué. El acceso pavimentado ya estaba por concluir, pero no había paso (supuse que darían paso hasta que se realizara el acto protocolario), así que entré con el tsurito por una vía alterna, también de terracería, para seguir con la costumbre. Llegué hasta la puerta principal de la institución y ahí encontré a un papá que llevó a su hija en motocicleta, nos saludamos, me dijeron que ellos viven en Cash, ella se veía emocionada, ¡cómo no!, era el primer día de sus clases universitarias, en la carrera de Relaciones Internacionales. ¡Nadita! Desde Cash para el mundo.
Sí, el 3 de marzo 2025 fue un día glorioso para Comitán, para la región, para todo Chiapas y, si me forzás, para todo México. La UNRC es una opción que acerca los estudios profesionales a la juventud, sin costo, porque no hay pago de inscripción ni de colegiaturas. La educación pública se pone al servicio del pueblo. No sé qué pensés vos, pero a mí se me hace una noticia sensacional, por eso fui, muy temprano a constatar cómo se daba el inicio. Las puertas permanecían cerradas, me dijeron que habían citado a los alumnos a las ocho de la mañana.
Más adelante me topé con dos chicas sentadas en una banqueta. ¡Qué madrugadoras!, comenté. Una de ellas (luego supe que venía de Tuxtla Gutiérrez) dijo: me perdí, no sabía cómo llegar. No se me ocurrió otra cosa para decir que: pero ya llegaste y ahora ya no te perderás, ella rio.
Sólo estaba una persona resguardando la puerta. Pensé que debía tomar la fotografía de ese momento luminoso, histórico, para enviártela a vos, así que pedí a las chicas que posaran. Ellas aceptaron, con gusto. Te paso los nombres de esas muchachas universitarias que fueron las primeras que llegaron a la UNRC el día de inicio de clases: Miranda Montes López, Guadalupe Reyes Valdizón y Yaneth Monserrath Hernández Santis. Les deseé mucha suerte, como viejo clásico les recomendé que estudiaran mucho, que le echaran ganas. Luego me enteré que varios chicos llegaban de la tierra caliente y una chica provenía de Campeche, ella estudiaría Derecho y Criminología. Las chicas me dijeron que en sus mochilas llevaban fruta, agua, tortas y libretas. Las guerreras no estaban sin fusil, estaban bien preparadas.
La persona de resguardo me quedaba viendo con cara de: este viejo qué quiere, tarareando la canción que le gustaba a mi papá, la de Vereda Tropical, caminé por la periferia, vi un trascabo en el interior, casi al lado de un mural hermosísimo. Pensé que la obra civil aún no había concluido. Regresé porque advertí que mi presencia podía ser incómoda. No valía la pena molestar, era una mañana espléndida, más chicos y chicas llegaban, en taxis, combis, autos particulares, motocicletas. Para que el acto no pasara tan en silencio, de pronto todos escuchamos un ruido de impacto, un taxi llegó a darle un besito al culito de una combi. Los dos choferes bajaron, comenzaron a discutir, el taxista pegador revisó la trompa de su auto, nada tenía, pero el chofer de la combi señalaba que había descascarado una parte de su vehículo, el taxista dijo: te dejo mi licencia y luego nos ponemos de acuerdo. Pensé que ambos tenían urgencia de seguir con su ruta. Los dejé discutiendo. Ya había tenido un mínimo testimonio del día de inicio de clases. Con eso era suficiente. Supuse que más tarde abrirían las puertas y los estudiantes entrarían a su nueva escuela: la Universidad Nacional Rosario Castellanos.
Posdata: trepé al tsurito, puse una estación de radio, pero la apagué, porque el instante me reclamaba ir en silencio, apreciando el entorno, reflexioné en la importancia de tal hecho: una universidad de rango nacional, con el nombre de nuestra amada escritora, había iniciado labores. ¡Ah, qué momento!
¡Tzatz Comitán!
domingo, 16 de marzo de 2025
CARTA A MARIANA, DONDE SE CUENTA DEL LIBRO DE PAULO
Querida Mariana: esta fotografía es de privilegio, estoy al lado de Paulo Ortega Aguilar, joven que labora en el restaurante La Esquina de Belisario.
En esa esquina, Paty Cajcam y yo pasamos con frecuencia, casi diario. Si pasamos como a las doce y media ya encontramos a los habitués de la mesa, grupo de amigos que se reúnen todos los días a platicar. Esa mesa ya se hizo famosa, Jorge me dijo que ya son como veinticinco (Ha abundado el maíz criollo). Pasamos casi a diario, porque es el camino para ir a la oficina, desde el centro. Ya mirás que la oficina está a cuadra y media del parque central, es otro de mis privilegios. Como la oficina está en la segunda planta de un edificio, abro la ventana y salgo al balcón. Desde ahí disfruto la vista de la calle, de los tejados, de los tinacos, de las aves, de las nubes, del cielo, de las chicas que pasan, de las mujeres que ofrecen pitaules, de los chicos que manejan motocicletas. Esta ha sido mi calle desde siempre, porque a una cuadra de la oficina está la casa donde viví de niño. Y, en ese tiempo, hacía lo mismo, miraba la calle desde un balcón. Siempre recuerdo lo que escribió Rosario en su “Balún Canán”: “Debe ser tan bonito estar siempre, como los balcones, desocupado y distraído, sólo mirando…”. Yo digo que más bonito que ser un balcón mirón, es más bonito ser una persona mirando, desde los balcones; mirando Comitán, el Comitán de hoy, el de siempre.
La otra mañana caminamos por La Esquina de Belisario, como a las diez de la mañana y oí mi nombre (como era muy temprano para la mesa seguí caminando, digo esto porque a veces Javier, integrante consuetudinario me llama), oí mi nombre, pero seguí caminando, Paty me tomó del brazo y dijo que me llamaban, volví la mirada y encontré a Paulo, quien se acercó y me dijo que si podía firmarle uno de mis libros. Me sorprendió. Él explicó que estudió el primer grado de secundaria en el Colegio Mariano N. Ruiz, la maestra de español dejó la actividad de leer mi libro de cuentos “Un ángel llamado Pavitto” (edición de la Universidad Mariano Nicolás Ruiz Suasnávar), él compró un ejemplar, lo leyó e hizo la activad. Al terminar de decirlo, sosteniendo la carta contra su pecho, corrió hacia un revistero y de ahí sacó el ejemplar del libro, mi libro, su libro. Sentí como si estuviera en la cima de una montaña viendo la salida del sol, digo esto para decirte que me sentí bien, me dio gusto esa serie de coincidencias. Paulo dijo que sólo el primer grado lo estudió en el colegio, el segundo y tercer grados los hizo en la Secundaria del estado, luego hizo su bachillerato y ahora trabaja como mesero en la Esquina de Belisario. Puse el libro sobre una mesa y se lo dediqué, al final escribí que la firma había sido la mañana de un día histórico para Comitán, pues más tarde, mucho más tarde, Claudia Sheinbaum llegaría al pueblo para inaugurar la Universidad Nacional Rosario Castellanos. Paulo y yo comentamos acerca de la infinidad de opciones para estudiar una carrera profesional en línea. Ahora trabaja, pero en el Internet hay mil ramas para continuar abonando en el árbol del conocimiento. Le entregué el ejemplar, me despedí y Paty Cajcam y yo seguimos con nuestro rumbo. Iba emocionado, había tomado el ejemplar de los cuentos y le había dicho a ambos que ahí estaba un cuento bonito, el de “Sombras”, que cuenta la historia de un tipo que, por motivos inexplicables espera que dos hombres terminen de colocar un cadáver en un ataúd, cuando los hombres terminan su labor, uno de ellos extiende la mano exigiendo el pago y el tipo revisa las bolsas del pantalón y comprueba que no tiene dinero, “tal vez olvidé la cartera en el hotel”, dice, apenado, a partir de ese instante todo comienza a tener tintes trágicos, porque uno de los hombres le dice que con un difunto al día es suficiente, el tipo insiste en que les pagará, pero el hombre responde en forma irónica a todo lo que él sugiere como posible solución. Leí en voz alta dos de las líneas, pero me di cuenta que Paulo estaba en hora de trabajo y debía ofrecer un desayuno a los posibles comensales. Me despedí. Él tomó su ejemplar y yo me fui satisfecho, respirando hondo en mi Comitán.
Posdata: al otro día caminaba por ahí, buscando a Paulo para saludarlo de lejos, pero a quien miré fue a Gabriel Guerra Castellanos, quien vino a Comitán como invitado de honor para la ceremonia donde la presidenta de la república inauguró la universidad nacional que tiene el nombre de su mamá, la famosa escritora. Platiqué cinco minutos con Gabriel, estaba a punto de ir a su hotel, porque debía viajar al aeropuerto para regresar a la Ciudad de México. ¿Quién podía tomar la foto de privilegio? ¡Paulo, Paulo, por favor, tomanos una foto! Le di mi celular y él cumplió el encargo. Gabriel pagó y nos despedimos. Luego me despedí de Paulo, el chico que conserva un ejemplar de “Un ángel llamado Pavitto”. Cuando dejé de leer las primeras líneas del cuento “Sombras”, le dije a Paty que consideraba que el cuento era bonito y Paulo dijo que a él todos los cuentos le habían agradado. ¡Ah, qué sabroso corre el aire hasta mero arriba de la montaña!
¡Tzatz Comitán!
sábado, 15 de marzo de 2025
CARTA A MARIANA, CON LIBRERÍA
Querida Mariana: ¿ya viste el letrero? “Los libros tienen la palabra”. Es el lema de las Librerías Educal. En Comitán tuvimos una librería Educal, en los años ochenta, estuvo en el Pasaje Morales, fue una iniciativa que tuvimos mi Paty y yo.
No, desgraciadamente no tardó mucho tiempo. Pero, como diría, el clásico: “el intento se le hizo”, el intento de sembrar amor por los libros, por la palabra.
Hoy contamos con dos librerías en el pueblo: La Proveedora Cultural y Porrúa. La Proveedora está en su local rumbo a La Cruz Grande; y Porrúa está en el Centro Cultural Rosario Castellanos, frente al parque central. El otro día me platicó el maestro Diego Greene, director de cultura del Ayuntamiento de Comitán, que gestionan la apertura de una librería del Fondo de Cultura que estará en el Museo Rosario Castellanos.
En la fotografía verás que nuestra librería fue híbrida, si podemos llamarla así, porque, como anuncia la bandera que está anexa, había también venta de revistas y publicaciones. Mi Paty, con responsabilidad, iba a dejar a los hijos a la escuela y luego abría el negocio; cerraba para ir por los hijos a la escuela, comía en casa y luego regresaba al negocio, de cuatro a ocho de la noche. Era una frieguita, como siempre ha sido el trabajo de los comerciantes, atendía de lunes a sábado. Yo pasaba en las tardes a acompañarla y a atender por ratos, cuando ella tenía algún compromiso. Los domingos yo abría, de diez a dos de la tarde. Siempre había gente que llegaba a comprar algún periódico o alguna revista, sólo de vez en vez alguien adquiría un libro. Sabíamos que así sería la dinámica. El fomento de la lectura es una siembra demandante que da escasos frutos, pero hay que insistir.
Si mirás con atención la fotografía verás lo que sucede siempre que hay un espacio de lectura, las vitrinas son peceras que atraen, que llaman la atención, que enganchan posibles vocaciones. Así como está el niño recargado en el pretil, un día de mi infancia me paré frente a la vitrina que tenía Don Rami Ruiz (viejo maravilloso) en La Proveedora Cultural y hallé al lado de las revistas Kalimán, Memín Pinguín, La Familia Burrón, Chanoc, Los Agachados de Rius, un ejemplar de la Biblioteca Básica Salvat, el primer número, con la novela “La Tía Tula”, del gran escritor español Miguel de Unamuno, como ese día me sobraba paguita, compré el Memín y también la novela. Ah, ese fue el deslumbre, el gran inicio. Desde entonces, lo sabés, nunca he abandonado los libros, estos han sido los grandes compañeros de mi vida, los que me han propiciado instantes sublimes, los que me han hecho viajar por muchas partes del mundo, en diversas épocas. He conocido miles de historias y he aprendido muchos conceptos que han trazado la ruta de vida que ahora sigo. Todo lo hizo un gran ventanal donde había expuesta una serie de revistas, periódicos y libros.
Abrimos la librería Educal, con gran emoción. Antes me puse en contacto con la directiva, en la Ciudad de México, hablé de las bondades del lugar, el Pasaje Morales siempre ha sido un espacio de excelencia, convencí a los directivos, firmamos el convenio y un día llegó un buen cargamento de libros (en consignación), vinieron dos ejecutivos y, expertos en mercadotecnia, dijeron que, como en un supermercado, debíamos colocar los libros en el acceso, para que los compradores usuales de revistas y periódicos se “toparan” con los libros, así lo hicimos, colocamos las revistas al final del local y en la entrada mesas y exhibidores con libros. Sí, los compradores veían los libros al entrar y luego ya iban por las revistas de Traileros, que era muy buscadas en ese tiempo.
Sí, mi Paty colgaba revistas, era el gancho para que los lectores entraran: había una muy buscada “Golden” y la infaltable “Playboy”. Siempre recordaba los puestos de revistas que había en esquinas de la Ciudad de México, cuando estudié allá en los años setenta. Mi Paty sabía que debíamos usar el clásico “si no se muestra no se vende”, así que en cuanto llegaban las nuevas revistas las colocaba en el aparador. Las revistas y periódicos nos las enviaba Don Alonso, yerno de Don Rami Ruiz, nos daba un porcentaje por cada venta. El trabajo era interesante, a mi me encantaba porque cuando estaba en atención al cliente podía, por ratitos, leer todas las revistas, Proceso, Muy Interesante y, por supuesto, echarle un ojito al Playboy; además de leer libros. Ah, el mayor placer de mi vida lo tenía a la mano. Eran peldaños para cumplir los deseos.
Si alcanzás a ver en los carteles anunciábamos que ya teníamos a la venta dos libros, de dos grandes comitecos, uno era una novela: “Una piedra en mi zapato”, de Óscar Bonifaz, escritor que en este año, igual que Rosario Castellanos, igual que Doña Piedacita Albores de Ruiz, celebra el Centenario de su nacimiento. El otro libro era “Así te recuerdo Comitán”, de Doña Lolita Albores, quien fue amiga personal de Rosario Castellanos, a tal grado que vivió en la casa del papá y de la mamá de Rosario, en la Ciudad de México. Cumplía mi sueño de tener abierta una librería para los paisanos, para que los posibles lectores de este pueblo se “topetearan” con libros y con revistas. Te he platicado que yo comencé a ser un gran lector leyendo revistas de monitos. Uno de los regalos de cumpleaños que recuerdo con emoción fue un paquete de cinco revistas ilustradas que me obsequió Toña, secretaria de mi papá, ella llegó, me dio un abrazo y entregó un paquete forrado con papel de china (como se acostumbraba entonces), rasgué el papel (como si fuera una maravillosa reja de papel de china) y encontré cinco maravillosos cuentos (como les llamábamos a las revistas de monitos, hoy cómics). Ah, fue un deleite, me senté en el piso del corredor amplísimo y al lado de macetas llenas de flores despaché las revistas. Una de ellas, te he contado fue la historia del gran viajero Marco Polo, ahí (en una revista de monitos) conocí la Muralla China. Nada me desprendía de ese gusto, del enorme gusto de la lectura, estaba en Comitán y, en un instante, estaba en la lejanísima China, viajaba al lado del enorme viajero universal. Nada podía compararse con ese gusto.
Hoy, cuando acudo a una institución educativa, siempre comparto con los estudiantes lo que dijo Jorge Luis Borges: la lectura es una de las formas de la felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz. A mí nadie me obligó a ser feliz, un día, alguien puso en mis manos una revista de monitos, y luego un libro (maravilloso instante) y desde entonces no he dejado de asomarme a esa ventana que me hace tan feliz, inmensamente feliz.
Cada mes enviábamos reportes a Educal, en la Ciudad de México, las estadísticas, por desgracia, mostraban que cada mes mermaban las compras de libros. Nosotros sobrevivíamos gracias a las ventas de revistas y periódicos, pero un día hicimos cuentas y llegamos a la siguiente conclusión: ganaremos más paga si damos en renta el local (porque era nuestro), así que la necesidad fue más fuerte que la pasión. Un día encajonamos (uf) los libros, los enviamos a México y cancelamos el convenio. Fue apenas un intento. A veces pienso en ello y pido que, así como yo me enamoré de los libros en el negocio de Don Rami, algún chico también se haya enamorado de los libros en la Librería Educal, del Pasaje Morales. Conforme pasó el tiempo llegó el instante donde Samuel Albores abrió la librería que, sin duda, ha sido la más completa en material literario de altos vuelos, porque Samy es un experto lector. Quienes conocieron la librería de Samy (que ya no existe), Librería Lalilu, podrán confirmar el espacio prodigioso que él creó, porque al lado de la librería existió un jardín lleno de flores y de árboles. Uno compraba un libro y el espacio antojaba para sentarse a leerlo en el jardín.
Hoy sólo tenemos dos librerías. La Proveedora Cultural tiene un espacio especial para libros y otro para venta de artículos de papelería; Porrúa sí es una librería al ciento por ciento. En Lalilu, Samy tenía un espacio para una cafetería donde tomabas un café y un pastel vegano. Por eso digo que Lalilu fue la mejor librería que jamás hubo en este pueblo. Los lectores lamentamos el cierre. ¿Cuántas personas lamentaron cuando cerramos la Librería Educal?
Posdata: sólo dos librerías existen en nuestro pueblo. Esto da una idea de cómo la llamada Capital Cultural de Chiapas aprecia la lectura. No podemos caminar si tenemos carencias, si no tenemos el bastón increíble de los libros. Educal dice que “los libros tienen la palabra”, los pueblos sin libros se quedan sin palabras, tal vez por esto cada vez más enmudecemos ante el prodigio de la vida que asoma a nuestros ojos y ya también nos estamos quedando casi ciegos.
¡Tzatz Comitán!
viernes, 14 de marzo de 2025
CARTA A MARIANA, CON LA PRESENCIA DE IVÁN IBÁÑEZ
Querida Mariana: ahora es Iván Ibáñez, maestro de la comunicación, quien se agrega a la relación de personas que, desde Comitán, desde Chiapas, celebran el Centenario del Nacimiento de Rosario Castellanos.
Cada vez la relación es más grande, lo que es demostración de cómo la gente lectora reconoce el talento de nuestra escritora comiteca, ¡sí, comiteca!, porque a pesar de nacer en el antiguo Distrito Federal, ella siempre se asumió comiteca.
La presencia de Iván en esta carta reafirma su compromiso como excelente comunicador, porque en su noticiario Noti-Vos durante el 2024 dio espacio para que conmemoráramos el quincuagésimo aniversario luctuoso de Rosario y en este 2025 hay cápsulas culturales que celebran, por todo lo alto, el Centenario de su nacimiento.
Su texto se agrega al que he compartido del licenciado Luis Ignacio Avendaño Bermúdez, presidente del Congreso del estado de Chiapas; al texto del profe Denis Solís, presidente municipal de La Trinitaria; al texto de la promotora cultural María Elena Jiménez Guillén; al texto del escritor Jorge Mandujano; al texto del escultor Luis Aguilar; al texto de la escritora y poeta Marvey Altuzar Figueroa; y al texto del comitequísimo Raúl Macal Cancino, gran viajero.
La presencia del maestro Iván Ibáñez es fundamental en los medios de comunicación regionales. Él es un gran lector, apasionado lector, lector inteligente, sabe de la importancia de la lectura y del fomento de ella; por eso insiste en que un festival dedicado a una escritora debe privilegiar a la literatura, propugna que el Festival Internacional Rosario Castellanos que se celebra en nuestra ciudad año con año debe organizar encuentros con grandes creadores literarios. Propuso en una ocasión que se invitara a Mario Vargas Llosa, sólo como un ejemplo de lo que debería ser el festival. En este 2025, las autoridades culturales deben hacerle caso a Iván, que el festival dedicado a Rosario Castellanos sea un acto festivo, brillante, magno, que grandes creadores vengan a Comitán, para que muchos visitantes lleguen al pueblo a celebrar y honrar el genio creativo de nuestra escritora. Se ha deslizado en varias ocasiones la idea de traer, junto a Vargas Llosa, a la gran escritora española Irene Vallejo. ¡Qué así sea!
Ahora, querida mía, comparto con vos el texto que envió Iván. Va copia:
ROSARIO CENTENARIO
Rosa Río.
Rosa Ario.
El Osario en que ya no río.
Pasarán 100 años o mil, Rosario,
No importa.
Todo está en tu nombre
En tu siempre y en tu paso,
Rosario.
Rosa
Osario
Río
Este libro en que te tengo
Tuyo antes, ahora mío.
Posdata: como mirás, el texto escrito por Iván es una selección de piedritas preciosas, las levantó, amorosamente, por supuesto, del gran río del lenguaje, las acomodó y como si fueran estrellas de mar hizo una constelación con ellas, todo en nombre de la gran Rosario.
¡Tzatz Comitán!
jueves, 13 de marzo de 2025
CARTA A MARIANA, CON EL TIEMPO A FAVOR
Querida Mariana: Julio Cortázar sabía que el tiempo es el mayor tesoro del mundo.
Ayer lo comprobé, a las doce con diez llegué a Mahi Mahi. Como los dueños son amigos míos llego sin necesidad de visa especial. “¿Le sirvo algo?”, me preguntó un mesero. No, gracias. Cómo explicarle que soy el cliente menos esperado, cómo decirle que sólo llegué para disfrutar el espacio.
Digo que soy amigo de los propietarios, así que, comodino como soy, llegué sólo para escribir esta carta, porque (lo he dicho mil veces) no disfruto los espacios cerrados, en cambio soy feliz cuando estoy en un espacio abierto. En la cocina hay música clásica; en la barra, música con herencia del Caribe, una música que se acompaña con un ritmo de cumbia. Pienso en Gabriel García Márquez, quien era amante del vallenato; pienso en mí, porque hace años escribía con música de Bach, de fondo.
Te anexo fotografía desde el lugar donde te escribo esta carta. Roberto y Paty están en la cocina, graban un video donde se verá cómo el chef José Luis cocina el pulpo, que es una preparación única y exquisita. José Luis dijo hace rato que a él le gustaría cocinar todo a las brasas, porque la identidad de la cocina comiteca viene del tiempo de los anafres, del tiempo de los fogones. Sí, en la cocina de mi casa de infancia, a la mitad del espacio había un enorme fogón circular, que tenía diez hornillas, siempre había un rescoldo de luciérnagas que revivían cuando Sara usaba el soplador y calentaba mi chocolate o las tostadas.
Ahora Tania se acercó y me invitó un vaso de agua de piña o con agua pura. Elegí el agua pura. Recordé que anoche releí un cuento de Pablo Salazar López, que aparece en el libro que obtuvo el Premio Nacional Juan José Arreola 2025. En dicho cuento aparece un dato científico donde dice que la piña es un fruto que estimula el placer sexual, y sensual agregaría yo.
Ahora ya son las doce con treinta y cuatro minutos, en la cocina se sigue escuchando música de Andrés Rieu, en la barra suena Diego Verdaguer y el grupo Cañaveral, pero sólo alcanzo el final, porque ya suena La Sonora Matancera: “... los peces de colores los lleven a pasear. En el mar la vida es más sabrosa…”. Ah qué genial coincidencia, el cantante dice que en el mar la vida es más sabrosa. Y esta carta te la envío en la mejor sucursal comiteca, porque el lema de Mahi Mahi es, precisamente, Cocina de mar, y para confirmarlo Paty ya degusta el pulpo zarandeado, cocinado a las brasas. Vi a la hora que el chef puso el pulpo en la olla con agua hirviendo y “espantó el pulpo”, fue un acto mágico, porque el pulpo se rizó y todos sus tentáculos formaron una flor abierta.
Hoy nada comí, sólo acepté el vaso de agua natural, pero te conté en una carta anterior que ya probé ese pulpo zarandeado que hoy degusta Paty. Te conté que me gustó mucho, lo recomiendo ampliamente. Sabés que no como cualquier cosa, sabés que no acudo a cualquier lugar. Acá me siento feliz.
Ahora son las doce con cuarenta y ocho, estoy en el corredor de la casa antigua, Paty me llama para la foto del recuerdo, con los amigos propietarios del restaurante.
Posdata: invertí casi una hora, fue una gran inversión. Viví instantes sublimes, en un gran espacio comiteco. Ah, qué bendición, honré la memoria de Julito, honré mi vida. Ahora ya acompaño a José Luis, Tania, Paty y Roberto en la mesa. Desde acá veo la barra con intervención reciente, el arquitecto Mauricio Ulloa le dio un toque exquisito. Todo fue una carretada de vida luminosa.
¡Tzatz Comitán!
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