miércoles, 11 de agosto de 2021

CARTA A MARIANA, CON AGRADECIMIENTO

Querida Mariana: a mí me gusta decir gracias. Mi mamá me enseñó a decir: gracias. Si la tía Emelina me regalaba un libro, mi mamá, desde su altura, me preguntaba: “¿Cómo se dice?”, y yo, abrazando el libro a mi pecho, decía: gracias, corría al traspatio, donde me sentaba en una gradita, y leía el nuevo libro. ¿Cómo se dice?, decía mi mamá y yo, en automático, decía: Gracias. Me gusta esa palabra, porque ahora sé que la gracia es un don y cuando hay muchas gracias hay muchos dones. En Comitán tenemos la costumbre de preguntar a alguien que acabamos de conocer: ¿Cuáles son tus gracias?, y la persona hace una relación de los dones recibidos por la naturaleza y los dones pepenados en el camino, porque si bien es cierto lo que dice el dicho: lo que natura no da, Salamanca no presta, el tezón y la disciplina hacen que, por ejemplo, un escritor realice una obra digna. Una obra que, por supuesto, no estará jamás a la altura del genio que fue tocado por la gracia divina, la gracia natural. ¿Cuáles son tus gracias, niña de mi vida? ¡Ah!, yo digo que tenés muchas, pero hay una que es más relevante y es la que consolida tu vocación. Ayer leí una noticia que me dejó “apantallado”, porque tiene relación con lo que en la pantalla se presenta: “El Conalep tendrá cinco nuevas carreras técnicas de cine, en 2022”. Digo que, en medio de la desgracia de la pandemia, aparecen signos de gracia, y debemos dar gracias. ¿Por qué? Porque vos y yo y medio mundo hemos tenido elementos de resistencia para soportar esta realidad que jamás imaginamos vivir. Millones de personas han resistido la pandemia gracias a la lectura. Los libros han sido lo que siempre: acompañantes leales. La lectura ha sido un bálsamo para el espíritu, el aroma de hierbabuena en la burbuja asfixiante. Y el otro elemento cultural relevante ha sido el cine. Millones de cinéfilos han visto cine desde la casa. En este tiempo de agobio aprendí un anglicismo: streaming. Hubo un momento en la historia que tuvo mucha difusión el mensaje: “El cine se ve mejor en el cine”, en afán de llevar a los cinéfilos a las salas. Lo que decía el mensaje es una certeza. Es única y maravillosa la experiencia sensorial de acudir a una sala cinematografía. Pero, eso aplica en tiempos normales, cuando hay situaciones extraordinarias, como la que vivimos en la actualidad, la recomendación es quedarse en casa y seguir disfrutando de ese maravilloso arte, producto del genio humano. Doy gracias a quienes inventaron los chunches tecnológicos. Gracias al Internet estoy en comunicación con vos y con más amigos, comparto mi creación literaria en redes sociales y en plataformas especiales leo libros electrónicos y veo mucho cine. González Iñarritu, Cuarón, Del Toro y vos reconocen el poder de la imagen. El cine es una de las máximas gracias del siglo XX. Si hiciéramos un juego de imaginación, el mundo podría contestar que una de sus gracias, en el siglo pasado, es el cine, la otra sería, sin duda, el libro electrónico. Yo doy gracias a esas gracias que me han acompañado durante mi vida y que son sustento en estos tiempos de pandemia. ¿Imaginás lo que vivió el mundo en epidemias anteriores, cuando no existía la gracia divina de los avances tecnológicos que hoy disfrutamos? ¿Cómo fue la enseñanza? Hay fotografías donde se ve a dos o tres niños cerca de un radio anotando indicaciones en sus cuadernos. Por supuesto que lo mismo que se dijo del cine se aplica con la educación formal: lo mejor de la escuela se aprende en la escuela. Pero, ¿qué hacer en tiempos de emergencia? Millones de padres de familia sostienen que es preferible que sus hijos pierdan un año escolar a que se arriesguen a perder la vida. Demos gracias por la bendición de las clases virtuales, por el cine en casa, por los libros electrónicos; demos gracias por esa ventana tecnológica. ¿Hay alguien que dude la bondad de la noticia del Conalep? Yo no dudo en la raya de luz que pinta esta institución educativa. ¿Lo imaginás? Los chicos de estos tiempos recibirán el conocimiento mínimo del mínimo andamiaje cinematográfico. No se convertirán en directores, pero sí se apropiarán de la técnica de la construcción de sets, de los montajes, de la iluminación y de las tramoyas que se emplean en el cine y en los audiovisuales. Por ahí, estoy seguro, aparecerá una persona que haya sido tocado con la gracia natural y dé el siguiente paso para ser la continuadora de la riquísima tradición de los grandes directores del cine mundial. Sí. Estos chavos podrán, con su celular, jugar el infinito juego de la creación cinematográfica. ¡Genial! El futuro Orson Wells anda por acá; la futura Sofía Coppola anda por acá. Posdata: Quienes posean los mínimos elementos para hacer cine podrán crear sus propias empresas culturales y catapultar las historias locales. Zarape Films es un ejemplo a seguir en nuestra ciudad. Zarape es una empresa creadora de productos culturales visuales de gran calidad. Me encanta la palabra gracias. No la malgasto, no la aplico a cualquier hora ni en todo acto, pero cuando reconozco la maravilla del genio humano o la luz de la naturaleza, doy gracias a Dios por todas sus bendiciones. Mi mamá me enseñó. ¿Qué se dice?, me preguntaba de niño y yo decía: ¡gracias! Gracias a Dios que me dio la madre que me acompaña en estos tiempos difíciles, complicados, pero llenos de esperanza.

martes, 10 de agosto de 2021

CARTA A MARIANA, CON LADRIDOS AFECTUOSOS

Querida Mariana: no hay que darle muchas vueltas: los perros son fieles. Hay millones de personas que lo comprueban cada día con sus mascotas. En Comitán, como en muchos otros lugares de México y de países de América Latina, a los perros les decimos chuchos. Los perritos son tragones. Por eso, en nuestro pueblo al compa que le gusta beber su trago se dice que es “chucho para beber”, y debe ser porque los bolos ya bien encumbrados terminan rabiosos. ¿Por qué hablo de chuchos hoy? Porque nuestra revista ARENILLA y la CLÍNICA VETERINARIA 2000 lanzaron la convocatoria de una dinámica perrona que se llama “¡Mi chucho es bien comiteco!”, donde hay premios cedidos generosamente por la Veterinaria patrocinadora. Porque si ser chucho es un privilegio, ser un chucho comiteco no tiene comparación. Los chuchos de acá son como en todo el mundo, algunos son de raza fina, con pedigrí y otros son de razas tachilgüil, pero crecer en este entorno les da un carácter especial. A los chuchos comitecos no los mirás agobiarse con el calorón de Tonalá, por ejemplo, ¡no!, los chuchos comitecos disfrutan la sombrita de un ciprés. En la dinámica que lanzamos caben todos los chuchos, sin importar su raza, condición social o preferencia sexual, la única condición es que sean bien comitecos. La convocatoria dice: “Si tenés un chucho cuyo nombre es original y alusivo a la identidad comiteca (Chimbo, Patz, Jocoatol, etc.), o tiene ciertos comportamientos comitecos: le encanta tragar, siempre anda chismeando lo que pasa en la calle, le encanta salir a pasear al parque central, ladra de vos, se culipandea de chento, es bien alzado, le encanta estar íngrimo en casa, siempre está gutz, solo bravo ‘tá contento, etc. O si su aspecto físico es de comiteco simpático: es colocho, tiene una gran timba, es “patota de chucho”, siempre anda arrecho, etc., ¡esta dinámica es para vos!” Y luego ya dice cuáles son los requisitos para participar. Mis compañeros de trabajo de ARENILLA-Revista me dicen que muchas personas ya han enviado sus participaciones. A mí me da gusto, porque nos permite compartir sonrisas, pero también nos sensibiliza del cariño hacia las mascotas y nos recuerda que la identidad comiteca está presente en cada uno de los rasgos culturales de este pueblo. Cuando hablamos de la identidad siempre hablamos de las artesanías, del modo de hablar, de la gastronomía, de la vestimenta, de la música, de los escritores y músicos, de los grupos de danza, de la fauna, de la flora, de las costumbres y tradiciones, pero, en pocas ocasiones, volvemos la mirada hacia las mascotas comitecas. Tengo una amiga que tiene un su chucho consentido que se llama “Tequila”. Cada vez que lo llama: “¡Tequila, Tequila!”, los de su casa comienzan a ensalivar y les brota un pequeño antojo con sal y limón. Se llama Tequila. ¿No existe un chucho que se llame Comiteco? En la convocatoria, como ejemplos, aparecen los nombres de Chimbo, Patz, Jocoatol. Sí, no todos los chuchos comitecos tienen nombres extranjeros, algunos son mero comitecos y sus comportamientos tienen características que son propias de este pueblo maravilloso. Cuando apareció la convocatoria (¡ah, no podía ser menos!), algunos compas, de inmediato, comenzaron a bromear y dijeron que bien podía participar fulano de tal, porque era chucho para el trago, argüendero, tragón… ¡Ah, qué divertido! Algún día, con todo respeto, lanzaremos esa convocatoria, pero por ahora la dinámica corresponde a las mascotas, a los chuchos, que tanto alegran las casas, que se vuelven parte importante de la familia. Posdata: el 13 de agosto es la fecha límite para participar. Por favor, niña mía, invitá a tus amigos a participar, deciles que manden las fotos de sus chuchos que son bien comitecos. Como ya dije se trata de jugar, de pasársela bien, de fomentar el cariño a las mascotas y de reflexionar en nuestra identidad comiteca. Somos diferentes cuando empleamos elementos de nuestra personalidad; somos únicos cuando revaloramos lo nuestro, cuando reconocemos la tradición que nos han legado los mayores. En el muro de ARENILLA-Revista está publicada la convocatoria de esta dinámica, bien perruna. https://www.facebook.com/822503871244542/posts/1891333044361614/

lunes, 9 de agosto de 2021

CARTA A MARIANA, CON LO MÁS CHINGÓN

Querida Mariana: me quito el sombrero frente a los publicistas. Desde hace unos meses, en la televisión nacional, difunden un video publicitario con el mensaje: “Victoria: el sabor chingón de México”. Se refiere, por supuesto, a la cerveza Victoria. Y digo que me quito el sombrero porque la campaña no tuvo problema en ser difundida, a pesar de tener la palabra considerada como altisonante. El término chingón se aplica a muchas actividades humanas, cuando menos en México. Es tan rico el lenguaje que lo chingón se aplica en dos extremos: el de fastidio: “Ah, qué chingón sos, dejá de joder y andá a ver si ya puso la cocha”; y el de reconocimiento: “Ah, qué chingón sos, quedó bien bonito tu dibujo”. En el comercial cervecero, el término se aplica a la segunda acepción. Si la cerveza Victoria es el sabor chingón de México significa que la bebida es sublime, suprema. Y como los bebedores siempre buscan la excelencia no dudo que aumentaron las ventas de la cerveza Victoria. En mis tiempos de estudiante de literatura, en la UNACH, en ocasiones íbamos la maestra Esther, Gustavo y yo a cenar garnachas en un pequeño restaurante de la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, y las acompañábamos con una cerveza Victoria, bien fría. Claro, en ese tiempo no sabíamos que estábamos bebiendo el sabor chingón de México, porque el sabor más fregón era el de las garnachas. Los publicistas son geniales. Aprovechan lo que vuela libre en el cielo y se lo apropian, porque el término chingón no es marca registrada, como sí lo es el nombre de la cerveza. ¿Mirás? El nombre de Victoria es una marca registrada, aun cuando la palabra es de uso de todo el pueblo. Me quito el sombrero ante el genio de los publicistas, ante su astucia para pepenar palabras y conceptos y hacerlos suyos. De los millones de bebedores de cerveza no sé cuántos coinciden en decir que la Victoria es el sabor chingón de México. Si hablamos de bebidas y reflexionamos tantito, el sabor chingón de México oscilaría entre el tequila, el pulque o el riquísimo mezcal. También, en algún instante, probé las tres bebidas mencionadas: el pulque en una vieja pulquería en la Ciudad de México, donde jugué el famosísimo rentoy, en piso con aserrín; el tequila en el billar de Rayón, en la calle que va a la Pila, con butifarras comitecas como botana; y el mezcal, en la bellísima Oaxaca, en los portales, mientras pasaban integrantes de una calenda y mi maestro Pepe y yo decíamos ¡salud! y comíamos exquisitos chapulines. Con lo que acabo de decir vemos pues que el sabor chingón de México no necesariamente es una cerveza y, ni siquiera, es una bebida alcohólica. Hay millones de bebedores, pero jamás llegarán a superar a los millones de comedores; porque no todos los comedores toman bebidas alcohólicas, pero sí todos los bebedores son también comedores. Los comitecos crecimos con el mito de que el sabor chingón de México era, precisamente, la bebida llamada comiteco, bebida alcohólica que ahora debería estar, dada su calidad y pureza, al lado del mezcal y del tequila. Los comitecos sabemos que el sabor chingón de México es el del pan compuesto, el del tzisim, el de la butifarra, el del hueso estilo Tío Jul, el del salvadillo con temperante, el de una paleta de chimbo, el del chicharrón de hebra, el de la oblea, el de… uf, cientos de exquisiteces gastronómicas. Y si vamos a San Cristóbal dirán que el sabor chingón de México es el de la cervecita dulce, el de los duraznos pasa, el de la sopa de pan (exquisita, única); y si vamos a Teopisca dirán que las longanizas, el frijol negro con queso; y si vamos a Tuxtla dirán que la carraca, el pozol, los tacos de huevo con camarón. Y si vamos a Oaxaca, o a Puebla o a Mérida o a Villahermosa su gente dirá que el sabor chingón de México no es la Victoria sino algún platillo de la región, ese sabor que, como en la película Ratatouille, nos remite a lo más exquisito de nuestra infancia. El sabor chingón de México tiene su origen en lo más íntimo de nuestros recuerdos. Nadie creció mamando cerveza, los aromas más sublimes nada tienen qué ver con ese olor a chuquij de orín. Posdata: me quito el sombrero ante el genio de los publicistas. Se apropian de nuestras cuerdas más cercanas, nos quitan el violín y nos hacen bailar al ritmo que nos tocan. Tu novio bien podría decir que el sabor chingón de México está en tus labios, pero que no lo diga, porque si no mañana tendrías una fila de chicos en la puerta de tu casa.

sábado, 7 de agosto de 2021

CARTA A MARIANA, CON UN HIJO DE SANTO DOMINGO

Querida Mariana: lo confieso: me apropié de esta fotografía que Cristóbal Castellanos subió en redes sociales. Lo hice para compartirla con vos, para contar lo que Cristóbal contó y para honrar su labor. En 2021, Cristóbal cumplió veinticinco años de hacer la decoración del altar del santo patrono de Comitán: Santo Domingo de Guzmán. Por ahí te conté el otro día que, doña Lolita Albores, nuestra querida cronista, en su libro “Así te recuerdo Comitán”, escribió una crónica acerca de “La feria de Santo Domingo”, donde contó que un grupo de mujeres “adornaba con unas palmas de flores de distintos colores, que las hacían con flores naturales”. ¿Sabés cómo eran conocidas esas mujeres? Las llamaban Las madres de Santo Domingo. ¡Qué honor! El pueblo las reconocía con ese título. ¿Lo imaginás? ¡Madres de Santo Domingo! Por eso, ahora, cuando nos enteramos que Cristóbal cumple veinticinco años de decorar el altar de Santo Domingo bien puede nombrársele como el Hijo de Santo Domingo. Este pueblo tiene miles y miles de hijos de Santo Domingo, pero, sin duda, Cristóbal es uno de los elegidos, porque él, igual que las anteriores madres, se encarga de adornar el altar del santo para celebrar su cumpleaños. El propio Cristóbal dijo en redes sociales que se dice fácil, pero veinticinco años significa un cuarto de siglo. Este cuarto de siglo, Cristóbal, con sus propios recursos, con su propio trabajo y con su propia creatividad, dignifica el altar del templo mayor de Comitán. Cristóbal consignó la fecha de inicio de su apostolado: 3 de agosto de 1996. Ese día colocó las primeras flores. Él es el continuador de la tradición de las Madres de Santo Domingo. Cristóbal no sólo continuó con esa divina encomienda, sino que le agregó un elemento personal: él realiza cada año un diseño único e irrepetible y con ello se impone un reto creativo. Ahora ya hay mucha gente que, el día del santo, el 4 de agosto, además de cumplir con su fe, acude al templo para ver la propuesta estética del año. ¿Superó el diseño del año anterior? A mí me encantan esas relaciones que el destino procura. En este caso un Cristóbal complace a un Domingo, un católico consiente a un santo que no es su santo, pero que sí lo es. Una mañana, o tarde, Cristóbal fue tocado por la gracia y pensó que debía adornar el altar del cumpleañero y lo hizo y se sintió satisfecho y regresó el año siguiente y el otro y ahora, en este año de pandemia, se dio cuenta que su misión ya cumplió veinticinco años y este año Comitán no sólo celebra el cumpleaños de su santo patrono sino, también, el cumpleaños veinticinco de esta noble labor. A mí me encantan las relaciones que se establecen entre fieles e imágenes. Hay personas que se encargan, también cada año, de cambiar los vestidos del Niño Fundador, por ejemplo, o de San Caralampio. ¿Quién les paga el tiempo invertido y el material empleado? Nadie en forma monetaria. Su compensación toca otros cielos. Así, Cristóbal confiesa que el arreglo del altar de Santo Domingo lo hace “con emoción, alegría, devoción, respeto y mucha fe”. Sin proponérselo, en ese escrito, Cristóbal lega asimismo una lección de vida. Todo acto realizado deberíamos hacerlo teniendo como guía esos conceptos: hacerlo con emoción, alegría, devoción, respeto y mucha fe, fe en nosotros mismos. Esos conceptos invertidos se traducen en el resultado final, porque Cristóbal dice que su encomienda tiene por objetivo hacer que “la iglesia luzca con esplendor, delicadeza y con un decorado digno del patrón de Comitán”. Cristóbal inició con la decoración del altar del cumpleañero y luego, ya encarrerado, también se impuso realizar el monumento de Semana Santa y la decoración del nacimiento del niño Jesús, en diciembre. No pregunto cuántas horas invierte Cristóbal en imaginar el diseño, ni cuántas horas en los preparativos y en la realización del adorno del altar. Ni me atrevo a preguntar cuánta paga invierte en ello. No lo hago porque es aterrizar algo que tiene alas, es como agarrar una honda y pegarle a un pajarito que anda en vuelo. Sabemos que hay acciones que no permiten hacer cuentas tan terrenales. A mí siempre me produce una gran emoción conocer historias como las de Cristóbal, hay miles de personas en este pueblo que, con “emoción, alegría, devoción, respeto y mucha fe” realizan actos que dignifican no sólo los templos sino el espíritu total de Comitán. Según me has platicado vos sos católica, mas no acudís a misa ni acostumbrás la comunión, pero sos una chica que respeta los valores morales que recibiste de tus papás. Cuando platicamos de ello, pienso en el escritor Saramago quien siempre dijo que lo más importante era ser un buen humano, solidario. Cristóbal es un fiel creyente y con su acto logra no sólo honrar a Santo Domingo, sino que toca con sus manos el espíritu de los demás fieles, porque he sido testigo (claro, en tiempos antes de la pandemia, cuando acudía al templo el mero día del santo) cómo se iluminan las caras de las personas que acuden a persignarse ante la imagen del cumpleañero. Por supuesto, no es lo mismo entrar a una casa donde están ausentes los colores y los aromas. El cuatro de agosto, los comitecos (creyentes y no) acuden al templo del santo patrono del pueblo y reciben la caricia de los colores de telas y flores, asimismo los aromas que son como pajaritos que vuelan por toda la nave. La mano de Cristóbal ha estado presente durante un cuarto de siglo. Sí, se dice fácil, se escribe fácil, pero ese lapso significa cumplir con responsabilidad un compromiso moral, no impuesto. Aun en tiempos de pandemia, Cristóbal ha cumplido con su encargo, que a la vez es un privilegio. Los fieles buscan estar cerca de la imagen del santo el día de su cumpleaños. He visto cómo los fieles se acercan a la imagen de bulto y se paran enfrente y tocan las telas de su vestido. Cristóbal siempre ha estado cerca de esa imagen, más cerca que muchos mortales. Muchas cosas se modifican con el paso del tiempo. Durante veinticinco años, Cristóbal ha mantenido la tradición del adorno del altar. En el texto que escribió en redes sociales explicó que el arreglo de la entrada del templo no le corresponde a él. Por lo regular, las autoridades civiles y religiosas son quienes se encargan del adorno de la fachada (un hermoso arco de flores), asimismo, es la autoridad gubernamental la que se encarga de regar juncia fresca en el atrio y parte baja del parque central. Doña Lolita Albores, en la crónica mencionada, dice que antes, durante los días de feria, del 1 al 5 de agosto, había serenatas de gala con las marimbas de la localidad. Antes de la pandemia, los comitecos disfrutaron el Encuentro de Marimbas que el mero día, el 4 de agosto, se efectuaba en una parte del parque central, al lado de la fuente. Desde las diez de la mañana hasta la noche, diversas marimbas de la región y de Guatemala participaban engalanando el festejo. Al lado se instalaba una muestra gastronómica que era el complemento ideal. Ahora, por la pandemia que vive el mundo, el festejo se suspendió, pero lo que continúa es el arreglo que Cristóbal realiza en el interior del templo. Rosario Castellanos, en su cuento “Los convidados de agosto”, narra algo de lo que vivió de niña en la celebración del santo patrono: “…el gran portón de la iglesia estaba abierto de par en par. Así resaltaba mejor la reja de papel de china que las manos diligentes de los afiliados a las congregaciones habían labrado durante la semana anterior. Filigranas inverosímiles por su fragilidad se sostenían gracias a oportunos pegotes de cera cantul…” ¿Mirás? La tradición ha tenido cambios, pero se mantiene en lo esencial. Comentamos que el primer santo católico que llegó a estas tierras fue Santo Domingo. Llegó de la mano de los frailes dominicos, los frailes de su congregación. Desde ese día ha estado recibiendo las muestras de respeto de sus fieles. Llegó en 1556. Durante los últimos veinticinco años, Cristóbal Castellanos se ha encargado de arreglar su altar con infinito amor. Posdata: esta carta te la envío el 7 de agosto, tres días después del festejo del cumpleaños de Santo Domingo. Hoy se conmemoran cuarenta y siete años del lamentable fallecimiento de Rosario Castellanos, la gran escritora comiteca. Por eso quise compartir con vos un cachito del cuento “Los convidados de agosto” donde ella nos dio su particular visión en el llamado “rompimiento”. A mí me encantan esas asociaciones donde nombres y hechos se interrelacionan. En esta carta el nombre de Cristóbal Castellanos apareció al lado de Santo Domingo, de Rosario Castellanos y de Lolita Albores, pero en la memoria resuenan otros nombres y actos de este maravilloso pueblo.

viernes, 6 de agosto de 2021

CARTA A MARIANA, CON UN LIBRO

Querida Mariana: me encantan las librerías. La mayoría tiene ventanales para que los peatones vean las novedades. Sí, los encargados de las librerías colocan los libros en atriles para que sean atractivos. Las portadas son como ganchos que atraen la atención de los lectores; asimismo, un factor de embrujo es el nombre del autor. Los lectores tenemos autores consentidos. En tiempo de pandemia camino por las calles en forma virtual. Me encanta caminar por calles donde hay librerías. ¿Ya viste este libro? Tiene una portada bella y tiene un título atractivo. ¿Ya viste el nombre de la autora? Sí, este libro es autoría de nuestra amiga Mirtha Luz Pérez Robledo. El título del poemario alude a dos palabras entrañables: viento y boulevard (así, trasladado con todas sus letras del francés). Hasta que no me topé con este libro en el ventanal de la librería no había pensado que el viento, esencia natural, puede correr diferente en un bulevar y en un campo y, por supuesto, con otro ritmo en la cima de la montaña y en la entrada de una cueva. Tomé el libro de Mirtha y hallé que fue editado en marzo de este 2021, que la imagen de portada es de Rosalina González y que la Editorial Ultramarina está en Sevilla, España. Este libro, entonces, llega a estas orillas desde la otra orilla del mar. ¡Qué bendición! La editorial declara que publica y difunde poesía y narrativa que acerca orillas y borra fronteras. ¿Mirás qué bonita declaración? “Acerca orillas y borra fronteras”. Todos los lectores de este libro de Mirtha serán beneficiarios de ese acercamiento. Extenderán la mano y recibirán un saludo generoso. En la contraportada, los editores españoles hablan de la poesía de Mirtha, condensan el bosque que ella descubre ante nuestros ojos. Copio un cachito del texto: “La poesía de Mirtha Luz emana sabiduría como niebla que baja del monte. En la lectura de estos poemas se podrá sentir el ascenso a contracorriente de ese frío a primera hora del día”. ¡Genial! Palabras precisas para la poeta que en su nombre contiene la calidez de lo natural. La poeta está llena de luz, de aroma de mirto. Mirtha Luz es un bosque, un enormísimo bosque lleno de palabras. Y los editores españoles dijeron más del acto creativo de Mirtha Luz. Comparto otro cachito contigo. Oí, mirá: “En estos versos el lenguaje es un espacio de apertura, de conocimiento y de lucidez. Es un desbordamiento. Que llene el mundo esta poesía centroamexicana. Brava, sincera, hermosa en su simpleza”. Y un día se hablará de ese término que hoy acuñan: poesía centroamexicana, porque no es casual que el 28 de agosto se conmemore el Bicentenario de la Independencia de Chiapas y de Centroamérica. No es casual que el caudal de la palabra tenga destellos similares. Chiapas está muy cerca de Centroamérica, lo ha estado desde siempre. Retomando conceptos del texto de presentación del libro de Mirtha se puede decir que el cielo de estos territorios borra las fronteras que son orillas pegadas. Me encantan las librerías, me gusta caminar por en medio de mesas y libreros llenos de esos objetos culturales geniales. Cuando camino por las calles disfruto mucho toparme con una librería y mirar, a través de los enormísimos cristales, las ventanitas que me guiñan, que me seducen, que me jalan con sus portadas, sus títulos y los nombres de sus autores. Ahora, en mi diario caminar virtual me topé con este libro de Mirtha. Sentí el viento sobre los árboles y, también, “El viento del boulevard”. Posdata: tengo frente a mi mirada el poema “Un muchacho se mira en los ojos de la tarde”. Pienso que es un título genial. Alude a tanto. Los editores españoles dijeron que la poesía de Mirtha es una poesía “hermosa en su simpleza”.

jueves, 5 de agosto de 2021

CARTA A MARIANA, CON UN JUEGO

Querida Mariana: las ferias invocan al niño interior. Me topé con esta fotografía en mi archivo. ¿De cuándo es? ¡No sé! Cualquiera diría: aún tenés cabello. Rosa dice que ahora todo lo que fue anterior a la pandemia se puede meter en la misma carpeta: A. P. (antes de la pandemia) Pues sí, la fotografía es de esos tiempos donde caminábamos con precaución, pero sin el agobio de estos tiempos que ya abarca el 2020 y lo que va del 2021, más lo que se vaya acumulando. ¡Dios mío! La fotografía corresponde a la feria de San Caralampio de un año antes de la pandemia. Si me atengo a mi vestimenta puedo decir que fue antes de 2018, porque todavía usaba pantalones de mezclilla, ahora uso pantalones de vestir, de algodón. Esa chamarrita azul todavía tenía el color original. La chamarra la conservo, pero ya está sin color, porque como era mi consentida sólo me la quitaba para dormir, por lo que el sol hizo estragos en su colorido. Sí, tenía más cabello. Estos tiempos se definen como la famosa película hollywoodense: lo que el viento se llevó. Se ha llevado mucho, mucho. Los sabios recomiendan soltar, abandonar todo; pero, para quienes no tenemos el don, resulta muy difícil ver cómo el viento se lleva cosas amadas. Cuánta ausencia en estos tiempos, muchos amigos y conocidos han fallecido. Y la cuenta es precisa: si no fuera por el Covid-19, la mayoría de ellos continuaría respirando el aire bendito que nos acaricia cada día. Seguiríamos acudiendo a las ferias y yo continuaría jugando este juego sencillo, casi simple, de aventar canicas, aunque fuera en estos tableros metálicos. Crecí con tableros de madera y has de comprender que el sonido de la canica rodando sobre la tabla era diferente al que provoca la canica sobre el metal. Crecí en un tiempo donde la madera era un elemento agradable al tacto, a la vista, al oído y al gusto. Sí. A mí me encantaba comer las jaleas de durazno que vendían en las zacatecas (así se llamaban los puestos en la feria). Esas jaleas las vendían en pequeños recipientes hechos con tejamanil. Uno partía la tapa por la mitad y una mitad servía como cucharita. Ah, qué diferencia. Esos contenedores de madera delgadísima deben considerarse en la relación de inventos geniales del siglo XX, de A. P. Esa tarde de feria de San Caralampio extrañé el sonido delicado de la canica sobre la madera, y ahora, ¡quién lo iba a decir!, extraño mares y olas el traqueteo de la canica sobre el metal. Extraño muchísimo las cosas mínimas que acompañaban los días de todos los días. Como soy un viejo en proceso de sanación me cuido. Nada garantiza mi inmunidad (Rocío le llama impunidad), pero camino por la orilla del círculo donde el fuego arde. El riesgo de una caída es latente. No existe certeza en el comportamiento abusivo, agresivo, de este virus. Por eso, San Caralampio bendito, extraño mucho las ausencias y los caminos que ahora no pisan mis pies. Por fortuna, ¡gracias, universo!, en casa tengo mucho trabajo. El día no me alcanza para completar las encomiendas. Me levanto a las cuatro y me acuesto a las ocho. En ese lapso estoy absorto en el trabajo. Pero, a pesar de que mi jornada cotidiana era humilde, extraño ir a mi oficina, comer esquites en el parque, caminar por el parque de San Sebastián, viajar, de vez en vez, a San Cristóbal. Extraño la ahora entrañable sensación de pararme a mitad del parque central y elevar mi mirada para llenarla de azul intenso. Extraño alzar la mano para saludar al amigo que camina en la banqueta de enfrente; extraño comprar tostadas en el mercadito del Cedro; extraño la ventana abierta, que hoy está cerrada; extraño el viento, el árbol, la flor, el balcón, el reloj, la mano, el vuelo. En el tiempo A. P. todo era frágil, pero nunca estuvo suspendido sobre el vacío. Nunca existió en forma tan brutal esa sensación de caída. Por momentos, la vida me cambiaba el sonido tenue de la canica rodando sobre la madera, pero jamás dejó de llover sobre ese árbol que se llama esperanza. Posdata: cuando había feria en San Caralampio bajaba una tarde para ver la rueda de la fortuna, la rueda de los caballitos, los carritos chocones, el puesto del chocomilk, el de los encurtidos, el chingolingo y el tiro al blanco (donde bailaba un esqueleto cuando el tirador acertaba en el punto metálico). Bajaba para llenar mis ojos con las hojas de laurel y los eques del jacal y para jugar a aventar canicas. El juego es muy infantil. Basta tirar la canica para buscar que se detenga en uno de los agujeros. No hay más. Es intentar una y otra vez. Una canica y un agujero. No hay más. La vida era eso. Ahora, a veces, el ser humano tiene una sensación de pérdida (no sabe bien a bien qué) y sólo mira agujeros. ¿Qué se juega con un solo elemento?

miércoles, 4 de agosto de 2021

CARTA A MARIANA, CON UNA IMAGEN DE LOS AÑOS SETENTA

Querida Mariana: esta fotografía la compartió Ángeles Córdova en redes sociales. Aprovecho la fotografía para darte un hilo del tejido que vos has preguntado. ¿Cómo éramos los chavos de los años setenta en Comitán? ¡Acá está la respuesta! Bueno, una mínima parte de ella. Cuando vi la fotografía de Ángeles pensé que bien podía ser portada de una revista juvenil de esos años, porque son tres muchachos setenteros auténticos. Muchos chavos de esos tiempos vestían igual, cuando menos, en muchas partes de América. Ángeles dijo que la fotografía corresponde al año 1975. El chavo de lentes es Quique Penagos, el de en medio es el Chino Gordillo Zamora y quien tiene el pie sobre la defensa delantera del auto es Gil González. En 1975 ya andaba en la Ciudad de México, estudiaba en la UNAM. No sé por dónde andaban Quique, el Chino y Gil. No sé en qué lugar fue tomada la fotografía. Al fondo aprecio un edificio alto, de varios pisos. En Comitán no existían edificaciones de esa altura. ¿Ya viste el auto sobre el que están sentados y recargados? Es un auto compacto. No sé si alucino, pero veo que el Chino tiene una llave en su mano, tal vez es la llave del auto. ¿Qué auto es? En apariencia es un Renault. En el Internet aparece un modelo R8 muy semejante, con dos o cuatro focos al frente y una defensa casi igual. Sí, tal vez es un R8, tal vez el Chino fue el propietario. No lo sé. Digo que hablo en medio de la alucinación, porque la foto me alucinó, me remitió de inmediato a los gloriosos años setenta. Pensé en compartir esta fotografía con vos. No tengo alguna de esos tiempos donde aparezca, pero si la tuviera mi imagen no estaría muy lejana de la de estos chavos comitecos. Igual que ellos tuve el cabello largo, usé camisas con estampados, pantalones acampanados y zapatos con plataforma. Tal vez mi imagen se acercaría más a la de Gil. Tuve el cabello más o menos como lo tiene él. Pocos tuvieron un afro auténtico como sí lo tuvo el Chino. Le decimos Chino, en forma afectuosa, porque su cabello era rizado, y en Comitán, como en otros lugares, al cabello rizado se le dice cabello chino. ¿Ya viste su camisa? Tiene estampados que, en muchos casos, fueron sicodélicos. Recordá que en esos años el arte sicodélico era toda una revolución. La punta del cuello era generosa y se desplegaba como mariposa gigantesca. De lo que acá llevo escrito puedo afirmar que esta generación, a través de la moda, quería expresar su rebeldía mediante la idea de la grandeza de su pensamiento. El cabello era largo, asimismo, largo, el cuello de la camisa y, no se diga, el final de la pierna. Te pido, por favor, que mirés la parte baja del pantalón de Gil. ¿Ya viste la amplitud, la anchura, la generosidad como se va abriendo al final? Si hacés una ligera comparación verás que la pata del pantalón casi cubre por completo el zapato, zapato que, mirá bien, tiene plataformas que, de igual manera, daban altura. Usamos pantalones acampanados, porque ese remate final de pantalón era tan amplio que tenía semejanza con una campana. Nada fue gratuito. Los chavos setenteros de Comitán adoptamos esa moda y, como los demás chavos de Occidente, al caminar hacíamos sonar las campanas que eran símbolo de libertad. Recordá que en los años sesenta se dieron grandes transformaciones mundiales donde la juventud halló otros modos de expresión. Basta mencionar la revolución que en la música provocó la aparición de Los Beatles, maravillosos escarabajos. Quique, quien acá viste una playera con cuello Mao (que también fue distintivo de ese tiempo) es un excelente artista musical, un gran baterista. Pues bien, Roberto González, Fernando Escárcega y él integraron el grupo musical “Santa Fe” que amenizó las misas juveniles de los domingos en el templo de El Calvario, en Comitán. La revolución musical juvenil tocó la puerta del templo católico y se metió hasta el altar. Posdata: mi generación juvenil es la misma de Quique, el Chino y Gil. Es la generación que pisó fuerte con zapatos de plataforma y caminó dando campanadas. Es la generación que, en 1974, hizo una huelga en la Escuela Secundaria y Preparatoria y logró que los jóvenes comitecos de estos tiempos (años veinte del siglo XXI) tengan instalaciones más cómodas. ¡Ay, cómo extrañamos la vieja escuela preparatoria! Los salones oscuros y húmedos de lo que ahora es el Centro Cultural Rosario Castellanos. Aproveché la foto de Ángeles para decirte, niña bonita, que yo viví estos tiempos, con la edad de quienes acá aparecen (bueno, yo tengo un año menos de edad. Caray, un año es un año).

martes, 3 de agosto de 2021

CARTA A MARIANA, CON FRUTOS DE LAS FRUTAS

Querida Mariana: mando fotografía de una pera. Sí, es una pera. La pera es riquísima. Claro, debo confesar que, como si fuera una prueba psicológica, cuando vi la imagen no pensé en una pera. En ocasiones, mi mente camina por otros senderos y ya se sabe que rama torcida es divertida. La pera siempre ha llamado mi atención, desde una vez que oí lo siguiente: “El que espera ¡desespera! ¡La pera!” ¡Ah, el genial juego de la lotería mexicana! Me encantó el juego de la palabra rimada. Aparte, lo que dice es una verdad irrefutable. Quien espera ¡desespera! Entonces busqué qué otras figuras de frutos tenía la Lotería. Y comencé a desesperarme porque hallé únicamente dos más: melón y sandía. Y pensé que entre melón y… sandía quisieron hacer un guiso: melón puso el melón y sandía la sannoche. ¡Ah, qué mal! Trató de ser chiste y salió una estupidez. Pero, digo que pensé que el inventor de la lotería debió incluir más frutos mexicanos. ¿Incluyó la tuna? ¡No! Incluyó al nopal, porque el nopal es lo representativo del campo mexicano, pero, como lo dice el propio canto: al nopal sólo lo van a ver cuando tiene tunas; es decir, muy trono del águila, pero el interés radica en su fruto. Pensé que el inventor debió incluir más frutos. ¿Por qué prefirió incluir al borracho? ¿Qué mensaje positivo quiso enviar? ¿No sabe que su invento es un juego familiar? Sólo faltó que incluyera a… ni lo digo. No. ¡Qué pena! Ya imagino a la mujer deteniendo el poste de la esquina. Pensé que debió incluir al chabacano y jugar con las rimas simpáticas. El que come chabacano, ¿qué? ¿Con qué suena chabacano? Ay, otra vez el juego del psicólogo. Ni te digo qué pensé. Uf, qué torceduras de caminos. Debió incluir a la manzana. “Por la senda viene Ana, ilumina la mañana. ¡La manzana!” “Si hay riña y rapiña, paz pone la niña: ¡la piña!” “Por comer muchas quedaron tapiadas una a una. ¡La tuna!” “Es agrio, no es dulce; no es par, es non. ¡El limón!” “La negra no quiero, quiero la roja, dame esa. ¡la fresa!” Pero, ¡no! Para hacerla bien mexicanota, el inventor puso a la chalupa, la trajinera de Xochimilco. Otra cosa hubiese sido que integrara la chalupa que en Comitán se pide por órdenes y que son tostadas untadas con frijol, hebras de carne, quesito, picles, queso y salsita. ¡Riquísimas! Sí, qué simpático, en Comitán se piden las chalupas así: “deme una orden de chalupas”. Es como si todo mundo jugara a ser soldado raso ante el general mesero: ¡deme una orden! Y en el momento que el general mesero se pone en su papel para emitir la orden, el pedigüeño agrega, con voz de pito desinflado: …de chalupas. Tanto animal bonito que existe en el campo mexicano. ¿Está el cenzontle en la Lotería Mexicana? ¡No! No está. Ah, pero qué tal el escorpión. “El que con la cola pica, ¡el alacrán!” Ah, como trapo en rebaja, utensilio en rebaja. Ya ni rima alcanzó. Y, si lo analizás bien, niña mía, el dicho se presta a albur. Intentá el retruécano y mirarás. El que sí alcanzó rima, aunque rima de primaria, es el diablito. Al inventor de la Lotería le dio telele poner la figura del diablo y agregó al diablito, así, en forma afectuosa. Así que quien grita las figuras aplica el mismo diminutivo en la recomendación: “Portate bien cuatito, si no te lleva el coloradito, ¡el diablito!” Por fortuna, ahora hay muchas versiones de la famosa Lotería. En el pueblo se les ocurrió hacer una Lotería Comiteca, donde el diablo y el borracho quedaron afuera. Aunque ahora que lo pienso, en el pueblo también anda el chamuco y cunden los bolos, pero no se trata de andarlo presumiendo. Posdata: A mí me gusta comer peras. Me encantan las peras que son jugosas. Tienen muchas propiedades, edades.

lunes, 2 de agosto de 2021

CARTA A MARIANA, CON LIANAS EN EL ÁRBOL DEL LENGUAJE

Querida Mariana: ya lo dijo la cantante Yuri: “…con el apagón, ¡qué cosas suceden!” Acá vemos que aparecen pintas y avisos parroquiales. Vos, yo, el maestro Gerardo Garduño, los pinta cortinas y medio mundo de acá, sabemos que, la noche del 29 de julio, Comitán se quedó sin energía eléctrica durante más de dos horas, a partir de las nueve de la noche, más o menos. ¡Cómo precisar el horario si mi reloj es digital y funciona conectado al enchufe! El día 30 hallé esta fotografía en las peliculitas que suben al Facebook. Una andanada de sentimientos apareció. Pensé en la reacción inicial de Gerardo al llegar a su local y hallar soberano letrero, soberano por el tamaño. Luego pensé en la correspondencia directa entre el tamaño del letrero y la molestia por hallar un mensaje no solicitado. Si el letrero es pequeño la molestia es pequeña, si el letrero es enorme la molestia tiene la misma dimensión, sobre todo si hablamos, como en esta ocasión, de la palabra que, en nuestro pueblo, representa el acto sexual, porque vos y todas las demás chicas saben que en estas prácticas el tamaño ¡sí importa! La satisfacción está directamente relacionada con el tamaño y con la duración del acto: a una duración breve corresponde una insatisfacción; a una duración mayor corresponde una satisfacción plena. Pensé, de igual forma, en el apagón de más de dos horas; en automático brincó la letra de la canción de Yuri, y, de igual forma, aparecieron sentimientos encontrados: qué cosas suceden en un apagón. Desde los chuscos hasta los trágicos, porque la palabra cotz aparece en las mentes de las parejitas que están bien cerquita, pero también aparece la palabra delincuencia, la palabra vandalismo y, sobre todo en estos tiempos, la palabra tragedia. Rosario Castellanos cuenta que cuando llegó el primer radio a Comitán el dueño dijo que tenía mucha “estática” y no funcionaba bien porque muchas luces estaban prendidas, entonces las personas fueron a sus casas, apagaron los focos y una penumbra apareció; esta semioscuridad fue aprovechada por los noviecitos y por los patrones que se acercaron más a las sirvientas. Al final, el radio siguió sin funcionar. Pero, Rosario habla de los años treinta del siglo pasado. De entonces a estos tiempos todo ha cambiado. El mundo se detiene ante un fallo eléctrico. Causa muchos malestares. Muchos aficionados se quejaron porque no lograron ver el partido de fútbol donde jugaba la Selección de México. Regresando al letrero de la cortina pensé que la palabra sigue vigente. Se han perdido muchos modismos comitecos, por falta de uso, pero la palabra cotz sigue brillando, es un símbolo de identidad comiteca. Claro, ya lo dije, este letrero enorme, con horma de grafiti por ser esquivo, no es bien recibido por el propietario de la casa, pero Gerardo lo tomó por el lado amable (sin albur) aplicando el dicho de que palo dado ni Dios lo quita (sin albur, por favor, así dice el dicho: palo dado) y compartió la fotografía del desaguisado en las peliculitas del Facebook con el texto que acá leés: “Aviso parroquial: A las personas que pintaron COTZ en la cortina de la tienda, aprovechando el apagón; sólo se los manejo sin pelo. Espero no decepcionarlos”. ¡Genial! Si alguno de tus amigos de Guadalajara necesitara alguna explicación tendrías que decirle que en Comitán se maneja (este es un término que ahora manejan los jóvenes) el cotz con pelo y el cotz sin pelo. El primero está a punto de la extinción, porque ahora la moda es la depilación. Más explicaciones ya no des. Bueno, no des más. El texto es genial porque alude a los famosos avisos que acostumbran dar los sacerdotes al término de una misa. Acá, Gerardo, pastor culinario, avisó que en su local, del barrio de Guadalupe, donde vende quesos y otras delicias, maneja el cotz sin pelo. Posdata: Yuri nos lo dijo: en el apagón suceden muchas cosas, algunas tienen relación con el lenguaje y su pervivencia, otras tienen que ver con la tradición y los cambios generacionales, otras son como vampiros que, desde tiempos inmemoriales, aprovechan la oscuridad y salen al bosque.

viernes, 30 de julio de 2021

CARTA A MARIANA, CON FESTEJO

Querida Mariana: a los comitecos nos encantan los guateques. Antes de la pandemia hacíamos festejos memorables. Pero, somos tan amantes de la alegría que aún en tiempo de pandemia celebramos la vida. Claro, ahora lo hacemos con cuidados sanitarios, evitamos las aglomeraciones, hacemos uso de los chunches virtuales y echamos confeti y hacemos sonar la marimba. Ayer me topé con un cartel que da cuenta que, en agosto, ya a la vuelta de la esquina, se celebrará en nuestro pueblo el Quinto Festival de la Juventud, el correspondiente al año 2021. Y esto es digno de celebrarse, por supuesto que sí. ¿Cómo no celebrar el cumpleaños de un pichito que tiene como motivo principal a los jóvenes? Vos y yo fuimos testigos de los festivales anteriores (de los tres primeros, en forma presencial), atestiguamos la bondad de los actos desarrollados. Los jóvenes han estado en la cima de la montaña mágica. El festival reúne a los muchachos y les otorga un espacio para que desarrollen sus capacidades sociales, cívicas, artísticas y deportivas. Si lo digo así, parece poco, pero al desarrollar su potencial, Comitán, Chiapas, México y el mundo aprecian la valía de la juventud de estas regiones y reconocen el valor de que exista un espacio donde ellos hablan y se habla de ellos. Es un lugar común decir que los jóvenes son el futuro de la patria. Pues sí, los jóvenes crecerán y luego se convertirán en adultos y marcarán los ritmos de sus tiempos. La presencia de ellos en el Festival de la Juventud sólo remarca esa certeza: los jóvenes son los renuevos de las sociedades, son las ramitas que crecen en el árbol enormísimo que se llama Comitán. ¿Qué es lo deseable? Lo que se desea es que esas ramas crezcan sanas, que se reconozcan en el tronco y las raíces que las sostienen y que sigan aportando oxígeno a nuestra sociedad. Se desea que esas ramitas tengan hojas limpias, fuertes, que ahí hibernen las orugas para convertirse en prodigiosas mariposas. Mi amigo Hugo Campos Flores ha coordinado, al lado de muchos jóvenes, la realización de estos festivales que, en este 2021, insisto, llega, pichito sano, a cumplir cinco años de vida. Cinco velitas adornan el pastel. Ya está preparada la reja de papel de china, las mañanitas con marimba, el confeti de mil colores y las campanas al vuelo. Sí, vuelo es el concepto que define al Festival de La Juventud, porque los jóvenes comitecos, como los de cualquier lugar del mundo, son aves dispuestas al vuelo, pero, ¡cuidado!, en muchas ocasiones sus alas son frágiles y sus radares no tienen la pericia del GPS del murciélago. Los jóvenes son inquietos, por definición, son atrevidos, pero, en ocasiones, su arrojo no advierte el peligro del vacío, de la tierra floja, del terreno empantanado. Por eso, porque hay necesidad de fortalecer las alas y de mostrar cielos sin nubes oscuras, es que este Quinto Festival de La Juventud tiene a la prevención como tema principal, se trata de que los jóvenes reflexionen y realicen acciones preventivas. Si nuestros jóvenes reflexionan en la prevención tendrán más oportunidades de ser exitosos, de ser ramas donde crezcan nidos de aves y, luego, ser árboles enormísimos también. ¿Cómo prevenir el suicidio juvenil? ¿Cómo prevenir enfermedades venéreas? Con información, con cariño, con la mano adulta extendida. Este Quinto Festival sugiere al ciclista y motociclista: ¡usa el casco!, con ello se reduce el riesgo de muerte en un accidente. De igual manera recuerda un valor fundamental: Si tomas ¡no manejes! Muchísimos lamentables accidentes están relacionados con el exceso de alcohol en conductores (yo agregaría la sugerencia: si manejas, no uses el celular). Y, por último, el Quinto Festival reflexiona en las medidas preventivas para evitar el contagio del Covid-19. ¿Mirás la generosidad de este festival hecho por jóvenes y dirigido a jóvenes? Durante cinco años han sembrado valores. La plantita ha crecido. En las fábricas tienen una planta de luz por si se va la energía eléctrica. Este festival es una planta de luz, evita nubarrones, oscuridades. Posdata: echemos confeti. Los jóvenes comitecos son el renuevo de nuestra sociedad, reconozcamos su valía y hagamos que ellos reflexionen en su porvenir y en el porvenir de nuestra sociedad. Lo merecen. Lo merecemos. ¡Salud!

jueves, 29 de julio de 2021

CARTA A MARIANA, EN BUSCA DE UN ME GUSTA

Querida Mariana: ¿has oído la frase “Mi reino por un caballo”? Yo sí. Muchos repiten la frase. ¿Quién la dijo? La mera verdad, no sé. Pero el Internet dice que es una frase que aparece en una obra de Shakespeare. Pucha, nadita. Ahora que lo estamos diciendo honramos a ese gran escritor inglés, muy mencionado en México, pero poco leído. Tal vez lo que más se ha leído de él en el país es la obra “Romeo y Julieta”. Yo la leí cuando tenía catorce años, en esa colección que tanto he mencionado: la Biblioteca Básica Salvat. Lo ideal sería leer a don William en su idioma original, pero, ¡ay, prenda!, qué puedo esperar si reprobé inglés en la secundaria y no pasé de lápiz, pencil. Vos, que sabés inglés, deberías entrarle con todo al gran dramaturgo. Debe ser genial leer a Shakespeare en ese inglés clásico, elegante. El Internet dice que la susodicha frase la pronunció Ricardo III. Como digo que no he leído la obra y mucho menos verla en el teatro debo acudir a mi imaginación (que a veces se desboca como caballo en hacienda) y decir que Ricardo III debió estar muy desesperado por conseguir un caballo, pues lo cambiaba por su reino. Es un exceso. Pero, como desconozco el contexto, no comento más. Abordo el tema porque, ahora, medio mundo dice, sin decirlo abiertamente: “Mi reino por un Me gusta”. Claro, los reinos de los compas no son de la grandeza del reino de Ricardo III, pero reino es reino. Quienes cambian su reino por un Me gusta abandonan su personalidad en pos de un estatus. La frase actual nos indica que muchos compas viven ahora a expensas de los Me gusta que otorgan los otros. Yo, querida mía, soy un ser humano y tengo debilidades, muchísimas. Pero estoy lejos de estar pendiente de la opinión de los otros. Desde hace años aprendí que soy por lo que soy y no por lo que digo ser o por lo que dicen los otros que soy. Claro, cuando subo algún texto de mi autoría me complace hallar varios Me gusta (que son deditos que indican que todo es mero lek). Mi trabajo creativo sí está expuesto al escrutinio público, ¡por supuesto que sí! Mi trabajo consiste en dejar una huella positiva en mis semejantes. Pero, una cosa es mi obra (textos, dibujos, pinturas, caricaturas, libros, revistas) y otra cosa es mi persona. Mi mamá dice que el mundo está de cabeza. Ahora, hay millones de compas que cambian su reino por un Me gusta. Un reino irreal, de cartón mojado. Hay compas que todos los días comparten sus fotos personales en redes sociales y aspiran a lograr millones de likes (así le dicen en inglés a los Me gusta). ¿Y sabés qué es lo peor? Millones de compas que suben fotografías sacándose los mocos reciben la aprobación de millones de compas. Millones de boberas reciben millones de Me gusta. Dentro de los que aman los Me gusta hay una categoría que provoca envidia en millones de usuarios que nada ganan y pierden su tiempo y queman su personalidad en el santuario de la pretendida fama, los llamados influencers obtienen millones de Me gusta y esto les permite llenar sus bolsas con dinero, muchísimo. A este fenómeno bien puede llamársele “Van Gogh sigue presente, pero en reversa”, porque, vos sabés, el genial pintor vivió en la miseria y actualmente su obra se subasta en millones de dólares. Su genio creativo sirvió para enriquecer a galeristas contemporáneos. ¿Qué pasa con los influencers? Son personas con gran capacidad para comunicar sus ideas, ideas que son pobrísimas, pero que son aplaudidas por millones de fans. El talento no es prioridad, lo prioritario es la forma de mantener el statu quo (pucha, qué palabritas tan mamilas), para que la sociedad siga la tendencia inerte. Basta ver quiénes son los influencers que tienen más Me gusta en el mundo para constatar que el dicho de mi mamá es cierto: el mundo está de cabeza. Posdata: no sé si vos conocés a Yuya. La tal Yuya fue una de las influencers mexicanas que más paga ganó. ¿Cuál fue su gracia? Hizo tutoriales de belleza; es decir, les dijo a las chicas cómo ponerse la sombra en el ojo izquierdo y cómo hacerlo en el ojo derecho. Ahora ya creó su propia línea de maquillaje y gana muchos dólares, mientras millones de fanáticas gastan sus dólares en comprar los polvitos que produce, y los usan en la forma que ella les indicó. Por eso, los influencers son menos que los millones de fanáticos que, desde su casa, le dan Me gusta a las publicaciones. Cualquier mortal de estos tiempos cibernéticos aspira a ser influencer, a ser reconocido en las redes sociales, a obtener miles y millones de Me gusta en cada publicación. ¿Yo? Yo me quedo en mi reino, por nada lo cambio. Y no cambio mi reino por un Me gusta, debido a que no vendo tamales, ni sé los secretos del maquillaje que Yuya sabe. Vendo productos culturales y ya se sabe cuál es la historia de Van Gogh.

miércoles, 28 de julio de 2021

CARTA A MARIANA, CON FOTO HISTÓRICA

Querida Mariana: todas las fotos son históricas, pero hay algunas que son joyas. La que ahora anexo es un tesoro. Me la obsequió mi compadre Javier, porque, orgulloso, él la conserva pues aquí aparece su papá, el notario Javier Aguilar Torres, quien era el presidente municipal de Comitán, el 20 de julio de 1956, día en que fue tomada la fotografía. Ah, tiene razón mi compadre de enorgullecerse del árbol de donde proviene. Todo Comitán reconoce la esencia humana del notario y ex presidente, del periodo 1956-1958. El notario es el tercero de izquierda a derecha, en seguida está el padre Carlos J. Mandujano García, el activo sacerdote que encabezó los festejos del IV Centenario del inicio de la evangelización en estas tierras. Si te fijás, por ahí se ve la cortina que fue deslizada para que se viera la placa que consigna la fecha. Si ahora pasás por el frente del templo de Santo Domingo verás esa placa, con los nombres de los frailes dominicos que iniciaron su labor el 20 de julio de 1556. Ya hemos platicado que, ahora, las personas de este pueblo celebramos el Día de la Identidad Comiteca el 20 de julio de cada año; y hemos platicado que jamás volvió a darse un festejo tan fastuoso como el celebrado el 20 de julio de 1956. Al lado del padre Carlos está el obispo Lucio Torreblanca y Tapia y a continuación Fray Tomás, cuyo apellido anda un poco extraviado. Sin duda que alguna persona testigo del acto puede ayudarnos a identificar a cada uno de los personajes. El otro día, mi admirado amigo, el cronista Cuauhtémoc Alcázar Cancino, dijo que él, a sus dieciséis años de edad, participó en forma destacada en un grupo católico juvenil. Su prodigiosa memoria debe conservar los nombres de los actores principales. Lo que sí puedo decir es que el último personaje de esta fila es el doctor Guillermo Robles Domínguez, quien, hemos comentado muchas veces, fue noviecito de Rosario Castellanos, cuando eran estudiantes de secundaria, acá en Comitán. No sé si me aventuro a decir que el primero de izquierda a derecha es el profesor Ernesto Cifuentes, quien también fue presidente municipal de Comitán, en el periodo 1983-1985, pero no quiero aventarme a la carretera, porque puedo terminar detenido en un retén o en un bloqueo, pero le miro parecido. Y acá está eternizado ese instante maravilloso, donde develaron la placa. En ese tiempo el INAH tenía diecisiete años de fundado, pero nadie en el pueblo pedía autorización para modificar fachadas, porque, la verdad, en los años cincuenta, en Comitán aún no estaba enraizado el síndrome de la modernidad arquitectónica y no existía una oficina autorizada de dicho instituto; había un delegado que se encargaba de velar que las zonas arqueológicas no fueran saqueadas, pero con pocos resultados satisfactorios, porque muchas piezas prehispánicas circulaban en forma libre y pasaban a manos extranjeras con gran facilidad. Digo esto, porque, sin duda, el padre Carlos no pidió permiso para colocar esta placa en la fachada del templo. ¡No! Él consideró que era importante dejar un testimonio del hecho histórico y lo mandó a grabar en bronce, material que garantizaba su perdurabilidad. Y tan ha perdurado que dicha placa es la única sobreviviente de la fotografía. Sí, primero Dios, aún vive el compa que, en puntillas, asoma su carita detrás del doctor Robles y el niño que aparece en un esquinero, en primer plano. Los demás ya fallecieron. Posdata: es una ley física inmutable, en muchas ocasiones, las obras que crea el genio humano, sobreviven a sus creadores. Estos personajes ya gozan de la presencia divina (siendo católicos creían firmemente en ello), pero la fachada del templo sigue en pie, la placa también continúa en el mismo lugar donde la colocaron en 1956; la puerta sigue igual; de igual manera el acceso que permite entrar a la nave del templo. Todos los personajes están, como se dice coloquialmente, de guante y pipa, bien vestidos, tal como exigía la ocasión. Por supuesto, el traje más visible es el del obispo de San Cristóbal de Las Casas. Así debía ser, el festejo fue por los cuatrocientos años de la chamba que hicieron sus antecesores; el segundo y sexto personajes son representantes de los frailes dominicos. Sus antiquísimos hermanos fueron los que arribaron a estas tierras en el siglo XVI. Posdata: mi compadre se adornó con esta fotografía. Yo no la había visto jamás. ¿Vos sí?