viernes, 7 de octubre de 2022

CARTA A MARIANA, CON MARÍAS

Querida Mariana: ¿pensaste en galletas cuando escribí Marías? No, en realidad quiero comentar algo que ya sabe todo mundo: murió Javier Marías, el escritor español. Marías apareció en la relación de candidatos para recibir el Nobel de Literatura de este año. Uf, ya no llegó al momento de decisión; pero hace días un grupo de amigos ofreció un homenaje en un lugar exclusivo en Madrid, España, que se llama Círculo de Bellas Artes. Ahí treinta amigos de Marías pasaron a dejar testimonio de su admiración y amistad por el escritor fallecido. Cuando leí la nota brinqué de espanto: ¡treinta personas! Dios mío, pensé, ¿a qué hora terminó ese acto? Pero luego me enteré que cada persona tuvo oportunidad de hablar ante el micrófono durante tres minutos. ¡Ya se me antojó! Sí, pensé que hora y media fue un tiempo muy razonable, porque el tiempo estuvo repartido en treinta testimonios, donde, sin duda, hubo de todo, como en una buena tamalería: de chile, de dulce y de manteca. Ya te conté que en una ocasión mi admirado Julio Gordillo Domínguez hizo una travesura genial. Todo mundo sabía que al llamado Tribuno de México le gustaba hacer uso de la palabra y se olvidaba del tiempo, por eso cuando los organizadores de un acto cultural vieron que él participaría dijeron que no le ofrecerían agua, para que terminara al tener la boca seca. ¡Ah, no contaban con su astucia! Cuando vimos que no salivaba bien, pensamos que ya pronto concluiría. En ese momento metió la mano en la bolsa de su pantalón, sacó un limón partido, lo chupó y siguió con su discurso. ¡Viejo lobo de mar! Donde no pudo hacer travesuras fue una vez que el acto fue transmitido en radio, a nivel estatal, le dijeron que tenía cinco minutos para hablar, comenzó y a los cuatro minutos con cincuenta una asistente comenzó a hacerle señales para que terminara su discurso. Quiso prolongar su intervención. La asistente movió ambas manos en forma horizontal y luego se pasó el dedo como una daga en el cuello con lo que le dijo que ya estaba fuera del aire, le pidieron el micrófono y lo pasaron al siguiente participante. Esa tarde, su limón partido quedó adentro de su bolsa. No. En España hicieron un homenaje en memoria de Marías y cada participante tuvo tres minutos para pronunciar su mensaje. ¡Qué maravilla! Debió ser un homenaje emotivo, divertido, afectuoso, con treinta voces diferentes, treinta chinchibules cantando frases cortas, sinceras, inteligentes. Apenas terminaba un participante, la maestra de ceremonias llamaba al siguiente para que hiciera uso de sus tres minutos. Los que participaron debieron medir muy bien sus palabras, hacer una hermosísima síntesis para resumir en tres minutos todo lo que querían expresar. ¡Ah, qué buen ejercicio! Los participantes aceptaron subir al escenario en un acto de humildad, estar al lado de los demás compañeros, con un profundo respeto al tiempo de los otros. Te conté también que estuve en la Feria del Libro de la UNACH, en el año 2016, y fui testigo de un acto de soberbia: la doctora María Elena Tovar González, destacada intelectual chiapaneca, ex rectora de la UNICACH, tenía destinada una hora para la presentación de uno de sus libros; a la hora que terminó su tiempo, ella, olvidándose del más elemental protocolo de respeto, se voló veinte minutos más del tiempo de quien seguía en la lista de presentación. ¡Estuvo hora y veinte minutos hablando de su magistral obra de investigación! Por eso, cuando leí el acto preparado en memoria de Marías me dio gusto, entendí que hay formas sublimes de honrar no sólo al personaje sino a los demás participantes, así como a la audiencia y a la cultura de un pueblo civilizado. Posdata: ahora recordé que por ahí en el librero tengo pendiente la lectura de una novela de Marías. ¿Por qué lo dejé pendiente? No recuerdo. La buscaré y, a mi modo, haré mi homenaje al destacado escritor español. “Berta Isla” se llama la novelilla, fue publicada en 2017.

miércoles, 5 de octubre de 2022

CARTA A MARIANA, CON CANDIDATOS

Querida Mariana: estamos a la vuelta de la esquina de conocer el nombre del ganador del Nobel de Literatura de 2022. Sé que vos sos muy tolerante conmigo. Ya sabés que cada año me siento frente a la computadora y comparto con vos mis pensamientos respecto al tema. Y lo hago, porque vos también andás con el gusanito. ¿Recordás que en el tiempo A. P. íbamos corriendo a ver si había algún libro del elegido? Si no lo encontrábamos en físico entrábamos al Internet, buscábamos y pedíamos libros digitales y le entrábamos dos minutos después. En 2021 nos llevamos el chasco de que no había libros del Premio Nobel traducidos al español. Ah, qué joda. ¿Por qué los académicos de Suecia no mandan guiños a las editoriales? Digo, como sucede con las candidatas del Óscar. ¿Por qué tanto misterio con el Nobel? Mirá, los que saben dicen que cada año la Academia anota a 220 candidatos para el Nobel de Literatura. Se supone que estos 220 nombres son los picudos del año, de ahí, la lista se reduce a 20, mandan a volar a 200, que aspiraron a la gloria y se quedan en espera del próximo año. No sé en qué momento ya sólo quedan 20, pero hay un instante en que estos veinte pasan al cernidor y sólo se salvan 5. ¿Mirás? Algo similar ocurre con el Óscar, que premia lo mejor del cine comercial, occidental, de Hollywood, pues. Un día, los cinéfilos nos enteramos de las candidaturas y ahí andamos haciendo apuestas y buscando dónde verlas. Esto hace que todo sea muy intenso. Los cinéfilos y las empresas cinematográficas ganamos, los primeros ganamos al fortalecer nuestro espíritu y las segundas fortalecen sus costales con paga. ¿Por qué la Academia Sueca no da a conocer los nombres de los cinco finalistas, con suficiente antelación, la necesaria para que las editoriales publiquen ediciones en español? Vos sabés que el español es una de las lenguas más importantes del mundo. Toda Hispanoamérica conforma un territorio de millones de lectores, y dentro de estos millones hay muchísimos que son como vos y yo: snobs, que corren a adquirir un libro del premiado, para ver a quién premiaron, ¿vale la pena o no? Pues no. La Academia insiste en mantener todo en secreto, a tal grado que, como sucedió el año pasado, el premiado cree que es broma de algún amigo o enemigo, al recibir la llamada que anuncia la gloria del galardón. Si la Academia de Suecia hiciera lo mismo que hace la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, el mundo editorial saldría ganando, porque muchísimos lectores acudiríamos a comprar obra de los cinco candidatos, con la garantía que uno de ellos será el ganador. En ese momento, iríamos a buscar más obra del Premio Nobel de Literatura, en caso de que sí nos haya convencido. Todos ganaríamos y nadie saldría afectado. Los cinco candidatos se emocionarían, con justa razón; porque el proceder de la Academia Sueca provoca que muchísimos escritores sueñen con la gloria, sin saber que no tienen ni la más mínima oportunidad. Posdata: dicen que este año pueden darle el premio a Salman Rushdie, quien estuvo en los noticiarios de todo el mundo por la agresión física que sufrió. No se vale. Sabemos que el premio no se concede sólo por cualidades literarias, hay múltiples factores que intervienen, pero que se otorgue porque un escritor fue motivo de un atentado mandaría al suelo el prestigio del Nobel. Ya se lo dieron a un cantante, con eso fue suficiente. ¡Tzatz Comitán!

martes, 4 de octubre de 2022

CARTA A MARIANA, CON AGREGADO

Querida Mariana: ayer platiqué con vos lo del anuncio de Daladier. Una genialidad: el signo de pesos y la palabra conejos. Todo mundo entiende que él vende animalitos orejones, para un buen estofado. En cuanto terminé de escribir la carta pensé en que si el mundo cambiara la palabra conejos podría usarse este anuncio para vender casi casi cualquier cosa. La venta de objetos iría desde un sencillo refresco hasta terrenos y más, mucho más. Los anuncios clásicos que todo el mundo entiende son sencillos. El propietario de una casa le pone un letrero de Se vende y ¡listo! Incluso, cuando este propietario hace uso de una inmobiliaria, la empresa pone el mismo letrero de Se vende, con números telefónicos y logotipos. Tengo un amigo que es comerciante y ranchero, cuando hay abundancia de naranjas o aguacates coloca canastos en la entrada del comercio con un signo de pesos escrito sobre un cartón y la gente que por ahí camina se detiene y compra. Todos nos vendemos o alquilamos. El éxito también tiene relación con el cartel que presentamos. A mí me ha encantado desde siempre cómo se anuncia una prostituta clásica. Es genial, no necesita más que pararse en una esquina, con una falda muy por arriba de la rodilla y labios pintados con un rojísimo de cabaret. Una señora “decente” jala a su hijo y le dice que se apure, que no mire a la “mujer mala”. Las prostitutas tienen su modo de anunciarse; en cambio, las señoras “decentes” no tienen formas tan puras para anunciarse. Y es que una de las “gracias” de la publicidad es presentar el lado bueno de los objetos y de las personas, ocultando las oscuridades, es la llamada publicidad engañosa. Teo González, comediante genial, cuenta un chiste de un tipo inocente que se acerca a una prostituta y le pregunta: ¿usted se dedica a eso, se alquila?, pues sí, le dice la otra, a eso me dedico. ¿Y cuánto cobra?, pregunta el tipo y ella responde: Pues depende del tiempo, entonces el inocente dice: “Digamos que está lloviendo”. Sí, sé que no te causó gracia, es que falta el ingrediente que le pone el comediante, porque él sí se vende muy bien, es un artista en eso de contar cuentos. Ya te platiqué que doña Lolita Albores publicó dos libros con chistes que ella contaba. En el papel esos chistes perdieron mucha gracia, “la gracia” estaba en oírselos decir a doña Lolita, su forma de contarlos era de una genialidad maravillosa. El éxito, en muchas ocasiones, se sustenta en la forma de presentar un producto. Mirá lo que sucede con la Coca Cola. Son tan emotivas las imágenes familiares que nos presentan que medio mundo cree, en efecto, que es un elemento integrador, que fomenta la convivencia, que es “la chispa de la vida”, cuando es todo lo contrario. Pero, ya hemos platicado en muchas ocasiones, querida mía, ¿quién compra una buena limonada sin azúcar? Vos y yo, gracias a Dios, en este sentido sí andamos en un nivel superior, porque, andá a saber, en qué momento nos dimos cuenta que beber refrescos embotellados no era conveniente y alguien nos recomendó beber una buena limonada sin azúcar, lo que don Jorge llamaba limonada bronca. Al principio el gusto hizo una cara de ¡qué es esto!, pero ahora disfrutamos esta bebida saludable. A veces me pregunto si algún publicista honesto podría hacer mensajes con tal calidad que lograra convencer a millones para que dejaran las bebidas gaseosas y consumieran aguas con frutas naturales. Todos nos vendemos, nos alquilamos. Hay profesiones y oficios que tienen el camino llano. Todos los días paso por una carpintería, el carpintero pone en la entrada de su taller algunos objetos que talló, como si estuvieran en una sala de exposición. Quienes pasamos por ahí lo vemos y el día menos pensado veo que el aparador ya no está, sin duda que lo vendió. Posdata: hay que mostrar para vender. El éxito radica en mostrar un anuncio claro, sin rebuscamientos, sencillo y atractivo. ¡Ah, qué difícil! Es labor de expertos en publicidad o adoptar los modos clásicos. Cuando alguien pretende vender un auto le basta poner un signo de pesos en el cristal trasero. He sido testigo del momento en que otro conductor se empareja con el del auto que se vende y pregunta ¡cuánto!, y se apoya con un movimiento de la mano con el clásico círculo abierto que forma el dedo pulgar y el dedo índice. ¡Tzatz Comitán!

lunes, 3 de octubre de 2022

CARTA A MARIANA, CON CLÁSICOS

Querida Mariana: la mercadotecnia es toda una ciencia. Tengo una sobrina que estudia la licenciatura en una prestigiosa universidad de la Ciudad de México. Como ella de por sí es brillante, seguro que cuando egrese de la universidad será una brillante profesionista. Muchos parientes esperan que concluya su estudio para llegar a hacerle una preguntita sencilla: Oí, ¿cómo le puedo hacer para que mi negocio sea exitoso? Ya lo sabemos, harán la consulta sin pagar honorarios. Como dicen los chavos: así no se pinches puede. En publicidad se invierte, no se gasta. ¿Querés tener un negocio exitoso? ¡Invertí en publicidad, con los expertos! Claro, si sos muy trucha en clásicos, entonces no tenés necesidad de más estrategias de mercadotecnia actual. Mi querido Daladier tiene su casa al lado de un bulevar bonito, por ahí pasan cientos y cientos de autos cada día, la mitad de los pasajeros ve su casa (la otra mitad mira hacia el otro lado). Por eso, medio mundo mira el letrero que acaba de colgar en el portón: ¡un clásico de todos los tiempos! Un mensaje que, sin duda, sería motivo de análisis semiótico por parte de Umberto Eco, por decir lo menos, porque es un maravilloso ejemplo de síntesis y de impacto seguro. Vos sabés que una de las características de un impactante anuncio es la brevedad. A nadie se le ocurre anunciar la venta de un producto aventándose un choro mareador. Mi amigo Daladier analizó lo que ya enuncié líneas arriba, querida niña: frente a su casa transitan cientos de vehículos cada día; es decir, medio mundo (ya lo dije) mirará el letrero; pero, esto lo intuyó Daladier, el mensaje debe ser de primer impacto, porque nadie se detiene a leer mensajes largos y mal redactados. Por eso, Daladier recurrió a un modelo clásico. Es una genialidad. Perdón, querida mía, no he dicho que Daladier, en esta ocasión, puso conejos a la venta. ¡Así, sin más misterio! Por lo tanto, tomó una tabla de regular tamaño, para que fuera visto por esa mitad del mundo que ya comenté (ah, qué repetitivo me estoy volviendo. ¿Será la edad o defecto de nacencia?). ¿Qué escribió? Pintó un soberano signo de pesos y luego, juntito, la palabra conejos. Decime si no es una genialidad. Imaginá que vas con tu auto por ese bulevar y pasás enfrente de la casa de Daladier y mirás este letrero sencillo. Al instante comentás con los que te acompañan: ¡miren, ahí venden conejos! Y la tía fulana dice: ah, te pararas, mi gordo tiene antojo de conejo, desde hace varios días, entonces te hacés a la derecha, detenés el auto y bajás a tocar la campana a preguntar a cómo están los conejos. ¿Mirás la estrategia comercial de Daladier? Sólo puso el signo de pesos y la palabra conejos, quien se interese deberá detenerse, bajar, mirar la belleza del jardín que tiene y los demás animalitos que cría. Qué flor tan bonita, ah, se llama tal, si quiere usted, tengo hijuelitos a tanto. Y también tiene usted carneritos, ¿los vende? Claro, a tanto. Y los conejos a cuánto. Por ser usted se los daré a tal precio y la tía abre el monedero y pide dos. Todo esto que es hipotético, sucede con frecuencia. Daladier no tiene necesidad de contratar empresas especializadas en publicidad para enviar su mensaje de venta de conejos. Le bastó usar un clásico de la publicidad de todos los tiempos. Claro, no faltará el vivito que se atreva a sugerir que, en lugar de escribir la palabra conejo, hubiera dibujado un conejo al lado del símbolo de pesos, porque, aseguraría, no todo mundo sabe leer (uf, qué país tan lastimado), pero que si alfabetos o analfabetos miran un signo de pesos al lado del dibujo de un conejo recibirán el mensaje en forma total. Sí, querida mía, la mercadotecnia hace uso de estos análisis, para enviar el mensaje a los potenciales compradores. Posdata: no todo mundo tiene un punto de venta generoso como el que sí tiene Daladier, pero la publicidad adecuada hace que los compradores lleguen hasta el lugar más recóndito en busca del producto que deseás vender. Los empresarios exitosos saben que no gastan en publicidad, ¡invierten! La publicidad no espera que alguien llegue a la montaña, le lleva la montaña para que goce de la cima. ¡Tzatz Comitán!

domingo, 2 de octubre de 2022

CARTA A MARIANA, CON AUTOS NOVEDOSOS

Querida Mariana: la Efremina no mira la hora de agarrar partido y con ello ¡marido! Pero, pucha, piensa que los hombres son como los autos. Yo digo que primero debería aprender a manejar bien y luego estar consciente de que con ese nombre, que parece nombre de medicamento, no le resultará fácil. Efre (así le decimos de cariño) anda en busca de un Porsche. ¡Ay, mi prenda! ¿No sabe que un carrito de éstos vale más de un millón de pesos? ¿No sabe que estos autos son para niñas que se llaman Carolina, pero que llevan por delante el título princesa? Es decir, no es para cualquier Carolina. Pero la Efre no nos hace caso, ahí anda de necia, soñando con un chavo pro. ¿Pro qué? Entiendo que el término pro se presta a confusión, parece que por ahí anda el descontrol de Efre. Pro se aplica a una persona de bien, un chavo de la high society; pero también se aplica cuando se realiza la rifa de un par de zapatos, imitación de piel, en beneficio de una casa para niñas, atendida por monjas. Los amigos de Efre nos debatimos en ser crueles y decirle la verdad o en dejar que sueñe de lo lindo y algún día caiga de la nube más alta; ojalá su espíritu no se fracture mucho. ¡Ay, pobre Efre!, insiste en comparar a los príncipes azules con autos, digo que bien podría conformarse con un vochito, son bien ahorradores y casi no fallan, Martín dice que nunca ha visto un vochito descompuesto en una carretera y agrega que este carrito funciona con el puro olor de la gasolina, y ahora que está tan cara, pues es algo a considerar. Ayer fui a ponerle gasolina a mi tsurito y ¿qué creés? Sí, el litro, de la verde, está por encima de los veintitrés pesos. Pucha, lo bueno es que no hay gasolinazos. Un día le presenté un amigo a Efre, un buen muchacho. ¿Qué creés que dijo la Efre? No, no, se mira que tiene doble escape y no tiene monitor de presión en sus llantas. Bueno, la verdad es que el amigo no era un Temo Alcázar, tenía sus llantitas alrededor de la pancita, pero, eso sí, tenía un quemacocos maravilloso, porque casi no tenía cabello; y vos sabés que el Porsche tiene hermosos quemacocos. Como vos te estás preguntando, nosotros lo hicimos desde el principio: ¿qué es lo que busca Efre? Y fuimos a su casa, tocamos como si fuéramos testigos de Jehová y ella nos recibió como si fuéramos hijos de su hermana, porque nos pasó a la sala y nos invitó agua de jamaica y galletitas saladas. Y bueno, cuando estábamos ya en confianza, María se la soltó: Y qué pues, vos Efre, ¿qué es lo que buscás en un hombre?, y agregó: lo digo para que te busquemos un buen partido. Vimos que la carita de Efre se iluminó, se puso roja, como si fuera reflejo de todos los vasos de jamaica que estaban sobre la mesa de centro. Sonrió, se desabotonó el suéter, tal vez para que no le subiera más la temperatura, cerró tantito los ojos y, como si estuviera sola, debajo de un árbol, en un campo, dijo que le gustaría un hombre que tuviera un panel digital de instrumentos, para que ella activara cada parte de su cuerpo a la hora que tuviera deseo. Nos quedamos viendo como ovejas en un desierto, sin hierbita para comer, pero María asintió y dijo: hmm, no estás tan equivocada, eso sería maravilloso. Romeo, que en ese momento era pareja de María, carraspeó nervioso. Y que tenga seis velocidades, dijo Efre, y como si estuviera ya arriba de un auto, hizo puño con su mano derecha y metió primera, segunda, tercera, cuarta, quinta y sexta, todo con un ronroneo que se intensificó y que hizo que todos sintiéramos un calorcito digno de una playa nudista. Sí, dijo María, y pasó su lengua de un lado a otro de sus labios. Todos vimos que entornó tantito los ojos, el que más lo vio fue Romeo. Nadie dijo algo, todos esperábamos que Efre siguiera con su descripción, nos sirvió más agua de Jamaica, ofreció galletitas y, con la charola en la mano, dijo que deseaba que su novio tuviera freno de mano electrónico, para pararlo a la hora que quisiera y que, alzó la voz, que tenga aire acondicionado y asientos de piel, de piel suavecita, que sea tibia al tacto, y pasó la mano sobre el asiento del sofá y todos la vimos; en cuanto paró su movimiento, todos vimos a María, esperábamos que dijera algo, pero ella tenía los ojos cerrados, había puesto la cabeza sobre el respaldo del sofá y tenía las manos sobre el descansa brazos y las piernas un tantito abiertas; todos, entonces, volvimos la mirada para ver a Romeo, quien ya no resistió, se puso de pie, tomó su chamarra y sin decir algo abrió la puerta de la calle y salió. ¿Ya han visto el modelo que tiene ajuste inteligente en reversa?, preguntó Efre. Todos callamos. Yo, cuando menos, nunca he visto el modelo con ajuste inteligente en reversa, pero coincidí con María, a la hora que dijo: sí, el amante ideal es el que tiene ajuste inteligente en reversa. Tal vez nadie entendió qué era eso, pero volvimos a hacer un silencio de nube de yeso. Posdata: pobre Efre, espera mucho, tiene grandes expectativas; no sabe que la vida no es lo ideal, no tiene idea que la vida siempre anda a ras de tierra. ¡Tzatz Comitán!

sábado, 1 de octubre de 2022

CARTA A MARIANA, CON NOMBRES

Querida Mariana: te menciono y otras tocayas tuyas aparecen, es inevitable. Sin duda que cuando vos escuchás el nombre de Alejandro también hacés asociaciones de otras personas con ese nombre, desde nombres famosos hasta nombres modestos. ¿Existen nombres modestos? Es decir, ¿vale más el nombre de la artista Mariana Ríos, que nuestra doña Mariana, del barrio de San Sebastián, que tuvo una tienda y se le recuerda porque era visitante frecuente en la poza de Uninajab y la bajada que está en la esquina de su casa la llamamos bajada de doña Mariana? ¿Es más relevante la Mariana Ríos, que tiene un cuerpo espectacular, que mi Mariana; es decir: vos? Sí, ya sé qué estás pensando, que todo está en relación directa con el entorno cercano, con los afectos. Por supuesto que sí, hablo de doña Mariana, porque la conocí en los lejanos años setenta, cuando estudié la secundaria en el glorioso Colegio Mariano N. Ruiz; pero, sin duda, que vos tenés a otras Marianas en tu mente y en tu corazón. Cuando escucho el nombre de Belisario pienso, de inmediato en el doctor Domínguez, pero también llega a mi mente Belis, quien preparaba unos tacos riquísimos y, durante algún tiempo, trabajó en la cantina de tío Tavo. ¿Qué Tavo conocés? ¿El mismo que yo? Tavo Penagos, el famoso basquetbolista, que es hijo de tío Tavo, el creador de las Macharnudas, bebida alcohólica muy pegadora. Tengo en mi mente y en mi espíritu nombres de gente famosa, así como de gente modesta, de quienes no aparecen en los libros de oro de la historia, pero cuyas vidas han sido fundamentales en el desarrollo de las sociedades, desde posiciones sencillas, casi humildes. En mi mente tengo anotados varios nombres que me son cercanos, que ayudan a dar savia al árbol de mi vida. Por ejemplo, tengo un nombre que no es muy frecuente: Carmelino, que es casi como la versión femenina de Carmelina, que es más frecuente, y cuando escucho el nombre de Carmelina aparece la imagen de una chica muy bonita, que estudió en la Secundaria del Estado en los años setenta. Carmelino fue empleado de mi papá, trabajó como encargado de la bodega de la Coca Cola, él se encargaba de subir y bajar las rejas de refresco a los camiones, antes de ir al reparto y a la hora de regresar; se estaba en casa toda la mañana y parte de la tarde, ya se retiraba cuando oscurecía. Desayunaba y comía en casa. Recuerdo que Sara, la sirvienta, se quejaba que Carmelino comía muchas tortillas, pues sí, necesitaba recuperar la energía que gastaba en el trajín de todas las mañanas. Sara decía que era un exceso porque cuando servía enchiladas comitecas, Carmelino “forraba” el bocado de la enchilada con una tortilla; casi casi era como las Guajolotas, que son tan buscadas en la Ciudad de México, que tienen masa adentro de la masa. ¿Tenés en tu corazón nombres de empleados humildes con los que te has topado en la vida? ¡Claro que sí! Estos nombres nunca llegan a los libros como sí llegó el nombre de Rosario Castellanos y llegan los nombres de los escritores, porque, aunque sean nombres modestos y no tengan peso alguno en la literatura nacional, cuando publican un librincillo de cuentos su nombre queda impreso para “la posteridad”. Por eso, a mí me encanta la anécdota de don Rito, quien fue un albañil que firmaba sus construcciones; acá es famoso el dicho: “Hecho y trabajado por Rito Aguilar” (¿era Aguilar? ¿No te digo?). Él se sentía orgulloso de su maravilloso oficio y ponía su firma. Pensaba que por qué sólo los héroes iban a firmar el acta de independencia, él también tenía todo el derecho del mundo a firmar su obra, como si fuera un Picasso de la construcción. Y dije Picasso, fíjate, este nombre aparece en la mente de millones de personas en todo el mundo. Sí, es donde decimos que hay nombres relevantes. Nuestra Sonia Conde es una artista reconocida en la región, pero no compite en el salón de la fama con el nombre de Shakira. Esta cantante colombiana, por obra y gracia de la mercadotecnia actual, es conocida en muchísimos países. Un poco antes de morir, el famoso escritor Julio Cortázar fue de visita a su Argentina, viajó porque Alfonsín asumió la presidencia de la república y Julito no sería perseguido. Volvió, ya estaba malito, pero sus biógrafos cuentan que una mañana salió a las calles de su Buenos Aires y vio una manifestación que ocurría en la calle. Alguien (nunca falta) vio hacia donde él estaba y lo reconoció, gritó, emocionadísimo: “Ahí está Cortázar”, el gran “Largázar”, también se emocionó al ver que un grupo nutrido de muchachos abandonó la marcha y se dirigió a saludarlo, a pedirle el autógrafo. Parece que fue la más hermosa recepción que pudo recibir en su tierra, un abrazo espontáneo. Cuando escucho el nombre de Julio, de inmediato brinca en mi mente la imagen de mi querido y admirado escritor: Julio Cortázar; y siempre que se acerca el momento en que la Academia de Suecia nombrará al ganador del Nobel del año pienso en él, que nunca recibió tal distinción, pero que ni falta le hizo, porque fue un gran escritor por encima de esos galardones. Cuando el grupo de muchachos se acercó a apapacharlo en una calle de Buenos Aires él recibió el mayor reconocimiento. El mundo bien podía quedarse con el Nobel, él se llevaba el cariño de sus lectores. ¿Acaso hay mayor bendición que esa? Pero cuando aparece el nombre de Julio, pienso en los Julios comitecos: en Julio Palacios, quien tiene una memoria brillante y tiene muchas anécdotas simpáticas en su mente; pienso en Julio, quien, desde hace muchísimos años, trabaja en la Casa Museo Dr. Belisario Domínguez y es un aficionado al ciclismo; en Julio Gordillo Domínguez, el famoso periodista comiteco. Hay muchos Marios, muchas Marías, muchos Caralampios. Sí, muchos Lampos, gracias a Dios. Don Lampo Morales, don Lampo Flores, con sus billares y con su modo desenfadado de ser. Hay muchos Armandos, mi compadrito Armando Pérez y el molestoso de Armando “Broncas” y otro compañero de la primaria que así se llamaba, pero a quien le decíamos “Desarmando”, porque lo que caía en sus manos lo hacía talco. Estamos llenos de historias y éstas tienen a sus protagonistas. En muchas pláticas con amigos aparece la frase: “¿Se acuerdan de fulano?” y la mayoría dice que sí y brotan recuerdos y anécdotas, algunas son graciosas, otras son dramáticas y otras dan vergüenza, porque la vida está llena de luces y sombras y cada nombre arrastra brillos y oscuridades. Todos, todos. El que esté libre de complejos que arroje el primer nombre. Un día un amigo en medio de una plática me dijo: “A mí que me importa fulana de tal” (era el nombre de una famosa mujer comiteca). Dijo que ella nunca le había dado algo, a él le importaba más fulana de tal (tocaya de la primer nombrada). Claro, entendí que casi en todas las veces los nombres modestos están por encima de los nombres famosos, porque los modestos son los que tenemos a la mano, son los que nos dan alegrías inmediatas, son los que extienden las manos cuando necesitamos un apoyo. ¿Los famosos? ¡No! Los nombres famosos viven en otra dimensión, sus nombres llueven y mojan la tierra desde la altura. Ellos permanecen en las alturas. Si los mencionamos es porque siempre están en el imaginario colectivo. Prendemos la televisión y ahí están ellos, mientras el nevero del barrio, el zapatero de la colonia, el tendero de la calle, no están en las grandes pantallas. Los nombres modestos están siempre cerca, pero no tienen reflectores, se alumbran con quinqués o con veladoras. A mí me encanta hacer, de vez en vez, el ejercicio lúdico de decir un nombre y apunto a las personas que así se llaman y que tienen relación inmediata con mi vida. Es imposible que no aparezcan nombres de famosos, por lo regular son los primeros que aparecen. Me da pena, pero luego me alegro porque digo la sentencia de que los últimos serán los primeros y encuentro en la lista a nombres modestos, pero cercanos, ahí están los amigos, los parientes, los vecinos, los paisanos. Posdata: cuando alguien habla de la tierra, pienso en la que abonó el sitio de mi casa de infancia, la que está ahora en la maceta donde mi Paty sembró una planta que da campanitas rojas o en donde mi mamá sembró una planta que es muy parecida a la lavanda (¿o es lavanda?) y donde llegan los colibríes a chupar miel; pero también llega a mi mente un personaje maravilloso del barrio de San Sebastián que era un gran aficionado al toreo y se aventaba al ruedo como espontáneo. Así le decían: el tierra, el tierrita. Ah, qué maravilla. Y cuando escucho la palabra luna recuerdo a una amiga que así le decíamos. Cuando un señor le dijo qué bonito nombre tenés, ella, riendo, pero con el ceño fruncido, dijo: caso me llamo así, me dicen así porque siempre estoy en la luna. ¡Tzatz Comitán!

viernes, 30 de septiembre de 2022

CARTA A MARIANA, DANDO LA VUELTA A LA ESQUINA

Querida Mariana: en Comitán todo mundo conoce Las siete esquinas. Armando dice que hubiese sido maravilloso que no fueran siete sino ¡nueve! ¿Lo imaginan? Nueve esquinas de la ciudad de las nueve estrellas. Rocío comenta que en cualquier rato se cumple el deseo de Armando, porque ella insiste en decir que no son siete sino ocho las esquinas y si alguien modifica tantito el portal de su casa, como ya lo hizo una persona, pues las siete se volverían nueve. ¿A vos te gustan las esquinas? Margarita dice que a ella no le gustan las esquinas, es un complejo que arrastra desde niña, siempre que doblará una esquina primero asoma la cara y mira que todo tenga una cara amable. Ella cuenta que vivió en una ciudad de Guanajuato y, como en una novela de Jorge Ibargüengoitia, al regreso del cine, con su mamá, doblaron en una esquina y un hombre se abrió un impermeable y se mostró desnudo. Ellas y él salieron corriendo, ellas por un lado y el hombre por otro. Ella se espantó no por lo que vio sino por lo inesperado del suceso. Sí, no se sabe bien a bien lo que nos espera a la vuelta de la esquina. En las calles rectas tenemos una visión más amplia, salvo en los arremetidos vemos los grupos de personas que platican, que juegan fútbol, que se besan y abrazan, todo está como más expuesto, en cambio, al llegar a una esquina y doblar no sabemos bien a bien qué hallaremos. José Del Llano, en una antología del cuento Salvadoreño, narra un suceso totalmente fantástico, un personaje camina tranquilo por la calle desierta, no recuerdo bien, pero parece que el tipo regresa de una fiesta, ya es de madrugada, su casa está a la vuelta de la esquina, en cuanto dobla, el piso comienza a resquebrajarse, su pie pierde apoyo y se tuerce, se apoya en la pared, pero la pared también presenta grietas, algunas tejas caen, el hombre piensa que es un temblor, de gran intensidad, pero, en forma instintiva se hace para atrás y ve que en la calle donde caminaba todo está tranquilo. Como si fuera un gato, asoma la cabeza por la esquina y ve que, de igual forma, todo está en calma. Se pregunta si lo imaginó, parecía tan real, tan tenebroso, su pie sigue adolorido del doblón. No está seguro de lo sucedido, decide dar la vuelta de nuevo, porque en esa calle, a la mitad, está su casa, dobla la esquina y las casas y piso vuelven a tronar, a agrietarse. Un balcón se precipita hacia abajo y no encuentra el suelo, porque se ha formado un socavón inmenso y profundo. El hombre regresa por sus pasos y todo vuelve a la normalidad. ¿Qué sucede? ¿Quién puede saberlo? Vuelve a sacar la cabeza y constata que todo está tranquilo, el caos aparece en cuanto él dobla la esquina y pone un pie en la banqueta que lleva a su casa. ¿Qué debe hacer? Piensa esperar que amanezca; piensa que en cuanto haya actividad más gente doblará por esa esquina. Se pregunta si el temblor aparecerá con otros y si persistirá con él. Tal vez, piensa, este embrujo (así lo nombra) sólo ocurre cuando él dobla la esquina; tal vez ocurre a esa hora; tal vez nunca había dado la vuelta a esa hora de la madrugada. Hay encantamientos que suceden a una determinada hora. Bueno, esto que te cuento es para ejemplificar que al dar la vuelta a la esquina puede suceder algo desagradable: un tipo que muestra su cuerpo, como un mero divertimento que lo excita, o un temblor que abre grietas en el piso. Posdata: a Margarita no le gustan las esquinas, prefiere caminar por los senderos derechos, los que permiten tener una perspectiva amplia, casi total. Otras personas adoran llegar a las esquinas y doblarlas, porque les aburre lo derecho, lo que no admite asombro o misterio. Sí, por lo regular, la literatura retoma esquinas para dar más intensidad a algún suceso. La vida, dicen los que saben, a cada rato nos presenta esquinas, para doblar o para seguir derecho. ¿Qué pasó con el cuento de Del Llano? Cuando la ciudad se activó y hubo autos, camiones, estudiantes, motociclistas y mujeres con bolsas del mandado, él sacó la cabeza por la esquina y vio que su calle estaba llena de actividad, igual que en las demás calles y avenidas, todo era un caos normal, así que, con cierta cautela, puso el pie en la banqueta y probó que todo estaba bien, hinchó sus pulmones con un buen trago de aire y dio el otro paso, con horror comprobó que su cuerpo desaparecía y era tragado por un hueco. Tan tan. ¡Tzatz Comitán!

jueves, 29 de septiembre de 2022

CARTA A MARIANA, CON PALABRAS

Querida Mariana: el tío Amado lo decía como chiste. Mientras le servían su café con pan, él nos repetía la anécdota: Resulta que un día se toparon dos maestros, sólo que el primero era maestro de escuela y el otro era maestro albañil, el de escuela le dijo al albañil que por ahí andaban diciendo que era muy listo con palabras del idioma tojolabal, a ver, qué es coymís, caca de gato, dijo el otro, mientras quitaba residuos de cemento a la cuchara; coychaj: mierda de carnero; coymut: caca de gallina. Como vio que el maestro albañil se las sabía todas, irónico le cambió el juego: qué es mondaytuesdaywednesday. El albañil dijo que nunca había oído esa palabra, ¡saber!, concluyó. ¿Ya miraste, ya miraste?, dijo el maestro de escuela, está visto que sólo de caca sabés. Y el tío soltaba la carcajada y aventaba pedazos de pan mojado con su boca abierta. Lo decía como chiste, nosotros, los sobrinos, lo festejábamos y no faltó el primo que cuando creció andaba con sus amigos repitiendo la anécdota. ¿De verdad era un chiste? Ahora lo dudo, ahora privilegio el conocimiento preciso del maestro albañil de un idioma que resistió el embate del conquistador español, y que es parte esencial de nuestro dialecto comiteco. Hoy, que todo se hace tan plano, recuerdo con emoción lo que el tío contaba, porque es una prueba irrefutable de resistencia cultural. Los tojolabales, quién sabe cómo, fueron una sociedad que supo preservar su cultura. Ahora todavía se contempla ese rasgo, muchos habitantes de comunidades tojolabales siguen hablando su idioma, incorporándolo al castellano, lo que los convierte en bilingües. En Comitán, la mayoría de personas sólo habla el castellano; en cambio, en muchas comunidades indígenas hablan dos idiomas, su lengua materna y la pepenada, la que les permite relacionarse en forma directa con el resto de Hispanoamérica, no es poca cosa. Son herederos de una gran tradición, misma que han sabido preservar. En mi niñez escuché las palabras que decía el tío, no sólo cuando él contaba su chiste, sino que también lo decían las sirvientas de casa. Cuando contaban anécdotas de sus pueblos salían a relucir sus casas y sus sitios y ahí los animales hacían sus gracias y ellas, de niñas, veían los excrementos y pronunciaban esas palabras antiquísimas. Sara, quien no era tojolabal regresaba del mercado y, al sacar las verduras, le enseñaba las papas a mi mamá y decía que esos camotillos estaban bonitos. Luego, ya muchos años después, alguien me explicó que en la lengua tojolabal la papa se dice kamotiyo. Y escuché la palabra kerem, que significa muchacho. Una vez, un grupo de chicas de secundaria que leía “Balún Canán”, la novela de Rosario Castellanos, me preguntó acerca de esa palabra, supe que ellas ya no la habían escuchado en su niñez. El tojolabal sigue fuerte, robustecido, por fortuna; el dialecto nuestro es el que se ha angostado. Los jóvenes comitecos han extraviado algunas joyas lingüísticas que fueron parte de la niñez de los niños de los años sesenta y, por supuesto, de gente mayor. Por eso, me da gusto cuando alguien ofrece empanadas de canip (tal vez se escribe con k) en lugar de empanadas de flor de calabaza. La palabra canip es parte de nuestra herencia lingüística, debemos atesorarla, guardarla bien cerquita de nuestro corazón. Posdata: el tío lo decía como chiste, pero el conocimiento del maestro albañil acerca de palabras tojolabales sólo era un reconocimiento a esa lucha maravillosa de preservación de una lengua. El tojolabal está vivo, debemos cuidarlo, protegerlo. Es un idioma mero lek. ¡Tzatz Comitán!

miércoles, 28 de septiembre de 2022

LECTURA DE UNA FOTOGRAFÍA

Cuatro elementos constituyen esta fotografía, sencilla, pero grandiosa. Acá aparece el cielo, un avión, un árbol y nubes. A primera vista las nubes constituyen un grupo, pero los demás elementos también constituyen grupos: el árbol es un conjunto de muchas hojas y ramas; el cielo un grupo infinito de galaxias y el avión un conjunto de elementos. Falso, no son cuatro elementos, como en cualquier reflexión filosófica existe un quinto elemento: la línea que deja el avión en su trayecto, una raya que se evaporará, pero que acá es constancia de su paso. ¿No es eso lo que sucede con el tránsito de los seres humanos en la vida? ¡Apenas una línea que se borra como si la existencia fuera una simple raya sobre el agua! Falso, no son cinco elementos, son muchos más. ¿Cuántos pasajeros lleva el avión? ¿Hacia dónde se dirigen? Quien tomó la fotografía vio la raya y con entusiasmo infantil dijo: ¡el avión!, como aquel famoso personaje de una serie de televisión que, desde la isla, gritaba ¡el avión!, mientras, con el brazo levantado, señalaba hacia el cielo. ¿Es el cielo el elemento más importante de esta imagen? Quien tomó la fotografía dejó de ver el horizonte o la tierra, por un momento elevó la mirada y vio lo que acá se ve: un árbol, nubes, una raya, un avión y el cielo. Tal vez lo más importante es ese objeto sí identificado que vuela, que lleva en su interior a decenas de viajeros; y tal vez es el más importante porque lleva a seres humanos, que son la esencia de la vida, porque quien, desde el suelo vio hacia el cielo, fue un hombre que después de extasiarse con ese obsequio mañanero de la naturaleza se preguntó por el destino de los viajeros. El avión iba hacia el sur, tal vez hacia Centroamérica o Sudamérica. ¿Guatemala, Costa Rica? ¿O más allá del Perú, de Colombia? El árbol se mecía lentamente al ritmo del viento; las nubes se desplazaban lentas, como pesadas tortugas en un mar de aire; el avión volaba con velocidad de crucero; y el cielo, eterno, se expandía con el resuello que tiene desde el principio de todo. Todo se movía, mientras el fotógrafo permanecía extasiado, inmóvil, en pausa mínima. ¿Y los pasajeros del avión? ¿En ese tubo inmenso, pero minúsculo, las azafatas qué hacían? ¿El del asiento A3 se paró en ese instante para ir al baño? ¿Dormía la del asiento S2 o veía por la ventanilla hacia abajo, hacia donde había dejado sus sueños para construir otros? ¿Qué leía el señor con el libro en el regazo, qué película veía su esposa en la pantalla individual, qué canción escuchaba el hijo con los audífonos? La vida está concentrada en esta imagen tan de todos los días, tan de todas las mañanas, pero que, a veces, pasa inadvertida. La cámara de un sencillo celular logró capturar el instante donde muchos elementos concentraron la grandeza de la vida, la inmediatez, lo transparente, lo etéreo. Porque allá arriba, haciéndose paso entre las nubes, como si fuera un relato de Las mil y una mañanas, un grupo de seres humanos dejó abajo la miseria de todos los días. Allá arriba no había guerras, ni hambre, ni manifestaciones, ni bloqueos, ni sonidos de ambulancias, ni manos extendidas pidiendo limosna. ¡No! Ese tubo espacial fue como una burbuja protectora; como una mano divina que les permitió dormir a pierna suelta; ver películas; leer libros o revistas; tomar un jugo, café o cerveza; caminar, no sobre el agua, sino sobre el aire. Esto fue así hasta el momento donde el avión aterrizó y abandonó su burbuja de cielo. Al aterrizar, los pasajeros regresaron a la realidad de siempre, los empujones, las filas, los taxis, las escaleras, los elevadores, las puertas. Pero, tal vez, muchas de estas puertas se abrieron para dar paso al abrazo del familiar que sonrió, que lloró de alegría y dijo: ¡Qué gusto!, pero, tal vez, otras historias no fueron tan rostro de pastel de cereza. Todos los elementos son importantes en esta imagen, concentran la vida, el instante. Fue apenas un segundo de cualquier mañana. ¡Tzatz Comitán!

martes, 27 de septiembre de 2022

CARTA A MARIANA, RUMBO A QATAR

Querida Mariana: ya estamos a nada de estar en Qatar, los privilegiados en vivo y millones en casa, viendo los partidos por televisión. ¡Me pongo de pie!, decía el genial comentarista Ángel Fernández. Lo mejor del fútbol soccer se dará cita en aquel país que, la mera verdad, no tengo idea en dónde está. Me pongo de pie y luego me siento, con una limonada y cacahuates dorados, en espera del momento en que el balón ruede en la cancha. En los mundiales de fútbol se exacerban los nacionalismos. La mayoría de aficionados se pone la camiseta de la selección de su país; los creyentes prenden veladoras y piden al santo preferido que haga el milagro. En caso de México toda la afición pide el quinto partido. ¿Pedimos el campeonato del mundo? ¡No! El quinto partido; es decir, que México pase la primera ronda, llegue a los octavos y luego cuartos de final. El quinto partido significaría la posibilidad de ser una de las ocho mejores selecciones del mundo. Esa es la gran ilusión de millones de aficionados mexicanos. A un amigo, fanático de este deporte, le pregunté si éste no era un deseo mediocre, conformista, él, con decisión dijo: “No, Álex, somos realistas, nuestro deseo está al par de nuestro fútbol, que, éste sí, es mediocre y conformista”. Pucha, me dio la vuelta bien bonito. Quedé satisfecho con su respuesta. Los fanáticos no esperan más, porque el fútbol mexicano no da para más. Ah, pero ya los quiero ver cuando se dé el milagro del quinto partido. Ya los veo soñando con llegar a la final y volverse campeones. Nunca he sido un fanático de los deportes, ni soy un apasionado nacionalista. Incluso, vos me conocés, siempre que hay un mundial de fútbol pido porque el milagro del quinto partido no se dé. Los amigos me acusan de ser antipatriota. ¡Al contrario! Siempre antepongo a México por encima de la pasión. Vos sabés que cada vez que México juega el país se detiene por muchas horas, no sólo las dos que tarda el partido. Digo que tengo preparado agua de limón (sin azúcar) y los deliciosos cacahuates del Mercado primero de mayo para botanear mientras las patadas se suceden; pero, millones de mexicanos botanean tortillitas con chicharrón, guacamole, un enchilado pico de gallo y varias caguamas. Esto provoca que cuando el partido concluye, los amigos acepten el famoso brindis que responde a la frase “la última y nos vamos”. ¡Esta es la mayor mentira del mundo! La última se convierte en la penúltima, y ésta en la antepenúltima y así hasta que los amigos y compadres entran a la bolera total. ¿Mirás las consecuencias del festejo al que acuden millones de mexicanos? Nunca hemos celebrado un quinto partido. ¡No quiero imaginar lo que esto provocaría! Mejor que la selección mexicana haga el mediocre papel que siempre ha hecho. ¡Total, los aficionados ya están acostumbrados a ponerse tristes y enojarse al ver el fracaso de su selección! Los aficionados no saben lo que significa estar entre los ocho mejores. ¡No puedo imaginar esa euforia, no quiero pensarlo! Ya Octavio Paz nos dijo que los mexicanos festejamos con excesos, la razón la dejamos botada en cualquier esquina y nos trepamos al corcel desenfrenado. Posdata: la carta de hoy fue futbolística, porque el otro día pasé por este campo de fútbol y me maravillé con lo que vi. El partido estaba por iniciar, era el partido inaugural del Campeonato Mundial de Fútbol Soccer de Aves 2022. Como Ángel Fernández me puse de pie y vi cómo el seleccionado de las garzas ya había entrado a la cancha, mientras el seleccionado de las chinitas aún permanecía en los vestidores (el travesaño de una portería) en espera de su estrella: MaraSALVADILLO, prima hermana de MaraDONA. ¿Sabés quién fue el árbitro del partido? Un gavilancillo, que, desde lo alto, se mantenía aleteando en el mero centro del campo, desde donde tenía una perspectiva completa. Todo genial, todo maravilloso. Partido sublime. ¡Tzatz Comitán!

lunes, 26 de septiembre de 2022

CARTA A MARIANA, CON UNA RAMA

Querida Mariana: en la administración municipal del contador José Antonio Aguilar Meza, actualmente diputado local, el Consejo Municipal de la Crónica, con la coordinación del arquitecto Pepe Trujillo, publicó el libro: “Diez ramas de un árbol”. El título alude a diez textos escritos por cronistas comitecos. Una de estas ramas fue doña Tony Carboney, quien escribió cinco crónicas de nuestro pueblo. El aporte de doña Tony, como el de sus compañeros cronistas, es esencial para el conocimiento de nuestra historia comiteca. ¿De qué temas escribió doña Tony en este libro? Mirá qué temas tan bonitos e interesantes: “Comitán de principios del siglo XX”, “Cómo se celebró el Primer Centenario de la Independencia de México en Comitán”, “Aquella Carrera Panamericana”, “Breve historia sobre el cine de la ciudad de Comitán de Domínguez” y “Breve remembranza del IV Centenario de la Fundación de la Parroquia de Santo Domingo de Guzmán, de Comitán, Chiapas”. Todos los temas se antojan, ¿verdad? Ya sé, ni me lo digás, sé que a vos (experta en el tema) te jaló lo del cine. Sí, es un tema riquísimo en historias. Todos los cinéfilos comitecos tenemos testimonios para compartir y que, sin duda, enriquecerán el acervo de esta “rama del árbol comiteco”. Doña Tony inicia diciendo que, por testimonios de mayores, el cine en Comitán inicia en el primer cuarto del siglo XX y da los nombres de los dos cines iniciales: el “Cine Piconni” y el “Cine Olimpia”. Ya sé, en cuanto aparece esta información brincan preguntas que es difícil de responder. El nombre del primer cine alude a un apellido italiano, así debe pronunciarse “Piconni”, como si fueras prima hermana de Sofía Loren, quien acaba de cumplir ochenta y ocho años de edad. Los periodistas de espectáculos dicen que ella vive en su mansión en Ginebra, Suiza, ya alejada de argüendes y cansadita por la edad. ¿Ya se nos perdió el rastro de Piconni? Parece que lo único que se tiene es el nombre de ese cine pionero. No sabemos si el nombre correspondía al apellido del propietario, si esto fuera así, el señor Piconni sería uno de los pocos migrantes italianos que han llegado a este pueblo. El Molinari es otro de esos apellidos. Mi compadre Javier, cuyo apellido es Carboney, me contaba cuando ya habíamos bebido más de dos cervezas, que su apellido es italiano, y que (se adornaba) el apellido original fue Carbonelli, pero que en tiempos de la revolución se modificó para quedar como Carboney. No sé si la información sea cierta, ya estábamos medio bolos cuando me lo contaba. Y cuento la historia de Javier, porque la rama que hoy comentamos se llama Tony Carboney. Nunca doña Tony ha dicho que su apellido original haya sido Carbonelli. En fin. Del Cine Olimpia sí hay ya más datos. Don Armando Alfonzo habla de este cine y dice: “Estaba a punto de ser demolido el "Cine Olimpia" y ser sustituido por el flamante "Belisario Domínguez" que tenía luneta, plateas, palcos y galería y un flamante equipo Vita Phone de cine sonoro o "vitáfono", como le llamábamos”. Don Armando habla de la década del 30 al 40. Y doña Tony lo corrobora al decir que “en los años 30 quedó inaugurado el Teatro “Belisario Domínguez”, donde actualmente se encuentra nuestro Teatro Junchavín”. Perfecto, ya tenemos los nombres de los tres primeros cines en Comitán y una descripción del “Belisario Domínguez”, que Alfonzo califica como flamante, porque tenía luneta, plateas, palcos y galería. Sí, se antoja flamante. Posdata: doña Tony cuenta más, aporta una descripción de cómo ardió el “flamante” Belisario Domínguez. ¡Pucha! No se merecía ese final. Un día de estos le seguimos con la historia que nos regaló doña Tony, quien ahora tiene su tienda de artesanías enfrente del edificio de la CFE. ¿Mirás cuánta riqueza en las ramas soberbias de este soberbio árbol llamado Comitán? ¡Tzatz Comitán!

domingo, 25 de septiembre de 2022

CARTA A MARIANA, CON CARICATURA

Querida Mariana: mando copia de una caricatura de Ronald Searle. La robé del libro ¡París, París!, que fue publicado en 1979. ¿En qué año hizo Ronald esta caricatura? ¿En qué momento se paró frente a este espacio y realizó el boceto, tal vez en lápiz, para luego pasarla a tinta china, con un plumín de punta fina? Vos conocés este espacio, porque hace cinco o seis años estuviste allá. Sí, también lo conozco, porque he visto fotografías y, en dos ocasiones, he viajado hasta allá en esa maravillosa aplicación que se llama Google maps. Así pues hago de cuenta que he estado ahí, he pepenado algunos deslumbres. Jamás, ni vos ni miles de visitantes ni yo, tuvimos una imagen de Montmartre como acá se ve. Sólo en esta genial caricatura de Searle aparece Montmartre con tan abigarrada escena. Genial, porque de inmediato todo mundo advierte que ese espacio, en las faldas de la Basílica del Sagrado Corazón, sirve para que muchos artistas plásticos realicen y vendan su obra. Jamás se ha visto esta imagen churrigueresca, desproporcionada, con tantos bastidores de artistas; pero esta caricatura sólo cumple con su maravillosa función de exagerar rasgos para hacer una síntesis genial de ese ambiente, porque (vos lo viviste) Montmartre reúne a muchísimos artistas que venden obra terminada u ofrecen sus servicios para hacer retratos rápidos a los miles de turistas que visitan a diario esa plaza. En Comitán no existe un espacio semejante. A veces, cuando la Casa de la Cultura hace las ferias del arte un atisbo parisino asoma. En la Ciudad de México, cuando estudié allá en los años setenta, sí tuve la oportunidad de asomarme a plazas llenas de artistas plásticos, callejeros (no puedo llamarlos de galería, porque su obra no estaba colgada en paredes de prestigio). Es una sensación maravillosa caminar por senderos llenos de cuadros, algunos regulares y otros deslumbrantes. Nunca se sabe si por ahí está la obra de quien luego llegará a ser reconocido en todo el mundo. Los historiadores cuentan que en Montmartre anduvo el genial Toulouse Lautrec. La caricatura de Searle es genial. Como todo gran artista coloca elementos esenciales para que podamos hacer una lectura total. En primer plano coloca en el piso retratos de gatos y de personas (niñas, muchachas) y cinco artistas en la faena. Detrás de ellos un mar de telas y bastidores, como si fuera una manifestación tumultuaria y las telas fueran pancartas con mensajes de paz y amor, o de libertad. Acá no hay espacio para los transeúntes mirones y posibles compradores, porque los mirones estamos de este lado del cartón, desde acá apreciamos esta abigarrada imagen que, insisto, jamás se ha dado como tal en la vida real, pero que demuestra en forma única la proliferación de artistas, como si fuera un enjambre de avispas o una manifestación de cientos de tzisimes artísticos, sobrevolando Montmartre. Nunca he estado en vivo en este espacio, pero cada vez que veo una imagen real o ficticia, como en este caso, lo disfruto mucho, escucho a lo lejos un acordeón y el rumor de cientos de personas hablando francés, alemán, inglés, chino, japonés o español mexicano. La mañana que estuviste ahí se coló un hermosísimo voseo de lo que hablaban vos y tu novio. ¡Genial! En Puebla hay un corredor, cerca del bazar de Los Sapos, donde vendía mis cajitas. En ese corredor existen muchos estudios donde los artistas realizan su obra y exponen sus cuadros. El espacio es sensacional. Una vez, recién llegado a Puebla pregunté cómo podía alguien como yo pagar para tener un espacio y me dijeron que no, que era imposible, que existía una lista de espera. ¿Qué esperan?, pregunté. Que fallezca uno de los artistas. ¿Mirás? Hasta que fallecía uno de los artistas ofrecían en renta su espacio. Eso me contaron, tal vez sólo fue una leyenda urbana. Posdata: al ver esta caricatura pensé en la ley de la oferta y de la demanda. Acá (ya dije el porqué) no se alcanza a ver compradores. Existe un exceso de oferta. En nuestros pueblos suceden historias semejantes. Acá no hay compradores, por esto, los artistas deben dedicarse a otra cosa, porque no pueden sobrevivir de su arte. Y cuando aparece un ocasional comprador, amante del arte, lo hace como si estuviera en el mercado y no en Walmart: ¿Y le vas a hacer su rebajita?