viernes, 12 de enero de 2024

CARTA A MARIANA, CON OPINIONES INTERESANTES

Querida Mariana: me topé con un comentario que hizo en redes sociales mi amigo el doctor José Ramón Domínguez. Lo escribió en una publicación que subió “Leamos un poco” en su muro. La publicación de “Leamos un poco” es un comentario del gran novelista y semiólogo italiano Umberto Eco. Los dos comentarios son valiosos, tienen que ver con el mundo de los libros, con la vaina de la lectura. Mueven a la reflexión. El texto de Eco (quien poseía una biblioteca con más de cincuenta mil libros) dice: “Es una tontería pensar que tienes que leer todos los libros que compras (…) Sería como decir que debes usar todos los cubiertos o gafas o destornilladores o taladros que compraste antes de comprar nuevos (…) “Hay cosas en la vida que siempre necesitamos tener un montón de suministros, incluso si solo usaremos una pequeña porción. “Si, por ejemplo, consideramos los libros como medicina, entendemos que es bueno tener muchos en casa y no unos pocos: cuando quieres sentirte mejor, entonces vas al 'armario de medicina' y eliges un libro. No uno al azar, sino el libro correcto para ese momento. ¡Es por eso que siempre debes tener una opción nutricional! "Aquellos que compran sólo un libro, lean sólo ese y luego se deshacen de él. Simplemente aplican la mentalidad de consumidor a los libros; es decir, los consideran un producto de consumo, un bien. Los que aman los libros saben que un libro es cualquier cosa menos una mercancía." ¿Y qué escribió mi querido amigo José Ramón? Te paso copia de su comentario, valioso, sugerencia para las personas de Comitán y de la región y de más allá. “Contribuyamos al fomento a la lectura, al consumo local de la lectura; por ejemplo, que tal si hacemos tradición leer Revista Arenilla, una revista hecha por increíbles personajes comitecos, un producto que contribuye a preservar la cultura y nuestras tradiciones. En Arenilla encontramos y nos encontramos con nuestra identidad; además, es patrocinada por Empresarios comprometidos ¡con la cultura y el bien ser! “Leer nos hace libres de pensamiento, eleva nuestro nivel cultural y éste, a su vez, eleva nuestro nivel de exigencia en nuestro consumo, nos obliga a entender lo bien hecho, nos facilita identificar la calidad y la calidez, nos obliga a dar y consumir calidad y calidez. Esto forma pequeñas esferas que se van uniendo una a una; para que, en un futuro próximo, logremos una gran esfera de gran calidad y gran calidez, características que siempre ha poseído Comitán. “Recuperar muchas cosas de nuestro entorno está en nuestras manos, en una lectura que se sienta, que se pueda abrazar. ¡Es momento de volver a humanizar el proceso del bien leer!” Al final, José Ramón preguntó: “¿qué decís, vos, maestro Alejandro?” Posdata: ¿qué voy a decir? Digo que retomo lo que dijo Umberto Eco: “Los que aman los libros saben que un libro es cualquier cosa menos una mercancía.”, y lo parafraseo diciendo que nosotros entregamos parte del espíritu de Comitán en nuestra revista Arenilla, lo hacemos porque coincidimos con lo que José Ramón expresó: “Es momento de volver a humanizar el proceso del bien leer”. ¿Qué digo? Digo: gracias, gracias, José Ramón, por compartir el texto de Eco y por hacer eco a nuestra propuesta editorial; gracias por apreciar el producto cultural que hacemos con mucha pasión para el desarrollo pleno de nuestra sociedad. ¡Tzatz Comitán!

jueves, 11 de enero de 2024

CARTA A MARIANA, CON DESPERTADORES

Querida Mariana: ¿se puede analizar rasgos de personalidad con los despertadores? Es decir, se puede preguntar: ¿dime qué despertador tienes y te diré quién eres? Hace como mil años, la gente en Comitán se despertaba con el canto del gallo. En las comunidades rurales continúa esta maravillosa tradición. ¿Te cuento algo de mi historia personal? Gracias por decir que sí. En mi infancia no tuve más despertador que mi mamá y mi papá. Hasta los siete años de edad dormí en una cama que estaba en la recámara de ellos. “Ya, levántate”, decía mi mamá o mi papá. Ah, era un privilegio. El príncipe era despertado por sus padres. En la casa que mandaron a construir mis papás, a cuadra y media de la Matías de Córdova, ya tuve mi propia habitación. Como la casa era grande, mi recámara estaba en Argentina, y la de mis papás, en Canadá. Esta distancia creó la necesidad de tener un propio despertador. En un viaje que mi mamá hizo a “La línea” (frontera con Guatemala), me compró un despertador genial. En la carátula tenía puntos en cada hora, puntos que, de igual manera que las flechas de horario y de segundero, eran fluorescentes. Cuando abría los ojos en madrugada echaba una mirada al despertador y miraba qué hora era. Cuando ya estaba en preparatoria adopté una costumbre rara: poner el despertador a las cuatro. A esa hora sonaba, prendía la radio, movía el mecanismo para que el despertador volviera a sonar a las seis. Escuchaba Radio Nederland, de Holanda. Me dormía. A las seis ya me activaba. El despertador me parecía un chunche sensacional. No tenía la mano y voz afectuosas de mi mamá. Al contrario, su campaneo era como una sacudida brutal, con dos manos, pero era muy efectivo, poque me obligaba a despertar. Ahora tengo un despertador “Citizen”. Cuando lo compré no me engañaron, me dijeron que tenía fluorescencia, pero para que ésta funcionara debía prender la luz, apagarla y vería que los puntitos y las líneas quedaban con luz de mushcac. ¡Bonita pendejada! No obstante, lo compré porque cumple con su función de despertarme a las cuatro. Aunque, seré honesto con vos, en muchas ocasiones despierto con algo que los científicos llaman reloj biológico. Cuarto para las cuatro ya está pelón el ojo. Bendito Dios. Pero, de lo que pregunté, puedo decir que ahora muchos amigos y amigas tienen despertadores musicales. Sí, en lugar del repiqueteo de un sonido punzante, programan sus despertadores para que a la hora que indiquen suene una música que, poco a poco, se intensifica. Por esto pregunto si se puede vislumbrar un rasgo de personalidad en la forma que despiertan. Por supuesto que sí. Porque todo mundo elige la música de su preferencia. Así podemos decir: decí con qué clase de música despertás y te diré quién sos. Tengo un amigo que despierta con “Te partiro”, de Andrea Bocelli. Otra amiga despierta con una canción de Banda Ms, la tuba avienta su sonido de sapo estresado y se intensifica hasta que suena una voz aguardentosa: “…no te vas, porque yo soy tu dueño”. ¿Verdad que da idea del carácter de mi amiga? Juan (viejazo de cincuenta y ocho) despierta con canciones de Cri-Cri. Manuela con canciones de Los Beatles. Rosa, por supuesto, con canciones de Queen. Emiliano con alabanzas. Posdata: decime con qué canción despertás y te diré quién sos. Decime con qué hombre o mujer despertás y te diré quién sos. ¡Tzatz Comitán!

miércoles, 10 de enero de 2024

CARTA A MARIANA, CON RESPLANDOR

Querida Mariana: pensé dos veces qué título debería llevar esta carta. ¿Qué palabra sintetizaría el contenido? Me decidí por “resplandor”, que según el diccionario es “luz muy clara que arroja o despide el sol u otro cuerpo luminoso”. Acá no hablaré del sol, hablaré de integrantes de un equipo que están comisionados para formular planes de cultura para Chiapas. El otro día recibí un mensaje que me dio alegría, el mensaje decía que Carlos Román y Angélica Altuzar fueron nombrados como coordinadores de cultura para la campaña de Eduardo Ramírez Aguilar. Todo mundo sabe que nuestro senador por Chiapas, Eduardo Ramírez, fue nombrado como el coordinador de la defensa de la cuarta transformación en Chiapas, cargo que lo coloca en la antesala de la candidatura de Morena para la gubernatura de nuestro estado. Ah, qué privilegio para nuestro pueblo. Celebré el nombramiento de Eduardo y ahora celebro el nombramiento de mis amigos Angélica y Carlos, ambos son dos intelectuales de gran solvencia moral y de indiscutible talento. El mensaje me llenó de alegría y de optimismo. Alegría porque el encargo recae en dos brillantes chiapanecos, y optimismo porque advierto que desde ya existe un deseo de realizar un trabajo a favor de Chiapas, estado que es riquísimo en materia cultural, pero que tiene grandes rezagos. En una ocasión, mi amigo Luis Aguilar Castañeda, gran escultor, me dijo que México, país tercermundista, es de primer mundo en materia cultural. Lo mismo se puede aplicar a nuestro estado, el que por múltiples causas siempre está colocado en los estados de México más atrasados en desarrollo, pero que en el ajo cultural es una potencia. Nada del arte me es ajeno. El oficio de escritor demanda poner atención en todo lo que compete al desarrollo humano, pero vos sabés que mi pasión es la literatura, tanto como lector como escritor, así pues, mi entusiasmo siempre se manifiesta en el terreno de los libros. Digo pues que en Chiapas existe un gran número de talentosos hombres y mujeres que escriben narrativa, poesía, dramaturgia y ensayo. Muchos rayan en la excelencia. El mundo de la literatura mexicana se ha enriquecido con la presencia del talento chiapaneco. ¿Nombres? Ah, es una lista interminable, pero todos los lectores tienen en su mente muchos nombres. Los autores y autoras hacen su trabajo, que no es poco. Destinan horas y horas en el proceso creativo, proceso que engloba talento natural y disciplina. El círculo se cierra cuando la obra llega a manos de los lectores. ¿Cuál es la obligación constitucional y moral de los gobernantes en materia de literatura? Apoyar en forma plena a los creadores a fin de que la semilla que ellos siembran tengan frutos en los espíritus de los lectores. ¿Cómo llegan estos productos a la gente? En estos tiempos, al libro impreso se alían los productos digitales. Con esto digo que el próximo gobierno deberá propiciar la distribución de libros impresos (en propuestas novedosas e inteligentes) y la promoción de promocionales en forma digital. ¡Que el Facebook, el Ex, TikTok, Instagram y demás plataformas que aparezcan en el futuro cercano, tengan miles y miles de contenidos con la difusión de la literatura chiapaneca, la escrita por las voces mayores, la escrita por los escritores contemporáneos y la escrita por los noveles autores! Me dio gusto conocer la noticia del nombramiento de Carlos y Angélica. Sé que ellos entienden, mejor que nadie, las necesidades del mundo del arte chiapaneco. Sé que en sus manos, el proyecto cultural no omitirá ninguna de las artes. Sé que ellos lucharán para que el presupuesto destinado a Cultura en Chiapas se acerque al porcentaje propuesto por la UNESCO. Chiapas tiene un gran potencial, si existe una buena promoción de los productos culturales chiapanecos, nuestro estado logrará, de igual manera, tener jugosos ingresos. En los países altamente desarrollados, la cultura aporta un porcentaje generoso al PIB de cada país. Posdata: estoy seguro que la pasión por la cultura que es signo del espíritu de Carlos y de Angélica se traducirá en grandes beneficios para nuestra sociedad, sociedad riquísima en valores, riquísima en resplandores infinitos. ¡Tzatz Comitán!

martes, 9 de enero de 2024

CARTA A MARIANA, CON IMAGEN ANTIGUA

Querida Mariana: esta foto la compartió Rubén Álvarez Solís. Dijo que data de los años treinta del siglo pasado. Fue tomada en el patio central de una casa antigua, con corredores, pilares de madera y puertas altísimas. Altísimos los cielos, altísimos los recuerdos. Altísima la emoción al ver esta nostálgica imagen. Al estilo del maestro protagonista de la cinta “La sociedad de los poetas muertos”, podemos acercarnos para escuchar el rumor de sus pensamientos. Las niñas recibieron varias órdenes ese día: siéntense acá, párense allá, hagan silencio, miren hacia tal lado. La maestra que tiene la cinta oscura en la cintura es una de las abuelas de Rubén. Las manos en el regazo, las manos que escribían en el pizarrón están sosegadas por un momento. La foto del recuerdo exigió la presencia de un fotógrafo profesional. Por ahí, los historiadores e investigadores nos dirán un día quién fue la primer mujer fotógrafa profesional en el pueblo. ¿Quién fue la Lola Álvarez Bravo? En el tiempo de esta imagen, eran hombres los que dominaban la profesión. La mayoría de niñas y señoritas hizo caso a las indicaciones, se colocaron donde les indicaron, llegaron vestidas con sus mejores galas, algunas con moños y cintas en las cabelleras, otras se trenzaron. Pero advertimos que las otras indicaciones no fueron cumplidas. Es tan difícil hacer silencio cuando estamos en grupo, cuando al lado está la amiguita. Siempre existe la tentación de comentar algo que se ve, algún suceso que ocurre. Por ahí alguien, en voz baja, bajísima, comentó algo. Luego, es tan difícil mantener la vista al frente, siempre ocurren cosas que, de manera inconsciente jalan nuestra mirada hacia otro lado. Es cierto, la mayoría ve hacia el frente, hacia el lente de la cámara, pero otras chicas ven hacia otro lado. ¿Signo de rebeldía? ¿Incapacidad para evitar la tentación que aparece en otra parte? Sin asegurarlo se puede decir que las cuatro mujeres sentadas al centro, en la segunda fila, son las titulares de la escuela de señoritas. Se observa que hay chicas pequeñas y chicas de cierta edad. En la quinta fila se observa a chicas mayores. ¿Todas estudiaban la educación primaria? ¿Qué materias llevaban en ese tiempo? Al estilo del maestro de la famosa película podemos acercarnos a escuchar el pensamiento de cada una de las maestras y de las chicas. Porque queda establecido que hay una esencia donde las indicaciones de los mayores no interfieren: el pensamiento. ¡Siéntense acá! ¡Hagan silencio! ¡Miren al frente!, son indicaciones que se siguen, por principio de docilidad, pero en el pensamiento nadie puede enviar órdenes. Imposible que un maestro exija: ¡no piensen! Aunque en estos tiempos muchos docentes hacen el perverso intento de cancelar los pensamientos propios de sus alumnos. Los maestros siempre siembran ideologías en las mentes infantiles. A muchos les desagradan los niños que piensan diferente, los rebeldes que tienen pensamientos propios. Podemos acercar el oído y escuchar el pensamiento de estas chicas y mujeres mayores de los años treinta del siglo pasado. Posdata: las niñas que tenían calzado las sentaron al centro. Las niñas que estaban descalzas cubrieron sus pies con la vestimenta. Estas personas vivieron el Comitán que vivió Rosario Castellanos de niña. ¿Vive alguna de ellas? Nos acerquemos, las oigamos, algo nos están diciendo. ¡Tzatz Comitán!

lunes, 8 de enero de 2024

CARTA A MARIANA, CON TRAZOS

Querida Mariana: ¿te llegan cartas? Ya no llegan como antes. El intercambio epistolar ya se extinguió. A mí me tocó todavía esa costumbre. En los años setenta compraba la revista “Mecánica Popular”, en la Proveedora Cultural. La revista tenía varias secciones, en una de ellas aparecían nombres, señas particulares y direcciones de personas que deseaban hacer amigos por correspondencia. En una ocasión escribí a una chica que vivía en Paraguay. Tiempo después recibí la respuesta. Ah, fue maravilloso. Tenía una amiga en aquel país sudamericano. Nos escribimos durante buen tiempo. Suspendí el intercambio de cartas cuando viajé a la Ciudad de México. Allá envié cartas a una chica del pueblo, a mi papá, a mi mamá, a mi abuelita Esperanza, a los amigos que habían quedado en Comitán (a Javier y, sobre todo, a Memo, en paz descanse). También le escribí a mi prima Nora, quien estuvo un rato viviendo en la casa de Comitán, pues se inscribió en la prepa. Su familia estaba en Tuxtepec, Oaxaca. Cuando regresé a Comitán, el intercambio epistolar cesó. De vez en vez me llegaban cartas. Cantaba la canción que popularizó Raphael: “a veces llegan cartas con sabor amargo, con sabor a lágrimas (…) son cartas que te dicen que al estar tan lejos todo es diferente (…) a veces llegan cartas con sabor a gloria (…) que sí son fantásticas…” Muchos paisanos cuando iban a estudiar a la Ciudad de México (Distrito Federal, en ese tiempo) mandaban cartas a sus novias que vivían en el pueblo. Conocí a una pareja que se escribía a diario, para que la relación tuviera un puente permanente. Todos los días él y ella iban al correo a dejar la carta escrita un día anterior. Ah, qué bendición. Hoy ya no llegan cartas. Bueno, con decir que en Comitán ¡ya ni siquiera llegan los famosos anónimos! Hoy, los anónimos llegan a través de mensajes en redes sociales, con identidades falsas. Pero, el otro día, Paty, editora ejecutiva de Arenilla, abrió la puerta de la oficina y halló un sobre en el piso. Gracias a Dios no era un anónimo (he recibido muchos en mi vida. Los ignoro). Un sobre con lacre y con una letra exquisita, estaba dirigido a mí. Jamás había recibido un sobre lacrado. Vos sabés lo que es un lacre. Anteriormente, la gente elegante enviaba cartas y la cerraba con lacre, que es una pasta (éste era de color rojo), con ello se garantizaba la inviolabilidad del sobre. Por primera vez recibí un sobre lacrado. Oh, qué emoción. Pronto reconocí al remitente: el maestro José Luis Santos, excelente docente en el arte de la caligrafía. Debo reconocer, entonces, que jamás había recibido una carta con letra tan bella. Ya te conté que mi abuelita Esperanza me enviaba cartas con su letra de pata de cucaracha. A mí me costaba descifrar sus mensajes. Claro, cuando lo lograba lloraba de emoción por la bondad de sus palabras. Ambas cartas, la de mi abuela Esperanza y la del maestro Santos, las conservo ya en mi memoria, como actos sublimes, las de mi abuelita porque ahí transmitía todo su amor, y la del maestro, por la belleza del trazo y por la generosidad de sus conceptos, donde reconoce la labor que hacemos con la revista Arenilla. Hoy, ya muy pocas personas escriben cartas; es una pena, porque este ejercicio tiene muchísimas bondades, permite enviar mensajes íntimos, imposibles de lograr mediante otros chunches; y, además, desarrolla la capacidad de movimiento de las manos y del cerebro. Hoy, ya muy pocas personas escriben a mano, y poquísimas practican el hermoso arte de la caligrafía. El maestro Santos lo hace y trasmite su conocimiento en las clases que da a niños y niñas de la ciudad y de la región. Labor maravillosa. Posdata: los papás y mamás deberían inscribir a sus niñas y niños para que desarrollen este arte. Vimos el sobre y reconocimos la belleza original. ¡Tzatz Comitán!

domingo, 7 de enero de 2024

BOTÓN PRODIGIOSO

A veces divido el mundo en dos. Ayer lo dividí en: mujeres alcachofas y mujeres alcaloides. La mujer alcachofa tiene ancestros de regiones blandas, de territorios hijos de la raíz primordial. Es una mujer extraordinaria. Las chefs indican que se come cuando está en botón, antes de que florezca. A la mayoría de mujeres las comen cuando están floreando, cuando se abren en pétalos multicolores. En los jardines, la mayoría de hombres admiran las flores, se hincan ante una flor y la huelen. Qué acto tan sublime. El hombre hincado ante la flor abierta, la flor olorosa. Al estilo de los románticos del siglo XIX, el hombre comienza a rezar la siguiente oración: me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere y la desnuda en pétalos. El hombre que reconoce a la mujer alcachofa sabe que se debe rendir antes que la planta florezca, antes que muestre su belleza en colores. Sabe que la mujer está a punto cuando aún está en botón. Sabemos que no en todas partes comen la alcachofa, es una exquisitez que sólo está permitida para los espíritus sensibles. La enunciación de su nombre jamás debe ser continuada, como si fuese una niña trepada en patines, ¡no!, siempre debe pronunciarse en forma espaciada, como ritual para el instante en que será probada, en que el botón se abrirá con todas sus esencias. Debe pronunciarse así “al – ca – cho – fa”, y debe pensarse con el mensaje que emite. Al pronunciar “al” se sabe que pronto llegará el lugar hacia donde uno se dirige. Cuando la “ca” se pega al “al”, la palabra “alca” anuncia la entrada a un lugar que es como alcázar para el deseo. La ebullición de la pasión aparece en el momento que se pronuncia la sílaba “cho”, porque el prodigio de la física amatoria aparece y lo que estaba junto: “alca”, se separa de inmediato, porque la “ca” se va con el “cho” y todo se convierte en “al cacho”, momento definitivo del acto sensual, porque, como promete todo puede ser positivo o negativo, puede ser el instante que abra la puerta o la cierre en forma de viento huracanado. Todo se va al cacho o todo promete ir al cacho, al cachondeo; todo puede ser un cacho de vida sublime, cachito, cachito mío. La mujer alcachofa se sabe dueña del botón maravilloso. Los amantes perfectos saben que el río del deseo no está en la gruta sino en el dintel, en el botón maravilloso. A veces divido el mundo en dos. Mañana lo dividiré en: mujeres que son como un pozo que contamina, y mujeres que son como una mina.

sábado, 6 de enero de 2024

CARTA A MARIANA, CON CONFETI

Querida Mariana: confeti, mucho confeti. El confeti aparece en los actos más fastuosos, en los festejos. Es una lluvia de colores que no moja, que alimenta el espíritu. Ricardo se merece lluvia de confeti; Ricardo Corazón de León, de león de La Pila, de león que recuerda el origen de Comitán. Lluvia de confeti para Ricardo Corazón de León de La Pila, para un Ricardo bien comiteco. Un pajarito (sin albur) me dijo que a mi amigo Ricardo de Jesús Aguilar Gómez le ofrecerán un homenaje, por todo lo que es, por todo lo que ha dado. Rica (así le decimos sus amigos) es mucho, ha dado mucho, es un fruto hermoso de nuestro enormísimo árbol. En ese reconocimiento hay un homenaje implícito a todos los comitecos de bien, de los que aportan abono a nuestras raíces. Rica es un cositía que, entre sus muchas virtudes, tiene el don de contar anécdotas con los ingredientes infaltables: la simpatía; la picardía; los diversos caminos que, al final, conducen a la meta. Ah, cuántos brillantes contadores de anécdotas existen en nuestro pueblo, cada uno de ellos tiene un estilo propio. Rica tiene un estilo inconfundible, estilo que sus amigos y conocidos admiramos y disfrutamos. Cuando me topo con él, en la calle, en casa de algún amigo, en un espacio público, disfruto su plática comiteca, llena de modismos, de cultura, de su modo de ser, modo que atrapa la libertad sólo para darle más alas y echarla al vuelo. Rica siempre anda (como Julio Cortázar decía) en mangas de camisa, lejos está de las solemnidades. Claro, como todo ser humano tiene la maña de apropiarse del micrófono y luego cuesta quitárselo. Sabe que su plática es divertida, la risa de su audiencia es como una recarga para su batería. A veces se pasa, pero al final, los instantes compartidos son de antología. De antología ha sido su vida, por eso (entiendo) ahora le brindarán un reconocimiento a lo que ha dado (que es mucho). Porque su río no sólo ha mojado las orillas cercanas. Su trabajo periodístico permite que los círculos concéntricos se amplíen, que tengan eco. A mí me encantan los personajes que se muestran como son, con sus defectos y sus gracias. Rica es un hombre gracioso, lo que indica que la naturaleza lo dotó de muchas gracias, una de éstas es la gran memoria que posee. Quienes lo conocen saben que tiene una gran pasión: el deporte, sobre todo el fútbol soccer. Esta pasión lo ha acompañado desde niño. Rica es como un gran árbol, al que llegan cientos de pájaros cuando el sol se oculta. La fronda de Rica se llena del argüende de tantas aves, escucha el incesante parloteo y, como si fueran viejas y viejos chismosos, pepena historias, pepena alas para su vuelo. Su memoria lo ha ubicado como uno de los más excelsos cronistas del deporte comiteco. Su atenta mirada recoge el mínimo detalle, el más sublime acto. Sus crónicas han formado una página excelsa de la historia. Será difícil que alguien logre hacerle sombra; más difícil que alguien tenga la facilidad para contar lo que cuenta como lo cuenta. Él ha pisado (sin albur) diversos campos deportivos, desde la cancha con pasto recortado, hasta la cancha de tierra, sin olvidar las retas que jugaba en la calle, donde bastaban dos piedras para señalar la portería. Nunca he entendido cómo los niños lograban determinar la altura de la portería sin tener la guía de un travesaño físico. La invisibilidad del travesaño hace que los niños peleen: ¡fue gol!, dicen los del equipo contrario. No hay VAR que dé constancia del hecho. En el fútbol, como en la vida, todo transcurre con gran velocidad, todo es vertiginoso. Si no queda una fotografía que testimonie el instante, éste se pierde. Por eso, la voz de Rica es como el VAR al que acudimos para ver si fue gol o no el tiro que pasa por encima del portero, que lo sobrepasa, sin tener idea de la altura de la portería, de la vida. Rica ha sido un gran maestro. Tuve el privilegio de toparme con él en muchas ocasiones en los pasillos de nuestro Colegio Mariano N. Ruiz. Su maestría, ya lo dije, no se limita al aula, va más allá. Su forma de narrar es como una lección. Quienes nos dedicamos a escribir sabemos que una cosa es hablar y otra escribir. La escritura exige el conocimiento de reglas de redacción. Todo mundo habla y habla como quiere. El habla no tiene el corsé que sí tiene la escritura. Nunca hallarás que alguien sancione una buena plática, todo mundo habla como quiere y como puede. La plática se disfruta como llega, puede ser como agua estancada o como una brutal cascada. En cambio, la escritura exige pulcritud y el adecuado uso de signos ortográficos. Rica escribe como habla, es uno de los pocos escritores de Chiapas que se atreven a tanto, pero como él posee el conocimiento mínimo de las reglas ortográficas se lee con agrado. Si hubiese una exigencia para definir su escritura podría decirse que sus textos son sabrosos, como si fuesen los riquísimos guisos que preparaba su mamá, Doña Lupita, en el restaurante de ese nombre, que estaba al lado del Cine Montebello, en los años setenta, lugar que era uno de los favoritos de mi palomilla. Los domingos teníamos como costumbre comer ahí, con su correspondiente acompañamiento de cerveza, y luego íbamos al cine. Hubo una vez que nos excedimos en el consumo de las chelas y Saborío nos prohibió la entrada al cine. No entendíamos que, para anotar gol en la vida, es preferible el tiro a ras de piso, todo aquello que vuela motiva discusión porque no se sabe bien a bien en dónde está el travesaño de la portería, de la portería que tiene dos piedras para delimitarla. Rica escribe como habla y él habla con mucha libertad, con mucha gracia, así pues, él escribe con libertad y sus textos son muy graciosos. Eso se le admira, eso es parte del reconocimiento. A sus lectores nos ha dado textos simpáticos, que jamás tienen corbata, que no se trepan en lo alto de la montaña. Rica siempre va a ras de piso, con el balón al lado de su pie. Durante su vida ha anotado muchos goles, goles que, en ocasiones, han definido partidos. Hablo de la vida, por supuesto. Voy a decir una bobera: los textos de Rica son como pláticas de cantina. Las cantinas son los espacios más libertarios, los que permiten la sana convivencia. Hay instantes donde la plática tiene mucha semejanza con el ambiente que se vive en un estadio de fútbol, porque la pasión no se controla. A veces, los fanatismos sobrepasan la razón y, como si alguien preguntara: ¿qué me ves?, la palabra cede su terreno a los golpes. En las cantinas, como en los estadios, hay ocasiones que la plática se vuelve batalla campal. Lo de campal refiere al campo. Los textos de Rica se leen como pláticas amistosas, cordiales, simpáticas, albureras, pero hay momentos donde la pasión se inflama y el color blanco toma un color rojo, un color violento, fanático. Por eso digo que sus textos están llenos de vida, llenos de deslumbres, de alegría, de encabronamientos. Rica siempre termina sus textos con Cinco Palabras. Esta despedida ya se hizo icónica, es parte de su personalidad. Posdata: Digamos frases con cinco palabras en reconocimiento a Rica: • Salve Ricardo Corazón de León, • salva para tu pasión futbolera, • para tu pasión de vida, • para la gloria de Comitán, • porque tus textos son nubes, • y tus nubes llueven vida. • Abrazos y lluvia de confeti, • Ricardo de Jesús Aguilar Gómez. ¡Tzatz Comitán!

viernes, 5 de enero de 2024

E DE EXCELENCIA

Me tocó. Lo viví. El maestro, a la hora del examen, siempre decía: “el diez es para el maestro”. Lo decía como si vistiera la ropa de Sócrates, caminando de un lado a otro del salón. Lo decía como advertencia para los compañeros estudiosos e inteligentes. ¡Que ni soñaran con obtener el diez! ¡El diez era para el maestro; es decir, para él! ¡Pedante! Como, sin duda, jamás alcanzó el diez cuando fue estudiante ¡se vengaba! Qué estúpido. Utilizaba su minúsculo poder de maestro para remendar su frustración. Frustración que llevaría cargada, como fardo maldito, por el resto de su vida. Porque, ¿cómo decírselo?, nunca obtendría el tan anhelado diez. Nosotros, sus alumnos, siempre lo reprobamos. En ese tiempo no existía la dinámica que luego se empleó. La de que los alumnos calificaran el desempeño del maestro. Pero nosotros, sus alumnos, siempre le pusimos tache. Era un maestro soberbio. Una vez, un compañero le demostró que se había equivocado en la operación. Él borró lo que estaba en el pizarrón y corrió al compañero. Pobre, pobre el maestro. Hoy sé que el diez no se alcanza jamás. Ni siquiera es para el maestro. En literatura no existe el libro perfecto, el de diez. Este ejemplo puede emplearse para las demás actividades de la vida, ¡todas! El diez en belleza ¡no existe! Los santos, aseguran los creyentes, son las personas que han logrado un espíritu excepcional. Está bien, lo creemos. Pero, cuando nos acercamos a sus vidas terrenales observamos que nunca alcanzaron el diez, que sus acciones tuvieron fallas. Si San Agustín no obtuvo el diez; si Gabriel García Márquez, no obtuvo el diez; si Diana no obtuvo el diez como reina, ¿cómo el bobo de nuestro maestro se creía merecedor del diez todopoderoso? Me tocó. Lo viví. El maestro subía al estrado y desde su mínima altura él pontificaba como si estuviera en la cima del Everest. ¡El diez es para el maestro!, sentenciaba. Así que los alumnos más destacados sabían que nunca podrían aspirar a más. La calificación máxima, en ese tiempo de números, era nueve. Cuando fui alumno de la UNAM las calificaciones no eran con números sino con letras. Un MB significaba Muy Bien. Una E significaba Excelente. Sabemos, asimismo, que no existe la excelencia, pero en la UNAM de los setenta premiaban con una E a todos los alumnos aplicados. Con la E universitaria se reconocía el esfuerzo supremo. Cuando me tocó ser catedrático, en una ocasión repetí lo del maestro bobo. ¡El diez es para el maestro! Pero, un segundo después, entendí que, en realidad, los maestros eran quienes estaban sentados y hacían el papel de alumnos. De ellos aprendí mucho. Así que, cuando lo dije, lo hice sin la arrogancia de aquel maestro bobo. Muchos de mis alumnos obtuvieron la E. A los de nueve les faltó una escalerita para llegar al tan anhelado Olimpo.

jueves, 4 de enero de 2024

CARTA A MARIANA, CON LIBROS (III Y ÚLTIMO)

Querida Mariana: mi plática la concluí con el libro “Comitán, mi cuaderno de apuntes”, del maestro Gustavo Alfredo Álvarez Figueroa, un libro recién salido del horno, de la editorial Entretejas, con un tiraje de 500 ejemplares. Este libro sí está disponible en Comitán. Hay varios lugares donde se puede adquirir, por ahora recuerdo que está a la venta en el Colegio Mariano N. Ruiz, en la papelería El conejo, del maestro Temo Figueroa, y con Cothy Soto, en Casa de Cultura. Es un libro esencial para el conocimiento de nuestra historia y no vale arriba de doscientos pesos, casi nada. Todo mundo en Comitán debe tenerlo. Es una pena decir que la gente aplaude la aparición de libros de autores comitecos, pero a la hora de meter la mano en el bolsillo para comprar muchas personas se hacen tacuatz. ¡Dios mío, qué contradicción tan contradictoria, diría el tío Concho! El investigador Alfredo fue maestro del Colegio Mariano N. Ruiz, hace muchos años impartió clases en el nivel primaria, actualmente radica en Teotihuacán. ¿Por qué menciono lo de las clases de primaria? Porque el título alude a una práctica escolar: cuaderno de apuntes. Es un término que provoca nostalgia, en estos tiempos cibernéticos, donde muchos alumnos ya no toman apuntes, porque lo que anota el maestro en el pizarrón (si es que todavía anota algo) es registrado en un celular, los chicos y chicas sacan su teléfono y toman una fotografía de la tarea. Esto es muy práctico, pero provoca que los alumnos ya no escriban. Digo que el maestro Alfredo tiene muchos años de no radicar en su pueblo natal; no obstante, siempre ha estado con un pie del corazón en Comitán. Muestra de ello es la frecuencia con que envía libros de poesía a sus amigos y más cercanos. Confieso que soy uno de los elegidos para sus envíos. Pero no sólo poesía escribe, el libro “Comitán, mi cuaderno de apuntes” es la síntesis de años y años de estudio de libros que hablan de historia. El maestro, como uno de los más aplicados alumnos de la escuela comiteca, fue anotando datos precisos y nos lega este libro ya fundamental (sólo un dislate le hallé, anotó que la demolición de la manzana de la discordia fue en 1996, cuando ya Pepe González nos dio un dato más cercano a la realidad: 1979). Todos los apasionados por la historia de nuestro pueblo deben correr para adquirir este libro, todavía hay ejemplares disponibles; bueno, no, perdón, no corran, porque pueden resbalar en las banquetas forradas con laja, caminen con parsimonia, disfruten las calles del pueblo y vayan a cualquiera de los lugares mencionados y adquieran un ejemplar. Es un libro que se disfruta, que aporta datos de importancia fundamental. ¿Por dónde va el contenido? A ver, inicia con un Breve perfil geológico; luego se pasa a la Época prehispánica, nos dice que la fecha probable de fundación de Balún Canán es entre los años 600 y 650 d.C. Luego nos presenta la Época Colonial y nos dice que en 1556 se traslada Comitán al lugar que actualmente ocupa, porque antes anduvo por la Ciénega. A continuación, le entra a un tema apasionante: el lenguaje comiteco. Paso copia de un fragmento: “Chiapas es el único estado de la república donde se usa el pronombre personal de segunda persona “vos”. En Comitán se usa a nivel familiar. El voseo se maneja en Centroamérica, con excepción de Panamá. En América del Sur es de uso corriente en Argentina, Uruguay, Chile y Colombia”. ¿Mirás para cuántas ramas de discusión y reflexión da este libro? ¿Qué onda con la heroína comiteca? El maestro Álvarez dice: “1789. Fecha probable del nacimiento de Josefina García (Josefina Manuela García Bravo), en Cuilco, Guatemala, y avecindada en Comitán. Se cree que falleció en 1829”. Ante este dato, el maestro amplía los temas de La independencia y la República Federal. Ya luego entra con todo al siglo XX, nos dice que, en el año 1900 Comitán era cabecera de Departamento y tenía 10, 296 habitantes. Llamó mi atención que el maestro Álvarez hace un merecido elogio de un ex presidente municipal, Don Eleuterio Aguilar, dice que durante su gestión administrativa se construyó el mercado que lleva el nombre de primero de mayo, inició con el empedrado de calles, apoyó a la Banda Municipal con uniformes e instrumentos. Termina diciendo “Es Don Eleuterio Aguilar un notable ciudadano, hombre fundamental, a quien no se le debiera mantener en el olvido, por todas las obras y mejoras que hizo a favor de su tierra natal”. Ya se me terminó el espacio, niña querida. Concluiré con una propuesta que el maestro lanza en su libro: “Hace falta continuar con el rescate de costumbres y tradiciones y, por qué no, la creación de la Academia del Habla Comiteca, como un patrimonio más de la cultura”. Posdata: pienso que esta última propuesta debemos platicarla más. ¿Ya miraste la importancia del tema? Crear la Academia del Habla Comiteca. ¿Quién puede oponerse a ello? Hay que darle más sustento a la propuesta, darle forma, volverla iniciativa y hacerla realidad. ¡Tzatz Comitán!

miércoles, 3 de enero de 2024

CAMINATA AL AMANECER

¿Adónde iba el tío Camilo todas las mañanas? Iba al panteón. Se levantaba a las cinco, salía al patio a orinar, luego se vestía, tomaba la chamarra de cuero y salía con rumbo al panteón. Se topaba en el camino con mujeres que iban a misa, al mercado; muchachos con mochilas, haciendo llamadas por celular. Los autos que pasaban lo hacían en forma veloz, los automovilistas siempre llevan prisa, van retrasados a lo que sea, el trabajo, una cita amorosa (sí, hay hombres y mujeres que se citan muy temprano). Disfrutaba la caminata que hacía a buen paso. Muchos lo saludaban: buen día, Don Camilo. Que así sea, respondía él y agachaba la cabeza en señal de respeto. Al llegar al panteón hallaba a algunas personas barriendo tumbas, colocando agua y flores en los floreros permanentes. Los saludos aparecían de nuevo. Dos eran las presencias infaltables: él y Doña Amparito, quien, todas las mañanas llegaba a rezar ante la tumba de su esposo, a colocar flores frente a su fotografía, a ponerle (ahora con el celular) la canción de Pedro Infante que era su favorita. “Deja que salga la luna / deja que se meta el sol…” ¿Visitaba alguna tumba? No, tío Camilo caminaba por el pasillo central hasta llegar al fondo, donde estaba la pared limítrofe, la pared con ladrillo sin repellar. Como si fuera un competidor olímpico (sin serlo, porque caminaba a paso cansino), extendía el brazo derecho y con las palmas de sus dedos tocaba la pared, daba media vuelta y hacía el recorrido de regreso para el desayuno en casa. En su camino de regreso el movimiento de la ciudad se había intensificado. El alboroto de los pájaros abandonando las frondas había sido sustituido por un concierto atroz de claxonazos, mentadas de madre, el ¡golpe, golpe! de los cargadores, las ofertas de los vendedores, desde el que ofrecía piña dulce hasta el que cargaba cubetas de plástico, de todos tamaños. Empujaba la puerta de casa, entraba silbando (ya contagiado por la canción de Pedrito) y al sentarse cantaba en voz alta: “deja que salga la luna / deja que se meta el sol…”. Ausencia, la sirvienta, le servía la taza con café caliente y el plato con huevos con chorizo, frijoles refritos, chiles pempenchile, queso de Ocosingo y una tostada de manteca. El tío ponía la mano en la cintura de Ausencia y la bajaba por las nalgas. Él, imitando la voz de Pedrito, decía: “acá está tu Tizoc, María”. Ausencia, sin estar ausente, sonreía y, sin hacerlo a propósito, caminaba de regreso a la cocina, contoneándose como si fuera María Félix, pero no en la película Tizoc, sino en una calle de París. Alguien, en una ocasión, le preguntó por qué iba al panteón, y tío Camilo dijo que le gustaba llegar a un lugar donde la gente reposaba en un ambiente lleno de vida, porque, dijo, el camposanto es como un jardín donde la vida vuela como mariposa. Además, opinaba su compadre Joaquín, mi compa se fortalece al regresar vivo del panteón. Cuando el tío Camilo murió, Ausencia cumplió su última voluntad, fue incinerado y sus cenizas las regaron en un árbol sembrado junto a la tumba del esposo de Doña Amparito. Así aseguró que, mientras la viuda viviera, todas las mañanas escucharía la canción de Pedrito, que ya también se había vuelto su favorita.

martes, 2 de enero de 2024

CARTA A MARIANA, CON LIBROS (II)

Querida Mariana: el segundo título que comenté ante una audiencia selecta, pero pishcul, fue uno que está inédito. Ya te conté que mi sobrino José Augusto hizo favor de poner en mis manos un engargolado con copias, trabajo que redactó su papá, mi querido primo José Luis González Córdova, de feliz memoria. El trabajo no tiene título, pero es una acuciosa investigación histórica acerca del pueblo. Muchos lectores comitecos han tenido en sus manos tres libros que Pepe publicó en vida, uno con modismos: “Glosario” y dos más que él definió como narrativa comiteca: “Sólo una vez se capa el cuch” y otro que se llama: “¿Y quién sos pué vos bulto?” El libro que permanece inédito debe publicarse. Es un libro que contiene el amor y la inteligencia del investigador, en la introducción escribió: “Es intención del gobierno municipal (trienio 2005-2007) poner en manos de alumnos y maestros, un documento que puede enseñar de manera rápida cuál ha sido el desarrollo histórico de la heroica ciudad de Comitán de Domínguez”. ¡Ah!, cuánta generosidad de quien fue un gran educador. Muchísima gente recuerda con cariño su paso como director de la Secundaria del estado y de la Prepa del estado. ¿Qué contiene el libro? Comienza con una Hipótesis de la pre-historia de Comitán; continúa con Comitán en el imperio de los aztecas; luego sigue con la Conquista; y me detengo en la Leyenda de la Fundación, porque Pepe da a conocer la famosa leyenda del león (dice que pudo ser un ocelote, un jaguar o un puma americano), ahí comenta que llegaron españoles e indígenas y da una relación de apellidos castellanos, incluido el Castellanos, y apellidos de los naturales de la región: Lago Moxic, Yaxo, Huluscana, Oxebal, Xulucmuxic, apellidos que ya no existen en el pueblo. Este dato es como piquetito para que los investigadores e historiadores actuales le entren con fe y corazón. Pepe continúa con las épocas históricas más importantes: Comitán en la Independencia de Chiapas; Federación de Chiapas a México (que en el 2024 se conmemorará el Bicentenario); Comitán en la Guerra de Reforma; Comitán en la Invasión Francesa, donde habla del Batallón Chiapas; Comitán en el Porfirismo. Mirá qué dice acerca de la Revolución: “La revolución propiamente no existió en Chiapas, acá no hubo pronunciamiento revolucionario (…) En Comitán, la revolución dada en el Norte del País, servía sólo de comadreo…” ¿Lo dijo al tanteo o con conocimiento de causa? ¿Comadreo en Comitán? ¿Compadreo? Luego, Pepe habla acerca de los Pinedistas en Comitán, de la presencia de Pineda en Quijá y de la Batalla del Cerro de La Ametralladora. ¿Cuántos comitecos conocen este pasaje histórico? Después de este exhaustivo e interesante estudio de momentos históricos rimbombantes inicia una sección de Efemérides, que inicia en el año 1900 y concluye en 2006, ahí consigna datos esenciales para el conocimiento de nuestra historia como pueblo, como sociedad. En redes sociales he hallado que muchas personas preguntan cuándo demolieron la manzana de la discordia, Pepe da la siguiente información: “1979. Se inicia la demolición de la manzana que el pueblo llamó Manzana de la discordia, cuyo objetivo era ampliar el parque Benito Juárez (parque central)” Al término de la sección de Efemérides, el libro nos da un texto escrito por la historiadora María Trinidad Pulido Solís: “Barrios tradicionales e iglesias”; luego viene una “Relación de presidentes municipales, que inicia con Don Pedro Celis, en 1821, y concluye con el mandato de nuestro amigo Jorge Constantino Kánter; luego una relación de Gobernadores comitecos, medio mundo anhela que esta relación se incremente en el próximo 2024; relación de las personas que han recibido la Medalla Belisario Domínguez; Personajes destacados; Comitecos por adopción; y una sección interesantísima con Personajes Picarescos, gente que Raúl Espinosa, el caricaturista comiteco, bautizó como Los Pito Pérez de Comitán. La relación es amplia, incompleta, por supuesto, pero rica en anécdotas. Ahí aparecen El Rich, Peto, Don Adolfo Loco, el De Ley; Sonrisal; Nacho Loco; Tío Quique Caballero; Arturito, el bolero; Mario Mocoso, Manzanero, Janush y más, muchos más. Copiaré lo que Pepe escribió acerca de Juanito, el ciego: “De condición humilde y rasgos indígenas, ciego de nacimiento, se le podía encontrar en el quicio de la puerta de Santo Domingo, la que franqueaba por el centro a la salida de cada misa, para solicitar la caridad de la gente, con la frase tradicional de “una limosnita, por el amor de Dios”. Las malas lenguas decían que, por su baja estatura, quedaban sus manos a la altura de los senos de algunas mujeres, por lo que comentaba: no me dan, pero agarro”. Posdata: el libro de Pepe termina con Datos actuales (actualizado en el tiempo que concluyó); Aspectos geográficos; Barrios; Comunidades; y tres anexos: La casa comiteca, de Katina De La Vega; Gastronomía, de Roberto Ramos Maza; y Las Tiendas, de Armando Alfonzo. Es una pena que este libro de tanta erudición y sencillez no esté disponible para los lectores que aman a Comitán. Ojalá pueda publicarse, es un tesoro. ¡Tzatz Comitán!

lunes, 1 de enero de 2024

PARA VOLAR

¡Lo vi volar, mamita, vi volar al hombre! Esto le dije a mi mamá al regresar a casa. Mi papá me había llevado a lo alto de la montaña. Desde arriba se veía el valle, sembrado de verdes. Estábamos en lo alto de la montaña, al lado de niños y niñas que corrían, con la misma alegría que corría el viento. A la sombra de un árbol había gente comiendo, vi el mantel con cuadros rojos y blancos, tendido en el piso. Un enfermero tenía las manos sobre la silla de ruedas donde dormitaba una anciana. Miré a una niña que saltaba la cuerda y de ahí pareció salir el hombre. El hombre corrió hacia el abismo, llevaba una mochila en la espalda, como si fuese un niño de primaria. Lo vi correr, sentí que mi cuerpo era abrazado por una cuerda tachonada de clavos. ¡Se matará!, le dije a mi papá, que me tenía agarrado de la mano. Mi papá nada dijo. El hombre ya corría con rumbo al vacío. Dos segundos después ¡lo vi volar, mamita, vi volar al hombre! Voló suspendido de un gigantesco papalote. El hombre abrió sus brazos y voló. Supe que el hombre no se mataría, ¡estaba volando! Volaba, mamita, volaba. Su figura se fue haciendo más pequeña en la lejanía, pero yo la veía agigantarse, hacerse enorme. ¿Mirás lo que digo, mamita? Un hombre volaba, como si fuese un pájaro, lo hacía con un sencillo papalote enormísimo. Eso le dije a mi mamá cuando volvimos a casa. Lo dije con la misma emoción que me había atrapado en lo alto de la montaña. ¿Por qué ese hombre vuela?, le pregunté a mi papá. Él dijo algo acerca de la física, de la comba del parapente, de las corrientes de aire. Trató de explicarme algo que era inexplicable. Había visto volar a un hombre, que era igual que nosotros, que no tenía alas, como sí lo tienen los pájaros, como sí lo tienen los ángeles. El hombre había volado sin alas. Era superior a las aves, a los ángeles. Mi mamá sonrió, siguió lavando los trastes. Mi papá se sentó en la sala, dijo que el día había sido intenso. Sí, intenso había sido el vuelo del hombre. Subí a la azotea de la casa y vi el cielo. Escuché los pasos atropellados de mi papá. Él y mi mamá subían apresurados a la azotea de la casa. Mi mamá me abrazó. Mi papá se llevó las manos a la cara, estaba desfigurado. Nunca vayás a hacer lo que hizo el hombre, me dijo mi mamá y me abrazó. ¡No!, cómo creés, le dije y la retiré, me asfixiaba. Juralo, dijo ella. Juré. Tal vez por esto nunca he volado.