sábado, 11 de enero de 2025
CARTA A MARIANA, CON FESTEJOS EN PUERTA
Querida Mariana: ¿qué querés? Este año estaremos no con el Jesús en la boca sino con el Rosario en la boca; más bien, con la Rosario, con la Rosario Castellanos. Esto es así, porque en este 2025 el mundo celebra el cumpleaños número cien de la gran escritora comiteca, quien está considerada por la crítica literaria como la mayor exponente de los escritores mexicanos del siglo XX. ¡Ah, qué orgullo! Orgullo para nuestro pueblo haber sido la cuna que alimentó los sueños de la poeta, narradora, dramaturga y ensayista.
Me da gusto que, por parte del gobierno estatal, ya está instalada la Comisión de Festejos del Centenario de Rosario Castellanos. ¡Genial! Esto quiere decir que ya se define la estrategia a seguir, para que el mundo sepa que en Chiapas se celebra el cumpleaños cien de la escritora.
Ya dijimos el otro día que en Comitán habrá muchos guateques, pero la joya de la corona es el cumpleaños cien de Rosario. El otro día, mi amado Gutmita dijo que el rosario representa cincuenta rosas, me gustó esa su definición, que saber de dónde la sacó, pero ahora decimos entonces que, en este año, Chiapas ofrecerá cien rosas para Rosario.
En redes sociales circuló una fotografía (reciente, de hace dos o tres o cuatro días) donde, en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez se reunieron integrantes de dicha Comisión de Festejos. Por ahí vi a gente conocida. ¿Quiénes encabezaron dicha reunión? Dos personajes claves: la directora de Coneculta, nuestra querida amiga Angélica Altuzar Constantino, y el coordinador de asesores del titular del ejecutivo de Chiapas, nuestro querido amigo Juan Carlos Gómez Aranda. Conté veintidós personas en la fotografía oficial, foto del recuerdo, foto histórica, porque es como el inicio del guateque supremo. No conozco a todos los integrantes, pero por ahí vi caritas conocidas. Como estamos en confianza nombraré los rostros que identifiqué, que son personas comprometidas con esta iniciativa. Mirá, reconocí a Antún Kojtom (el compa artista plástico que obtuvo en fechas pasadas la Medalla Rosario Castellanos, máxima presea que otorga el Congreso del estado de Chiapas), luego vi la carita de Hermilo Aranda (quien actualmente es el director del Centro Cultural Rosario Castellanos, que está en Comitán, frente al parque central), también identifiqué a Diego Greene (director de cultura, arte y chiapanequidad, del ayuntamiento comiteco); tres queridísimas amigas tuxtlecas, gente comprometida con la cultura, que han realizado un excelso trabajo de promoción: Violeta Pinto, Socorro Trejo Sirvent y su hermana Marissa Trejo Sirvent (ya miraste que en el Museo Rosario Castellanos existe una réplica del cachito de lotería nacional con el que se reconoció a nuestra escritora. La réplica es un dibujo del gran artista Julio Alegría y fue una iniciativa de Violeta, junto a nuestra paisana Clarita del Carmen Guillén). Va, ¿quién más en la foto? Cicerón Aguilar y Roberto Ramos Maza, funcionarios del Coneculta que siempre están pendientes de los grandes actos. También identifiqué a nuestro querido amigo Carlos Román, quien es el director del Archivo General del Estado de Chiapas. ¡Ah, también vi a Josué Avendaño! A él le encanta andar metido en ajos culturales, lo conozco como un gran lector y practicante de la oratoria. Identifiqué a la brillante académica, experta en la obra de Rosario Castellanos: Silvia Álvarez Arana, a quien conocí cuando estudió en el Colegio Mariano N. Ruiz. Bueno, también estuvo la ya citada poeta Clarita del Carmen Guillén; al último que identifiqué fue al querido poeta y escritor Mario Escobar Gálvez, director del Sistema Chiapaneco de Radio, Televisión y Cinematografía. Pero, ya dije, estas caritas son las que identifiqué, hubo más, hasta completar veintidós. Buen número. Si, como dice el dicho, dos cabezas piensan más que una, pues veintidós pensarán a la ene potencia. Que todo sea para bien de la cultura de Chiapas, que todo sea para festejar en grande a quien se merece un guateque espectacular. El mundo celebrará a Rosario Castellanos, Chiapas tiene que superar esos festejos y no se diga Comitán. Pienso que todo mundo está en la misma sintonía, que las autoridades locales advierten la trascendencia del acto y que le echarán toda la carne al asador. Rosario Castellanos merece una magna celebración.
Te he contado que en ocasiones me he topado con gente que pregunta: ¿y qué hizo Rosario por Comitán? Mi respuesta es inmediata: ¡casi nada, puso a nuestro pueblo en el mapa intelectual del mundo! Hizo visible a Balún Canán, ella es la comiteca más distinguida de toda la historia del pueblo. He rascado en la historia de nuestro pueblo y he visto muchos personajes maravillosos, pero nadie, nadie, con la trascendencia internacional que tiene Rosario.
Te cuento que el otro día platiqué en corto con Angélica Altuzar y ella me confió que Rosario Castellanos ha sido desde siempre algo como un amuleto de buena suerte, cuando, por ejemplo, es aniversario del nacimiento de la famosa escritora, a Angélica le sucede algo bueno ese día. Angélica es experta en vida y obra de Rosario Castellanos, publicó un libro bien bonito: “Guardiana de los vientos. Comitán en “Balún Canán”, de Rosario Castellanos”, con ilustraciones de Zoraida Vleeschower. Ahora, en el 2025, le toca dirigir a la Comisión de Festejos, ¡ah, qué mayor bendición! Estoy seguro que ella hará todo lo posible porque los festejos sean inolvidables, inolvidables por sublimes; asimismo le deseo que su gestión al frente de Coneculta sea luminosa.
En redes sociales aparece un video donde, al final de la reunión de la Comisión de Festejos, ella comentó algunos avances de lo que ahí se expuso. Como es una declaración importante e histórica te paso copia:
“…existe una gran sinergia por los festejos del centenario de Rosario Castellanos (…) hay gran participación, hemos recibido muchas propuestas de personas que quieren participar; por ejemplo, hoy surgió la idea de hacer un mural conmemorativo; ediciones conmemorativas; charlas; encuentros literarios; algunas esculturas en lugares clave, para que la gente pueda acercarse a Rosario, saber quién es esta figura literaria tan importante, tomarse una foto con ella y buscar la obra de Rosario; surgieron también propuestas como hacer obras de teatro para divulgar su trabajo; hacer pequeñas ediciones para compartir en las escuelas, en las comunidades; digitalizar la obra de Rosario; hablar con las autoridades del Fondo de Cultura Económica para ver qué coediciones se pueden hacer. Hay un sinfín de propuestas y vamos a retomarlas todas…”
¿Mirás? Hay una gran emoción. El mundo se está moviendo, todos giran como satélites en torno al sol de este año: Rosario Castellanos, la gran Rosario. Vos y yo sabemos que en Arenilla siempre hemos estado al puro toque, desde el 2024 conmemoramos los cincuenta años de su lamentable fallecimiento y este año ya comenzamos a echar harto confeti, a preparar la garganta para cantarle sus mañanitas el 25 de mayo de 2025, el mero día de su cumpleaños. Todo Comitán, desde su trinchera, debe apoyar este festejo, porque al hacerlo para ella también lo hacemos para nuestro pueblo, porque Comitán, este año, es el centro de las miradas del mundo entero. Paty Cajcam y yo ya comenzamos a hacer programas en vivo, todos los viernes, a las cuatro de la tarde, de acá hasta que termine el año, donde damos a conocer algunos textos que ella escribió. Paty y yo lo hacemos como sencillos comitecos, como apasionados lectores, sin tufos de academia o de grandes expertos, ¡no!, lo hacemos por el gusto de compartir con todo mundo nuestra pasión por la vida y obra de nuestra excelsa escritora. Nos unimos a los grandes festejos que hará la Comisión, nos unimos al grupo de entusiastas amigos y amigas de Rosario Castellanos, que están diseminados en todo el mundo.
Posdata: muchas celebraciones se darán en este año, en todas partes, y también en Comitán, pero todas las personas están de acuerdo que la joya de la corona es un diamante que se llama Rosario Castellanos. Este año va por ella. Por eso, el Congreso del estado de Chiapas, cuyo presidente es nuestro amigo el diputado Luis Ignacio Avendaño Bermúdez, tuvo a bien declarar a 2025 como Año de Rosario Castellanos Figueroa. ¡Que viva Rosario!
¡Tzatz Comitán!
viernes, 10 de enero de 2025
CARTA A MARIANA, CON UN GRAN HOMENAJE
Querida Mariana: mi amigo Fer García me envió esta fotografía. ¿Ya viste de qué se trata? Es el pizarrón de una escuela, lleno de frases escritas en papel. En medio está una foto, con el nombre del personaje. ¡Sí, es la foto del Maestro Jorge Gordillo Mandujano! Al lado de la foto hay dos palabras: “In memoriam”.
Esto, en apariencia tan sencillo, es un acto magno. Fer, a quien reconozco como un destacado intelectual comiteco, imparte la cátedra de Etimologías Greco-Latinas, en el Telebachillerato 100 “Carlos Olmos”, en la comunidad Vicente Guerrero, municipio de Salto de Agua, muy cerca de Palenque.
Vos sabés que recientemente falleció el Maestro Jorge Gordillo Mandujano, en Comitán. Lamentamos su muerte, él fue un experto en raíces griegas y latinas, lo que le permitió ser, asimismo, un experto en el idioma español, porque ya mirás que muchas, muchísimas, palabras del castellano provienen del latín y del griego.
Así que una mañana de éstas, el Maestro Fernando García le hizo uno de los más grandes homenajes que puede recibir un maestro, porque al recordar su legado dejó en claro que el apostolado del Maestro Jorge sembró semilla, como lo está haciendo el joven Maestro del Telebachillerato 100, que lleva el nombre de un destacado dramaturgo chiapaneco, Carlos Olmos, quien fue autor del guion de una de las telenovelas más famosas de la televisión mexicana: Cuna de lobos.
Gran homenaje le rindió Fer al Maestro recién fallecido. El nombre de Jorge Gordillo apareció esa mañana en un modesto pizarrón, para decir que ese espacio es la más grande ventana del conocimiento. Fer lo honró con una gran cátedra, porque en lugar de decir que el acto se hacía “En memoria” de fulano, el Maestro Fernando escribió la cita en latín: “In memoriam”. Los chicos y las chicas reconocieron la frase latina, que aún se emplea, ella viene de siglos atrás
Fer me dijo lo siguiente: “Fue un pequeño homenaje al Maestro Jorge Gordillo Mandujano. Hablé con los muchachos y les dije quién fue el Maestro Jorge Gordillo, para que sepan lo importante que es el conocimiento de las etimologías y la vigencia que tienen al manejarlas”.
Ahora que te escribo esta carta busco en el Internet cómo se dice en latín “honrar honra” y encontré que honrar se dice honor y para la palabra honra se aplica lo mismo. Ah, mi amado Gutmita me explicaría si es correcto decir “honor honor”, pero lo que quiero decir en mi imperfecto castellano es que Fer se honró al honrar al Maestro Jorge. El mayor homenaje para un catedrático es que uno de sus pares lo recuerde con emoción y comparta ese recuerdo en un salón de clases, el espacio natural donde la presencia del maestro es savia para el árbol de la ciencia y del bien.
Posdata: saludo con afecto y con emoción la iniciativa del buen Fer. Su espíritu obtuvo un cien de calificación, el mismo número que tiene el Telebachillerato donde labora.
¡Tzatz Comitán!
jueves, 9 de enero de 2025
CARTA A MARIANA, CON DOBLE PRIVILEGIO
Querida Mariana: ésta es de privilegio. Como siempre lo hago en fotos de privilegio escribo: “con el querido y admirado Roberto Carlos Mijangos Sánchez. El Doctor Mijangos Sánchez es el actual director de la Facultad Administrativa, Campus VIII, de la UNACH. Es mi privilegio”.
Pero ahora le hago un agregadito, porque quiero presumir que él es egresado de la UNACH, igual que yo, igual que miles de chicos y chicas. Las personas que estudiaron en la UNAM (por supuesto que anduve por ahí en los años setenta) se asumen como pumas, porque la mascota es un puma. Los que egresamos de la UNACH somos Águilas Arpías, porque esta ave es la reciente mascota que identifica al estudiantado de la UNACH. Antes, la mascota era un ocelote, pero las autoridades universitarias pensaron que nuestra universidad es de altos vuelos, tiene alas para el crecimiento intelectual y moral de sus estudiantes, así que ahora el Águila Arpía vuela por todos los cielos de Chiapas, como siempre lo ha hecho, porque quienes saben nos explican que esta ave vive en estas partes del mundo, recuerdo haber visto un ejemplar en el zoológico de Tuxtla, en una mi escapada, hace años.
Así pues, águilas somos y volamos alto. El Doctor Mijangos Sánchez y yo somos hermanos, no de sangre, pero sí de leche, porque mamamos de la misma madre nutricia, nuestra UNACH. Y digo que somos miles y miles de hermanos, porque nuestra universidad acaba de cumplir cincuenta años de vida en 2024. Le tocó al Doctor Natarén Nandayapa celebrar el quincuagésimo aniversario. Ya dije que nosotros, en Arenilla, sólo atenciones recibimos del Doctor Natarén, él también es egresado de la UNACH. Ahora, cuando nuestra universidad comienza a caminar por la senda que la llevará a su cumpleaños número cien, le toca al nuevo rector Doctor Oswaldo Chacón Rojas, quien, ¡faltaba más!, también es egresado de la UNACH. ¿Mirás? Ah, cuánta savia nutricia. Ex alumnos de nuestra institución dirigen ahora su ruta luminosa.
El Doctor Roberto Carlos Mijangos Sánchez llegó, de nueva cuenta, a dirigir la Facultad Administrativa, Campus VIII, porque quien la dirigía, nuestra querida y admirada Doctora María del Carmen Vázquez Velasco, fue nombrada secretaria general en días pasados. ¡Pucha, qué orgullo!
Cincuenta y un años de vida de la UNACH, y treinta y dos años de nuestra facultad comiteca. Muchos adolescentes han recibido sus enseñanzas y ahora, así lo vemos, contribuyen al desarrollo positivo de nuestro estado y honran a su alma mater.
Conozco al Doctor Mijangos Sánchez, sé que le echa muchas ganas y sabiduría a todas sus encomiendas. Es consciente del alto honor y de la gran responsabilidad de dirigir el Campus VIII. Ha comenzado con el pie derecho, porque conoce la senda que recorrerá, no es un improvisado. Con el acompañamiento de la planta docente y administrativa logrará un desempeño que dé brillo a nuestra facultad comiteca, facultad de donde han egresado excelentes personas.
El día que nos tomó la foto su tocayo, Roberto Carlos Espinosa Vásquez, nuestro director de arte y mercadotecnia de Arenilla-Revista, el Doctor Mijangos Sánchez nos platicó sus proyectos, él había tenido antes una reunión con el personal docente, maestros y maestras que están en continua actualización. Después del periodo vacacional todo el personal regresa con las pilas puestas, bien recargadas, para cumplir con el compromiso moral y ético de servir a Chiapas, a México.
La UNACH es grande, ha sido la gran universidad de nuestro estado. Ahora bajo la rectoría del Doctor Oswaldo, y de la dirección del Doctor Roberto Carlos seguirá en su ascendiente ruta luminosa, volará alto, sin duda, con la participación de todos. Que todo mundo diga, como mantra: ¡UNACH, UNACH, UNACH!, que todo mundo estudiante la vea como la opción para realizar sus estudios profesionales, para nutrir su intelecto.
Posdata: todo mundo de acá ha recibido con agrado la noticia del nombramiento del Doctor Roberto Carlos y, por supuesto, de nuestra admirada Doctora María del Carmen, cositías de altos vuelos. ¡Adelante! ¡Por la gloria de Chiapas en la nueva ERA!
¡Tzatz Comitán!
miércoles, 8 de enero de 2025
CARTA A MARIANA, DONDE SE CUENTA QUE EL LIBRO LA LIBRA PORQUE ES LIBRE
Querida Mariana: todas las lectoras y todos los lectores sabemos que el libro nos lleva a viajar, nos toma de la mano y nos conduce a un espacio diferente y a otro tiempo. Un libro es como si fuera un barco, un caballo, un avión, un trasatlántico, un globo, apenas lo abrimos nos subimos.
Esto lo sabe todo el mundo, pero no todo mundo reflexiona en el otro extremo: el libro también viaja. Este ejemplar de “Tras la huella del ñandú”, del chiapaneco Pablo Salazar López, libro que obtuvo el Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola – 2024, viajó y llegó a mis manos. La semana pasada, mi querido amigo Quique Robles me dijo: “ahí pasás a la oficina por un ejemplar”, y me dijo de qué libro se trataba. Este libro le tenía puesto el ojo, desde que se anunció que había obtenido tal distinción, pero (lo sabemos) aún en estos tiempos del siglo XXI, tiempos de la imagen y de lo instantáneo, los libros impresos no se consiguen tan fácilmente en Comitán. Hace como quince días me enteré en las redes sociales que ya está disponible en librerías de Tuxtla, la ciudad donde nació el autor. ¿Cuándo en Comitán?
No hubo necesidad de espera, Quique (siempre lo hace) me consiguió un ejemplar. Desde el principio de los años ochenta, cuando regresé a Comitán y él se quedó en la Ciudad de México, me enviaba libros ("para que no te empolvés”, era la frase que acompañaba el libro). Ahora, tengo en mis manos este libro. Como todos sus demás hermanos, este libro la libró porque es libre.
El libro posee esa maravillosa capacidad dual, el don divino de la bilocación. Antes de llevarnos al viaje él viajó. Pensá sólo en el instante donde el libro termina de publicarse en la editorial, donde sale de la banda, el empleado lo mete en una caja al lado de otros noventa y nueve ejemplares, con ese aroma impecable de nuevo. La caja, junto con más cajas, es subida al contenedor de un camión repartidor y comienza el gran viaje, viaje que concluirá (es un decir) en manos de la lectora o del lector que entró a la librería y revisó la mesa de novedades y, ¡oh, sorpresa!, es el libro que obtuvo el Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola, del año 2024, y lo toma, lo abre, lee las primeras líneas del primer cuento: “Escuché su acento argentino mientras hablaba por teléfono al abordar el tren y, en lo que acomodaba su equipaje, aproveché para poner sobre la mesa “Suicidios ejemplares” de Vila-Matas. Pensé que el libro podía hacer las veces de presentación…”
¿Mirás? El primer cuento de este libro ya nos instala en lo que te decía: el libro viaja, en este cuento el libro de nuestro admirado Vila-Matas viaja en un tren, un lector lo lleva. Lo que acá cuenta Salazar López es una imagen repetida en millones de ocasiones, durante mucho tiempo. Los lectores y las lectoras llevan un libro en los viajes, vos y yo hemos visto miles de personas con libros en los andenes, aeropuertos y en terminales de autobuses. El libro es el gran compañero y, a la vez, es el gran viajero. Posee el don de ubicuidad, porque en su interior vive en tiempos y espacios precisos y, a la vez, vive en el presente en otro lugar, por eso digo que el libro la libra porque es libre, tiene alas y con estas alas tiene prodigiosos vuelos y nos hace volar con él, ¡ah, pájaro sublime!
Recibí el mensaje, agradecí su siempre fiel acompañamiento inteligente y le dije que pasaría a su oficina. Pasé y su secretaria me entregó este ejemplar que viajó en su maleta, porque Quique me dijo que no estaba en Comitán, llegaré el lunes, dijo, y el miércoles pasé por el libro. Quique, estoy seguro, a la hora de abordar el avión, ocupar su asiento, sacó un libro (no sé si fue su ejemplar de este libro, cuyo autor es hijo de su gran amigo, el gran ex gobernador de Chiapas: Pablo Salazar Mendiguchía) y leyó, pasatiempo que oficia desde siempre.
El libro llegó a mis manos, lo hojeé y me dispuse a leer un ratito. Ya te contaré cómo está, viene precedido con la fama del premio y con la entrada luminosa del primer cuento, una entrada prodigiosa, de inmediato, en forma sencilla, clara y experimentada, de inmediato coloca al lector o lectora en un zaguán admirable que invita a continuar con la lectura, sin duda que es un buen libro, tal vez un gran libro de cuentos, ya te diré.
Posdata: el libro la libra, porque es libre, libre como el aire, como papalote zurumbo.
¡Tzatz Comitán!
martes, 7 de enero de 2025
CARTA A MARIANA, CON UN REFUGIO EN AVENIDA CUAUHTÉMOC
Querida Mariana: hablo de los años setenta; hablo de la Ciudad de México; hablo de un templo del béisbol.
Nosotros, digo Quique, digo Roge, digo Miguel, digo César, digo Rodolfo, digo tu amigo, vivimos un tiempo en un edificio al lado de Avenida Cuauhtémoc. ¿Qué colonia era? La colonia donde también estaba la llamada Octava Delegación. ¿Era colonia Narvarte? Tal vez sí.
Nosotros vivíamos en la casa de huéspedes de los famosos Don Robert y Doña Rome, pero un día, una mañana, me enteré que los Erre-erre (los Román y los Robles) fraguaban irse a vivir a un departamento (tal vez para vivir la experiencia de sentirse solteros en comunidad). Me enteré y levanté un dedo que decía, a gritos, como si fuese personaje del Chavo del Ocho: ¡yo quiero, yo quiero, yo quiero! Ellos hicieron una reunión donde deliberaron mi caso, por supuesto que su reunión la acompañaron con unas cervezas, cuando vi que habían agotado la dotación, me presenté ante ellos con una caguama, bien helada, los vi salivar y pregunté qué habían decidido, vi a los Erre-erre extender los brazos, como zombis, y dijeron que sí, que estaba bien, que me aceptaban en su clan y yo, siempre agradecido, pensé que me darían un abrazo, pero ¡no!, sus brazos extendidos reclamaban la botella.
Una tía de los Román firmó como aval y ellos firmaron el contrato. El edificio estaba (todavía está) en el número 521 de la Avenida Cuauhtémoc y nos tocó el departamento 201. Como debía ser, para inaugurar el departamento los Erre-erre organizaron un bailongo, llegaron amigos y amigas, las bebidas circularon en medio de las parejas danzantes, la marimba se escuchó fuerte, gracias a casetes y no faltó el que, ya a medios chiles, se paró en la estancia y declamó “Chiapas es en el cosmos, lo que una flor al viento…”, y al final hubo lágrimas y gritos de ¡cotz!, por la nostalgia enredada en nuestros cuerpos y espíritus.
Al día siguiente comenzamos, como boy scouts, a recorrer las cercanías, a cruzar corriendo la avenida. Hallamos a dos cuadras un mercado y ahí, ah, qué bendición, un local donde preparaban tortas, las cubanas se volvieron nuestras favoritas (hablo de tortas, digo, de tortas de comer), y en otro local hallamos una escenografía con unas redes para pescar y con pinturas de peces y estrellas de mar. Los Erre-erre sonrieron, como si estuvieran en la playa, y pidieron cocteles de camarón. Me encantó encontrar en el centro de la mesa, aparte del servilletero, una botella con un interior lleno de hojas, Quique me explicó que era un aderezo. A mí me encantó esa botella, porque era como un pequeño universo marino. Me sentí como si estuviera en un acuario, mientras el dueño del local, con un mandil blanquísimo, servía los ceviches y los cocteles, me puse a mirar a través del cristal, tomé la botella y la moví, como si fuera un caleidoscopio.
Más tarde nos atrevimos, muchachos intrépidos, a ir un poco más allá. Después de caminar dos o tres cuadras, llenos, satisfechos por la comida, oímos algo que nada tenía que ver con el ruido de los autos que corrían desaforados o las chorchas de los caminantes, el ruido era potente, como un altísimo vendaval, como cientos de aleteos. ¡Nos paramos y lo vimos! Era un estadio, el gran templo del béisbol, el reconocido Parque Delta. Casi casi bailamos sobre la ancha banqueta, porque cuando estudiábamos en la secundaria del Colegio Mariano N. Ruiz habíamos formado parte del glorioso equipo de béisbol, “Los Comet’s”. Ahí era la casa de los Diablos Rojos del México, el espacio que reunía a miles de fanáticos, de gente conocedora de ese maravilloso deporte, único. El rumor gigantesco salía como globo de la parte superior de ese edificio lleno de tribunas que circundaban el diamante, sembrado con una alfombra verde, de pasto recortado, sólo interrumpido por pequeñas líneas de tierra roja, que indican la ruta donde están las bases, donde se para el pitcher, donde el cátcher espera la pelota. Ahí, adentro el ruido intenso de miles de fanáticos, el zumbido de miles de abejorros, competía con el ruido atroz de la gran ciudad, y lo superaba, porque cuando un bateador le pegaba a la pelota y la lanzaba por encima del límite, llegaba hasta los fanáticos y se daba el jonrón, los gritos de miles de gargantas pinchaban el globo de expectación, la emoción contenida y esto sólo se daba en ese espacio tan cercano a nosotros.
Posdata: ya descubriste que nosotros fuimos fieles asistentes a ese templo, el Dios de los Deportes nos lo había puesto cerca de nuestros pasos, disfrutamos esa indecible emoción, la bebimos, acompañada con cervezas frías.
¡Tzatz Comitán!
lunes, 6 de enero de 2025
CARTA A MARIANA, CON UN ESLABÓN
Querida Mariana: ¿qué es un eslabón? No sé. Busco en el diccionario y encuentro: “pieza en forma de anillo o de otra curva cerrada que enlazada con otras forma cadena”. Ah, ya. Entiendo. Aquella canción que dice que “se le perdió la cadenita”, no dice más que extravió un chunche con una serie de eslabones. ¿Mirás? La cadena existe gracias a los eslabones. Cuando la tía Emilia invita a una cadena de oración lo que está haciendo es unir a una serie de creyentes para que hagan el papel de eslabones. ¿En la escuela fuimos eslabones de una cadena de conocimiento? ¿En qué espacio quedaba la maestra, porque ella era un anillo de otra cadena?
Ahora entiendo, el físico Emilio decía que se pasaría la vida buscando el “eslabón perdido”. Ah, qué bobo, casi casi como el de la canción de la cadenita perdida. La vida es compleja y tonta, porque mucha gente se la pasa buscando eslabones perdidos. Un día, alguien ve hacia el cielo y se le ocurre (como si fuera el gran descubrimiento) preguntar: ¿cómo comenzó el universo? Y ahí lo tenés buscando ese eslabón que no completa la cadena del conocimiento; ahí lo tenés inventando ficciones del Origen o estableciendo teorías del Big Bang, donde se le aparecen hoyos negros y agujeros de gusano. ¡Dios mío! Tanta inteligencia destinada para terminar hablando de huecos: hoyos y agujeros.
¿Por qué hablo de eslabones? Porque estuve leyendo a Esther Dominique y en una línea escribió lo siguiente: “Somos eslabones de algo más sublime, pero no tenemos el conocimiento para engarzarnos”. ¿Mirás? Siempre nos han dicho que somos únicos, que somos una individualidad, pero tal vez somos un eslabón perdido de algo que es una totalidad.
Si veo la imagen de una estructura de ADN veo que, en efecto, es como una cadena, pero si veo la imagen de una mínima parte del universo, el científico me dice que ahí (no se ve) hay hoyos negros y agujeros de gusano. Parece entonces que no todo es unidad en el mundo visible. Recuerdo una ocasión que, en Xalapa, estaba en un grupo de creación literaria y el coordinador (como parte del taller) dijo que todos formáramos un círculo y nos tomáramos de las manos, yo solté mis manos y dejé que los compañeros de ambos lados me las tomaran para hacer la cadena, pero frente a mí vi que una chica se rehusó a que el compa que estaba a su lado le tomara la mano, así que cuando todos cerraron los ojos yo abrí tantito uno para ver que ella nunca completó el círculo. Después de un tiempo, el coordinador dijo que abriéramos los ojos y nos soltáramos, muy orgulloso, con una gran sonrisa como hamaca, dijo que eso permitiría que al escribir los textos fluyera una energía común. ¡Pucha! No volví al taller.
La idea del eslabón aparece en mi mente siempre que el supervisor de una empresa dice que todo es una maquinaria y que cada empleado y cada empleada es como un engrane, y concluye diciendo, como si fuera Moisés leyendo los mandamientos, que si un engrane falla ¡la maquinaria se echa a perder! ¿Es lo mismo con las sociedades? ¿Comitán no avanza porque unos se toman de las manos y otros son como hoyos negros y agujeros de gusano?
Ya te conté que, en una reunión de preparatorianos con el director de nuestra escuela, éste, ya cansado porque se le daba mucha vuelta al asunto sin llegar a acuerdos, dijo: “esto es un círculo vicioso” y uno de los compañeros se paró y, molestísimo, dijo que no permitiría que nos llamara viciosos (pucha, se puso el saco); pues algo similar me ocurrió en un trabajo en la Ciudad de México, nuestro jefe inmediato se aventó un choro motivador y dijo que cada uno de nosotros (los subalternos) era un eslabón y el Mantequilla (que le decían así porque siempre decía que era producto de la leche de su papá. Uf, qué grotesco) me preguntó en voz baja qué había dicho el jefe, le dije y él comentó riéndose: pensé que había dicho “es jabón”. Ahora pienso en eso. El jabón es una pastilla compacta hasta en tanto no esté en contacto con el agua, al contacto con el agua se va diluyendo hasta quedar en nada, el jabón produce eslabones de burbujas, pero luego se vuelve agujero negro.
Posdata: ¿qué es un eslabón? ¿Es algo que se engancha para formar una cadena? Cada uno de nosotros es parte ¿de qué cadena? ¿De la cadena productiva? ¿De la cadena de consumistas? ¿De la cadenita perdida que un día regaló Carmen?
¡Tzatz Comitán!
domingo, 5 de enero de 2025
CARTA A MARIANA, CON UN ÁRBOL
Querida Mariana: en mi casa actual sólo hay un árbol, un árbol triste, porque está en una maceta; mi casa actual no tiene “sitio”. Ah, mi casa de infancia y mi casa de juventud ¡sí tuvieron sitios con árboles, árboles enormes, sembrados en la tierra! Vengo de esos tiempos. En ambas casas llegaron amigos y se treparon a los árboles, para jugar o para cortar los frutos.
Ayer fui al mercado primero de mayo, el que está a media cuadra del parque, como la niña protagonista de la novela “Balún Canán” bajé por la pendiente. En la banqueta izquierda, generosa, ancha, como pierna de mujer rolliza, se sientan mujeres a vender manía (cacahuates), con cáscara o pelada, más otros productos de las huertas. Una mujer, con una criaturita detrás de su espalda, tenía un canasto lleno de unos frutos de color amarillo amanecer, de inmediato pensé en las limas, pero como eran grandes, más grandes que pelotas de béisbol, como si fuera un gringo visitante, pregunté: ¿qué son? Me escuché mamón al hacer la pregunta. Ella, sentada en un banquito de madera, con la criatura cargada en un kujchil, dijo la respuesta esperada: “son limas” y yo puse mi cara admirada de gringo bobo y dije: “¡oh, limas!” El canasto estaba lleno de esas bolas, que presentí jugosas. Pensé que iría a comprar las tortillas y el chile en vinagre, al regresar compraría limas, para no cargar de más.
Tuve suerte, porque cuando volví, con las tortillas y el chile, el canasto de limas estaba a la mitad. Si tardo cinco minutos más no hubiera encontrado esas canicotas amarillas, tan olorosas. Pensé que debí pagarlas antes, al verlas, y dejarlas “encargadas”, hubiese sido tan fácil decir: “guárdelas, ahora paso”. Tuve suerte, alcancé a comprar doce, doce limas.
Ahora que escribí limas recordé que un amigo adolescente cortaba limas en mi casa y siempre, con una mirada de actor de cine, me mostraba una y decía, en forma pícara: ¿limas? Nunca entendí bien por qué lo decía, pero, en el fondo de mi conciencia, advertía que jugaba con el lenguaje, porque sus ojos se llenaban de una luz alburera.
Cuando llegué a casa con mi cargamento de tortillas hechas a mano, en comal, el chile en vinagre, con harto palmito, y las limas enormes, bellas, mi mamá recordó el árbol de la casa y dijo: “así eran las limas de la casa, se ven jugosas”, tomó una con su mano y agregó: “se ven buenas, ahora pura chiquita se ve, no sé por qué”.
Tuve suerte, hubiera lamentado volver y hallar el canasto vacío. Ah, cuántas veces me ha pasado eso en la vida. No sólo con frutos.
El amigo medio perverso, pelaba las limas, me hacía ir por un plato y un cuchillo en la cocina, cortaba las limas en gajos, cortaba finamente un chile siete caldos, rojo, venudo, y preparaba, como si fuese Tío Tavo, el cantinero, un especial “pico de gallo” y nos dábamos la enchilada de mil diablos, nos sentábamos en el asiento de cemento que le daba vuelta a toda la barda y tomábamos un gajo de lima enchilado y movíamos una mano como si ella pudiera refrescar los labios que ardían por el picante, suspendíamos tantito, yo corría a la cocina por dos vasos de agua, tomábamos dos buches y seguíamos comiendo, enchilándonos. Todo esto recordé cuando partí una de las enormes limas que compré en el mercado. En mi casa de adolescente, la casa que mandaron a construir mi papá y mi mamá, la primera casa que fue nuestra, la que estaba a una cuadra de mi escuela Matías de Córdova, había un árbol de lima, que creció en el suelo, en la tierra, no en una maceta como ahora crece el árbol triste de mi casa, que ni siquiera es frutal.
Posdata: me gusta bajar por la pendiente del mercado, en la banqueta izquierda, banqueta ancha, como nana generosa, varias mujeres ofrecen manías, peladas o con cáscara. Cuando las pelan dejan los granos sobre su mano y soplan para que vuele la telilla. No es higiénico, debe volar también una gota de su saliva, pero cuando compro veinte pesos de manías, a la pregunta: “¿con cáscara o pelada?, digo “pelada”, y no sé, pero me acuerdo del tono del amigo que decía: “¿limas?”
¡Tzatz Comitán!
sábado, 4 de enero de 2025
CARTA A MARIANA, CON UN AÑO LLENO DE ALEGRÍA
Querida Mariana: 2025 será un año grandioso para Comitán. Habrá muchos guateques.
La joya de la corona será la celebración del cumpleaños número 100 de nuestra escritora Rosario Castellanos. Pucha, primer centenario de su nacimiento. Recordá que ella nació el 25 de mayo de 1925, en la Ciudad de México, pero pichita la trajeron a Comitán. Según platicó Enoch Cancino Casahonda, el gran poeta autor de “Canto a Chiapas”, la criatura llegó al pueblo a la edad de tres meses, y acá vivió toda su infancia y parte de la adolescencia, si lo mirás bien redondeamos números y decimos que ella vivió en Comitán, de 1925 a 1940; es decir, Comitán fue su casa durante quince años, los primeros años de vida de una persona, los decisivos, los que dejan huellas indelebles, los que marcan. Redondeé la cifra, pero ella vivió acá un poco más.
Hemos dicho que, a pesar de nacer en el entonces Distrito Federal, ella siempre se asumió comiteca y la imagen de nuestro pueblo siempre la acompañó. A ver, te paso copia de algo que Rosario le escribió a su gran amigo Raúl Ortiz y Ortiz, en una carta fechada en 1971: “...de regreso de Viena me detuve unos días en Estambul, conocí el Harem de Topkapi y me entró una nostalgia de mi vida pasada. Jamás he visto algo tan semejante a la arquitectura y costumbres de Comitán. Y además la vegetación y la lluvia. Empecé a llamar por mi nana…”.
¿Mirás? Cuando tiene cuarenta y seis años de edad, en Turquía, lugar lejano del pueblo, entra a un edificio y al estar en su patio la imagen de Comitán le cae como un chubasco inesperado. Ante ese alud no hay impermeable que evite terminar mojado. Rosario llevó a nuestro pueblo pegado a su espíritu por siempre. Empapada del recuerdo, parada ante esa plaza, Rosario llama a su nana, como si fuera la niña desamparada en el patio de su casa comiteca. Ah, su nana.
Dos esencias nombra: Comitán y su nana. No menciona a su mamá ni a su papá, nombra a la mujer que la cuidó siendo niña, a la mujer indígena que la abrazó con su chal, con aroma de humo de la cocina.
Vos has leído al escritor brasileño Rubem Fonseca, uno de los más grandes narradores en lengua portuguesa. ¿Recordás que cuando estuve con Sergio Pitol me dijo que debía leer a Rubem? Me sentí muy bien, porque, en ese tiempo, leía una antología de cuentos de Fonseca. Pues resulta que Rubem escribió un cuento llamado “Amor y otros prolegómenos” donde el niño protagonista habla de Dida, “la criada de la casa que me cuidó desde que nací”; es decir ¡su nana!, y dice que Dida es su segunda madre, que la quiere tanto como quiere a su madre. Rosario ¿quería a su nana como quería a su mamá? Tal vez, digo sólo que tal vez, quería más a la nana que a la mamá, porque basta recordar que cuando alguien profetiza que morirá uno de sus hijos, la mamá, fuera de sí, pide que no sea el varón. Pucha, qué jodido, porque lo que pide es que se muera la niña, que se muera Rosario.
Y hablo del gran escritor brasileño Rubem Fonseca, porque, ¿qué creés?, el nació en 1925, lo que significa que en Brasil celebrarán su centenario por todo lo alto, igual que en nuestro país celebraremos a Rosario Castellanos Figueroa en su cumpleaños número cien. ¡Qué derroche de luminosidad!
El Congreso de Chiapas, cuyo presidente es nuestro paisano, el diputado Luis Ignacio Avendaño Bermúdez, decretó que este año 2025 sea el Año de Rosario Castellanos Figueroa. En toda la documentación oficial debe aparecer dicha leyenda, para recordarnos que este año es de celebración, de guateque, en honor a la más destacada mujer comiteca de todos los tiempos, porque ninguna otra mujer comiteca ni ningún otro hombre nacido en esta tierra han alcanzado la altura internacional que ella tiene. Así como a Rubem Fonseca no sólo lo celebrarán en Brasil, sino en muchas partes del mundo, a Rosario la festejarán en otros países; sin duda que en Israel, donde fue Embajadora de nuestro país, la recordarán en diversos actos.
¿Y en su pueblo? Sin duda que habrá marimba, confeti y rejas de papel de china en su honor. El señor Fox dijo que habrá festejos importantes, lo mismo platicó Angélica Altuzar Constantino, nuestra paisana, actual directora de Coneculta. Todas las voluntades unidas en torno a la celebración del centenario de Chayito. En Arenilla ya comenzamos, Paty Cajcam, editora ejecutiva, y yo iniciamos el 2 de enero con un programa en vivo en redes sociales. El programa será semanal, durante todo el año, hablaremos de la vida y obra de la cumpleañera. No somos académicos ni expertos, somos dos personas nacidas en Comitán que compartiremos lecturas de su obra, porque somos grandes lectores y pensamos que es la manera de colocar nuestro granito de Arenilla en su honor. ¡Que viva Rosario! ¡Que en su pueblo se abran las ventanas para refrescar las estancias! ¡Que el aire tenga aroma a su palabra, a su verbo! ¡La consintamos! Que ella vuelva a sentir el abrazo de su nana, su amada nana, mujer indígena que guio sus primeros pasos, sus primeros aleteos.
La UNAM ya comenzó a honrarla, a festejarla. Rosario estudió en la UNAM y luego trabajó en la Torre de Rectoría (durante el rectorado del doctor Ignacio Chávez) y también dio cátedra en la Facultad de Filosofía y Letras. En el año 2024, la UNAM reeditó el libro “Cartas a Ricardo”, que ya era inconseguible, porque voló la primera edición, hecha por CONACULTA, digo voló porque los lectores y lectoras lo compraron de inmediato. Hoy, tenemos una nueva edición, muy digna. ¿Cómo se adquiere? Bien fácil, entrás en el Internet a la página de las librerías de la UNAM, lo solicitás, pagás y diez o quince días después te llega. Debo decir, eso sí, que sale más caro el envío que el costo del libro, pero vale la pena, más dinero gastamos en boberas improductivas.
Sin duda que, como todos los años, en este año se realizará el Festival Internacional Rosario Castellanos. Este año se debe tirar la casa por la ventana, como ha sugerido (en buena hora, Iván Ibáñez, maestro de la comunicación) el festival debe tener como eje principal a la literatura, porque esa fue la esencia de Rosario, así que el comité organizador debe invitar a grandes escritores y excelsas escritoras. El otro día propusimos la presencia de Irene Vallejo, la gran escritora española, autora de uno de los libros más chidos: “El infinito en un junco”; y ya que en el paquete venga otra española maravillosa: Rosa Montero, quien es bien buena onda y gran narradora. ¿Recordás que hemos leído varios de sus libros? Ah, qué buen libro es “La loca de la casa”. En fin, hay mil autoras y mil autores que pueden dar lustre al festejo de los cien años de Rosario Castellanos. ¿Imaginás la cantidad de visitantes que tendríamos en Comitán si se anuncia la presencia de esas dos españolas? Ah, no debemos olvidar a la académica Andrea Reyes, quien se dio a la tarea de rescatar y publicar todos los artículos que Rosario Castellanos publicó en el periódico Excélsior, el más importante de México, en los años sesenta y setenta.
¡Se puede realizar un festejo bien bonito! Un festejo que dure todo el año. No todos los años se cumplen cien.
Posdata: y al lado del festejo del cumpleaños cien de Rosario Castellanos, Comitán celebrará los cincuenta años del inicio del Concurso Nacional de Oratoria Belisario Domínguez, que iniciaron tres muchachos en los años setenta, que hoy son destacadas personalidades en el mundo de la cultura y de la política: Juan Carlos Gómez Aranda, Mario Uvence Rojas y Benjamín López; asimismo se festejará el cumpleaños cien de Óscar Bonifaz y los ochenta del más grande basquetbolista que parió esta tierra: El Camello. ¿Qué más? Mucho más, pero por el momento cerramos la serie de festejos diciendo que también será el cumpleaños número cincuenta del Centro Cultural Rosario Castellanos, porque en 1974, al irse las escuelas secundaria y preparatoria a sus nuevos edificios, el maestro Óscar Bonifaz se “apoderó” del edificio y creó lo que fue la primera casa de cultura del estado de Chiapas. ¡Pucha, cuánta historia, cuánta vida!
En redes sociales ya muchas personas hablan de Rosario, publican poemas, hacen recordatorios de su vida. En Arenilla nosotros desde el primer día de 2025 comenzamos a celebrarla, a honrarla. ¡Viva Rosario Castellanos! ¡Viva por siempre!
¡Tzatz Comitán!
viernes, 3 de enero de 2025
CARTA A MARIANA, CON NOTAS OPTIMISTAS
Querida Mariana: muchas personas hacen listas de buenos propósitos en el inicio del año. La mayoría de propósitos se desinfla como globo. Nunca he hecho lista de propósitos, ¿vos sí?
Cualquiera podría pensar que si no se cumplen los propósitos de nada sirve hacerlos, pero pienso que tienen algo bueno: siempre son mensajes positivos.
Desde pequeño aprendí en la doctrina la relación de los Diez Mandamientos; es decir, el mandato de Dios para vivir como buen cristiano. La historia era maravillosa, los niños que asistíamos al templo de Santo Domingo y escuchábamos la voz de la adoctrinadora nos extasiábamos ante el relato. Ella contaba que Moisés subió al Monte Sinaí, agarrándose de piedras y colocando los pies en otras que estaban firmes, al final llegaba a la cima y ahí, ¡qué prodigio!, el gran Dios le dictó sus mandamientos, los que quedaron grabados en dos enormes tablas, que Moisés bajó. Nunca logré imaginar cómo le hizo el venerable anciano para bajar de la montaña si tenía ocupadas ambas manos, tal vez las dejaba en el piso tantito mientras se apoyaba en las piedras para dar un paso.
Historia maravillosa la de los Diez Mandamientos, decálogo moral inmutable. Todo muy bonito, pero siempre he pensado que estos dictados tienen una carga pesada, porque de los diez mandatos, ocho de ellos comienzan con la palabra No; es decir, ocho son prohibiciones. La palabra No siempre tiene una carga pesadísima. No desearás a la mujer de tu prójimo, No robarás, No darás falso testimonio ni mentirás.
¿Por qué todo es prohibitivo? Tal vez Dios pensó que nuestro comportamiento podría responder mejor si había una cuerda con tachuelas. Digo, porque en lugar de prohibir a la mujer del prójimo, bien pudo decir: Siempre amarás a tu propia mujer; asimismo podría decir: Siempre respetarás los bienes de tu prójimo, en lugar de amenazar con No robarás.
Digo esto, porque la palabra es poderosísima. Si mi cerebro procesa la frase: No desearás a la mujer de tu prójimo, la palabra deseo aviva la tentación, lo mismo sucede con la palabra robar.
Por eso digo que es bueno hacer lista de buenos propósitos, porque todos son como cintas luminosas. Ramoncito me pasó copia de su lista para el nuevo año: comeré sano, haré ejercicio, leeré buenos libros, trabajaré en lo que me gusta, me levantaré temprano, seré cumplido, buscaré una chica amable y buena, con temor de Dios.
¿Mirás? Las listas de buenos propósitos son optimistas, ponen cintas de luz en los espíritus de la humanidad. ¿Se cumplen? No, eso es lo penoso, porque de lo contrario el mundo sería un mejor mundo. Al inicio de un nuevo año no faltan los grupos de amigos y amigas cuyo deseo es tener buena salud y que haya paz en el mundo. La verdad es que la paz mundial nunca se conseguirá, hay gobernantes que fueron peleoneros desde chiquitíos y que cuando asumen el poder se sienten bien jodiendo al prójimo.
En los Diez Mandamientos no está impreso el mandato de evitar la guerra. Claro, ya sabemos, si apareciera un undécimo mandamiento diría así: “No harás la guerra”, en lugar de decir: “Fomentarás la paz”, porque, ya lo dijimos, el lenguaje de los mandamientos es de carácter prohibitivo. ¿Recordás que la tía Amanda nos dijo un día que lo que más se hace es lo prohibido?
Posdata: nunca he hecho una relación de buenos propósitos. Tal vez porque para mí no hay diferencia entre el día 31 de diciembre y el uno de enero, todos los días sigo una rutina que me he impuesto, que no va lejos del gran mandamiento: no joder al prójimo; tampoco amo a medio mundo, ¡no!, mi cariño lo destino a los que están cerca de mis afectos y vos, vos, sos uno de mis más grandes afectos. No sólo no te jodo, sino que procuro sembrar buenas flores en tu jardín. No, no, no siembro flores de amapola, porque ya mirás que son bien bonitas, pero luego son mal vistas, porque segregan no sé qué sustancia que provoca problemas de salud.
¡Tzatz, Comitán!
jueves, 2 de enero de 2025
CARTA A MARIANA, CON UN FESTEJO DE CINCUENTA
Querida Mariana: sacar cincuenta en la escuela significaba reprobar. El 28 de diciembre 2024 nos reunimos para celebrar los cincuenta, los cincuenta años de haber egresado de la Escuela Preparatoria Comitán. Los organizadores y asistentes obtuvimos un cien en los cincuenta. Una mañana, o tarde, no lo sé, a Roberto, Jorge, Lulis y Javier se les ocurrió invitar a los demás compañeros y compañeras de aula para conmemorar (celebrar) los cincuenta años de haber obtenido el grado de bachiller. Comenzaron a organizarlo y, como a toda capillita le llega su fiestecita, el 28 nos reunimos (los que pudimos, los que quisimos, los que alcanzamos) en la Casa de Los Abuelos (ah, qué buen lugar eligieron, no podía ser en la Casa de La Juventud, aunque Fili se la pasó diciendo en el festejo que estábamos ahí los de la juventud acumulada. Fili acudió desde su rancho en Chicomuselo. ¿Cómo pasaste?, fue la pregunta obligada, dijo que dejó su camioneta en el otro lado de la presa, se subió a una lancha y llegó hasta esta orilla).
Roberto, quien llevó la batuta del festejo, dijo, en su intervención que la reunión era “motivo de especial alegría” y comentó que no todos los compañeros y compañeras estábamos presentes: “no siempre se puede estar, así ha sido y así será”. Los que sí estuvieron presentes, porque los convocamos, fueron los compañeros y compañeras que ya fallecieron, en el momento en que Roberto mencionó sus nombres aparecieron al grito de ¡presente! que todos pronunciamos, con emoción, con cintas amarradas a la garganta.
Acto seguido, Roberto pidió a Ramiro entregara el reconocimiento a nuestro maestro Doctor Juan José Solís Cancino, y José Luis fue el encargado de entregar el diploma al arquitecto Roberto Zúñiga. Ellos, junto al maestro Hermilo Vives Werner, fueron los invitados de honor. El maestro Hermilo, comentó Roberto, había confirmado su asistencia, pero se lo impidió una molestia física de último momento.
Verónica fue la encargada de hablar en nombre de las compañeras y Daladier en nombre de los compañeros. Ambos coincidieron en celebrar la vida, la posibilidad de estar reunidos cincuenta años después. Verónica comenzó recordando versos del poeta Amado Nervo: “Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida…” y Daladier dijo “…nos sentimos agradecidos con la vida. El mejor motivo es que estamos vivos, motivo para creer que la vida nos ha tratado bien”.
Después del acto protocolario, los meseros sirvieron un caldito y Guillermo García, con voz agradable, amenizó el acto con canciones romanticonas, pero, como hace cincuenta años, el acto se suspendió (en aquel momento, el maestro Óscar nos dijo que dejáramos los exámenes de literatura que presentábamos y fuéramos a la escalinata principal para tomarnos la foto de recuerdo). Ahora no fue en la escalinata (sería un problema subir y bajar escalinatas), todos nos colocamos en el jardín del salón y el fotógrafo Fab Tovar se encargó de tomar la foto oficial. Ahí comenzó el relajo, uno de los compañeros preguntó si tenía rollo la cámara (como si no viviéramos tiempos digitales), otro pidió que nos sacara bonitos y uno más dijo que eso ya era imposible.
Regresamos a la mesa, larga, más larga que la usada en la Última Cena, porque no éramos doce, sino más de treinta los asistentes, los alegres compañeros y compañeras. La casa sirvió botanas ricas que todos degustaron, mientras se desarrollaban las pláticas con los compañeros y compañeras de junto o al frente. Alguien comentó que los maestros Juan y Roberto estaban física y mentalmente muy bien. Mejor que muchos de nosotros, comentó alguien.
Rafa dijo a la hora que le preguntaron su edad que tiene sesenta y cinco años. ¡No!, dijeron todos y todas. Pero él siguió serio, como si lo que él sostenía fuese la columna inmutable. ¿65? Todo mundo comenzó a hacer cuentas. Fue divertido, pero ocioso, porque el Rafa de sesenta y cinco jamás dio su brazo a torcer. Las cuentas fueron: si hace cincuenta años salimos de prepa, él tenía quince años, así que entró de doce a la prepa, lo que significó que tenía nueve años cuando entró a la secundaria. No, las cuentas no dieron, jamás darán, pero Rafa nos quedó viendo desde su edad de sesenta y cinco años de edad. Uno dijo que le llegó el momento de reversa, mami, donde, en lugar de sumar años hay resta. Lo quedamos viendo y dijimos que cuando sea el festejo de los sesenta años de egresados él tendrá cincuenta y cinco de edad y nosotros setenta y más.
Traté de vernos a la distancia, de reconocernos después de cincuenta años, porque cuando alguien entraba por la puerta, no faltaba el que preguntaba: ¿quién es?, o cuando vimos la fotografía de 1974 algunos no lograron identificar bien a un compañero, fue necesario que Carlos viera la foto y señalara dónde estaba para que el otro aceptara que él era; hubo un compañero que me señaló en la foto de hace cincuenta años y aseguró que yo era Ranol, ¡no, hombre, dije, este soy soy!
Nos miré diferentes, pero iguales. Hubo risas, recuerdos, recuentos. Unos viajaron desde la Ciudad de México, desde la capital de Chiapas, desde otros lugares. Un día antes saludé a José Luis en el mercado primero de mayo y le pregunté, ingenuamente, que si nos veríamos el 28, él sonrió y me dijo: “para eso vine”. Llegamos para eso, para reunirnos, para volver a abrazarnos, para, como dijeron Verónica y Daladier, celebrar que seguimos vivos, cincuenta años después de egresar, ¡regresamos!
Posdata: en un momento de su mensaje, Daladier nos recordó que no podemos ir a comprar diez pesos de vida. No, por eso fue importante que en los cincuenta de concluir el bachillerato, nos reuniéramos para obtener un cien de calificación. Qué buen festejo, qué alegre, que guateque tan sabroso. Celebramos esa cinta que nos unió: fuimos compañeros de aula durante tres años en el edificio donde hoy está el Centro Cultural Rosario Castellanos, de 1971 a 1974.
¡Tzatz Comitán!
CARTA A MARIANA, CON UN PRIMER DÍA
Querida Mariana: ¿un primer día? En nuestra cultura occidental consideramos como primer día el uno de enero de cada año. A partir de ese primer día contamos 364 hacia adelante o 365 si es año bisiesto. A la cuenta agregamos días hasta llegar al final de meta y comenzamos de nuevo. Todo es un recuento.
Nuestro paisano, el escultor Luis Aguilar Castañeda cerró el 2024 con un libro que presenta su vida y obra, todo contado por él, más el agregado de testimonios de amigos intelectuales, poetas y artistas.
Su libro se titula: “Repaso vital”, y con esas dos palabras sintetiza el camino que ha seguido durante los años de su vida, desde el primer día del primer año de vida hasta el primer día de 2025, donde habrá de comenzar una nueva cuenta.
El libro es una edición muy bella, de Editorial EntreTejas. Se puede conseguir en el domicilio de dicha editorial en el pueblo de Luis, el escultor, y de Luis Armando, el editor.
¿Primer día? Sí, por supuesto. En la vida de todos los artistas y todas las artistas hay también un primer día que define las vocaciones. En este libro, Luis coloca piedrecitas, a manera de señales, para que los lectores y lectoras sigamos las huellas y descubramos el primer día donde todo se definió. Pero ese inicio ha tenido, como en un rosario, muchas más cuentas, cuentas de recomienzo.
Luis, me ha contado, cada vez que despierta hace un ritual al tomar un vaso de agua, todo es como si fuera el primer día de la primera era, como si estuviera en el interior de una cueva de Altamira. Por ello, decidí que mi último día del 2024 iniciara leyendo su libro “Repaso Vital”, porque pensé que yo también tengo mi ritual para bendecir el día, para bendecir la vida. Después de darle una vuelta a su libro, ahora inicio el primer día del 2025 con el sabor de un libro entre las manos, con esencias de metales, de piedras, de cera, de bronce; con esencias de los vacíos que Luis construye en sus obras escultóricas.
Inicio el primer día tomando un vaso lleno de arte. Su repaso vital me ha permitido dar un recorrido por el camino que sus manos, cerebro, corazón y espíritu han formado. En el prólogo, Mario Uvence Rojas dice: “…la imagen otrora de la tierra de alfareros no sería la misma sin Luis”. Cuánta razón tiene Mario, Luis ha modificado, para bien, la traza de Comitán, nuestra mirada se llena con sus bronces, que en sus manos son materia etérea. Por eso quise que mi ablución primera fuera beberme un vaso con su “Repaso vital”, porque el primer día fue antecedido por el último día del otro año, época que exige un repaso a lo hecho y a lo ignorado, este repaso no es más que la síntesis de la vida. Esto fue lo que hizo Luis al escribir su libro: regresar a sus primeros días y apilarlos para ver la obra que ha hecho, lo que ha entregado, lo que aún está por hacer.
Me bebí su libro como un conjuro feliz, como una manera de invocar esencias luminosas para todos los días que, como olas indecibles, van a dar a la playa donde refrescan las arenillas del espíritu. El libro de Luis invita a lectores y lectoras a hacer lo propio: un recuento de lo vivido y de lo que está por llegar.
Posdata: su libro es un recordatorio a las autoridades gubernamentales. Les dice, sin decirlo, que hace falta hacer un repaso por su obra instalada en Comitán y dignificarla, porque muchas piezas están en el olvido. Él mismo ha dicho en reiteradas ocasiones que la obra que está en un extremo del Bulevar de La Federación no ha tenido el mantenimiento mínimo y en cualquier momento puede derrumbarse, con consecuencias trágicas.
Cuando Luis venga al pueblo lo invitaré a tomar un vaso de atol de granillo en el mercado primero de mayo y le preguntaré el porqué de la omisión del nombre del colegio donde estudió su educación secundaria (que es el Colegio Mariano N. Ruiz), digo esto porque en su libro él escribió: “mis estudios de primaria transcurrieron en la escuela “Fray Matías de Córdova”, la recuerdo con cariño (…) el tiempo corre y llega la época de la secundaria, con una edad entre 12 y 15 años. La escuela estaba frente a un parque lleno de árboles y de recuerdos. Mi fuerte era el dibujo técnico y después el modelado…”. Así, sin hacer mención del nombre, como si su memoria hiciera una escultura en el aire.
¡Tzatz Comitán!
lunes, 30 de diciembre de 2024
CARTA A MARIANA, CON EL COMITECO QUE ESTUVO EN LA CASA BLANCA
Querida Mariana: el 30 de diciembre 2024 apareció en todas las portadas de los periódicos del mundo la noticia: Murió Jimmy Carter, el expresidente más longevo de los Estados Unidos de Norteamérica.
Jimmy Carter ocupó la presidencia en el periodo de 1977 a 1981 y la historia reconoce dos hechos relevantes: nunca involucró a USA en una guerra (lo que le valió el Nobel de La Paz) y devolvió a Panamá la soberanía del Canal.
El licenciado Jorge De la Vega Domínguez, nuestro paisano, estuvo una mañana en la Casa Blanca al lado de Jimmy Carter.
Juan Carlos Gómez Aranda, gran amigo del licenciado De la Vega escribió lo siguiente en su muro de redes sociales:
“Falleció Jimmy Carter, expresidente de Estados Unidos y premio Nobel de la Paz.
En esta fotografía de los años 1970, que corresponde a un almuerzo que ofreció en la Casa Blanca a una delegación mexicana, conversa con el licenciado Jorge De la Vega Domínguez, político comiteco quien fue gobernador de Chiapas, director de la Conasupo, diputado por Comitán, secretario de Comercio, presidente nacional del PRI, embajador de México en Canadá y también ocupó otros cargos de relevancia nacional”.
Roberto De la Vega, sobrino del licenciado Jorge, comentó que la fotografía corresponde al año 1979.
Carter falleció el 29 de diciembre 2024. No hubo necesidad de entrar al Internet para encontrar la noticia, el propio licenciado Jorge, a las cinco de la tarde con veintiséis minutos, tuvo la gentileza de enviarme la fotografía que anexo con el siguiente comentario:
“Hoy falleció Jimmy Carter. Me ofreció una comida en La Casa Blanca. Grato recuerdo. Hoy falleció quien me brindó su confianza: el presidente Jimmy Carter, a los cien años”.
Dije que todas las portadas de periódicos del mundo consignaron el hecho. Nosotros podemos consignar que un paisano destacado estuvo en 1979 en la Casa Blanca y comió con él. Sabemos que los mandatarios tienen encuentros, pero el licenciado Jorge comió con el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica sin ser presidente de nuestro país (poco le faltó para alcanzar la gloria y que Comitán tuviera a su primer hijo en tal posición). Pucha, qué privilegio.
Recientemente otra comiteca, Patricia Armendáriz Guerra, estuvo en la Casa Blanca, acompañó al presidente López Obrador en una cena que les ofreció el presidente Donald Trump.
Yo, igual que muchos comitecos, en los años setenta estuve en La Casa Blanca, pero de Comitán. Ese restaurante cambió su nombre y actualmente es La Casa Rosada. En el pueblo no consignamos estas semejanzas que impactarían al mundo: la Casa Blanca (USA) se convirtió en la Casa Rosada (Argentina).
Posdata: el licenciado Jorge De la Vega Domínguez estuvo al lado del recordado Jimmy Carter, quien fue un gran lector, un gran defensor de los Derechos Humanos; sin duda que fue un tipazo. Descanse en paz. En cuanto recibí el mensaje del licenciado Jorge le envié mi abrazo respetuoso.
¡Tzatz Comitán!
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