martes, 25 de agosto de 2026

CARTA A MARIANA, CON LA PRESENCIA DE ALEXA

Querida Mariana: cada época tiene sus palabras favoritas. Algunas se convierten en moda y pasado un tiempo caen en el olvido. Otras son permanentes. En algún momento apareció la palabra “chido”, término que alude a algo bueno, algo “lek”. La palabra sigue vigente, pero los jóvenes de hoy no la adoptaron, los chicos de hoy dicen que algo está “cool” o “épico”. Quién sabe qué palabra se usará en el futuro. Muchos aseguran que el futuro ya nos alcanzó. Los avances tecnológicos nos aportan nuevas palabras, términos que se incorporan a nuestro diccionario de todos los días. Ahora tenemos un personaje que tiene nombre, pero es un robot, que está en muchos lugares, todos los días. Tiene un nombre femenino, sabe casi todo. Se llama Alexa, al menos en esta parte del mundo. En casa (igual que en la tuya, igual que en la oficina de Arenilla) una mañana apareció Alexa. Mi Paty la adquirió especialmente para mi mamá, para que escuchara “Radio Felicidad”, en el refrigerador anotamos, con letra grande, qué debía decir mi mamá: “Alexa, Radio Felicidad”, “Alexa, apágate”, y mi mamá, mientras preparaba los alimentos diarios escuchaba música y era feliz, a veces yo llegaba y me ponía a bailar frente a ella y ella sonreía. Cuando mi mamacita falleció, acabó Radio Felicidad, mi Paty tomó el aparato y desde entonces escucho: “Alexa, pon música de Keshi”, la Alexa habla, lanza su rollo invitando a suscribirse por una módica mensualidad. Mi Paty siempre grita: ¡no!, y solicita que la Alexa cumpla la orden, porque esto es: orden. Alexa pone música de Keshi y canciones similares y mi Paty sosiega. A veces pregunta: “Alexa, ¿qué hora es?”, Alexa responde. Paty insiste: “Alexa, pon alarma para mañana a las siete” y Alexa dice que la alarma está puesta para las siete de la mañana. Alexa es parte ya de nuestro diario vivir. Mucha gente ya posee Alexa con IA, lo que es mucho más ventajoso que la que tenemos en casa. Sólo que el agregado de IA tiene un costo. Una amiga me cuenta que la Alexa con IA permite aprender inglés, porque se puede conversar con ella en tiempo real, como si la chica estuviera ahí, tomándose un café en la sala. Y digo esto, porque la tal Alexa se ha vuelto algo que tiene una presencia que, al menos a mí, me da cierto repeluzno. Hay gente que ya habla con un personaje de IA, que lo bautiza y que se ha convertido en algo más presente que cualquier familiar, que cualquier amistad. Los seres humanos de este tiempo conversan y confían más en una máquina parlante que en una mente humana. No nos hemos dado cuenta de lo que eso significa. Un día los televisores llegaron a las casas, fueron recibidos con honores, no sabíamos el poder que esos aparatos tendrían en nuestro diario comportamiento. La tele se volvió parte integral del hogar, la gente, en la sobremesa, platicaba de lo que la televisión transmitía. Años después llegaron los teléfonos celulares y todo mundo los deseó, los obtuvo y ahora los disfruta. Los celulares nos acercan al mundo y éste lo tenemos en la palma de la mano, ¿quién nos tiene en la palma de su mano? ¿Quién es el gran poderoso? Alexa llegó a la casa y le dimos la bienvenida, mi Paty lo adquirió para mi mamá (Dios siempre bendiga a ambas) y ahora se pelea con Alexa, le dicta órdenes, la máquina de pronto entra en un laberinto, porque la orden es confusa y Paty se enoja, dice que Alexa es tonta. Nada digo. A veces, mi Paty ya no diferencia entre Alexa y Álex, a veces me habla como si fuera yo esa máquina: “Álex, tal cosa”, con el tono imperativo que emplea con la máquina, no sé si a algún mortal casado le sucede lo mismo con su esposa, que le hablen en el tono con que le hablan a la Alexa. Mi Paty espera que yo responda como la máquina, olvida que soy un pobre mortal, un pichito que no tiene la capacidad de actuar al instante. Mis tiempos son los del escritor que si la palabra no aparece sabe que pasará tiempo pero llegará. Esos son mis tiempos, muy diferentes a los de respuestas instantáneas y sabihondas de Alexa. Posdata: Alexa llegó y sé que pronto habrá otro chunche que lo superará y mi Paty lo comprará. Yo no hablo con Alexa, me resisto. Si quiero saber la hora veo el celular, si necesito una alarma acciono el reloj del celular, si tengo alguna duda pregunto con la IA del celular. Todo lo hago con el celular. Pero me resisto a hablar con la IA, todo lo hago por escrito. En el celular veo películas y también ahí leo los libros digitales. Dios mío, qué dependencia de ese chunche mínimo, pero me resisto a hablar, todo lo hago con palabras escritas, pienso que no debo modificar mi vocación de escritor, aún en estos tiempos. ¡Tzatz Comitán!