miércoles, 26 de agosto de 2026
CARTA A MARIANA, CON NUESTRO DÍA
Querida Mariana: también en México. Argentina decretó que el 24 de agosto se celebra el DÍA DE LA LECTORA Y DEL LECTOR. En México también. Recibí tu mensaje donde me dijiste que dedicarías dos o tres horas del día a celebrar nuestro día, con una buena lectura. Fijate que un día después (parece título de película) recibí un presente enviado por mi amigo Israel, dos libros maravillosos: “Stories from Bucharest” y “A signorelli anthology”, honraré la amistad y el amor a la lectura dándole a los dos libros. Como no parlo inglés ni italiano, ahora me auxilio de la IA, tomo una foto de la página y me la traduce, así tengo un acercamiento a lo que los autores redactaron.
Vos y yo hemos coincidido en decir que todo mundo es lector, porque no sólo se leen libros, también se lee lo que la vida nos presenta frente a la mirada. Cuando estamos ante el mar, cada persona tiene una mirada diferente, lo mismo sucede cuando estamos frente a una obra de arte; es decir, somos lectores únicos. Así, cuando abrimos un libro leemos en forma especial. Nadie lee lo mismo que el otro.
Vos y yo celebramos el 24 de agosto, porque desde muy temprana edad nos convertimos en lectores de libros, sólo impresos en ese momento, ahora también leemos libros electrónicos. El mundo lo tenemos más cerca.
Los que saben dicen que Argentina decretó como día del lector y día de la lectora el 24 de agosto, porque ese día nació el escritor Jorge Luis Borges, gran lector. Como sabés, Borges se quedó completamente ciego en un momento de su vida. ¿Qué leía? ¿Se puede decir que leía a través del sentido del oído? Porque él, al conversar, seguía siendo un gran lector del mundo. Además, pienso, su amada le leía libros y él, sentado en un taburete, con las manos sobre la empuñadura del bastón, escuchaba atentamente. Ah, qué ironía de la vida, ¿cómo un gran lector perdió la vista? Tal vez por eso, Mario Vargas Llosa dijo en una entrevista que su mayor temor era quedarse ciego. ¡Dios libre!
Vos y yo fuimos lectores desde niños, lo seguimos siendo, porque nuestras pasiones lectoras confirman lo que Borges dijo una vez: la lectura es una de las formas de la felicidad. Me encanta la frase, porque no se abroga el derecho de que sea la única forma de la felicidad, ¡no!, cada persona encuentra su propio placer, hay gente que es feliz en la tertulia, otras personas son felices en el juego de básquetbol o fútbol, los hay quienes dedican su vida a escalar montañas, hay otros que son felices en los gabinetes universitarios de investigación. Conozco a varios amigos que encuentran la felicidad en la comida, ah, cómo disfrutan la tragadera, para ellos, exquisitos gourmets, la comida es la forma más completa de la felicidad. Y hay gente, como nosotros, que celebran el más generoso alimento espiritual: la lectura de libros.
Nosotros hemos sido felices por siempre. Tengo cara de piedra, pero en mi interior siempre estoy con el rostro espiritual sonriente, porque los libros me acompañan en forma permanente. Hubo un tiempo en que despertaba y prendía un cigarro y al acostarme fumaba el último del día. Una buena mañana mandé a la chingada ese vicio estúpido. Hoy despierto y leo y leo al acostarme. Claro, igual que vos, en el transcurso del día busco la forma de robarle algunos minutos a lo urgente, me siento en la silla que a mi mamita le gustaba usar y leo, leo. Ah, si pudieras ver mi alma, rebosa de alegría. Sé que lo mismo te sucede a vos. A veces, alguien se pregunta: ¿cómo es posible que haya gente que no lee? Ah, pucha. Ya dije que cada persona encuentra la forma de su felicidad. Hay personas que son felices viendo series en las pantallas, yendo a las salas cinematográficas, asistiendo a encuentros deportivos, surfeando, echando cerveza y botana, visitando lupanares, esquiando en montañas nevadas, sacando a pasear a sus perritos, botándose en una hamaca. Nosotros somos felices leyendo, somos lectores felices, por eso, siempre que podemos invitamos a la juventud para que se acerquen a la lectura, ¿qué tal que también encuentran un camino de la felicidad, como nosotros lo hemos encontrado?
Una vez un amigo me dijo que no tenía paga para comprar libros. ¡No comprés!, le dije, para eso hay bibliotecas públicas, acá en la biblioteca del pueblo ofrecen credenciales que permiten sacar ejemplares y llevarlos a casa, para leerlos. Ah, es una gran facilidad. La biblioteca del pueblo tiene un muy buen acervo de literatura. Con un libro que atrape el interés se logra el milagro de hacer un gran lector o lectora.
Posdata: me encanta que haya un día en especial para celebrar esta pasión, qué bueno que los argentinos decidieron conmemorar un día para festejar al lector y a la lectora. Es bueno que el mundo reconozca que hay seres maravillosos que se llaman lectores, que toman un libro y caminan por sendas donde lo cotidiano no tiene cabida. Tantos mundos ante la mirada, los libros son el pan para la mesa, el conjuro contra las tinieblas, el equilibrio ante el vacío.
Feliz día del lector y de la lectora, porque nosotros lo celebramos cada día, a cada hora, a la hora que ladra el chucho de la cuadra y relincha el caballo en la hacienda.
¡Tzatz Comitán!
