martes, 20 de octubre de 2026
PARA BEBER EN EL VASO ROTO
A veces divido el mundo en dos. Ayer lo dividí en: mujeres que reciclan novios y mujeres que no levantan la chancla que tiraron.
La mujer que recicla novios es un poquito indigna y un mucho olvidadiza. ¿Cuál fue la causa que la llevó a romper una relación? Por lo regular ella tiene memoria pichancha, no recuerda la grieta donde puso el pie y se fracturó. Ahí va otra vez, como si fuera la primera vez. La novedad que halló y fue el deslumbre vuelve a aparecer. ¿De verdad no se da cuenta que es la misma persona, que es el tipo que primero fue un deleite y luego se volvió un pastel de caca? Ahí va de nuevo. Los psicólogos no logran entender esos comportamientos, donde los rostros toman máscaras que disfrazan los verdaderos. Dicen, dicen, que el demonio tiene muchas formas de revelarse. Parece que cuando toma otra figura en el cuerpo del que fue una bestia es la peor de las formas donde el demonio se transfigura de mejor manera.
La mujer recicla novios es como ciega, pero con una mirada deslumbrante, porque ve el cielo y descubre novas y supernovas, ve estrellas que se asemejan a ramos de luz infinita. La mujer recicla novios es tonta, porque, sólo una tonta, Sabines dixit, puede morirse tantas veces en el mismo desván castrado.
La mujer recicla novios no escucha consejos, andando en la borrachera. Es una ebria de amor, de pasión, de pirámides ocultas, de trebejos que huelen bien, aunque provengan de los basureros más infectos. Zorrita, le dicen sus amigas en voz baja, pero ella se cree pavorreal porque está del brazo de quien ve como un actor de cine, como un hombre caballeroso, como un corazón lleno de rojos inmensos. Como ser prehispánico confunde el oro con las cuentas de vidrios llenos de color. Su novio reciclado debería estar en el basurero del fin del mundo, sin embargo, ella, amorosa, cándida, confiada, lo convierte, por instantes, en una artesanía que muestra al universo, satisfecha, dichosa. Pobre. La mujer recicla novios causa encono, coraje, todo mundo le advierte que está enredada, de nuevo, qué boba, en medio de un cactus de alambre de púas. Ella no lo ve, ella, hasta que se queme en el infierno de siempre, advertirá que la lejanía es la mejor receta del mundo. ¿Qué espera? Parecería que ella se piensa Madre Teresa y debe dar hasta que duela, el problema es que el dolor luego puede ser la inflamación que la conduzca al cadalso, al hueco misterioso, al pantano lleno de mierda.
A veces divido el mundo en dos. Mañana lo dividiré en: mujeres que se apartan de los cisnes y mujeres que reclaman la lentitud de las tortugas.
