sábado, 28 de marzo de 2026
CARTA A MARIANA, CON BARRIOS
Querida Mariana: no podemos negar de qué estamos hechos. En Comitán, hasta el más agnóstico, el más ateo, vive o camina por barrios que tienen nombres de santos católicos.
Te cuento, yo crecí (lo sabés) a media cuadra del parque central (mi parque). Todo mundo dice que es el centro, pero, al ladito, apenas a cuadra y media, comienza el barrio de El Calvario.
Llama la atención que siendo Santo Domingo el santo patrono del pueblo no exista un barrio que así se llame.
Digo que viví en el centro, muy cerca de El Calvario; luego me tocó ir a vivir a una casa en el barrio de Guadalupe, que todo mundo reconoce se llama así porque por ahí está el templo dedicado a la virgen de Guadalupe.
Por circunstancias de la vida he vivido, temporalmente, en otras casas, una que rentaban mis suegros y que está en el barrio de San José; también, cuando mandé a hacer una ligera remodelación a la casa donde ahora vivimos mi Paty y yo, el maestro Huguito me prestó una casa que está al lado de las instalaciones de la primaria del Colegio Mariano N. Ruiz, en el barrio de San Sebastián.
Tengo varios amigos que son cristianos y varios que son agnósticos, y sin embargo mencionan los barrios con nombres de vírgenes o santos. Ni los evangélicos ni los ateos creen en la existencia de santos o vírgenes, pero ¿qué le pueden hacer si Comitán tiene herencia española? La cultura española nos injertó, además del precioso lenguaje castellano, la religión católica, religión que profesan millones de personas en este país, cada vez tiene menos adeptos, pero ahí sigue.
Hemos comentado en ocasiones anteriores que el Estado (en su chamba) ha procurado limitar la influencia de la iglesia católica, pero no lo ha logrado, porque, sólo como un ejemplo, el parque Libertad, nadie lo conoce con tal nombre oficial, todo mundo le dice parque de Guadalupe, ya que está al lado del templo dedicado a la virgen. El Estado, también, en estos últimos tiempos ha procurado descolonizar nuestra cultura. ¡Dios mío! ¿Cómo borrás tu pasado? No hemos comprendido (bueno, muchos sí, afortunadamente) que el México de hoy es producto de un mestizaje. Basta decir que la mayoría de mexicanos hablamos el castellano y ninguna de las lenguas originarias. Ya te conté que Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura, mencionó que el castellano es el idioma que le dio unidad a América, con razón dijo que cuando estás en Europa más vale quedarte mudo a menos que seás políglota, porque pasás de un país a otro donde hay un idioma diferente, en cambio, en América viajás de México hasta Argentina y entendés perfectamente lo que hablan en otros países, porque hablan español (salvo en Brasil, donde hablan la lengua de Saramago, el portugués).
Debe ser que a mis compas agnósticos no les produce mayor escozor pronunciar esos nombres, pero debe ser una mala jugada de la vida que alguien de ellos tenga que decir que vive en el barrio de Guadalupe, tal vez a la hora de pronunciarlo piensan en otra Guadalupe, la tía Lupe, la de las tortas.
Asimismo, pienso ahora, que las ateas no piensan mucho en que sus nombres están sacados del santoral, que mi amiga Rosa, la gran agnóstica, no sabe que su nombre corresponde al de Santa Rosa de Lima y que cuando bebe su traguito al celebrar su santo, lo está haciendo el día que se celebra a la santa. ¡Qué cosas!, ¿no?
Millones y millones de mexicanos llevan nombres de santos católicos. Cuando los mexicas llegaron a estas tierras le llamaron Comitlán; cuando los españoles llegaron le cambiaron tantito el nombre, ¡faltaba más!, y le llamaron Santa María de Comitán. Hoy, nuestro pueblo se llama Comitán de Domínguez, porque el gobierno quiso eliminar toda rémora de la evangelización y poner en el altar de la patria a los políticos. Decenas de comunidades les cambiaron el nombre. Recuerdo una comunidad a la que iba de niño: San Francisco, que ahora se llama Abelardo L. Rodríguez.
Posdata: los agnósticos nombran a sus hijos con nombres que no se relacionen con el santoral católico. Hace poco estuvo en las noticias el nombre de un funcionario de la Secretaría de Educación, a nivel federal, que se llama Marx. Sin duda que su papá fue amante del socialismo. Tengo un amigo que bautizó a su hijo con el nombre de Lenin. Nombres que vienen de la Rusia comunista.
Ahora vivo en el barrio de Guadalupe. Para ir al barrio de El Calvario camino por el parque de Guadalupe, paso frente al templo de Guadalupe, que, en la temporada de diciembre, se llena de antorcheros que vienen de diferentes lugares del estado de Chiapas. Son legiones de seguidores de la virgen. En un país donde se idolatra a Benito Juárez, quien hizo la Reforma que separó al Estado de la Iglesia, cientos de manifestaciones religiosas se realizan fuera de los templos.
Es imposible que no convivamos con herencias recibidas. Vivimos en una sociedad donde conviven los agnósticos con los creyentes religiosos. ¿Y luego? Debemos ejercer la tolerancia, respetar el pensamiento y la ideología del otro.
¡Tzatz Comitán!
