lunes, 30 de marzo de 2026
CARTA A MARIANA, CON EL MERO MODO COMITECO
Querida Mariana: los viejos reconocemos que nuestro dialecto comiteco es único, es un elemento fundamental de nuestra identidad. En la medida que lo olvidan los chicos y chicas de estos tiempos perdemos nuestra forma de ser, lo que nos da personalidad.
Una mañana que saludé a Olivia Bonifaz, en una de las calles de Dios, le dije que apreciaba lo que hace por dar a conocer las investigaciones de su papá Óscar. Los dos grandes aportes del maestro son la preservación de dos elementos de identidad de nuestro pueblo: nuestras palabras y la anécdota.
Olivia va a escuelas y comparte con los estudiantes palabras que su papá se encargó de preservar en un libro. Lo que hizo Bonifaz fue poner en un frasquito esas mariposas y Olivia, cada vez que difunde la obra de su papá, abre el pomo y las echa a volar. Es tarea de nuestra sociedad seguir abonando ese terreno lingüístico, porque nos hace únicos. Si un día Comitán perdiera esas piedritas dejaríamos de ser nosotros, nuestro rostro se igualaría a los demás rostros del mundo.
Rosario Castellanos, nuestra amada pichita, siempre se asumió comiteca y esta identidad la respaldó con sus palabras. Según los expertos, Rosario tuvo también dos líneas fundamentales en su creación: el mundo indígena chiapaneco y el tema de los derechos de la mujer. A esto, los comitecos debemos agregar, su compromiso con el lenguaje de esta tierra.
Rosario es, hasta hoy, la comiteca que más ha aportado al conocimiento de nuestra tierra en el mundo. Lo hemos dicho, más que otras presencias destacadas nacidas en Comitán, Rosario puso en el cielo las nueve estrellas para que todo mundo las admire. Ningún otro personaje puso en boca de miles de personas el nombre de Comitán, a través de “Balún Canán”. Nuestro pueblo es conocido en muchas partes del mundo gracias a su talento narrativo. A veces es bueno hacer un ejercicio de comparación. Perdón. ¿Quién conoce a Belisario Domínguez en Japón? Sólo en esferas oficiales, tal vez; en cambio Rosario Castellanos es mencionada por cientos de lectores japoneses, gracias a la traducción de su novela “Balún Canán”. Ya que mencioné a Olivia, ella tiene en la biblioteca de su casa un ejemplar de la novela de Rosario traducida al japonés. Digo esto, porque el otro día leí una carta poco conocida que Rosario le envió a su papá, Don César Castellanos. Ella le escribió desde su casa en la Ciudad de México, Don César andaba en Comitán, tal vez revisando lo de sus haciendas. En la carta, Rosario le pide a Lolita Albores, nuestra amada cronista, que vea si es conveniente que la carta llegue a manos de su papá, porque ahí, Rosario le cuenta al papá la condición de salud de su mamá, le dice que la mancha que había aparecido en una radiografía anterior se ha hecho más grande, que el cáncer de pulmón que padece la mamá es irreversible. Y Rosario dice que sabe que la noticia puede ser dañina a la salud del papá, porque éste padece del corazón, pero se atreve a darla porque no considera honesto que Don César ignore el estado de salud de Doña Adriana.
La carta está llena de estas intimidades, unidas a las cosas cotidianas, las pedestres. Llamó mi atención que Rosario le cuenta a su papá lo siguiente: “La calle sigue en un ser. No han hecho nada y como ya te contaba en cartas anteriores es un polvo muy molesto”. La carta está fechada el 10 de diciembre de 1947. Nos enteramos que la calle de la casa está sin arreglo, lo que hace que sea una polvareda de Dios padre. Pero, ¿ya viste cómo lo dijo Rosario? Dijo: “la calle sigue en un ser”, nadie que no fuera de esta tierra hubiese utilizado dicha frase. Los comitecos de entonces la usaban con asiduidad y todo mundo lo reconocía. Por ejemplo, si alguien estaba enfermo y no manifestaba mejoría se decía de él: “está en un ser”. La palabra ser se emplea como sinónimo de inerte, de que nada ha cambiado. “En su ser”; es decir, sin cambio alguno. Acá Rosario lo utilizó para decir que las autoridades nada le habían hecho a la calle y seguía sin arreglo, lo que causaba una gran polvareda. Vemos que la palabra se emplea para objetos y para personas.
Según el diccionario, “ser” es cualquier criatura viviente, por eso hablamos de los seres humanos; y también se aplica al estado de existir, de ser. El gran William Shakespeare dijo pues: “ser o no ser” y es tan famosa la frase que la sabemos en inglés aunque no sepamos inglés: “to be or not to be”. Resulta que en Comitán la usamos para decir que nada ha cambiado, que todo sigue “en su ser”. Rosario la empleó en la carta que dirigió a su papá, sabiendo que ambos hablaban el mismo dialecto.
Posdata: la mamá estaba enferma en diciembre del 47, falleció el uno de enero del 48 y el papá murió, precisamente de un paro cardiaco, veinte días después. Uf. ¿Tremendo impacto para Rosario? Pues sí, pero también ello le permitió hacer su vida en forma independiente, le permitió ser.
¡Tzatz Comitán!
