viernes, 7 de febrero de 2025
CARTA A MARIANA, A MANERA DE DIARIO
Querida Mariana: no siempre, sólo a veces, me llega la gana de escribir un diario. He escrito algunas entradas. Los creadores literarios saben que es un buen ejercicio, como las lagartijas que, a diario, hacen los deportistas. El músculo de la creatividad se pone en acción.
Claro, los diarios son íntimos. No puede hacerse público lo que corresponde al terreno de la confidencia. Aunque soy escaso, huraño, diríamos, durante el día saludo a mucha gente, en esos saludos hay intercambio de temas y unos, ¡bendito Dios! son como guiones de verdaderas telenovelas. Muchos escritores no ponen los nombres verdaderos en los diarios, los disfrazan con pseudónimos o con simples letras. Ellos sí saben las identidades verdaderas de quienes aparecen con una simple equis o una indeterminada ye.
Pero a vos sí puedo contarte qué me pasó ayer, estaba en la oficina (estamos en la última revisión de la revista correspondiente al bimestre febrero-marzo, que tiene un contenido sensacional) cuando recibí la llamada del poeta Uberto Santos, hijo predilecto de Laja Tendida. Después de los saludos de rigor me contó que tiene un nuevo libro,un maravilloso libro, libro rechoncho (con más de cuatrocientas páginas), que reúne toda su obra poética. ¡Genial! Es de la Editorial Tifón y es bajo pedido. Muy bien. También me dijo que está preparando otro libro, un libro con poemas suyos que redacta con letra manuscrita. Me contó que en la escuela primaria participó en un concurso de caligrafía y obtuvo el primer lugar. Le dije que un día él me obsequió una carpeta con poemas escritos con su propia mano, lo conservo como un tesoro. Él dijo que no recordaba que me lo hubiera regalado. Pucha, le dije, no te lo robé. Reímos. Nos despedimos. Seguí con el trabajo de revisión.
Dos o tres minutos después recibí otra llamada, de un número que no tenía registrado. Por lo regular no respondo a llamadas de números desconocidos, pero contesté, porque venía precedido por la lada de Comitán (963).
“Alejandro, ¿sabés quién soy?” Dios mío. No me gusta jugar a las adivinanzas, menos por teléfono. Permanecí en silencio, aguzando el oído, en intento de pepenar algún sonido que delatara el lugar de la llamada, pero ningún ruido asomó, entonces me aventuré a decir al hombre (voz gruesa, como de un cedro) que él abusaba de su poder, porque él tenía mi número telefónico y sabía mi nombre. Si quería platicar conmigo, le pedía que tuviera la gentileza de identificarse. En ese momento ya tenía como un ramo de ortiga en mi alma. Esperé. El tipo dijo que yo seguía siendo el pesadito de siempre, porque no era cierto lo que decía, ya tenía su número. Uf. Pensé que era un absurdo seguir con tal estupidez, me sentí agredido. Colgué. Minutos después me llegó un mensaje: “no te enojés soy Miguel, el Migue”. No respondí. Bloqueé el número. Un instante pensé en el Migue, pero supe que era caer en el juego de un tipo tóxico.
Posdata: te lo cuento a vos, porque sé que todo mundo cae ahora en bromas, desde unas que son juegos inocentes hasta otras que son muy pesadas. Seguiré con mi costumbre de ignorar números no registrados. Siempre se agradece un mensaje donde alguien se presenta antes por Whatsapp.
A veces escribo mi diario. Lo hago sólo para mí. El escultor Luis Aguilar me dijo que todos los días cambiamos. Es cierto. La bitácora diaria es testimonio de ello. Cambiamos, somos otros, nos transformamos. Además, el registro de lo vivido es un gran ejercicio literario.
¡Tzatz Comitán!
jueves, 6 de febrero de 2025
PEDAZOS DE TIEMPO
En casa se cayó una manecilla del reloj, quedó como un pajarito sobre la repisa de una ventana. Cuando nos dimos cuenta alguien preguntó si era la que marcaba la hora o el minutero. “El minutero”, respondió Alicia y explicó que en los relojes de pared el minutero estaba encima de la manecilla que marca las horas. Alfonso dejó de armar el rompecabezas, sostuvo una pieza y dijo: “qué bueno, nos hubiéramos quedado sin horas”.
Alicia prometió que se comunicaría con el relojero para hacer una cita y llevarle el reloj. Alfonso volvió a suspender su labor, puso sus manos sobre la mesa y dijo: “que sea una hora cerrada. Recordá que nos quedamos sin minutos”.
El reloj siguió caminando, la manecilla de las horas caminaba ignorando la ausencia de su compañera. Alicia comenzó a decir en voz alta la hora, viendo la posición de la manecilla entre un número y otro. “Son las once y media”, dijo y todos vimos el reloj, que tenía la manecilla a la mitad del once y del doce.
Elena, sentada, con las piernas dobladas en el sofá, vio el reloj y comprobó en su celular, que eran las once con treinta minutos.
Alicia entró a su recámara, al volver dijo que el relojero la esperaba a la una. Ramón trajo la escalera de tres peldaños y subió para descolgar el reloj, Alicia lo recibió, la manecilla fue de un lado a otro, como pez en una burbuja. Alfonso dijo que el minutero había adquirido un sonido atolondrado, cuando toda su vida había tenido un sonido marcial, de paso de soldado y le pidió a Alicia que fuera cuidadosa, que no zangoloteara el reloj.
Fue el momento donde Ramón sugirió que abriéramos el reloj y quitáramos la manecilla, dobló la escalera, la llevó a la bodega, de donde volvió tiempo después con la caja de herramientas.
Todos, como si hubiésemos estado de acuerdo en su sugerencia, hicimos un círculo alrededor de Ramón, lo vimos buscar un destornillador de cruz y quitar los tornillos que aseguraban la carátula transparente. Ramón se secó el sudor de la frente, secó su mano en el pantalón y como si manejara una bomba, con ambas manos jaló la carátula y se la pasó a Alicia, quien, con igual cuidado, la dejó en la esquina de la mesa del rompecabezas. Ramón quedó con el reloj sobre los muslos y le pidió a Alfonso que retirará la manecilla. Alfonso cumplió la encomienda, tomó el minutero con los dedos pulgar e índice y lo dio a Ana, quien lo dejó al lado de la carátula. Alfonso también se secó la frente y preguntó: “¿ya se dieron cuenta que la manecilla no necesita de la que marca los segundos?” Alfonso se sentó en su lugar, tomó una pieza e intentó acomodarla en un hueco grande y, con tono de viejo sabio concluyó: “nuestras vidas son pedazos de tiempo”.
Elena se paró, fue a la cocina por una galleta de jengibre, antes de empujar la puerta abatible, se volvió y le dijo a su tía Alicia: “apurate, ya te está comiendo el tiempo, son las doce, en punto”. Todos vimos el reloj sin carátula, en efecto, la manecilla solitaria apuntaba el número doce”.
“¿Y si intentamos colocarle la manecilla?”, preguntó Ramón, cuando Alicia ya se colocaba el sombrero y colocaba en la bolsa de yute la carátula, el reloj y la manecilla. Todos nos vimos.
Elena, con un tono de hiena traviesa, dijo: “no jueguen a ser dioses”. Alicia se colgó la bolsa al hombro, se despidió y dijo que volvería. Elena abrió y cerró los ojos como si fueran colibríes arrechos y dijo: “sí, volvé pronto, nos quedamos en una burbuja pausada”. Quisimos reír, pero una mueca apareció en nuestros rostros. Alicia cerró la puerta por fuera y tuvimos una sensación de vacío. “Ojalá vuelva pronto”, dijo Alfonso y colocó una ficha en su rompecabezas. “No os preocupéis, chavorrucos -dijo Elena, enseñando su celular- lo bueno que acá tenemos un repuesto digital”.
miércoles, 5 de febrero de 2025
CARTA A MARIANA, CON UN VASO DE AGUA
Querida Mariana: el 5 de febrero de 1950 el cielo comiteco fue más azul, inició el ciclo de un azul sublime, el azul que hoy distingue el uniforme de los estudiantes del Colegio Mariano N. Ruiz, que es un azul tan luminoso como los azules que pintó Van Gogh.
El padre Carlos, emulando a Martín Luther King, tuvo un sueño y, hombre de fe y de principios, el 5 de febrero de 1950 inició los cursos de su escuela primaria para varones, que bautizó con el nombre de Mariano N. Ruiz, en memoria del sabio maestro que le impartió clases en su escuela de Comitán.
En 2025, el Colegio Mariano N. Ruiz (que imparte los niveles de preescolar, primaria, secundaria, bachillerato y universidad) celebra con júbilo ¡setenta y cinco años de servir a la juventud de la patria!
Setenta y cinco años de ofrecer un vaso de agua al sediento de conocimiento, sediento de valores universales, sediento de conocer los misterios de la fe para apuntalar los pilares del espíritu.
Durante estos setenta y cinco años han pasado cientos y cientos de estudiantes en las aulas del colegio. El infinito se ha reunido para las rondas, para la solución de problemas matemáticos, para los juegos en comunidad. La campana ha sonado miles de veces convocando a las diosas del saber, a las diosas del arte.
La mayoría de estudiantes conserva gratos recuerdos de su colegio, cientos y cientos de Marianitos se sienten orgullosos de haber hecho convivencia en esos patios y en esos corredores; cientos y cientos de Marianitas, de igual manera, pepenaron esencias maravillosas.
Es imposible presentar el archivo de todos y todas, así como imposible nombrar a todos los maestros y maestras que ofrecieron el agua limpia de sus ríos para saciar la sed del sediento.
La mayoría de maestros y maestras que acompañaron al padre Carlos al inicio de este maravilloso viaje ya han fallecido. En fecha recentísima falleció el maestro Jorge Gordillo Mandujano, quien fue un ser especial para el desarrollo de la institución.
En el festejo de los setenta y cinco años destacan tres personalidades directivas: la presencia del Maestro José Hugo Campos Guillén, director general y representante legal de la Asociación Civil, quien, durante muchísimos años, ha tenido una entrega ejemplar para el desarrollo de la institución; la profesora María de Lourdes Aguilar García, directora del nivel preescolar; y profesora Verónica Solórzano Vera, quien recientemente fue nombrada como directora del nivel primaria. En sus almas y mentes están los senderos que ahora conducen a la estación del centenario.
El faro luminoso del Colegio Mariano N. Ruiz ha iluminado los caminos de cientos y cientos de chicos y chicas, miles de anécdotas forman el libro de su historia. En sus mentes existen jardines llenos de flores, de vuelo de pájaros, de sonidos sublimes, de colores perdurables. El azul Mariano ha sido un cielo, cielo tan prodigioso como el que pintó Van Gogh, pintor que supo que su camino era impresionista y que hoy pone rayos luminosos en las miradas de miles de espectadores. De igual manera, los estudiantes del Colegio Mariano N. Ruiz, en su práctica profesional imprimen, cada día, notas de excelencia.
En la celebración de los setenta y cinco años de vida, de fructífera vida, el Colegio Mariano N. Ruiz hace el pase de lista a cada uno de sus alumnos y alumnas. ¡Presente! es el grito que resuena en el espacio, ¡presente! la palabra que nombra el porvenir y remoja la nostalgia del pasado.
Honorable fundador del Colegio Mariano N. Ruiz, ¡presente! Maestros y maestras que llenaron sus manos de gis, ¡presentes! Padres y madres de familia que confiaron lo más preciado de ustedes a la institución, ¡presentes! Alumnos y alumnas que pasaron por sus aulas, ¡presentes! El aroma de la tierra los nutre, el espíritu del cielo los acompaña. Todos y todas, siempre, haciendo de lo ordinario algo ¡extraordinario!
Posdata: brindemos con un vaso de agua, con un vaso de agua bendita del Río Jordán, del Río de La Vida. ¡Felicidades por esos setenta y cinco años! ¡Vamos por los cien!
¡Tzatz Comitán!
martes, 4 de febrero de 2025
CARTA A MARIANA, CON LA PRESENCIA DE JORGE MANDUJANO
Querida Mariana: Jorge Mandujano es un gran escritor de Chiapas, experto en cine. Tengo el privilegio de contar con su amistad, desde hace ya varias cuadras. Cuando él se casó, su padrino fue el poeta Jaime Sabines, con quien mantuvo una amistad cercana. Esto lo digo para que mirés el entorno luminoso de mi amigo Jorge, quien redacta unas crónicas soberbias. Ahora tengo el gusto de compartir con vos la breve reflexión que redactó para celebrar el Centenario del Nacimiento de Rosario Castellanos. Va copia:
“PARA BRINDAR POR ROSARIO (el mero lek)
“Qué no hubiera dado por conocer personalmente a nuestra tan querida y muy recordada Rosario Castellanos. Creo que no somos pocos quienes, después de conocer su obra a cabalidad, nos hubiera encantado estrechar su mano en el parque de La Pila, sobre las gradas de San Caralampio, justo allí, en su adorada tierra, su Comitán, de donde partió y a donde volvió -acaso- tan sólo un par de veces.
O tal vez ser ese chico que la tomó de la mano cuando se fue la luz bajando las escalinatas que a diario recorría tras impartir su última clase, en el corazón de Ciudad Universitaria de la UNAM: “Sentí su mano tibia, de muchacho adolescente, e invoqué a los dioses porque nunca volviera la luz, para que ese joven -tal vez mi alumno- no se arrepintiera de haber osado tomar de la mano a una mujer tan fea como yo”, confesó alguna vez.
“Felizmente, nos quedamos con la rica tibieza de su obra que, sin duda alguna, presumimos orgullosos por el mundo. La vasta y maravillosa obra de una “mujer que supo latín…”
“Ojalá y pronto lleguen los festejos ruidosos, llenos de luz y de colores, por los cien años del nacimiento de esta inconmensurablemente bella mujer”.
Mi admirado Jorge Mandujano se agrega a la relación de personajes que han compartido breves líneas para honrar a Rosario Castellanos; ya compartí con vos el texto enviado por el profe Denis Solís Alvarado, presidente municipal de La Trinitaria, y el texto del licenciado Luis Ignacio Avendaño Bermúdez, presidente del Congreso del estado de Chiapas.
Jorge nos lleva al sendero de lo posible imposible, pero territorio del deseo de muchas personas, el de conocer a Rosario en persona. En Comitán, hasta hace poco tiempo, había personas que la conocieron, siendo niña y cuando ya fue famosa, pero el tiempo ya también las ha vuelto recuerdo y no tenemos más asidero que los testimonios que contaron y la posibilidad de acercarnos mediante la ficción. Jorge dice que le hubiera encantado estrechar la mano de Rosario, en el parque de La Pila, lugar donde ella colocó la escena famosa de su novela “Balún Canán”, la del indio que sube a la rueda de la fortuna.
Pero como tal deseo no se puede cumplir en el mundo real, Jorge nos dice que poseemos “la tibieza de su obra” y ahora, en medio de la celebración por el centenario de su nacimiento, todos podemos acercarnos a sus libros de poesía, de cuentos, de ensayos, de teatro y a sus novelas, porque ahí está ella, impidiendo que se vaya la luz.
Desde su tierra, Comitán, honramos la memoria de Rosario; se unen voces de personajes importantes en la historia contemporánea de Chiapas, lo hacen desde el lugar donde el viento es uno de los guardianes de este pueblo, pueblo donde la escritora pepenó esencias.
Acá queda el testimonio para el mundo. Paty Cajcam siempre insiste: la forma de honrar la memoria de escritores y escritoras es leyendo sus obras. Acá Jorge nos invita a refugiarnos en la tibieza de la creación de Rosario.
Posdata: nosotros hemos ido colocando ladrillo tras ladrillo, día tras día, porque el año tiene trescientos sesenta y cinco días y este año es Año de Rosario Castellanos Figueroa.
Gracias a Jorge Mandujano, por llevarnos a La Pila, de la mano de Rosario.
¡Tzatz Comitán!
lunes, 3 de febrero de 2025
CARTA A MARIANA, CON TAMALIZA
Querida Mariana: llegamos a la hora del baile. Mi Paty y yo fuimos al Festival del tamal. Alrededor de la fuente estaban las carpas de las vendedoras y un templete donde tocaba el grupo musical “La compañía”, integrado por tres artistas, dos chicos y una chica guapa, de buena voz.
Llegamos a la hora del guateque. Un grupo de personas bailaba sobre la carpeta de juncia verde. La música era contagiosa, invitaba a celebrar la vida, mover los pies, alzar los brazos, recibir la lluvia cálida del sol.
Mi Paty comenzó a buscar los tamales de cambray, a lo lejos vimos una lona que los anunciaba. Ay, mi prenda, ya acabaron. ¡Cómo! Apenas era la una de la tarde. Volaron, como si fueran palomas refrescándose en la fuente. Corrimos a comprar en el puesto de Lupita Albores, no se fueran a acabar los de verduras, los de rajas. Alcanzamos (en casa los probó mi mamá y dijo: están sabrosos. Ah, qué alegría. Que viva la Virgen de La Candelaria y la Virgen del Confeti y de La Juncia).
Seguimos caminando, viendo la oferta culinaria, saludando a los amigos y amigas (a Malena Jiménez, iniciadora del festival; a Karen Sánchez, directora de turismo, del ayuntamiento; y a Diego Greene, director de cultura municipal; muy pendientes del acto, que estaba resultando un gran éxito, gajo de tambor bien afinado).
En un puesto frente al templo de Santo Domingo saludé a Jorge Guillén quien llevaba un vaso de café en la mano. Me dijo: “oí, dónde queda Cajcam, te pregunto porque escucho que lo mencionás, y el café que estoy tomando es de ahí, está muy bueno”. Le dije dónde queda (rumbo a La Independencia) y expliqué que hablo de Cajcam, con frecuencia, porque ahí viven Roberto Carlos, Cielo y Paty, integrantes del grupo editorial Arenilla. Jorge estaba tomando café orgánico de Cajcam. ¡Me cayó el veinte! ¡Por supuesto! El café que tomaba es producido por Melissa y Alermo, quienes tienen un espléndido huerto en Cajcam (K’in Balam) donde trabajan productos orgánicos de excelente calidad.
Cuánta vida. Qué alegre el Festival del tamal. Bajo el cielo, que era una palmera azul, recordé una “bomba” que viene en uno de los discos malcriados de Doña Lolita Albores,
que dice así: “no hay que darse a las congojas / aunque nos traten muy mal. / No hay que aflojar el tamal / aunque se pudran las hojas”. ¡Bomba, bomba! Cotz con los marimberos, pero los marimbistas llegarían más tarde. A esa hora “La compañía” sembraba notas en las lajas y en la juncia y varias personas movían su cuerpecito, como acomodando las tripas para que cupieran los tamales de bola, los de hoja, los de chipilín, los de momón.
Vi rostros contentos, sonrisas de papel de china, oleajes de alegría, retumbando en el espíritu y en el corazón.
Llegamos a la hora en que el aire hacía una pausa, a la hora que el potro del sol saltaba por encima de todos los puentes. Llegamos con las manos vacías y regresamos con un itacate lleno de tamales. ¡Qué bendición! Maíz sagrado, olores llenos de fiesta.
Posdata: la tradición se vistió con hoja de maíz, vuelo de golondrina, de chinchibul. Buena iniciativa.
¡Tzatz Comitán!
domingo, 2 de febrero de 2025
CARTA A MARIANA, CON ENCUENTROS GENIALES
Querida Mariana: cada instante es sorprendente. Pero no siempre lo advertimos. Vos sabés, el diario trajín nos cubre la sensibilidad, pensamos que la rosa que vemos es la rosa de todos los días.
Digo que cada instante es sorprendente. Ayer, la vida me tomó de la mano y me llevó a una cascada de pétalos. Te cuento, entré al museo Rosario Castellanos. Una mujer me recibió, dio la información que pedía, hizo una pausa, me vio con atención desmedida y soltó: “sos Molinari, ¿verdad?” Conmovido dije sí. Ella sonrió y, como si abriera una ventana, dijo: “soy Coco, trabajé en la Proveedora Cultural”.
La vi con la misma atención que ella había dispuesto al verme y su rostro apareció en mi memoria disminuida. Claro. Por supuesto. Y Coco, María del Socorro Argüello Figueroa, me contó que trabajó en la Proveedora Cultural, de Don Rami Ruiz; dijo que estuvo allí de 1968 a 1972. Yo llegaba a comprar “cuentos” (las revistas de monitos). Sí, me acuerdo, dijo Coco, “eras gordito, panzoncito”, mostré mi panza y dije que sigo honrando esos tiempos. Ella estudió su primaria y al término comenzó a trabajar, porque en su casa eran muchos hermanos, no alcanzaba la paga del papá (Don Antonio Argüello Hernández, quien fue empleado de Don Ramiro De la Vega) ni la de la mamá (Doña Bertha Figueroa, quien era modista). Coco nació en 1955, así que cuando entró a trabajar con Don Rami tenía trece años, “entré niña y salí señorita”.
Recordó que entraba a las nueve de la mañana, salía para comer, a las dos y regresaba a las cuatro, hasta las siete. Comía en su casa, en el barrio de Jesusito; es decir, caminaba tres o cuatro cuadras. Dijo que en la tarde compaginaba el periódico que llegaba de Tuxtla y acomodaba las revistas, “por ratitos leía el Memín y Lágrimas y Risas, me gustó tanto Rarotonga, que me corté el cabello en su estilo afro”.
Platicamos algunos minutos, pero ambos nos zambullimos en el recuerdo de los años setenta, de un Comitán que hoy sobrevive en el álbum de la nostalgia de aquellos años. Ella laboró en la Proveedora Cultural, cuando estaba en la manzana que derruyeron en 1979. Recordó el negocio de estambres de mi mamá y contó que acudía a la cantina de Tío Tavo a comprar los panes compuestos que él hacía, “no le ponía picles”, no, dije, en lugar de la carne deshebrada, los panes (¡exquisitos!) de Tío Tavo llevaban una transparente lonja de chicharrón de hebra. Ella y yo aseguramos que jamás se ha vuelto a hacer un pan tan exquisito, en Comitán.
Posdata: y digo que en el jardín de la vida, asoma, a cada rato, el asombro; el otro día en el grupo de WhatsApp de los universitarios que estudiamos arquitectura en la UVM, en los lejanos años ochenta, apareció Juan Ramón Jasso Aguilar, quien hoy radica en los Estados Unidos de Norteamérica. Me hizo una llamada y dijo que de todos los grupos de educación superior en los que estuvo, el nuestro es el que más gratos recuerdos injerta en su espíritu. Lo mismo sucede conmigo, a pesar que sólo estuve con ellos durante tres semestres, tengo en mi alma una cinta luminosa bordada por ellos y ellas. A él le decía Jasso y él me decía Molinari, hoy nos decimos amigos, por siempre, para siempre, como amigos somos los de todo el grupo. La mayoría de ellos y ellas sí se tituló, son arquitectos egresados de la gloriosa UVM, en el viejo plantel de San Rafael, donde tuvimos catedráticos exiliados que habían llegado de Chile a México.
Los cielos parecerían ser los mismos, los cielos de todos los días, pero, si ponemos atención, aparecen instantes sorprendentes, mágicos.
Sí, en la foto estoy con Coco, Rosario Castellanos está con nosotros. ¡Todo en la vida es sorprendente! Sin darnos cuenta, sobre la flor aparece una mariposa que la sobrevuela, o una catarina o algún insecto prodigioso. El día se renueva a cada momento, la vida.
¡Tzatz Comitán!
sábado, 1 de febrero de 2025
CARTA A MARIANA, CON LA TRADICIÓN
Querida Mariana: México está lleno de tradiciones culturales. Los habitantes de esta patria crecemos con esas costumbres, costumbres que vienen de siglos. Por ahí asoma el término “aculturación”, que se aplica cuando una cultura entra en contacto con otra. De la aculturación las diversas culturas toman parte de las otras. Lo que platicaré hoy, querida mía, es ejemplo de ello. Vos ya viste por dónde irá esta carta. Sí, hablaremos del 11 Festival del Tamal, que se celebrará durante dos días: el uno y dos de febrero de 2025.
¿Por qué digo que esto tiene que ver con la aculturación? Porque si lo vemos bien el festejo es producto de la mezcla indígena y española. Veamos, los tamales tienen al maíz como ingrediente principal, digo yo, y el maíz es algo esencial de la América Precolombina. Antes que llegaran los conquistadores españoles, las culturas de esta zona comían maíz. Pero, el festival del tamal tiene otra cinta: la costumbre donde las personas que partieron la rosca el Día de Reyes y hallaron un niñito (muñequito de plástico) deben “pagar” con unos tamales el día dos de febrero, Día de La Candelaria. ¿Mirás? Todo lo que acabo de escribir viene de la tradición católica y ésta viene directamente del paquete de conocimientos que los misioneros españoles nos legaron a la fuerza. Entender este proceso histórico es esencial para comprender el México actual. Nada, a estas alturas, puede revertir la apropiación que nuestra patria hizo de lo que los españoles nos trajeron. Basta ver en qué idioma te escribo estas cartas para darse cuenta de la influencia que tuvo la presencia castellana en nuestro país (y en la mayoría de países de América Latina).
En todo el país se celebra la partida de la rosca de Reyes, en las casas, en los trabajos, en las escuelas. El 6 de enero medio mundo le entra con gusto al ritual panadero. Sobre la mesa se coloca la rosca y cada uno de los participantes se acerca, toma el cuchillo y parte un pedazo, los demás siempre están pendientes si en el pedazo aparece las patitas o la cabecita del muñeco (blanco, generalmente, para que sea visible en el amarillo del pan). Quien “saca” un muñequito lo enseña y sabe que el 2 de febrero deberá compartir tamales. ¿Ya viste la simbología de esa rosca? Se parte el día de los Reyes Magos, el día que los altos dignatarios se presentaron ante el niño Dios; por supuesto, el muñequito representa a ese niño divino. Cuando estás en un festejo de rosca aceptás las reglas del protocolo: si te toca muñequito, el Día de La Candelaria (otra presencia católica) no podés hacerte “rosca”, tenés que comprar tamales y compartir con las personas que estuvieron el Día de Reyes.
Resulta que, en Comitán, desde hace once años inició un festival que ha crecido exponencialmente, porque en la primera edición hubo cuatro puestos de vendedoras y ahora, en 2025, se espera la presencia de más de 60 puestos con una amplia oferta para atender a los cientos de compradores. Y ha crecido tanto que ahora no sólo es un día de festejo sino ¡dos! El primer día habrá (según el programa) dos actos: una exposición fotográfica y la proyección de una película. A las cinco de la tarde será la inauguración de la exposición “Raíces y sabores”, con fotografías del talentosísimo fotógrafo comiteco Carlos Gordillo. Según el Internet la fotografía es un invento del siglo XIX y surgió en Francia. ¿Por qué digo esto? Porque es otro ejemplo de cómo un artefacto cultural sirve para ampliar la cultura de otros países. Carlos Gordillo es uno de los más excelsos fotógrafos de nuestra tierra, así que será una gran oportunidad acercarse al Museo Rosario Castellanos el 1 de febrero a las cinco de la tarde, para ver su trabajo creativo. Y ya estando ahí, a las seis de la tarde, en la Sala Audiovisual, se exhibirá la película “Chocolate”. Pienso que dicha cinta es donde actuó la genial actriz francesa Juliette Binoche. ¿Es esa? Puede ser. Hace años vi la película de la Binoche y me gustó. ¿Mirás? Francia de nuevo. En el festival comiteco dos cintas que unen a nuestra patria chica con aquel país. Bueno, sólo para amarrar más mi comentario diré que Francia está reconocida como una nación que tiene una inmensa tradición gastronómica, igual que México.
Y bueno, después de esta entrada vendrá el platillo fuerte para el día 2 de febrero, el mero día de la tamaliza. En el parque central de Comitán, de doce del día hasta las ocho de la noche, más de sesenta vendedoras ofrecerán diversos tamales, los conocidos y tal vez alguna innovación: tamales de bola, de hoja, pitaúles, tamales de cambray y más, mucho más, recordá que el genial investigador Francisco Mayorga nos dijo que en Chiapas hay más de doscientas variedades de tamales. Somos un pueblo tamalero, esto queda demostrado porque siempre que hay un festejo social, los tamales aparecen en las grandes mesas.
No sólo venta de tamales habrá, los organizadores han programado diversos actos culturales y hace que el festival gastronómico cumpla con creces su objetivo. Si alcanzás a ver en el programa mirarás que a la una de la tarde habrá la presentación de “La compañía”, el acto inaugural será a las tres de la tarde (pero, ya se dijo, la venta iniciará a las doce del día); a continuación de la inauguración participará el grupo de danza folclórica del Centro Cultural Rosario Castellanos y, a las cinco de la tarde, la magna presentación de la Marimba del Honorable Ayuntamiento de Comitán. Suena muy sabroso el guateque.
Como lo señala el programa, el de este año será el onceavo festival y habrá venta de chocolate, atole, café, pastelitos, chile en vinagre y, por supuesto, el invitado de honor: el tamal.
Si mirás bien, en el programa aparecen los logotipos del ayuntamiento comiteco, del pueblo mágico y de Casa Rosario, bazar de arte.
Te cuento, la iniciativa nació hace once años en una plática que sostuvieron Mario Escobar y Malena Jiménez. Mario era el director de Radio IMER, Comitán; y Malena era conductora del programa radiofónico “Comitán de mis sabores”. Ambos pensaron que sería bueno que en Comitán se realizara un festival del tamal. No habían acabado de decirlo cuando ya estaban poniendo manos en la masa. Y hoy ya llega la edición número once. Ahora Mario es el director del Sistema Chiapaneco de Radio, Televisión y Cinematografía; y María Elena es la directora general de Casa Rosario, Bazar de Arte. Mario nació en Tuxtla, Malena nació en Comitán, Mario vino a Comitán y acá encontró una tierra que lo recibió y que se ha beneficiado de su talento. Ambos han sembrado, hoy, la semilla que depositaron en tierra fértil hace once años ya es un árbol grandioso.
Malena me contó que la primera edición se realizó en el parque de San Sebastián, luego la hicieron en el parque de La Colonia Miguel Alemán, luego en El Turulete, y ahora se celebra en el parque central, en el corazón de nuestra ciudad. Al principio fue una iniciativa ciudadana, ahora la autoridad municipal se ha agregado. Bien, porque este festival del tamal habla bien de nuestra sociedad.
He estado presente en versiones diferentes. En términos generales hay muy buena respuesta por parte de la gente compradora. Me dijeron que este año les dirán a los vendedores que coloquen letreros donde se pueda ver el precio de su producto, pues cada productor sabe lo que vale el tamal que prepara, de esta manera, los compradores sabrán el costo de cada tamal en cada puesto; también me dijeron que procurarán poner unos platos de degustación para que los posibles compradores puedan hacer una “cata” previa y así saber que el sabor de lo que comprarán les satisface. Estoy seguro que estas dos propuestas serán recibidas con agrado, tanto de vendedores como de compradores.
A mí, como a todo el mundo, me gustan los tamales. No como de todo, lo sabés. No como los que tienen carne de puerco, pero sí le entro galán a los tamalitos que hacen con frijolito tierno y los que preparan con esa hoja maravillosa que acá le llamamos momón, ¡ah!, qué sabor tan rico tiene esa hierba bendita, por algo también le llaman Hoja Santa, porque es una santa hoja.
Amandita me dijo un día: “En Comitán, cuando algo ‘ta bien se celebra con ta-mal”.
Posdata: el festejo once se antoja exquisito, bien cocido, con la cantidad precisa de manteca. A mí me encantaría que alguna cocinera preparara un tamal de bola, que en lugar de carne de cerdo, le pusieran camarones secos. Me encantaba, siendo niño, cuando mi mamá me daba un plato de arroz con camarón seco. ¿Cómo sabrá el tamal de bola con camarón seco? Digo esto, porque la masa del tamal de bola es especial.
¡Tzatz Comitán!
viernes, 31 de enero de 2025
CARTA A MARIANA, CON TÍO JAVI
Querida Mariana: Javier es mi ahijado, él es propietario del botanero “Tío Javi”. Javi es trato cariñoso. Ya te he contado que los comitecos tratamos de tíos y tías a las personas conocidas. En mis épocas de juventud le dijimos tías a las señoras que vendían tostadas y agua de temperante, a la hora que salíamos de las clases, en el Colegio Mariano. Ah, recuerdo con emoción a la tía Elena, con sus tostadas con chile en vinagre, y a la tía Petra, con sus tostadas con frijol, queso espolvoreado y caldito de chile en lata. Ahora, en el Comitán del año 2025, seguimos teniendo tías y tíos, uno de los tíos más famosos es el Tío Javi, botanero de excelencia para todos los conocedores del pueblo y para todos los visitantes.
Como en muchos pueblos del mundo, en Comitán también disfrutamos la botana. Con Tío Javi tenemos la garantía de degustar la tradicional botana comiteca, además de la carraca tuxtleca y la longaniza estilo Teopisca. ¡Todo exquisito! Con el gran mojol de lujo: una casa comiteca, con patio central y corredores. ¿Qué más querés? Diré que posee otra gran ventaja: la casa, con un bellísimo árbol de jacaranda, está ubicada a dos cuadras del parque central. Todo lo dispuso el destino para el real disfrute, y uso la palabra real, porque ahí uno se siente parte de la nobleza comiteca, todos los comensales son príncipes y princesas.
Y a todo lo anterior ahora se agrega la siguiente noticia: ¡ya hay desayunos campestres! Cuando me enteré fui a felicitar a Javier (yo le digo Jávier, con énfasis en la a, como si ahí se acentuara).
Fui a felicitarlo, porque es buena noticia para Comitán y la región; para todos quienes deseen un desayuno familiar, un desayuno de trabajo o un desayuno para celebrar un acto social de relevancia. Todo mundo llega caminando desde el parque central y si alguien llega con su auto pues desembolsa unos pocos pesos y lo estaciona en el Estacionamiento Ulises, que parecería construido a propósito, porque está mero enfrente de Tío Javi.
Llegué un día después que estuvimos Quique, Javier papá y yo, comiendo botanitas y tomando unas agüitas deliciosas, con alcohol y sin alcohol. Llegué y vi el proceso de la elaboración de tortillas que siempre llama mi atención. Me sorprende cómo le dan forma a la masa, la colocan en la prensa de madera y luego, con precisión, las manos de la mujer depositan el sol sobre el comal para que suba la pancita, como símbolo de la vida. Recibí una tortillita calientita, le puse un poco de guacamole y, ay, niña bonita, supe que era tratado como lo que soy: ¡un príncipe! Siempre hablo de los privilegios de la vida, estar ahí fue uno de ellos, estar en una casa sensacional, a dos cuadras del parque central, en mi pueblo, uno de los pueblos más bellos de Chiapas, de México, del mundo.
Consentite, apapachate, celebrá la vida al lado de tu novio o con tus amigas y amigos, con tortillas recién salidas del comal, con quesadillas de champiñones, con salsa molcajeteada, con las famosas “picaditas” (ah, pues, sé seria, estoy hablando de gastronomía), con chilaquiles o con el especial de la casa, que se llama “comiteco” y que son huevos revueltos con chorizo, ajopuerros, tomates, chile siete caldos y cilantro. Diría la cubana: “cosa más rica, caballero”.
Posdata: mencioné las quesadillas de champiñones, porque son mis favoritas, pero hay de adobada, de asada, de chorizo, de longaniza y, en temporada, de flor de calabaza. Hay para todos los gustos. Que viva Tío Javi y que vivan todas las personas que disfruten esta experiencia culinaria
¡Tzatz Comitán!
jueves, 30 de enero de 2025
CARTA A MARIANA, CON UN PALOMAZO
Querida Mariana: mirá la foto que robé del muro del licenciado Ulises Daniel González Gordillo. Ahí está él tocando piano, en algún salón majestuoso. Escribió que interpretó “Solamente una vez”, del gran Agustín Lara. Entiendo que estaba en alguna ciudad de España. Recordé a una cantante mexicana que admiro, la Natalia Lafourcade, una chica que lanzó un disco con versiones personales de Tin Larín; es decir, la Natalia dio a conocer a sus miles y miles de fans música de un autor mexicano que ya tiene rato que no está en este plano físico. Y algo similar hizo el gerente general de CEPSU (cuyas oficinas están frente al Estacionamiento Ulises, lugar donde don Ulises Gordillo, personaje de grata memoria en el pueblo, tenía una gasolinera y una refaccionaria. En varias ocasiones acompañé a mi papá que pasaba a saludar a Don Ulises.
Recordé que un día vi un video de La Natalia de una noche prodigiosa que estuvo en el Carnegie Hall, la grandiosa sala de conciertos, en Nueva York. ¡Ah, pucha! ¡Nadita! Nuestra paisana mexicana se paró en el fastuoso escenario y cantó canciones mexicanas. Pues algo similar hizo nuestro pianista comiteco, porque en un salón, igual de lujoso (mirá el entorno) se aventó “un palomazo”, imagino que estaba con un grupo de amistades, vio el piano y sintió el llamado, el mismo que siente el aficionado al fútbol al ver un balón, se sentó, abrió el piano y tocó, tocó en forma sublime (escuché el video). Todo mundo disfrutó su actuación, quienes lo rodeaban y quienes tuvieron oportunidad de ver el video compartido en redes sociales.
Cuentan, no me hagás caso, que Tin Larín (Agustín Lara) sólo estuvo una vez en España, muchos años después que compusiera Granada, canción que dedicó a la ciudad española (…mi cantar se vuelve gitano cuando es para ti…). Pero en alguna ocasión leí que en España existe una estatua dedicada al autor mexicano, está en el barrio de Lavapiés (¿recordás la novela que leímos de Jorge F. Hernández, que se llama “La emperatriz de Lavapiés” y tiene como entorno la ciudad de Madrid?) Jorge es otro mexicano que honra a España, así como el compositor mexicano, así como nuestro artista Ulises Daniel, quien llegó a aquel país y se aventó un palomazo con música de nuestro país. Ulises Daniel (igual que Rosario Castellanos) nació en la Ciudad de México, pero tiene muchos años radicando en nuestra ciudad.
No todo mundo sabe que el gerente general de CEPSU es un gran artista, porque a veces en Comitán ignoramos la esencia de los seres humanos. Antes de escucharlo tocar el piano, en un salón de España, el licenciado David Esponda me llamó y me enseñó un programa del año 2003. ¿Conocés a quien está en la fotografía?, me preguntó. ¡Claro!, respondí (el programa era una fotocopia, la foto no era clara, pero sí, por supuesto, era el licenciado Ulises Daniel González Gordillo). El programa da a conocer el recital de piano que presentó Ulises Daniel en la Sala Xochipilli, la institución que invita es la Escuela Nacional de Música, de la Universidad Nacional Autónoma de México. ¿Sabés a quien estuvo dedicado el recital? ¡A Don Ulises Gordillo Pinto! (In memoriam).
La tarde del 7 de enero 2003, Ulises Daniel interpretó música de Bach, Mozart, Chopin, Prokofieff y de Manuel de Falla. ¡Ah, genial! Esa tarde un músico español estuvo en las teclas de su piano mexicano y el día que Ulises Daniel se sentó ante un piano español (hablo de lugares) interpretó música mexicana. La música es el lenguaje que borra fronteras y espacios temporales. El gran artista comiteco se aventó un palomazo. ¿Por qué se dice palomazo? Andá a saber, los que saben dicen que se dice así cuando alguien toca por gusto, porque le encanta mostrar lo que sabe hacer. Ese día, Ulises Daniel se aventó un palomazo en una sala española, sólo por el gusto de compartir, de jalar la cuerda mexicana y decir que un día Tin Larín se sentó frente a un piano y compuso la canción “Solamente una vez”, que es una canción muy bella, un poco mentirosilla en su letra, porque si recordás dice: “solamente una vez amé en la vida, solamente una vez y nada más…” ¿De verdad? No lo sé, yo digo que no. La mayoría de seres humanos tiene en su vida dos o tres experiencias amorosas que los coloca por encima de las nubes. Pero la canción de Tin Larín es bella, en acordes y en letra.
Posdata: disfruté el palomazo del licenciado González Gordillo y recordé a Lafourcade, y recordé al licenciado David Esponda y también recordé a Don Ulises Gordillo Pinto y, ya de mojol, recordé la canción de Agustín Lara y la novela de Jorge F. Hernández. ¡Cuánta vida en un lapso breve, pero fascinante!
¡Tzatz Comitán!
miércoles, 29 de enero de 2025
CARTA A MARIANA, CON LEPERADAS
Querida Mariana: el tío Armando, mientras bebía una cerveza en tarro, platicaba con su audiencia, compuesta por varios jóvenes, sentados en la rotonda del parque. El tío Armando caía bien con un grupo de adultos y caía mal con otro grupo. No era monedita de oro, unos decían, sonriendo, que era muy simpático; otros decían (sobre todo mujeres) que era un viejo lépero, que sólo leperadas aventaba como confeti. En el grupo de jóvenes sucedía lo mismo, pero ninguno se perdía la oportunidad de estar cerca de él cuando bebía su cerveza (solo bebía una, en tarro, el tarro era el que debía estar helado y la cerveza se la servía al tiempo).
Y ahí tienen, decía el tío, que se toparon en el camino un chayote y un plátano, el plátano, al ver al chayote, se bajó tantito tiras de su cáscara, dejó expuesta su cabecita y parándose muy erguido dijo: “buenas las tengas, cuando deseés una chupadita de pepita, estoy para servirte”; el chayote sacó tantito su lengua y dijo: “cuando querás una mordidita, me llamás, acá estoy para servirte con mis espinas”; en respuesta, el plátano dijo: “no quiero mordida, quiero una chupada”.
Y todos los chicos y dos o tres chicas reían, le festejaban su cuentito; en cambio, dos muchachas veían hacia el suelo, como si vieran una cucaracha, y luego elevaban la vista como implorando un poco de veneno para que se desintegraran esas palabras obscenas.
Cuando el tío terminaba de contar sus leperadas, decía, con mucha seriedad, que lo narrado eran fábulas, porque en las fábulas los objetos y los animales adoptaban características humanas y ofrecía un caramelo (lo sacaba del bolso de su saco, todo grasoso) a quien inventara una fábula parecida a las que contaba. Varios muchachos abrían los cuadernos que el tío les regalaba y comenzaban a escribir intentos de fábula. Martín, que era un muchacho que no siguió estudiando después de la primaria, era el primero que pergeñaba algunas ideas en el cuaderno.
Digo, querida mía, que el tío Armando tenía un grupo de admiradores y un grupo de detractores, no era monedita de oro. Sus admiradores lo veían con el cristal de la complacencia y de la buena onda; los otros, los que lo aborrecían lo veían con el cristal de la intolerancia. Todo es según el cristal con que se mira. Sé que ahora mismo vos estás entre formar parte de un grupo u otro. ¿Te gustó la fabulita que te compartí? ¿No? ¿Pensás que no tiene algo de malo que haya ese juego entre un platanito y un chayotito? O, por el contrario, sí ves que hay perversión en el diálogo entre un vegetal y un fruto.
¿Todo depende del cristal con que se mira? Agustín dice que el viejo Armando (Agustín lo conoció bien) no era una perita en dulce, más bien era una col en sal, porque todo lo que contaba llevaba una doble intención; Agustín decía que el viejo era del grupo de escritores que son perversos, pero que él era más lépero porque inventaba fabulitas.
Yo te he platicado que cuando estudiaba en la Matías un día escuché a un compañerito que cantó: “dame tu cu, dame tu cu, dame tu cubeta de agua, para mi ve, para mi ve, para mi verde jardín”, y, fascinado, la aprendí de memoria y la fui cantando por toda la calle, con mi mochila, y cuando llegué a mi casa continué con la tonadita, cuando mi papá la escuchó me regañó, me prohibió andar cantando malcriadezas. Yo puse mi cara de cenzontle inocente, que no era fingida, no entendía a qué se refería mi papá, fue necesario que un compañero de escuela, más grande y más lleno de mundo, me explicara que era el cu y qué era la ve. Oh, oh. No volví a tararear la cancioncita, aunque seguí sin entender bien a bien, al final todo se resumía (sin albur, por favor) a que el verde jardín quería agua. Bueno, todo depende del cristal con que se mira. Un día (triste día) el cristal de la inocencia se quiebra y aparece el cristal de la perversión, y todo, todo, se jode. Lo que era diáfano y limpio, se convierte en una cosa asquerosa con ligas podridas.
Posdata: ¿qué pensás acerca de lo que hacía el tío Armando? ¿Debió ser acusado de pervertido? O, por el contrario, ¿debió ser reconocido por su ingenio y por su labor de fomentar el hábito de la escritura en su pequeña audiencia? ¿Qué dirán ahora esos muchachos?
¡Tzatz Comitán!
martes, 28 de enero de 2025
CARTA A MARIANA, DONDE DECIMOS: ¿NO QUE NO TRONABAS, PISTOLITA?
Querida Mariana: ¿por qué se le habla a la pistolita? ¿Esperamos que responda con tronidos? ¡No! Es una frase coloquial que los mexicanos usamos. La empleamos para decir que sí resultó algo que no esperábamos. ¿No que no tronabas, pistolita? ¡Tronaste y muy bien!
¿Por qué digo esto? Porque sabemos, es una certeza, que el género epistolar está en desuso. ¿Quién escribe cartas al modo tradicional? ¡Nadie! ¿Nadie? Falso. Hay gente que sigue haciéndolo. Claro, ahora, los escribidores de cartas lo hacemos con el empleo de la tecnología, sería anacrónico seguir enviando cartas por la vía tradicional. Quienes escribimos cartas las enviamos por el correo electrónico, por Internet, por WhatsApp. Con ello evitamos la tardanza de las cartas de antes. Hoy, todo es instantáneo, los tiempos exigen la premura en el envío. Las cartas que te envío, querida mía, las mando en cuanto las termino y vos las recibís en forma inmediata. ¡Ah, qué bendición!
Pues digo que hay gente que sigue redactando cartas, porque la carta (así nos lo hicieron saber los grandes escritores y las grandes escritoras de siglos pasados) es un medio maravilloso de comunicación. La carta permite una cercanía que no está presente en algún otro género literario. Con Paty Cajcam realizamos unos “En vivo”, para celebrar el centenario del nacimiento de Rosario Castellanos y compartimos las cartas que ella le envió a Ricardo Guerra. Dichas cartas son reveladoras. Sólo en las cartas Rosario pudo mostrarse tan ella. Bueno, con decir que hay instantes donde nos enteramos de intimidades, tales como que fue con él con quien, en el año 1950, tuvo su primera relación sexual, ¡Dios mío, qué revelación!
La carta es un género de gran proximidad, a través de una carta le decimos a la otra persona, cosas que difícilmente se dirían de otra manera. Por esto, son tan buscados los libros que reúnen las cartas que se enviaron personajes famosos, mediante esos libros nos enteramos de la savia que nutrió sus árboles espirituales.
Y digo que en Chiapas está vigente el género epistolar porque periodistas y narradores lo siguen usando. Sólo como ejemplo diré que te escribo cartas desde hace mucho tiempo, pero también está Memo Montalvo, quien le escribe a su hija Ana Karen; asimismo está Ornán Gómez quien le escribe cartas al Señor K, y ahora se ha unido, Juan Carlos Cal y Mayor, quien le escribe Cartas a Eduardo (nuestro paisano, el gobernador de Chiapas). ¿Por qué Memo, Ornán y Juan Carlos eligieron el género epistolar para expresar sus ideas? Porque sus lectores encuentran una gran intimidad, porque saben que los autores se dirigen a alguien en especial, pero que puede ser signo de identificación personal, por la cercanía. De veras, querida mía, la carta es un género literario que permite mostrarse pleno. A la hora de escribir una carta, quien redacta imagina a la otra persona frente a sí; es como si estuvieran en una mesa tomando una taza de té o una cervecita y la otra persona guardara silencio mientras quien habla desgrana toda su mazorca en forma honesta.
En Chiapas escritores diversos han elegido el género epistolar para continuar con la tradición y para expresar sus ideas. Cualquier otro género asume distancias insalvables. La carta está dirigida sólo a una persona (que se enteren más personas, es signo de que nuestro pueblo es más argüendero que el CISEN). Memo Montalvo le escribe a Ana Karen; Juan Carlos Cal y Mayor le escribe a Eduardo; Ornán Gómez le escribe al Señor K, y yo, querida mía, te escribo a vos. Mis cartas permiten que también preserve el voseo de nuestro pueblo (es el mojol de lujo). La carta es tan íntima que le permite a Juan Carlos decir en el vocativo de una carta: “Estimado gobernador”, así como yo te digo “Querida Mariana”, mismo tratamiento que Montalvo le da a su Ana Karen. Sí, por lo regular, las cartas (fuera de aquellas que eran comerciales o de negocios o los famosos anónimos comitecos) se envían a gente querida. Yo siempre lo he hecho, le escribí cartas a mi papá, a mi mamá, a mi abuela Esperanza, a mi prima Nora y a mis amigos Memo y Javier, cuando estudiaba en la Ciudad de México; y ahora te escribo cartas a vos, amada mía.
Posdata: el género epistolar ya no tiene la preeminencia que tenía, pero en Chiapas, cuando menos, Memo Montalvo, Juan Carlos Cal y Mayor, Ornán Gómez y yo seguimos practicándolo, diciéndole al mundo que la intimidad encuentra un cauce maravilloso de creación en la escritura de cartas. Memo y yo escribimos cartas a diario, Ornán lo hace de vez en vez, Juan Carlos lo hace esporádicamente, pero ya encontró un destinatario ideal.
¡Tzatz Comitán!
lunes, 27 de enero de 2025
CARTA A MARIANA, CON LA PRESENCIA DEL DIPUTADO LUIS IGNACIO AVENDAÑO BERMÚDEZ
Querida Mariana: un verdadero honor. Pedí a mi admirado diputado Luis Ignacio Avendaño Bermúdez, presidente del Honorable Congreso de Chiapas, escribiera unas breves líneas como reflexión hacia el centenario del nacimiento de Rosario Castellanos, y de inmediato recibí la respuesta. Dentro de su agenda apretada, con mil asuntos por atender en beneficio de nuestra sociedad, hizo un huequito para honrar a nuestra escritora. Te paso copia de lo que mandó:
“El 12 de diciembre de 2024, el Honorable Congreso del Estado de Chiapas formalizó el decreto 047, por el que se declaró el año 2025 como Año de Rosario Castellanos Figueroa, con el fin de conmemorar los cien años del natalicio de la ilustre escritora.
“Como se expresa en los motivos de dicho decreto, recordar a Rosario Castellanos Figueroa es tener presente sus obras y lucha por las mujeres, y los hombres y las mujeres indígenas.
“A título personal me enorgullece ser partícipe de este momento histórico, donde celebramos la vida y obra de nuestra connotada paisana”.
¿Mirás? Nuestro diputado presidente privilegia el decreto que declaró este año 2025 como “Año de Rosario Castellanos Figueroa”. Vos sabés que este decreto permite que en toda la papelería oficial se recuerde a Rosario, durante todo el año, porque el decreto tiene vigencia hasta el último día del año 2025. Esto es como izar una bandera todas las mañanas con el nombre de nuestra paisana, para recordarla, para nombrarla, para tenerla siempre en la memoria.
El licenciado Luis Ignacio Avendaño Bermúdez nos dice que al recordar a Rosario se hace presente lo que ella hizo a favor de la sociedad y de manera particular a favor de los hombres y de las mujeres indígenas.
Confirma el orgullo de ser un testigo importante de este tiempo, donde el destino (bien buscado, bien justificado) lo colocó en una posición que le permite impulsar el reconocimiento de quien es celebrada en todo el mundo.
Un comiteco brillante, de estos tiempos, honra la memoria de una comiteca brillante. ¡Ah, qué privilegio para nuestro pueblo! Muchos paisanos están en posiciones relevantes, ello permite vislumbrar actos majestuosos para el guateque donde se honra a quien está considerada como la principal escritora mexicana del siglo XX. La mirada de Rosario no sólo se posó en sus pares (los hacendados, la gente de la alta sociedad comiteca) sino también en las pisadas de los que laboraban en las haciendas, de quienes poseían en sus manos y en sus corazones las huellas de los ancestros, de las culturas tsotsil, tseltal y tojolabal. Su bordado literario unió la huella de los caxhlanes con la de los grupos indígenas y nos entregó una obra sublime, reconocida y valorada en todo el mundo.
El diputado Luis Ignacio Avendaño Bermúdez, comiteco distinguido, intelectual comprometido, presidente del Congreso de Chiapas, honra la memoria de Rosario Castellanos. Él, junto con sus compañeros diputados y compañeras diputadas, en diciembre de 2024 firmó el decreto por el cual este 2025 es nombrado “Año de Rosario Castellanos Figueroa”; con ello, una presencia literaria ilumina nuestro cielo, cuando se vive una nueva ERA, una era que augura esplendor y tranquilidad, para el progreso de nuestro estado, que necesita de la participación de todo el pueblo chiapaneco. Rosario, a través de su obra de creación, mostró que podría haber un “nuevo modo de ser”. Luis Ignacio, desde el Congreso, comprende su misión y le cumple al pueblo.
Posdata: con esta entrega, querida Mariana, llevo dos mensajes de gente relevante: la del presidente municipal de La Trinitaria, y ahora la del presidente del Honorable Congreso del estado de Chiapas. Es genial que personalidades de tal importancia histórica manifiesten su pensamiento a través de breves líneas que dicen mucho.
¡Tzatz Comitán!
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