domingo, 30 de agosto de 2026
CARTA A MARIANA, CON RECUERDOS
Querida Mariana: todos tenemos retazos de memoria. Decime que sí, que no sólo yo. Todos armamos nuestro pasado con pedazos, con rémoras. Según entiendo, nadie recuerda todo al ciento por ciento. Pero, ayer me alarmé. Recordé a un maestro que tuve en la secundaria, vi su presencia casi majestuosa, impecable, pero de lo único que me acordé de él fueron tres ventanas de las múltiples que abrió: una fue lo que me dijo un día respecto a mi nombre: “Alejandro significa: el que dirige”, la segunda fue un comentario que hizo en aula: “me reclaman porque no los saludo en la calle, cuando camino (siempre lo hacía) voy pendiente en la banqueta de no pisar caca de chucho”, y la tercera fue algo que me comentó una amiga: “se subía al estrado y decía: vean mis calcetines y se subía el pantalón y dejaba ver sus partes nobles”. No más, por más que intenté recordarlo, no logré pepenar alguna ventana más.
De una maestra, en la universidad, a quien considero la persona que más influyó en mi proceso intelectual no recuerdo más que estas palabras: “no hagan las maquetas de papel porque se harán caca”. ¿Eso es todo? ¿Cómo es posible que mi memoria no haya retenido algo más sustancioso? Sé que la memoria es selectiva, pero no puede ser que la mía sólo seleccione pasajes intrascendentes. Dios mío, si hubiera conocido a Octavio Paz, tigre para frases célebres, ¿qué hubiera recordado de todo el caudal de palabras que hubiese pronunciado? Él se desgarraba en cada frase, siempre lanzaba palabras que fueran joyas, algo que jamás se hubiera pronunciado. ¿Qué habría retenido mi memoria? ¿Algo como “ahora vuelvo, voy al baño”, cuando se levantara de la mesa donde tomábamos un café?
Ayer me preocupó de más mi memoria, siempre he sido consciente de que tengo una memoria pichancha, admiro a los memoriosos, a los que son como Carlos Monsiváis, a las que son como Lolita Albores, a los que son del equipo de mi amado Gutmita. ¡Ah, qué memorias tan soberbias! Mi Gutmita es prodigioso, recuerda con precisión un hecho sucedido hace más de sesenta años, cuenta que sacó a bailar a fulanita, en la casa de sutano, él vestía de tal forma y la chica tenía un peinado de tal consistencia; recuerda el nombre de la marimba y la canción que bailó con ella. Todo está imbricado, todo como si estuviera sucediendo. No hay detalle que se le escape. He conocido a mucha gente con tal capacidad, Temo Alcázar también tiene una memoria sorprendente, de igual manera Chuy, el gran cronista deportivo, y muchos más en el pueblo. Son gente que tiene una retentiva bárbara. A mí todo se me diluye, nada queda en este océano inquieto que es mi memoria, como si fuera un árbol que siempre está seco, que, de vez en vez, se posa un pájaro sobre una rama, pía y levanta el vuelo y no regresa jamás. Sólo me queda ese trino, que también, con el tiempo se vuelve opaco, con lo cual no puedo determinar si era un cenzontle o un simple pájaro petacón que se echó un pedo.
No recordé algo más de mi maestro de secundaria, que era un hombre brillante, debió decir muchas frases estilo Octavio Paz, porque era un hombre ilustrado, bilingüe (que en ese tiempo había pocos). Nada, por más que lo intento. ¿Qué hacía durante el tiempo que estuve en aula frente a él? ¿Jugaba futbolito en el mesabanco, con pelotitas hechas de plastilina? He estado frente a personas de gran conocimiento, te he contado que fui alumno del ilustre maestro Carlos Graef Hernández, bueno decir que fui su alumno significa que estuve sentado frente a él, pero no recuerdo nada más, sólo su nombre se medio grabó en mi memoria.
Posdata: a veces recuerdo al maestro Rey Avendaño, fundador de la escuela secundaria y preparatoria de Comitán, un maestro sublime, recuerdo su imagen, más o menos, siempre vestido de traje, muy pulcro, de él sólo recuerdo lo que los compañeros repiten una y otra vez, que era algo que decía cuando reprobaba a alguien: “totón, totón”, que significa que la calificación era cincuenta, reprobado, porque el tostón era la moneda de cincuenta centavos. ¿De verdad nada más se quedó en nuestra memoria? Bueno, por fortuna, recuerdo un ejemplo que nos ponía: “¿Cómo como? Como, como como”. ¿Es todo? También el chiste sobado que le aplican, que cuenta que una vez estaba con una chica de la servidumbre, haciéndole algunos galanteos y entró al cuarto la mujer del maestro: “Reynaldo, me sorprendes”, y él dijo: “No, el sorprendido soy yo”. Tan tan. ¿De verdad no hay más? ¿Todo tan sin rigor?
Una ex alumna recordó que yo decía: “vayan al baño, pero concéntrense”. Eso fue todo. Otra me dijo que no recordaba qué materia le había impartido, pero “que todo era muy chistoso”.
¡Tzatz Comitán!
