martes, 12 de agosto de 2025

CARTA A MARIANA, CON UNA EXQUISITEZ

Querida Mariana: me asomó la palabra Exquisitez, el diccionario dice que es cualidad de exquisito; en gastronomía se aplica a algo con aspecto y sabor delicados. Digo que Don Martín de Jesús López Ramírez es un hombre que hace un antojo exquisito: ¡chile en vinagre! No sé en cuántas cocinas del mundo hacen uso del chile en vinagre. En nuestro pueblo es esencia de nuestra identidad culinaria. Ni sé el porqué se llama Chile en vinagre, cuando el chile sólo es un mínimo ingrediente entre las verduras. Debe ser porque el chile en México es una palabra que se usa para todo, no hay chile que les embone. Don Martín de Jesús es mi amigo. Siempre lo encuentro y lo saludo cuando voy al mercado Primero de Mayo (famoso mercado a media cuadra del parque central de Comitán, el que aparece en “Balún Canán”, de Rosario Castellanos). Su oficio lo heredó de su mamá, Doña Martita Ramírez, quien atendió su local con venta de chile en vinagre durante muchos años, muchísimos. Ahora es el hijo quien, puntualmente, acude al mercado y se dedica a hacer esta exquisitez. ¿Quién sabe desde cuándo viene la costumbre de poner las verduras en vinagre? Tal vez, no lo sé, el vinagre nos llegó desde España y viene desde culturas viejísimas. ¿Recordás que en La Biblia existe el relato donde Cristo crucificado tenía sed y un soldado romano empapó una esponja con vinagre y se la dio al hijo de Dios? Hay estudiosos de la Biblia que dicen que no fue un acto ofensivo, al contrario, fue un acto piadoso, porque ese vinagre era una especie de vino que le saciaría la sed. Andá a saber cuál es la realidad de este misterio. Lo que puedo decir es que acá, en Comitán, el chile en vinagre es una esencia de nuestra comida. Ahí por las oficinas del Diario de Comitán hay una casa con un letrero que dice: “se vende vinagre madre”. Siempre ha llamado mi atención. A veces he querido tocar, esperar que abran y pedir que me expliquen. No sé qué clase de vinagre usa mi amigo Martín de Jesús. En el supermercado encuentro botellas de vinagres comerciales, una de esas botellas dice que es vinagre de manzana, pero, me dicen, también hay vinagre de arroz, de caña y vinagre de piña (en Comitán a este vinagre le agregan panela). Sé que el vinagre proviene de un proceso de fermentación. Y hasta acá llega mi conocimiento. Martín de Jesús ha hecho del mercado su laboratorio, porque él es uno de los pocos vendedores que prepara su producto a la vista de todos. Es impresionante, realmente impresionante, ver cómo al lado de la mesa donde corta las verduras y los chiles hay gran cantidad de palmitos (que, hasta donde entiendo, es el corazón de las palmas). Este es el condimento estrella de su chile en vinagre. Lo corta en rodajas y luego en trozos que potencian el sabor. Su chile (hablo del preparado que hace) tiene pedazos de zanahoria, cebolla, diversas variedades de chile, palmito y, por supuesto, el vinagre. A mí me encanta pasar a platicar con él, porque es muy desenfadado. Cuando me ve, de inmediato dice: ¡tzatz Comitán!, y avanzada la plática dice que las cartas que te mando deberían terminar con ¡cotz Comitán! Entiendo que lo dice porque es uno de los gritos de identidad que tenemos. Vos sabés que uso la palabra tzatz, porque es una palabra tojolabal que significa fuerza. La unión de ambas palabras, de dos lenguas tan cercanas, permite que siga existiendo la cinta cultural que ha unido por siglos a los tojolabales y comitecos. Además, vos sabés que tengo ascendientes italianos y ¡forza Italia! es el grito de apoyo de los fanáticos de la selección de fútbol, porque la palabra forza significa ¡adelante! Posdata: cuando querás probar un palmito exquisito en vinagre no dudés en ir al mercado Primero de Mayo, ahí hallarás a Martín de Jesús. Él es un hombre moderado, el otro día lo vi en el auditorio Roberto Bonifaz Caballero presenciando un partido de básquetbol; y también lo he saludado en el restaurante Tío Javi, donde pasa a tomar una cerveza y degustar las ricas botanas. Un día de estos le preguntaré cuál es la botana que prefiere. A mí me gustan los frijoles que prepara mi mamá, los como con tostada de manteca, acompañados del exquisito palmito en vinagre, que prepara Martín. ¡Cotz, Comitán! Perdón, quise decir ¡tzatz Comitán!

lunes, 11 de agosto de 2025

CARTA A MARIANA, CON UN LIBRO

Querida Mariana: Lupita Gordillo me invitó para hacer unos comentarios en la presentación del libro “El nuevo amanecer de los mayas”, de Natalio Hernández. El acto fue el 7 de agosto 2025, en el auditorio del Centro Cultural Rosario Castellanos. Natalio no acudió porque ese día recibió la Medalla Rosario Castellanos, máximo galardón que otorga el Congreso del estado de Chiapas. Envió un video. Después de la exhibición, subimos al escenario Olivia Bonifaz, Hermilo Aranda y yo. Olivia hizo un preciso análisis del contenido del libro, Hermilo una reflexión acerca del título de la obra y yo leí el textito que te comparto: Buena tarde. Natalio llegó a Comitán, ciudad cuyo nombre viene de la antigua palabra Comitlán, voz náhuatl. Llegó en año glorioso, 2025 es el año donde celebramos el Centenario del Nacimiento de nuestra niña más amada: Rosario Castellanos. Llegó para presentar su libro “El nuevo amanecer de los mayas”, cuya ventana de entrada muestra el poema “Al árbol que hay en medio de los pueblos”: “Por caminos de hormigas traje el pie del regreso hasta este corazón de alto follaje trémulo. Ceiba que disemina mi raza entre los vientos, sombra en la que se amaron mis abuelos. Bajo tus ramas deja que mi camino se acueste. Padre de tantas voces, Protégeme”. El árbol sagrado de los mayas es la ceiba. Natalio ha sembrado en su libro ¡tres ceibas! Ha llegado desde la Ciudad de México para quedarse en Chiapas. Sus biógrafos nos dicen que Natalio es hablante de la lengua náhuatl. Su interés por la cultura maya, como dice nuestro gobernador: civilización madre, se debe a un genuino activismo a favor de las culturas prehispánicas. Ha sido un gran promotor de la interculturalidad. Natalio, en tres ensayos, nos entrega tres ceibas plantadas en este libro que presenta hoy, hoy, 7 de agosto de 2025, cuando conmemoramos el aniversario cincuenta y uno del lamentable fallecimiento de Rosario Castellanos y celebramos por todo lo alto que Natalio haya recibido la Medalla Rosario Castellanos, máxima presea que otorga el Congreso del estado de Chiapas. Natalio viene de otras latitudes, pero muy cercanas, a decirnos que los mestizos deben respetar y reconocer a los indígenas y éstos respetar y reconocer a aquéllos. A final de cuentas el encuentro es entre un ser humano con otro ser humano, seres llenos de historias, de sentimientos. Natalio ha vuelto su mirada atenta e inteligente hacia Chiapas, hacia este horizonte donde, asegura, sale un nuevo sol que ven los descendientes de los mayas, de los antiguos abuelos mencionados por Rosario Castellanos en su poema “Al árbol que hay en medio de los pueblos”. Natalio vino a sembrar tres ceibas en medio de nuestros pueblos, vino a honrar a nuestra cultura, a recordarnos que el Chiapas del siglo XXI está conformado por dos arterias, donde mana la palabra infinita: la arteria de las lenguas indígenas y la arteria de la lengua castellana, idiomas que nos enseñan los caminos donde hemos transitado. No podemos ignorar ni a unas ni a otras, sería tanto como cortar ramas importantes de los árboles sagrados. El ahora Medalla Rosario Castellanos vino a entregarnos tres ceibas imponentes. Depende de nuestra sensibilidad darles abono, hacerlas crecer desde su prestigio de árboles sagrados de los mayas, donde están sembradas nuestras raíces. Por esto, la sugerencia es acercarse al conocimiento de las reflexiones de Natalio, para que tengamos un mundo más amable, más rico en gajos culturales; para que Chiapas crezca en el nido de la gran cultura que nos legaron los antiguos. Ojalá que muchas personas puedan leer el libro “El nuevo amanecer de los mayas”, para abrevar de la fuente sagrada y reflexionar en la importancia de acercarnos al conocimiento ancestral. Natalio llegó a Comitán, antigua Comitlán, antigua Balún Canán. Él es un hombre sabio, en su corazón trae la savia del conocimiento eterno, el que ha hecho camino a través de siglos. Este aplauso es para Natalio Hernández. Posdata: así, junto con otros actos, conmemoramos el aniversario número cincuenta y uno del lamentable fallecimiento de Rosario Castellanos, en el año donde celebramos el Centenario de su Nacimiento. ¡Tzatz Comitán!

domingo, 10 de agosto de 2025

CARTA A MARIANA, CON UNA ORACIÓN

Querida Mariana: murió la mamá de Rosa Cancino Meza. Rosa, igual que Rosario Castellanos, es vecina del templo de El Calvario. Ahora que su mamá falleció los rezos por su alma han sido en ese templo, casi la capilla de su casa. Cuando me enteré del fallecimiento de su mamá, le envié un mensaje a Rosa y ella me respondió: “Ay, me duele el alma”. En esas cinco palabras se resume el sentimiento de una hija que amó y fue compañera y amiga de su mamá. Hace tiempo platiqué un poco de la vida de Doña Alicia, la mamá de Rosa, ah, mujer luchona, valiente, emprendedora; platiqué del tiempo que, al lado de su esposo, atendió el local donde rentaban videos. El local estaba en la esquina de su casa, justo frente al templo de El Calvario. Ahora que falleció, no sé el porqué, a mi mente llegaron dos palabras: “Oración Caribe”, que es el título de una vieja canción escrita por el Flaco de Oro, y que Natalia Lafourcade ha dado a conocer a los de esta generación. Llegó a mi mente por asociaciones extrañas. Tal vez por la palabra oración, porque ahora todos los amigos de mi amiga acuden a los rezos en el templo de El Calvario, su capilla. Se sabe que en un duelo la palabra no sirve como consuelo efectivo. En un duelo, la persona que tiene dolor en su alma vive en un estado de suspenso, donde todo transcurre como en una burbuja indefinible; sin embargo, la oración reconforta, posee un poder inmanente que es como bálsamo para el espíritu. Como dice Rosa Cancino, la ausencia física definitiva de un ser amado provoca un dolor en el alma. Un dolor de cabeza o de huesos o de músculos se apacigua al tomar una pastilla. ¿Con qué pastilla calmás el dolor del alma? Agustín Lara compuso la canción “oración del mar” y lanzó a los cuatro vientos una plegaria: “piedad, piedad para el que sufre; piedad, piedad para el que llora”. Natalia hace una genial interpretación de la canción. Digo esto, porque el ritmo que le imprimió fue un ritmo cachondón, alegre, que le quita la solemnidad de lo que la palabra dice. El compositor, maravilloso, lanza la plegaria sin un destinatario preciso; es como si la petición fuera a las potestades que están por encima de lo terrenal, porque ¿quién puede poner un poco de luz cuando hay desasosiego, cuando el dolor es una grieta oscura, brutal? Oración Caribe pide “Un poco de calor para nuestras vidas”, un poquito de bálsamo para paliar el dolor. Posdata: mi amiga Rosa Cancino se quedó sin su gran amiga, su fortaleza, el camino. Ahora, ay, pichita, tiene un gran dolor en su alma. No hay palabra que pueda ser una caricia, pero la oración sirve para convocar a la naturaleza, para que ésta haga su prodigio, el milagro, que hace todos los días, porque todos los días mueren seres amados y los que soportan la pérdida siguen caminando porque sabemos, ¡qué jodido!, que la muerte es la única certeza de la vida. Todos moriremos. Nos duele la pérdida, pero sabemos que es inevitable. La oración sirve para poner curitas en el alma, mientras la herida cicatriza. No hay más. El único asidero es la oración, donde pedimos piedad, para el que sufre, piedad para el que llora; donde pedimos luz infinita para la ausente. ¿Qué decirle a Rosa, qué decirle a cada persona que pierde a un ser amado? No hay palabra suficiente, todo es como una niebla enrarecida. No hay más consuelo que una oración. Para el no creyente le basta ver el mar, caminar por un bosque con sombra, sentarse en una piedra y ver el horizonte, correr, nadar. Estas dos prácticas deportivas son esencia de mi amiga Rosa, tal vez son modos de expresar una oración, una oración que también cure el alma de su mamá. Le envío mi abrazo respetuoso a mi querida amiga y canto, al lado de Lafourcade: “una poca de luz en nuestra aurora”. La foto que anexo es la que usan en el altar de los rezos. Doña Alicia tenía un poquito más de treinta años de edad, pichita linda, hermosa. ¡Tzatz Comitán!

sábado, 9 de agosto de 2025

CARTA A MARIANA, CON CELEBRACIÓN

Querida Mariana: pasó la feria de agosto 2025. Ya te conté que en los años sesenta, la feria se desarrollaba en el atrio del templo y en el parque central. Ah, los chiquitíos esperaban con ansia la fecha para trepar a la rueda de los caballitos (que se ponía frente al palacio municipal), para jugar chingolingo (aunque se supone que este juego era sólo para adultos). Las “zacatecas” se colocaban alrededor del parque y ahí comprábamos los “trepatemicos” y los dulces que preparaban los paisanos de mi papá (los coletos). Ah, era muy disfrutable. A veces llegaba un señor que colgaba los “View Master” (tal vez fueron las primeras palabras que aprendimos del inglés), estos aparatos permitían ver imágenes fotográficas. Había como veinte o treinta rueditas donde estaban las imágenes. El “View Master” hacía el prodigio de ampliar las imágenes para que quien pagaba los veinte centavos pudiera verlas. Había de todo, de paisajes de otros lados del mundo, caricaturas. El aparatito tenía una ranura superior donde se introducía el disco y una palanquita que se bajaba para darle vuelta al disco y mirar la siguiente imagen. Ah, era un chunche maravilloso, que se colocaba frente a los ojos (digo que este chunche fue el abuelo de las gafas 3D, que ahora son tan famosas). La feria era un verdadero deleite. Los mayores recuerdan que las personas del pueblo estrenaban “mudada” (outfit) el mero día de la feria. Un día, el gobierno construyó las instalaciones de la feria y el rebumbio del centro se olvidó, a tal grado que muchos jóvenes ni siquiera se enteraron que la feria era en honor del Santo Patrono del pueblo: Santo Domingo de Guzmán; digo esto porque antes todo mundo pasaba a echarse una persignada al templo que era adornado con esmero y cuya imagen de bulto era retirada de su nicho principal para que estuviera al paso de la gente, porque ya mirás que es costumbre pararse frente a la imagen, santiguarse y algunas personas tocan el manto de Santo Domingo, incluso hay gente que toma el manto y lo lleva a sus labios para besarlo, todo en nombre de la fe, todo digno de respeto. A mí me encantaba sentarme en una banca que estaba en el puesto del señor que, año con año, traía revistas de monitos, las colgaba en lazos y mostraban sus portadas. Las revistas, como has de comprender, estaban todas ajadas, todas manoseadas (en ese tiempo no me ponía a pensar que estaban llenas de microbios). Mi mamá me daba unas monedas para que disfrutara la feria. Yo gastaba toda mi paga en leer revistas de monitos (los actuales cómics). Ah, era un verdadero gozo elegir la revista, pagar el costo de la renta, sentarme al lado de otros muchachitos (no recuerdo que hubiese alguna niña. ¿No había mujeres lectoras? Había, sin duda, pero las niñas bonitas no se sentaban al lado de muchachitos piojosos. En término estricto yo no tenía necesidad de eso, porque mi papá me compraba revistas cada semana, pero vos sabés que los lectores no tenemos llenadera, siempre queremos más, como sucede con todas las personas que se excitan por algo. El otro día vi en el Facebook que hay en el país un compa que tiene una enorme colección de relojes bien caros. Sabemos que quiere más y más. Cada uno con sus pasiones. Los lectores son tan exagerados que compran libros de más, tienen en los libreros ejemplares que no han leído todavía, pero ahí andan comprando más y más. No tenemos llenadera. Ah, es una pasión maravillosa. No sé quién es el ser mortal que posee la biblioteca personal con más volúmenes, pero el otro día vi un video de la biblioteca de la residencia del gran escritor italiano Umberto Eco (sí, así, sin hache el nombre de Umberto) y miré que tenía más de cincuenta mil libros. ¡Pucha! Él caminaba por varias salas en medio de laberintos acuerpados por torres de libros. Pienso que él se sentía muy bien cuando caminaba en medio de ese enorme bosque. Y si hablamos de libros habrá que decir que en este 2025 apareció “Génesis del templo de Santo Domingo de Guzmán”, de la autoría de Diego Greene, director de cultura, del Ayuntamiento comiteco. El libro está a la venta en la Librería Católica, que está en la bajada hacia el Mercado Primero de Mayo. ¿Costo? Ciento veinte pesitos. El libro, como debe ser, da cuenta de la biografía del santo, así que apenas abrimos el libro hallamos rasgos biográficos del mismo. ¿Sabías que el santo nació y murió en el mes de agosto? Claro, de diferente año. Nació en 1170 y falleció en 1221. ¿Por qué en Comitán celebramos el 4 de agosto como día de su nacimiento? Andá a saber. Y digo esto, porque los biógrafos establecen que él nació en el Reino de Castilla el 8 de agosto del año citado. Bueno, los comitecos somos únicos. Ya mirás que el 20 de febrero celebramos a San Caralampio, cuando todo mundo sabe que él nació el 10 de febrero. Diego Greene ha publicado un libro que hacía falta en el librero de autores comitecos. Hay información acerca de San Caralampio, pero carecíamos de un libro dedicado a Santo Domingo. Ah, tal vez se debe a que Tata Lampo es el santo consentido de los comitecos, a pesar de que Santo Domingo es nuestro santo patrono. Nosotros celebramos a Santo Domingo el 4 de agosto y ese día, en este 2025, fue de gran jolgorio. Su atrio se llenó de luz, como nunca antes se dio ese concepto sociológico llamado sincretismo, la mezcla de lo profano con lo religioso, porque, como bien sabés, el templo está cerrado porque están dándole una manita de gato al techo que amenazaba con venirse hacia abajo. La remodelación se está dando gracias al entusiasmo del padre Manuelito, a la paga recaudada por los fieles en el “Techotón” y a la intervención de la regidora Silvia Ramírez que logró apoyo de nuestro paisano gobernador. Así que los actos religiosos han sido en el exterior. Me di una vueltita la mañana del cuatro, había mucha gente, muchísima; el ambiente de fiesta era sensacional. Como bien me dijo el padre Manuelito cuando era acto religioso, la feligresía miraba hacia el templo y cuando era acto cultural medio mundo veía hacia el templete donde participaban los grupos de marimba, del estado y del país vecino Guatemala. Todo fue como un hermoso tachilgüil, porque un poco más arriba de las carpas donde estaban los fieles escuchando la misa, había otras carpas donde la gente disfrutaba panes compuestos, tacos dorados y otros platillos. No puede faltar el puesto donde venden los de cabeza, los de tripita, los de surtida. Fue un acto con el mejor aroma de agosto, lleno de pájaros salidos de colinas luminosas. Así que la feria de agosto 2025 será recordada por esta manifestación popular donde se mezcló en forma maravillosa lo profano con lo sacro. Así como los ejecutantes de la marimba estuvieron trepados en un templete mientras la audiencia los escuchaba; así, el padre Manuelito estuvo arriba de un improvisado altar dando la bendición en día tan especial. Esta feria será recordada como el año donde Diego Greene, director de cultura, presentó el libro “Génesis del templo de Santo Domingo de Guzmán”, un libro que no está dirigido sólo a los fieles de la religión católica, sino para todos, porque da cuenta del proceso histórico que se dio con la llegada de los frailes dominicos a esta tierra. Cuando fui niño las personas del pueblo estaban divididas en agnósticos y creyentes y la mayoría de creyentes era de religión católica. Ahora, ha crecido el número de no creyentes y disminuido el de creyentes católicos por el tsunami de otras religiones. A mí me impresiona ver los ejércitos de Testigos de Jehová que invaden las calles, tocan en las puertas y hacen su chamba de jalar fieles a su religión. El padre Manuelito también está comprometido con su trabajo y hace una labor pastoral que medio mundo ha reconocido. Está haciendo bien su chamba y se notó en estos festejos, porque dio vida a los actos religiosos dedicados al dueño de la fiesta, quien estuvo abandonado por mucho tiempo. Digo pues que los chicos y chicas que van a las instalaciones de la feria y se divierten con los juegos mecánicos, compran un jocote encurtido y beben una chelas en los antros no tienen idea que el jolgorio es para celebrar el cumpleaños del santo patrono de este pueblo. Después de los datos biográficos, el libro de Greene presenta el capítulo “La llegada de los dominicos a Chiapas: génesis de una cruzada espiritual. A continuación, da una “Descripción histórica del Templo de Santo Domingo de Guzmán”; continúa con la “Descripción arquitectónica del Templo de Santo Domingo de Guzmán” y cierra con un par de oraciones dedicadas al santo. Posdata: ¿mirás? El texto sirve hasta para que los creyentes lo usen como devocionario, pero también es un documento que contribuye al conocimiento de nuestra historia común. ¡Bien! ¡Tzatz Comitán!

viernes, 8 de agosto de 2025

CARTA A MARIANA, CON UNA PLAYA Y AL FONDO EL MAR

Querida Mariana: de niño conocí el mar. Tiene años que no me acerco a una playa. Conocí el mar de Acapulco, el de Veracruz y el de Baja California. Conocer esas inmensidades me causó gran conmoción. ¿Quién no se sorprende ante tal extensión? Conocí el mar y no sólo lo vi de lejitos sino que me metí, claro en la orillita (ahora lo pienso y siento un gusano eléctrico caminar por mi espalda). ¿Cómo tuve el coraje para sentarme en la arena y dejar que el agua lamiera mis pies, mis piernas, mi panza, mi espalda? Tal vez hubo un tiempo que no fui tan tutuldioso. La primera vez que estuve ante el mar, en lugar de sentirme minúsculo, frágil, me sentí poderosísimo, un inmenso ser humano, como si ese prodigio me infundiera fuerzas y me llenara de su energía. Vi el horizonte interrumpido apenas por unas gaviotas que volaban y por una niña que estaba sentada sin parasol frente al mar. Hasta donde recuerdo, era un tiempo donde las chicas no se ponían bloqueadores. El sol no era tan inclemente, como ahora, sus dedos nos acariciaban en forma más sutil. ¡Mentira! ¡Miento! La primera vez que estuve en una playa de Acapulco, terminé con la piel toda quemada, mi mamá debió ponerme pasta dental en todo el cuerpo para mitigar el ardor. ¿Pasta dental? Sí. No sé qué sustancia posee el dentífrico que ayuda a curar las quemaduras de sol. Bueno, ya nada me sorprende, hay ocasiones que usamos algún objeto para algo que no es su vocación original. ¿Nunca has tratado de quitar un tornillo dándole vueltas con un cuchillo? ¿Nunca has limpiado tu nariz con un pedazo de papel higiénico que, se supone, fue creado para otro uso? Digo que mi primer recuerdo, un poco nebuloso, fue el del mar y la niña frente al mar. Yo estaba detrás de ella. La niña llevaba un traje de baño color naranja, tenía puesta una mano sobre la arena y su cuerpo adoptó una ligera inclinación, como si fuera un segundero de reloj marcando las once. El sol se regodeaba en la playa, sobre el agua y en las espaldas de la gente que ahí estaba, sus dedos eran como dedos del Rey Midas, porque todo lo volvía de color oro, color trigo, color nanche. La niña (casi estoy a punto de escribir, la niña más hermosa del mundo) parecía arder en su cabello, porque su melena corta, de por sí de color dorado, parecía una tea, un faro para que los extraviados supieran cómo llegar a la playa. Fue una visión maravillosa. Vi si alguien más observaba el cuadro que yo presenciaba, pero parecía que esa pintura, mejor que un cuadro de Sorolla, era sólo para mí. El destino me había reservado un mojol de lujo, no era sólo el conocimiento del mar (soberbio) sino que me había puesto frente a la imagen de esa niña (que no pongo que era la niña más hermosa del mundo, porque jamás le vi el rostro). Posdata: no sé cuántos momentos memorables conservás en tu espíritu. Conocer el mar fue una de las cosas más prodigiosas que me sucedieron. Yo, lo sabés, no había visto más que el Río Grande del pueblo (que como decía Bonifaz, ni era río ni era grande), los Lagos de Montebello, con muy bello colorido, pero pishcules, sin la fortaleza de millones de caballos desbocados vueltos olas espumosas que posee el mar. Hace muchos años que no he estado frente al mar. Tal vez la vez más próxima fue cuando estuve con mi Paty, Milis y Armín en el mar cercano a Tapachula. Debo ser sincero, no me gusta el calor que hace en la Costa. A mi edad tal vez sólo me gustaría estar frente al mar en algún país nórdico, con tres suéteres y un gorro tejido en la cabeza. ¡Tzatz Comitán!

jueves, 7 de agosto de 2025

CARTA A MARIANA, CON LECTURAS

Querida Mariana: cuando la tía Elena estaba enojada conmigo me llamaba así: Alejandro, con a minúscula. Acostumbrado a mi nombre siempre aparecía en mi mente como acá lo escribo: Alejandro, pero ella, envuelta en su coraje, remarcaba: Alejandro, con a minúscula. Con el tiempo se volvió chacoteo entre la familia. Sin estar molestos, al verme llegar, alguien decía: ya llegó Alejandro, con minúscula. Todos reían, yo también. En las familias hay de todo, a veces se cuela un genio, uno que sale bueno para el deporte, otro que es bondadoso y, nunca falta, el molestoso. Los jodones se caracterizan por hallar la grieta donde todo es como una pared bien aplanada. Un jodón comenzó a decirle a la tía, Elena con minúscula. Ella, muy enojada, le dijo que él era de huevos chiquitos. Entonces, quien recibió las bromas familiares fue el jodón, Emiliano. Cuando entraba a casa todos ponían la mano derecha frente al pecho y juntaban los dedos dejando apenas un huequito entre ellos. Emiliano sonreía, pero sus ojos lo delataban, la broma había caído en terreno fértil y no hallaba cómo remediarlo. Él nada tuvo qué hacer, una tarde nos reunió la tía a todos, con excepción del involucrado y nos dijo que ya estaba bien de esas bromas. Alguien le recordó que él había empezado. Eso era cierto, pero la tía dijo que ella decretaba un tiempo de paz. En la tarde, Emiliano entró a la sala y la prima Martha dijo: ya llegó Emiliano. Rosita se paró y le preguntó si quería dulce de chilacayote. Todo mundo notó la cara de sorpresa, sorpresa, porque él no esperaba ese trato. Él aceptó el dulce y, minutos después, Rosita le ofreció un plato con el dulce. El Emiliano era jodón por naturaleza, la abuela decía que ese gen lo había heredado de su papá, tío Guillermo, quien tenía fama de ser ojo alegre, iba al mercado y esperaba que una sirvienta se agachara a escoger los chayotes o el cilantro y repegaba su cuerpo, haciendo contacto con el trasero de la muchacha, diciendo, como si se dirigiera a la vendedora: qué bonito está el culantro, pero se mira que le faltó agüita. Decía, ya entre amigos, que si la muchacha se tardaba en escoger la verdura es que le había gustado lo que había sentido. El Emiliano cambió su carácter, el recibir una sopa de su propio chocolate le enseñó una lección para toda su vida. Posdata: yo también procuré no disgustar a la tía, cuando me llamaba lo hacía sin el agregado, al oír mi nombre, yo, mentalmente, decía: Alejandro, con A mayúscula. Así, hasta la fecha. ¡Tzatz Comitán!

miércoles, 6 de agosto de 2025

CARTA A MARIANA, CON UN DOCUMENTAL

Querida Mariana: los actos celebratorios han sido múltiples. En muchas partes del mundo celebran el Centenario del Nacimiento de Rosario Castellanos, la niña más amada de Comitán. Ya te conté que en Israel, la Embajada de México y la Universidad Hebrea organizaron una serie de actos donde se develó una placa conmemorativa. Asimismo, en la Cineteca Nacional, en la Ciudad de México, exhibieron un ciclo con películas basadas en su vida y en su obra. Dentro de estas cintas hubo la presentación de un documental realizado en 1958, intitulado “Todos somos mexicanos”, una producción del Instituto Nacional Indigenista, que da cuenta del desplazamiento de un grupo de mazatecos debido a la construcción de la presa Miguel Alemán, ubicada en la cuenca del río Papaloapan. Los chiapanecos sabemos de estos desplazamientos obligados, cuando se dio la construcción de las presas en el río Grijalva, los grupos humanos que vivían donde se inundó tuvieron que ir a otros lugares. Bueno, en 1957, las personas de la cultura mazateca que vivían en las orillas del Papaloapan debieron tomar sus pocas pertenencias para ir a vivir a otro lugar, un lugar que no era el suyo. El documental “Todos somos mexicanos” fue dirigido por José Arenas, fotografiado por el famoso Nacho López. ¿Sabés quién fue la persona que leyó el guion? ¡Fernando Marcos! Vos no tenés el antecedente, pero te platico que Don Fernando Marcos fue en los años sesenta un famosísimo cronista radiofónico deportivo, y en los años setenta de la televisión nacional. Los aficionados al fútbol soccer lo recuerdan, su voz era inconfundible. Siempre terminaba su colaboración con “cuatro palabras” (nuestro buen amigo Chuy Aguilar, cronista deportivo comiteco, se despide con “cinco palabras”); además, Don Fernando Marcos popularizó el dicho que aún repiten los cronistas del fútbol: “el último minuto también tiene sesenta segundos”. Hasta acá todo bonito, ¿verdad?, pero dirás: ¿y por qué me cuenta esto Alejandro? Ah, porque los escritores del guion fueron dos hombres y una mujer: Gastón García Cantú, Fernando Espejo y Rosario Castellanos (el video lo podés ver en Youtube, es muy interesante como testimonio histórico. Claro, al ser del INI, hay un mensaje positivo para lo que hizo el gobierno con la comunidad desplazada; es decir, tiene cierta orientación ideológica, es normal). En el libro “Una conversación seria. Cartas de Rosario Castellanos a dos amigas gringas (1957-1960)” de Carter Wilson, traducido por nuestro amigo Humberto Pérez Matus (si te interesa, podés conseguirlo con él) nos enteramos que Rosario abandonó San Cristóbal de Las Casas en 1957 y fue comisionada al INI en Mazatec, Oaxaca. Ahí, nuestra escritora presenció el desplazamiento de más de veinte mil indígenas mazatecos (“…los sobrevivientes informaron de aproximadamente 200 personas muertas de tristeza a consecuencia del desalojo…”). Rosario Castellanos atestiguó el desplazamiento de ese grupo humano. De ahí pepenó parte de lo que después sería el guion del documental. La Cineteca Nacional homenajeó a nuestra escritora, quien en vida fue una gran cinéfila. El edificio actual no lo conozco. Yo fui asistente asiduo de la anterior, la que se quemó en 1982. Lamenté mucho el accidente, porque fui feliz en las salas de la antigua Cineteca, edificio que se estrenó en 1974 (año del lamentable fallecimiento de Rosario Castellanos). El nuevo edificio lo he visto sólo en fotografías. Se ve admirable. Ahí fue el ciclo dedicado a la comiteca por el Centenario de su Nacimiento. Posdata: muchos actos culturales se han realizado para celebrar a la niña más amada de Comitán. En Comitán también la hemos festejado, diversas instituciones y empresas culturales. ¡Faltaba más! Vos sabés que con Paty Cajcam, todos los viernes a las cuatro de la tarde, hacemos la lectura comentada del libro “Cartas a Ricardo”. Ha sido una experiencia sensacional, porque, como dice Paty, las cartas, sin que ella lo presintiera, resultaron su autobiografía más cercana. ¡Tzatz Comitán!

martes, 5 de agosto de 2025

CARTA A MARIANA, CON EL DEPORTE RÁFAGA

Querida Mariana: la pregunta de las mamás en los años sesenta era: “¿a qué te mandé?” Los niños no sabían qué responder. Pues hacé de cuenta que el domingo mi mamá nos pudo hacer esa pregunta a mi Paty y a mí: “¿a qué los mandé?” Ella y yo salimos como a las ocho de la mañana de casa para ir al mercado de El Cedro. Nos trepamos al tsurito y llegamos a comprar tortillas hechas a mano, una bolsita de chinculguajes, un ramito de perejil y fruta: peras, manzanas, plátanos (acá le llaman guineos), mandarinas, un pedazo de sandía y guayabas, por aquello de la vitamina C. Luego trepamos de nuevo al tsurito y fuimos al supermercado para comprar las cocas de ella y una botella de aceite de oliva para mí. Te he contado que mi papá tenía la costumbre de tomar una copita (en serio) de aceite de oliva antes del desayuno, todos los días. Ahora, ¡me da pena decirlo!, yo me pongo el aceite de oliva en la planta de los pies al término del baño. ¡Qué costumbres tan raras tengo! Luego, de nuevo al tsurito para ir al mercado Primero de mayo, como la calle frente al templo de Santo Domingo está cerrada por las misas, ya que el templo está cerrado por la remodelación del techo, fuimos al estacionamiento Ulises y ahí dejamos el carrito, bajamos bolsas, caminamos y al bajar por la pendiente (la misma donde caminó la niña protagonista de la novela “Balún Canán”) escuchamos gritos y aplausos, el rebumbio provenía del Auditorio Roberto Bonifaz. Vi una gran lona anunciando los juegos de básquetbol con motivo a la feria de Santo Domingo 2025. Le dije a mi Paty que entráramos, ella muy responsable, dijo que no, que debíamos comprar pollo, que a eso habíamos ido. Entramos al mercado, pero en mi mente el ruido esplendoroso del juego de básquetbol seguía rebotando en mi espíritu. Recordé los grandes encuentros que veíamos con los amigos, en los años setenta, en la vieja cancha Pantaleón Domínguez. Claro, los partidos eran en la tarde, cuando anochecía se alumbraba la serie de focos que estaba sobre la cancha, sostenidos por larguísimos alambres amarrados en los extremos. La antigua cancha fue un espacio donde la comunidad se unía, en una ocasión vinieron los famosos Harlem Globetrotters. Muchos de mi generación podrán compartir testimonios de ese momento formidable. En el mercado compramos dos muslos, dos piernas, hígados (que le gustan a mi mamá), patas (que le encantan a mi mamá) y cuatro pechugas (no voy a decir que me gustan, porque luego lo malinterpretás). Y listo. Salimos con nuestras bolsas (bolsas, porque también compramos unos aguacates). Pero todo fue salir, para volver a escuchar el festejo del interior del auditorio. Adentro había una gran fiesta deportiva, se escuchaba. Le insistí a mi Paty, dijo que no, que gastaríamos a lo bobo. Ah, le dije, qué puede cambiar el mundo por veinte pesos. ¿Veinte pesos? Sí, es el costo de la entrada. ¡Cuarenta!, dirás entonces, dijo ella. Pero la nostalgia también le llegó a ella, recordó que ahí jugaban sus amigas, Paty De la Fuente y la Chava. Entremos. Y me encaminé hacia la entrada y ella dijo que estaba bien. Sí, diez minutos y nos vamos. Pagamos y buscamos dónde sentarnos (no había mucha gente, pero hacían la bulla de un gran estadio. Tal vez era el eco que magnificaba los gritos). Jugaba la selección de Comitán contra un equipo que jamás descifré su nombre (un señor que estaba a mi lado dijo que era un combinado de Bajucú). El tablero indicaba 3:30 del periodo tercero y el marcador era Local: 48, Visita: 49. El señor de al lado gritaba: árbitro ratero, y su mujer trataba de calmarlo. Mi Paty aplaudía cada vez que algún jugador de Comitán se acercaba al tablero. Minuto 1:17 y seguía el mismo marcador. En el minuto 0:13 el marcador cambió a 48, 50 y antes que el tiempo se agotara, Comitán anotó un tiro doble y el partido se empató. ¿Y ahora qué? El tablero indicó que el partido se iba a un quinto periodo de cinco minutos. Ella y yo nos quedamos viendo. Pues la casa podría esperar. Nos quedamos. El partido se reanudó y Comitán le echó galleta y jocoatol, porque en el minuto 1:39 el marcador iba 62, 53. Veinte segundos antes del final, los compas del otro equipo se rindieron, comenzaron a felicitar a los comitecos. Digo que recordé los años setenta. Traté de ver a los nuevos deportistas. Ya no están los nombres de El Chenco, del Camello; ahora hay alguien de apellido Vidal (de la gran dinastía), otro que tenía la palabra Niño en la playera; Walas, Liconza (Dios mío, pensé en Liconsa, empresa de gobierno que distribuía leche a bajos costos, donde trabajaron muchos comitecos en aquellos años setenta) y un compa que tenía la palabra Boook en la playera. Perdón, la vejez ya no me permite ver con claridad. Tal vez ya cambié los nombres de los seleccionados. Posdata: al término comenzaron a ensayar los dos seleccionados que continuarían con el torneo. No, dijo mi Paty. Y yo, como el cordero fiel de la leyenda, la seguí rumbo a la salida. Llegamos a casa y casi escuché: ¿a qué los mandé? ¡Tzatz Comitán!

lunes, 4 de agosto de 2025

CARTA A MARIANA, CON EL RECITAL DE MAXIMILIANO Y MARIANA

Querida Mariana: asistí al recital que ofrecieron dos jóvenes artistas, el pianista comiteco Maximiliano Domínguez Mayorga y la soprano tuxtleca Mariana Chandomí Hernández. La sala se llenó, la asistencia fue tan generosa que hubo necesidad de ocupar las bancas de los corredores. Más de ochenta personas disfrutaron el recital, que inició con puntualidad y tardó cincuenta minutos. Fue un acto fascinante, didáctico, con duración adecuada. El maestro Jorge Gordillo Mandujano repetía: lo breve es placentero. Este recital fue breve y bello. El programa advirtió que sería “un viaje sonoro desde el Romanticismo hasta el siglo XX”, fue eso y más, fue un viaje desbocado, un río de sonidos que regó todas las orillas. Me senté en una banca opuesta a la sala, desde ahí escuché las interpretaciones con nitidez, con el mojol de lujo al presenciar las nubes del cielo, las vi tomar un color de ámbar, encima de las tejas. Mi atardecer comiteco fue acompañado por notas prodigiosas, privilegio que pocos seres mortales tienen. En el parque todo mundo caminaba, compraba chicharrines o nieves, mientras en la Casa Museo Doctor Belisario Domínguez, un nutrido grupo de personas hacía una comunidad lunar, alejada del rebumbio del día a día. Mariana y Maximiliano lograron el prodigio de invitar a la audiencia a navegar en aguas de cristal. Mariana y Maximiliano interpretaron música alemana, música francesa y música mexicana. Este triduo fue el árbol que colocó renuevos y ojos verdes en el espíritu de los escuchas. Lamenté que el reloj se acercaba ya a las siete de la noche, con discreción caminé con rumbo a la salida, con rumbo a mi casa, a la cocina para tomar un vaso con avena antes de ir a la cama, para continuar con la relectura de El Quijote. Lo lamenté, porque el recital era un latido manso, una voz que caminaba en mi memoria. Maximiliano y Mariana, chicos generosos, vinieron a Comitán a desbordar sus talentos, como si fueran sábanas humildes, petates para la respiración. Estoy seguro que cada uno de los asistentes recibió esa carretada de viento iluminado; estoy seguro que cuando salieron de la Casa Museo una llama calentaba su alma. Estoy seguro que el recital fue como un bálsamo de hierbabuena, como miel con aroma de alcanfor. Max y Mariana bordaron una red con cielos fundacionales. Posdata: comparto con vos una imagen espléndida, los dos jóvenes artistas están al lado de una comiteca valiosa, la Doctora María del Carmen Vázquez Velasco, secretaria general de la Benemérita Universidad Autónoma de Chiapas. ¡Tzatz Comitán!

domingo, 3 de agosto de 2025

CARTA A MARIANA, CON NOMBRES PRODIGIOSOS

Querida Mariana: mucha gente ha pasado por el Centro Cultural Rosario Castellanos. Es un lugar emblemático del pueblo. Está al paso de todo mundo, frente al parque central. El edificio (bañado en piedra, dice Gladys Bonifaz) ha tenido diversos usos, pero desde 1974 es el centro cultural más importante de Comitán. Desde 2000 lleva el nombre actual, pero al inició fue conocido como Casa de Cultura y mucha gente sigue tratándolo así. Nadie podrá decir cuánta gente ha pasado por ahí, visitantes de paso, alumnos de talleres, admiradores de exposiciones o actos artísticos. Muchas mamás y papás entran para llevar a sus hijos a diversas clases en talleres de verano o en cursos regulares. Los nombres de la mayoría de ellos no están registrados en el libro de la historia. Lo que sí está consignada es la relación de quienes han ocupado la dirección de dicho recinto, gente comprometida con la cultura (unos más que otros y otros menos que los demás). Todos los directivos han impreso su huella en su momento, han hecho lo que consideraron importante para incrementar el arte. Comitán es un pueblo que ama y respeta la cultura y las bellas artes, pero éstas no se manifiestan con el valor que fuera deseable. A mí me ha tocado ser testigo de actos culturales donde hay poca asistencia, sobre todo en lo literario. Parece que este comportamiento es costumbre mundial. Los magnos recitales de poesía no convocan multitudes (las excepciones fueron recitales en Rusia, cuando los poetas llenaban estadios; en nuestro país hubo llenos totales cuando en Bellas Artes se presentó nuestro paisano Jaime Sabines y el uruguayo Mario Benedetti). Al contrario, los recitales musicales convocan multitudes. La música académica llena salas de concierto y la música popular llena estadios y foros con miles de asientos. Quienes se han sentado en la silla de la dirección de la Casa de Cultura de Comitán han hecho intentos por acercar a las personas al disfrute de los actos culturales. ¡Ah, qué labor tan compleja! La gente no se deja. Mientras los estadios de fútbol y los conciertos musicales en las ferias están a reventar, las presentaciones de libros no jalan más que una audiencia de veinte o treinta personas. Óscar Bonifaz creó la primera casa de cultura, de ese tiempo a la fecha han transcurrido cincuenta años, en este lapso han pasado por la dirección 13 personas. ¿Quiénes conforman esta relación de honor? Acá va la relación cronológica, que el actual director hizo favor de enviarme: Óscar Bonifaz; Jorge Melgar; Flor Esponda; luego Bonifaz de nuevo; Paco Flores; Luis Armando Suárez; Francisco Gordillo; David Esponda; Rosa Hortensia Aguilar; Flor Esponda una vez más; Ivette Constantino; Angélica Altuzar; María Elena Jiménez; otra vez Luis Armando Suárez; Arbey Rivera y, actualmente, Hermilo Aranda. Trece ilustres comitecos. Bonifaz, Flor Esponda y Luis Armando repitieron color y número. La responsabilidad es mayor, porque los directivos deben promover actos culturales y, además, atender lo que es como una escuela por los talleres. Vos y yo y medio mundo somos testigos de que cada uno de los directivos ha hecho lo que consideró pertinente para cumplir con el encargo. Falta el libro que dé cuenta de las diversas realizaciones de cada uno para tener un acercamiento de lo que se ha hecho. Se sabe que este mundo es infinito. Los directivos siempre terminan sus encargos con muchos logros, pero con un extenso cuaderno lleno de actos no alcanzados. No alcanza la vida para tanto, pero algunos han sembrado árboles que ahora dan sombra y buenos frutos. Luis Armando inició el Festival Balún Canán que luego se convirtió en el Festival Rosario Castellanos, este festival ha venido de más a menos, no sólo en cantidad de días sino en calidad de los actos. Nunca ha tenido la dimensión que merecería para honrar el nombre de nuestra máxima escritora. Varias voces se han escuchado que piden, exigen, que la literatura esté en primerísimo lugar, pero que sea con la participación de creadores literarios de alto nivel, que no sólo sea rellenar el programa con actos sin peso específico. ¿Qué directivo logrará posicionar a Comitán como una ciudad literaria? ¿Qué directivo podrá lograr el prodigio de convertir a esta ciudad en digna cuna de la escritora mexicana más importante del siglo XX? Los expertos han dicho que al revalorizar la imagen de Rosario Castellanos, de manera inteligente, el pueblo se volverá un polo turístico que obligará a miles de visitantes a dirigir su mirada en el pueblo. Posdata: hace falta el libro que dé cuenta de los nombres prodigiosos de quienes, entre otros nombres, han ofrecido talleres y han sembrado una semillita en el espíritu de la niñez comiteca. Francisco Gordillo (en paz descanse) comenzó una fértil siembra en la apreciación del cine (él era experto cinéfilo y cineasta). Ahora es un vacío que debe cubrirse, sobre todo ahora que hay tantos chunches tecnológicos a nuestro alcance. En el mundo hay diversos concursos de cortos cinematográficos realizados con teléfonos celulares. En la fotografía están Juan José Arreola y Óscar Bonifaz. Del archivo fotográfico del Centro Cultural Rosario Castellanos. ¡Tzatz Comitán!

sábado, 2 de agosto de 2025

CARTA A MARIANA, CON UNA CARTA QUE NO ESCRIBIÓ MOLINARI

Querida Mariana: ¿ya viste el título de esta carta? Ésta no la escribí yo. Es una noticia que sé te dará alegría y la celebrarás. ¡Sos famosa! Mucha gente de valía te escribe. ¿Me pongo celoso? ¡No, al contrario! También lo celebro. Ahora fue el maestro Marco Antonio Orozco quien se sentó frente a su computadora y te escribió, dedicó no sé cuánto tiempo en compartir sus reflexiones con vos. Te cuento, hace días hallé en mi celular el siguiente mensaje enviado por el maestro Orozco, cronista chiapaneco e incansable promotor cultural: “Apreciado Alejandro: Espero que te encuentres muy bien, disfrutando del fabuloso clima de Comitán y que hayas acompañado tu café con un buen panito. “Te agradezco, como siempre, que me envíes puntualmente las cartas que le diriges a Mariana sobre los temas tan interesantes que tratas. “Te escribo porque también quiero que Mariana se entere de algunas cosas relacionadas con el centenario de nuestra Chayito. Hoy sentí la necesidad de compartirlas, así que te pido el favor de hacerle llegar esta carta”. Y junto con el mensaje hallé un archivo en Word, que contiene la carta que te escribió. Acá te paso el original: “Querida Mariana: “En primer lugar, quiero decirte que este centenario ha sido muy positivo para difundir la obra de Chayito, especialmente entre las nuevas generaciones. También ha sido relevante para nuestros paisanos, quienes tal vez ya conocían su nombre, pero no habían tenido la oportunidad de leerla. Espero que ahora se haya logrado que muchos de ellos se acerquen a su obra. “A nivel nacional se han realizado muchos eventos, y aunque espero que no se trate sólo de un homenaje por el centenario, deseo que estos actos sigan realizándose por siempre. “Siempre he dicho que el mejor homenaje a Chayito es leerla, releerla, analizarla, difundirla y escribir sobre su vida y obra. Como bien sabes, es la literata más destacada que ha tenido México y una de las mejores de habla hispana. Muchos la comparan con Sor Juana, diciendo que Rosario es la más grande después de ella. No creo que sean buenas las comparaciones, pero lo importante es reconocer la magistralidad de sus obras. “Quiero que sepas que desde la preparatoria la he leído con regularidad. Durante mi estancia en la Ciudad de México, la Colonia Roma fue testigo de mis lecturas. En la universidad también la leí, tanto en la UAM como en la UNAM. “Desde el año pasado, he comenzado a releer sus obras, y este año estoy escribiendo ensayos sobre su vida y su obra. Ya llevo veintiocho entregas, y creo que llegaré a las cincuenta. Después, será necesario integrar estos textos para publicar un libro, aunque antes será imprescindible revisarlo y corregirlo para darle coherencia. Esperemos que esto sea posible el próximo año y que se encuentre una editora o editor que lo publique. “También quiero contarte que estuve presente en el homenaje realizado en su monumento, ubicado en el Bosque de Chapultepec, y he participado en varios eventos en los que he expuesto sobre su vida y obra. Estos eventos incluyen el Consulado de México en Houston, la UNAM, el Colegio de San Ildefonso, la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, la Librería Rosario Castellanos del FCE, el Club de Periodistas Primera Plana, y otros en Aguascalientes, Nayarit, León, Guanajuato, y próximamente en Durango en el Congreso Nacional de Cronistas de Ciudades y Comunidades Mexicanas. También participaré en el Encuentro Anual de la Asociación de Cronistas Oficiales de la Ciudad de México, en la Secretaría de Pueblos y Barrios Originarios y Comunidades Indígenas Residentes de la CDMX, en el Archivo Histórico de la Ciudad de México y en la FIL Guadalajara. En fin, donde haya oportunidad, seguiré promoviendo su obra. “En particular, quiero que sepas que he hablado con varios grupos feministas que desconocían su obra, sobre todo las más jóvenes, quienes se han mostrado interesadas en conocerla, ya que les he explicado que Chayito fue la precursora de los estudios de género en nuestro país. “Además, un ensayo de mi autoría fue seleccionado para integrar la antología conmemorativa que editarán CONECULTA, UNACH y UNICACH. Este ensayo es especialmente interesante porque ofrece un nuevo enfoque para el análisis de sus obras, desde las perspectivas filosófica e histórica. “Desde diciembre, he terminado un libro titulado “¡Caso hay tu baldilillito! Balún Canán: más allá de la percepción literaria”, el cual está en busca de editor o editora. “Mis ensayos también han sido publicados en los diarios Ultimátum, Estribor y Diario de Chiapas, en las revistas Politeia (editada en Culiacán, Sinaloa) y Crónicas Mexicanas (editada en Monterrey, Nuevo León), además de en blogs como Ecobiósfera, Cronimex y otros. “También participamos en el IMSS en las lecturas de poemas de Rosario en hospitales y en el Concurso Nacional de Cuentos que lleva su nombre, dirigido a los trabajadores del instituto. “Muchos somos los que promovemos su obra, y en esta carta quiero reconocer el valioso trabajo que realiza desde su propio espacio, Alejandro Molinari; especialmente en la Revista Arenilla y el Podcast de los viernes: “Hablemos de Rosario Castellanos”, junto con Paty Espinosa y a sus patrocinadores. “Que este centenario sirva para ubicar a Rosario en el lugar que se merece y para que su obra siga perdurando por siempre. “Con afecto y gratitud”. Marco Antonio Orozco Zuarth Posdata: ah, ya estoy viendo tu cara de satisfacción. Que ni se enoje tu novio, porque un gran intelectual chiapaneco te envió esta cartita. Él, como siempre lo ha hecho, entiende que vos sos también una gran chiapaneca. Vos sabés que yo me siento muy orgulloso de ser tu amigo y que has abierto esta ventana donde nos comunicamos, donde el primero de tus amigos da cuenta y recuenta de hechos. Ahora, debés agregar a la lista de tus amigos a Marco Antonio Orozco Zuarth, quien se ha dedicado con una gran constancia a escribir ensayos que honran la vida y obra de Rosario Castellanos. Marco, como también Gabriel Guerra Castellanos y Paty Cajcam lo han dicho, insiste que el mejor homenaje que puede hacérsele a Rosario Castellanos es leyendo su obra. El maestro Marco va más allá, dice que hay que leerla, releerla, analizarla, difundirla y escribir sobre su vida y obra. Él lo hace, hace todo lo que relaciona y esto le hace bien a Comitán, a Chiapas, a México y al conocimiento universal. ¡Tzatz Comitán!

viernes, 1 de agosto de 2025

CARTA A MARIANA, CON EXQUISITECES

Querida Mariana: acá están María y Gerardo. Ellos son mis amigos. Ellos son amigos de muchas personas en el pueblo. Acá están en el nuevo local que abrió María, en el parque de Guadalupe, contra esquina del famoso restaurante Doña Chelo. María no lo pensó así, pero ahora la gente come con Doña Chelo y luego pasan a adquirir las exquisiteces que ella prepara. Lo anunciamos tiempo atrás. Por fin, María abrió su local el domingo 27 de julio 2025. El local se llama “María Siliceo. Repostería”. Me encanta el nombre. No buscó nombres extraños, cintas extranjerizantes. Ella reconoce el valor de su nombre y sus amigos y clientes reconocen la calidad de sus productos gastronómicos. Acá están María y Gerardo, en un nuevo emprendimiento. María ha continuado con la tradición de su abuela materna. No sólo eso, ha sembrado su pasión con ahínco. Le encanta la repostería, le encanta compartir su creatividad. Lo que ella prepara son exquisiteces, ningún otro nombre le corresponde. Mirá lo que ahora ha creado para la gente de Comitán y para los visitantes: un espacio agradable para compartir experiencias e instantes. Las personas llegan al parque de Guadalupe y pueden sentarse en una banca de granito, en la sombra de árboles, con el aire agradable, para degustar un rico alfajor, no argentino, sino comiteco. ¿Ya viste el interior del local? Decorado con un gran gusto. Todo está preparado para vivir una grata experiencia. A mí me causa una gran emoción ver a paisanos que le apuestan a su pueblo, que sus emprendimientos ayudan al crecimiento comercial y cultural de Comitán. En el acceso a “María Siliceo. Repostería”, ella colocó una banca, tres maceteros llenos de flores y una estructura como pérgola, como esas tradicionales puertas japonesas. Estas intervenciones mínimas le han dado un toque de belleza a esa esquina del parque, cuyo nombre es “La Independencia”. El entorno fue modificado a favor de la convivencia. Todo planeado para que el momento sea una cinta de luz, una cuerda con cuentas de aire. Por fin, después de meses, María abrió su café para el disfrute de todo mundo. Ella tenía esta inquietud en su espíritu. Hoy tiene dos locales, uno que honra el lado materno, con venta de cremas y quesos (a cuadra y media de “Ferrecentro”); ahora este espacio honra su lado paterno, donde el café ha sido un puente esencial en las orillas de la vida. Posdata: un pequeño espacio del pueblo ha ganado en vida, en actos amorosos a través del sentido del gusto y de la vista. El sentido del tacto ya es el mojol del lujo, cuando las dos primeras esencias detonan la última. ¡Tzatz Comitán!