viernes, 5 de junio de 2026
CARTA A MARIANA, CON SEGUIDOÑA
Querida Mariana: dije que mi amigo Fer Avendaño murió el 2 de junio de 2026. Su cuerpo lo velaron en su residencia, del barrio de Los Sabinos. No podía ser en otro lugar, fue despedido en su casa (“Quinta Santa Cecilia), lugar que soñó y diseñó con cariño. El terreno es amplio, lleno de árboles. Ese lugar fue su refugio y lo convirtió en la red para unir a su familia, porque los tres hijos varones construyeron ahí sus casas y ahí viven ya con los nietos de Fer y las nueras. Para llegar a su casa (camino que seguí para llegar la mañana del 3 de junio a dar el pésame) se pasa por un sendero limitado con árboles, vi un árbol de mango lleno de frutas verdes, pronto estarán en su punto. En esta ocasión desde la tarde del fallecimiento, desde el momento que se avisó a amigos y familiares del deceso de mi amigo Fer, la familia colocó globos blancos en el trayecto, como señales para llegar. ¿Has visto cómo cuando hay una fiesta infantil colocan globos para guiar a los invitados? Así fue en este caso, seguí con cuidado el sendero con globos blancos para ir a la cita con el amigo. Al entrar a su terreno conduje por la senda de árboles y llegué a un espacio abierto, que funciona como vestíbulo, porque a partir de ahí se bifurcan caminos hacia las diferentes casas, las de sus hijos y la de él. A un lado hay una capilla dedicada a San Isidro Labrador, para pedir que quite el agua y ponga el sol, para que la cosecha no se pudra por exceso de agua, pero a la vez, qué simpático, los creyentes también le piden que mande agua en tiempo de estío, porque en la región, lo sabemos, los cultivos del maicito se dan por temporal y no por riego. San Isidro es el santo protector de los agricultores. Fer fue profesor, así que su cometido en la vida fue sembrar, sembrar conocimiento, con cuidado cultivó el espíritu del alumnado, con el mismo cuidado que cultivó su entorno familiar. Ahora sí que como dijo el poeta: la vida nada le quedó debiendo a Fer y éste nada le quedó debiendo a aquélla. Se fue contento. Bueno, como he dicho, al final un poco triste por el deterioro de sus cuerdas vocales que ya, para principios del año 2026 casi casi lo enmudeció por completo. Su voz potente se opacó. Sin duda que eso le causó una tristeza grande. Ayer lo comparé con Borges, al quedarse ciego. Mario Vargas Llosa en varias entrevistas declaró que uno de sus temores era quedarse ciego, por fortuna, Marito no sufrió deterioro en el sentido de la vista, parece que, gracias a Dios, en ninguno de sus sentidos, porque el del tacto bien que lo usó en el cuerpecito de la Isabel Presley.
A la hora que llegué al velorio eran las ocho de la mañana, había algunas personas que rezaban un rosario. En el escenario que Fer preparó para actuaciones musicales estaba expuesto el ataúd, dos retratos enormes de él presidían el espacio, al lado de varias coronas enviadas por instituciones y amigos. En la entrada a su casa, cerca de la alberca que mandó a construir, existe un pequeño pedestal donde aparecen dos letras tridimensionales: una A y una G (iniciales del apellido Avendaño y del apellido Gallegos, que formaron la familia Avendaño Gallegos, tronco hermoso del árbol que Fer y Cecy cultivaron. Hoy, Cecy se quedó sola, su gordito travieso ya se fue).
Llegué a su residencia y en la entrada me topé con un gran zopilote camuflado en un moño negro inmenso, suspendido en el aire, en el centro. En su terreno siempre hay cenzontles, pájaros amarillos y unos pintados con rojo, ahora un pinche intruso oscuro se interpuso en el camino de Fer, le puso el pie para que tropezara de manera definitiva.
La mañana del 3 de junio tuvo una rutina diferente, apareció un velo que colocó una neblina en los ojos de toda la familia, que entristeció sus espíritus. Un día, el moño negro desaparecerá de esa puerta y regresarán los alegres pájaros cantores, quienes extrañarán para siempre la voz del patriarca familiar, el niño bueno, chambeador, que creció en el barrio de La Lana y construyó un reinado en su terreno de Los Sabinos.
Digo que al lado de la casa de su hijo Nico hay un campo de fútbol, para que los niños jueguen. La mañana que llegué vi las dos porterías olvidadas, imaginé cuando ahí se da la cascarita entre amigos y familiares. Llegué una mañana donde el país ya comienza a generar un ambiente para disfrutar el Mundial de Fútbol. Dicen los expertos que nuestro país no será protagonista, porque sólo habrá trece partidos de más de cien, pero la afición sabe que, aunque sean trece partidos (número cabalístico) tendremos fútbol mundial en casa, así como en casa Fer acondicionó un espacio para la cascarita futbolera. No sé bien, pero entiendo que la gran pasión de Fer no fue el fútbol, pero diseñó, al lado de sus hijos, una cancha para que los nietos crecieran en medio del juego y del arte.
Fer fue un gran apasionado de la vida. No fue un gran cantante (nada de ser Caruso), pero sí fue un artista que le puso mucho corazón a la actividad musical. Siempre fue generoso, acudía, junto con su familia, a amenizar festejos amistosos, sin que la paga fuera el motivo esencial. No había paga, no importaba, bastaba que el anfitrión les proveyera comidita y bebida para que el grupo musical desgranara notas musicales bien armonizadas. Es maravilloso pensar que lo sembrado será una cosecha permanente, porque su familia seguirá dándole a la tocada y a la cantada. Cecy, su esposa, seguirá, sin duda, declamando los textos que Fer escribió, sobre todo, uno que dedicó a Comitán. Ella siempre inicia así: “de mi adorado esposo…”, dice el título y se avienta a declamar el texto.
Posdata: Fer me decía Alex Ben. Ya nunca más. Dicen los clásicos que sólo se adelantó en el camino. ¿De verdad es así? ¿Por qué hay gente que se adelanta? Parecería que la imagen no es la más representativa. Fer se fue, acabó su caminar en este mundo, un caminar que le permitió gozar cada instante de vida, consumirlo al máximo, reconociendo que el final llegaría implacable. Descanse en paz.
¡Tzatz Comitán!
