martes, 16 de junio de 2026

CARTA A MARIANA, CON ANTOJOS

Querida Mariana: caminé por el parque de Guadalupe, el parque de mi pueblo. Ya te dije que el nombre oficial del parque es “Independencia”, nadie dice ese nombre. Bien dicen que la voz del pueblo es la voz de Dios, el pueblo es quien se apropia de las cosas y las nombra. Es un poco lo que sucede con la flora, todos los árboles y plantas tienen nombres científicos, sólo los expertos los llaman con dichos nombres, la gente de a pie usa nombres cercanos, cómo no va a ser bonito que a una flor le llamen “Huele de noche”, es un nombre pasional, el científico es Cestrum nocturnum. El lenguaje de la pasión no acepta nombres solemnes, se sublima con palabras llenas de aire, de vuelo. Así, los parques tienen los nombres con que los bautiza la gente de a pie. ¿Parque de La Corregidora? Ah, pues, estamos chupando tranquilos, medio mundo de Comitán le llama parque de San Sebastián. Digo pues que caminé por el parque de Guadalupe, un mediodía de domingo de junio y encontré, debajo de carpas, a un buen número de gente emprendedora, sobre mesas ofrecían una serie de objetos diversos (amigurumis, juguetes, joyería, figuritas para el álbum del Mundial, suéteres, ropa para bebé) y una buena riqueza gastronómica (pan de Las Torres -con hamburguesitas; fresas con diversos acompañamientos, licores y pastas coreanas). Saludé a mi amiga Lorena Aguirre, a ella la conocí hace como diez u once años, cuando era integrante de un dueto artístico, al lado de un compa ella interpretaba canciones, con una voz exquisita. Hoy sigue cantando, es maestra de preescolar y por ratos, los fines de semana, acude al bazar y ofrece artículos para bebé. Saludé también a la maestra Nicté (la recordarás, es la maestra de la Escuela México, de San José Obrero, quien estimuló y preparó a un grupo de niñas que participaron en un torneo estatal de carrera y obtuvieron el subcampeonato estatal). ¿Qué anda haciendo acá?, pregunté. Ofrezco joyería y enseñó las que llevaba puestas y le quedaban muy bien. Ella no necesita contratar modelos. Después de curiosear (es una actividad bien bonita y relajante) llegué a la mesa donde Luis, Gina y Monserrat ofrecían galletas, manzanas caramelizadas y otras delicias. Estos tres amigos tienen dos emprendimientos que se unen, una es “Dulce antojo” y la otra se llama “Crumb’s and Co.” Con la primera no tuve problema, con la segunda sí. Todo mundo conoce los antojos, todo mundo es antojadizo, pero qué significa crumb’s, Gina me dijo que se puede traducir como migajas (¿en serio?) y explicó que el Co lo usan como una abreviatura de compañía; es decir, de company, pues todo está en inglés. Va. Ya me despedía cuando algo que estaba en la mesa y no había visto llamó mi atención: un recipiente transparente, con agua y un limón al centro. Leí el letrero: “Pon una moneda sobre el limón X 5 segundos y te llevas un premio”. Al fondo del recipiente había una serie de monedas de un peso y de dos pesos, de gente que intentó ganar el premio pero no lo consiguió. Pensé que ese era un gran emprendimiento, un jueguito simpático, atractivo, que apela a la eterna tentación. He visto en los grandes almacenes unas máquinas donde la gente introduce una moneda y juega para atrapar con unas pinzas un peluche. Acá, el juego del limón, consistía en colocar con mucha pericia una monedita en el centro pelado del limón, soltarlo con mucha precaución para ver si resistía los cinco segundos sin irse al fondo. Le pregunté a Monserrat si esa mañana alguien había conseguido la proeza y me dijo que no, que la casa no había perdido, que todo había sido ganancia. Pero, agregó, sí es posible conseguir que la moneda tarde cinco segundos sin caer, tiene su secreto. Pero como ellas no estaban dispuestas a compartir el secreto y yo tampoco a perder mi moneda ¡no jugué!, pero muchos, antes que yo sí habían caído en la tentación. Les comenté que era como en la Fuente de Trevi, donde, según la leyenda, los visitantes regresan a Roma si avientan una moneda en la fuente. Acá, así lo pensé, los que pusieron su moneda sobre el limón aseguraron que su futuro no sea tan ácido. Disfruté el pequeño tour que realicé en los diversos emprendimientos, recordé cuando mi Paty y yo íbamos al Bazar de Los Sapos, en la ciudad de Puebla, a vender las cajitas que pintaba. Posdata: Gina, Monserrat y Luis también son integrantes de un grupo de danza, les encanta bailar, ya cumplirán dos años de estar en una agrupación que se llama “Ollin Chanum Balam. Ensamble folclórico de Chiapas”. Son chicos muy agradables. Cuando llegó mi Paty para ir a comprar comida me despedí de ellos y los dejé con su limón travieso, en el parque de Guadalupe. ¡Tzatz Comitán!