miércoles, 3 de junio de 2026
CARTA A MARIANA, “EN LOS LABIOS DEL VIENTO”
Querida Mariana: supe que fue presentado en la Feria del Libro y de la Rosa, de la UNAM. A partir de ese instante comencé a rastrearlo. Busqué en librerías en línea, famosas librerías. ¡Nada! Por fin lo hallé ayer, iba a pedirlo cuando tuve la suerte, suertísima, de platicar con la licenciada Chusy, ella abrió su bolso y me dio un ejemplar. ¡Por fin! En mis manos, el libro más reciente de la Poniatowska: “En los labios del viento he de llamarme árbol de muchos pájaros”.
Hace tiempo alguien dijo que Elena había realizado muchas entrevistas a Rosario Castellanos, ese bagaje cultural podía volverlo libro. El número de entrevistas sólo revela la cercanía que la Pony tuvo con nuestra amada pichita. El trato frecuente se convirtió en lazo de amistad, sustentado en el gran conocimiento que Poniatowska tuvo de la obra literaria de nuestra autora.
Vos sabés que me encanta recibir libros, el libro que me obsequió Chusy me provocó gran emoción, porque, como aparecen estas líneas en contraportada: “A cien años del nacimiento de Castellanos, Poniatowska nos ayuda a entender y a reconocernos en sus palabras, que perduran como un testimonio indeleble de inteligencia y compasión”.
El libro que Elena escribió no es la recopilación de las entrevistas, es un ensayo lúcido acerca de la personalidad de Rosario, donde la Pony, como si fuese una afectuosa psicóloga, realiza una lectura de la vida de la comiteca, comiteca por los cuatro costados, como la definió el escritor José Martínez Torres. La Pony reflexiona acerca de muchas aristas vitales de Rosario y va más allá, se atreve a decir lo siguiente, por ejemplo: “Siempre he pensado que a Rosario la matamos. Quizá sea absurdo pero este sentimiento se agudiza a medida que pasa el tiempo. Como matamos a las mujeres que pretenden hacer algo en su vida. Hablo de las mujeres porque su situación es más expuesta, más desamparada, más sujeta a una sociedad que les es infinitamente hostil cuando destacan”.
¿Mirás? La Pony no sólo expone vida y obra de Rosario. Siendo una escritora con gran conocimiento del entorno mexicano y de los cambios en nuestra sociedad revela el papel protagónico que Rosario trasfundió a través de sus propias reflexiones y de su accionar. Dice la Pony que matamos a Rosario, así como matamos a las mujeres que pretenden hacer algo en su vida.
Dora Patricia asevera que Rosario fue muy valiente, porque, en 1950 (mitad del siglo XX) se atrevió, al lado de su amiga Dolores Castro, a treparse a un barco para viajar a España. Dos mujeres mexicanas viajando solas, atreviéndose a cruzar el océano, atreviéndose a abrir ventanas que les eran canceladas a las mujeres. Por eso, en su tesis con la que obtuvo el título universitario: “Sobre cultura femenina”, ella se atrevió a preguntar: ¿existe la cultura femenina? Lo hizo porque, como en los demás temas de la vida mexicana, lo que imperaba era la presencia masculina, basta ver fotografías de los años cincuenta donde Rosario es la única mujer en un grupo de hombres. Las fotografías son el testimonio de cómo era la sociedad mexicana, donde la participación de las mujeres era rechazada. Rosario se atrevió a romper muros que impedían el libre tránsito de las mujeres. Si en 2026 todavía existe un rechazo en ciertos sectores, podemos imaginar lo que era anteriormente. Gracias a mujeres como Rosario, como la Pony, la situación es diferente. Puede parecer, si no absurdo, sí exagerada la declaración de Elena cuando dice que matamos a Rosario, pero tal vez la Pony pone el dedo en la llaga, porque no es sólo hablar de Rosario, sino también de todas aquellas mujeres que pretenden hacer algo con su vida. Parecería que en este país se trata de cancelar oportunidades a mujeres por el simple hecho de su condición biológica; parecería que el grito silencioso, pero brutal, es ¡que no pasen las mujeres en un mundo que los varones piensan que ellos crearon!
Posdata: en cuanto Chusy, generosamente, me entregó el ejemplar ¡comencé a leerlo! Ahí voy. Escucho hablar a la Pony, a sus noventa y dos años lúcidos de edad, me cuenta su mirada especial acerca de nuestra relevante escritora comiteca. ¡Ah, qué deleite! Como dice el tal Molinari ¡es mi privilegio!
¡Tzatz Comitán!
