domingo, 21 de junio de 2026
CARTA A MARIANA, CON HÉROES
Querida Mariana: son héroes los futbolistas. ¿Ya leíste el libro de Juan Villoro que se llama “Los héroes numerados”? Éstos son, por supuesto, los que portan camisetas con número en las canchas del mundo. El número es parte de su piel, de su espíritu.
Lejanos están los tiempos de los héroes homéricos: hijos de dioses y mortales. Ah, qué combinaciones tan olímpicas. Ahora, en este siglo XXI, los héroes son de otra naturaleza. Ya no son semidioses, en sentido estricto como sí lo fueron en el Olimpo Griego; hoy, Villoro dixit: tienen números en las playeras y esto los define. En una carta que te envié hace días hablé del diez de Maradona, del diez de Pelé, del diez de Zidane. Números que corresponden a héroes numerados, que todo mundo idolatra.
Hay muchos héroes en el mundo. Por fortuna, todavía muchos padres siguen siéndolo, muchas madres siguen siendo heroínas, aunque no tengan números en las playeras, aunque no salgan en la televisión, los hijos (qué bueno) siguen considerándolos héroes; es una pena que en cuanto los hijos crecen los verdaderos héroes, los papás y las mamás, son suplantados por héroes plásticos, falsos: Iron Man, Superman, Spider Man, la Mujer Maravilla y demás baratijas intergalácticas. Los fanáticos del fútbol pegan posters en sus recámaras de sus héroes; los fanáticos de la canción, del deporte, del cine, pegan otros rostros. ¿Quién es el adolescente que pega un cartel con el retrato de su papá, el héroe que creó en su niñez?
Hoy, la verdad, existen muchísimos héroes hechizos, producto de la mercadotecnia. Si Villoro habla de los héroes numerados, los que llevan dígitos en el reverso de la playera, ahora se puede hablar de los héroes signados, porque llevan en los dorsales y en la frente el signo de pesos. Son héroes creados por el consumo.
¿Por qué hablo de héroes? Porque hay muchos que pasan de noche, no son apreciados, hacen su trabajo y el tiempo borra sus actos, la historia los ignora. Ayer caminé un rato por mi parque, el central, bajé a la puerta del templo de Santo Domingo y vi, desde esa frontera, lo que están haciendo en el interior. Medio mundo de acá sabe que hay un equipo especial de personas que realiza los trabajos de arreglo de la techumbre. Desde hace meses han estado chambeando duro. Ya van en la tercera etapa, que es la que está sobre el atrio, todo lo demás ya está cambiado, eliminaron todas las vigas que estaban muy deterioradas y ahora, el techo del templo tiene una nueva techumbre. Platiqué un minuto con uno de los empleados (estaba en el tiempo del desayuno) y comentó que (como todo mundo lo dijo) el techo estaba a punto de derrumbe, tanto que ni la paloma, símbolo del espíritu santo, iba a detener la caída. Gracias a Dios (ahora sí bien dicho) aparecieron voluntades humanas, casi héroes y heroínas, que destinaron paga para el arreglo urgente. Ah, cuánto héroe en esta acción, muchos nombres aparecerán en el libro de la historia, ¿y los nombres de los héroes que han trepado a los andamios, los que están haciendo un trabajo de carpintería de excelencia para que las vigas queden impecables? Cuando el trabajo termine, lo deseable es que se consignen los nombres de estos héroes anónimos. Nuestra historia ha rescatado, por fortuna, nombres de algunos héroes constructores, no sólo el de los arquitectos y directivos, sino de los que, día a día, jornada tras jornada, realizan trabajos pesados. Todo mundo debería ser como el maestro de la albañilería, Rito Aguilar, quien, siempre, orgulloso, firmó sus obras con el siguiente mensaje: “Hecho y trabajado por Rito Aguilar”.
Desde la entrada tomé esta fotografía que anexo. Verás cómo de acá para allá el trabajo ya está avanzado. Donde está el cubo de luz, donde se ven las estructuras metálicas, es la parte final. ¿Cuánto tiempo llevan ya de trabajo? No sé bien, pero ya son meses, meses donde ellos han trabajado sin descanso, salvo, claro, cuando se suelta el aguacero.
Posdata: caminé por la banqueta donde está el Salón Lino Morales y vi que en el patio interior había una serie de tres vigas sometidas al fuego, para que se secaran. Pregunté: ¿en Comitán no existe un horno en algún aserradero para que las vigas queden estufadas? No, fue la respuesta inmediata. El largo de las vigas es enorme, así que el estufado de la madera debe hacerse en forma tradicional, vi que es un trabajo delicado y agotador, como agotador cada detalle que realizan estos héroes, quienes, igual que Superman, tienen que andar por las alturas, pero sin capa y sin el don de volar (Dios los cuide).
Ojalá que en la inauguración del arreglo del techo del templo de Santo Domingo, las autoridades eclesiásticas y las gubernamentales hagan un reconocimiento a estos héroes que trabajan para que la techumbre del santo patrono de Comitán tarde otros siglos. Sería un gran acto que la inauguración anticipe el festejo de los quinientos años de la fundación de nuestro pueblo.
Vi a Don Santiago, aventaba trozos de madera en ese improvisado horno, así alimentaba el fuego para secar las vigas que estarán en el techo del templo y lo resguardarán durante más siglos. Don Santiago tenía un casco amarillo, vi que su trabajo no era sencillo, al contrario, era un trabajo agotador, pero ahí lo estaba haciendo, con la convicción de ser un héroe anónimo.
¡Tzatz Comitán!
