sábado, 20 de junio de 2026
CARTA A MARIANA, CON BRILLOS FUTBOLEROS
Querida Mariana: mi parque se llenó de futboleros en este 2026. Ya dije que presto mi parque central para que Estrellita lo adorne. Ahora hay unos balones que son como pasajes que permiten pasar en sus panzas para ir de un lado a otro y hay muchas figuras de las grandes estrellas futboleras. La mayoría son de jugadores que participan en este Mundial, pero ayer encontré a grandes personajes de la historia del fútbol mundial. Paso copia de algunos que me topé a mi paso. No soy aficionado, pero sí reconocí a los que te mencionaré: Zidane, Maradona y Pelé. Pucha, ahora sí, como decía el gran cronista del fútbol, Ángel Fernández: ¡me pongo de pie! Me pongo de pie, porque los tres mencionados fueron grandísimos genios del deporte de la patada. Los tres jugaron con la camiseta número 10 (que en mis tiempos de estudiante de la primaria era la calificación que todo mundo quería, aunque algunos fueran burros que no merecían algo arriba del seis).
De los tres mencionados sólo Zidane vive, Pelé y Maradona ya no están en este plano terrenal. Los tres fueron grandes, tanto que algunos expertos mencionan que eran astros. La discusión es eterna, ¿quién fue el mejor? Como en México hay mil moles y cada cocinera piensa que su mole es el mejor, así resulta con el fútbol, no existe una regla que mida la eficacia, porque los talentos son únicos. Lo que sí sabemos es que los tres fueron excepcionales; es decir, formaron excepción entre los miles y miles de jugadores.
En México, más que de Zidane, tenemos grandes recuerdos de Pelé y de Maradona, tal vez porque ellos son de Sudamérica y Zidane del continente europeo. Zidane jugó con la selección de Francia, Pelé con Brasil y Maradona con Argentina.
Grandes escritores han puesto sus miradas en el fútbol soccer. Los intelectuales pesados consideran a este deporte como algo que no merece la atención, sin embargo, hay otros destacados pensadores que explican cómo “el juego del hombre”, como fue llamado por un gran cronista, es un deporte que apasiona al mundo, porque es un juego sin reglas ortodoxas, el escritor Juan Villoro dice que, salvo el fuera de lugar, que merece cierta atención para entenderlo, todo lo demás del juego puede entenderse perfectamente, a diferencia del fútbol americano que sí es más complejo, igual que el béisbol. El fútbol es un deporte que apasiona, porque los niños y niñas lo practican con facilidad, en muchos lados, porque no exige un campo especial, como sí es necesario en el tenis. El fútbol se juega en un pedacito de terreno, no importa que no esté plano ni que tenga hoyos llenos de agua. ¿No hay pelota? No importa. Se puede hacer una con calcetines o se juega con un envase de plástico (nada circular). Todo puede improvisarse, para echar la “cascarita”, para disfrutar la “jugada”, como le dicen en las comunidades rurales. Se popularizó lo de “el juego del hombre”, ahora, para ser incluyente se dice “el juego de la mujer y del hombre”, porque cada vez hay más chicas que practican el deporte, incluso de manera profesional.
El gran Pelé, considerado por muchos como el mejor jugador de toda la historia, fue muy querido en México, sobre todo en 1970, cuando nuestro país fue sede y Brasil fue el campeón, venciendo (qué pena) a la selección de Italia. En la facultad de ingeniería, en el año 1976 tuve un compañero que se llamaba Edson y él contó que su papá había sido un gran seguidor de la trayectoria deportiva de Pelé, desde que comenzó a jugar, en los años cincuenta, así que bautizó a su hijo con tal nombre, porque vos sabés que el nombre de Pelé es Edson Arantes Do Nascimento. Hay miles y miles de ejemplos donde los papás, aficionados a algún deporte, bautizan a sus hijos con nombres de famosos; hay casos donde la opinión de las madres impera y las hijas son bautizadas con el nombre de la actriz de la telenovela. Miles y miles de Luceros en honor a la cantante que se casó con Mijares.
De igual manera, los más jóvenes apuestan por Maradona para ocupar el sitio de honor, los expertos dicen que la opinión es válida pero no certera, porque éstos no tuvieron oportunidad de ver jugar a Pelé; además, sacan el tema de la vida de Maradona fuera de cancha, vida que no era muy digna de ejemplo, porque el gran Maradona fue dado a excesos de sustancias peligrosas; pero, el mismo Villoro menciona que, como jugador fue ejemplar, porque era un tipo que motivaba mucho a sus compañeros y logró la hazaña de que equipos menores crecieran cuando él jugó en ellos, por ejemplo, el Nápoles.
Los tres jugadores lograron emocionar a millones de fanáticos en todo el mundo, fueron seguidos por multitudes, aclamados como geniales deportistas.
Cuando tomé la fotografía, de inmediato, casi por encima de los nombres de los jugadores, aparecieron los nombres de sus países y pensé que dichas naciones están muy cerca de mi vida, porque están hechos con nombres de escritores que admiro. Te conté que una de las primeras obras de teatro que leí, en los años sesenta, fue una obra del francés Moliere: “El médico a palos”, que disfruté con una emoción que jamás un juego de fútbol me había provocado. Argentina, vos sabés, es la patria de mi amado Julio Cortázar, ah, cuántos libros de cuentos y novelas disfrutables. ¿Y Brasil? Pues de ahí, nada más y nada menos, es el gran Rubem Fonseca, escritor de cuentos memorables. Recuerdo que Sergio Pitol me dijo: hay un brasileño malo y otro bueno, el malo era Paulo Coelho y el bueno ¡Rubem Fonseca!
Posdata: la gente se para frente a las figuras de los jugadores y aprovechan para tomarse la foto del recuerdo. El otro día me tomé una foto al lado de Messi, el gran jugador de estos tiempos. ¿Quién es mejor: Messi o Cristiano Ronaldo?
¡Tzatz Comitán!
