sábado, 6 de junio de 2026

CARTA A MARIANA, CON UN LIBRO Y UN PRIMO HERMANO DE ROSARIO CASTELLANOS

Querida Mariana: la casa aún existe, es de dos plantas, en 2024 (según Google Maps) estaba pintada de amarillo crema y de un rojo quemado, en las cenefas y en los marcos de los ventanales. Está al lado de una casa gemela, la única diferencia es la distribución de los ventanales, de los portones y que uno de los portones está pintado de rojo quemado y el otro de negro (la del portón rojo es de la que hablo). La casa está en la CDMX y fue la residencia que habitó Don Jesús Figueroa Abarca y su familia. Como vos bien sabés, Don Jesús fue hermano de la mamá de Rosario Castellanos, Doña Adriana Figueroa Abarca. Don Jesús se casó con Doña Lupita Marín Orantes, hermana de la mamá de mi amigo Rogerio Román Marín, Doña Anita Marín Orantes, bella mujer, a quien conocí cuando iba a la casa familiar. Además de contar con la amistad de Roge, la vida me unió a su hermanito Miguel (ah, hermano del alma). Todos los de la palomilla llegábamos en los años setenta a la casa de Miguel y sus hermanos: Roge, Juan, Anita y Laurita; el papá, Don Roge, nos invitaba a tomar unos tragos con él mientras veíamos un partido de fútbol en una televisión en blanco y negro. Don Roge fue un gran conversador, era un hombre memorioso y gran lector, además fue un gran aficionado al fútbol, en estos tiempos ya estaría hablando del Mundial del 2026. ¿Por qué te cuento esta historia? Porque, el otro día platiqué con Roge, en la plática asomó el tema de un libro maravilloso que editó el gobierno del estado de Chiapas, a través de Coneculta, que dirige la paisana Angélica Altuzar Constantino. Le platiqué que el libro se titula: “Rosario Castellanos. Nací de mi sueño. Iconografía” y, como el título lo indica consiste en una selección de fotografías de Rosario Castellanos, desde fotos familiares siendo pichita, hasta documentos gráficos de su lamentable accidente. Como mirás, es un gran recorrido por su vida en imágenes. Fue cuando escuché la noticia que me sorprendió. Roge me dijo que es primo de Jesús Figueroa Marín, por la relación familiar que ya expuse. ¡Qué! Jesús Figueroa Marín es primo hermano de Rosario. ¿Mirás? Actualmente, Jesús vive en Monterrey, tiene más de ochenta años de edad, pero se conserva muy bien, física, mental y espiritualmente, es ingeniero civil y sigue en activo, gente de prosapia, de abolengo. Cuando me enteré de esta historia, que no todo mundo sabe, me puse en contacto con Lupita Gordillo, quien trabaja al lado de la directora de Coneculta y le dije que sería importante que el primo hermano de Rosario tuviera un ejemplar de ese libro. De inmediato, Angélica envió el ejemplar y me encargué de dárselo a Roge para que se lo enviara a su primo Jesús, porque ellos están en constante comunicación, seguido, Roge le envía tostadas y tamales para que allá disfruten de esas exquisiteces comitecas, la tierra bendita donde creció su prima hermana, nuestra pichita amada, la excelsa escritora Rosario Castellanos (como decía el cronista deportivo, Ángel Fernández: ¡me pongo de pie!). Y el libro llegó hasta Monterrey, hasta allá llegó la iconografía de Rosario. La casa donde vivió Don Jesús, Doña Lupita Marín Orantes y sus tres hijos está en General Zuazua 34, en San Miguel Chapultepec, residencia relativamente cerca de la de Rosario Castellanos, en Constituyentes. ¿Recordás que leímos en una biografía de Rosario que ella vivió un tiempito en la casa de su tío Jesús? Roge me cuenta que él conoció esa casa y, en efecto, en la parte posterior había una especie de departamento donde ella estuvo. Esto da una idea de la cercanía de nuestra escritora con sus tíos Lupita y Jesús, éste era nada más y nada menos que hermano de su bendita madre. El libro ya se presentó en Comitán (el 20 de mayo), en Casa Chiapas, en la CDMX (el 25 de mayo) y en Casa Marie José y Octavio Paz (el 30 de mayo) y ya llegó hasta Monterrey, ya está en las manos del primo hermano de Rosario. Cuando el ingeniero Jesús recibió el ejemplar, de inmediato quitó el plástico protector y comenzó a hojearlo, mientras tanto, en la cocina calentaban los tamales chiapanecos. Asimismo, tomó su celular y envió un mensaje a Roge donde, emocionado, dijo “este libro me trae infinidad de recuerdos de cuando vivió Chayito en Zuazua” y comentó que, aunque haya sido en fotografías, tuvo la oportunidad de conocer a sus abuelos paternos (abuelos maternos de Rosario). Ah, qué bendición. Las coincidencias lograron hacer el milagro de que, mientras disfrutaba un tamal, también celebrara páginas de este hermoso libro. Recordó que sus papás fueron padrinos de la boda de Rosario y también contó una anécdota importante: sucede que el auto marca Ford, propiedad de la familia de Rosario, se “extravió”, entonces Don Jesús pidió ayuda a su compadre coronel José Guajardo y gracias a la intervención el auto se recuperó. En el libro “Este minuto único y eterno”, edición de 2025 de la UNAM, dedicado a Rosario, tiene en portada la fotografía donde la escritora está recargada en dicho automóvil, auto que le prestaba el ingeniero César a su hija Rosario, ésta lo manejaba e iba con su plebe intelectual a darse una vueltita por la cercanía de la Ciudad de México en los años cuarenta del siglo XX. El libro siempre cumple su destino, siempre llega a manos donde despierta emociones y alienta la reflexión. Este ejemplar llegó a Monterrey, el primo hermano de Rosario lo hojeó y de inmediato lo definió, dijo que es un libro inconmensurable, que no se puede abarcar. Al hacer esta definición parecería que se refiere a la obra de su prima hermana, porque la obra literaria de nuestra pichita amada es también inabarcable, infinita, eterna. Posdata: el ingeniero ya compartió un recuerdo de su casa, la casa donde vivió Rosario un tiempo; también nos obsequió una anécdota maravillosa. El libro no sólo despertó recuerdos, también pintó arcoíris en el horizonte de nuestra burbuja íntima. Las palabras del ingeniero Jesús son muy valiosas, porque él conoció y vivió cerca, muy cerca, de la gran Rosario Castellanos. Él era chico cuando Rosario vivió en su casa, recuerda que Rosario lo trataba con gran cariño. Jesús es el niño que recibió ternura por parte de la gran escritora. Jesús explicó que en la casa gemela vecina vivió una familia de alemanes de apellido Müller. Te invito a que entrés al Google maps, busqués Zuazua 34, en San Miguel Chapultepec y hallarás la casa donde, en un tiempo, vivió Rosario Castellanos (junto con las casas comitecas, es la única casa que aún se conserva, porque la casa donde nació, en la avenida Insurgentes, ya no existe; tampoco existe la casa de Constituyentes. En la casa de Zuazua las autoridades de gobierno o culturales deberían colocar una placa: “Acá, en la casa del comiteco, su tío Jesús Figueroa Abarca, vivió en una época la escritora Rosario Castellanos”). En Comitán, más de tres personas mayores me han asegurado que Rosario heredó el talento y la ironía literaria del apellido Figueroa. No digo más. ¡Tzatz Comitán!