sábado, 31 de octubre de 2026
CARTA A MARIANA, CON HOMBRES CONVERSADORES Y SABIOS
Querida Mariana: Balam Rodrigo es un gran poeta. Uno de sus libros: “Marabunta” está dedicado em primer término a su papá: “conversador y soñador incansable.”
Me fascina ver cómo definió la personalidad de su papá, logró con dos características mostrar mucho del carácter de su papá. Desde la distancia y cercanía del libro podemos conocer algo de Don Víctor Manuel Pérez García; asimismo, con esos rasgos, también nos acercamos al carácter del poeta, que es inmensa rama de esa majestuosa ceiba.
Me platicaste, querida mía, que tu abuela, más que tu abuelo, era una gran conversadora, le encantaba el güirigüiri. Mientras ella bordaba, vos acercabas tu sillita pequeña, la de color azul, de madera, para estar cerca, para escuchar las mil historias que te contaba, las historias familiares, las de sus amigas y muchas historias que había pepenado de los muchos libros que había leído, así como de las mil películas que había visto, porque, me decís, ella tenía una gran memoria.
No en todas las familias hay personas así, memoriosas, que practican el galano arte de la conversación, hay gente que prefiere el mutismo, gente que cuando hace algún trabajo prefiere escuchar música o hacer sus cosas en silencio.
La conversación puede llegar a ser un arte, porque no todo mundo lo domina, hay gente que nace con el don de platicar muy galán, que le gusta acompañarse por gente a su alrededor y cuenta las historias con una gran alegría y si hay que agregar algún tinte de dramatismo, porque la historia así lo exige, lo hace con gran histrionismo.
Siempre que estoy frente a una persona conversadora, recuerdo al gran escritor Gabriel García Márquez, quien aseguraba que su abuela, igual que la tuya, fue una gran conversadora, su mente estaba llena de historias y ella las contaba con una gracia, gracia que heredó Gabo, uno de los grandes contadores de historias literarias del mundo de habla española.
Digo que no hay tantas, pero sí hay personas conversadoras que son como lluvia para el crecimiento del árbol social, que alimentan el espíritu.
El papá de Balam, dice él, no sólo era un gran conversador, también era un soñador incansable. Sin duda que esa combinación lo hizo único, célebre e inolvidable. Los soñadores incansables, también no son mayoría, son una minoría privilegiada, son los seres humanos que transforman, los que hacen que el mundo pepene el vuelo de la imaginación.
En el libro “Marabunta”, dice Aída Toledo que el autor “de manera autobiográfica e intensamente humana reflexiona sobre los límites de la deshumanización”.
En tiempos de IA, donde el ser humano tiene más contacto con la pantalla que con un semejante, la reflexión del poeta Balam Rodrigo es de especial interés.
He tenido la oportunidad de estar en varias ocasiones con Balam, en su plática ha deslizado algunas anécdotas que vivió con su papá. A la hora que él lo cuenta, todo mundo se da cuenta que él también es un gran conversador y, de igual manera, es un soñador incansable. Balam heredó los dones que poseyó su papá. Esto le hace bien a la humanidad, porque sus amigos, los cercanos, su amplio público lector goza del producto de esos dones. Balam ha obtenido muchos premios nacionales e internacionales de poesía, dichos reconocimientos demuestran la valía de su trabajo literario. Balam es uno de los grandes poetas de lengua española, su sensibilidad abona a que el mundo sea menos deshumanizado, es un gran ser humano, es un digno hijo de Don Víctor Manuel Pérez García.
Posdata: vos también sos abusada a la hora de contar historias, por eso siempre apuesto a que serás una gran cineasta. ¿Yo? Soy escaso para contar historias en medio de un grupo de amigos, no tengo la habilidad necesaria, mi recurso para comunicarme con el mundo es a través de la palabra escrita, porque acá no veo las reacciones de la audiencia. Cuando hablo, basta una cara torcida para que mi mente se ponga en blanco y la historia se quede trunca.
¡Tzatz Comitán!
