miércoles, 12 de noviembre de 2025

CARTA A MARIANA, CON DOS GRANDES VIEJOS

Querida Mariana: acá está el gran maestro Paquito García, artista plástico de Comitán, hombre por demás generoso, viejo hermoso. Digo que acá está la presencia de dos grandes viejos, uno es el que se ve y el otro no aparece, pero ahí está su obra, su infinita presencia: mi papá, Augusto Molinari Bermúdez. Digo esto, porque el salón donde está el maestro Paquito, era la sala de exposición de la Galería Bonampak, un espacio que abrimos mi Paty y yo, con auxilio de mi papá. A ver, te cuento. Si ponés atención, verás que detrás del vitral se ve un cuadro colgado, es un cuadro de Mario Pinto Pérez. Esto quiere decir que hay un salón anexo. El salón anexo que refiero era la sala de la casa de mis papás, la que estaba a cuadra y media de la Escuela Matías de Córdova. Una mañana desperté con un sueño: hacer una galería de arte en mi pueblo. ¿De verdad? ¿Ya lo pensaste bien?, preguntó mi mamá. Sí, ya lo pensé bien, dije, mientras comíamos todos en la mesa del comedor. Vi a mi Paty y ella, con un movimiento de hombros, me apoyó. Mi papá tomó una cucharada de caldo y dijo que lo hiciera, que no podía quedarme con el sueño en las manos, que las manos servían para echar a andar las cosas y dijo que me apoyaría con paga para que se acondicionara la sala y parte del corredor de la casa. Ahora sé que le partimos la madre a la estética del patio central de la casa, porque la sala se destinó como vestíbulo y se amplió la sala de exposición (que es donde está el maestro Paquito); es decir, lo que fue un corredor se volvió espacio para el arte. El ventanal y la jardinera eran parte de la sala de la casa que daba al corredor, la grandeza del espacio permitía que entrara mucha luz. La sala desapareció, mi papá mandó a abrir dos grandes puertas en lo que fue el espacio donde recibíamos a las visitas. Mi Paty y yo, emocionados, pensamos que por ahí pasarían los potenciales compradores. Lo había pensado bien, supe que no estaba abriendo una taquería, estaba abriendo una galería de Arte en Comitán, así que no venderíamos toneladas de cuadros, pero con nuestras cuentas pensamos que con dos cuadros vendidos en el mes podríamos sacar gastos, no nos convertiríamos en Slim, pero sí propiciaríamos un espacio artístico para el espíritu de Comitán. Hagamos un homenaje a dos grandes de Comitán, le dije a Paty y lo hicimos, le notificamos al maestro Güero, Javier Mandujano Solórzano, y al maestro Paquito García que colocaríamos dos placas para honrar su trayectoria artística y ambos aceptaron. Comenzamos a preparar la inauguración, mi papá, como el gran maestro de obra que siempre fue, mandó a hacer las molduras de madera que colocaron en el techo de la galería, que fue un cielo ajedrezeado maravilloso, hizo que retiraran el ventanal y lo llevaran a la bodega, donde vendíamos triplay, para que yo pintara el vitral que acá mirás. ¿Viste qué imagen tan agradable? Mi papá diseñó cada espacio con gusto, con agrado, para que Comitán tuviera una digna galería de arte. Y llegó la tarde de inauguración, llegaron varios amigos, ofrecimos ponche de frutas (hecho por mi mamá), lo servimos en jarritos de barro que mandamos a hacer en Amatenango del Valle, con las letras de Galería Bonampak; los maestros Paquito y Güero estuvieron felices, todo mundo nos deseó mucho éxito, esa noche vendimos cuatro cuadros, uno lo compró Paco, el hijo del maestro Paquito; otro lo compró Fredy Culebro; el tercero lo adquirió Don Héctor González Carrillo y el cuarto Javier Aguilar (por cierto, el que está a la izquierda de esta foto). Después del rebumbio, Paty y yo dimos la noticia, estábamos felices, ya habíamos superado lo proyectado (dos cuadros más, y en una sola noche), así que ya teníamos para lo de dos meses. Mientras yo seguía laborando en el colegio, mi Paty abría con puntualidad la galería. A la hora de la comida cerraba y yo le preguntaba cómo había ido el día y ella comenzó a decir que no se había vendido nada, ni siquiera los aceites y pinturas que habíamos comprado directamente en la Vinci, de la Ciudad de México. ¿Y alumnos para los talleres de dibujo? A fin de mes se habían inscrito cuatro personas a los talleres que impartían los hermanos Alfonzo Meza, Paco Flores y Juan Ramón Bermúdez, quienes acudían puntualmente en las tardes. Poco a poco nos fuimos acostumbrando que el movimiento sería así, magro, pishcul. Hacíamos exposiciones cada mes, llegaban invitados, le daban vuelta a la exposición, recibían los bocadillos y el vino que ofrecíamos y se despedían diciendo que los cuadros estaban muy bonitos, que nos felicitaban. Posdata: un día, varios meses después, le dijimos a mi papá que habíamos cumplido el sueño, pero que había resultado un chasco. Entonces, mi papá sonrió y dijo una frase que le encantaba repetir, tomada de un disco de Doña Lola Albores: “puro fracaso ‘tamos mirando”, nos dijo que más se había perdido en la guerra y dos días después levantamos los cuadros, porque, hábil como era para los negocios, le había rentado el local a un amigo de San Cristóbal de Las Casas, quien puso una taquería de sazón exquisita. Al final de la existencia de la casa, ya fallecido mi papá, mi mamá dio el local en renta para una mueblería. Siempre disfruté esos cambios, decía que todo terminaba en “ía” (jamás imaginé que la ia de ahora significa inteligencia artificial). Mi papá me ayudó a cumplir un sueño que no tenía muchos pies en una ciudad que no volaba en el plano cultural en los años ochenta del pasado siglo. ¿Ya cambió la perspectiva cultural en este siglo XXI, en la ciudad que presume ser la Capital Cultural de Chiapas? ¡Tzatz Comitán!

martes, 11 de noviembre de 2025

CARTA A MARIANA, CON UNA BOTELLA

Querida Mariana: ¡ah, los años setenta! ¡Ah, el Distrito Federal! No sé la fecha exacta, ni el lugar exacto de la fotografía, pero son los años setenta y es un restaurante en la Ciudad de México. En la mera izquierda estoy yo, luego Quique, luego Jorge y al final César. Nos menciono sólo a nosotros, para decir que éramos estudiantes universitarios, yo en ingeniería, Quique y César en Derecho y Jorge en Arquitectura, pero estamos en el restaurante (tal vez en la colonia Del Valle o Narvarte), porque Don Jorge Pérez Mora, que aparece en el centro, y Don Óscar Cancino, llegaron desde Comitán. Los papás y las mamás llegaban de vez en vez a la Ciudad de México, por algún asunto o por saludar a los hijitos. Cuando ellos llegaban era día de fiesta para todos, porque llevaban unas cajitas de cartón que al abrirlas mostraban su rico contenido: tostadas de manteca, chorizos, chicharrón, tamales, butifarras (ah, las riquísimas butifarras comitecas) y, en ocasiones, una botella de comiteco, para que regaláramos a los cercanos (en realidad, siempre terminábamos bebiéndola). ¿Ya mencioné a todos los protagonistas de la mesa? Ya, sólo falta la botella que está al frente. Don Jorge viajaba, en ocasiones, de Comitán al Distrito Federal en uno de sus autos (siempre de lujo. Recuerdo que cuando se acercaba el fin de año, algún agente de ventas de la Dodge, llegaba a su casa -frente al templo de El Calvario- y le enseñaba el nuevo modelo, Don Jorge se trepaba y después de algunas vueltas por el pueblo cerraba el trato, compraba el auto. Don Jorge siempre tuvo paga, tenía muchos ranchos, ranchos que nosotros, amigos de Jorge, disfrutamos en periodos de vacaciones). Don Jorge viajaba a la Ciudad de México y Óscar era su chofer de confianza. Así que, en la ocasión de esta fotografía, Don Jorge llegó a saludar a su hijo y, espléndido, nos invitó a comer. No sé por qué Miguel Román no estuvo en esa ocasión, tal vez tuvo un deber en la UAM, donde estudiaba. Yo era el único puma, los demás estudiaban en la UAM, Derecho y Arquitectura estaban en el plantel de Azcapotzalco, hasta allá viajaban ellos, mientras yo trepaba en un urbano hasta CU, en la gloriosa UNAM. Quique y yo tomamos los vasos con la cuba a la hora que el fotógrafo del restaurante nos dijo que viéramos el pajarito para la foto. ¡Ah, los gloriosos años setenta! Don Jorge ya falleció, los demás, gracias a Dios seguimos papaloteando en este mundo. Ahora, vos lo sabés, ya no tomo mis cubas, como el del texto tan bobo que declaman niños en la primaria: “ya no tomo trago, aunque me lleven los pingos”. Dejé de beber, porque le hacía daño a mi espíritu, las bebidas espirituosas alteraban de más mi emoción y terminaba “haciendo loco”, pero acá estamos muy seriecitos, disfrutando la convivencia, agradecidos porque el papá de nuestro amigo nos invitó a comer. Claro, acá sólo se ve la botella (¿y la botana, ‘apá?), esperamos que nos sirvan la comida, porque en ese restaurante, hasta donde recuerdo, servían carnitas al estilo Michoacán, y nos preparábamos unos tacos bien ricos con salsa picosa. Es un restaurante de prestigio, Don Jorge no podía llevarnos a la taquería de la esquina, ¡no!, nos trataba bien. Siempre los papás y las mamás nos trataban bien. Quique dice que cada uno de los papás y cada una de las mamás de la palomilla también eran nuestros padres y madres, porque nos atendían, nos cuidaban, como si fuéramos un integrante más de su rebaño (ahora que escribo esto, pienso que todos nuestros papás ya fallecieron y que sólo la mamá de Quique es nuestra mamá sobreviviente; hasta hace cosa de días ahí estaba mi mamá, pero ahora ya duerme el sueño de la eternidad. Ah, nos vamos quedando solos). Nuestro amigo Jorge fue el único varón de Don Jorge en su matrimonio con Doña Carmelita Velasco, las demás hijas fueron niñas, así que (clásico) Jorge era el orgullo del papá. Oh, Dios mío, ahora caigo en la cuenta que cuando dije que Don Jorge ya falleció mencioné que los demás, gracias a Dios, seguimos vivos, Dios mío, no es cierto, también el hijo ya murió, nuestro amigo Jorge falleció hace cosa de meses, así que únicamente los dos del extremo izquierdo (Quique y yo) y los dos del extremo derecho (Óscar y César) seguimos como testigos sobrevivientes de este momento. Posdata: ¡Ah, los gloriosos años setenta! Los cuatro de la palomilla éramos estudiantes universitarios. Quique y César fueron muy disciplinados, estudiaban con responsabilidad la licenciatura en Derecho; Jorge y yo fuimos más indisciplinados, ni él terminó Arquitectura ni yo Ingeniería. Ya te he contado que, felizmente, decidí en estos años licenciarme en lectura y todos los días iba a la UNAM, pero en lugar de ir a la Facultad de Ingeniería, cortaba camino entrando a la Biblioteca Central Universitaria. ¡Ah, los años setenta! Nuestros papás y mamás, religiosamente, enviaban nuestra mensualidad en un giro telegráfico, esa paga la destinábamos para nuestros gastos, las botellas de trago estaban incluidas, por supuesto, pero también íbamos al cine o de paseo a Querétaro o Guanajuato (al Festival Cervantino) y, Quique y yo, íbamos a las ferias de libro y comprábamos ejemplares. El vicio del trago lo dejé, el del libro, gracias a Dios, lo llevaré hasta el último día de mi vida. La tarde de mi muerte entraré al crematorio con un libro en la mano y pediré al operario: “que mi libro no se queme, por favor”. ¡Tzatz Comitán!

lunes, 10 de noviembre de 2025

CARTA A MARIANA, CON VISLUMBRES

Querida Mariana: hay lugares plácidos, en todo el mundo, en Chiapas, cerca de Comitán. ¿Qué elementos posee la placidez? Son muchos, pero, a la vez, son mínimos; es decir, el minimalista puede hallar lugares de paz, así como la persona que le gusta el abigarramiento. A mí, lo sabés, me gusta lo sencillo, la belleza que puede hallarse en lo mínimo. El otro día abrí el Facebook y la primera fotografía que me apareció fue la de una chica que se paró a media carretera y pidió que le tomaran una imagen eterna, inmensa. Imagino que ella iba en un auto, con amigos o familiares y pidió que se detuvieran tantito, abrió la puerta, checó que no vinieran autos en ambos sentidos y se paró a mitad de la carretera (pantalón de mezclilla, playera sin mangas, tenis, lentes sobre la cabellera) y el fotógrafo o la fotógrafa le picó al botón de la cámara del celular e hizo el prodigio. La chica transmite armonía a través del cuerpo, de sus brazos que se abrieron como alas de libélula. No voló, estaba con los pies bien puestos sobre la tierra, pero parecía a punto de comenzar a levitar, porque en los espacios plácidos el misterio está a la vuelta, no de la esquina, sino de los árboles y de las nubes. Como podés imaginar, la chica y sus acompañantes no estaban en una carretera de ocho carriles o de una autopista, ¡no!, era una carretera de voy y vengo, en una zona no muy transitada. Claro, la carretera estaba asfaltada, lo que otorga comodidad en estos tiempos de tanto apresuramiento. Los viajeros disfrutaban de la plática, de la música con sonido bajo, una música moderna, instrumental y de pronto, la chica de la foto sintió un impulso, pidió que el conductor (o conductora) se detuviera y ella hizo lo que ya he dicho: se paró en medio de la carretera, abrió los brazos como para beberse el instante, como para decir ¡acá estoy!, como si le hablara al sol, al viento, como si dijera que la plenitud está en la naturaleza, porque (no lo he dicho) los bordes de la carretera están llenos de árboles (tal vez son pinos) y por ende llenos de hojas, de verdes, de aire, de pájaros, de trinos, de gusanitos trepadores, de vida, ¡de vida! Por eso, ella abrió los brazos, porque es preciso hacer ese movimiento de bandera, de velas de barco, para abarcar todo, ¡todo! Podría ser que la persona barroca, la que le gusta el entramado, dijera que el paisaje donde la chica se tomó la foto no es minimalista, ¿cómo puede ser minimalista un fondo pletórico de árboles? Tal vez tuviera razón, pero yo digo que la profusión de árboles sólo provoca una cortina armoniosa, como si fuera un chal. Esta fotografía sólo pudo darse en espacios que son tranquilos, donde vuela el ave sencilla, la que no es como un pavo real, más bien la que es como un chupamirto, que aletea, como la chica abrió los brazos. Acabo de escribir esto y pienso que el vuelo precisa de brazos abiertos, así son los drones (maravillosos chunches tecnológicos), no tienen las grandes turbinas, les basta un trébol de cuatro hojas para elevarse, para abandonar el piso y tomar vocación de nube. La chica que vi en la fotografía semejaba un trébol de cuatro elementos, dos piernas y dos brazos, los cuatro elementos inmersos en el mar del aire, pero las piernas sostenidas en el suelo y los brazos para el vuelo. Vi la fotografía y pensé en las cosas sencillas de la vida. En cuanto le dijeron que ya estaba lista la foto, ella subió de nuevo al auto, las risas, los abrazos, las felicitaciones, la charla, la música. Fue una pausa lo que ella hizo, una ligera pizca de sal en el condimento diario. Si ella no hubiera decidido detenerse tantito y hacer lo diferente, esta fotografía sublime no se hubiese dado. ¿Hay en este acto una enseñanza de vida? Tal vez hay que reconocer lo maravilloso en lo cotidiano, lo sublime en lo mínimo; tal vez hay que conectar más con los espacios verdes, donde corre el aire sin muros que lo detengan. Posdata: vi la foto y ella me trasmitió alegría, porque ahora el Facebook permite que los usuarios realicen el gran acto de compartir. Mucha gente transmite memes simpáticos, absurdos; otros comparten notas rojas, violentas; unos más se encargan de refritear actos políticos que demuestran la banalidad de la vida; pero, gracias a Dios, hay gente que comparte imágenes que son motivadoras, que son como una bocanada de aire limpio, que son como papalotes volando, líneas trasparentes que invitan al juego, como diría Sabines: para el hermoso juego de la vida. Uso, ya lo viste, una ilustración realizada con Inteligencia Artificial. Lo que vi en las redes sociales era una maravillosa fotografía real. Me hubiese gustado compartírtela, pero ahora todo está sujeto a investigación y puedo ser acusado de “natural apropiación ilegal”. ¡Tzatz Comitán!

domingo, 9 de noviembre de 2025

CARTA A MARIANA, CON EL GATO Y LA LIEBRE

Querida Mariana: los gatos y las liebres son animalitos famosos en fábulas, en cuentos infantiles. En nuestro medio es más famoso el gato que la liebre, de hecho, el nombre de liebre no es tan común, es como un término medio alzadito, medio pedante, y no es tan común en la región porque acá el animal más conocido es el primo hermano, el conejo. No obstante, en el país se usa a cada rato el término de que nos dan gato por liebre, que da a entender que nos engañaron, que nos dieron otra cosa de lo esperado. El otro día te platiqué que fui a ver la exposición de objetos y fotografías que estuvo en San Ildefonso, en la Ciudad de México, y que ahora está en el Museo de Arte Hermila Domínguez de Castellanos y hallé que la máquina mecánica presentada no es la que poseyó Rosario en Israel, acá aparece una máquina toda sholca, que andá a saber si perteneció a la escritora comiteca; es decir, nos dieron gato por liebre, ¡no fue lo esperado! Pero, cuando volví al museo a terminar el recorrido encontré otro dato falso. Lo lamento, porque siempre pienso que la gente merece, hasta donde es posible, hallar los datos verdaderos de las figuras importantes, son tiempos tan convulsos y de tanta incertidumbre, que sería bueno recibir, cuando menos, la liebre y no un gato no esperado. Aunque ahora que escribí esto tal vez hay personas que se encantarían con recibir gatos y no liebres, porque hay gente que ama a los gatitos. Por eso digo que acá hay más conocimiento de gatos que de liebres. ¿Hay liebres en la zona o sólo conejos? Te conté que en mi casa de infancia, en el sitio, mis papás tenían una conejera y a mí me gustaba ir a verlos, con sus largas orejas, los ojos siempre admirados y con su permanente movimiento de trompita. No, no, querida mía, nunca vi lo que es conseja popular, que los conejos siempre andan trepados en el chulul, porque se reproducen con intensidad. Decía que en el recorrido hallé un dato falso, que se reproduce con frecuencia. Hemos comentado hasta la saciedad que ella le contó a su novio Ricardo que hizo el primer grado de secundaria en un colegio en la Ciudad de México (Distrito Federal, en ese tiempo); el segundo grado en la Secundaria del Estado, de Comitán (donde fue compañera, entre otros y otras, de Armando Alfonzo Alfonzo); y el tercer grado en la Ciudad de México, en el colegio Luis G. León. Esto fue lo que ella platicó, esto fue lo que sucedió. En San Ildefonso acudieron cientos de personas y encontraron la siguiente información: “Al término de su instrucción primaria, ingresó a la Escuela Secundaria de Comitán (…) en 1939 (…) se trasladó a la Ciudad de México. A su llegada, Rosario se incorporó al tercer año de secundaria en la escuela inglesa Helena Herlihy Hall…” Pues con la pena, también allá dieron gato por liebre. Los datos correctos son lo que la propia escritora contó. El primer grado de secundaria lo estudió en el HHH (huarache, como cotorreaban las estudiantes de dicho colegio). Uno debería exigir que al pedir gato el veterinario dé gato, y al pedir liebre dé liebre. Ah, México, lindo y querido. Acá uno va a la taquería de la esquina, pide dos de adobada (pensando que es carne de cordero) y resulta que el taquero da gato por liebre, luego nos enteramos en las redes sociales que la carne era de chuchitos. Dios nos libre. Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, un poco como si se dijera: no deis gatos por liebres. Posdata: murió mi mamacita, la noche del 8 de noviembre 2025. Ahora lamento su ausencia pero doy gracias a Dios por su presencia. Una presencia infinita, porque fue una gran mujer. Soy hijo de dos grandes personas: Augusto Molinari Bermúdez e Hilda Cecilia Torres Córdova. Mi amado Gutmita dice que soy español, italiano, comiteco, mi mamá es comiteca, huixtleca. Sé, porque así lo dictó el destino y el corazón, que ahora más gente lamentará su ausencia en Comitán que en Huixtla, porque acá se entregó, acá sembró gajos de luz. En mi proceso de duelo me salté el primer paso, dicen los expertos que es el de la negación, estoy en el siguiente paso, el de la aceptación; es más, ando en otra nube, estoy en el peldaño del agradecimiento, vivió más de noventa y cinco años, con sus altas y sus bajas, pero murió como lo pedí a Dios: en su casa, rodeada de sus más íntimos, sí, la palabra es precisa: en la intimidad. Nada de tragedias lejanas, el último día de su vida, sonrió, Fer la llevó en la silla de ruedas y Paty y yo hicimos sonido de trenecito, ella sonrió. Delante de la comitiva, la Pigo, nuestra perrita; el gatito, recostado en la silla, nos veía desde su placidez. Mi mamacita murió en casa, apapachada, cuidada. Tres días antes dijo que ya no podía ver bien sus oraciones (y eso que se ayudaba con una lupa), leí en voz alta y ella repitió, cuando tocó el padre nuestro y demás oraciones, ah, su mente, dictó en forma puntual el texto, su mente estuvo brillante hasta el final, brillante, porque eso fue mi mamacita, una mujer con brillo, una joya sublime. Me brinqué lo de la negación, ahora estoy en etapa de agradecimiento por acompañar a su pichito malcriado por tantos años. Ahora ya no estará para darme la paga (como lo hizo desde siempre) para comprar mis libros, pero siempre estará en mi memoria, en el centro de mi corazón. ¡Tzatz Comitán! ¡Tzatz Molinarito! ¡Gracias Dios mío por la bendición de la compañía de mi mamacita, gracias, Señor!

sábado, 8 de noviembre de 2025

CARTA A MARIANA, ARIGATO

Querida Mariana: ¿ya viste la foto? Es la portada de un libro japonés. Un querido amigo fue de vacaciones a Japón y me trajo este libro de recuerdo. Me encanta saber que en aquel país tan lejano pensó en mí, pensó en español, pero dijo que sería un buen recuerdo tener un libro en el idioma de esa nación. ¿Cómo leen los lectores en Japón? El libro de allá tiene su modo especial. ¿Ya viste en dónde está el lomo? Está en el otro extremo de nuestros libros occidentales, lo que para nosotros es contraportada para los japoneses es la portada. Nosotros diríamos que es un poco al revés volteado, pero no, ellos leen de manera adecuada, así como nosotros también leemos en forma correcta nuestros libros. Un día te conté que una amiga fue a París. ¿Qué querés que te traiga?, preguntó. La primera idea fue: una parisina, pero lo deseché de inmediato, así que pedí un libro, escrito en francés. Cuando volvió a Comitán me entregó una edición de “El perfume”, de Patrick Suskind (“Le parfum: histoire d’un meurtrier). La misma amiga fue a Estambul y me trajo una revista de gastronomía en turco. Ahí tengo el librincillo y la revista, ahora coloqué a su lado la novela japonesa. Ah, qué disfrute, al lado del español tengo tres idiomas más en mi librero. Debo confesar que el más extraño es el japonés. Hablar y escribir japonés está en chino. Mi amigo, que es muy ducho para los chunches tecnológicos, revisó en su celular y dijo que estos símbolos que están impresos en la portada dicen que la novela se llama “La venganza de Kobikicho”, y su autor es Sayako Nagai. Parece que no hay libros traducidos al español, pero la IA me ayudó a buscar algunos datos: ganó el Naoki Prize, que es uno de los premios más importantes de la literatura japonesa popular; es decir, es abusadita. Dicen que hizo su debut literario en 2010, entonces tiene quince años presentándose en los escenarios. La misma información anota que su narrativa es reconocida por combinar realismo histórico con elementos de misterio. Ah, suena interesante. ¿Cuántos años tiene la tal Sayako? Nació en 1977, hago las cuentas, a 2025 le resto 1977 y da: 48 años, joven madura. Ah, pucha, qué término tan bobo para nombrar a alguien que está a punto de cumplir medio siglo. No hay más información. Se entiende. Japón está tan lejos. Sabemos lo que pasa en el barrio, en Comitán somos expertos, pero cuando hay algo más distante, sólo nos enteramos de los chismes de artistas, chismes de la farándula. ¿Cómo se lee este librincillo? Como dije, de atrás para adelante. Ya chequé el número de páginas y va en ascenso de la última página a la primera. Una vez estaba en la terminal de la Cristóbal Colón, en San Cristóbal de Las Casas, vi a un visitante japonés (son inconfundibles los rasgos). Estaba sentado dos sillas adelante de mí. Tomé mi mochila y, como ratón ante el queso, me acerqué. Lo saludé con una ligera inclinación de cabeza, él respondió a mi saludo y sonrió, puso su cara en sintonía con sus ojos rasgados. Entonces le pregunté qué leía y él respondió en un español muy aceptable, así que me atreví a preguntarle cómo era el sistema de lectura y él explicó que cada columna se lee de arriba hacia abajo y de derecha a izquierda. Ah, somos tan diferentes y tan semejantes los seres humanos. Ahora en mi librero tengo una revista de Turquía, un libro de Francia y un libro de Japón, más muchos libros de otros países de Iberoamérica. ¿Mirás? Tengo libros en turco, en francés, en japonés y en español. Ahora que escribí español me doy cuenta que en muchos países se habla dicho idioma, por esto digo que tengo libros en cuatro idiomas, pero de muchos más países, porque en español tengo libros publicados en España, en México (por supuesto), en Guatemala, en Argentina, en Cuba, así como una revista de una universidad norteamericana que está dirigida a estudiantes de español. Si querés regalarme un auto lo acepto. Que sea un auto nuevo, de esos bonitos que no son como trasatlánticos, pero el mejor obsequio que podés hacerme es ¡un libro! No importa que no sea en mi idioma, que no pueda leerlo. Me encanta pensar que un libro de un país lejano está cerca de mí. El libro no sólo me gusta por su contenido, también disfruto su forma. El librincillo japonés es de factura muy bella, es pequeño, casi como si fuera de la colección Libros de bolsillo, pero es maravilloso. Está pegado, pero trae una cinta como separador, para decir que ahí dejé la lectura. Me encantó el obsequio, he estado bastante tiempo admirándolo, sopesándolo, viendo los elementos de la portada y los ideogramas del japonés (¿ideogramas? ¿Así se dice?). Hace un mes este libro estaba colocado en un estante de una librería de una ciudad japonesa y hoy está en mi librero, hizo un gran viaje, pero no llegó cansado, al contrario, llegó con una vitalidad sensacional. En inglés dice: printed in Japan. Sayako Nagai. 2023. Posdata: mi amigo, con su celular, logró traducir un párrafo al español. Ahora, ¡ah, tiempos benditos!, es posible, incluso, traducir del español o chino (idiomas que parecen, son, complicadísimos). Yo no sé cómo hacerle, pero veré si la Paty Cajcam puede ayudarme. Pero, no por el momento, porque ahora leo “Ir a La Habana”, de Leonardo Padura, que estará el 24 de noviembre 2025 en Comitán. Sí, leíste bien: Padura estará en Comitán. Nuestro pueblo no ha tenido en su historia la visita de un escritor tan prestigiado como Padura. Todo mundo debería ir a su charla. Ojalá que muchas personas asistan y sean testigos de ese momento histórico. A Padura lo trae la Benemérita Universidad Autónoma de Chiapas, mi universidad. Qué buena iniciativa del rector Oswaldo Chacón Rojas. ¡Bien! ¡Muy bien! ¡Tzatz Comitán!

viernes, 7 de noviembre de 2025

CARTA A MARIANA, CON UN LIBRO DE CLARITA

Querida Mariana: Clara del Carmen Guillén es poeta, también borda otras vainas creativas. Su libro más reciente de poesía es: “Menú de laberintos”. ¿Mirás qué título? Como si la vida fuera un espacio dónde elegir el camino, como si la vida diera opciones para ir por la izquierda o por la derecha o por el centro. Por supuesto que en este menú queda demostrado que la vida no es tan simple, está llena de laberintos, donde todo mundo necesita su hilo de Ariana. La poeta busca hallar su centro, el punto nodal que permita el vislumbre de una respuesta. La poeta Clarita dividió este libro en apartados: Memorial de cuarentena, Ciudad que cicatriza, Memorial de la piel y Casa sin sueños. El menú de laberintos es tan amplio como la memoria, como el tiempo. La poeta, en el último apartado, con un verso descubre un mundo. Ella pregunta: ¿qué hace una casa sola? Los lectores nos acercamos a esta interrogante como perros en duelo. Unir ambos conceptos es demoledor. La casa, por esencia, querida mía, es por definición la convivencia. Vos y yo sabemos que los seres humanos son constructores por naturaleza, la poeta ha construido este libro como una casa y ha convocado a las palabras a unirse en torno al fogón, a hacer rondas en el patio, a jugar escondidas en su menú de laberintos, en su propuesta de múltiples sendas. En el libro de Clarita la interrogante cumple la función de lazarillo, sabe que los hombres y mujeres no tienen la certeza de hallar el centro, el quid de la vida. ¿Qué hace una casa sola? La poeta, imaginó, se paró ante una casa comiteca, de esas que fueron el chal en la infancia y vio el deterioro, el muro ya cansado, como viejo. Y vio que la casa ya no tiene la vocación que la llevó a ser esencia, ya nadie la habitaba, por eso, en un momento, como si fuera un colibrí su mente voló y se posó ante la flor del misterio y se preguntó: ¿qué hace una casa sola? Una casa que no sirve ya para lo que fue construida, ¿qué hace una casa sola en medio del tráfago diario de este siglo XXI? Ni siquiera recordar los momentos donde fue espacio para la convivencia, para el juego, para los festejos en el patio, llenos de juncia y con los manteados para que los invitados no sufrieran con el frío de la madrugada. En el siguiente verso, Clarita completa el concepto de soledad, dice: “¿qué hace una casa sola / sin fantasmas ni sueños…” Ah, qué tragedia, porque en Comitán, como en los demás pueblos del mundo existe la certeza de que las casas desocupadas, las llenas de silencio, están habitadas por fantasmas. La casa que Clarita expone en el poema “Casa sin sueños” no tiene fantasmas. Cuando leí esto, querida mía, pensé que esta casa quedó vacía de tanto vacío, ni siquiera le quedó el consuelo de espíritus chocarreros que hacen travesuras a los vivos. Nada, ni siquiera una lucecita que vuela para que los de afuera piensen que ahí habita una entidad misteriosa. Nada. ¿Qué hace una casa sola? Clarita completa el verso y se atreve a responder dentro de la misma pregunta, ella dice que esta casa no guarda más que tiempo en sus paredes muertas. Entonces, el lector pregunta: ¿el tiempo no es un habitante? ¿No es el que nos habita día a día, minuto a minuto, instante a instante? ¿Acaso no es el único habitante que fue carcomiendo la casa por dentro, la que, sin hacer uso de barretas o picos, fue socavando las paredes, eliminando su vitalidad? Posdata: Clarita del Carmen Guillén se paró frente a una casa, casona comiteca, y, con su mano, pepenó palabras para definir lo que su espíritu sentía y nos lo comparte en su libro más reciente, recentísimo, publicado en octubre del veinte veinticinco, año glorioso donde celebramos el Centenario del Nacimiento de la poeta mayor de estas tierras. ¡Tzatz Comitán!

jueves, 6 de noviembre de 2025

CARTA A MARIANA, ¿Y LOS LENTES, ‘APÁ?

Querida Mariana: la gran noticia: en Comitán, exposición de objetos y de fotografías inéditas de Rosario Castellanos. ¿Oíste bien? La expo que estuvo en San Ildefonso la trajeron a Comitán, la tierra de nuestra pichita amada. ¡Genial! No hubo necesidad de treparse a un avión para ir a la Ciudad de México. La trajeron en bandeja de plata. Por esto, la otra mañana me dispuse a ir al Museo de Arte Hermila Domínguez de Castellanos, recinto cultural donde se presenta. Iba emocionado, con una emoción contenida. Sabía que, al llegar, mi emoción se desbordaría al estar frente a objetos y fotografías de Rosario. Como me gusta el juego, lo sabés, imaginé que era uno de los enanos de Blanca Nieves y cantaba heigh ho, heigh ho. Sólo lo imaginé, porque la gente de acá sabés que es muy criticona, así que caminaba moviendo mis pies como si marchara y cantaba heigh ho. Así llegué de la oficina al parque central, mi parque, bajé escaleras y pasé frente a los boleros, los saludé, heigh ho, heigh ho. ¿Qué enano era? Ah, pensé, tengo siete opciones: Sabio, Tímido, Gruñón, Dormilón, Feliz, Tontín y Estornudón. Pasé por la Casa Museo del tío Belis y comencé a eliminar. Sabio, no, ni en sueños; Gruñón, tampoco, tengo cara de piedra, pero en el fondo soy un pan de chimbo; Tímido, ah, tal vez, tal vez, siempre lo he sido; Dormilón, no, ahora sí que ni en sueño, porque vos sabés que me levanto a las cuatro de la madrugada; Feliz, tampoco, no soy ejemplo de felicidad, a veces se cuelga de mí la nostalgia y no me deja avanzar; Estornudón, gracias a Dios no tengo alergias a nada; Tontín, en cuanto lo dije mi conciencia se alegró, como si dijera: eso sos, eso sos. Así que cuando llegué al edificio de correos tenía qué elegir entre Tontín o Tímido. Mi conciencia, cabrona, rio y dijo: sos Tontín, tonto, mil veces tonto y seguí marchando, uno, dos, uno, dos, cantando heigh ho, heigh ho. La entrada del museo me recibió, estaba a punto de ingresar a la sala principal, la sala donde está la colección permanente y que ahora la acondicionaron para la exposición “Un cielo sin fronteras”. Oh, qué emoción, el ente satisfecho comenzó a salir, a derramarse, de los bolsillos de mi pantalón, del bolsillo de la camisa, del bolsillo de mi alma. ¡Adelante!, dijeron y escuché el sonido de las palancas de energía eléctrica para iluminar la sala. ¡La luz se hizo! Y me acerqué al objeto que recibe a los visitantes: la máquina de escribir mecánica. Yo había visto que Gabriel Guerra Castellanos, hijo de nuestra amada escritora, comentó lo siguiente: “Si tuviera que escoger uno entre todas las cosas que tengo de mi madre, sería la máquina de escribir. Todas las tardes regresaba ella de la Embajada de Israel, de su trabajo formal, y se encerraba un rato a escribir. Yo escuchaba el tecleo y, cuando terminaba, era mi señal de entrar o asomarme”. Ah, qué objeto tan simbólico, tan necesario, la máquina mecánica le permitía evitar el fastidio de escribir a mano, con una escritura (todo mundo lo reconoce) que era ilegible y que sólo los expertos en paleografía pueden traducir. Tontín se acercó como si fuera un monje tibetano, de puntillas, dejó de cantar el heigh ho, heigh ho, y vio el objeto. ¿Qué? Esta no es la máquina que usó en Israel, no es la máquina que estuvo expuesta en San Ildefonso, la verdadera máquina. No, oh, qué desilusión, la máquina que llegó a Comitán es una máquina chimuela, sholca. ¿Ya viste? Le faltan teclas. Pero, Tontín hizo una catafixia, como si estuviera en programa de Chabelo y cambió su cara de insatisfacción por una juguetona. Entendió que todo era como un juego maravilloso. A esta máquina le faltan tres teclas, la de la f, la de la l y la de la ñ. Sí, los curadores invitaron a la audiencia a un juego, cómo no, si la exposición era para honrar a una inventora de historias. Y el juego fue a más, porque en el lugar de la f colocaron la tecla de la g, un poco como si al escribir foco, apareciera goco. Oh, qué simpático, dijo Tontín, heigh ho, heigh ho. Vos sabés que hay teclados que omiten la eñe, ¡Dios mío!, teclados que en lugar de escribir año escriben otra palabra, un poco impúdica. Sí, dijo Tontín, esto es un maravilloso juego. Así me recibió la exposición. Di gracias a quien hizo favor de traérmela a Comitán. Después de este intercambio inesperado, busqué los lentes tan comentados, porque dicen que tiene un cristal quebrado, pero, dijera Doña Lolita Albores: “caso hay”, no vinieron los lentes. Esta máquina de escribir expuesta no fue la que Rosario usó en Israel, no fue la que recuerda Gabriel. ¿De dónde sacaron esta máquina sholca? Andá a saber. Tal vez sí fue de ella. ¿De verdad? Ah, el mito, el juego. Posdata: iba a seguir el recorrido, cuando recibí una llamada telefónica, me dio pena porque pensé que algún visitante podía molestarse con la bulla del timbre, pero descubrí que sólo yo estaba en la sala. “Sí”, dije, “voy para allá”. Oh, qué pena, el trabajo me exigía abandonar el museo. Bueno, pensé, ya vendré otro día. Salí, el sol estaba luminoso, bonito, alegre. Heigh ho, heigh ho, caminé, cantando, con pasos apresurados, como si lo hiciera en un sendero de un bosque maravilloso. Tontín estuvo en el museo de arte. ¡Tzatz Comitán!

miércoles, 5 de noviembre de 2025

CARTA A MARIANA, CON SOBRE DE PRIMER DÍA DE EMISIÓN

Querida Mariana: ¡mirá qué regalo nos hicieron! Ayer escuchamos el timbre de la oficina de Arenilla, bajamos, un amigo nos abrazó y luego extendió el brazo para darnos lo que ves en la fotografía: sellos postales, sobre de primer día de emisión y hoja filatélica. ¿Ya viste de qué se trata? Sí, es una joya del coleccionismo: el sello conmemorativo por los cien años del natalicio de Rosario Castellanos, nuestra pichita amada, orgullo de Comitán. Nuestro amigo es de ese grupo de hombres maravillosos que dan con la derecha sin que se entere la mano izquierda, la generosidad no tiene más nombre que el agradecimiento. Por esto, nosotros nos quedamos con una gran sonrisa cuando él se fue, porque nos hizo un obsequio sensacional, algo que viene a confirmar lo que ha sido el año: un año excelente, dedicado a Rosario. Aunque el correo ya no es lo que fue en el pasado, este sello postal llegará a todas partes del mundo, en una carta o en un paquete. En todas partes aparecerá la carita de Rosario (que en este sello es muy bella, porque está sonriente, plena, como papalote volando en el aire comiteco). No todo mundo le ha quedado a deber, ha habido entidades que han cumplido, personas que han ido más allá de la medianía y aportan al homenaje permanente a Rosario. El sistema postal mexicano ¡le cumplió a Rosario!, ¡le cumplió a Comitán!, ¡le cumplió a la inteligencia! Cuando otros la ignoraron o la han minimizado en su grandeza, el correo mexicano ya se volvió un gran Hermes, el gran embajador de la gloria de la embajadora. Si alcanzás a ver el sello es un diseño genial, porque representa una máquina mecánica, con un papel en el rodillo que conmemora los cien años del natalicio de nuestra escritora, en la parte de abajo trae la fecha del día de primera emisión: 7 de octubre 2025. Fecha que coincide con el fallecimiento de dos personajes importantes de nuestro pueblo: Mariano N. Ruiz (1945) y Belisario Domínguez (1913). Ah, todo alineado, todo vuelo de colibrí. La hoja filatélica trae información valiosa acerca del sello y en el reverso una serie de datos biográficos de nuestra escritora. Aplausos para María Fernanda Andrade García quien fue la diseñadora (fotografía y composición digital) del sello que, insisto, tiene un retrato genial de la pichita amada. La planilla contiene 50 estampillas, el tiraje fue de doscientos mil sellos y su valor es de siete pesitos. Los datos biográficos que se presentan están en español y en inglés. Ah, ya imagino ahora a los filatelistas en el mundo recibiendo el paquete y revisándolo con sus lupas y pinzas. Sí, ya no es como antes, pero aún existe gente que continúa con la maravillosa afición de la filatelia. Mi querido compadre Miguel Penagos fue un coleccionista de hueso engomado; junto con su hermano Artemio Torres formaron un grupo que recibió a muchos chicos y chicas que cultivaron este pasatiempo, que propició conocimiento y felicidad, horas y horas viendo las estampillas llegadas de todo el mundo. Miguelito siempre me dijo que admiraba los sellos cubanos, con grabados fantásticos. La primera línea de la ficha biográfica dice: “Fue escritora, periodista, diplomática y pionera del feminismo mexicano”. ¿Mirás? Cuatro conceptos que los estudiosos abordan. Rosario fue grande, inmensa. Líneas más abajo dice: “…creció en el estado de Chiapas, lo cual influyó profundamente en su obra literaria…” En realidad, nosotros sabemos que creció en Comitán, por eso ella siempre se asumió comiteca y acá pepenó la esencia de su creación. Al final de la mínima ficha biográfica aparece lo siguiente: “Por todo ello el Servicio Postal Mexicano emite una serie de dos estampillas postales como homenaje a esta escritora y gran mujer mexicana”. La frase elegida es: “Tenemos que reír. Porque la risa, ya lo sabemos, es la primera evidencia de la libertad”. Uf. Rosario no siempre rio, pero, sus amigos y cercanos dicen que en 1974, antes de su lamentable fallecimiento, ella reía, se sentía plena, había conseguido volar en libertad. Lástima que el zopilote de la muerte le atravesó el pie. Estaba en plenitud. Posdata: Sí, gran homenaje. Me emociono cuando hay reconocimientos a la intelectualidad, al genio creativo. Acá hay un reconocimiento tácito a una mujer que tuvo como máxima pasión a la literatura y obtuvo el aplauso del mundo. ¡Tzatz Comitán!

martes, 4 de noviembre de 2025

CARTA A MARIANA, CON UNA GRAN REALIZACIÓN

Querida Mariana: hay días que recibo noticias maravillosas, noticias que se dan en nuestro amado pueblo. Te cuento. El otro día fui al CONALEP, institución que dirige el Maestro Alonso Villagómez Ruiz. Él me contó algo maravilloso: el proceso constructivo de un salón modelo. El día que fui celebraban un concurso de altares, con motivo al Día de Muertos. Caminamos por pasillos donde los chicos y chicas platicaban, muchas tenían sus rostros pintados representando a la famosa catrina de José Guadalupe Posada; había alfombras de juncia fresca y el aroma del incienso nos abrazó generosamente. Llegamos a la parte trasera de la escuela y ahí, ¡maravilla!, el director me presentó el salón, un salón donde participó el alumnado del quinto semestre de la carrera de Construcción, con la asesoría del arquitecto César Guillén Caballero. Lo dije muy rápido, pero si lo pensamos tantito veremos lo maravilloso del proceso. Vi el aula, es un salón muy bien hecho, que se hizo con el talento y ganas de los estudiantes y de sus maestros. ¡Qué conjunción tan grande! Estoy seguro que estos muchachos jamás olvidarán esta gran experiencia laboral. Pero esto no fue todo, porque luego, el director me contó que la mano de obra, el diseño y los materiales fueron donados en su totalidad por el grupo Román Bermúdez. Genial, este grupo de inversionistas ayudó a la consecución de esta obra. Un día, lo recordarás (porque vos tenés buena memoria) comentamos los diversos sistemas constructivos, tanto de los abuelos, como los actuales. Antes, las escuelas tenían paredes hechas con adobe y los techos tenían armazones de madera y tejas de barro. Luego, las paredes fueron hechas con castillos, ladrillos y cemento. En el caso del aula modelo de CONALEP usaron un sistema constructivo COVINTEC, en lugar de ladrillos utiliza paneles COVINTEC, el director me dijo que en una visita que hizo el gobernador de Chiapas, nuestro paisano Eduardo Ramírez, tomó con ambas manos un panel y lo subió, lo que indica que dicho material es de fácil traslado, bueno, uno debe tener la fuerza física que tiene el gober. El director dijo que esta facilidad permite que el traslado del COVINTEC pueda hacerse incluso en zonas donde no hay acceso por carretera, basta unas bestias cargadas (insisto, no es de mucho peso físico el material) y por veredas pueden llevarlas hasta la montaña para construir aulas, a un costo mucho menor de lo que cuesta un salón hecho por compañías constructoras. Pero, ya sé qué estás pensando: acá está la respuesta: el salón fue dictaminado por expertos en materia de protección civil, el aula cumple con las normas oficiales vigentes. El director hizo favor de pasarme copia de las características generales: es un salón de 6 x 8 m; la losa de cimentación la hicieron con cemento blanco, armado con contratrabe y malla; los muros fueron hechos con los denominados paneles Covintec de 3”; y los acabados fueron realizados con cemento Cruz Azul (acá no pueden enojarse los aficionados que le van al América o Guadalajara) y el estuco fue de la marca FIXOL. Todo este material fue donado por el Grupo Román Bermúdez. Tal vez vos viste una fotografía donde estaba Rogerio Román Bermúdez, empresario exitoso, quien es hijo de mis amiguísimos Rogerio Román Armendáriz y Lety Bermúdez Albores. ¡Bien! Bien por todos quienes estuvieron involucrados en este gran proyecto. Posdata: sucesos que siembran esperanza en el pueblo. Mario Vargas Llosa dijo en la novela Conversación en la catedral: “¿cuándo se había jodido el Perú?” A veces nosotros nos hacemos esta pregunta con respecto a México, a Comitán, pero cuando somos testigos de estas noticias, algo como una semilla de nostalgia futura aparece. No todo está perdido. Si los inversionistas echan el hombro, las personas contribuyen con su talento y su trabajo. Juntos lo hacemos; juntos podemos hacer un pueblo más digno. Me encantó saber esa sinergia que propicia el Maestro Villagómez, para hacer más grande el CONALEP de Comitán. ¡Tzatz Comitán!

lunes, 3 de noviembre de 2025

LECTURA DE UNA FOTOGRAFÍA

Oh, la oficiante, me ve desde un tiempo fracturado. Me ve directo, como si me reclamara o me inquiriera o, lo peor, me retara. Sí, su mirada es un reto. ¿Qué tiempo es mi tiempo? ¿Cuál el tuyo?, dice. ¿Cuál el tiempo de todos? ¿Cuál es el tiempo que nos une en el vacío, en la distancia insalvable? Ella, la oficiante mayor está en un sitio que ignoro, en un tiempo pasado. Desde allá vino para que la viera desde mi tiempo, desde mi espacio; desde un aire que también fue suyo, cuando fue niña, cuando fue adolescente, cuando caminó por su Comitán de los años cuarenta. Hoy ya avanza el siglo XXI, en medio del vértigo de estos tiempos, tan lejanos a los encapsulados de ayer. De un ayer que refiere a los años treinta en Comitán, cuando todo estaba aislado, como nube a mitad de un mar de piedras. ¿Cuántos años tiene Rosario en esta fotografía? Lejos están los años tiernos de su tierna infancia comiteca, por eso digo que me reta. Todo es un misterio, juega. Como si fuera la niña que fue, aparece detrás de algo como un pilar, como el que había en las casas que habitó en el pueblo, las dos casas con patios y sitios, las dos con corredores y pilares de madera. Sitios que siempre permanecieron en su memoria, sitios marcados por la alegría y por la infinita miseria. Por esto, cuando en los años setenta llegó de visita a Estambul y entró al Harem de Topkapi sintió una nostalgia por Comitán, debido a la semejanza de los patios comitecos, fue tanta la cuerda de añoranza que empezó a llamar a su nana, así como cuando la nana ya no estaba en su casa (lo narra en la novela “Balún Canán”) y la niña vio a una mujer indígena, corrió hacia ella, con los brazos abiertos, creyendo que era su nana. Oh, qué decepción, la indígena no era el agua que la había bendecido en sus años niños. ¿Qué es lo más deslumbrante de esta fotografía? Sus ojos y sus cejas. Las cejas ya están pintadas y repintadas, porque ella, en algún momento, comenzó a delinear su rostro, a creerse Van Gogh o Remedios Varo (nunca, jamás, la pintora Lilia Carrillo, quien fue la primera mujer de su adorado Ricardo Guerra). Ella se pintaba porque debía modificar la fachada de su casa, hacerla más luminosa. Ella, mujer de ojos de ballena, enormes, mirada madre, me ve desde su soledad, me la avienta, me la refriega y me reta para que le diga qué dicen de ella en su Comitán. ¿Qué decirle? ¿Que su nombre y su imagen están en muchos lados, pero que casi no la leen? Se enojaría al saber que el gimnasio donde los chicos y chicas (y viejos y viejas) juegan básquetbol le cambiaron el nombre, eliminaron el suyo, porque ella (dijo Doña Lola Albores) jamás fue deportista. Entonces, ¿por qué hay un centro de belleza que lleva su nombre? Ah, ya, claro, si ella se delineaba las cejas todas las mañanas, como si fuera una ablución, era porque la belleza física estaba presente en su pensamiento. Pero, ¿por qué entonces un fraccionamiento lleva su nombre? Ya, ya, claro, porque, repito, ella me ve, ve a todos, desde un tiempo fraccionado; además, ella fue constructora de casas, espirituales, es cierto, pero después de todo fue una gran edificadora. ¿Se vale entonces que por cualquier pretexto se bautice un recuerdo con su nombre, que una respiración sea la llave para los cuadernos? La veo y me ve. Para verla debo ir hacia ella. Me ve desde hace mucho, pero yo, escondido detrás de un pilar de madera, debo salir de mi madriguera para verla, para estar con ella. Ahí está, jugando, jugando a las escondidas: toc, toc, ¿quién es? Y ella se asoma para que todos la veamos, para que digamos que ahí sigue, porque, debido a su obra literaria, ella es tan eterna como el Junchavín, como Tenam, como la cuerda donde se enrolla el trompo. Ahí está, ahí sigue. La vi y ella me vio. Gracias al genio del fotógrafo (¿de verdad fue hombre?) ella nos ve a todos. El fotógrafo hizo eterno el instante, pero ella me ve no sólo desde ese momento, sino desde mucho más allá. No sé qué edad tenía ella, yo tengo sesenta y ocho años cuando el mundo celebra el Centenario de su Nacimiento. Sé que en el momento en que ella posó para la cámara no imaginó que en 2025 el mundo celebraría los cien años de su nacimiento. En ese momento ella se sabía grande en su intelecto, débil y frágil en su condición humana, pero no intuyó la grandeza de su aura, ese destello que en esta fotografía aparece otorgándole un aire de metáfora, de contemplación. La vi y me vio. Supe que la vi, ella no supo que me vio. ¿De verdad? Entonces, porque pienso que ella me reta, me impulsa a usar palabras para decirle que hemos coincido en el tiempo y en el espacio. ¿Me reta o me reclama? Tal vez hay un ligero reclamo porque debajo de su fotografía, debajo de ella, está un contacto de energía eléctrica. No lo sé.

domingo, 2 de noviembre de 2025

CARTA A MARIANA, CON UNA PLÁTICA SENSACIONAL

Querida Mariana: Paty Cajcam y yo estuvimos en la Universidad Nacional Rosario Castellanos. ¿Mirás qué lugar tan simbólico en el año que la escritora cumple el centenario de su nacimiento? ¿Qué llegamos a hacer? Asistimos a la charla que impartió Gabriel Velázquez Toledo, quien obtuvo el Premio Internacional de Novela Breve Rosario Castellanos 2025. La sala estaba llena de docentes y alumnado de la licenciatura en Psicología. Nosotros llegamos justo al inicio de la plática. Entramos por la puerta trasera y nos sentamos, al lado de muchos chicos y chicas que estuvieron atentos a la charla de Gabriel. En el acta de premiación del jurado (tres destacadas escritoras: Silvia Molina, Magali Velasco y Guadalupe Ángeles) aparecen elementos que justifican la decisión: “La obra “Los murmullos de la selva” es una novela negra que sostiene una historia desarrollada en Chiapas, a finales de la década de los noventa. Ágil, interesante y con personajes que transmiten las emociones propias de una zona violenta, con un lenguaje claro y directo, una buena estructura, tanto en los diálogos como en la narrativa. Una historia que atrapa desde el principio”. En la plática, el escritor premiado se reveló no sólo como un gran escritor sino como un gran conversador, porque nos atrapó desde el principio. Vos sabés que es difícil llamar la atención de jóvenes universitarios, son tantos sus intereses, pero Gabriel logró cautivarlos. Al final, hubo varias preguntas de chicas que deseaban profundizar en el tema abordado. El escritor respondió con generosidad e inteligencia. El premiado explicó cómo es su proceso de creación e hizo una síntesis de su novela. Como ya te diste cuenta, es una historia que tiene a Chiapas como entorno en actos sucedidos en 1994. Eligió a un periodista como personaje principal. Todos estuvimos pendientes de sus palabras y conceptos. Dijo que los seres humanos poseemos un pensamiento creativo y un pensamiento crítico. La ficción aparece a partir de ideas, muchas ideas, que él va entrelazando. En la novela aparecen las desapariciones, la muerte de transexuales que se dio en un periodo amargo de la historia del estado y, por supuesto, del levantamiento zapatista. A Gabriel le llamó la atención el enfrentamiento desigual que se dio, ya que existen testimonios gráficos de zapatistas alzados con rifles de palo. Apuntó que en una ocasión estuvo en una plática que impartió el famoso escritor mexicano Rafael Ramírez Heredia, quien venía a Chiapas para impartir un taller de creación. Ramírez Heredia dijo que el escritor debe leer 8 horas, escribir 8 horas y vivir 8 horas; es decir, quien desee ser escritor debe serlo de tiempo completo, bandera que también enarbola el escritor chiapaneco Jesús Morales Bermúdez y recomendaba a los integrantes del Centro Chiapaneco de Escritores: “sean escritores de veinticuatro horas diarias”. El compromiso debe ser total, responsable. El escritor laureado dijo que él, a temprana edad, se dijo y dijo al mundo: “Voy a ser escritor”, y desde entonces ha escrito novelas que han obtenido premios nacionales y, ahora, un premio internacional, que honra la memoria de la pichita amada de Comitán. Fue emotivo y de gran relieve que el premio del veinte veinticinco recayera en un escritor chiapaneco, quien nació en Tuxtla Gutiérrez, pero cuya acta de nacimiento dice que nació en Cintalapa, tierra de su mamá. José Luis Ozuna, coordinador de proyectos literarios del Coneculta, comentó que este año recibieron 134 propuestas, de las cuales 85 fueron aceptadas, porque las desechadas no cumplieron con lo establecido en la convocatoria. Las 85 novelas breves fueron enviadas a las tres escritoras del jurado, quienes, después de la lectura de los trabajos, decidieron por unanimidad premiar “Los murmullos de la selva”. Posdata: ¿cuándo los lectores podremos tener en nuestras manos la novela ganadora? No hay fecha, ojalá que pronto. Es una pena que ahora la convocatoria no contemple la publicación de la obra premiada. Parecería un contrasentido, sobre todo en el año que el mundo celebra el Centenario del Nacimiento de Rosario Castellanos y que el concurso de novela breve lleva su nombre. Ojalá pronto. Medio mundo quiere ya leer la novela ganadora. Fue un privilegio asistir a la conferencia que Gabriel dictó a chicos y chicas de la Universidad Nacional Rosario Castellanos. Fue un honor para Gabriel, lo mismo para la institución; fue un honor para Comitán. En la foto, Gabriel aparece a la derecha de tu mirada, es el del rostro más feliz, ¡cómo no! ¡Tzatz Comitán!

sábado, 1 de noviembre de 2025

CARTA A MARIANA, CON REGALO

Querida Mariana: mi hermana Esther se acordó. Tuve un amigo que cada fin de año anotaba los cumpleaños en un calendario. Así, cada mañana, apenas se levantaba y ponía sobre la estufa a calentar el café, revisaba el calendario para ver de quién era cumpleaños. Ya con el café caliente y el pan tomaba el teléfono, marcaba y cantaba las mañanitas al cumpleañero. Era un ritual mágico, era la línea de vida que siempre tendía. Mi hermana se acordó. Supo que Arenilla cumplía su octavo aniversario y desde temprano me envió una etiqueta de felicitación. Etiqueta que me sorprendió porque, a diferencia de mi amigo, yo no tengo ese registro de cumpleaños, y en mi memoria, endeble, pichancha, no tenía anotado que nuestra revista impresa cumplía ¡ocho años! Abrí el mensaje de mi hermana y sonreí. Ah, mi querida Esther Molinari siempre está pendiente de mí, de lo que hago; siempre está pendiente de los sucesos más relevantes de Comitán. No hay día de Dios que, desde su casa, en el Estado de México, cheque su celular, entre al Facebook y vea qué publiqué, qué sucede en el pueblo donde vivió nuestro papá, donde nació su hermanito. Qué detalle tan bello tuvo. De inmediato le pasé la etiqueta a Paty Cajcam para que recordara que estábamos cumpliendo años, porque fue en el mes de octubre de 2017 que una mañana presentamos el primer número de Arenilla impresa, en el salón de actos de la Casa Museo Dr. Belisario Domínguez, lugar simbólico de nuestro pueblo. Sí, ya cumplimos ocho años, nuestra revista es pichita, pero hermosa, madura, sorprendente. Se ha convertido ya en la revista cultural más importante de la región. Sus lectores la esperan con ansia. Teníamos la convicción, desde el primer número, que haríamos realidad un sueño y que con ello cumpliríamos el sueño de muchos lectores, de tener en sus manos algo de lo mejor de Comitán y de la región, y digo que algo, porque es imposible abarcar todos los dones que posee esta tierra. Esta tierra es tan pródiga que cada día es día de siembra y de cosecha, sembramos gajos que serán árboles y cosechamos los frutos de los árboles que sembraron nuestros antepasados, los que supieron que vivían en una tierra bendita, única, indecible. Cumplimos ocho años y lo cumplimos, como lo hemos hecho cada día, ¡trabajando! Trabajando con ahínco, con pasión, para beneficio de nuestra sociedad, porque, vos lo sabés, nos debemos a cada uno de nuestros lectores. Digo que nos propusimos entregar una revista que estuviera a la altura de la grandeza de Comitán y lo hemos logrado. A veces pienso en preguntar al mundo: ¿has pensado qué sería de Comitán sin la presencia de Arenilla? Sé que muchas personas del pueblo no lo pensarían, pero a la vez sé que muchos lectores fieles responderían que nuestro pueblo ya tiene una estrella más y que ésta da luz, es faro para afianzar nuestra identidad. El equipo buscó el lema: “Porque hablás de vos hablamos de ti”, con ello está dicho todo. Creemos en la fuerza de nuestro lenguaje, que le otorga personalidad al pueblo. Somos un pueblo que habla de vos; eso quedó de relieve en el chiste de Doña Albores, cuando llega un visitante al pueblo, entra a un tendejón y pregunta a la dueña: “¿Acá es donde hablan de vos?”, y la respuesta es inmediata: “hablarán de vos, porque de mi ¡no!, yo soy señorita”. Ah, pueblo genial, pícaro, jodoncito, trabajador, árbol de jocote, chismoso, sembrador. Todas las personas que conocen Comitán lo aman; tal vez somos nosotros quienes no nos damos cuenta de su grandeza, porque como lo vivimos cada día. Pienso en los ángeles y digo que éstos no reconocen las bondades del vuelo y del cielo. Lo mismo nos sucede a nosotros, por eso un día dijimos que haríamos una revista para que, en forma permanente, le recordáramos a comitecos y comitecas que vivimos en un pueblo glorioso. Si tenemos cola que nos pisen es una cauda de gloria, como de recién casada, sin mácula. Cumplimos ocho años y hemos cumplido con la alta misión de ser portavoz del brillo de nuestro pueblo, en cada página hablamos de lo mejor de lo nuestro. Cada anuncio de nuestros patrocinadores también es muestra de lo que este pueblo es: un pueblo generoso, que se da con los otros. Le apostamos a Comitán, porque hemos leído libros de nuestra historia y reconocemos en cada página instantes sublimes, gloriosos. Se nos llena la boca cuando mencionamos a las grandes personas de nuestro pueblo, desde los más encumbrados (ya sabés quiénes son) hasta los más modestos, porque todos ellos han construido este enorme edificio que se llama Comitán. Cada uno ha contribuido con su grano de arena para dicha construcción, nosotros aportamos nuestro granito de Arenilla. Mi amigo ya falleció, por eso no recibí su llamado de felicitación, por ahí quedó el viejo calendario con las fechas de cumpleaños de amigos, por ahí quedó el mes de octubre, mes de felicitación para la mejor revista de la región. Nos sentimos orgullosos de lo que hemos logrado y seguimos aportando lo mejor de nosotros para que llegue a ustedes, querida mía. Porque este pueblo bien vale una misa, bien vale el mejor esfuerzo de sus mejores hijos, todos. Todos los que a diario aportan lo mejor de ellos desde sus trincheras. No hay trinchera menor, todas son válidas, todas son torreones para echar palomas al vuelo, para regar confeti, para aventar, como el capitán Camacho, semillas desde el cielo. Estamos cuidando lo que sembraron quienes vivieron antes que nosotros, le ponemos abono del bueno, del que se bebe como copa de comiteco. Somos un pueblo grande, un pueblo que se merece la revista que entregamos. Lo hacemos convencidos de la gloria que nos cobija. A este pueblo nos entregamos, este pueblo nos merece y nosotros merecemos a Comitán. Mi amado Gutmita repite cada día estrofas de la canción de Roberto Cordero: “Comitán, Comitán de las flores, donde están mis amores, donde quieren de verdad…” Comitán de Pérez, Comitán de Flores, Comitán de Espinosa, Comitán de Molinari, Comitán de Argüello, Comitán de Ramírez, Comitán de todos, Comitán de Los Tomates, tomate una, tomate dos. Posdata: Comitán nos merece, porque nuestra revista es una revista que es como un papalote volando sobre el cielo de Nicalocok. ¡Va pitutazo de comiteco para celebrarnos! ¡Para celebrar la vida productiva y generosa! ¡Tzatz Comitán! ¡Cotz Comitán!