martes, 7 de marzo de 2023

CARTA A MARIANA, CON UNA CUADRA (cuarta parte)

Querida Mariana: cuánta vida en cada calle; cuántas historias en los interiores de las casas y en los locales que dan a la calle. En una novela leí la historia de un pueblo pequeño, del sur de Italia, y el escritor (no recuerdo quién, ni el título de su libro) puso que en una casa había una placa en mármol que hacía un gran contraste con la modestia de la casa, la placa decía: “Acá no vivió un personaje ilustre, vivió un hombre que amó la vida y caminó de puntillas para no molestarla”. ¡Pucha, una genialidad! En todas las ciudades del mundo existen placas que consignan hechos relevantes para la comunidad o para el mundo. Nunca he estado en Buenos Aires, pero hay una placa que dice que en esa casa vivió Julito Cortázar y otra donde se consigna que ahí vivió Borges. En esta calle, mi niña, hay una placa (no de bronce, sino de modesto acrílico) que le recuerda al peatón que ahí vivió Rosario Castellanos. Esta calle, entonces, no es cualquier calle; este pueblo no es cualquier pueblo. Pero, ¡mirá qué maravilla!, la casa que sigue a la que habitó Rosario cuando era estudiante de secundaria, es una casa bellísima. Tiene dos hermosísimos balcones y un portón. De las casas que hemos hablado en esta calle es la que posee menos transformaciones, por eso cuando caminés por ahí debés poner especial atención, porque ella es como la puerta de entrada para el entorno que existía en el siglo pasado. Tal vez, digo que tal vez, sin asegurar, la chica Rosario pasó frente a esta casa y la vio así, con sus balcones majestuosos, bellísimos. Muchos años después, en su novela “Balún Canán”, nuestra Rosario escribió: “debe de ser tan bonito estar siempre, como los balcones, desocupado y distraído, sólo mirando…” La mañana que caminé por ahí, querida mía, me paré frente a esta casa, que es residencia particular del contador Víctor Hugo Aguirre, y dije en voz baja las líneas de Rosario y supe que, en ese instante, en medio del tráfago diario, los autos, cláxones, gente caminando apresuradamente, yo fui como un balcón, estaba sólo mirando (no digo que desocupado y distraído, porque estaba ocupado en ver con toda intensidad esa magnífica fachada, de una tradicional casa del centro de nuestro pueblo. Con respeto, es la casa más bella de todas las de la cuadra. Ojalá siga conservando su arquitectura durante todo el tiempo que Comitán sea. Tengo amigas que vivieron de cerca esta casa, porque ahí estudiaron contabilidad. En algún momento entré una tarde, tal vez en busca de alguna amiga, recuerdo que la casa tenía tres corredores amplísimos. La pared del portón continuaba al fondo, pero en los tres otros lados había bellísimos corredores y los cuartos que en ese momento servían como salones. Entiendo que era una escuela de contabilidad privada. La casa que sigue continúa con la misma altura, lo que permite una visión armónica muy bella, pero esta casa sí tiene transformaciones, las que han seguido muchas comitecas (sobre todo del centro), para que funcionen como locales comerciales. Hace muchos años existía la leyenda urbana que en cuanto el dueño de la casa se casaba mandaba a abrir una puerta que diera a la calle para poner una tienda que atendería su esposa. En esta casa actualmente hay un negocio de copias, impresiones y arreglos de computadoras, que se llama “Tonermarket”. La amplitud del local permite ver la generosidad que tenían las recámaras de esas casas. A continuación, hay otro local donde colocan uñas, que se llama “París Salón”. No, no hablan francés. Lo que sigue es un portón que da acceso al interior. Voy a elucubrar: digo que las dos casas, la del contador Aguirre y ésta, tienen la misma altura, es como si se continuara. ¿Y si en algún tiempo fue una sola casa? Digo esto, porque las casas comitecas tradicionales del centro tenían cuatro corredores alrededor del patio central. Quien conozca el interior de esta casa que ahora tiene dos locales podrá decir cuántos corredores tiene, si tiene tres, como un espejo de la del contador puede significar que era una sola casa hace ya mucho tiempo, pero como digo, esto es una mera chaqueta mental. Posdata: desde el lugar donde me paré (frente a la casa de los dos solemnes balcones) vi, ah, qué privilegio, las torres del templo de El Calvario, tal vez el templo que más cerca estuvo del numen creativo de Rosario Castellanos. ¡Tzatz Comitán!