domingo, 1 de marzo de 2026

CARTA A MARIANA, CON UN CONCEPTO NOVEDOSO

Querida Mariana: ¿vos sabés qué significa la palabra procrastinar? De entrada la palabra es extraña, de difícil pronunciación. ¡Dónde como la palabra amor o espiritifláutico!, palabritas sencillas, fáciles de pronunciar. Hasta hace poco tiempo ignoraba el concepto procrastinar. Nunca lo había escuchado, ahora la oigo con más frecuencia. ¿Qué dice el diccionario? “Procrastinar: hábito de posponer voluntariamente actividades o situaciones importantes, sustituyéndolas por otras más irrelevantes o placenteras, a pesar de conocer las consecuencias negativas a largo plazo”. Todo mundo procrastina y el que procrastine ¡buen procrastinador será! No conocía la palabra, pero he sido procrastinador desde siempre, porque todos somos procrastinadores. Claro que sí. Juan Villoro, con uno de sus libros recientes, diría: “No soy un robot”, sólo los robots no procrastinan, ellos están programados para cumplir con funciones prioritarias; los seres humanos tenemos en nuestra esencia el botoncito de la procrastinación. Los mexicanos, por naturaleza, tenemos el gen del “dejá para mañana lo que no querés hacer hoy”. Vos sos responsable, seriecita, pero sé que, de vez en vez, también te botás en una hamaca o te ponés a hacer algo que no es lo más importante. ¿Por qué somos así? Debe ser herencia cultural, la traemos arrastrando. Hablo de herencias sociales, no personales, porque en casa mi papá no procrastinaba, al contrario, siempre fue ejemplo de cumplir con los compromisos importantes. No sé si vos has conocido a gente que comienza a hacer las tareas más sencillas y deja al último las más complejas. Mi papá hacía lo contrario, primero lo complicado para que luego todo fuera más fácil, pero, ya lo dijimos, la mayoría de personas procrastina. Si lo mirás con atención es ilógico tal comportamiento. Sabemos que debemos hacer los trabajos, así que mientras más pronto ¡mejor!, pero los mexicanos no somos así. Los psicólogos podrán dar luces acerca de este comportamiento humano. Digo que siempre he procrastinado, sin saber que este comportamiento así se llamaba. “Hacé la tarea”, decía mi mamá. No la hacía, no la hacía porque andaba metido en el juego de carritos o leyendo al Memín Pinguín. ¿Qué era más importante en la vida? ¿La tarea o la lectura? Cuando fui a estudiar a la UNAM, en la facultad de ingeniería, en lugar de ir al salón de clases iba a la Biblioteca Central Universitaria. ¿No había crecido? Digo esto, porque ya a mis dieciocho años seguía ignorando la recomendación materna: “Hacé la tarea”, no hacía la tarea de la facultad y continuaba en mi diversión favorita: la lectura de cuentos, novelas, poemas, obras teatrales, ensayos y divertimentos. En mis años de infancia y adolescencia nadie hablaba de procrastinar, aunque todo mundo era procrastinador. Que tire la primera piedra quien no haya sido procrastinador. En la definición que te compartí aparece la palabra “placentera”; es decir, dejamos lo importante por aquellas cosas que nos dan placer. Sé que en las empresas nadie quiere personas procrastinadoras, pero quien tiene su propia empresa bien puede darse el lujo de privilegiar el placer de la vida. Con esto no quiero decir que todo mundo deba ser anarquista y ser procrastinador, ¡no!, pero en mi vida personal siempre he aplicado la ley del placer por encima de la del deber. Además, la palabra deber tiene una carga simbólica bien jodida, porque significa que es algo que debés, sin contraer deuda alguna. Posdata: el término procrastinar se ha puesto de moda. Parece que el mundo se dio cuenta que en el país somos “dejados”, que si tenemos una chamba urgente, pero el compadre nos llama por teléfono, nos invita a tomar una caguama, cerramos la computadora y vamos a la cita. Dicen que ya está próximo el evento más importante de todo el año: el Mundial de Fútbol. ¿Ya pensaste en el universo de empleados que dejarán sus pendientes para no perderse el partido inaugural? Ahí se demuestra que medio mundo prefiere el placer al deber. ¿Es esto malo? Ay, jefe, mañana se lo tengo, ahora juega nuestra selección y necesita nuestro apoyo, el número doce debe estar a favor de México, México, México, ra ra ra. ¡Tzatz Comitán!