miércoles, 31 de mayo de 2023

CARTA A MARIANA, CON UN RECUERDO SENSACIONAL

Querida Mariana: me tomé la foto en un aparador de San Marcos. Bueno, afuera, no soy maniquí para estar adentro. Me la tomé porque llamó mi atención la frase promocional: “Igual que papá / contigo siempre / San Marcos”. Se me hizo una frase imaginativa, linda. San Marcos lleva mucho tiempo sirviendo a la sociedad comiteca y de la región. Su prestigio está al lado de la grandeza de nuestra ciudad, porque sus propietarios siempre derrochan el carácter simpático de los comitecos. Como papá con el hijo siempre ha estado a nuestro lado. Siempre estoy pendiente de San Marcos, ahí compro pantalones, camisas y suéteres. En esta foto tengo una camisa y un suéter comprados en San Marcos. No está de más decirte que nuestra revista Arenilla llega a tus manos y a la de cientos de lectores gracias al patrocinio de muchas empresas e instituciones que le apuestan al desarrollo óptimo de nuestra sociedad. Vos sabés que San Marcos es una de esas empresas que ha estado con nosotros desde el inicio, hace cinco años. El licenciado Héctor Flores, gerente general de la empresa, fue la primera persona que nos apoyó en esta iniciativa editorial que aporta a la tradición centenaria de nuestro pueblo. Llegamos a platicar con él, le dimos a conocer nuestro proyecto y le dijimos que no teníamos algo tangible para demostrarlo y él nos dijo que imaginaba que nuestro producto sería de calidad, que conocía nuestras propuestas anteriores y que nos apoyaría. Su apoyo ha sido fiel, sostenido, por eso, como dice mi jefe el Maestro Huguito: dan darán, dicen las campanas. Él nos apoya para este logro editorial, nosotros compramos ahí. Sé que vos y los cientos de lectores que reciben en forma gratuita la revista, la disfrutan y valoran su contenido, también compran ahí. Tu papá y tu novio se ven más guapos con los regalos que les das. Mirá la horma que acá tengo, parezco artista, si no de Hollywood, sí de Bolliwood, el genial cine hindú. Digo que siempre estoy pendiente de San Marcos, de manera preponderante en esta época. Dejá, te cuento. Desde los años que estudié la secundaria en el Colegio Mariano N. Ruiz la temporada de fin de clases me llamó la atención, en primero de secundaria presencié el momento en que los muchachos de tercero se despedían para siempre de la escuela y, muy trajeados, se tomaban la fotografía del recuerdo, la del instante en que dejaban de ser grupo, ya nunca más estarían juntos en el aula. En el parque de San Sebastián, siempre, en época de clausura de curso llegaba una marimba que amenizaba las mañanas. No me preguntés la novena de qué santo o santa celebraban, hasta la fecha sigo ignorándolo, pero esa conjunción de elementos me hacía feliz, caminaba alegre por el parque que, siempre, tenía las notas agridulces de la vida, porque algunos muchachos lloraban en este cierre de ciclo. Ahora relaciono de inmediato estas fechas con San Marcos, porque ahí los papás compran los trajes para ellos y para los hijos, los tacuches para asistir a las ceremonias de graduación. Uno de los festejos más importantes en familia es el de la graduación de muchachos, bien sea de primaria, secundaria, bachillerato o universidad. Durante mucho tiempo dejé de usar traje, ya te dije que mi papá, ah, mi querido padre, siempre que me llevaba a San Cristóbal, siendo yo un niño, le gustaba que llevara traje, porque se sentía orgulloso de su pichoncito y deseaba que sus compadres me vieran bien guapo, esto impedía que yo jugara con los primos de aquella hermosa ciudad, porque mi mamá me recomendaba que no me ensuciara. Uf. Pero un día, mi querido licenciado Luis Ignacio Avendaño Bermúdez fue electo como presidente municipal de nuestro pueblo y me concedió el privilegio de nombrarme director de cultura. El día que di la noticia en casa mi mamá me dijo que debía ir a comprar dos trajes, porque sin duda habría actos de relevancia donde debía ir entacuchado, pensé que mi mamá tenía razón y fui a San Marcos a comprar dos tacuches bien bonitos. Ahí los tengo todavía. Ya no soy director de cultura, ni volvería a ocupar dicho puesto, pero, a veces, mi jefe, el maestro Huguito, me invita a estar presente en la entrega de títulos universitarios y saco el tacuche del clóset y acudo al acto con toda la dignidad que puedo tener. Posdata: el lema publicitario se me hace sensacional, dice mucho: “Igual que papá / contigo siempre / San Marcos”. No tiene desperdicio. Alude a la gran tradición. ¡Tzatz Comitán!

martes, 30 de mayo de 2023

SISMO VIOLENTO, PERO SIMPÁTICO

A veces divido el mundo en dos. Ayer lo dividí en: mujeres que son como temblores trepidatorios, y mujeres que son como temblores oscilatorios. La mujer temblor trepidatorio es la más letal, sabe que su fuerza se concentra en su energía telúrica y sacude todo en forma despiadada. Cuando un amante la conoce comienza a pensar que más le convenía estar con la mujer temblor oscilatorio, porque ésta se mece con fuerza, pero su movimiento es en forma de ola, como si bailara un vals; en cambio, la mujer temblor trepidatorio propaga sus ondas en todas direcciones, va de izquierda a derecha, pero también pega tamaños brincotes, como si fuera una potranca enfurecida, como si tuviera millones de hormigas que le pican las ancas. Dicen los expertos que en su “epicentro” ella lanza más brincos que desplazamientos horizontales, lo que confunde al amado, porque debe resistir esos mazazos que son como si un volcán estuviera pariendo lava revuelta con fumarolas llenas de ceniza. No obstante, los expertos amantes reconocen el vigor de la mujer temblor trepidatorio, porque es una mujer empoderada, que no se deja vencer por algún otro fenómeno, no le afecta el viento, ni la lluvia, ni la granizada, las nevadas las convierte en un riquísimo helado de fruta de temporada. Ella tiembla para hacer temblar a los otros, para que el mundo tenga movimiento, para que despierte sus más íntimas pasiones. La gráfica de su intensidad dibuja altos y bajos, como si fuera la síntesis de un valle adornado con montañas. Cuando los músicos se inspiran en ella escriben canciones que tienen muchos picos, lo que hace una música llena de alegres compases. Nunca es vals, jamás. Ella siempre estimula una música festiva, a veces es mambo, en otras suena a tango y si tengo tingo todo es un tongo. De todos modos, quienes se relacionan con ella deben tener mucho cuidado en provocarla, porque si se enoja de más puede aventarse un latigazo de más de ocho, en la escala de Richter, y el territorio se vuelve un sitio de guerra, un entorno lleno de miseria, donde la habitación se recuesta miserable sobre el piso. La mujer temblor trepidatorio es una mujer que no se fractura, siempre está como montaña erguida. Los hombres que han sobrevivido una relación con ella siempre regresan como si hubiesen sido combatientes en una guerra incruenta, pero, después de tomar un té, darse un baño y recostarse en una hamaca, cuentan que la experiencia ha sido la más intensa de su vida, abren los ojos como si todo estuviera por descubrirse y, en voz alta, manifiestan que no volverían al campo de batalla, pero haber estado en esos territorios les provocó una vida que valió por mil. Se santiguan, dan gracias al Niñito Fundador, por ser sobrevivientes y se autodefinen como hombres supremos, porque pocos, muy pocos seres humanos han tenido la bendición maldita de recibir el abrazo más intenso del universo, un abrazo lleno de lodo y púas. A veces divido el mundo en dos. Mañana lo dividiré en: mujeres que caminan por los caminos del cielo, y mujeres que se van por la orilla de los lagos.

lunes, 29 de mayo de 2023

CARTA A MARIANA, CON REJA DE PAPEL DE CHINA PARA ROSARIO CASTELLANOS

Querida Mariana: el 25 de mayo 2023 se cumplieron noventa y ocho años del nacimiento de Rosario Castellanos. Pucha, dentro de dos celebraremos los cien años. Ella falleció en 1974; es decir, cuando tenía 49 años, ya no llegó con vida al tostón, pero sus amigos y lectores (que son muchos en el mundo) celebramos cada año su cumple. Muchas personas cantan las mañanitas, colocan rejas de papel de china, ponen marimbita, avientan confeti, hacen lecturas, conversatorios y, ahora, performances. Los actos celebratorios vienen de parte de instituciones oficiales y de colectivos juveniles. A mí me da mucho gusto que haya jóvenes que se involucran en los festejos culturales, porque eso garantiza la continuidad cultural, el pase de estafetas. Los viejos ya cumplimos, ahora son los chavos quienes deben encabezar las manifestaciones artísticas. El comunicólogo Iván Ibáñez, siempre generoso conmigo, me invitó a decir unas palabras en su NOTI-VOS, un día después del cumpleaños de Rosario. Acepté, por supuesto. Te paso copia del textito que leí esa mañana. “Buen día, maestro Iván, buen día a la audiencia. Algunas personas preguntan: ¿qué hizo Rosario Castellanos por Comitán? ¿Por qué hablan tanto de ella? A estas personas no les basta el genio creativo literario de Rosario, quieren, como Santo Tomás, meter el dedo para comprobar la llaga. Bueno, a estas personas les doy sólo un ejemplo: Rosario Castellanos nombró a su primera novela con el título de Balún Canán, con este hecho realizó un acto de resistencia y puso el nombre de nuestro pueblo en oídos de miles de lectores en el mundo. Esto no es poca cosa, al contrario, es un hecho relevante. Recordemos que los historiadores cuentan que el origen de nuestro pueblo se debe a un personaje mítico que llegó del territorio Maya-Quiché, el personaje llamado Votán fundó muchos pueblos, entre ellos el nuestro y le llamó Balún Canán. Ya en el siglo XV llegaron los primeros conquistadores: los mexicas, y ellos eliminaron el nombre inicial y lo bautizaron como Comitlán; un siglo después llegaron otros conquistadores, los españoles, y le llamaron Santa María de Comitán. Como vemos, sólo el primer nombre es fundacional, los demás son producto de imposición de conquistadores. Rosario Castellanos, nuestra Rosario, siglos después recuperó el primer nombre, el que conserva, por así decirlo, la esencia de nuestro cordón umbilical, nuestro mushuc. Nuestro Comitán tuvo su origen en esa fundación Maya-Quiché. Ahora, cada vez que un lector, en cualquier parte del mundo, toma la primera novela de Rosario, devuelve el brillo original de nuestro pueblo. Pronto, dentro de cinco años, Comitán celebrará sus quinientos años de fundación castellana, pero nuestro pueblo viene de mucho antes, antes de ser Comitán fue Balún Canán. Rosario Castellanos rescató el nombre de las cenizas y hoy es un Ave Fénix literario portentoso. Por eso hablamos de Rosario. Ella hizo mucho por este pueblo, pueblo resguardado siempre por nueve guardianes. Marimba y reja de papel de china para la gran Rosario Castellanos”. Posdata: me aventé este rollito para celebrar los 98 años de edad de nuestra Rosario. Gracias a ella, nuestro pueblo es mencionado en el país y en muchas otras partes del mundo. Ya te conté que su “Balún Canán” está traducido al japonés. A veces nos topamos con visitantes de aquel lejanísimo país que llegan a nuestro pueblo para conocer el pueblo que describió Rosario. También te he contado que, gracias a una iniciativa del senador Eduardo Ramírez, el Senado de la República entrega ya una medalla con el nombre de la escritora. Los nombres de tío Belis y de tía Chayo brillan en aquel espacio republicano y con sus luces iluminan los espíritus de hombres y mujeres que apuestan por la libertad y por la cultura. ¡Tzatz Comitán!

domingo, 28 de mayo de 2023

CARTA A MARIANA, CON LÍNEAS DE SABINES

Querida Mariana: te compartiré unas líneas de Sabines, hablo del poeta Jaime Sabines. Por ahí la Tía Rox, Roxana Armendáriz, cuenta que el ranchito de Yuria, donde Jaime construyó una casa bonita, fue un terreno que le regaló don Gustavo Armendáriz. Los biógrafos dicen que don Jaime vendió Yuria y ahora pertenece a otra persona. Esto que digo podría crear cierta confusión en algunos lectores, porque Yuria no sólo fue el nombre del ranchito de don Jaime, inicialmente fue el título de un poema. Si decimos que Jaime vendió Yuria suena irreal, casi surrealista. ¿Se venden los poemas? ¿De cuántas hectáreas se conformó el poema Yuria? ¿Qué se siembra en el poema Yuria: maíz, algodón, hierbabuena? No conozco otra historia similar, debe haber, pero no la conozco. Jaime Sabines escribió un poema que tituló Yuria y luego vivió en un ranchito que se llamó Yuria (tal vez sigue conservando el nombre, no lo sé). Ahora, sus lectores podemos seguir con el juego. ¡Cómo no, si él lo propició! ¿Qué sabor tiene Yuria? ¿A qué huele Yuria? ¿Cuál es el aroma de Yuria? Y así como Yuria se volvió casa, ranchito, bien pudo, o puede, volverse mujer. Y si así fuese, la bitácora de sucesos sería interminable. Porque Jaime, con tranquilidad, decía: anoche dormí en Yuria, y si Yuria fuese una chica el sueño habría sido más que agradable. Pero dije que te compartiría unas líneas de Sabines, unas líneas robadas, por supuesto, de su poema Yuria, porque Yuria, lo sabe medio mundo de acá, es nombre de un ranchito que está al lado de la carretera que va de La Trinitaria a Los Lagos de Montebello. Yuria es parte de La Trinitaria, municipio que actualmente vive una época de esplendor; pero, ya lo dije, sobre todo, Yuria es un poema que escribió el gran poeta chiapaneco. Para los preguntones, el poeta se adelantó y dijo qué significa Yuria: “Yuria no quiere decir nada. Es todo: es el amor, es el viento, es la noche, es el amanecer. Podría ser también un país: ustedes están en Yuria. O bien una enfermedad: hace tiempo que padecen Yuria. Yuria es una copa en la que podrían caber otros poemas, pero es ésta, con este licor maltratado, la que les ofrece Jaime”. En 2021 me sorprendió hallar una noticia en Internet, en la Ciudad de México hubo una pasarela que tuvo el nombre de Yuria. ¡Pucha! Sí, tuvo razón el poeta, Yuria es nada y es todo, puede ser nada y puede ser todo. Esto que te mando es para que no te sorprendás cuando mirés a una señora con el cinturón en la mano y gritando: “muchachito cabrón, dejá de estarte agarrando la Yuria”; o cuando oigás quejarse a la comadre de tu mámá: “ay, Dios mío, entré en la recámara y los caché echando Yuria”. Porque Yuria es nada, pero es todo. El genio de Sabines dice que Yuria no quiere decir nada, pero un segundo después dice que es todo y al final es preciso: “Yuria es una copa en la que podrían caber otros poemas”. Y si es una copa poética también puede ser una copa para los compas bolos. “¡Ya estás en Yuria otra vez, inútil!” o “Anda bien Yuria”. Y si Yuria es un país, cómo se llaman los habitantes de ese país: ¿Yurianos? ¿Y si Yuria es el amanecer, cómo se llama el anochecer? Romina me contó que una vez, en su trabajo, se encontró con un acta de nacimiento que decía que la niña presentada viva se llamaba Yuria Delgado Soberanes. Así que Yuria, que nada quiere decir, también puede ser el nombre de una chica, tal vez el papá de esta Yuria es un lector apasionado de los poemas de Sabines y quiso honrarlo bautizando a su hija con ese nombre, porque, la verdad, es que el juego propuesto por el poeta es interesante, juguetón. Jaime siempre fue juguetón, quién sabe en qué momento la palabra voló frente a él y Jaime, tal vez medio bolo, alargó la mano y la cogió pensando que era una mariposa, pero al abrir la mano miró que la mariposa había regresado a su forma original y el gusano caminó por su brazo, se metió en su oído e hizo su pupa en uno de los laberintos. Posdata: ¿y si Yuria es la definición de un sueño o de un deseo? ¡Tzatz Comitán!

sábado, 27 de mayo de 2023

CARTA A MARIANA, CON FOGONES Y HORNOS

Querida Mariana: la tía Romelia decía que su esposo era el techo del hogar y ella el horno. Nunca le pregunté, pero me carcomía la duda: ¿quién era el piso? El suelo es un elemento indispensable en la casa, esencial, pero no es lo más agradable, porque la basura va a dar al piso, todo mundo camina sobre él o lanza escupitajos. Ayer estuve en la oficina de Arenilla y tomé la foto que anexo. Miré muchos techos, pensé en el tío Rubén (esposo de la tía Romelia) y jugué a determinar el tipo de techo que fue. De inmediato dije que había sido un hermoso techo de tejas en tonalidades ocres, hechas y quemadas en hornos de Yalchivol, pero luego dudé, porque él no tuvo la fragilidad del barro cocido, jamás hubiera permitido que el agua de lluvia se colara, nunca habría dejado que algún albañil se encaramara para trastejar, para cambiar sus tejas quebradas. Así que deseché la imagen y, como si estuviera frente a una pantalla exhibiendo una peliculita, vi imágenes de techos realizados en diferentes materiales: techos de palma, de láminas de asbesto, de zinc, de cartón, de concreto, de madera. El techo de la casa de los tíos tenía un esqueleto con vigas de madera y un copete armado con tejas de barro; cada año llegaba un grupo de albañiles a trastejar; es decir, a cambiar las tejas quebradas. Hasta la fecha, no sé vos, nunca he logrado descubrir porqué se quiebran las tejas. No se quebraba el suelo a pesar de que tíos gordinflones caminaban sobre él, a pesar de que en las noches hacían travesuras de cama con sus robustas mujeres, pero el techo, ay, Dios mío, cada año tenía un quebradero de tejas que parecía que el rebumbio del cotz a ras de piso provocaba un eco brutal. ¿Quién rompía las tejas? Romina dice que al estar a la intemperie se ven expuestas a la fuerza de la naturaleza: el sol, la lluvia, el granizo, más la visita constante de gatos arrechos y tacuatzes alebrestados. En mi casa de infancia el techo era de láminas de zinc, cuando llovía aparecía un rugido tremendo, como de millones de gallinas picoteando las láminas, pero jamás vi que llegara un grupo de albañiles a cambiar láminas agrietadas o quebradas. Todavía ahora cuando voy a dejar mi tsurito en el estacionamiento que hay en el sitio donde fue mi casa veo el techo y compruebo que las láminas ahí siguen, todas oxidadas y medio arrugadas, pero ahí están cumpliendo su función de cubrir las recámaras. ¿Quiere esto decir que nuestros mayores se equivocaron en el método de construcción y resulta que las láminas son un mejor material? ¿En qué momento las bellísimas tejas de barro perdieron su preeminencia? Actualmente, la mayoría de techos residenciales están construidos con cemento. Si el propietario tiene la precaución de impermeabilizarlo, el techo encementado impide las goteras, que tanto joden el interior de las casas. Tal vez por eso, ahora, pocas personas construyen los techos de sus casas con teja, la mayoría le mete plancha de cemento. No logro determinar qué clase de techo fue el tío Rubén, porque era un hombre estricto, de carácter recio, pero con toda la sobrinada fue lo que la tía Elena decía: un pan de dulce regado con gelatina de fresa; es decir, no pudo ser un techo de cemento, pero tampoco fue un techo de láminas de zinc con esas estructuras metálicas tan sin gracia, tan de piernas de pituti. He visto techos de cemento que soportan inmensas torres llenas de antenas que, desde abajo, se miran como pesadísimos racimos de metal. Entiendo que la tía Romelia decía que el tío era como el techo de la casa en plan de elogio, porque, salvo en una maravillosa novela del genial escritor serbio Goran Petrovic, novela que se llama “Bajo el techo que se desmorona“, donde la casa que habitan los protagonistas no tiene más techo que el cielo, las demás casas del mundo tienen techos. Desde los orígenes, los seres humanos buscaron “un techo para guarecerse”, por eso se metieron en cuevas, donde se protegían del sol inclemente y de la lluvia amenazante. Mi casa, la tuya y la de los demás compas, tienen techo. Recordás la canción que dice: “Qué triste se oye la lluvia / en los techos de cartón. / Qué triste vive mi gente / en los techos de cartón…” Sí, la verdad es que los techos de cartón protegen hasta que asoma una granizada o una culebra de viento. Basta un minuto para que esas casas se queden sin techo. Por eso digo que el tío Rubén no era techo de cartón, porque siempre lo vimos como una maravillosa ceiba. Pero tampoco lo veo como techo de cemento, porque esa dureza no iba bien con su carácter de hombre bueno. ¿Cuál es el mejor techo, el más recomendable? ¿La teja, la palma? La novela de Goran es un prodigio literario, pero, para fines prácticos, no debe ser muy eficaz habitar una casa sin techo, sin más techo que el cielo soberbio. No me estás preguntando, pero como mi mamita siempre me cuidó mucho de chiquitío (lo sigue haciendo) no podría dormir bajo un techo endeble, no me gustaría dormir todas las noches bajo un techo de cartón, bueno ¡ni de palma!, porque, precisamente, en Las Palmas, región maravillosa de la costa chiapaneca, en una de esas casitas con techos de palma miré, ¡qué terrible!, caminar un par de ratas enormes sobre los travesaños de madera. La tía Romelia no tuvo mayor problema en definirse, ella dijo que era el horno del hogar y acá no hay pierde, el horno tradicional, en todo el mundo, también en Comitán, está hecho con materiales de la tierra, con ladrillos y argamasa; y son calentados con leña. ¡Pucha, son la quinta esencia! En mi casa de infancia hubo uno de estos hornos, me encantaba acercarme para recibir el calorcito, mientras preparaban pan. Sí, la tía se definió bien, era una mujer cálida, amorosa, ¡era un enormísimo y grato horno! ¿Quién quiere ser un horno de esos metálicos que hoy abundan en las pequeñas pizzerías? Los grandes creadores de pizzas tienen hornos auténticos en los patios de sus locales. Mi amigo Ángelo tiene uno de estos hornos en su pizzería, lo mismo sucede en la pizzería que está en la subida de San Sebastián, cuando camino por ahí veo que en el zaguán está el rimero de leña que indica que ahí preparan la pizza a la leña, que, seamos honestos, produce un sabor más rico. Nunca he estado en la tierra de mis ancestros (Italia) pero he visto en películas los hornos maravillosos de aquella tierra, donde nació esa maravilla culinaria. En el Rey del Cochito también preparan los cochitos en ese tipo de horno, por eso la carne que ahí venden tiene un sabor exquisito. Y ya ni hablemos del pan comiteco preparado en los hornos tradicionales. Con lo que decía la tía, aprendí a reconocer que todos los elementos de una casa son indispensables. Pensá en una casa que no tenga piso. No hay. Sólo en las caricaturas de Los Supersónicos hay residencias que están construidas sobre una columna, pero, de todos modos, la columna siempre está hincada en el suelo. Cada parte de la casa es esencial. Me encantan las casas con jardines y sitios, llenos de flores y árboles, frutales o de ornato. Tal vez la tía no sólo era el horno de su hogar, también era el jardín y, sí, también era el oratorio, porque ella fue el lugar de oración de todos los primos. Cuando alguien tenía una pena no la contaba con los papás, porque siempre fueron muy regañones, corría al regazo de la tía, quien, sentada en un sofá ya medio parchado, abrazaba al sobrino, lo escuchaba y, como por arte de magia, se hacía una luz que eliminaba las oscuridades. Cada parte de la casa es indispensable. Si ahora alguien me dijera que soy como el baño del hogar no me sentiría ofendido, reconocería que me están otorgando un lugar esencial. Los baños son parte importante de una residencia. Verito cuenta que cuando la invitan a ir a un rancho lo primero que pregunta es si hay un baño decente, si la respuesta es positiva va, de lo contrario agradece la invitación y se queda en su casita donde sí hay baños decentes. Rosaura me sorprendió el otro día al decirme que ama a su baño, porque ahí puede sin problema hacer pis, hacer del dos, bañarse, apapachar su cuerpo y, sobre todo, verse al espejo. No hay día de Dios, me dijo, que no me vea al espejo. Cuando termina de bañarse con agua calientita, se para frente al espejo y pasa su mano para eliminar el vapor, dice que le encanta el momento en que su rostro comienza a aparecer en medio de la bruma. Cada mañana se ve linda, se dice que está linda, lo hace en el baño, ahí se siente en un espacio muy íntimo. Me confesó que, incluso, los aromas del baño no le disgustan, le hablan de que ahí hay presencia humana, divina. Posdata: el tío era el techo del hogar y la tía el horno. ¡Qué bonito! ¡Tzatz Comitán!

viernes, 26 de mayo de 2023

CARTA A MARIANA, CON UNA CEIBA

Querida Mariana: en el parque de San Sebastián existe una ceiba, en el parque de La Pila también hay una ceiba. En el parque de San Sebas existe una placa donde se informa que la ceiba es el árbol sagrado de los mayas. Nuestro pueblo está asentado en una región que antaño fue poblada por maya-quichés, según nos enseñó Doña Gudrun Lenkersdorf. Hay más ceibas imponentes en el pueblo. La que a mí me impresiona es la que está en La Primavera, en el barrio de Yalchivol. La Primavera fue un balneario muy popular en los años cincuenta y sesenta. El maestro Temo cuenta de sus idas a ese lugar y de cómo los chicos de esos tiempos disfrutaban las zambullidas que se daban en la alberca bajo el aura de vida de ese imponente árbol. Paso frecuentemente por La Primavera, porque está en la ruta que recorro para llegar a mi trabajo, a veces hago una pausa, deseo tomarle una foto, porque en ocasiones está abierto el portón, pero me detengo porque es una propiedad privada y mi atrevimiento podría ofender. Pero sí te digo que es un árbol magnificente, simbólico. Estas ceibas son árboles que ya rebasan, con mucho, el siglo. Es difícil hallar rastros de su origen, porque como todo en la vida tuvo un origen; es decir, estos enormísimos ejemplares fueron pichitos, algún día alguien los sembró, los cuidó, les echó agüita y los vio crecer. Esos hombres y mujeres que hicieron la siembra ya no existen. En cambio, los arbolitos han crecido en forma monumental, ah, cómo se levantaron hacia el cielo, cómo engrosaron su tronco. Por fortuna, ¡qué buena iniciativa!, en la ceiba de La Pila sí tenemos información científica que ayuda a acercarnos al conocimiento elemental de ese árbol que recibe a todos los fieles que llegan a visitar el templo de San Caralampio, y que es testigo fiel del paso de los hombres y mujeres tojolabales que llegan a Comitán, para ofrecer sus productos y para comprar cositas que necesitan. El árbol sagrado de los mayas sigue presente en esta tierra prodigiosa. Al pie de la ceiba pileña existe una placa informativa. En principio si te querés ver muy fifí, muy conocedor podés decir el nombre científico del árbol, no es una simple ceiba, ¡no!, es una ceiba pentandra. ¡Ah, pucha, nadita! Como también se establece en la placa del parque de San Sebas, acá dice que es “símbolo sagrado de las culturas indígenas” y abunda más en la leyenda: “…es un árbol sagrado que permite por medio de sus ramas la apertura de los 13 cielos…” Esto llamó mi atención, entré al Internet y hallé que según la mitología náhuatl los trece cielos es el “recorrido por los caminos del cielo”, algo así como si hubiera trece estaciones. Está bonito el concepto estelar. Y luego viene el dato de la edad, del gran viejo que rebosa en juventud. Según la placa, la ceiba pileña tiene una edad aproximada de 203 a 220 años, “fue plantado, según los cálculos biológicos, antes de que se edificara el templo de San Caralampio en 1852…” Me encanta que exista esta información, porque ayuda a comitecos y visitantes a tener una idea del portento que tenemos enfrente. Acá hay una doble información, la placa nos dice que el templo se construyó en 1852; es decir, en este año 2023 está cumpliendo 171 años y el árbol es mayor como por cincuenta años. ¿Mirás qué belleza de conceptos? Cada vez que nos paramos frente a la ceiba y el templo hallamos ese sincretismo que nos define: por un lado, está el templo que, a pesar de ser casa de un santo ortodoxo, representa la cultura que nos trajeron los españoles; y el árbol es símbolo de la cultura prehispánica. Posdata: al pararnos frente a la ceiba recibimos un agradable abrazo de aire y alcanzamos a ver el portento de la naturaleza. ¡Tzatz Comitán!

jueves, 25 de mayo de 2023

CARTA A MARIANA, CON UN LIBRO

Querida Mariana: llegó a mis manos “Junk”, el poemario con el que Fernando Trejo obtuvo el Premio de Literatura La Terrestre Raíz de Las Palabras 2022, Categoría Estatal. Dicho premio lo impulsa el Puente Cultural del Sur Sureste, institución que dirige Arbey Rivera. Como siempre que aletean libros frente a mi ventana ¡lo celebro! En la presentación de este libro el poeta Arbey dice que el poeta Fernando Trejo “… se ha entregado a la literatura desde temprana edad y con el paso del tiempo su poesía se ha consolidado como una de las voces más notables en la poesía chiapaneca”. Las dos ideas son certeras: Fer anda enredado en el ajo del arte desde muy joven y ahora es una voz poética importante, así lo confirma la serie de reconocimientos que ha obtenido a nivel estatal y nacional. ¿Dejás que espigue en los dos conceptos? Conocí a Fer desde hace varios años. Soy amigo de sus papás: Socorrito Trejo y Fer (quien, lamentablemente, falleció en tiempo de pandemia). Socorrito y Fer viajaban con frecuencia a Comitán, a finales de los años ochenta y principios de los noventa. Lo hacían porque Socorrito, quien ya mereció el Premio Chiapas, organizaba coloquios literarios, mesas de lectura, presentaciones de libros y más vainas, en nombre del glorioso Instituto Chiapaneco de Cultura, institución que sí sembraba arte en todo el territorio chiapaneco. Fueron tiempos gloriosos. Socorrito y Fer siempre traían a sus dos hijos; ellos, entonces, crecieron a la sombra de esa enormísima ceiba. Fer conoció a grandes escritores, de Chiapas y de otras latitudes, escuchó leer su poesía, sus cuentos, fragmentos de sus novelas; pero también los escuchó hablar de lo cotidiano con una mirada diferente, en las tertulias que se organizaban después de los actos protocolarios y seriecitos. Fer fue pepenando gajos de esa luz. Hoy, como Arbey lo dijo, está convertido en “una de las voces más notables en la poesía chiapaneca”. De acá obtengo una reflexión: los niños y niñas reciben la luz o la penumbra o la oscuridad de los entornos donde crecen. Digamos que un niño que crece en un hogar donde los papás son deportistas tendrá más posibilidades de ser un adulto sano, que aquel niño que creció en un ambiente donde los papás fumaban y bebían traguito. No es regla inmutable, por eso hablo de probabilidades. No significa que todo sea concluyente. El niño que creció en un ambiente jodido puede sobreponerse, salir del fango y convertirse en un ser pleno. Hablo del caso de Fer junior. Socorrito y Fer se sienten satisfechos de esa evolución. El círculo de amigos lo celebra, todo Chiapas manifiesta alegría, porque es bueno que haya más voces inteligentes. En los tiempos actuales hay mucha palabrería hueca, intrascendente. La poesía chiapaneca siempre se ha caracterizado por abonar al gran árbol de la creación. Por ahí tenemos nombres brillantes, a esta relación de poetas nobles se agrega ya el nombre de Fer. Lamenté mucho el fallecimiento de su papá, él siempre fue muy afectuoso conmigo, siempre muy atento, era lector frecuente de Arenilla. Un malhadado día se contagió de Covid 19 y no logró brincar la rayita. Fue uno de los muchos amigos que fallecieron en tiempo de pandemia. El mundo se agrietó. Por fortuna, en esa grieta alcanzamos a ver ligeros destellos que nos hincan esperanza. La voz de su hijo, sin duda, da luz a la gruta infinita donde ya reposa Fer papá. Posdata: el poeta Arbey hace una labor muy meritoria en favor de la literatura chiapaneca, desde Comitán. El premio que creó es muestra de ello, pero a este mérito se une el trabajo que realiza en el Centro Cultural Rosario Castellanos, su labor como editor de libros, y la organización del Festival Internacional de Arte, Literatura y Ecología Balún Canán. ¡Tzatz Comitán!

miércoles, 24 de mayo de 2023

CARTA A MARIANA, CON UN ÁRBOL

Querida Mariana: los mayores decían que en la vida los seres humanos debían sembrar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. Un amigo me dijo que había sembrado un árbol, escrito un libro y procreado dos hijos, con su esposa, y ocho “de regadío” en otras parcelitas. ¡Pucha! Sembrar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. Vaya, vaya. No sé qué tanto se cumpla en la actualidad ese precepto. Por los tiempos tan difíciles cada vez hay más mujeres que deciden no tener hijos, siempre que me topo con una amiga que manifiesta su deseo de no embarazarse jamás, pienso en una imagen de la maravillosa película “Memorias de Antonia”, donde uno de los personajes, lindo personaje, con el mote de “Dedo Torcido”, le dice a una chica que no cometa esa perversión de traer hijos a un mundo tan miserable, tan lleno de guerras, de violencia, de hambrunas. ¿Por qué te cuento esto? Porque siempre pensé si era posible comprender la sentencia antigua en un sentido menos literal. ¿y si fuera posible reunir las tres condiciones de vida para dar vida, para seguir sembrando esperanza en un mundo convulso? Tal vez como dijo Dedo Torcido el mundo no esté para seguir trayendo hijos. Es un tema polémico, por supuesto, pero ¿y si tenemos hijos intelectuales? Desde que con Cielito, Paty, Roberto Carlos y yo decidimos crear la revista impresa Arenilla pensé que cumplíamos con el precepto. Arenilla, nuestra revista, revista de todos, es una manera de sembrar un árbol, con mucho oxígeno, con muchos nidos, con muchas hojas llenas de vida. El árbol ya se consolidó, ya cumplimos cinco años. Cada vez agarra más altura, cada vez está más llena de pajaritos que cantan con armonía todas las mañanas. Ah, qué alegre rebumbio hacen estos pajaritos cuando llega la tarde y buscan acomodo en las ramas de este ya enormísimo árbol. Arenilla también es nuestra hija, la cuidamos, la apapachamos, le enseñamos los valores esenciales de la vida, vemos que va creciendo también con gran soltura, que es una buena ciudadana, aporta conocimientos, refuerza la identidad, rinde homenajes a grandes personalidades de nuestro entorno, permite hablar bien de lo bueno que tenemos en la región, es orgullo de nuestra ciudad. Y Arenilla también es el libro de los libros, página a página, “golpe a golpe”, diría el poeta, escribimos un libro que tiene palabras nuestras, historias nuestras, mensajes nuestros. Desde que iniciamos con la revista Arenilla supimos que cumplíamos con el precepto, que cumplíamos con la patria, con el compromiso de vida: sembramos un árbol, tenemos una hija y escribimos un libro, el libro nuestro, el de la región, el álbum de los que acá vivimos, acá crecemos, acá sembramos espigas de luz. En la foto aparece Bárbara Avendaño Salvador, estudiante de medicina. Ella hace favor de llevar cada bimestre algunos ejemplares de Arenilla a la Librería José Emilio Pacheco, de la UNACH, para que lectores de la ciudad capital de Chiapas tengan acceso a lo que publicamos. Nuestra revista, lo sabés, se distribuye en San Cristóbal de Las Casas, en Las Margaritas, en La Trinitaria (municipio que actualmente vive una época de esplendor), en La Independencia, en Tzimol, en Tuxtla, en Huehuetenango, Guatemala, y, por supuesto, en nuestro pueblo mágico. Con nuestra revista cumplimos con el precepto: sembramos un árbol, que cuidamos mucho; tenemos una hija, que amamos; y escribimos un libro, que ya tiene muchas páginas, páginas brillantes, sublimes, porque en ellas aparece un poco de lo mejor de nuestra identidad. Al abonar este árbol abonamos al fomento de la cultura, lámpara indispensable en tiempos de penumbra. El mayor conjuro para desaparecer la oscuridad es la flama de un modesto cerillo. Gracias a nuestros patrocinadores y lectores cumplimos con la patria, sabemos que nuestra labor promueve la lectura. Es emocionante saber que muchos niños comparten la lectura del cuentito con sus papás y viceversa. Posdata: un compa me dijo un día que como la revista está hecha de papel contribuimos a la deforestación. Le dije que no, le expliqué que las grandes empresas editoriales emplean papel reciclado o de bosques sustentables. Estábamos en la sala de su casa, sentados en sofás hechos con madera de cedro; al lado se veía la mesa con diez sillas monumentales, hechas también de madera. Asimismo, las puertas de su residencia eran de madera. Me encantó la foto que nos envió Bárbara. Los libreros de atrás están repletos de literatura, esperando que los lectores se acerquen a los libros, los hojeen, los compren y se los lleven. Bárbara tiene frente a ella un ejemplar de nuestra revista. Nuestra Arenilla se ve bien en ese espacio de cultura, así se ve en manos de cada uno de nuestros lectores, que ya han hecho a la revista la más consentida de sus consentidas. ¡Tzatz Comitán!

martes, 23 de mayo de 2023

CARTA A MARIANA, CON DESTELLOS MAGNÍFICOS

Querida Mariana: ¿Ya viste esta fotografía? ¡Yo la tomé! Yo estuve en ese espacio, es la cancha magna del Centro de Formación UDS. Muchos amigos se burlan porque siempre digo que no paso de Chacaljocom. Ellos han viajado a muchos países del mundo y yo no paso de Chacaljocom. Esto para mí es un privilegio, porque trato de remarcar mi amor por el pueblo, me encanta estar en Comitán, pienso que no necesito más para ser feliz. Ayer, ¡qué momento tan sublime!, estuve en el Centro de Formación UDS, que está antecito de Chacaljocom. ¿Ya viste qué belleza de espacio? Ayer inició el periodo de inscripciones (son gratuitas) para los chicos y chicas que deseen aprender a jugar fútbol. Es una propuesta genial, que se da en Comitán. La cascarita futbolera, que es una delicia, la llevan a otro nivel, un nivel donde aprenden los misterios del fútbol con la compañía de expertos maestros. ¿Has oído que UDS tiene su equipo de fútbol de tercera división profesional? Pues ¡así es! El fútbol comiteco ya vuela en canchas de otro nivel. Y digo vuela con toda intención, porque si bien el fútbol es un deporte que debe tener los pies en la cancha (en la grama, diría el Perro Bermúdez), la profesionalización hace que el deportista vuele, que vaya en pos de sus sueños. Ahora, en Comitán, ¡qué prodigio!, los chicos y chicas que sueñan con volar, que van tras sus sueños, ya pueden hacerlo en forma profesional. Ayer estuve en el Centro de Formación UDS, debo decir: ayer conocí el CDF. Llegué con mi tsurito, bajé por una pendiente bien pavimentada, pasé por la entrada principal, me estacioné y tuve un impacto sublime. ¡Qué belleza de instalaciones, qué bien hecho, qué bien pensado, qué bien resuelto! Todo está pensado para que los niños comitecos puedan disfrutar de su deporte favorito, pero que lo hagan pepenando valores supremos, que siempre son necesarios. Platiqué con los papás de un chico que llegó a inscribirse, que tuvo su primera lección, la mamá, de inmediato dijo lo que es una certeza: el deporte ayuda a ser mejores ciudadanos. Por supuesto que sí, no diré ahora la gama de virtudes que la práctica de un deporte abona en el cuerpo y espíritu de un ser humano, porque vos y medio mundo reconocen la luz que abraza a los practicantes de un deporte. Y ahora, perdón por ser insistente, en nuestro pueblo ya contamos con un Centro de Formación que aporta esos valores en instalaciones de primer mundo y todo esto está a un paso del centro de Comitán, antes de Chacaljocom. Estoy feliz, porque el Centro de Formación UDS alimenta mi idea de que Comitán es el centro del universo, de nuestro universo. El contador Víctor Manuel Albores, Rector de la Universidad del Sureste, es un hombre bien hecho, con altas miras, apuesta al pueblo, invierte en la educación, es un formador de buenos ciudadanos. Y el mojol de lujo es que este Centro está dirigido por mi querida licenciada Marissa Sánchez Solís. Marissa y yo nos conocemos desde hace algún tiempito, después de más de veinte años, lapso en que ella laboró en empresas de prestigio en el centro de México, regresó a su Comitán y acá la saludé. Me dio muchísimo gusto, ella pertenece a una familia de abolengo deportivo. Su abuelo (lo reconoce mi querido maestro Temo Alcázar) fue el fundador de lo que hoy es el Club Campestre; ella es hija del deportista Pepe Sánchez; ella es sobrina de Raúl Sánchez, el gran zurdo, el mejor tenista de Chiapas en los años setenta (desgraciadamente él falleció a temprana edad); ella es una mujer de convicción, de gran responsabilidad. Con gran entusiasmo inicia esta maravillosa propuesta en beneficio de la niñez y juventud comitecas. ¡Qué bendición! Ahora muchos niños y niñas acudirán al Centro y todo estará a la vuelta de la esquina, en Chacaljocom. Posdata: conocí el Centro de Formación y mi cuerpo se llenó de aire limpio y mi espíritu se llenó de alegría. Qué gran paso para el deporte comiteco. ¡Tzatz Comitán!

lunes, 22 de mayo de 2023

CARTA A MARIANA, CON UN HASHTAG

Querida Mariana: siendo estudiante conocí el signo numeral (#). No recuerdo si fue en el bachillerato o en la universidad. Ni me preguntés para qué sirve. Cuando lo vi en el pizarrón recordé que un signo semejante nos servía para jugar gato cuando éramos niños. Ahora, ya viejo, encuentro el signo en todas partes. Sigo sin entender bien a bien por qué lo utilizan, pero ahora se llama hashtag. Pucha. El otro día jugué con el símbolo y me subí al tren del mame. Subí una etiqueta con mi foto, el símbolo del hashtag y las palabras: es Molinari. Ah, causó sensación, muchos amigos se botaron de la risa, otros dijeron que estaban conmigo, un compa que es alcohólico anónimo, en plan de broma, dijo que regresaría a las cantinas para invitar a sus amigos a apoyar al tal Molinari. ¿Para qué puesto me postulaba? No faltó el compa que hizo toda una reflexión acerca de la conveniencia de elegir bien a los representantes populares, de la necesidad de tener a personas honestas y capaces en puestos de la administración pública. ¿Mirás? Todo esto lo provocó el símbolo del hashtag. Ahora lo veo en redes sociales, en lonas y en bardas. Al símbolo le agregan el nombre de una de las llamadas corcholatas: Marcelo, Adán Augusto, Claudia, Monreal. El símbolo que aprendí en clase de matemáticas ya perdió la certeza que poseía. Siempre se ha dicho que las matemáticas son exactas, uno más uno es dos, no hay opciones. Sin embargo, acá el numeral es como símbolo del clásico volado. Con gran desparpajo nos dicen que “es Claudia” como si ella fuera la elegida; sin embargo, hay duda, porque también el “es Adán Augusto” puede ser opción designada, porque donde sí no existe incertidumbre es en la idea de que la corcholata dorada será la que decida el máximo elector, como siempre ha sido, claro, el presidente de la república. El hashtag, para no confundir, para no restarle su característica de símbolo matemático debería usarse únicamente en espacios no azarosos. Por ejemplo, si en las bardas leyéramos “# esAndrésManuel” sabríamos que, en efecto, él es el mandamás, el machuchón, diría él, él y nadie más es el presidente de la república, elegido por la mayoría de votantes, en un ejercicio democrático. Aunque ahora que lo pienso, tal vez el hashtag recupera la capacidad de juego del numeral y se vuelve un juego de gato. En este juego, de bolitas y cruces. Pero, si lo aplicamos en el juego elector también vemos que han modificado las reglas, acá no ganará el que logre la línea de tres, sino el cuarto que se quede sólo en la cuarta recámara. Tres se irán a vacacionar al rancho del presidente de la república y la cuarta corcholata se trepará a lo alto de la botella del brandy Presidente. Los tiempos modifican los conceptos. El numeral que aprendí en alguna aula ya no tiene el mismo valor de entonces. No nos damos cuenta, pero el mundo nos lleva a otras direcciones. Por eso, doy gracias a Dios que nuestra palabra Cotz no ha perdido su sentido original. Antes, en muchas paredes de casas comitecas hallábamos la famosa palabra, algunos propietarios se enojaban; ahora, las paredes se llenan con mensajes de #esClaudia. Si los comitecos eran arrechos se debía a que por todos lados hallaban la palabra de combate. Hoy deberíamos escribir #esCotz, y ahí no habría pierde. Posdata: mirá cómo mis amigos se fueron con la finta. Trepé en redes sociales, sólo como juego, el hashtag y luego EsMolinari, y varios compas me llamaron por teléfono para decirme que ellos votarían por mí. ¡Dios libre! Lo hice porque una vez Manuel me dijo en la cantina un lugar común, casi chistorete: “Vos sos el corcholata, porque siempre estás cuando aparece una botella”. El mismo Manuel, cuando veía una chica bella, decía: Es Fanta, porque está bien buena. Así decía el comercial de ese tiempo. ¿Por qué el presidente de la república comenzó a llamar “corcholatas” a su abanico de opciones? ¿Aparecieron cuando abrió la botella del elíxir divino? Giovana dice que eso se debe a que Andrés Manuel es el destapador. Recordá que en años donde el PRI era el partido político dominante, el genial caricaturista Abel Quezada dibujaba a un monito con la cabeza cubierta, era ¡el tapado! El presidente en turno decidía quién sería su sucesor. Hoy sigue la misma práctica, sólo que ahora no hay tapado, hay corcholatas y de ahí el gran tlatoani decidirá a su sucesor o, por primera vez, su sucesora. Como si fuera canción el presi cantará: “la corcholata que yo tiro no la vuelvo a levantar”. ¿Qué será de los no elegidos? Los que saben de estas vainas políticas dicen que las corcholatas desechadas se pueden inconformar. ¿Qué hará la corcholata Monreal a la hora que la tiren? ¿Qué hará Marcelo? ¿Cuál será el verdadero hashtag? Y ya no te digo de acá del pueblo, parece que hay muchos que quieren pintar paredes con hashtag y que aparezca su nombre. ¡Tzatz Comitán!

domingo, 21 de mayo de 2023

CARTA A MARIANA, CON BURRITO Y BURRERO

Querida Mariana: el licenciado Fernando Gómez me envió esta fotografía. Dice que la tomó en el panteón, imagino que en la capilla de don Manuelito Gómez, burrero tradicional de nuestro pueblo. Pocas imágenes, digo yo, dicen tanto de nuestra identidad comiteca, como la presente. El licenciado Fernando no sólo me regaló esta bellísima imagen, que ahora comparto con vos, sino, además, con el espíritu de los buenos comitecos, le echó su mojol, porque dijo que don Manuelito fue “el primer pipero de Comitán”. ¡Genial! Qué buen humor, qué armadura de palabras tan llena de luz. La imagen es bellísima, el burrero posa para la cámara al lado de su burro, ya cargado con los barriles llenos de agua. Don Manuelito, sin duda, después de la fotografía condujo al burro a través de las calles para entregar el agua en alguna casa. Acá hay un interesante juego de espejos. El licenciado Fer tomó la foto recientemente, tomó foto de una foto que fue tomada en un tiempo un poco lejano. Nadie sabe bien a bien, pero si le echamos cuentas vemos que no es una foto tan lejana, del tiempo en que La Pila se llenaba de burros y burreros, ¡no!, la foto es más reciente, pero en ella se ve a los dos protagonistas de una época dorada y difícil. Dorada porque el pueblo era tranquilo, difícil porque no existía la red de distribución de agua (bueno, en estos dorados tiempos aún existen lugares donde escasea el agua, muchos vecinos se quejan de la carencia del líquido vital). Hoy ya no existen los burreros que hagan este oficio singular. Ya no hay burreros que transporten el agua en barrilitos. He visto que cuando escasea el agua, en los chorros de La Pila llegan automovilistas y llenan bidones con agua para llevar a casa. La mayoría de habitantes pide pipas y llena sus tinacos o cisternas. Por esto, me gustó la definición simpática que hizo el licenciado Fer: don Manuelito fue el primer pipero de Comitán. La vestimenta de don Manuelito es sencilla, calza huaraches y lleva un sombrero para resguardarse del sol; el burro soporta una cuerda y el aparato de madera donde los barriles van. Cuentan los mayores que la fabricación de barriles también fue una industria floreciente en el pueblo. Mi amiga Karina cuenta que su abuelo fue fabricante de barriles. Los barrilitos se usaban para transportar el agua o para preparar bebidas alcohólicas. No eran barricas de roble, como las que usan en las grandes empresas tequileras o mezcaleras, pero sí servían para hacer unos ricos preparados de trago tzimolero con nanche. Ya no existe este oficio. Cuentan los mayores que en los años cincuenta fue una imagen bellísima de un pueblo bellísimo. En ese tiempo las calles estaban empedradas, así que el sonido que provocaban los cascos de los burritos contra las piedras creaban una música que no existía en ninguna sala de conciertos. Asimismo, cuentan que el agua también formaba un sonido peculiar adentro de los barriles a la hora que el burro andaba, el agua se mecía como avisando que ahí iba la vida, como en una gruta, pero a la hora que el burrero descargaba el barril, le quitaba el tapón y vertía el agua en la olla el sonido se amplificaba como si fuera una cascada anunciando el advenimiento de la savia. Los burros y burreros se concentraban en los chorros de La Pila, lugar donde cuenta la tradición histórica se dio el inicio de la refundación del pueblo. Qué bonita imagen me regaló el licenciado Fer. Siempre reconozco la labor de rescate que realiza, visita a amigos y los invita a ser generosos, a abrir los baúles y compartir fotografías antiguas de Comitán. Esta labor de rescate ayuda a apuntalar nuestra identidad. Posdata: qué oficio tan admirable. En el pueblo hace falta que fortalezcamos los pilares de nuestra tradición. Esto es lo que nos define, lo que nos forma. Por ahí, Francisco, creador de la maravillosa página de Imágenes históricas, leyendas y personajes de Comitán, insiste en que el pueblo de Comitán realice un homenaje permanente a estos burreros tradicionales, a fin de que su oficio sea reconocido como parte importante de nuestro acervo cultural. ¡Tzatz Comitán!

sábado, 20 de mayo de 2023

CARTA A MARIANA, CON UN PIE EN EL UMBRAL

Querida Mariana: hace algunas semanas celebramos los cuatrocientos noventa y cinco años de la fundación de Comitán. Lo celebramos gracias a la iniciativa ciudadana de un grupo de valiosos comitecos. En este grupo aparecieron nombres importantes: Chusy Coutiño, Toño Zamudio, Rosy Cancino, José Ramón Domínguez, el fotógrafo Frankof y otros destacados personajes. Ellos, gracias al apoyo de empresarios comitecos y del senador Eduardo Ramírez, se aventaron el compromiso luminoso de realizar el festejo. Convocaron a todo el pueblo comiteco a unirse en la celebración. Qué grupo tan maravilloso de comitecos, en forma responsable nos recuerda cada año (desde hace cinco) que debemos preservar y fortalecer nuestra identidad. Vos y yo conocemos a muchas personas que aman el pueblo y se sienten orgullosas de nuestra cultura, nuestra forma de ser. Este grupo de comitecos nos alienta a seguir sembrando espigas de luz en nuestro entorno. Pero, esto también es importante, debemos recordar que Comitán no es sólo producto del mestizaje; es decir, Comitán no nació cuando llegaron los conquistadores españoles, cuando inició el trabajo de los misioneros (cuyos nombres están inscritos en una placa que mandó a colocar, en la fachada del templo de Santo Domingo, el padre Carlos J. Mandujano, con motivo del Cuarto Centenario del inicio de la Evangelización). ¡No! Comitán viene de mucho tiempo atrás. Nuestra identidad no sólo está hecha de la cinta española, también, ¡por supuesto!, está bordada con cinta indígena, a mucho orgullo. Hace días apareció una nota que pasó desapercibida, el fallecimiento de Gudrun de Lenkersdorf. ¿Quién fue ella? Para comenzar diré que fue esposa de don Carlos Lenkersdorf. Mi querido amigo Luis Armando Suárez Argüello (editor de Editorial Entre Tejas) escribió que los Lenkersdorf “llegaron a Chiapas en los primeros años de los setentas, allá por 1972. Primero estuvieron en la Diócesis de San Cristóbal, un tiempo y después se trasladaron a Comitán, en los terrenos de la Castalia…” En efecto, Don Carlos y Doña Gudrun vivieron en una casa detrás del templo de Yalchivol, sus hijos estudiaron en el Colegio Mariano N. Ruiz. El aporte de ambos estudiosos fue fundamental para la historia de esta región. ¿Por qué menciono a Doña Gudrun? Porque ella nos dio datos importantes de la vida de esta región antes de la llegada de los españoles. Para entender la compleja personalidad de los comitecos es preciso tener conocimiento de los tiempos prehispánicos y de la Colonia. Cuando leí un artículo que Doña Gudrun escribió para el maravilloso libro “Comitán, una puerta al sur”, entendí que la cercanía de Junchavín es prueba palpable de nuestro origen Mayense. Los comitecos estamos hechos de una mezcla singular: la española y la indígena. Hablamos de vos (herencia castellana), pero mencionamos palabras de lenguas indígenas: lek, kujchil y cotz, sólo como mínimos ejemplos. La celebración de los cuatrocientos noventa y cinco años alude a nuestra etapa de mestizaje, de cuando llegaron los conquistadores españoles; falta que agreguemos el fascinante periodo prehispánico. En la medida que fortalezcamos ambas ramas nos sentiremos más chentos de nuestra grandeza. Ya te mencioné que mi admirado amigo Juan Carlos Gómez Aranda escribió el otro día en un artículo publicado en Excélsior que Comitán es “capital cívica y cultural de Chiapas”, nuestro esplendor viene de hace muchos siglos, de mucho antes que llegaran los conquistadores a legarnos una nueva religión y un nuevo idioma. Pero, no sé vos, yo desconozco mucho de tiempos lejanos (bueno, yo desconozco incluso mucho de tiempos más recientes). No obstante, el otro día hallé un artículo donde la maestra María Trinidad Pulido Solís, explica con manzanitas el origen de Comitán, no como la gran ciudad mestiza que es hoy, sino desde tiempos remotos, para eso está de muestra, como lo dijo la doctora Gudrun: el Junchavín. El cerro Junchavín lo tenemos a la mano. A veces me paro en el parque central y miro hacia el barrio de La Cruz Grande, me encanta ver, en primer plano las torres del templo de El Calvario y al fondo el cerro donde están los montículos de Junchavín, veo que ahí hay una apretada pero maravillosa síntesis de ese sincretismo histórico, allá en la cima del cerro las construcciones prehispánicas y acá, en el centro de nuestro pueblo, las construcciones del Comitán formado por los españoles. Hay que ver un poco más hacia el Junchavín. La historiadora María Trinidad da un dato interesante, dice que en la época prehispánica apareció un personaje “misterioso y mítico”. Esto es muy importante, cuando dice que es misterioso nos está diciendo que no hay datos precisos y cuando menciona que es mítico nos habla que, tal vez, no corresponde a ciencia cierta a la realidad. La cuestión es que, asegura la historiadora, el tal personaje mítico y misterioso se llamaba Votán, era descendiente de los Maya-Quiché. ¿Mirás la trascendencia del dato? El tal Votán venía de la región centroamericana y él se dedicó a fundar pueblos en lo que hoy es Chiapas, uno de los pueblos fundados fue, por supuesto, el nuestro, el también mítico Balún Canán. ¡Claro! Por esto los lingüistas dicen que el nombre de Balún Canán es un nombre de origen mayense que significa nueve estrellas. Pucha, el nombre es bellísimo y el significado ¡mayor! Sale, hasta acá todo bien. Pero luego la historiadora Pulido menciona que después de años, años en los que los pobladores de esta región hablaban esa lengua mayense, llegaron, ya en el año 1486, compas mexicas y éstos, a base de fuerza bruta, conquistaron el territorio y, como es principio elemental del conquistador, impuso su cultura, así que cambiaron el nombre de Balún Canán y bautizaron a este pueblo con el nombre de Comitlán, que es una voz náhuatl que significa “lugar de alfareros”. Pues sí, los compas mexicas vieron que acá existía una gran tradición alfarera y dijeron le llamemos lugar de alfareros a esta región y así fue. Entonces, el nombre original del conquistado desapareció, desapareció hasta que nuestra Rosario Castellanos, en pase mágico, lo recuperó al nombrar así a su primera novela. El nombre original volvió a brillar, por todo el mundo. Algunas personas, actualmente, preguntan: ¿y qué hizo Rosario Castellanos a favor de Comitán? ¿Se les hace poco ese conjuro de Ave Fénix de rescatar el nombre de las cenizas y colocarlo en todo lo alto de nuevo? Al rato, ya en el siglo XVI aparecieron los conquistadores españoles y, de nuevo, al tomar posesión de este territorio ¡le impusieron su nombre!, y nuestro pueblo se llamó Santa María de Comitán; es decir, Santa María de los alfareros. Los conquistadores sólo le quitaron la ele al nombre impuesto por los mexicas, claro, anteponiendo el nombre de la madre de Jesús, como símbolo de cristiandad, la religión impuesta. Pero si mirás atentamente descubrís que el nombre de nuestra ciudad sigue preservando el nombre náhuatl; es decir, Comitán preserva un elemento cultural prehispánico. El Santa María castellano ya pasó a mejor vida. Ahora, nuestra ciudad, en forma oficial se llama Comitán de Domínguez, para honrar a tío Belis, pero, en realidad, la mayoría de comitecos dice que vive en Comitán, tan tan. Las personas que habitaron este pueblo en el siglo XV decían que vivían en Comitlán. Pucha. Los del siglo XXI decimos ¡Comitán! Está padre que nuestros paisanos honorables preparen lo festejos para los cuatrocientos noventa y seis, noventa y siete, noventa y ocho, noventa y nueve y quinto centenario de la identidad comiteca, pero no olvidemos que nuestra savia viene de tiempo atrás, somos herederos de una gran tradición prehispánica, basta insistir en nuestro nombre de origen náhuatl. Comitán viene de Comitlán. Por eso da mucho gusto cuando en estos festejos de identidad asoman exposiciones de alfarería del rumbo maravilloso de San José Obrero y muestras de la obra del gran ceramista Manuel de Jesús Aguilar, Manuel de Yalumá. ¿Ya viste lo que acabo de escribir? Yalumá es el nombre del pueblo de Manuelito, esta palabra no es castellana, es una palabra de lengua indígena, de lengua prehispánica, es un nombre tallado en barro de los siglos. Nuestra identidad no sólo está conformada por la parte heredada por los castellanos, también tiene un gran montoncito de barro precortesiano. Estamos formados por una alianza maravillosa, única, por eso nuestro pueblo es un pueblo mágico, un pueblo luminoso. Posdata: miremos con orgullo estos cinco siglos de mestizaje, pero, de igual manera, observemos esa luz que sembró el mítico y misterioso personaje mayense llamado Votán. ¡Tzatz Comitán!

jueves, 18 de mayo de 2023

CARTA A MARIANA, CON LUZ

Querida Mariana: en la biblioteca del Colegio Mariano N. Ruiz hallé un ejemplar de la revista “Flamma”, así, con doble eme. Entiendo que está escrito en latín, porque dicha revista fue un medio de comunicación del Seminario Conciliar de San Cristóbal de Las Casas. ¿Sabés quién era el director de Flamma, revista mensual? Nada más y nada menos que Heberto Morales Constantino, quien años después llegó a ser Rector de la Universidad Autónoma de Chiapas y años más tarde recibió el Premio Chiapas. El Premio Chiapas lo recibió en el Auditorio Belisario Domínguez, en nuestra ciudad. El mensaje que brindó al agradecer la distinción fue una pieza literaria de excelencia, porque el doctor Heberto es, asimismo, un destacado escritor. Tiene novelas que enriquecen el acervo literario de Chiapas, por ahí está ese libro maravilloso que se llama “Jovel, serenata a la gente menuda”. No cabe duda que la vocación llama. Desde joven ya estaba marcado el destino de escritor. Y digo esto, porque también hallé que dentro del Consejo de Redacción de Flamma aparece el nombre de Alfredo Álvarez, ¡nuestro paisano!, quien también estudió un rato en el Seminario. Ahora, el maestro Alfredo radica en Teotihuacán y desde allá envía sus libros a Comitán, libros de poesía y ensayos. La vocación llama, es ¡una flama! El ejemplar que está en la biblioteca del colegio pertenece al querido maestro Jorge Gordillo Mandujano, quien, ¡faltaba más!, también estudió un tiempo en el Seminario y es un destacado maestro del idioma español y redacta piezas soberbias. La revista existente en la biblioteca fue publicada en agosto de 1962 y corresponde al número 7. ¿Mirás cuánto tiempo? Esto habla de la grandeza de los textos escritos, después de sesenta años, ahí están los sueños de esos jóvenes seminaristas. Algunos concluyeron sus estudios pastorales y se convirtieron en sacerdotes, otros decidieron irse por la orillita y sembraron semillas de luz en otras parcelas, en parcelas más terrenales. Es importante hacer notar un artículo que escribió el célebre Monseñor Eduardo Flores Ruiz, quien fue reconocido por su acuciosa labor de investigación de hechos históricos. En este número de Flamma anota lo siguiente: “Nuestra revista, deseosa de hacer honor a su nombre, que significa luz y calor, se propone reproducir en serie no interrumpida, los documentos todavía existentes en el Archivo Eclesiástico, que hemos ido espigando en largos años de investigación, paleografiando cedularios, manuscritos, pergaminos, bulas, cédulas reales, libros, circulares, volantes, manifiestos, etc.” ¡Ah, qué hombre más ejemplar! Con esto nos damos idea de la pulcritud de sus investigaciones y de sus aportes al conocimiento de nuestra historia. Me encanta eso de que “espigó” información. Retrata en forma puntual una labor atenta y profesional. El lector encuentra en este número ensayos, cuentos, reflexiones y poemas. ¿Sabés quién es el autor del poema que aparece en Flamma? Nuestro querido Monseñor Raúl Mandujano García, comiteco del mero barrio de San Sebastián. Monseñor Raúl llegó a ser Rector del Seminario e impartió cátedra en nuestro Colegio Mariano N. Ruiz (institución que fundó su hermano, Monseñor Carlos J. Mandujano García). Dichosos los alumnos que recibieron sus lecciones de español, era un experto en el idioma. Posdata: debo decir que he conocido a muchas personas que en algún momento de su vida estudiaron en el Seminario y que, por alguna razón, no llegaron a ser sacerdotes. Acá he mencionado a Monseñor Flores y a los monseñores Mandujano García quienes sí concluyeron sus estudios y dedicaron su vida al sacerdocio, pero también he mencionado nombres ilustres de personas que abandonaron la carrera eclesiástica. Todos, todos son personas con grandes conocimientos humanísticos, todos, ¡todos!, son hombres talentosos, con capacidades intelectuales sobresalientes. Pienso que el estudio disciplinado en el Seminario les permitió pepenar pequeñas piedritas de oro que sirvieron para iluminar por siempre su vida, son hombres que recibieron la bendición de la “flamma”. ¡Tzatz Comitán!

miércoles, 17 de mayo de 2023

CARTA A MARIANA, CON UNA PALABRA

Querida Mariana: el líder del conglomerado dice: “denme una eme”, y la gente que llena las calles repite: “¡eme!”. Así el vocero solicita más letras y la muchedumbre responde con vigor, levanta las manos, mira hacia el cielo, sigue caminando y dan lo solicitado. Parece algo muy elemental, algo rutinario. ¿Quién sabe desde cuándo la gente comenzó a dar letras para formar palabras en las marchas? El sentido, como bien sabés, es invocar todas las letras que formarán una palabra. He escuchado estos rituales en las marchas que hacen los antorchistas el día de la Virgen de Guadalupe, pero también lo escuché en una ocasión en una marcha civil, en un desfile del Día del Trabajo. Los trabajadores solicitaban mejores salarios y el líder pidió formar la palabra ¡Salario! Al final todos los compañeros levantaron el puño y gritaron a una sola voz: ¡salario, salario, salario! La calle se llenó de sus gritos y de ecos, la palabra rebotó en las paredes y llenó de luz el espacio. Me encanta el juego donde alguien pide una letra y los demás la dicen para formar una palabra. Hay un reforzamiento en la petición. Víctor era el líder de los juegos en la calle. Yo miraba al grupo de niños desde el balcón. Ellos, los niños de la calle, me veían desde la banqueta donde se sentaban a jugar, yo, con timidez, los saludaba y él, Víctor, me respondía el saludo moviendo su mano. Eso hacía que el grupo me tolerara, porque estoy seguro que, de lo contrario, me habrían tirado piedras, para que dejara de ser un testigo indeseable. En una ocasión, después del festejo del 12 de diciembre, Víctor conminó a sus amigos a jugar ese juego. Vi, a través de los barrotes del balcón, desde arriba, cómo el líder pidió que le dieran una letra, los amigos corearon lo solicitado y luego otra y otra letra hasta formar la palabra que, así lo pensé, sólo Víctor sabía. Su juego era ese, con ello demostraba su capacidad de liderazgo, como si fuera una adivinanza. A ver, adivinen qué palabra formaré, pero el juego es importante, porque la palabra se forma a partir del colectivo. Este juego lo he visto en la calle. Digo que una vez vi que Víctor y sus amigos lo jugaron y también lo vi en un desfile del Día del Trabajo y en varias ocasiones el Día de La Virgen de Guadalupe. No más. Jamás he visto que alguien lo juegue en otro espacio. A veces he pensado que el juego debería jugarse en las oficinas de los funcionarios, a fin de fortalecer una palabra con el concurso de los demás, para retomar la fuerza de ese juego democrático donde se involucra a los otros; es decir, el juego no aparece hasta en tanto los demás no aporten su entusiasmo y energía. En realidad, los juegos tienen esta esencia: sólo aparecen cuando existe la participación de los otros. A veces vemos el balón arrinconado, cuando alguien lo toma e invita a echarse una cascarita el juego hace su aparición. Los niños, o adultos, corren de un lado a otro de la cancha y cuando los veo en el estadio o en la cancha llanera pienso que ahí se dio el juego de la palabra en silencio. A la hora que alguien tomó el balón comenzó a pedir una letra y los demás jugadores la fueron diciendo sin gritarla, pero al final formaron la palabra pelota y luego la de patada y las otras que forman el maravilloso juego. En cada acto de nuestra vida vamos pidiendo letras para formar palabras, para formar oraciones. Posdata: cada vez que te escribo una cartita, querida mía, juego este juego. Pido letras y formo palabras para decirte lo que pienso, lo que deseo, para contarte lo que veo o lo que sueño. Por ahí siempre encuentro la magia del lenguaje, si no fuera por esa mínima y milagrosa porción de la letra no podría formar palabras y sin éstas no alcanzaría a escribirte. Reconozco en este juego la maravilla de la participación de los otros. En la creación literaria el juego no es tan obvio, como sí lo es en la calle, pero cada vez que un autor escribe se para en medio de la calle y comienza a pedir letras y la multitud que lo acompaña fortalece su pedido. Así es como se da la creación. Sin el concurso de los demás seres humanos la obra literaria no crece. Es necesario que el escritor pida una eme y que los otros la griten para ir formando palabras, para ir tejiendo oraciones. ¿Mirás qué digo? ¡Oraciones! Se necesita del aliento divino para hablar con los dioses, para pedirles protección, para agradecer bendiciones. Todo debe ser el juego, el juego de la calle, de las multitudes, del grupo de amigos de Víctor banqueteando. Todo debe ser el niño que desde el balcón los ve, los escucha, los admira. ¡Tzatz Comitán!

martes, 16 de mayo de 2023

CARTA A MARIANA, CON LECTURAS

Querida Mariana: Rocío, sin decir buena tarde, me aventó la frase en la cara: “En agosto nos vemos”, y cuando vio mi cara de sapo ignorante agregó: “En 2024”. Como todo era como un tuit, un telegrama de los antiguos, le dije que no, que las elecciones serán en julio, un domingo de julio de 2024. Ella dijo que no hablaba de elecciones y preguntó si no sabía la noticia más sorprendente del año. Como no me gusta el misterio, le pedí que me explicara, entonces fue cuando me dio la noticia que vos y medio mundo ya saben, pero que yo ignoraba. “En agosto nos vemos” es el título de la novela post morten del Nobel de Literatura: Gabriel García Márquez, el gran Gabo. Pero luego de darme la buena, me dio la mala. Pucha, qué perversa. Dice que no tienen fecha de lanzamiento, pero que será lanzada a nivel mundial en 2024. Puede ser en abril, mes en el que se cumplen los diez años de su fallecimiento, o puede ser en agosto para honrar el título de la novelita que tendrá unas ciento cincuenta páginas. Pero la mala más mala es que en México no circulará dicha novelita. ¡Qué criterios de mercadotecnia tan bobos! ¿Por qué en México no lo tendremos a disposición al mismo tiempo que en otros países? Rocío no supo decirme, ella también demostró su enojo recalcando que los mexicanos mereceríamos un trato menos indigno, sobre todo porque Gabo vivió muchos años acá, acá murió. Ingratos, bobos. A Rocío le dije que tal vez tendremos acceso a la novelita de Gabo en la versión digital. Ahí no hay candados, digo yo. En fin, ya veremos. ¿Imaginás lo que significa esta noticia? El otro día comentamos que millones de lectores se entusiasmaron al conocer del lanzamiento de la novela más reciente de Murakami. Sé que, de igual manera, millones de lectores en todo el mundo ya esperan con ansias la aparición de la novela inédita de García Márquez. Rocío me dijo que ella conoce el inicio de la novela, que está en la Red el primer capítulo. No sabe cuándo la publicaron, pero ahí está. Ya le entré. Por ahí aparece el personaje principal de la novela: Ana Magdalena, quien va a una isla a dejar flores en la tumba de su madre, lo ha hecho durante varios años, en el mes de agosto, por eso así se llama la novelilla que, dice Rocío, no tendrá más de ciento cincuenta páginas. Cuando Rocío me contó esto que ahora te cuento pensé que la última novela que publicó Gabo en vida no fue deslumbrante, al contrario, casi fue una decepción. Vos y yo coincidimos en decir que la novela “Memorias de mis putas tristes” es un triste homenaje al genio del novelista Kawabata, porque Gabo retomó la idea de la novela “La casa de las bellas durmientes”. La obra de Gabo se queda muy lejos de la orilla donde está colocada ese portento literario que es la novela de Kawabata. Pensé entonces que la novela post mortem tal vez no esté a la altura de “Cien años de soledad”, novela que sí es una belleza literaria. Pero, cuando leí el inicio de “En agosto nos vemos” dije que nunca debemos hacer juicios prematuros. No me disgustó ese fragmento, no es deslumbrante, pero está narrado en forma muy digna. La mujer conoce a un hombre y, por primera vez, le pone el cuerno a su esposo, por ahí aparece la siguiente frase: “mezcla sagrada de la música con el alcohol”. Vos, yo y medio mundo reconoce que la música y el alcohol hacen gran maridaje. Las fiestas comitecas, como las demás del mundo, están alimentadas por esas dos esencias. Y, pero esto lo digo yo, el alcohol también hace buen maridaje con el deseo corporal. Martín, que es mecánico automotriz y seductor experto, dice que no conoce mejor aflojador que el traguito. Lo dice en plan de broma, pero asegura que dos gotitas de vino ofrecen resultados más efectivos que el mejor aflojatodo. Tan mudo el Martín, compara a las chicas con los tornillos oxidados. Posdata: me gustaría decirte que nos vemos en agosto de 2024, pero no existe certeza de cuándo estará disponible en México la novela post mortem de Gabo. Bobos los editores españoles, estúpidos. Los lectores de México deberíamos tener la posibilidad de conocer el libro de Gabo a la misma hora que los demás lectores de Hispanoamérica. Mudos. ¡Tzatz Comitán!

lunes, 15 de mayo de 2023

CARTA A MARIANA, CON UN MARAVILLOSO VUELO

Querida Mariana: la vida es un viaje. Los expertos viajeros dicen que lo importante del viaje no es el destino, sino el trayecto. El nivel preescolar del Colegio Mariano N. Ruiz hace realidad este deseo todos los días. Con cariño y profesionalismo enseñan a ver a los pequeños alumnos, porque la diferencia está en la mirada. Les enseñan a gozar y tener cuidado en el trayecto de la ruta de su vida. La fotografía que ilustra esta cartita la robé del muro de Facebook de Preescolar. La robé porque me permite honrar el trabajo emotivo que hace todo el equipo de directivos, docentes y auxiliares. Me encantó la forma cómo celebraron en su día a las madres de familia. En el auditorio del Centro Cultural invitaron a los asistentes a viajar por la república mexicana, a viajar a través de manifestaciones culturales, con la participación de los alumnos y la coordinación de los maestros. La escenografía, ¡faltaba más!, sintetiza lo que ahí se presentó: al lado de un mapa de la república mexicana aparece la salutación: “Feliz día, mamá”; y al frente aparece todo el personal que se encargó de que el vuelo fuera una experiencia única y sensacional. ¿Vuelo? Sí. ¡Vuelo! Porque el personal de preescolar, del colegio, se convirtió en el gran equipo de “Aerolínea Mariano”, cuyo lema es: “Volando con tu imaginación”. Todos los pasajeros disfrutaron un vuelo pleno, lleno de instantes sublimes. A través de cuadros artísticos, los padres de familia disfrutaron la participación de sus hijos, quienes bailaron danzas de diversos estados de la república. ¡Genial! A través de los bailables, los niños y sus papás viajaron con la imaginación, descubriendo las diversas manifestaciones culturales de muchas partes de México. Los viajeros llegaron sin maletas, porque el viaje fue breve, pero intenso; breve, como breve es la vida, e intenso como debe ser la forma de apreciarla. Llegaron al aeropuerto, caminaron a través de un módulo dorado de recepción, pasaron por el arco de seguridad y buscaron los asientos, todos, todos, al lado de las ventanillas VIP. Se ajustaron el cinturón de seguridad y el piloto avisó que estaban a punto de despegar y deseó, como fue, que tuvieran un viaje placentero. El viaje inició y el escenario se llenó de alegría con la presencia de los niños participantes. Ah, fue lindo escuchar a la estudiantina interpretando Las Mañanitas. No faltó la madre de familia que no pudo contener su emoción, porque su hijo estaba al lado de sus compañeritos, tocaba el pandero y al final gritó ¡que vivan las mamás! Cada madre abrió los brazos de su espíritu y recibió ese cántico sincero y honesto. Difícilmente las mamás pueden tener un mejor abrazo, que una manifestación cultural interpretada por sus hijos. Y el viaje llevó a todos los espectadores por diversos estados. Los niños, con sus trajes regionales, esperaban la indicación de su maestra para ingresar al escenario, colocarse en el lugar predeterminado y, a la hora de escuchar el inicio de la música, comenzar a hacer las evoluciones grupales: cascadas de colores, vendavales de sonidos, de pasos, de saludos de los niños que olvidaban por un instante su papel de artistas y alzaban las manitas para saludar a sus papás cuando los descubrían entre la audiencia, en el pasillo del avión. ¡Ah, qué viaje tan sensacional! Un viaje maravilloso que nos llevó al estado de México, a Michoacán (con el maravilloso bailable de los viejitos), Jalisco con su mariachi, Tabasco (faltaba más, la tierra del presidente de la república), Veracruz (tierra donde vive mi querida amiga Monique), Tamaulipas, Sinaloa y, por supuesto, Chiapas. Fue un vuelo lleno de nubes buenas, de nubes portentosas. Los niños jamás olvidarán estos momentos sublimes y los papás tampoco. Todo estuvo perfectamente organizado. Ah, viajar con la Aerolínea Mariano es una experiencia genial. Posdata: siempre he sido admirador del trabajo imaginativo y profesional de la maestra María de Lourdes Aguilar García, directora del nivel preescolar del Colegio Mariano N. Ruiz. La querida maestra Lulú contagia su entusiasmo a su personal y juntos logran un trabajo de calidad, que agradecen los padres de familia y, por supuesto, los niños, quienes reciben las cascadas de luz que fortalecen su crecimiento espiritual. ¡Tzatz Comitán!

domingo, 14 de mayo de 2023

CARTA A MARIANA, CON FESTEJO

Querida Mariana: hay personas que me dicen que ya basta de hablar de Rosario Castellanos. Las entiendo, pero no las justifico. Las entiendo, porque parecería una exageración tanto palabrerío para una mujer, cuando hay más personas interesantes que no son alumbradas por los reflectores de la fama. Pero, ¿acaso sabemos cuántas personas fuera de Comitán se interesan por la vida y obra de Rosario? Hay muchísimas personas que la estudian, porque ella, ¡nadita!, está considerada como una de las más grandes escritoras mexicanas del siglo XX. Ante eso pues no basta más que reconocer su genio, su particular modo de ver y describir lo que vivió e imaginó (imaginó poco, la mayoría de sus textos tienen su germen en la realidad). La novela “Balún Canán” no es más que la narración de su infancia y de la época que les tocó vivir a sus padres y a ella con la llegada de la orden del presidente Cárdenas para la Reforma Agraria, la que provocó que los papás perdieran su privilegio de hacendados. Rosario es nuestra paisana, por eso, los comitecos debemos hablar de ella, porque nadie más recreará su carácter y personalidad que estuvieron marcados por la cultura de nuestro pueblo. ¿Por qué seguimos hablando de Rosario? Tal vez porque ella, a través de su escritura, nos legó una visión del Comitán que le tocó vivir, lo hizo en forma espléndida. Ahora es la abuela que sigue contando sus recuerdos y es una abuela con gran capacidad narrativa. Nos seduce la forma en que su mirada niña y adolescente privilegió instantes para dárnoslos en herencia permanente. Rosario nació en la Ciudad de México, pero siempre se asumió comiteca, lo cual significa que los años que acá vivió fueron definitivos para su obra creativa. Y digo esto, porque el próximo 25 de mayo de 2023, el mundo de acá celebrará su cumpleaños 98, con reja de papel de china, confeti y marimba (por favor, ya no cuetes ni triques, estos chunches contaminan el aire y su tronadera afecta a los animalitos, las mascotas, los perros y gatos). Habrá, sin duda, lecturas de su obra por parte de estudiosos y entusiastas lectores de su obra; visitas a las dos casas identificadas donde vivió en este pueblo (privilegio que no tiene alguna otra ciudad del mundo); tal vez alguna representación teatral; y la tradicional entrega de ofrenda floral en los diferentes espacios donde ella está presente a través de esculturas y pinturas (el busto que realizó Luis Aguilar y que está en el parque central; el busto que está en el patio principal del Centro Cultural que lleva su nombre; el que permanece en una esquina de la entrada a la biblioteca pública que, también, se llama Rosario Castellanos; el retrato al óleo que realizó su amigo personal, el maestro Güero, y que permanece en el interior de la biblioteca). ¿Se habla mucho de Rosario? Pues sí, es orgullo de esta tierra. Mucha gente llega a Comitán, porque llega a conocer el pueblo de la escritora. He platicado que como “Balún Canán” está traducida al japonés, algunos visitantes lectores de aquel país viajan a Comitán para conocer la tierra donde ella nació y donde tiene su entorno la trama de la novela. Y así debe suceder con otros lectores extranjeros que tienen traducciones de la novela: inglés, alemán y demás lenguas. Es bueno recordar su vida y obra, es bueno seguir hurgando en sus entresijos mentales. ¡Hay tanto por analizar! Los estudiantes universitarios de literatura dedican sus tesis al análisis de su obra, la desmenuzan, por algo será. Rosario colocó el nombre antiguo de nuestra ciudad en todo el mundo, en ¡todo el mundo! Este 25 sonará la campana del templo de El Calvario, el templo más cercano a su espíritu, porque, en sus dos casas, lo tuvo a media cuadra; muy temprano, cuando todavía estaba en la cama o cuando jugaba en el corredor de esas casas escuchó el tañido de esos bronces y eso algo le dijo. Tal vez en alguna tarde escuchó que esas mismas campanas tocaban un sonido diferente, algo que sonaba a vuelo de pájaro negro, y su nana le explicó que sonaba a muerto, porque habría misas de cuerpo presente. Pero el 25 no sonará a muerto, porque aunque ella ya no está físicamente con nosotros, Comitán y el mundo de acá celebrará su vida, su cumpleaños número 98. Dentro de dos años, en 2025, el mundo entero conmemorará su centenario. Posdata: el amigo personal de Rosario, el comiteco Óscar Bonifaz, quien también nació en 1925, cumplirá 98 en septiembre. Primero Dios llegará vivo a celebrar su centenario. Bonifaz ya casi no sale de su casa, ¿cómo celebrará el cumpleaños de su amiga Rosario? ¡Tzatz Comitán!

sábado, 13 de mayo de 2023

CARTA A MARIANA, CON DESTELLOS JUVENILES

Querida Mariana: hace tres años la vida cambió radicalmente. Un “bicho” apareció y modificó la rutina bendita del mundo. Comitán no fue la excepción, la autoridad recomendó que permaneciéramos en casa, que estuviéramos en confinamiento. En todo el planeta se diseminó el bicho y los noticiarios televisivos, radiofónicos y en redes sociales dieron cuenta de millones de decesos provocados por ese bicho. El Covid 19 nos jodió la vida. Vos y yo tuvimos muchos conocidos que se enfermaron y fallecieron. No sabíamos qué hacer, la incertidumbre fue un invitado no agradable, pero que entró a casa y se sentó bien tranquilo, mientras nosotros teníamos mucha intranquilidad. El 5 de mayo de 2023, días después que la Organización Mundial de la Salud lo hiciera, el gobierno de México levantó la emergencia sanitaria. El bicho sigue presente (seguirá), continúan las recomendaciones a no bajar la guardia, pero la emergencia ya quedó atrás, ojalá por siempre. Ah, sí, mi niña querida, que ya desaparezca este bicho, que se evapore, que sólo sea recuerdo de una terrible pesadilla. El jueves 11 de mayo fui al Cobach 10 de Comitán, Paty, editora ejecutiva de Arenilla-Revista, fue invitada a fungir como jurado del concurso de oratoria de los Encuentros Micro Regionales Deportivos y Culturales de este año. Se me ocurrió acompañarla, para que, mientras ella cumplía con su encargo, yo me dedicara a curiosear, como fue día de fiesta para esta institución educativa no tuve mayor problema en ingresar y en desplazarme en todos los espacios. No me arrepentí de mi decisión, porque disfruté el festejo cultural. Este tipo de encuentros permite la convivencia entre alumnos de diferentes planteles de la región, ya luego, los seleccionados, irán a la convivencia estatal. ¡Maravilloso! El encuentro de pintura fue en el patio principal, cubierto con un domo majestuoso (el director me aseguró está bien construido y no corre peligro de colapsar, como ya sucedió, desgraciadamente, en otra institución educativa del estado). El tema me encantó: “Flora y fauna de Chiapas”. Cinco muchachos colocaron sus caballetes, telas y pinturas (al óleo o acrílicos) y, frente a compañeros, maestros, curiosos (como el Molinari) se pusieron a trabajar, con cierto nervio, pero felices, porque eran vistos y porque estaban haciendo algo que les gusta. Ya no supe el resultado del concurso de pintura, porque el concurso de oratoria terminó antes y Paty y yo debíamos cumplir con otros encargos, uno de éstos: la exhibición de un video en el Colegio Mariano N. Ruiz, donde participaron tres alumnos del maestro Ignacio Constantino, con la presentación del Modelo Atómico de Rutherford. Mirá pues, otra muestra sensacional de la creatividad de los muchachos. Amayrani Rivera Ortiz, Humberto Ruiz Estrada y Gerardo Augusto Velasco Marín, estudiantes del segundo semestre de bachillerato del Colegio Mariano N. Ruiz subieron al escenario del Salón de Actos y frente al rector Maestro José Hugo Campos Guillén, químico Ignacio Constantino, compañeros de aula y cámaras explicaron el Modelo Atómico y cómo hicieron las maquetas que ilustraban tal modelo. ¡Todo de calidad! Pero antes de retirarnos del Cobach, plantel 10, en Yalchivol, platiqué con tres chicos cobachenses, también estudiantes del segundo semestre de bachillerato. ¡Ah, mi privilegio! Siempre me gusta platicar con chavos, me encanta ver sus modos de comportamiento, conocer cómo enfrentan las vicisitudes de la vida de este convulsionado siglo XXI. Los tres estudiantes fueron muy amables conmigo y dieron su testimonio, breve porque el tiempo no dio para más, acerca de estos tres años donde la vida estudiantil, familiar, social, afectiva, se modificó. Estos chicos son parte de la generación que vivió y sobrevivió la pandemia más atroz del inicio de la tercera década del siglo XXI. Lo que vivieron será motivo de conversación dentro de veinte o treinta años. Vivieron una emergencia sanitaria de proporciones gigantescas. Dios mío, los expertos alertan que el mundo vivirá en el futuro (ojalá lejanísimo) una oleada semejante o más letal, por eso, los seres humanos debemos estar prevenidos. Esta idea la sintetizaron los chicos cobachenses, al decirme que debemos ser más responsables con el cuidado del Medio Ambiente. En un pasillo de los jardines del plantel hay un cartel que dice que debemos cuidar el Medio Ambiente para que esté completo. Sonreí al leerlo, porque recordé que en fechas pasadas el presidente de la república se aventó la misma reflexión simpática, casi chistorete, que no satisfizo a los ambientalistas serios. El presidente dijo: “la palabra ya no me gusta, cómo que Medio Ambiente, en dónde quedó el otro medio pues…” Los chicos sí están conscientes de que es necesario ejecutar acciones a favor del Medio Ambiente, a fin de que la vida en la Tierra sea más benigna. Por fortuna, en su plantel vi que los jardines están bien cuidados, hay arbolitos que provocan sombras agradables, que proveen el necesarísimo oxígeno para que haya vida. Denisse, Rocío y Luis Eduardo, de 15, 16 y 17 años de edad, respectivamente, coincidieron en decir que debemos cuidar el mundo, que debemos hacerlo desde nuestra pequeña parcela. Sí, tienen razón, en Comitán debe haber una intensa campaña de reforestación, debemos sembrar más arbolitos. Vos y yo hemos platicado que en los años cincuenta del siglo pasado había muchas casas con sitios, donde había árboles plantados. Comitán siempre fue alabada por su clima generoso, siempre se dijo que era un pueblo con clima templado, agradable. En estadísticas de esos años constatamos que la temperatura más alta era de 23 grados centígrados, ah, chulada de maíz prieto. ¿Ahora? Pucha, ese mismo día, Paty y yo nos paramos frente al templo de Santo Domingo, en la sombrita y vimos que la temperatura era de 33 grados centígrados, a la sombra. ¡Padre eterno! Necesitamos sembrar más árboles, sembrarlos y cuidarlos, para recibir la bendición de su abrazo. Rocío, Denisse y Luis Eduardo siguen usando cubreboca. Este chunche no es el ideal, el ideal es andar respirando con total libertad, sin tapabocas, pero la humanidad ha usado la mascarilla para protegerse en tiempos de epidemias y, sobre todo, en tiempo de pandemias. El cubreboca, a pesar de todos los inconvenientes que conlleva, ha protegido de contagio a millones de personas en el mundo. Lo ideal es que todo mundo ande libre, respire como respiran los pajaritos que vuelan tranquilos y felices por los cielos, hasta que algún jodón con rifle veintidós o resortera los molesta. ¡Qué vocación tan jodida del ser humano! Es irrespetuoso con la naturaleza, por eso nos va como nos va. Denisse Ariana Vilchis Gordillo vive con su mamá, papá y hermana mayor. Su mamá, doña Serafina Gordillo, es maestra de kínder. Denisse prefiere estar afuera de casa, no le gusta esa sensación de encierro y, sin embargo, en pandemia debió quedarse en casa y recibir clases en forma virtual, cuando llegó el modelo híbrido dio un respiro, porque ya volvió a la escuela y estuvo de nuevo en contacto con los compañeros, con la vida. Su secundaria la estudió en la 14 de septiembre. Ya no recuerda bien la pesadilla que vivimos, pero sí recuerda que dedicó bastante tiempo a leer, a escuchar música, a hacer tareas y a limpiar la casa, pero extrañaba el mundo de afuera. Le pregunté si tuvo conocidos que se enfermaran y fallecieran, me dijo que sí, que esas personas murieron porque no supieron cuidarse. Rocío Morales Monzón nació en Comitán, igual que Denisse y Luis Eduardo, vive sólo con su mamá, Doña María Gloria Monzón, quien es secretaria. Viven en el barrio de Yalchivol, le queda cerca su escuela. Rocío me contó que no fue fácil el encierro, su mamá debió seguir trabajando y siempre estaba la incertidumbre y temor de que fuera a contagiarse allá afuera. Ella también estudió la secundaria en la 14 de septiembre, salía de su casa e iba a un ciber cercano para cumplir con sus tareas, salía con cubrebocas, con gel, con toallitas desinfectantes y procuró siempre mantener una sana distancia, hasta donde eso fue posible, pero a veces sentía la necesidad de quitarse el cubrebocas porque sentía asfixiarse. Luis Eduardo Córdova Rivera vive en la Calle de Los Magueyes, qué nombre tan bonito, tan cercano a la identidad comiteca. Me gustó la definición que dio acerca de la pandemia, me dijo que le sorprendió cómo “algo tan chiquito afectó tan fuerte”. Uf, Luis Eduardo se contagió dos veces, “me logré recuperar milagrosamente”. No necesitó hospitalización, en casa recibía su medicamento y fue auxiliado en forma diaria por personal sanitario. Por fortuna no necesitó oxígeno especial, pero Luis Eduardo, quien siempre es muy sociable, le afectó el encierro a grado tal que se deprimió, bajó sus calificaciones, poco a poco se recuperó, mientras estuvo en cuarentena se dedicó a dibujar y a “crear obras literarias”. Genial. A ver qué día podemos ver algo de su obra. Su pasatiempo favorito es la lectura y escuchar música electrónica. Posdata: los chicos me platicaron tantito de su experiencia vital. Hizo falta más, mucho más, pero algo pepené. Faltó que me dijeran sus sueños, cómo vislumbran el futuro, que siempre es impredecible, y en estos tiempos ¡más! ¡Tzatz Comitán!