martes 9 de febrero de 2010

IDEAS DE A DOS x PESO


El tío Ramón decía: "¡Esas son ideas bobas, simplistas!". Marianita se enoja cuando le digo que esa es una idea simplista. El otro día me salió con que los problemas sociales de Comitán se solucionarían con ¡un peso!
Era una idea simplista pero no le entendí hasta que me explicó. Dijo que ya somos más de ciento treinta mil habitantes en este pueblo. ¿Imaginás lo que sucedería si el sábado de cada semana cada uno aportara un peso al FOPALOSUDECO (Fondo para los Sueños de Comitán)? Cuando lo dijo me quedé con cara de Fopalosudeco Rex. La idea es sencilla, dijo Marianita (simplista, diría tío Ramón): cada habitante dona un peso (niños de pecho también contribuyen, a través de sus orgullosos padres) y así tenemos ciento treinta mil pesos a la semana para realizar una obra.
Advertí en la propuesta cierto pensamiento anarquista. Dejar de lado a las autoridades y hacer lo nuestro con lo nuestro; es decir, pintarle un violín al poder político que no sirve para lo esencial.
¿Qué es un peso? preguntó Marianita.
En realidad un peso es casi nada, pero ciento treinta mil pesos ¡es mucho!
Es una idea simplista pero da una lección: Si nos unimos ¡lo logramos! Un poco como el dicho aquél de "no necesitamos vejigas para nadar".
Es una idea boba, pero, por ratos, pienso en la posibilidad. Sólo como juego me gustaría que una mañana Comitán lo hiciera, sólo para demostrar que somos un pueblo unido. Sería maravilloso constatar que cada uno de los ciento treinta mil habitantes pasan por el parque central y aportan su pesito en una enorme urna (una donde quepan ciento treinta mil monedas de a peso). ¿Qué hacer con esos ciento treinta mil pesos? Eso se lo dejaríamos a Marianita, la promotora de la idea boba y simplona.

lunes 8 de febrero de 2010

INSTRUCCIONES PARA NO SEGUIR INSTRUCCIONES



1.- Abra los manuales de instrucciones y haga barquitos y avioncitos con sus hojas. No se trata de ser rebelde ante todo lo que suene a instrucción, pero es preciso tener un ánimo de cinta autodestructiva (como esas que aparecían en películas de James Bond). Incluso esta hoja debe ser destruida una vez que se haya leído.
2.- Al comprar un nuevo aparato debe quemarse el manual de instrucciones y echar a andar el “aparatejo” con los recursos de la imaginación. Asimismo es importante comenzar a ignorar las instrucciones que, sin enunciarlas, tiene la naturaleza, como esa de que antes de la noche está el atardecer.
3.- Cuente, en voz alta, del cien al cero. Hágalo a la hora que se mete a la cama, después de lavarse los dientes. Esto le ayudará a evitar el aburrimiento que provocan las instrucciones cuando exigen que antes de hacer el paso dos se haga el paso uno.
4.- Evite vivir con manuales que, por puro procedimiento matemático, enseñan a hacer del “uno” antes del “dos”.
5.- A partir del día de hoy lea las novelas de atrás para adelante; suba al Conejobús por la puerta trasera; y entre al Supermercado por la puerta que dice Salida.
6.- Baje por la escalera electrónica que sirve para subir.
7.- Utilice el ascensor sólo para el descenso.
8.- Entre al cine a mitad de la función y salga diez minutos antes que termine la película.
9.- Convierta los domingos en lunes y trastoque todos los valores. Diga que Cordelia Vázquez es la máxima poeta de Chiapas.
10.- Si es escritor plántese frente a la oficina de Marvin Arriaga -de Coneculta- y amenácela con iniciar una huelga de hambre si no publica su libro.
11.- Coma las nueces con cáscara.
12.- Colóquese el condón después que termine de hacer el acto sexual.
13.- Cuando se case diga que amará a su pareja hasta que la vida los separe.
14.- Destape los refrescos con una tijera y corte las telas con un destapador.
15.- No se persigne adentro de los templos, hágalo a la hora de entrar a los antros y a las cantinas.
16.- Salga en pijama a la calle.
16.- Desayune la cena y cene lo del desayuno.
17.- Baje a Cristo de la cruz y suba al obispo de su diócesis.
18.- En los prostíbulos pregunte por Verónica, y en los conventos ¡también!
19.- Ya no mida “el agua a los camotes”, ahora simplemente tírela.
20.- No use moneda mexicana. A partir de hoy haga sus compras con rupias y, si puede, haga trueques. Cambie su moto nueva por una nueva mota.
21.- Insista en hacer su Doctorado antes de estudiar una Licenciatura.
22.- Al despertar coma el postre de la tarde.
23.- Tome el “té de las cinco” a las cuatro y media.
24.- Divórciese antes de casarse y hágase novio después de divorciarse.
25.- Nade en la playa y camine en el fondo del mar.
26.- Séquese antes de bañarse y límpiese antes de defecar.
27.- Y, por último, no haga caso a ninguno de estos puntos porque cada punto tiene el nauseabundo olor de las instrucciones.

domingo 7 de febrero de 2010

COLABORACIÓN ESPECIAL PARA EL SEMANARIO "PALABRA ESCRITA"


CUANDO LA SANGRE DEJA DE CIRCULAR
Alguien me dijo: “el lunes volverá a circular Palabra Escrita”. Dejó de circular algún tiempo. Aún no es como el Sol que sale todos los días. El Sol no necesita anunciar su salida. Todo mundo da por hecho que el Sol saldrá. A veces no sale con la espectacularidad que acostumbra y se esconde tras nieblas o nubes densas; pero siempre sale. A diferencia del Sol, todo lo demás; es decir, lo que es cosa del hombre, ¡a veces “sale” y a veces no! Y por esto son necesarios anuncios como: “El lunes volverá a circular Palabra Escrita” o “Mañana sí haremos semitas”. Porque, después de todo, hacer un periódico es muy similar a hacer un pan.
El lunes (es decir ¡hoy!) Palabra Escrita estará como pan caliente en el puesto de revistas y su Director deseará que se venda como tal. Porque los periódicos son como los bolillos; si no se consumen pronto, después de dos o tres días ¡están duros! y ya sólo sirven para hacer migas para empanizar, “enprianar” o “emperredar”.
En Comitán tenemos una gran variedad de panes, incluso tenemos algunas variedades que hemos importado del centro del país. Nunca he entendido por qué a la rosquilla chuja (¡tan sabrosa!) algunos compas periodistas insisten en bañarla con temperante. A estos compas habría que recordarles que el temperante se lleva bien con el salvadillo, siempre y cuando, antes, se le abra un pequeño orificio en el centro para que el líquido rojo sea embebido a satisfacción.
Hoy vuelve a circular este semanario; es decir, la sangre vuelve a darle vida al corazón del hombre y viceversa. La sangre es vital, siempre y cuando esté adentro del organismo y ¡no chorreando afuera! Este Semanario -al menos hasta el momento- tiene la pretensión de que la sangre no se desparrame ante la mesa del lector, sino que sea la savia que dé vida a la reflexión, al análisis y a la imaginación.
Es bueno que haya toda clase de panes sobre la mesa del lector comiteco y del lector de Las Margaritas, de Tzimol, de La Trinitaria y demás municipios circunvecinos; es bueno que el lector de esta región pueda elegir. No es justo que los lectores sólo puedan comer bolillos, a veces duros.
Porque es bueno que la reflexión y el análisis circule ¡es buena noticia saber que la Palabra Escrita, igual que la sangre de este organismo llamado Chiapas, está en circulación! Y si es necesario el anuncio es porque este semanario aún está muy lejos de ser como el Sol de todos los días.


LOS TIEMPOS POR VENIR
Dicen que un día de estos tendremos salas cinematográficas en Comitán. Yo, que soy cinéfilo de hueso colorado, me preparo. Sé que no será como antes; sé que no encontraré a Saborío trepado en la sala de proyecciones; sé que no veré al doctor Guillén dormir de corrido las dos películas; sé que no habrá permanencia voluntaria y que al terminar la película tendré que salir porque de lo contrario me expondría a ser botado a patadas. También sé que no habrá tacos de doña Lola, ni el niño con la cubeta llena de “pepsis”.
Me preparo porque el mundo de hoy es diferente. No encontraré películas en maravilloso blanco y negro; ni tampoco pasará un gato por en medio de las filas para ahuyentar las ratas (bueno, espero que así sea).
Me preparo, porque en lugar del famoso grito de “¡Ya llegué!”, escucharemos cientos de tonos de celular de los graciosos que no apagarán sus chunches y tendrán la osadía de contestar en voz alta justo a la hora en que la escena está en suspenso. “¿Qué querés? No te puedo contestar ahorita porque estoy en el cine.”.
Sé que tendré que ser tolerante y, además, sé que debo ahorrar más de dos billetes verdes en mi billetera. Si mi acompañante lo exige tendré que comprarle un “combo” consistente en una “Mega bolsa” de palomitas, un “Ultra refresco” y unos “Giga nachos”.
Un día de estos tendremos, ¡de nuevo!, salas cinematográficas en Comitán. Los chavos, acostumbrados a estos tiempos, acudirán con naturalidad. Los viejos, quienes venimos de otro siglo, nos acercaremos con cierta incertidumbre. Desde lejos miraremos y aprenderemos al ver cómo los jóvenes piden y compran los boletos. Porque (esto no pueden entenderlo los chavos) hay una distancia de mil años luz entre ir al Cine Comitán, pedir un boleto, pagar cinco pesos y recibir un boleto; y asistir a un complejo cinematográfico y solicitar un ticket donde hay seis u ocho salas, con una gran variedad de horarios.
Debo prepararme. La matiné ya no pasará tres películas; no habrá gayola; no abriremos las ventanas del Cine Montebello para ver el parque central; no pasarán películas de Tarzán ni de Santo, el enmascarado de plata. Asimismo debo entrenar mis ojos y oídos porque la pantalla estará casi casi frente a mis ojos y las bocinas tendrán un sonido que ahora llaman “espectacular” y en otros tiempos llamábamos “infernal”. Un día de estos me darán un par de lentes en la entrada para ver una película en tercera dimensión y me sentiré como un extraterrestre, porque jamás he necesitado lentes para ver todo en cuarta y quinta dimensiones. Pero cederé, me volveré tolerante porque entenderé que el mundo de hoy es de los jóvenes y yo, yo, no soy más que un “chalequero” a esta fiesta de la vida.
Porque el mundo de ahora pareciera diseñado sólo para los jóvenes, para quienes dominan los chunches tecnológicos. Los viejos que nos atrevemos a jugar videojuegos, a usar el twitter, a leer libros electrónicos, a dibujar en tabletas electrónicas, somos como turistas en tierras ajenas. Balbuceamos algunas palabras en esos lenguajes extranjeros y tan difíciles de pronunciar. Arrastramos la erre porque pensamos que así suena en francés. Pero hay viejos que no cedemos ante el espanto del prodigio. Cerramos tantito los ojos ante el deslumbre, pero un segundo después abrimos los ojos y comenzamos a vivir el prodigio.
Me prepararé para que el cine de efectos especiales ¡me atrape! Me dejaré atrapar. Añoraré la simpleza del par de hilos que hacía volar un vampiro forrado con peluche negro, pero, un segundo después, acogeré con gusto el fuego artificioso que hoy llena la pantalla. Total, la magia del cine sigue siendo ese instante en que dejamos de lado los horrores y sinsabores de la realidad real.

sábado 6 de febrero de 2010

DE FESTEJOS Y OTRAS SANGRES


Nunca he sido de esos hombres que se rasgan las vestiduras por el maltrato hacia los animales. He sido, sí, un hombre respetuoso de la naturaleza, hasta donde esto es posible. Y la naturaleza incluye a los hombres y a los animales.
Anoche hubo un festejo especial en la Plaza de Toros México, como celebración de un aniversario más de su creación. ¡Ah, qué fiesta más movida! En las gradas hay gritos, sonrisas, golpes, caras de estupor, de enojo y de contentura. ¡La fiesta es prodigiosa! En la arena también hay magia. Entiendo a todos los aficionados a este festejo brutal. Todo lo que gira alrededor de la fiesta brava es espectacular. Vi la soberbia actuación de un torero francés, de cara bonita. ¡Qué belleza de actos! La magia me atrapó por instantes.
Pero cuando recuperé mi conciencia y dejé de ver todo ese brillo innegable y maravilloso y vi al animal entendí que todo es un engaño. El toreo es como esas cajas bonitas chinas que al otro día ¡ya no sirven! En los toros es más perverso el engaño, porque mientras una multitud en la plaza,y otra multitud a través de la televisión, festeja la forma en que el torero realiza un pase bellísimo, exponiendo su vida, un animal sufre.
Anoche, un animal que embestía con fuerza, lo picaron (es decir, le abrieron un tremendo hueco en su carne viva, por donde fluyó la sangre de manera indiscriminada) y con ello el animal perdió esa vitalidad, a tal grado que embistió, dobló sus manos y todo su cuerpo quedó sobre ellas. Cuando, después de varios segundos, el animal recuperó su posición medio mundo se dio cuenta que una de sus manos se había quebrado. Beto Murrieta explicó que el animal pesaba más de quinientos kilos. ¿Qué cuerpo soporta tal peso?
Cuando dejé de ver la maravilla del hombre sentí dolor por la miseria y estulticia que provoca el hombre. Nos hacen creer que por detrás del arte está el toro, lo cierto es que, viéndolo bien, por delante del arte ¡está el sufrimiento de un animal!
Ninguna tradición puede justificar el sufrimiento. De lo contrario (por tradición) los hombres deberíamos sacrificar doncellas y ofrecer sus corazones a nuestros dioses.
Qué lástima que una fiesta tan llena de vida se regodee en la muerte. Es una pena. Las corridas de toros continuarán porque hay gente que mira, por encima de todo, la parafernalia maravillosa que rodea al espectáculo donde un animal sufre. Es una pena. De veras.

viernes 5 de febrero de 2010

LUCES PARA LA TARDE



Con afecto para mi amigo Paco Gamboa Lara,
un comiteco talentoso, de verdad.




¿Cómo puede compartirse un mundo pequeño con El Mundo entero? Parece que la fórmula es sencilla: ¡abriendo la mano!
Esto es lo que ha hecho mi madre, desde siempre. Ella, ahora, tiene setenta y nueve años. Desde que tengo uso de razón ella no ha hecho más que abrir su corazón a través de un acto tan sencillo como ¡abrir la mano!
Ella ha sembrado plantas, muchas plantas, en todas las casas donde hemos vivido. Cuando tuvimos una casa con un jardín enorme ella sembró cientos de ellas; y cuando nos tocó vivir en un departamento tan breve que parecía una cáscara de nuez, ella se las ingenió para sembrar plantas en botes de frutas de conserva o en botellas de plástico cortadas a la mitad.
Una tarde, en que ella tejía al amparo de una vela, le dije lo que sentía. Le agradecí que siempre hubiera puesto una flor frente a mi mirada. Ella dejó las agujetas y el tejido sobre el sillón donde el gato estaba recostado y me preguntó si había yo visto el cielo esa mañana. Le contesté que no. Ella tomó de nuevo su tejido y comenzó a cantar en voz baja una canción que le enseñó su mamá cuando juntas sembraban flores del Paraíso, en la finca donde los finqueros sembraban plátano.
¿Qué tenía el cielo esa mañana? A partir de ese día nunca he vuelto a ignorar el cielo. Entendí que mi mamá siembra plantas no para ponerme una flor frente a mi mirada, las siembra porque es la única manera de acercar El Mundo a mi mundo.
Lo mismo hacen los hombres y mujeres que abren la mano y siembran una semilla de maíz en el surco; lo mismo hacen quienes abren la mano y escriben una injusticia; quienes abren la mano como si abrieran su boca para construir un sueño de libertad.
El mundo tiene muchas plagas, las vemos a cada rato. Hay grandes extensiones de terreno que son amenazadas por miles de plagas. No obstante, en contra de esa brutal sentencia Bíblica, hay hombres tiernos que insisten en sembrar renuevos.
Cada vez que mi mamá cultiva una planta es como si colocara una flor en el universo.
Pareciera un acto muy sencillo, casi simple; pero cada vez que un hombre abre la mano para saludar al otro ¡hace grande el mundo pequeño de las cosas cotidianas!
Los depredadores no pueden entender la grandeza de este acto simple; los espíritus simples tampoco lo comprenden. Para ello es necesario ser hijo de una madre o conocer los secretos que la mano prodiga, por ejemplo, en la caricia de la amada.
El prodigio del universo tiene mucho que ver con la mano que se abre para modelar el barro, para pintar una vasija, para descolgar el fruto, para sembrar la semilla, para meter primera en una subida o para palpar las paredes cuando la oscuridad es profunda.
¿Cómo se comparte un mundo pequeño con El Mundo entero? Abriendo la mano como si ésta fuera el horizonte y el Sol representara el deseo de un mundo más justo y más tolerante.

jueves 4 de febrero de 2010

PURA TURA


La "tura" es como un sufijo en mi vida. Desde siempre he andado enredado en ondas terminadas con tura. Desde la calentura (casi siempre de la buena) hasta la literatura, pasando por la aventura (en menor escala), la escritura, la pintura (en escala mayor), la lectura (noche y día) y la fritura (hace diez años la boté, pero mucho tiempo fue mi aliada).
La tura rima con muchas palabras y es parte de la desventura, así como de la magistratura.
¿Tienen los "sufijos" algo que ver con las vocaciones? Aún cuando en sentido estricto la tura no es tal, pareciera que es un agregado como el ismo. Quienes son estudiosos del fenómeno advierten que el ismo es un sufijo serio y solemne. Siempre tiene que ver con ondas ideológicas y conceptos tan de traje y corbata como machismo, comunismo y feminismo. ¡Dios mío, qué complicado! En cambio la tura es como un viento que juega en las montañas más altas. Claro, por andar metido en las alturas a veces tiene que vérselas con osos grises, con avalanchas de nieve, con águilas y con un sinfin de seres que sólo habitan en lugares de más de mil novecientos metros sobre el nivel del mar.
La bronca está cuando los aficionados a la altura se la creen y en lugar de jugar convierten el lugar en un santuario. La altura, entonces, los marea y los convierte en seres fríos. Por esto vemos que muchos compas que se dedican a la escritura y a la pintura caminan como si fueran guajolotes empavonados, sucede que les dio el mal de la altura.
Por esto yo siempre camino por las orillas de las montañas. Se puede vivir adentro de la literatura, de la pintura, de la escritura y de la aventura sin necesidad de escalar las más altas cumbres. A esta altura se mira bien bonito el techo de los pueblos, las cabezas pelonas y peludas de los demás mortales. Desde esta altura se logra levantar papalotes y se aprecia una vegetación muy diferente a la del trópico que, como víbora, repta por el suelo.
Me gusta andar en el borde porque más arriba la vegetación escasea y siempre, siempre, es bueno estar al lado de una que otra orquídea. Además, acá no hace tanto frío, todavía encuentro algo de "calentura" para adobar mis huesos y mis deseos.

miércoles 3 de febrero de 2010

CARTA A MARIANA, DONDE SE CUENTA CÓMO EL TREN TIENE ALAS



Querida Mariana, ¿imaginás un tren rebelde? ¿Uno que rechazara andar por la vía y se atreviera por caminos alternos? ¿Qué decís? ¿Qué entonces no sería tren sino carro o carreta?
Los trenes, se sabe, no tienen más camino que el señalado por la vía. Lo más que pueden hacer es andar hacia atrás. La gran novedad de su vida es cuando un empleado de los Ferrocarriles los cambia de vía, pero no tiene mayor chiste, porque un segundo después están por otra ruta, pero siguen la línea trazada.
A mí me encantan las personas que, a pesar de que son trenes porque así se los dijeron desde pequeños, hacen un alto, bajan de la vía y se echan a andar por otras sendas, incluso por algunas que, como dijera el poeta, las abren en el momento mismo que comienzan a andar.
La tía Romana era así, a pesar de no ser italiana sino una sencilla mujer nacida en Las Margaritas. Siempre caminó por vías alternas (recordá que en Italia las vías son los caminos; es famosa la Vía Apia).
La mamá de tía Romana, la tía abuela Florencia, procuró que su hija fuera una niña obediente, pero la niña, como decía don Abundio: “nació como rama torcida”.
Desde chica rehuyó los caminos rectos y prefirió aquéllos donde el viento corre libre. La primera vez que su don se manifestó fue una tarde en que todos los de casa fueron a día de campo. La niña Romana subió junto a sus primitos a la redila del camión, se sentó al lado de los demás niños, cantó y palmeó cuando los demás lo hicieron y durmió a la hora que todos cayeron rendidos; Romana bajó al lado de todos cuando llegaron al valle donde los árboles enormes presagiaban una tarde maravillosa; pero comenzó a cambiar su personalidad a la hora que sintió el viento juguetear sobre su cara. Cerró sus ojos y pensó, a su corta edad, que si el viento fuera un tren no permitiría que le impusieran vías. Así que decidió que sería como el viento desde ese instante.
No sé qué pensás, Mariana, pero yo veo que desde la casa y desde la escuela nos educan para ser trenecitos. Lo más que nos está permitido hacer es pitar de vez en vez y cambiar de ruta, siempre y cuando el guardagujas así lo disponga. A veces nos echamos en reversa, pero jamás, ¡jamás!, oílo bien, Marianita, jamás nos permiten bajar de la vía y echarnos a andar por otros caminos. “¡No -nos dicen- no pueden bajarse de las vías porque ustedes son trenes!”. Y como sabemos que los trenes no pueden andar por las carreteras o por senderos porque sus llantas no son de caucho no nos bajamos porque tenemos miedo a quedarnos parados para siempre. Pero, Mariana, hay ejemplos de trenes que se han rebelado y han caminado, incluso ¡han volado!
La tía Romana fue de esos trenes rebeldes, de esos trenes que, desde niña, supieron reconocer que sus sueños no eran de metal ni de carbón y que no tenían balatas porque no tenían freno.
La niña Romana necesitó un solo día para darse cuenta que era hija del viento y desde entonces, como si fuera papalote, no se conformó con una sola vía sino que adoptó todos los cielos. No se casó nunca. ¡Sólo eso faltaba! Le conocí un bonche de amados y siempre, siempre, Mariana, (aún en los peores tiempos) la vi iluminada, luminosa, con la misma sonrisa que siempre tiene el viento que juguetea a todas horas por encima de los árboles, de las azoteas y por encima de los deseos.
P.d. Según la Chayo Castellanos el viento es uno de los nueve guardianes del pueblo llamado Comitán, por esto, tal vez acá he conocido dos afectos que son como la tía Romana. Los adultos las censuran y les advierten que no llegarán a ningún lugar, pero yo las veo, igual que la tía Romana, luminosas, ¡iluminadas!

martes 2 de febrero de 2010

PUPITRES COMO MUNDOS


Los pupitres de la secundaria eran generosos. Los muchachos de hoy no pueden entenderlo. Es un poco como ver un carro de los setentas, donde una familia de cinco cabía con gran comodidad.
Al inicio de clases todos los alumnos nos poníamos de pie y rezábamos una breve oración. Recuerdo entre sus versos uno que decía: "...haznos dóciles a la voz de nuestros maestros..." Docilidad es la virtud de seguir las indicaciones del guía. Hoy los jóvenes no son dóciles, creen que lo saben todo y les encanta caminar sin más guía que su "santa" voluntad.
Las escuelas de hoy tienen sillas de "paleta", ergonómicas. Las sillas se pueden desplazar de un lado a otro para hacer "dinámicas". Los pupitres de mis tiempos no se movían para nada, eran fuertes, sólidos, como grúas plantadas en el suelo.
Los pupitres de mi escuela tenían integrados los asientos, así que era estructuras maravillosas que cumplían con las mismas funciones que cumplen hoy las sillas de "paleta". Pero ¡eran más! Las medidas del tablero eran 80 de ancho por 50 de alto, más o menos. En la parte superior tenían unas "varillas" de madera que formaban una "alberca" donde colocábamos los lápices, plumas y borradores.
Si algún alumno estaba desvelado podía, perfectamente, a la hora del receso, recostar sus brazos y cabeza sobre la superficie y "echarse" un sueñito.
¿Quién juega ahora futbolito sobre la superficie de una "paleta"? ¡Nadie, nadie! Las sillas de estos tiempos apenas dejan espacio para colocar la libreta. ¿Qué sucede si tienen que dibujar? ¿En dónde colocan la regla, los colores, las gomas, los lápices y demás chunches?
Los pupitres de mis tiempos eran generosos. Eran tan generosos que permitían colocar en su superficie una tabla especial de dibujo técnico que usábamos en la clase del maestro güero. Sobre esta tabla pegábamos el papel manila que nos servía como soporte de los dibujos de planos constructivos, con uso de una regla T, de sesenta centímetros. ¡Ya quisiera verlos ahora!
Por supuesto, ¡no hacíamos dinámicas! Por esto pedíamos a las fuerzas superiores nos dieran docilidad para abrir el libro y mamar de ahí.
Los maravillosos pupitres nos permitían jugar futbolito. Ramiro y yo (y todos los demás, cada uno en su cancha particular) hacíamos una portería con plastilina y la colocábamos al fondo de la cancha, pegada a la "alberca"; hacíamos bolitas minúsculas de plastilina que eran las pelotas. Con los dedos de las manos, mientras el doctor Cancino nos hablaba de las bondades de las dicotiledóneas, nosotros hacíamos dribles y "pateábamos" con vigor para anotar decenas de goles. La única condición era ocultar las manifestaciones de júbilo y dejarlas para la hora de la salida. Más de una vez, a la hora del toque de chicharra, Ramiro salió corriendo del salón, con los brazos en alto, gritando ¡gol, gol, gol!, mientras los compañeros lo quedaban viendo con asombro y seguros de que Ramiro estaba más loco cada vez.
Hoy, los chavos no son dóciles. Debe ser porque sus sillas son breves, como breve es la educación.
Pero eran más, mucho más; los pupitres de esos tiempos ¡eran más! La tapa se levantaba y encontrábamos la "cajuela" más amplia que jamás tuvo carro alguno. Ahí guardábamos nuestros chunches escolares, las tortas para el recreo, chamarras y mil objetos más. Algún día platicaré de cómo un compañero se escondió adentro del pupitre en una campaña de vacunación. Algún día, también, platicaré de las travesuras que los maldosos hacían. Por ejemplo, ¿qué le hacían a las tortas de los bien portaditos? Pero será otro día. Estoy seguro que ahora el lector de este cuaderno recordó esas travesuras. ¿Qué puede decirse del compa que robaba la torta, se metía al baño, se masturbaba y luego regresaba la torta al pupitre para que el compa cándido la comiera a la hora del receso, mientras el resto del grupo, en otra esquina, lo miraba y se atacaba de la risa? En fin, será en otra ocasión.

lunes 1 de febrero de 2010

INSTRUCCIONES PARA MIRAR EL SOL



Sólo verlo directamente a la hora que sale o se mete. Para volverse experto es necesario practicar con elementos más simples.
Para la hora que sale debe practicarse con una lámpara. Debe llamarse al primer vecino que pase frente a la casa (si es vecina asegurarse que su esposo esté en el trabajo a esa hora) y pedirle que se coloque, hincado, detrás de un sofá. Conectar la lámpara con una extensión de cinco metros a fin de que el vecino (o la vecina) pueda maniobrarla a placer. El voluntario debe prender la lámpara, tomarla con la mano izquierda y subir el brazo lentamente, de tal suerte que la esfera del foco aparezca sugerente, insinuante, dando tiempo a que las estrellas de las paredes desaparezcan sin alteraciones (no debe usarse focos ahorradores, ¡sólo esto faltaba!). El espectador, mientras tanto, con las piernas extendidas y las manos detrás de la nuca, observa la escena desde el sillón de enfrente. De vez en cuando, el voluntario puede apagar la lámpara a fin de dar la impresión de que un eclipse se produce o como insinuación para alguna práctica alterna (claro, esto en caso de que el vecino sea vecina).
Para la hora que se mete es necesario contar con un globo rojo, una alberca y el mismo vecino. El vecino (con ayuda de un traje de buzo) debe hundirse a mitad de la alberca mientras sostiene con su mano izquierda el globo lleno de helio, en cuanto éste toca la superficie del agua, el espectador se acuesta hasta quedar al ras y mira directamente al globo que por la presión del agua muestra cierta resistencia al empuje descendente del voluntario, pero, al final, es vencido y desaparece por debajo de la línea del horizonte. El voluntario debe llevar un alfiler para pinchar el globo en el fondo del agua y no aparezca flotando como condón usado sobre la superficie, pues restaría encanto al húmedo ocaso. Si el voluntario es voluntaria puede hacerse esta práctica también de noche y tener lista una toalla para secar el traje de buzo.
Una vez que el espectador ha tenido suficiente práctica puede arriesgarse a mirar el Sol directamente. Para no correr ningún riesgo debe comenzar con ver únicamente las salidas. Las metidas son peligrosas para los principiantes porque no distinguen el momento en que la noche arriba.
Para la primera vez es necesario levantarse a las cuatro de la madrugada y abrir la ventana de la casa, mientras se coloca un vaso de peltre lleno de agua sobre la flama de la estufa. Los expertos recomiendan no ponerse ningún suéter, a fin de que el cuerpo funcione como termómetro y sienta el frío que siempre antecede a una salida de Sol. Cuando el agua está lista se saca un frasco de café de la vitrina y se tiran ambos elementos por la ventana. No es el café lo que nos despierta ¡es la luz del Sol! Por esto, una vez que el espectador se acostumbró a ver el Sol debe modificar sus hábitos. Todas las mañanas debe preparar el Sol y servir una taza bien calientita a todos los de casa: a la abuela que tarda en despertar por su dolor de huesos; al abuelo que desde hace varios años descansa debajo de una losa al lado del árbol que sembró de niño y que ha crecido tanto; a la mamá que apenas regresa a dormir después de una jornada de trabajo; y al bebé que en cuanto despierta ¡llora y llora!, para pedir su leche.
Un vaso de Sol a medio día también suple a la mejor cerveza Sol. Una taza de Sol a las ocho de la noche, igual que la luna de Sabines, nunca provoca insomnio, por esto, los que saben vivir no vuelven a tomar café nunca más.

domingo 31 de enero de 2010

DE 360 GRADOS


Todos lo hemos escuchado. Nunca falta un tipo que, en emotivo discurso, dice: "¡Vamos a cambiar radicalmente, hay que dar un giro de trescientos sesenta grados!". Nunca falta el tipo, entre el auditorio y entre risas, que dice: "¡Bestia, volverá a quedar en el mismo lugar!".
Durante cierto tiempo festejé la respuesta, pero ahora ya no lo hago.
Un día salí de este pueblo con un sueño en la bolsa. Después de diez años me encuentro en el mismo lugar. Salí,di una vueltecilla; cuando vi las fauces de lo desconocido ¡me aterré! y volví al lugar de donde salí.
No supe valorar mi atrevimiento, cuando vine a darme cuenta estaba fuera de casa, ¡en la calle! Dios mío, cuando niño mis papás siempre vigilaron que no fuera lejos de casa. Y ahora estaba en lugares muy lejos del centro. Regresé a mis paredes confortables. Cualquiera diría: ¡tanta vuelta para regresar al mismo lugar, qué pendejada!
Sí, fue como esos míticos giros de trescientos sesenta grados.
Pero ahora sé que cuando alguien da un giro de trescientos sesenta grados nunca "queda" en el mismo lugar. La aventura del giro es la máxima aventura del hombre y cuando "regresa al lugar" éste es otro y el hombre también es diferente. ¿Cuánta gente existe en el mundo que nunca ha experimentado la emoción del giro? El otro día vi en el patio de la escuela a un par de jóvenes que jugaba. Él le daba giros y giros permanentes a ella hasta que la niña no pudo más y cayó al piso mareada, llena de vida, ¡emocionada! Quienes veíamos la acción también sonreímos, pero ninguno de los espectadores vivió esa emoción. Quienes sólo miran son hombres que nunca han dado el giro de trescientos sesenta grados, no saben qué se siente. El hombre que ya giró sabe que nunca, nunca, se regresa al mismo sitio.
Quienes dan un giro de ciento ochenta grados, en apariencia quedan en el otro extremo y cambian de sitio, pero en realidad lo que han hecho es únicamente un medio giro; es decir, algo incompleto.
Los hombres que propugnan un cambio con giros de trescientos sesenta grados son los verdaderos hombres, los que cambian el mundo, porque ya se atrevieron a dar la vuelta completa "a su mundo"; y no importa si esa vuelta se da en ochenta días, en diez años o en un instante.
Padre nuestro que estás en el cielo...(gracias, querido lector, porque en esta simple mención ya te uniste al rezo por mi compadre querido, Pepe Bermúdez Macal, que hace un año falleció y que hoy lo recuerdo con afecto porque él, sin salir de su casa, le dio la vuelta al mundo muchas veces).

sábado 30 de enero de 2010

LAS BONDADES DE HACERSE "TACUATZ"


Comitán es un pueblo maravilloso. En ese pueblo se sabe que cuando alguien le dice a otro: "¡Hacete tacuatz!", le está diciendo que "haga como que haga, sin hacer algo".
Más le hubiera valido a una niña llamada Valeria "hacerse tacuatz".
Resulta que Valeria, una tarde oyó un programa infantil de radio y pensó lo mismo que pensaban miles de personas: ¡el programa es maravilloso!, así que, como laboraba en una Institución Cultural Chiapaneca, decidió enviar el programa a concurso y... ¿qué creen? ¡Como el programa es muy bueno, ganó!
Los creadores se enteraron que su programa había sido premiado y viajaron a un país llamado USA y recibieron el premio de manos de la esposa del presidente de ese país. Todo Chiapas felicitó al equipo de trabajo que realiza el programa infantil. ¡Muy bien hecho!
Los lectores entenderán hasta acá que el mérito del premio corresponde a los creadores del programa y, por supuesto, a Valeria. Si Valeria no hubiera enviado esta iniciativa el programa seguiría ahora siendo tan bueno como es, pero sin recibir el premio internacional (los oyentes esperan que el programa siga siendo tan bueno como hasta hoy, porque luego se sabe que, cuando la espuma sube mucho ¡cae por los extremos de la taza!).
Chiapas, dije, felicitó a los creadores del programa. ¿Y qué sucedió con la niña Valeria? Pues resulta que otra niña, una niña llamada Marvin, entró como directora de esa Institución Cultural y no encontró mejor forma de reconocer a Valeria, por contribuir a generar el premio, que eliminándola del puesto y... ¿qué creen? El puesto se lo dieron a gente vinculada con el equipo de trabajo del programa infantil.
¡Santo Dios! Más le hubiera valido a Valeria ¡hacerse tacuatz!
Tal vez, tal vez, si el programa no hubiese sido premiado, el equipo de radio seguiría chambeando como siempre y Valeria seguiría en el puesto.
A Valeria más le hubiera valido ¡hacerse tacuatz!, pero qué bueno que no lo hizo, qué bueno que se comprometió con Chiapas, aunque Chiapas le pague así.
¿Los creadores del progama infantil ya se solidarizaron con Valeria? ¡No!, ya dije que ellos siguen recibiendo premios y el más reciente fue la dirección donde laboraba la niña que ayudó a que ellos recibieran el galardón.
Los "radieros" infantiles -el guía, de manera principal- sí saben cómo "hacerse tacuatzes".
¡Que vivan los tacuatzes, qué vivan las cabras y los cabrones!
Nota: "El tacuatz" es el animalito que en otros lados llaman "tlacuache".

viernes 29 de enero de 2010

INVITACIONES DEL CENTRO CULTURAL ROSARIO CASTELLANOS