domingo, 27 de febrero de 2022

CARTA A MARIANA, SIN PLAN DE VIDA

Querida Mariana: el escritor español Baltasar Montaño dice que el mejor plan de vida es no tener plan de vida. ¿Recordás los ejercicios llamados silogismos? El diccionario dice que silogismo es: “razonamiento que está formado por dos premisas y una conclusión que es el resultado lógico que se deduce de las dos premisas”. Hay silogismos serios, como el siguiente: primera premisa: todos los hombres son mortales; segunda premisa: Raúl es hombre; conclusión: Raúl es mortal. El silogismo chusco juega con los serios: Primera premisa: todos los hombres son mortales; segunda premisa: Raúl, es hombre; conclusión: Raúl se hizo gay para no ser mortal. ¡Es una bobera! Así, como jugando, podemos retomar la declaración de Baltasar y decir: primera premisa: la vida tiene plan; segunda premisa: el plan no sirve; conclusión: la vida no sirve. ¿De verdad el mejor plan de vida es no tener plan? Funciona en algunos casos, pero en otros ¡no! La tía Esmeralda diría que depende qué clase de vida llevás. Llevás una vida de perros, pues volvete callejero y no hagás plan alguno; lo mismo si llevás una vida monástica, de ermitaño o una vida disoluta (pucha, qué palabra); pero si llevás una vida normal tal vez convendría tener un decálogo para planificar la vida. 1. La vida tiene fecha de caducidad, por lo tanto, tu plan de vida no lo hagás a plazos largos. 2. La vida tiene subidas y bajadas. Hacé pausas en la subida y descolgate en la bajada. 3. La vida tiene muchas puertas, es recomendable tener duplicados de llaves, por si hay extravíos. 4. La vida se disuelve como sal en el agua, por eso hay que caminar cerca de lo dulce. 5. La vida es sueño, por lo tanto, hay que mantener el espíritu despierto. 6. La vida es un desierto sin árboles, pero a veces aparecen molinos de viento que son ceibas y baobabs. 7. La vida es movimiento, pero eso no significa que se corra en forma atolondrada. 8. La vida no es cómoda, por eso es recomendable llevar una hamaca en la mochila. 9. La vida es en solitario, pero a veces se puede jugar baraja ante el espejo, y 10. La vida es un camino, pero las piedras no son para interrumpirlo, sino para darle variedad. No somos chuchos para andar sin planes. Debe haber un plan rector de vida, teniendo como premisa que este plan no podrá realizarse sin modificaciones, todo plan contempla eventualidades. La vida es experta en echar a perder planes, pero, dicen los que saben, el chiste de la vida es sacarle la vuelta y sacarle el mayor jugo posible. Pero es necesario tener un ideario y perseguirlo con afán. Lo que Baltasar sugiere suena a dejarse llevar por el oleaje; como si el objetivo de la vida sólo fuera aventarse al mar y flotar al garete. No. La vida exige una carta de navegación, ver siempre hacia el cielo con el sextante del espíritu. La abuela Esperanza decía lo que muchas personas sabias: “Dios dice ayúdate que yo te ayudaré”. Para los creyentes esta sentencia es el plan de vida más eficiente, pero hay una idea primaria: la de ayudarse. Posdata: A veces juego a inventar silogismos bobos: primera premisa: cotz significa guajolote; segunda premisa: pero también significa relación sexual; conclusión: tener una relación sexual también puede decirse: echemos jolote. Primera premisa: Mariana es linda; segunda premisa: Mariana es inteligente; conclusión: Mariana no es jolota.

sábado, 26 de febrero de 2022

CARTA A MARIANA, DONDE ALGUNAS PERSONAS SE QUITAN EL SOMBRERO

Querida Mariana: quitarse el sombrero era signo de respeto o de admiración. En muchas ocasiones vi cómo algunos hombres se quitaban el sombrero a la hora de pasar frente a un templo. En la escuela primaria, el maestro nos dijo que ante la bandera nacional debíamos descubrirnos, como ya en los años sesenta pocas personas usaban sombrero, lo del descubrimiento lo tomamos a broma y no faltó el que dijera que debíamos ser Cristóbal Colón y descubrir el continente que éramos. ¡Qué bobera! No cabe duda que fue una declaración optimista. El amigo nos consideró continentes, sin saber, que muchos años después, descubriríamos que apenas somos como islas. Muchos otros ni siquiera se han descubierto. Pero ya me salí del tema, decía que quitarse el sombrero era signo de respeto o de admiración. ¿Has oído la frase: “me quito el sombrero”? Se dice cuando hay algo que nos sorprende en forma grata. Los caballeros se quitaban el sombrero ante la presencia de una dama. Revisando una fotografía de los años treinta hallé que en Comitán, en ese tiempo, la mayoría de hombres usaba sombrero. Los de comunidades rurales, porque les ayudaba a protegerse del sol en la siembra; y los de comunidades urbanas, porque era símbolo de distinción. El otro día, mi mamá me dijo que recién casada con mi papá viajó de la Ciudad de México a Comitán, lugar donde residía su estrenado esposo. Llegó a la casa que mi papá rentaba (a media cuadra del parque central, casa inmensa, con patio, sitio, cuatro corredores y muchas recámaras) y al día siguiente, muy temprano, escuchó el rebumbio causado por los trabajadores que ayudaban a mi papá en la venta de refrescos, cervezas y de manta; en la atención de clientes de la Corresponsalía del Banco Nacional de México; y en el adorno de sombreros de palma. Un grupo de mujeres llegaba a la casa, se sentaban en uno de los corredores y ahí adornaban los sombreros de palma, que mi papá enviaba a la Ciudad de México. En estos dorados tiempos ¿quién usa sombrero? Los hombres del campo lo siguen usando, pero, en la ciudad, pocas personas lo emplean. Tengo amigos y amigas que sí lo usan, pero, dicen, como parte de su look. Algunos amigos usan sombreros y otros ¡boinas! Juan dice que lo usa para protegerse del sol, pero su novia se bota de la risa y dice que es para disimular la calvicie que ya comienza a avanzar en forma amenazante. En el Internet hallé que en los años veinte todos usaban sombrero, mujeres y hombres. En la foto que digo (es un documento maravilloso, porque da cuenta exacta de cómo era parte del parque de La Pila y de las costumbres comitecas) hay muchos hombres y niños en el parque, todos tienen sombreros. Hay más hombres que mujeres, las mujeres (la mayoría de condición modesta) se cubren la cabeza con un chal. Tal vez las señoras fifí usaban sombrero. Mi mamá dice que cuando fue niña usó sombrero (años treinta) y cuando asistió a quince años de sus amigas y bodas también usó sombrero. Era un símbolo de distinción. Tal vez tu abuela usó sombrero y, sin duda, tu abuelo sí lo usó. De niño usé boina, por ahí tengo una fotografía donde estoy en la ciudad de México, con una cachuchita bien cuca. La moda dicta comportamientos extraños. En un principio, el vestido obedeció a una necesidad, pero pronto respondió a ideales estéticos y económicos. Mi papá siempre repetía: “Ande yo caliente, ríase la gente”; es decir, no importa cómo vista mientras sacie mi necesidad de abrigo. Ahora, ¿quién de tus amigos podría repetir eso? Hoy, lo que importa es estar a la moda. Si alguna muchacha bonita quiere usar una blusa que deja descubierto el ombligo porque eso es sexi, no importa el frío. Un día, alguien (dueño de alguna empresa sombrerera) dictó la moda de usar sombrero y todo mundo la adoptó; y todo mundo supo que ese aditamento era signo de distinción. Hubo protocolos de uso: las personas se descubrieron ante la bandera nacional, ante un templo o ante una dama. Las personas dijeron que se quitaban el sombrero ante algo sorprendente. Ahora, nadie se quita el sombrero por estar asombrado ante tu belleza y no porque esto último no sea cierto y el de enfrente esté arrobado ante vos; no lo hace, porque no tiene sombrero. En tiempos que todo mundo usaba sombrero porque era símbolo de distinción y de elegancia, nadie pensaba en tatuarse un brazo o una pierna o una chichi. ¡Nadie! El tatuaje era un símbolo de bajeza. Se tatuaban los presidiarios. Un día, el concepto cambió. Vos y yo y medio mundo tenemos amigos y amigas que están felices con sus tatuajes. Los dibujos van desde una florecita hasta figuras grotescas, pasando por retratos y nombres de las personas amadas (esto último no es lo más recomendable, pero los enamorados siempre están como ciegos y no advierten que el día que terminen con la relación, ese tatuaje será como un grillete que les impedirá caminar en forma libre). De ser algo proscrito, el tatuaje pasó a ser signo luminoso de estos tiempos. Así son las modas. Hace cien años, el tequila era una bebida de segunda o tercera categoría, hoy es una bebida de distinción. En los años setenta, una tarde llegó a Comitán la noticia que los chavos jóvenes usaban el cabello largo, todos los que andaban “in” andaban con la melena resplandeciente; mientras más grande la cabellera más a la onda andaba uno y medio mundo de los chavos comitecos comenzó a usar las grandes melenas, causando alguno que otro disgusto a los papás conservadores y el repudio total de los peluqueros que se quedaron sin trabajo. ¿Quién dicta la moda? Los grandes emporios comerciales que controlan el mercado del mundo. Hace cien años, poquísimas mujeres usaban pantalón. Ahora, ¿cuántas de tus amigas usan falda? Los conceptos cambian. El otro día mencionamos que cuando Rosario era universitaria, su mamá, doña Adriana, miraba con ojos cuadrados y rechazaba la opinión de su hijita, quien pensaba que no sólo los hombres debían declarar su amor a una chica. Si había alguna nena que estuviera botada por un chico, bien podía declararle su amor. Ahora esta práctica es común. A mí me encantó ver a una chica bonita del pueblo que un día llegó al Colegio Mariano N. Ruiz, con un ramo de flores, y se lo entregó a un compañero de trabajo. Ah, qué acto tan igualitario, tan de seres humanos llenos de pasión y sin trabas. El mundo cambia, en esos cambios, los seres humanos ganamos y perdemos. En la foto que te digo de los años treinta se ve el parque de la Pila con ¡la pila que le da nombre! Ahora, esa pila no existe, a algún funcionario le dio por derruirla, en lugar de preservarla. No supo que ese elemento arquitectónico era representativo del lugar, el que le daba identidad. Ahora, cualquiera puede preguntar: ¿y por qué se llama la Pila? No falta el amigo que diga que no sabe. La respuesta es porque al lado de la ceiba había una pila con cuatro arcos luminosos, y en esa pila los burreros llenaban sus barriles para ir a vender agua al centro de la población. Al derruir la pila se perdió parte de la riqueza cultural del pueblo; se deshizo un rasgo arquitectónico. En la fotografía que comento (no sé quién la compartió en redes sociales) se ve una multitud reunida en la plaza, muchas personas están en un redondel del kiosco, y en la parte superior del kiosco se aprecia un grupo musical. Algunas personas portan banderines, mantas con letreros (el que está en primer plano dice: “Haga patria consumiendo artículos nacionales. Ahayash” y la fecha del 27 de septiembre). Los expertos investigadores e historiadores pueden dar luces acerca del momento jubiloso que se vivió en Comitán esa mañana. En un auto de la época se ve a una chica que lleva un charro. Hay algunos hombres con traje y, por supuesto, con sombreros finos. Busqué casi casi con lupa para detectar a algún hombre que no tuviera sombrero. ¡No lo hallé! Todos los varones, mayores, jóvenes y niños tenían sombrero o boina. Era un rasgo distintivo de la época. Un día, la moda cambió y todo mundo, en grito de rebeldía, nos dicen los expertos, botaron los sombreros, así como las mujeres decidieron adoptar el pantalón como prenda cotidiana. Posdata: no tengo el nombre de la persona que compartió esta fotografía en redes sociales. Todo Comitán le agradece a dicha persona por haberla compartido, porque es un verdadero tesoro, es una fotografía poco vista. El motivo de la reunión no fue religioso, fue social. Las puertas del templo de San Caralampio están cerradas. Ahora muchos jóvenes usan gorras deportivas, pero los tiempos también la han convertido en una prenda no prestigiosa. En las sucursales bancarias no permiten que uno entre con gorra. Así como en la primaria nos enseñaron a descubrirnos ante la bandera nacional, ahora las instituciones bancarias exigen descubrirse ante una ventanilla. En los años setenta me dejé la melena. Un día, no sé en qué año, la moda cambió y los muchachos varones dejamos de tener el cabello largo y abandonamos las camisas sicodélicas, que tenían estampados maravillosos y nos volvimos serios y formales.

viernes, 25 de febrero de 2022

CARTA A MARIANA, CON UN COLIBRÍ EN LA MEMORIA

Querida Mariana: el Cuestionario Molinari tiene diez preguntas, una de ellas es: “¿Qué sentís cuando mirás un colibrí?” ¿Mirás qué pregunto? Pregunto acerca del sentimiento que provoca cuando, como tsunami, aparece ese prodigio que se llama colibrí. Algunos de mis entrevistados han aludido al mito genial donde el colibrí representa el alma de un ser amado ya fallecido. El colibrí es un ave sensacional, desaparece con la velocidad que se hace presente. En casa aparece de vez en vez, llega con su aleteo de pirinola feliz, liba en algunas campanitas, pasa de una a otra, casi al ritmo de mi emoción y luego se va. Digo que tarda apenas unos momentos, pero su presencia altera la rutina, la pinta con una línea dorada que pinta una sonrisa en la mañana. ¿Has visto colibríes en las tardes? Yo ¡nunca! Tal vez las personas que tienen grandes jardines sí tienen esa bendición. El otro día pensé que una práctica para justificar el sentido de la vida podría ser mirar colibríes durante varios instantes del día, sin que, necesariamente, aparezcan en la realidad. Sé que vos, igual que yo, tenés la capacidad de representar imágenes en tu memoria. Tal vez el gusto por el cine y por la literatura nos ha permitido aprehender este prodigio. Te cuento algo íntimo. El 19 de febrero de 1990 falleció mi papá. El 19 de febrero de 2020 (treinta y dos años después) desperté a las cuatro, prendí la lámpara, oré (a la hora de mencionar a mi papá tardé un poco de más para apuntalar su recuerdo), tomé el libro de cuentos que tenía en el buró y comencé a leer el cuento “Los días de pesca”, de Ana María Shua, escritora argentina. El cuento inicia así: “Cuando yo era chica, en verano, iba siempre a pescar con mi papá…” hice la pausa que siempre hago y pensé que el cuento iniciaba bien, que sería algo emotivo con un recuerdo de infancia y algo trágico. Seguí leyendo y al terminar el primer párrafo hallé una frase que se repite en varias ocasiones en el texto: “…y sin embargo, mi papá se murió. ¿No es increíble?” Sé que ahora pensás lo que pensé en ese momento: el día del aniversario luctuoso de mi papá, el destino me enviaba un colibrí, un hermoso colibrí que aleteaba frente a mi ventana en la madrugada. La narradora platica su experiencia de niña con el papá y cuenta el proceso de su fallecimiento. Por eso, luego de compartir la alegría de ir con su papá de pesca en varios lugares, repite: “…y sin embargo, mi papá se murió. ¿No es increíble?” La frase es como un reclamo, como si dijera que su papá, tan hermoso, se murió a pesar de esa luz. Se pregunta: ¿No es increíble? Los hijos de padres nobles y buenos, también nos preguntamos eso: ¿no es increíble? Sí, no se puede creer. Los niños siempre pensamos que los papás vivirán por siempre, para siempre. Bueno, los niños no pensamos en la muerte, a todo le damos una vida eterna, por eso lloramos cuando un juguete se rompe o cuando nos dicen que el perrito de casa no volverá porque se enfermó o cuando, de igual manera, nos avisan que la abuela falleció y no volverá a llevarnos dulces ni los regalos en navidad. ¿No es increíble? Cuando crecemos lo increíble se vuelve creíble, comenzamos a creer en lo frágil de la vida y sabemos que a pesar de la luz que irradian los papás buenos y nobles, también ellos, como los colibríes, dejan de aletear, de refrescar nuestro espíritu con su vuelo. El 19 de febrero de 2022, después de hacer mi taichí de viejo, de bañarme, de desayunar y de revisar el periódico La Jornada (en la computadora) prendí mi teléfono celular y encontré un mensaje de mi hermana Esther y supe que ella, colibrí hermoso, también tocaba en mi ventana. Ella me mandó la foto de una notita escrita a mano, ella también enviaba una oración por nuestro papá. Me acerqué a la ventana de la sala, hice a un lado la cortina y vi el cielo. Pensé entonces que a las cuatro de la madrugada había leído el cuento de una escritora argentina y, como si fuera una asociación necesaria, pensé en mi argentino amado: Julio Cortázar, y de inmediato caí en la cuenta que él falleció en febrero de 1984; y luego como si fuera necesario ese cordón nemotécnico, pensé que mi amigo Miguel también había fallecido en el mes de febrero. Posdata: supe que esa mañana había tenido la visita de muchos colibríes, muchos. Como siempre son ellos, tardaron un poquito aleteando frente a mi memoria, enviando su aire protector y luego desaparecieron. Pienso a veces, que debemos practicar con frecuencia el arribo de colibríes a nuestra memoria, a nuestro recuerdo. Eso hará más intensa la emoción del día, nos apapachará el corazón. Es tan necesario. Plagio a Ana María: “Cuando yo era chico, en cualquier época del año, iba siempre de la mano con mi papá. Y sin embargo, mi papá se murió. ¿No es increíble?”

jueves, 24 de febrero de 2022

CARTA A MARIANA, CON UNA POSTAL DE MUSEO

Querida Mariana: te escribo desde casa. Desde acá disfruto el mundo, veo los colores, respiro los aromas, casi los toco, los siento. Ahora comparto con vos una postal de museo. Me la compartió, ya sabés, mi querido amigo Marco Polo. Él tomó esta fotografía y me la compartió en el celular. Me encanta ese puente que tiende la mano del amigo y estrecha la mía. Ricardo, el gran fotógrafo de aves, también me envía postales de museo. Toma la fotografía de un pájaro y me la comparte, y con ese acto, sencillo pero grandioso, comparte, también, el aire que rodea la pausa de vuelo. Los japoneses se enorgullecen de sus cerezos; los comitecos nos sentimos chentos al mirar los árboles de tenocté, como éste que ves acá. La postal es de museo, en cuanto la vi se abrió la ventana de mi emoción, sentí la mano del aire, escuché el canto del aire, el aroma besó mi espíritu. Los japoneses se sienten orgullosos del Monte Fujiyama, nosotros nos enorgullecemos por el Junchavín, uno de los guardianes de nuestro pueblo. Los japoneses ven hacia el horizonte y se topan con el hermoso monte nevado. Nuestra mirada (si subimos al Junchavín o al cerro de San Miguel, la Piedra de la Ametralladora) no se detiene ante nada, la mirada vuela libre por todo el valle y su único límite es el cielo, azul, claro, líquido; y se sabe que el cielo no tiene límite. Agradezco cuando un amigo extiende su mirada y la comparte conmigo. Quienes permanecemos a ras del piso no tenemos la oportunidad de apreciar estas maravillas. En casa (lo sabés) no tenemos espacio para gozar de un árbol como éste, apenas (pero ahí está el prodigio de la vida) tenemos macetones con flores, que cuidan mi Paty y mi mamá. Pero, los colibríes se acercan de vez en vez, porque en algunos macetones brotan unas flores rojas, como campanitas, que las aves disfrutan mucho. A veces escribo las cartas que te envío y algo como una caricia en el aire me advierte que en el patiecito hay algo, dejo de escribir y veo a través de la ventana y descubro, maravillado, un colibrí que, sabiéndose una de las nueve maravillas del mundo animal, baila mientras liba. Siempre, cuando bebía cerveza con los amigos, insistía en esta idea: la de que el colibrí, mientras liba, baila como chavo setentero con música de Barry White. Retaba a los amigos que hicieran lo mismo, que tomaran la botella de la cerveza y que libaran mientras bailaban al ritmo de la marimba que sonaba en la rocola. Como los bolos somos intrépidos, no faltaba el que apostaba a que sí lo hacía y, tambaleante, se levantaba, tomaba una caguama y, mientras bebía, se movía como elefante artrítico. Nosotros, azotando las palmas, gritábamos ¡eh, eh, eh, eh!, y el rinoceronte trastabillaba, se sentaba agotado y decía ¡no puedo más, te gané! Y yo pagaba la apuesta, pero, en el interior, sabía que la escena vista había sido una pésima representación del discreto vuelo que había propuesto. Mi amigo Paco dice: ¡qué va del pulso al culo! Yo pensaba: qué va de la danza grácil del colibrí al paso desentonado del bípedo borracho. La fotografía que envió mi amigo Marco Polo es de estos días. Él puede cantar esa canción que cantábamos y bailábamos de niños: “El patio de mi casa es particular, se moja y se seca como los demás…” Sí, el patio de su casa es particular, pero al compartir estas postales de museo, hace que su patio sea de todos, para todos, porque él, sin ser dueño de una parcela del Comitán que se ve abajo, es dueño de todo el valle. Él es dueño de todo lo que su vista alcanza; generoso presta ese valle para que vivan los otros, para que lo habitemos nosotros. Su patio se moja y se seca como los demás. Sí, pero la vista que él tiene no es como la de los demás. Mi vista, por ejemplo, se topetea con paredes a los tres o cuatro metros. Necesito salir al patio para alzar la vista y ver las nubes, el cielo, para advertir el paso de un avión o el vuelo alegre de algunos pájaros. Él no, el cielo entra a su casa, se le viene encima, como un oso gigantesco amable. Y él, en compensación, le regala al cielo este ramo de flores blancas. Posdata: gracias, amigos, por estas postales de museo, del museo tan nuestro, tan cercano; gracias por estos ramos de flores blancas, con aromas sublimes; gracias por estos ramos espléndidos, llenos de aire, de viento, de luz, de vida.

miércoles, 23 de febrero de 2022

ANTES DE QUE TODO SE ACOMODE (XXXIX)

La palabra es una compañera fiel, siempre y cuando uno la mime. Una vez, frente a un escritor, de fama nacional, hice una pregunta abierta, juguetona, donde aparecía el concepto “corredor”. Él respondió algo que tenía relación con la palabra aplicada a un deportista, yo había pensado en el corredor de una casa. Como era una pregunta abierta no podía jalarlo para meterlo a la casa, él ya corría como gamo en su respuesta. En cuanto terminó le comenté mi dislate y él, generoso, bordó una respuesta con el otro concepto, así (privilegio de entrevistador) tuve dos respuestas sensacionales a una sola pregunta. Desde niño me enfrenté a esta disyuntiva y admiré la capacidad del lenguaje. En Comitán se me presentó luminosa a través de los modismos y de nuestra forma de hablar. Mientras alguien me decía: ¡vamos!, un amigo me decía: ¡vonós! Desde entonces supe que el vonós sonaba más intenso, era como si alguien sacara música de una olla de barro. Ahora que lo digo reafirmo mi convicción. Con excepción del periodo cuando estudié el bachillerato, donde me volví snob; y durante los primeros semestres de universitario, en la Ciudad de México, al imitar el modo de hablar de los chavos setenteros de la gran capital, siempre he hablado en “comiteco”. Sigo diciendo vonós, y, en lugar de decir: ven, digo ¡vení! Podría decir que nunca he sido corredor, pero lo diría sin mucha convicción; es decir, nunca he sido un deportista de esos que corren en los circuitos de los estadios; pero, si me pongo a la altura del lenguaje y juego puedo decir que he sido corredor, porque uno de los espacios que más me atraen de las casas es precisamente ese lugar, que es algo como una frontera entre el patio donde la lluvia cae inclemente y la recámara que es resguardo de las inclemencias. El corredor es ese lugar intermedio donde no me mojo, pero donde veo cómo brincan las gotas que caen del tejado sobre el ladrillo; en el corredor se puede correr, sin mojarse; en el corredor se cuelga la hamaca, que es prima hermana de la cama. La cama es solemne, aburrida (cuando no hay compañía que la convierta en espacio de juego); por el contrario, la hamaca se contagia del aire y del viento y se mueve como palmera, como fronda de pino. Los corredores de las dos casas que habité en mi niñez y en mi adolescencia me marcaron profundamente, me dijeron que la vida bien puede ser esa frontera donde no estoy expuesto al aire libre, pero tampoco permanezco en la oscuridad de la recámara. No me gusta mojarme, pero me gusta ver la lluvia y, más que verla detrás de la vidriera de la sala, me encanta verla recostado en una hamaca, una hamaca que esté colgada cerca de la pared del fondo, donde las gotas no alcanzan a pringarme; me encanta colocarme un poncho para no sentir el frío de la lluvia y ver cómo las gotas se descuelgan para bendecir la tierra, la vida. Sí, no soy corredor de maratón o de escasos cien metros; pero sí soy corredor de casa, en mi espíritu habita esa región que media entre el patio abierto y descarado y la recámara modosa y tímida. Me encanta sentir esa medianía. Cuando llego a una casa y el amigo me invita a sentarme en una poltrona en el corredor agradezco esa oportunidad, esa extensión afectuosa que me permite ver el patio con flores, mariposas, abejas y, de vez en vez, alegres colibríes. En el corredor de la casa pepené la cuerda del asombro, ahí escuché las palabras que se colaban en el zaguán, las que llegaban de la calle, las que salían de las bocas de las canasteras; y rescaté las palabras que, misteriosas, salían como murciélagos de las recámaras. Las voces que volaban en el patio eran ruidosas; por el contrario, las que salían corriendo como ratones de las recámaras eran voces que se suponían dichas en confidencia, con el código del secreto; sin embargo, la palabra es traviesa, se esconde detrás de pilares de madera, pero a la menor provocación de la escoba salen corriendo como cucarachas o volando como tiucas argüenderas.

martes, 22 de febrero de 2022

CARTA A MARIANA, CON UN APUNTE

Querida Mariana: antes de la pandemia (a.p.) salía con una libreta, lápiz y borrador, a hacer apuntes, dibujos rapidísimos. Si hacía bocetos de piedras o de árboles todo marchaba a pedir de boca. Cuando pretendía hacer un apunte de un pájaro o de una lagartija, la cosa se complicaba. Y ya no digo cuando mi modelo era una persona. Comparo esta actividad artística y juguetona con lo que hace un fotógrafo. Los modelos vivos se sienten agredidos. Y no sólo los modelos vivos. Ahora (es comprensible) mucha gente se molesta si ve a alguien tomando una fotografía de la fachada de su casa. ¿Para qué quiere esa fotografía? En ocasiones, se entiende, esta imagen puede ser empleada para algo ilegal, pero, también puede suceder que el interés sea hacer un registro de las casas comitecas en el año 2022. Vos sabés que la ciudad se transforma todos los días y hay modificaciones constructivas o comerciales; lo que era una casa del siglo XX fue derruida y levantaron un nuevo edificio; lo que era el negocio fulano fue cerrado y ahora está otro negocio. Las fotografías nos dan idea de esos cambios. Ahora, las personas evitan ser fotografiadas por gente desconocida. El trabajo de los fotorreporteros cada vez es más riesgoso. El aficionado a la fotografía debe ser muy cuidadoso. Si hay un niño jugando frente al fotógrafo y el chiquitío realiza una acción digna de ser conservada a través de una imagen, el clic puede ser ofensivo. En tiempo en que todo mundo lleva una cámara en su teléfono celular el riesgo se ha multiplicado por ene espinas. ¿Podés imaginar lo que me pasaba a mí? Me sentaba en la banca de algún parque, a una distancia razonable, donde mi modelo no estuviera tan lejos para no observar sus rasgos ni tan cerca para que se sintiera observado. ¡Qué difícil! Si era complicado en el caso de los varones, lo era mucho más en el caso de las chicas. Es comprensible. Algunas amigas me han dicho que tengo una mirada que intimida. Colocaba mi cuaderno sobre mis muslos y, viendo de reojo, haciéndome tacuatz, comenzaba a delinear los trazos. Era un ejercicio formidable, un juego mágico, porque un escozor intrépido bailaba por todo mi cuerpo. Era como si, en medio del juego, me fuera apropiando del instante sagrado de mi modelo. No molestaba, no interrumpía, no dañaba. Pero, lo sé, si alguien hubiese detectado que su cuerpo y espíritu eran los puntos de mi atención, se habría molestado y no logro imaginar su reacción. Los tiempos han cambiado. Diego Rivera, el gran sapo, iba a las plazas y ahí hacía sus bocetos. ¿Necesitaba personajes para algún mural donde quedara representada la imagen bulliciosa del mercado prehispánico de Tlatelolco? Pues viajaba a un pequeño pueblo del centro del país y ahí conseguía sus modelos. Imagino al gran artista, con su corpulenta osamenta, sentado en una piedra, realizando trazos rapidísimos para captar la esencia del movimiento. Ahora, ¡quién sabe cómo le iría a don Dieguito! Ya estoy viendo los titulares del periódico: “Viejo depravado, que dice ser un gran muralista, fue detenido por una turba enfurecida al descubrir que hacía dibujos de las muchachas vendedoras de frutas”. En los talleres de dibujo, los maestros contratan a modelos profesionales, para que los estudiantes practiquen la figura humana. La actividad se realiza en lugares cerrados para evitar las miradas morbosas de quienes verían a la modelo con otros ojos. Pero, ¿cómo captar la esencia de modelos vivos sin poses? Salir a la calle e ir a las plazas y tomar apuntes rapidísimos sin que el modelo se percate que es capturado, era uno de mis mayores placeres. Posdata: el apunte que anexo lo realicé en 2007, en el parque del Carmen, en Puebla. Me senté en una banca y capté a este maravilloso hombre, quien estaba sentado sobre el césped, durante tres o cuatro minutos permaneció así, con una mano apoyada sobre el pasto, cortado al ras, un poco seco. Posdata: vos sabés que los impresionistas abandonaron los estudios cerrados y salieron a la luz, al campo, dejaron de ser murciélagos y se convirtieron en maravillosos pájaros libres. A pesar de que soy ermitaño, a mí me encantaba salir con una libreta debajo del brazo, ir hacia donde la vida me brindaba el gran espectáculo; disfrutaba caminar por el parque, elegir un modelo (si era una muchacha bonita, ¡mejor!), sentarme cerca y, mirando hacia otro lado, pajareando, con el rabillo del ojo, apresaba una línea del rostro elegido, un brazo, un dedo, un rasgo, hasta completar el cuerpo. Cuando estudié el tercer semestre de arquitectura, en la Universidad del Valle de México, acudían modelos femeninos profesionales, de la Escuela La Esmeralda, para la práctica del dibujo. Ellas se despojaban del vestido y posaban desnudas. De ahí adquirí la habilidad que posee Superman: mirar más allá de la ropa, tal vez por eso mis amigas dicen que no les gusta que las vea, las intimido. ¿Cómo decirles que sólo estoy haciendo ejercicios de bocetos? No ofendo. Todo es mirada de niño travieso, de artista.

lunes, 21 de febrero de 2022

CARTA A MARIANA, CON LIBRO DE ORNÁN

Querida Mariana: vos conocés a Ornán Gómez, el escritor. La carrera literaria de Ornán ha crecido con paso firme, sostenido. Sus lectores celebramos la aparición de su libro más reciente: “La ciudad me pudrió el alma”. Un día platiqué con él y le comenté que la palabra podrir suena fuerte, es una de las palabras que representan fielmente lo que nombra. Lo podrido suena violento, porque el proceso que nombra también lo es. Los mortales estamos acostumbrados a la pudrición del cuerpo, pero difícilmente pensamos en la pudrición del alma, que debe ser (¡es!) más agresivo. Digo que la carrera de Ornán ha sido ascendente con pasos seguros. Cuando lo conocí ya era escritor, pero nada había publicado. Un día presentó su primer libro “En busca de la palabra”, una edición de la Secretaría de Educación, de Chiapas. Textos relacionados con su profesión de maestro. Años después, en una coedición de Coneculta y Ediciones Morbo (que entiendo es una editorial de Campeche) presentó el libro de cuentos “Miedo en la sangre”. En 2016 obtuvo el Premio Internacional de Novela Breve Marco Aurelio Carballo, con el libro “Anoche mataron a mi nahual”. Acá es preciso hacer la pausa para ver el ascenso de Ornán, quien, como experto alpinista, con el piolet preciso de la palabra, ha disfrutado las mieles de observar el horizonte desde la cima de alta montaña. Ornán ya es Premio Internacional. Después de ese sonado éxito, una tarde hizo la presentación de un libro que compendia algunas de sus ya famosas cartas que comparte en redes sociales. El título del libro es “Mundo raro para el señor K”. Acá alguien podrá decir si Ornán se quedó estancado, porque pasó de una novela breve a un compendio de cartas. ¡No! Vos sabés que no, su ascenso continuó, continúa, porque lo que Ornán hace es digno de elogio: él, en tiempos tuiteros, rescata el género epistolar, que tantas luces prendió en años anteriores en manos de grandes escritores de fama mundial. Y en el año 2021, Ornán dio a conocer que Coneculta-Chiapas, la institución oficial cultural del gobierno, había elegido su libro de relatos “La ciudad me pudrió el alma”, para ser publicado en su programa editorial anual. ¡Otro mérito para nuestro escritor! Y a finales del año, Ornán celebró que ya tenía en sus manos el libro, que se publicó con un tiraje de quinientos ejemplares y que ya está en distribución. De hecho, Ornán ha realizado ya algunas presentaciones presenciales (con todas las medidas de sanidad, exigidas por la contingencia sanitaria), donde sus lectores y amigos lo han acompañado y han adquirido el libro. Este libro se inscribe en lo que expertos llaman Realismo Degradado, que es una visión acerca de la oscuridad en las ciudades. Acá, Ornán también aporta al género, porque, en tiempos donde la novela se erige como la reina, él escribe cuento, forma narrativa que han relegado las grandes editoriales del mundo. Ese desplazamiento es inútil, bobo, porque el cuento es, a final de cuentas, la raíz madre de la narrativa, de ahí viene el hijo: la novela. El cuento continúa la tradición oral de los grandes pueblos. Ornán ha tenido una carrera literaria sin pausa, ha sido constante en su proceso creativo. Cuando un escritor llega a la cima de una montaña, como gran aventurero del mundo, ve que hay montañas más altas, que después del Tacaná está el Pico de Orizaba y que, un poco más allá, está el Everest. Ornán se sienta y disfruta, con sencillez, el paisaje que sólo observan los que llegan a lo alto; pero, después de ese regocijo, continúa con su vocación, porque sabe que el mejor libro aún está por escribirse, su mirada está puesta en la próxima cima, lo alcanzado apenas ya es un mero recuerdo, un sentimiento de placidez y disfrute. Posdata: sus lectores esperamos leer más cartas, muchas más, para el Señor K, y esperamos que, cuando el tiempo lo permita, tengamos ante las manos y ante la mirada el próximo libro que supere el éxito de los anteriores.

domingo, 20 de febrero de 2022

CARTA A MARIANA, DONDE SE COMPRUEBA QUE CADA CABEZA ES UN MUNDO

Querida Mariana: Unos le van a los Pumas, otros son fanáticos del América; unas piensan que el tamaño sí importa, otras dicen que el tamaño del envase no importa, importa el sabor; unos creen en Dios, otros son incrédulos; unos piensan que el mundo se deshace y otros consideran que hay esperanza; unas tejen y otras bordan; unas besan rico y otras como si lamieran estropajos; unos saltan y otros caminan con trabajo; unos apuestan porque el fin del mundo está cerca, y otros hablan de la expansión del universo. El otro día escuché en un noticiario televisivo que, por la pandemia, hay muchas personas que se confinaron a piedra y lodo (anotame en la lista), al estilo de los chavos japoneses (hikikomoris), quienes no salen de sus recámaras y permanecen en un aislamiento social casi total. En el noticiario dijeron que quienes están confinados en sus casas por el temor a estar expuestos al contagio del Coronavirus padecen el Síndrome de la Cueva (anotame). Todo bien, menos el nombre. Pensé que si debe darse un nombre a este síndrome no encaja el de la cueva, porque vos sabés que el maravilloso súper héroe que vive en una cueva es Batman (el hombre murciélago). ¿Mirás que contrasentido? El virus Covid-19, dicen algunos expertos, se originó en el cuerpecito de un murciélago. ¿Cómo vamos a padecer el Síndrome de la Cueva, si huimos de esa idea nociva? ¡Mal nombre! O los bautizadores se pasan de ingenuos o se extralimitan en su perversión. ¿Sabías que Pau me dijo que de todos los súper héroes el que no le gusta es el hombre murciélago, metido en su baticueva? Cuando le pregunté el motivo de tal decisión me dijo que no le gustan los murciélagos. Ya no insistí, pero pensé que esta idea tenía una relación directa con la aparición del virus maligno. Rechazo el nombre de Síndrome de la Cueva. ¡No! Tampoco es correcta la apreciación de un médico que mencionó que quienes están en confinamiento son como hikikomoris. Si están en casa y sólo salen por lo indispensable; si han dejado de interactuar con amigos y familiares, es por precaución, desean evitar el contagio que tantos millones de fallecimientos ha ocasionado en el mundo. No lo hacen por gusto, como los hikikomoris, sino por exigencia de los tiempos difíciles que enfrenta el mundo. Quienes permanecen en sus casas se resguardaron cuando apareció la pandemia, antes realizaban lo que ahora hemos llamado una vida normal. Ahora, en la nueva normalidad, extrañan la vieja normalidad. Por eso digo que unos piensan que todo tiempo pasado fue mejor (anotame entre ellos) y otros viven los tiempos presentes con emoción. Unos están a favor de la vacuna contra el Covid, otros son anti vacunas; unas usan cubrebocas y condones; otras andan sin cubrebocas y no exigen globitos; unos van al mercado y otros piden sus alimentos a través de Uber; unas usan sostén, otras lo evitan; unos beben tequila, otros prefieren el comiteco; unas se cortan las uñas, otras se colocan uñas postizas larguísimas; unas prefieren el sexo en posición de misionero, otras disfrutan el sexo montadas a caballo. Cada cabeza es un mundo y la vida exige ser respetuoso con cada modo de ser, porque cada persona tiene derecho a vivir su vida como le plazca. Unas sueñan con casarse y tener hijos, otras sueñan con ser libres por siempre; unos saben nadar y otros no; a unos les gusta la Física y otros aman la Historia; unos practican el ciclismo, otros no hacen ejercicio; unas comen verduras y frutas, otras prefieren las gorditas rellenas de chicharrón. ¿Qué nombre deben recibir quienes no han tenido temor alguno ante el contagio del virus y han seguido su vida como si tal pandemia no existiera? ¿Qué nombre deben recibir quienes se confinaron en casa y permanecen ahí? No sé, no soy el indicado para nombrar tales prácticas, pero sí exijo mayor creatividad y congruencia con los bautizadores. Posdata: cada cabeza es un mundo y mientras ese mundo no afecte el tuyo vos debés ser respetuosa del modo de pensar y actuar del otro. Cada quien enfrenta la guerra con los armamentos que tiene a la mano; y digo guerra porque esto nos tocó vivir en este tiempo, unos salen a diario al combate y otros se resguardan en su casa. Sabemos que nadie está exento de salir lastimado. Unos pueden recibir un balazo en la calle, otros pueden terminar su vida cuando cae una bomba sobre la casa.

sábado, 19 de febrero de 2022

CARTA A MARIANA, CON LITOGRAFÍAS ANTIGUAS

Querida Mariana: un amigo anticuario me dijo que un objeto que tiene más de cien años se considera una antigüedad. Me lo dijo en el bazar de Los Sapos, en Puebla, donde venden antigüedades y mi Paty y yo vendimos cajitas contemporáneas, como para hacer el contraste. Esta litografía pertenece a la familia desde los años cincuenta. Mi abuelo Ángel viajó a Italia, a su regreso trajo tres litografías de la Divina Providencia, que fueron a dar a manos de tres hijas, una de ellas fue mi madrina Caritina, quien vivió algún tiempo en la casa a media cuadra del parque central. El cuadro lo colgó en el oratorio que estaba en una esquina del corredor amplísimo. Sí, querida mía, en ese tiempo, las casas comitecas de los católicos tenían un espacio que se dedicaba al oratorio. Nuestro oratorio era un espacio genial, siempre permanecía en penumbra, aunque siempre tenía la puerta abierta, el altar estaba al fondo y el cuarto no tenía una sola ventana. El oratorio abría sus puertas, religiosamente, a las seis de la mañana y cerraba sus puertas a las seis de la tarde. ¡Pucha, permanecía abierto durante doce horas! Si alguien tenía alguna pena podía hincarse en uno de los tres reclinatorios forrados; lo mismo si alguien quería agradecer un favor recibido, o algún niño travieso quería jugar con la cera que siempre había en el altar. No era un disfrute, pero había tardes en que me llamaban para rezar el rosario. Disfruté la actividad cuando mi papá me permitió que yo dirigiera el rezo, me dio el rosario y un pequeño libro donde estaban impresos los cinco misterios. El rosario es el chunche que uno manipula con las manos y sirve para llevar la cuenta de las oraciones, cada diez padres nuestros se pasa al siguiente misterio. Eso sí me gustó. El rosario es como un juego hermoso, un juego de palabras. Yo era el que dirigía el concierto. Pero eso no era todo, siempre llamó mi atención que cada uno de los cinco capítulos se llamara Misterio. Eso es una genialidad. Todos nos hincábamos, nos santiguábamos y yo comenzaba a leer el primer misterio y luego el segundo, así, hasta llegar al quinto misterio. Ahora sé, lo he visto en Internet, que los misterios son veinte, dependiendo del día así se rezan. El lunes y sábado se rezan los misterios gozosos; el jueves los misterios luminosos; el martes y viernes, los misterios dolorosos (entiendo lo del viernes, sí); y los misterios gloriosos son para miércoles y domingo. Ahora pensaría que los mejores misterios son los gozosos, los luminosos y los gloriosos; los dolorosos no son atractivos, pero, cuando ahora todo mundo celebra que ¡gracias a Dios, es viernes y el cuerpo lo sabe!, el ritual católico exige rezar los misterios dolorosos. ¡Uf! Decía: “El niño Jesús perdido y hallado en el templo”, y mi papá me había enseñado que debía hacer una pausa para que todos reflexionáramos en ese misterio. ¿Se perdió Jesús? Gracias a su papá fue hallado. ¿En dónde? Pues en el templo, la casa de su padre. Perfecto. Ahora bien, la pregunta debía ser ¿por qué se perdió el niño Jesús, qué andaba haciendo, su mamá lo mandó por el pan y él se entretuvo mirando por algún hueco del templo y entró? Lo cierto es que el niño Jesús, como cualquier niño, no hizo bien el mandado, y esto preocupó a la mamá. Ahora sé, lo leí en el Internet, que el chiquitío travieso no volvió a su casa por el lapso de tres días. ¡Dios mío, padre directo de él! ¡Tres días! ¿Lo imaginás? Debió ser una terrible aflicción para su pobre madre y para el buen carpintero José. Ah, al bendito niño lo encontraron en medio de grandes maestros de la Iglesia, platicando como si estuviera con sus pares. Ahora pregunto: ¿por qué a ninguno de los viejos maestros se le ocurrió pensar que ese niño no estaba en casa y debía avisar a sus padres? Pero mi respuesta es parte del misterio: el niño Jesús no era cualquier niño, era el hijo de Dios, pichito consentido y él andaba en los negocios del padre. Esta litografía permaneció en el centro del oratorio, cuando mi madrina preparó su maleta y regresó a la Ciudad de México, nos legó el cuadro y ahí siguió. Cuando, en los años sesenta dejamos la casa del centro (que era rentada) y pasamos a vivir a la casa que habían construido mis papás a media cuadra de la Escuela Matías de Córdova, la litografía estuvo en el centro del oratorio que mi papá había mandado a hacer. Este oratorio fue más bonito, ya tenía dos enormes ventanas que daban al patio y en la pared del fondo le colocaron unas columnas adosadas, pintadas de dorado, como enmarcando el nicho. En los esquineros colocaron imágenes de bulto, el de la izquierda fue San Martín de Porres, un santo negro cae bien, porque siempre aparece con una escoba al lado de ratoncitos. En los años noventa dejé Comitán con la idea de ir a Cuba y luego a París. Pucha, mi destino me llevó a Puebla y ahí llegó la familia. La litografía llegó en una de las cajas de la mudanza. Al mandar a construir la casa (frente a Ciudad Universitaria, de la BUAP) no seguí con la tradición, ya no mandé a hacer el espacio para el oratorio, pero mi mamá improvisó un pequeño altar en su recámara y ahí colocó a la Divina Providencia. Al regresar a Comitán, ya en 2008, mi mamá colgó la litografía en su recámara y ahí permanece. Ha sido un cuadro paseador. Llegó de Italia y ahora permanece en Comitán. Mi mamá ha sido respetuosa con el legado, siempre lo lleva debajo del brazo; ha sido respetuosa con su creencia, porque siempre reza la oración especial para la Divina Providencia que pide “casa, vestido y sustento”. Gracias a esa fe, tenemos casa, vestido y sustento. El mojol de lujo es la salud. El templo de La Trinitaria está dedicado al Padre Eterno, que es la Santísima Trinidad que alude la litografía. En las imágenes del Padre Eterno, aparece en la cabecera el Espíritu Santo, el Padre sentado en un trono, sosteniendo a Jesús crucificado. En la imagen de la Divina Providencia también aparece ese triángulo divino: el padre, el hijo y el espíritu santo. Así, querida mía, comenzaba el rosario cuando era niño: En el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo. Mencionaba a la Divina Providencia, a la Santísima Trinidad. Por eso, el pueblo de La Trinitaria tiene una luz especial. Antes de la pandemia, llevaba a mi mamá en carro a La Trinitaria el primer día del año. Era su gusto, su tradición. Ella se unía a cientos de fieles que, de igual manera, llegaban al templo a agradecer por las bendiciones recibidas durante el pasado año y a pedir dones para el que estaba por iniciar. Llegó la pandemia y suspendimos el viaje, pero mi mamá siguió prendiendo una veladora y orando frente a la imagen de la Divina Providencia. En los templos católicos, la mayoría de imágenes es de santos y de vírgenes sin más compañía; a veces aparecen algunas de San José con Jesús o la virgen María con su hijo; hay otras donde aparecen los tres: María, José y Jesús. Estas últimas imágenes son las que más se acercan a la trinidad; digamos que son una representación de lo terrenal. Jesús y sus padres caminaron por la tierra. La imagen de la litografía que trajo mi abuelo de Italia es la representación de lo divino. El Padre Eterno, el Espíritu Santo y Jesús están en medio de nubes y tres ángeles encueraditos sostienen el mundo. Cuando has estado de visita en ese maravilloso pueblo de La Trinitaria, vos has comprobado que en la imagen que está en el templo y que veneran miles y miles de personas están las tres figuras divinas: el Padre Eterno, Cristo y el Espíritu Santo. Mi mamá, desde siempre, ha puesto su fe en manos de la imagen más poderosa, nada de intermediarios, directamente con la Divina Providencia. En la tradición católica es el supremo escalón, por encima no hay más. Cuando alguien le pide algo a algún santo de su preferencia, lo hace con gran fe, pero, digamos, siempre está la idea de que el santo es intermediario, porque el poderoso, el hacedor de milagros, en realidad, es Dios, ¡el Padre Eterno! Claro, hay santos que son geniales, que son pródigos en esas relaciones con el mero mero. Muchos comitecos señalan que San Caralampio es rete milagroso; es decir, es un santo muy cercano a Dios, consentido, y Dios le prodiga dones a manos llenas; lo mismo dicen muchos fieles del Niñito Fundador. En La Trinitaria, los fieles hablan directamente con el Padre Eterno, tienen una relación sin intermediarios, su corazón habla directo con el corazón más bello del universo. Posdata: ay, mi memoria, querida mía, no recuerdo, por más que lo intento, quién era el santo de devoción de tu bisabuela, un día me lo dijiste, me contaste la historia de un milagro fascinante. Muchas personas descreen de los milagros, sus razones agnósticas tienen; por el contrario, muchas otras sí creen en los milagros. Hay algunos que van más allá del milagro ocasional, creen firmemente en que la vida, el universo, es un gran milagro, y como el universo se expande a cada instante, el milagro se vuelve infinito. No sé qué pensás vos, pero digo que hay algo más allá del aire, algo que se nos escapa a la idea racional del mundo. Coincido con el gran escritor Julio Cortázar que una vez dijo: “…el milagro es un alto misterio, ante el que me detengo respetuoso”. Hago lo mismo, me postro ante el misterio permanente.

viernes, 18 de febrero de 2022

CARTA A MARIANA, DONDE SE JUEGA CON NOMBRES

Querida Mariana: releo una antología de cuento, editada por la UNAM (¡cachún, cachún, ra ra!). La antologadora es Rosa Beltrán, quien, actualmente, es la coordinadora de Difusión Cultural de la máxima casa de estudios del país. ¿Recordás que Rosario Castellanos, nuestra Rosario, trabajó en la UNAM? Leo, pero lo hago sin solemnidades, me divierto, lo disfruto, casi casi puedo decir que juego, siempre lo he hecho, incluso cuando leo la Biblia, libro extraordinario. ¿Cómo no va a ser una delicia enterarte que Salomón, el rey sabio, tuvo setecientas mujeres? ¿Cómo no va a ser divertido buscar si por ahí hay mención que el Rey David cantó en algún momento las mañanitas que nosotros cantamos en los cumpleaños? ¡No!, no hay mención que el rey David haya cantado “las mañanitas que cantaba el Rey David”, las que “hoy por ser día de tu santo te las cantamos aquí”. No. Deberíamos en honor a la verdad, cantar “estas son las mañanitas que cantaba Pedro Infante…”, porque sí sabemos que Pedro las cantaba y muy bien. Así que cuando tomé el citado libro pensé que es genial que una Rosa haya sido la antologadora, y como recordé a Rosario, pues me divertí pensando que un rosario había trabajado en la UNAM, universidad tan plural y democrática. Entonces, antes de comenzar a leer el primer cuento, leí la relación de autores ahí antologados y hallé que está Vicente Leñero. Jugué con los apellidos y nombres, sólo como mero divertimento. Leñero; es decir alguien que vende leña también cuentea. También está Enrique Serna. Según el diccionario, serna es “porción de tierra dedicada al cultivo de los cereales”; a partir de hoy habrá que decir, que hay algunos terrenos que no sólo dan avena sino también cuentos. José Joaquín Blanco. Bueno, bueno, ya sabemos que el blanco literario va del negro al más intenso arco iris y la hoja en blanco no se queda así. Clara Obligado. Por fortuna se ve que no escribe por obligación, sino por placer. Disfruté el cuentito que escribió. Ignacio Solares. ¿Qué es un solar? Pues un terreno donde se asienta determinada cosa. Acá no se conformó con uno, sino con varios territorios de ficción. Cristina Rivera Garza, quien se cree la divina…, y su cuento no correspondió a la fama que tiene. Un poco pretencioso su textillo. Gonzalo Soltero, con un relato que se llama “Maduro”. ¿Un soltero maduro? No sé qué opinaras vos para pretendiente de Sara. Fernando de León. Ah, la selva, la intrincada selva, donde, dicen, que el león es rey. Acá, Fernando resultó súbdito de León. José Abdón Flores. Ah, pues faltaba más. Rosa eligió a alguien del jardín, para no estar sola. Jorge Franco. Bueno, si hace honor al apellido, pues podemos esperar que sus textos también lo sean, que, dentro de la mentira, tengan lo que en literatura se llama verosimilitud. Ana García Bergua. ¿Eh? Me reservo el comentario. Así como también hago silencio con el nombre de Sergio Pitol. Nada diré de Pitol ni de la Bergua. Ana Lydia Vega. La palabra es maravillosa: vega, refiere a un terreno siempre húmedo. Acá también puedo irme por terrenos perversones, así que mejor ahí lo dejo. En fin. Comparto contigo mi juego. Jugué durante un buen rato. Siempre lo hago. Pienso si el nombre o apellidos del autor tienen relación directa con su proceso de creación. ¿Qué escrito puede esperarse de alguien que se llama Alba o Ángel o Lucero o Santa? ¿Qué puede esperarse de alguien que se apellida Espino o Barriga o Braga (los españoles entenderán) o Verdugo? Posdata: ahora que escribí el apellido Verdugo recordé una anécdota que contaba Diego Verdaguer, maravilloso cantante que, por desgracia, recientemente falleció. Diego contaba que en un programa de televisión fue presentado por una chica atractiva, la chica se confundió en la pronunciación y como si fuera disléxica dijo otra cosa.

jueves, 17 de febrero de 2022

CARTA A MARIANA, EN TIEMPOS EN PANDEMIA

Querida Mariana: y ahora se dice: en el tiempo a.p. que significa antes de la pandemia. En el tiempo a.p. me sentaba en las gradas del Centro Cultural Rosario Castellanos. Lo hacía en las tardes. Era una gran vitrina. La gente que caminaba o pasaba en sus autos me veía y yo los veía a ellos. Me gustaba sentarme ahí. Buscaba un esquinero, donde no interfiriera con el paso de las personas que bajaban o subían. Me sentaba en las gradas, como lo hacen los jóvenes en las escaleras de los departamentos en París o en la Ciudad de México; como he visto que lo hacen algunas personas en la escalinata del Museo Metropolitano de Nueva York. En Comitán aún existe la costumbre de banquetear; es decir, sentarse en las banquetas, para comer un raspado, un salvadillo con temperante o simplemente para platicar y ver cómo pasa la vida; bueno, en el pueblo también es costumbre gradear; es decir, sentarse en las gradas. Hay una sustancial diferencia entre sentarse en gradas que en bancas; hay algo de transgresión. Las bancas se hicieron para que la gente se siente, se ve mal que alguien se pare en una banca; por el contrario, aunque las gradas se hicieron para subir o bajar; es decir, para pisarlas, nadie ve mal que la gente se siente en las gradas. A mí, en una ocasión, hace años, un digno policía, con cara de tacuatz desorientado me exigió que me bajara de la banca donde estaba parado y me explicó lo obvio: que las bancas servían para estar sentados ¡no parados! Nunca he visto que un policía sancione a alguien por estar banqueteando o por estar gradeando. Quienes gozamos esta práctica mundana y cotidiana ejercemos el derecho de manchar las sentaderas de nuestro pantalón con la tierra de cientos de pisadas. No, nunca pensé que un zapato llevaba heces de chucho y había dejado huellas en el lugar donde me senté. No, nunca lo pensé. Sí tuve algunos cuidados, por ejemplo, no apoyar mis manos en la grada, ni para sentarme ni para pararme. Sobre todo, porque cuando gradeaba en el Centro Cultural comía esquites que compraba en los puestos que ahí se colocan. La señora ya sabía que mi vaso de esquites iba sólo con unas gotas de limón, un poco de sal y un puñito de polvojuan. Nada de crema, de queso, de mayonesa o de salsa de bote. ¡No! Sólo granitos de maíz, limón, sal y polvojuan. Jamás, al pararme, me limpié las sentaderas, porque era llevar la suciedad a mis manos. No, dejé que el polvo ahí se quedara. Ya en la lavadora la parte trasera del pantalón recuperaría su cara limpia. En el tiempo a.p. me encantaba gradear, en ese espacio que recibió mis pasos de estudiante de preparatoria. Me gustaba hacerlo en las tardes, desde ahí disfrutaba los colores que el sol, ya ocultándose, pintaba en los árboles del parque y, como olas, aventaba las sombras sobre la playa donde estaba. Ahí me veían todos los que pasaban y yo veía a todos. Cuando pasaba un conocido no faltaba la mano en alto o, en varias ocasiones, se acercaba para saludar, para comentar algún detalle. Eso siempre me sorprendió. El amigo se acercaba, su comportamiento era respetuoso de mi ritual. Él caminaba y yo estaba sentado en la grada, él asumía que yo era un sedentario, por eso, a él nada le costaba acercarse; hacer lo contrario habría significado modificar un ritual sagrado. Él sólo se desviaba tantito, como cuando vas en un sendero y cortás un fruto o vas al árbol porque te llegaron las ganas de hacer pis. Luego se despedía y continuaba su trayecto. Yo seguía sentado en ese espacio, que era un trono de príncipe, porque ese graderío es un lugar maravilloso para pepenar el ritmo del Comitán cotidiano, de todos los días. Posdata: un día, el tiempo cambió y de a.C. pasó a d.C. La llegada de Cristo fue fundamental para esa modificación temporal. Cristo fue el parteaguas. Un día, espero que pronto, se hablará de un tiempo d.p. (después de la pandemia), sé que el parteaguas no será a través de un ser luminoso como Cristo, pero espero que Dios, auxiliado con la ciencia, cree las condiciones para que la vida vuelva a tener un rostro menos de alambre de púas. Espero que en el tiempo d.p. vuelva a gradear, a banquetear. Estas dos actividades lúdicas han sido esenciales en mi caminar por esta vida.

miércoles, 16 de febrero de 2022

CARTA A MARIANA, CON CONTENIDOS LUMINOSOS (segunda y última parte)

Querida Mariana: además del Genio Arquitectónico que comenté en la primera parte de esta carta, el número 27 de ARENILLA-Revista (disponible en versión impresa y en versión digital) contiene una tacita de café, chiapaneco, bien sabroso, en un texto escrito por Mario Arturo Torres Guillén. Él dice que el café es “el sabor mítico poblado de misterios”, pucha, qué bonita imagen. Luego tenemos la clásica propuesta juguetona de diez preguntas traviesas, en esta ocasión, Ricardo Castro Moreno, fotógrafo de excelencia, le entró al juego y respondió el cuestionario. Como soy ventajoso, adelanto que obra de Ricardo aparecerá en el Dossier fotográfico de ALA DE AIRE, nuestra revista digital, correspondiente al mes de marzo (nuestro segundo número, que llegará a vos por el patrocinio de AE Consultores y del Hotel Los Lagos de Montebello). La Tiendita de doña Pifa está bien surtida, te gustará; asimismo te gustará un texto titulado “Con aroma de panela” que da cuenta de un fruto que lo convierten en dulce en el maravilloso pueblo de Tzimol. Ahí está una breve explicación que compartió don Otilio López López, cronista natural de ese pueblo genial. Y luego hay una invitación, para los de casa y para nuestros visitantes, a caminar por Comitán en la propuesta Rutas Luminosas, donde visitamos cinco lugares de este maravilloso pueblo. La primera propuesta es pasear por el parque central y probar unos deliciosos dulces tradicionales; luego bajar una cuadra y entrar al mercado Primero de mayo, que fue inaugurado en 1900 (hace más de un siglo) y probar un rico vaso de atol de granillo o jocoatol; enseguida recordar el recorrido que Rosario Castellanos hizo de niña, donde halló a mujeres tejiendo pichulej, sentadas en el suelo, ahora hay mujeres que, en la banqueta, ofrecen cacahuates (riquísimos) o elotes y chayotes hervidos; después de ese recorrido matutino, se antoja probar el delicioso y auténtico hueso de Tío Jul, ¿en dónde?, pues en el lugar que fue origen de ese exquisito antojo, en el Café y Lonchería Tío Jul, casi al lado del templo de Guadalupe; por último, para los visitantes, les sugerimos hospedarse en el Hotel La Finca, que está a dos cuadras y media del parque, ahí tendrán una atención esmerada. ¿Es todo? No, no te comencés a sulfurar. No falta la carta que te mando. Una carta que despierta sentimientos encontrados, porque, como digo en una nota introductoria, esta carta ya la había escrito el 15 de diciembre de 2021, estaba en espera de entrar a diseño para aparecer en este número, cuando, ¡uf, la vida!, el 17 de diciembre nos despertamos con la ingrata noticia que el doctor Rodolfo Castellanos Rodríguez había muerto, de un paro cardiaco. Acá, en este número aparece la carta sin modificar una sola coma, lo dejamos así porque el recuerdo del amigo es perenne, infinito, eterno. Cada lectura de esta carta será como una oración en su memoria. Incluimos otra carta, una, dirigida a vos, por supuesto, pero que habla del genio creativo de Carlos Rivas, nuestro director comercial en Guatemala. Vos sabés que, gracias a nuestra revista, Chiapas y Guatemala se dan la mano, abren sus ventanas para abrazarnos, porque nuestras culturas están unidas desde hace siglos. Algo de lo mejor de Comitán lo llevamos hacia allá y algo de lo mejor de Guatemala lo presentamos acá. No podía faltar el cuentito, el cuentito que publicamos para que los papás lean al lado de sus hijos. Fomentamos la cultura y, sobre todo, tenemos la encomienda moral de fomentar el hábito de la lectura en los pequeños. Recordemos que ellos son el sustrato del porvenir de nuestros pueblos. ¿Qué deseamos para nuestras sociedades? Por supuesto que deseamos desarrollos luminosos. Esto lo saben nuestros patrocinadores, por eso, siempre generosos, nos ayudan a difundir sus mensajes llenos de esperanza: si consumimos local, si nuestros lectores prefieren los servicios y las mercancías de nuestros amigos empresarios y comerciantes, el cielo siempre estará lleno de aire limpio. Los mejores están con nosotros, porque nosotros somos del grupo de los mejores. Posdata: querida mía, hice un recuento apretado, lo hice como si no la hubieras leído (sé que ya lo hiciste), pero te pido que le digás a tus amigos que no se la pierdan, que no se pierdan algo de lo mejor de esta maravillosa tierra, que lean ARENILLA-Revista con la compañía de una taza de café, de café de Chiapas, orgullo de nuestra tierra.

martes, 15 de febrero de 2022

CARTA A MARIANA, CON CONTENIDOS LUMINOSOS (primera parte)

Querida Mariana: ¿ya leíste el número 27 de ARENILLA-Revista? ¿Ya? Está sensacional, ¿verdad? ¿No? Ah, pues te invito a leerlo, lo disfrutarás. La vida, la hermosa vida, nos permitió honrar el genio arquitectónico de Comitán. ¡Ah, la arquitectura!, profesión hermosa. Vos sabés que, en una etapa de mi vida (cuando era joven) estudié tres semestres de arquitectura, me encantaba esa profesión, me sigue encantando. En este número honramos a un grupo de arquitectos comitecos. La arquitectura comiteca honra a la sociedad, tiene rasgos especiales que, aunado a la arquitectura de vanguardia, recupera la tradición constructiva de este pueblo. A nadie se le ocurriría diseñar en estos tiempos una casa con la traza de hace cien años, ¡no!, pero sí es posible, nos lo ha demostrado el genio arquitectónico del pueblo, incorporar elementos propios. La vanguardia se alía a la tradición cultural y realiza propuestas innovadoras. Esta genialidad se hace presente en cada diseño de este siglo XXI. En este número honramos a todo el gremio, reconocemos que ellos diseñan la ciudad de estos tiempos. Es una mínima muestra del trabajo de algunos, acá están sus propuestas. Coincidirás conmigo, también, que en este tiempo nadie se avienta (como antes) a construir sin la asesoría profesional, porque no se trata de levantar un cuarto, como se hizo en épocas pasadas. Ahora, todos reconocemos la importancia de invertir en el espacio donde conviviremos con los nuestros, durante años y años. Somos los espacios que habitamos, gran parte de nuestra vida transcurre en pasillos, recámaras, baños, salas y jardines. Cuando el profesional da forma a nuestros deseos dignificamos nuestro porvenir. Hemos hablado del genio creativo de los artesanos que hacen los ladrillos y las tejas, ahora hablamos de los profesionales que emplean esos elementos constructivos para materializar el espíritu del ser humano. Como lo hacemos siempre en nuestra revista, quienes aparecen en este número nos confían sus aspiraciones y sus sueños. ¿Cómo se soñaron de niños? ¿A qué jugaban? ¿Cuál es su propuesta estética? Acá hay historias de vida que tocan ¡vidas!, que comprenden los sueños de sus clientes y ayudan a realizarlos en forma profesional, sin improvisar, sin regatear recursos a lo más preciado: el espacio donde habitamos. Si hacemos caso a quienes aseguran ser “arquitectos de su propio destino”, éste se puede formular de mejor manera si acudimos con profesionales. En este número hallarás obra y testimonios de los siguientes arquitectos: Pedro Alberto García López, quien dice que desde que era niño comenzó a sorprenderse con la magia del dibujo y trazo de líneas; Jesús Pedrero Guillén, cuyo gusto por la arquitectura inició cuando estudiaba la preparatoria; Luis David Ramírez Solórzano, quien acaba de cumplir veinticinco años al frente de TRASGO ARQUITECTURA, ¡veinticinco años!; Manuel Bermúdez Álvarez, quien siendo niño, jugaba a imaginar ciudades y construir represas y puentes con palillos y palitos de madera; Jaime Daniel Maldonado Fuentes, quien disfruta crear y experimentar con diferentes estilos, en su estudio ofrece un showroom; Juan Antonio Álvarez Aguilar, quien tiene a la imaginación como aliada en su proceso creativo y es experto en mercado inmobiliario; Maribel González Fuentes, fundadora de la exitosa empresa Crearte en Madera, cuando estudió en el CBTis 108 fue la única mujer en un grupo de 49 alumnos en la especialidad de construcción; Roberto y Luis Torres Valle, quienes dirigen la reconocida empresa de proyectos y construcción ALTOVA, quienes tienen a la creatividad como elemento fundamental del diseño de espacios; Orlando Daniel Guillén Albores, quien es director de Guía Arquitectos, desde niño manifestó una clara vocación por la profesión que ahora ejerce; Raúl Díaz Gómez, arquitecto dinámico y empático que, además, es propietario de TRAZO TALLER & PAPELERÍA, donde ofrece materiales de calidad a la población estudiantil y profesionales; y Marco Antonio Domínguez García, quien junto a su hermano Alejandro, también arquitecto, tienen la convicción de que en cada diseño que formulan realizan arte. Posdata: María Luisa, al ver la portada de nuestro número 27, comentó: “Talento comiteco”, sonreí satisfecho. Sí, talento de nuestra tierra, arquitectos de su propio destino, que aportan su conocimiento en la construcción del Comitán de este siglo. Reconocimiento permanente para todos ellos, ¡todos! Su anuencia permitió que llevemos una mínima muestra de su trabajo a nuestros lectores, quienes, sin duda, apreciarán y reconocerán la labor que ellos realizan. ¡Salud! Pero tenés razón, nuestro número tiene más contenido. ¿Permitís que mañana te diga el resto de la propuesta editorial de este bimestre? Perdón por decirlo, pero cada vez nos superamos, todo para beneficio de Comitán y de la región. Nuestra revista está hecha a la comiteca; es decir, ¡bien hecha!

lunes, 14 de febrero de 2022

CARTA A MARIANA, CON HARTA LUZ

Querida Mariana: ¿cómo será el mundo en el 2032? Ah, quién sabe. Ahora sí, ni los videntes más preclaros se atreven a dar pronósticos. Con la zarandeada que nos ha puesto el Coronavirus, nadie sabe a ciencia cierta qué depara el porvenir. Lo que podemos hacer, entonces, es documentar el día a día y el pasado reciente, lo que hemos vivido. Quienes, en el 2032, vean esta fotografía sabrán que el 10 de febrero de 2022 se celebró en Comitán la tradicional Entrada de Flores, en honor a San Caralampio, el santo consentido del pueblo. ¿Ya identificaste al personaje de la fotografía? ¡Es mi jefe! Con un grupo de alumnos universitarios participó en la Entrada de Flores. Durante años, alumnos del Colegio Mariano N. Ruiz han participado, con excepción del 2021 que, por la pandemia, se suspendió la celebración. Ahora, en las redes sociales, muchas personas compartieron fotografías del festejo de 2022. Mi amigo Fer, quien se crió en la famosa Pilita Seca, me mandó un mensaje donde dijo que sus vecinos estaban bien alegres, porque iban a participar de nuevo. Vos sabés que ahí la gente tiene mucha devoción por el santo y se reúnen meses antes para ponerse de acuerdo con la temática de la comparsa, con mucha emoción preparan sus disfraces. También, lo sabés, de por ese barrio son “los intensos”, hombres vestidos de mujeres y que dan la nota profana, que molesta a los tradicionales y alegra a la concurrencia que disfruta sus excesos. Ya lo han dicho los que saben, esta Entrada de Flores ha sufrido transformaciones con el correr de los tiempos, pero esta mezcla, este tachilgüil, es motivo de estudio de los sociólogos, porque la realidad se transforma a cada instante, las sociedades están en constante movimiento. ¡Todo se transforma! Se transforma la energía, con mayor razón la vida cotidiana. ¡Mirá cómo se transformó nuestra sociedad con la aparición del virus! En febrero de 2020 bajé al Cedro, acá en el lugar donde está mi jefe, y disfruté la Entrada de Flores, miré la algarabía de todos, la fe de las personas que acuden de rancherías cercanas llevando flores para agradecer al santo los favores recibidos y para pedir su intervención ante Dios para que bendiga sus sembradíos, sus hogares, sus cuerpos y sus almas; disfruté el entusiasmo de las comparsas con disfrazados y de los diablitos que iban saltando de un lado a otro; asimismo observé las insolencias de “los intensos”, procurando estar lejos de su camino para no ser jalado, porque a algunos compas los tumban en el piso y bailan encima de ellos. Los tumbados quedan viendo las partecitas nobles de los disfrazados, pucha. En marzo de 2020 llegaron las noticias del avance y letalidad del virus y muchos nos enclaustramos, pidiendo a Dios que esto pasara pronto, pero estamos a punto de cumplir dos años y los contagios siguen a todo lo que da. Los que saben ya explicaron que este virus no se retirará, llegó para quedarse. ¡Dios mío! En febrero de 2022, las noticias internacionales informan que hay algo como un regreso a la normalidad, aunque la pandemia continúa. Los que saben advierten que esta pandemia se convertirá en algo endémico y ya no causará los estragos que ha ocasionado en todo el mundo. Ojalá, primero Dios, se cumpla este buen deseo, es lo que pide todo el mundo. Las sociedades de todos los países ya están desgastadas, muchas personas, miles, tal vez millones, se manifiestan en contra de medidas autoritarias, pero como esta enfermedad es responsabilidad de todos, debe existir orden, porque quien no usa cubrebocas y está contagiado riega el virus por todos los lugares donde camina. Mi jefe, el maestro José Hugo Campos Guillén, participó en la Entrada de Flores del 10 de febrero de 2022. Un grupo de universitarios fue con él. Faltó el grupo de alumnos de secundaria del Colegio Mariano N. Ruiz, dirigidos por el doctor Hugo Humberto Morales (quien tiene su consultorio, precisamente, al lado de la fuente que se ve al fondo, detrás del simbólico árbol de cedro). La pandemia sigue obligando a tener restricciones. Pedimos a Dios, solicitamos a Tata Lampo, abogado contra las pestes, que soplen sus aires benditos y deshagan este bicho, claro, con ayuda de la ciencia, para que la vida retome su rostro de siempre, de antes de la pandemia, y la gente, ¡toda!, pueda salir a la calle así como se tomó la fotografía mi jefe, porque en cuanto terminó la sesión fotográfica, el cubrebocas regresó a su rostro (en la mano derecha tiene las baquetas para sonar el tambor y en la mano izquierda está el cubrebocas Kn95, que se volvió a poner para realizar el recorrido). Posdata: ¿Cómo será la vida en el 2032? Nadie puede predecirlo. Ojalá sean mejores tiempos. Cuando menos, el 10 de febrero de 2022 muchos comitecos, siguiendo las normas de sanidad, participaron en la tradicional Entrada de Flores, en honor a Tata Lampo, acá está un testimonio gráfico de ese día.

domingo, 13 de febrero de 2022

CARTA A MARIANA, DONDE SE DICE QUE YO SÍ CONOCÍ A LOLITA ALBORES (Parte 18)

Querida Mariana: seguimos con el testimonio que doña Lolita nos compartió acerca de su amistad con la gran escritora Rosario Castellanos. Al paso del tiempo, los comitecos reconocemos la grandeza de Rosario y la de doña Lolita, cronista vitalicia de Comitán. Por fortuna, doña Lolita dejó su testimonio por escrito. Los lectores de estos tiempos podemos hallar ese recuerdo, recuerdo de primera mano, porque no cualquier persona tiene cercanía con los grandes personajes de la historia mundial. Doña Lolita vivió en casa de la familia Castellanos Figueroa, en la Ciudad de México, ahí conoció detalles que fueron vedados para los demás mortales. Rosario, lo sabemos, se enamoró perdidamente de Ricardo Guerra, con quien se casó y fue el padre de su hijo Gabriel, pero ¿sólo Ricardo movió su corazoncito? En forma tan apasionada ¡sí!, pero, por supuesto, Rosario tuvo otras relaciones anteriores. En Comitán sabemos que en su etapa de adolescente fue novia de Guillermo Robles Domínguez; luego, ya en la Ciudad de México, la propia Rosario dijo que tuvo relaciones (castas y distantes) con un deportista. Por ahí debe haber algunos más. Doña Lolita nos dejó un testimonio cercano acerca de la vida sentimental de Rosario, antes, mucho antes de que viajara a España y regresara a México, donde, años después se casó con Ricardo. Leé lo que contó doña Lolita: “Decía [Rosario] que no tenía nada de malo declarar su amor a un hombre si a una mujer le gustaba, motivo por el cual doña Adriana siempre estaba con ese temor de que lo hiciera, y me comentaba que igual pensaba su hermana Elena, una mujer muy bonita que se casó con un doctor guatemalteco y que murió muy joven. Otro motivo de angustia de la mamá de Rosario, fue cuando la enamoraba Wilberto Cantón y que había escrito algo sobre las apariciones de la Virgen de Guadalupe, comentando que no era un milagro y daba sus puntos de vista sobre esto; motivo por el cual doña Adriana -profundamente católica- se escandalizó mucho y le prohibió ese noviazgo. Desde luego esto no influyó en ella para nada; no le gustó Wilberto por otros motivos y así nunca fue un noviazgo formal. Con los dos primos Fernando Castillo Nájera y Guillermo Castillo Mena sí recuerdo que tuvo noviazgos cortos y a las manos de Anselmo Castillo Mena dedicó un soneto del cual solo recuerdo esto: Blancas, aristocráticas y finas expresivas y fuertes son tus manos, hechas para mandar, como tiranos, cortar las rosas y dejar espinas”. Doña Lolita poseía una memoria sorprendente, así lo demuestra la memorización de estos cuatro versos que, sin duda, leyó Rosario y los aprendió nuestra cronista. Pero, bueno, la memoria no es infinita, a doña Lolita ya no le alcanzó para aprender los otros diez versos. Sin duda que estos cuatro versos no están publicados en libros de poesía de Rosario, sólo doña Lolita los tuvo en las manos y nos los compartió. Que no es exacto, porque, para hacer la rima, Rosario, volvió tiranos a quienes, por razón de género, les correspondía ser tiranas. Y digo eso, porque sabemos que Rosario fue feminista y doña Lolita confirma que era de pensamiento liberal. ¿Una chica está enamorada y quiere declarar su amor al chico? ¡Adelante!, decía Rosario, cuando los mayores pensaban que eso era inconcebible, las mujeres debían esperar que fueran los chicos quienes se declararan. Doña Adriana no vio con buenos ojos que Rosario estuviera con el dramaturgo Wilberto Cantón, quien nació en Yucatán y era de la misma edad de nuestra paisana, porque, como lo dice doña Lolita, él había escrito en contra de las apariciones de la Guadalupana, pero Rosario ignoró la prohibición de su mamá. Doña Lolita dice que la relación no prosperó por otros motivos. Acá sí nos falló doña Lolita, ya no contó el chisme completo. Tal vez la causa de la ruptura es lo que contó la maestra Florecita Esponda, quien dice que cuando Rosario se enfermó de tuberculosis: “…hasta el novio, que en ese entonces era Wilberto Cantón, desapareció”. Posdata: doña Lolita contribuyó a dar datos de la vida de Rosario. Su testimonio nos ayuda a recomponer la figura de la escritora.

sábado, 12 de febrero de 2022

CARTA A MARIANA, ¿CON UN CAFECITO?

Querida Mariana: ¿comés pan? ¿Cuando te ofrecen café decís: sí, pero con pan? Recuerdo a Emilio, quien era gordito en la primaria. Elías lo molestaba mucho, al saludarlo le decía: “Cuando como pan ¡sudo!”, le decía panzudo. Años después, ya cuando teníamos cuarenta y tantos años, Emilio, dueño de un gran almacén de café, se convirtió en patrón de Elías. A veces, cuando nos reuníamos a tomar una cerveza, sólo para desquitarse, Emilio le preguntaba a Elías: ¿Qué te pasa cuando comés pan? Con la cara colorada como framboyán, Elías decía: “¡Nada, nada!”, uno de nosotros, sólo por molestar, decía: ¡qué bueno, porque ahorita te pusiste a sudar!, la risa brotaba como cascada y brindábamos con la cerveza en alto, por los tiempos de la infancia. En realidad, el pan no hace sudar, el café ¡sí! El pan es un deleite que no modifica la temperatura corporal, cae directo al estómago, pero de ahí irradia al espíritu. Tal vez vos, igual que yo, igual que medio mundo, tenés al pan entre tus recuerdos más sublimes. Hay muchas personas que recuerdan el aroma del pan que hacía la abuela en el horno de casa, horno de leña. ¡Ah!, qué delicia. El cuerpecito se contagiaba del calor del pan y de todo ese universo de sensaciones que promete un buen pan. Era un momento prodigioso acercarse a la mesa y ver, en el centro, la canasta de mimbre llena de pan. Tengo presente, siempre, la imagen que nos regaló Esthercita a los niños que asistíamos a la doctrina en el templo de Santo Domingo: Jesús, en la Última Cena, tomó el pan, lo cortó con sus manos, lo repartió y dijo algo así como: comed, este es mi cuerpo. La hostia que ahora comen quienes comulgan recuerda ese instante prodigioso, donde el pan (ácimo) estuvo en primera fila. Esto indica la importancia del pan en el ritual diario, en la consagración cotidiana de la vida. El tío Efraín diría que no solo pan repartió Jesús, también compartió vino y dijo: esta es mi sangre, o algo así. Menciono al tío Efraín porque él (no te riás ni te alarmés) tomaba tequila y lo acompañaba con pan como botana. La tía, como era panadera, le preparaba su pan especial “tequilero”, que tenía la forma del pan de torta, y era salado, regado con semillas de ajonjolí. El tío, todos los días, a la una de la tarde, se sentaba en una mecedora en el corredor de la casa y bebía dos caballitos de tequila, botaneados con pedazos de ese pan suave, esponjoso y de sabor exquisito. A las dos en punto la tía avisaba que la comida estaba servida, el tío se levantaba y, aunque sólo el gato lo escuchara, decía: “Va, que venga lo que sigue, ya el buen Jesús está en mi envoltura”. ¡Pan con tequila!, ¿podés creerlo? Bueno, hay chiquitíos que les encanta tomar coca con pan, o pan con Fanta de uva. El pan, bendito alimento, se lleva con todo. Mi tía María, en la Ciudad de México, me enseñó a preparar la concha de chocolate con frijoles molidos. Ah, qué cosa más exquisita, el sabor dulce de la cubierta de chocolate hacía un maridaje fabuloso con el salado del frijol. ¿A poco no has comido las tortitas de plátano refrito con frijol molido? En muchas ocasiones, la mezcla de sabores contrastantes, provoca una sensación soberbia. Acá en Comitán sabemos que la clave de un buen pan compuesto está precisamente en ¡el pan! Los comitecos que radican en otras poblaciones añoran el sabor del pan compuesto, tienen la receta y los ingredientes, pero hacer el pan auténtico es difícil. Acá (¡bendición!) hay panaderías que se especializan en hacer el llamado pan francés, que se emplea en la elaboración del pan compuesto. El otro día me topé con un cuento donde uno de los personajes menciona el pan francés en una ciudad de Argentina y tal como lo describió se acercaba mucho al pan francés nuestro. Pero, bueno, después de muchas líneas de esta carta, te estarás preguntando por qué amanecí tan con espíritu de pan panadero, lero, lero, calzón de cuero. Ah, resulta que el otro día recibí una llamada telefónica de Marco Polo, quien me honra con su amistad y cuyas llamadas disfruto enormemente, porque él, mero comiteco, me comparte anécdotas del Comitán que tiene en la mano, él tiene una memoria prodigiosa, que se acerca a la de doña Tony Carboney o a la de mi maestro Jorge Gordillo o la del eterno joven de Comitán: maestro Temo Alcázar. Y en esta ocasión me habló, entre muchas otras cosas, de las panaderías de su infancia. Esthercita, en sus clases de doctrina, no sólo nos dijo que Jesús había repartido el pan entre sus apóstoles, también nos enseñó que ese pan se llamaba ácimo, nada que ver con las conchas de la Ciudad de México, tan abombaditas, como tortuguitas esponjadas, ¡no!, el pan que Jesús repartió era casi planito y no subía porque está hecho sin levadura; pero eso no fue todo, además nos dijo que en esos tiempos de Jesús había dos clases de pan: uno para ricos, hecho con trigo; y otro para pobres, hecho con cebada. ¿Mirás? Pucha, nunca lo imaginé. Y Marco Polo me sorprendió, siempre lo hace, porque me contó que recuerda que en el pueblo de su infancia había tres clases de pan, todos hechos de trigo, pero con diferencias sustanciales en los demás ingredientes, lo que al final se reflejaba en el precio. Acá no sólo había para pobres y ricos, también había algo que ahora llamaríamos clase media. Ese dato es genial. Marco Polo recordó dos de las panaderías de su barrio, San Sebastián, que ya no existen: la panadería de doña Vitalia y la de doña Chayito Palacios. Marco Polo iba de carrerita a comprar el pan, por la tarde, pasaba por el maravilloso parque de San Sebastián, con los árboles meciéndose al viento y llenos de pájaros; llegaba donde ahora, en una cuchilla, funciona una tortillería, y enfrente estaba una de las dos panaderías, entraba y sabía que había de tres categorías: los de dulce (que era para fifís); los mestizos (término intermedio), y los ordinarios (la clase más baja). Todos, dice Marco Polo, eran de sabor riquísimo, pero, vos sabías al llegar a una casa si había pobreza o abundancia, si te invitaban una taza de café y te servían una cazueleja simple, no tenían mucha paga, porque en casa de ricos, siempre ofrecían la llamada cazueleja compuesta. ¡Pucha! Nunca imaginé que el pan también sirviera como termómetro de riqueza material. Y digo riqueza material, porque ya miramos que uno de los hombres más ricos en espíritu, reconocido hasta nuestros días, Jesús, ofreció pan sencillo a sus apóstoles. Mariano dice que sólo faltaba que les ofreciera grandes viandas, sabiendo que por ahí lo iban a traicionar. Marco Polo me sorprende con su prodigiosa memoria. Así que hay una cazueleja simple y una cazueleja compuesta. En este maravilloso pueblo, lo mejor está ¡compuesto! El espíritu de Comitán no es simple, es ¡compuesto!, por eso los visitantes se admiran con la personalidad del pueblo y los comitecos de toda la vida reconocemos la belleza de su personalidad. Un día platicamos que en algún momento hubo escasez de azúcar, la gente hacía fila desde temprano en la tienda de don Rubén Pulido, que estaba donde ahora está la sucursal de Banamex, en el centro. Por eso, imagino el pan de dulce era el más caro. Marco Polo me confió que un señor, en intento de ser menos discriminador no usaba la palabra indio que era tan empleada antaño para referirse a las personas de comunidades rurales, él no decía indio, decía ¡este es un ordinario!, que, igual que el pan, significaba que estaba colocado en lo más bajo de la escala social. Tal vez de ahí Mario, cuando reprobó una materia en la secundaria le dijo a su mamá que él no era ordinario, por lo tanto, estudiaría para presentar un examen extraordinario. Al principio, nos platicaba que la mamá dudó, podía ser que el hijo tuviera razón, pero un minuto después le dio un jalón de orejas, porque entendió que lo ordinario, cuando menos en la escala escolar, era preferible a lo extraordinario. ¿Sabés que hay un pan que se llama regañada? Pues una buena regañada le dio su mamá a Mario. Así como hay regañadas hay rosquillas chujas. He preguntado a algunos amigos que saben mucho, pero no me han explicado el porqué de tal nombre: rosquilla chuja, lo de rosquilla sí se entiende, pero ¿lo de chuja? A mí me encanta verlas, porque están trenzadas con dos colores, un color pálido y otro más oscuro, esta mezcla la hace muy atractiva a la mirada. Es difícil hallar panes que tengan esa variedad de colores. Posdata: Marco Polo me dijo que su mamá le dejaba un salvadillo como cena. El salvadillo era considerado un pan ordinario. Su mamá enriquecía el salvadillo cortándolo por la mitad y rellenándolo con frijol machacado con chile y epazote. Ya Marco Polo le agregaba un poco de queso. Cuenta que era una cena sensacional. La mamá hacía el prodigio: convertía lo ordinario en algo extraordinario. ¡Genial! ¡Admirable!

viernes, 11 de febrero de 2022

CARTA A MARIANA, COMO GATOS FELICES

Querida Mariana: caminar entre tejas, como gatos felices, para ver el cielo. ¿Ya viste la fotografía que envío? Es una fotito que pepené del programa 201 de EntreTejas Tv, que conduce Luis Armando Suárez. En este programa tuvo como invitada a la maestra Vilma Fuentes. Vos conocés a ambos. Luis Armando Suárez nació en nuestro Comitán y Vilma en la Ciudad de México. Vilma radica, desde hace años, en París, Francia; Luis Armando anda de pata de chucho por varias ciudades, pero por ratos anda en su pueblo natal. Ambos son grandes personajes de la cultura. Vilma es novelista y una destacada periodista que escribe para La Jornada, periódico mexicano. Sus ensayos y crónicas son de gran factura. ¿Y qué decir de Luis Armando? Él es un destacado impresor, escritor y promotor cultural. Muchas personas en Comitán recuerdan que él fue el iniciador del Festival Balún Canán, papá del actual Festival Rosario Castellanos, que, cuando se oficializó, se hizo más pishcul. El 10 de febrero de 2022, Vilma escribió en La Jornada un texto con el título: “Diálogo “entre tejas” de Chiapas”, ahí compartió una mínima muestra de las sensaciones que le provocó el diálogo con Luis Armando. Digo una mínima muestra porque el espacio periodístico es breve, como breve se hizo el diálogo que sostuvieron. Si tenés oportunidad sugiero que le des una vueltita al programa, está disponible en Youtube, lo disfrutarás. Mirá qué dijo Vilma de su diálogo con Luis Armando: “charla amigable, sin cortapisas, abierta, como si nos conociéramos de años atrás”. ¡Ah, genial! He leído algunos textos de Vilma, jamás la había escuchado en una plática. Por eso digo que estos programas realizados en forma virtual son de un valor estimable, porque, como dice Vilma, uno, como espectador, disfruta esas charlas amigables (no siempre se da). El mérito de Luis Armando queda de manifiesto en la opinión de la famosa escritora, cuando la plática se da entre dos personas inteligentes el río de la palabra fluye bien bonito. Vilma resaltó que Luis Armando la invitó a asomarse a una ventana lejos de las preguntas de siempre. Por ejemplo, le preguntó cómo elige el tema para escribir desde París para México y esto fue complementado con la pregunta de cómo perciben a México los franceses. Vilma, en un tono bien afectuoso, sin poses, dijo que en París saben que López Obrador es el presidente, que conocen a Marcos (el Sub), pero, dejó traslucir, que en Francia les interesa más lo europeo y de América, por supuesto, los Estados Unidos de Norteamérica. Ah, pero eso sí, en cuestión cultural sí reconocen a los grandes pintores mexicanos (mencionó a Diego Rivera y a Toledo) y a los grandes escritores (por ahí asomó Carlos Fuentes y Taibo. ¿Taibo? Sí). Un diálogo muy disfrutable. Luis Armando realiza una labor de relevancia. ¿Ya viste qué número de programa lleva en el EntreTejas Tv? Doscientos uno. Los doscientos anteriores han sido programas de gran interés. Claro, el corazón manda, acá estuvo el ingrediente de que platicó con Vilma, quien radica en París, pues, París bien vale una misa y un programa, aunque haya sido breve, se antojaba para más. Qué bendición esto de la virtualidad. Luis Armando en algún “lugar de la selva de asfalto de México” dialogó con Vilma, en su casa de París. Ellos, como si estuvieran en la sala de casa platicaron sabroso y nosotros, desde otro lugar, tenemos la oportunidad de acercarnos y husmear como gatos en los tejados, caminando entre tejas, viendo la luna, apreciando los árboles del pensamiento, el vuelo de los pájaros que en los picos llevan alimento espiritual para los críos. Posdata: la amable sugerencia es que le entrés al programa y al artículo periodístico. ¡No podemos quejarnos! Todo está al alcance de nuestra mano, basta entrar a la computadora y hurgar en los archivos de La Jornada o en los archivos de EntreTejas Tv y la vida se despliega como un inmenso e infinito pergamino.

jueves, 10 de febrero de 2022

CARTA A MARIANA, CON HILOS DE IDENTIDAD

Querida Mariana: conozco muchas personas que aman a Comitán; muchas nacieron acá, otras llegaron y, al enamorarse del pueblo, se quedaron a vivir, se hicieron comitecos. Todas estas personas tienen testimonios que ayudan a conformar el libro de nuestra historia, de nuestra identidad. Mi amigo, el doctor José Ramón Domínguez siempre dice que si no sabés de dónde venís no sabés hacia dónde vas. No se trata de un viaje físico, sino espiritual. Tiene razón, he conocido a algunas personas que hacen autostop, con el dedo gordo apuntando hacia adelante, y a la hora que el conductor se detiene y les pregunta adónde van, ellas responden que al lugar donde vayan ellos. El otro día, en redes sociales, hallé esta etiqueta, donde “Memorias Colectivas de Barrios” celebraba su segundo aniversario. Digo que los comitecos que aman el pueblo son personas que tienen testimonios que ayudan a conformar la historia de Comitán, comparten anécdotas, recuerdos, fragmentos de cielos y de terrones. Pero, alguien debe dar forma a esos fragmentos, darles orden. El grupo de “Memorias Colectivas de Barrios” se ha dado a la tarea de recopilar información y la han organizado. Ellos explican mejor su objetivo. El día que celebraron su segundo aniversario escribieron lo siguiente: “Documentar las historias que surgen en los barrios de Comitán ha sido un proceso que deriva de la investigación científica y de la información existente en fuentes documentales. Recurrimos al uso de los medios audiovisuales y digitales, porque sin ella no habría investigación documentada y la información recopilada permanecería registrada como memoria oral a diferencia de la historia documentada. “Para que lo anterior no suceda, Memorias Colectivas de Barrios surge como una fuente de información, en la que recopila fotografías, documentos y testimonios que nos ha permitido ser un referente en cuanto a la documentación cotidiana de los barrios de Comitán de Domínguez. “¡Muchas gracias por seguirnos! “6 de febrero de 2022”. ¡Es cierto! Realizan un trabajo bien documentado, una labor que ayuda mucho a completar el rompecabezas comiteco. Por ejemplo, hace dos o tres días invitaron a los usuarios del Facebook a revisar una carpeta especial donde hay documentos que recopilaron en el Archivo Histórico Diocesano, acerca de la imagen de San Caralampio. ¡Labor genial! Entre todos hacemos identidad. Muchas personas de estos tiempos aportan su trabajo en pro de una mejor sociedad; muchas otras comparten testimonios de glorias pasadas, y otras documentan esos testimonios. Memorias Colectivas de Barrios lleva dos años armando, con método, la identidad de esa célula fundamental de la ciudad: el barrio. Los seres humanos de buena fe aportan huellas de los pasos de nuestros mayores, de quienes le dieron forma a este maravilloso pueblo, ellos nos ayudan a reconocernos, a identificar, como dice José Ramón: de dónde venimos; esto, para saber hacia dónde vamos. En la medida que identifiquemos las raíces de nuestra enormísima ceiba podremos construir un mejor porvenir. Quien se siente orgulloso de su pasado formula un brillante futuro. Pero ¿en dónde rescatamos la memoria de las raíces? En los testimonios de los mayores, en los documentos de archivo. Memorias Colectivas de Barrios es buen aliado en esta misión, misión prodigiosa. Posdata: Por ahí veo que aparecen los nombres de Gustavo Solís y de Hugo Nandayapa (excelente fotógrafo) como responsables de este grupo que pepena la tradición y la vida cotidiana de este pueblo, ahí se mezclan los tiempos, los pasados y los presentes, todo para formular un mejor porvenir. ¡Que la vida dé más!