jueves, 31 de marzo de 2022

CARTA A MARIANA, CON CASAS QUE NO EXISTEN

Querida Mariana: somos las casas que habitamos. La vida y obra de Rosario Castellanos se vio tocada por las casas donde vivió. En nuestro pueblo están identificadas dos casas donde Rosario vivió de niña y de adolescente. La primera casa es donde ahora está el restaurante ‘Ta bonitío; la segunda está frente a la entrada del Pasaje Morales. Ambas casas tienen unas placas que dan testimonio de ello. ¿Y luego? Cuando Rosario fue a radicar a la Ciudad de México, lugar de su nacimiento, vivió en un departamento en la colonia Roma (Bonifaz dice que fue en la calle Bajío, en la colonia Roma Sur). Ella nació en una casa ya demolida, en la calle Insurgentes. Tal vez el edificio de la calle Bajío sigue intacto, más deteriorado, pero todavía de pie. La que ya no está de pie fue la casa que compró el ingeniero César Castellanos, en la Ciudad de México, una casa con un entorno maravilloso, porque estaba frente al Bosque de Chapultepec. En su pueblo, por fortuna, en las dos casas donde vivió Rosario hay placas que la recuerdan. En la Ciudad de México ¡no! Si está de pie el edificio de la Roma Sur no tiene una placa que diga: “Acá vivió la excelsa escritora comiteca”. Y en la casa que fue propiedad de la familia, donde ella vivió y donde creció su hijo ¡tampoco!, porque ya no existe. Fue demolida, igual que la casa donde nació. ¡Claro! La gloria de su nombre está garantizada, porque ella está enterrada en la Rotonda de las Personas Ilustres (a pocas cuadras de donde fue su casa en vida), y escuelas, calles, plazas y bibliotecas llevan su nombre. Además, cada vez que uno de sus lectores abre uno de sus libros su nombre ¡resplandece! En este momento, vos y yo la nombramos y es como prender incienso en memoria de ella, porque la recordamos. Acá no hablamos de su obra ni aventamos teorías literarias, ¡no!, nuestra plática es modesta, sencilla, sólo advertimos que ella, como todos, estuvo marcada por las casas que habitó. Es una lástima que ya no exista la casa frente al Bosque de Chapultepec. Esa casa era como extensión del bosque, lugar donde se posó el ave Castellanos. Esa casa era un testimonio vivo de la vida de Rosario. Esa fue su casa durante muchos años, los de cuando fue estudiante de la UNAM, de cuando se casó, de cuando nació su hijo. Ahí vivió hasta que recibió el nombramiento de Embajadora de México en Israel. Sin duda, fue la casa donde mayor tiempo vivió. Existen fotografías donde Rosario camina por una terraza, se acoda en un murete y mira el bosque de Chapultepec. ¿Imaginás ese privilegio? Pocos. Bueno, ahora muchos más tienen ese privilegio, porque, parece, donde fue la casa de Rosario ahora hay un edificio. En ese edificio muchas personas ven, desde los ventanales, el bosque que se abre ante su mirada. Ah, qué bendición. ¿Existe una placa en ese lugar que dé testimonio que Rosario vivió ahí? No. Al derruir la casa también se eliminó la constancia de ello. Por la trascendencia del personaje, ahí debería colocarse una placa que dijera que ahí vivió la gran escritora Rosario Castellanos, para que cuando pasen los peatones la rememoren, para que pueda servir de tema de conversación: ¿No es la que escribió el poema que está en Tlatelolco, por lo de la masacre del 68? ¡Sí! Es ella, la que escribió la novela “Balún Canán”. ¡Sí! Mi abuelo me cuenta que ella escribía en el periódico Excélsior, él leía sus artículos. Sí, siempre es así, cuando un peatón se topa con una placa, se prende una lucecita, una lucecita que (nunca se sabe) puede ser sólo la chispa de un instante o un camino que abra otras ventanas. En el lugar de la masacre existe una estela que tiene un fragmento del poema “Memorial de Tlatelolco”, cuya autora es Rosario Castellanos. Las palabras que escribió Rosario son como una veladora permanente para los caídos y una reflexión constante acerca de los abusos del poder. Sus palabras fueron elegidas para perpetuar ese tiempo de horror. Digo que es una pena que derruyeran la casa donde vivió. Ese acto fue como talar un espléndido árbol del bosque. ¿A nadie se le ocurrió que esa casa podría ser como una casa museo, un lugar de lectura, de creación? ¿A nadie se le ocurrió que ese lugar donde ella dio a luz tantas obras literarias podría ser un lugar donde se honrara su memoria, se honrara el fuego del arte? Posdata: la casa estuvo en Constituyentes número 171. Si uno entra al Google Maps (genial herramienta tecnológica) puede hacer un viaje en el tiempo. En ese lugar puede verse una imagen de 2008, se aprecia la casa que ahí había; hasta 2017 se conservaba esa casa. En noviembre de 2018 ¡ya no está! Sólo se advierte una barda que impide ver las obras en construcción que se realizan en ese espacio. La imagen que se ve en 2008 ¿corresponde a lo que fue la casa de Rosario Castellanos? No lo sé. Quienes conocieron la casa de la escritora pueden decir con certeza. El 30 de marzo de 2022 falleció alguien que estuvo muchas veces en esa casa: la poeta Dolores Castro, amiga íntima de Rosario; otra Lolita también conoció esa casa, ahí vivió un tiempo: Dolores Albores, nuestra paisana.

miércoles, 30 de marzo de 2022

CARTA A MARIANA, ENTRE LA LUZ Y LA OSCURIDAD

Querida Mariana: bien dicen que a toda capilla le llega su fiestecita. En 2020, la UNESCO nombró a Guadalajara, México, como Capital Mundial del Libro 2022. Hace algunos días anunciaron la programación del festejo: se realizarán más de mil eventos, relacionados con el nombramiento. Si vos estuvieras a cargo de la organización: ¿qué actos te gustaría incluir en la programación? ¿Ya miraste de lo que se trata el nombramiento? Pucha, es algo monumental: ¡Capital Mundial del Libro! No sé cuáles fueron los criterios para el nombramiento, pero, sin duda, que un buen argumento fue que en Guadalajara se celebra la Feria Internacional del Libro, la famosa FIL, que está catalogada como la feria más célebre de Hispanoamérica. Sé que vos te emocionás con tal mención, porque sos una gran lectora y porque has estado en dos o tres ocasiones en esa gentil ciudad para los talleres cinematográficos que has cursado. No hay ni para qué discutir con qué se celebra esta distinción: con un libro en la mano, por supuesto, y con un caballito de tequila (el mariachi ya es el mojol de lujo). La famosa canción dice que Guadalajara tiene el alma de provinciana, que huele a limpio, a rosa temprana. Pues ni tan provinciana, ahora, Guadalajara es una de las metrópolis de la república mexicana, pero como me has contado, sigue oliendo a limpio, a rosa temprana. Esta canción es tan célebre que el famoso Elvis Presley la cantó con acompañamiento de mariachi. Lo de rosa temprana, sonó en voz de Elvis así: rrrosa temprrrana. ¡Ah, genial! Por ahí, sin duda, habrá algunos actos virtuales y todo mundo los podrá disfrutar desde su casa. Pero, ah, nunca falta, cuando uno está acostado en el césped admirando un cielo azulísimo, de pronto aparece una nube negra. Hay que pararse, guardar el mantel y la canasta, porque puede llover. Que no se olviden los libros. El agua es enemigo acérrimo de los libros impresos. ¡A guardarlos en bolsas de plástico, a colocarles su impermeable, a resguardar el personaje principal de este nombramiento sensacional! Apareció la nube negra en medio de esta noticia fantástica. Mientras Guadalajara celebrará al libro por todo lo alto, con merecida justicia, el periódico La Jornada, del 26 de marzo de 2022, anunció que en “la década 2010 a 2019, los cien libros que han sido sujetos a más intentos de censura incluyen (…) “Lolita”, de Vladimir Nabokok; “La casa de los espíritus”, de Isabel Allende…” ¿Censura en pleno siglo XXI? ¡Censura! ¿En dónde? En el país que se vanagloria de ser la nación más democrática del mundo: Estados Unidos de Norteamérica. Hay un grupo poderoso, de conservadores (ahora sí bien aplicado el término) que, con el pretexto de defender la decencia de la nación, empujan una campaña de censura para libros que consideran afectan la moral de su sociedad. Bibliotecarios y maestros formaron un grupo de defensa para detener esta campaña nefanda, que parecería imposible en pleno siglo XXI. ¿Quiénes se abrogan el derecho de censurar la libertad de los lectores? Grupos de conservadores, de falsos moralistas. Cuando leí esta noticia infame recordé un ensayo escrito por nuestra paisana Rosario Castellanos en el periódico Excélsior (20 de febrero de 1965), donde sale en defensa del libro “Los hijos de Sánchez”, de Oscar Lewis, que fue duramente criticado por el secretario general de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, Luis Cataño Morlet. Cataño dijo que el libro de Lewis lesionaba “el decoro de México”. Bueno, algo similar dijeron de la película de Buñuel: “Los olvidados”. ¿Cuáles fueron los pecados de Buñuel y de Lewis? Ponernos ante la mirada un rostro del país, un rostro al que nadie quería ver, porque era el México dramático, miserable. Hubo intentos de censura, a los cuales se opuso Rosario Castellanos. Ahora, un grupo de bibliotecarios y maestros de Estados Unidos de Norteamérica defienden el derecho de elección y aborrecen los intentos de censura. Cualquiera pensaría que a estas alturas del siglo XXI nadie puede censurar la lectura de “La casa de los espíritus”, de Isabel Allende. Y sin embargo… Pero, estos intentos de censura han existido desde siempre. Hace diez años, el libro de Carlos Fuentes fue censurado por Carlos Abascal, un conservador, que laboraba en el gabinete de Vicente Fox. Por fortuna, este intento de censura no fructificó; al contrario, el libro de Fuentes se leyó más. Posdata: celebremos la reacción valiente de los bibliotecarios y maestros de Estados Unidos de Norteamérica por levantarse en contra de la censura; celebremos que la ciudad de Guadalajara conmemorará al libro durante todos estos meses de 2022. La vida está bellamente plasmada en los libros. Nadie puede asumirse juez para decir qué leer y qué no. Cada lector debe tomar los caminos que prefiera, caerse en baches, descubrir hallazgos luminosos. La experiencia del viaje es personal y todo mundo tiene derecho a viajar como quiera, donde quiera, a la hora que quiera, con quien quiera.

martes, 29 de marzo de 2022

CARTA A MARIANA, DONDE SE CUENTA QUE CON UN LIBRO ¡SÍ LA LIBRO!

Querida Mariana: vos conocés a Santiago, él es un gran lector. Siempre que nos encontramos (bueno, antes de la pandemia) me abraza y dice, en tono afectuoso, con juego de palabras: “¿Con cuántos libros la libras?” Mi respuesta es siempre la misma: ¿Cuántas libras de libros querés? Es un jueguito sencillo, pero a mí me encanta, porque alude al libro y a la exquisita posibilidad del vuelo de la palabra. ¿Con cuántos libros la libro? ¿Qué libro? ¿La vida? ¿El machacoso tedio? Sé que para librarla necesito libras y libras infinitas de libros. No alcanzan todas las bibliotecas del mundo, aun cuando esto suene pedante e irrisorio, porque nadie en la vida llega a leer todos los libros que deseara, la vida no alcanza, el tiempo es limitado, las bibliotecas son infinitas. A ver, vos ¿cuántos libros has leído en tu joven vida? A veces, por ahí, asoma un amigo que pregunta cuántos libros he leído. ¿Qué responder? No conozco a un lector que lleve un registro preciso, exacto, del número de libros leídos en el curso de la vida. ¡Imposible! Hay muchos lectores profesionales que alcanzan a leer uno o dos libros al día. Sí. Se antoja imposible, pero hay lectores que hacen posible ese prodigio. Hablamos entonces de lectores que alcanzan a leer más de quinientos libros en el año. ¡Buen número! Los lectores profesionales siempre fueron voraces lectores en su infancia. Sus papás y demás familiares siempre les obsequiaban libros. Puedo equivocarme, pero nunca he sabido de un niño que haya leído quinientos libros en un año. ¡No! Todos los lectores se acercaron a la magia de la literatura a través de las lecturas que hacían sus mamás, al amparo de una lámpara de buró, a la hora que se acostaban en la cama. Hagamos un juego de imaginación: imaginemos al lector profesional que tiene ochenta años. Si hacemos caso al supuesto de quinientos libros leídos en un año y, exagerando, decimos que comenzó a leer a ese ritmo cuando tenía diez años, tenemos setenta gloriosos años de genial lectura. Setenta por quinientos da: 35 mil libros. ¡Treinta y cinco mil libros durante toda una vida! El otro día entré a bobear al Internet y hallé una relación de títulos publicados durante un año en diversos países del mundo. Busqué España porque es uno de los referentes editoriales de Hispanoamérica. ¿Sabés cuántos títulos nuevos publicó España en 2011? 44,000, ¿cuarenta y cuatro mil? ¡Pucha! En un año, este país publicó más nuevos libros del total de libros que un lector profesional puede leer en su vida. Santiago pregunta que con cuántos libros la libro. ¿Qué digo? Digo que con muchas libras de libros, ¡muchas! ¿Cuántas? Las más posibles, reconociendo que todo es insuficiente. Acá sí entra ese tema de que la oferta supera a la demanda, no porque la demanda sea poca, sino que esta demanda entra en el terreno de la imposibilidad. ¿Sabés cuántos libros hay en la Biblioteca Universitaria Capilla Alfonsina, de la Universidad de Nuevo León? Su página dice que tiene más de 137 mil títulos. ¡Pucha! Este recinto honra a don Alfonso Reyes, que, dicen sus biógrafos, fue un voraz lector desde niño, voraz e inteligente, inteligentísimo. Es decir, basta entrar a la Capilla Alfonsina para saciar la sed del lector profesional. Al término de su vida le habrán quedado más o menos cien mil libros pendientes, más los miles que se acumulen en el trayecto de los años. ¿Con cuántos libros la libramos? Con los libros que alcanzamos, los que están al alcance de la mano. Rosaura dice que apuesta mil millones de dólares a que todos los lectores del mundo tienen libros en sus bibliotecas personales que jamás han leído. ¿Ganaría? No lo sé. Lo que pienso es que ella no tiene la cantidad que respalde su apuesta. Pienso que alguien puede tener una biblioteca modesta, digamos de cien títulos. ¿Tiene libros sin leer? ¡No apostaría! Pienso que Rosaura se refiere a esos personajes que tienen bibliotecas con miles y miles de ejemplares. Posdata: ¿cuántos libros has leído en tu vida? Vos sos una gran lectora, desde siempre, pero no alcanzás a leer uno o dos libros al día. ¡No! Nuestras cuotas son más modestas; es decir, leemos menos de quinientos títulos al año. ¡No! No alcanza la vida para leer todo lo que uno quiera, para viajar a mil países, para beber doscientos mil cielos. La vida no alcanza. La vida es infinita pero nuestro tiempo es limitado.

lunes, 28 de marzo de 2022

CARTA A MARIANA, CON PALABRAS MARVEYINAS

Querida Mariana: la poeta Marvey Altuzar colgó tres palabras en el árbol, son tres frutos: latir, de, fuego. Las tres son esenciales para formar la frase: Latir de fuego, que es el título de su más reciente libro de poesía. Marvey realiza una gira. Ella, llega a diversos espacios, abre las manos y riega palabras. Es constructora, como si colocara ladrillos, planta palabras, una detrás de otra, encaramadas. Al final, los edificios espirituales se levantan como las famosas torres que hay en Francia o en Dubai, resisten todos los temblores de tierra, los temblores del cuerpo y del alma. En la gira de presentación de su libro llegó a Comitán. ¡No podía esperarse menos! La lealtad obliga. Los poetas comitecos que radican en otras ciudades tienen el compromiso moral de llegar una mañana al terruño para decir: ¡acá están mis palabras! Las palabras de Marvey son las que usamos todos los hispanohablantes, pero la forma como las acomoda (que es la gracia del poeta) las convierte en palabras con estilo: palabras Marveyinas. Y dirás, ¿cómo es ese edificio espiritual? En un Platicatorio que tuve con Marvey, las personas que nos acompañaron en forma virtual escucharon uno de sus poemas, uno dedicado a su hijo. ¿Cómo lo ves si robo un poema de su libro más reciente y lo comparto con vos, para que mirés la forma delicada en que acomodó las palabras para traer a su memoria la imagen de su abuelo, don Antonio Figueroa (abuelo materno)? ¿Lo ves bien? Digo que, como si estuviéramos en la presentación, nos acerquemos a la mesa donde venden el libro, lo abramos, leamos el poema en voz alta, compremos el libro y caminemos hacia donde está la mesa de bocadillos y el vino de honor. Va copia: ABUELO Tenías tantos años como tu finca, tantos sueños cumplidos como bultos en la troje. Tu cuerpo de rama erguida habló de tu juventud de ciervo de tu andar de aire entre azucenas y maizales. En el verde más oculto de tus ojos encontré lirios, tenue lluvia, que aún se derraman a mi paso. ¡En tu pecho anidaban palomas que zureaban amaneceres! Cazador de negras trenzas, tu semilla germinó tierra entre tierra bajo los mismos soles de tu gallardía pródiga. En los surcos de mi huerto, corre, abuelo, el barro de tu sangre. Posdata: Ahí está el poema, las palabras enhebradas. Los lectores de poesía también hacemos barquitos de papel en esos ríos de palabras, sólo para saludarlos, para abrazarlos. En el Platicatorio, Marvey me contó que de niña le encantaba meter los pies en un arroyito del rancho donde creció, movía las patías para sentir el abrazo del agua. Hoy, ella, sigue con los pies enredados en las cintas del agua, pero ahora abre los brazos para colgar palabras en su árbol, los frutos más recientes son: latir, de, fuego. ¿Te latió el poema?

domingo, 27 de marzo de 2022

CARTA A MARIANA, CON PRODIGIOS DE LA NATURALEZA

Querida Mariana: Pau dijo: ¡mirá, tío, un condominio! Caminábamos por este sendero con árboles a ambos lados. Si ella no lo hubiera dicho, habría pasado de noche. Nos detuvimos y vi lo que mi sobrina señalaba. ¡Sí, un condominio! Huecos circulares casi perfectos. Mi prima tuvo que explicarme para que me cayera el veinte. Dijo que eso lo había hecho un pájaro carpintero. Qué prodigio. Mientras estuvimos frente a este árbol una serie de preguntas asomó. Querida mía, ¿vos has estado frente a un condominio de esta naturaleza? ¿Cuál es el objetivo que persigue el pájaro carpintero al hacer estas maravillas? ¿Vive ahí? ¿Es como una casa de campaña en la campiña? No sé, nunca había estado frente a un árbol con este trabajo. Buscamos con cuidado y hallamos que ninguno de los otros árboles tenía estos huecos. Sólo este árbol fue el elegido. ¿Por qué? Un campesino que caminaba por ahí dijo que este árbol es una casuarina y que los demás son tulipanes de la india. Ya no preguntamos más, porque iba apurado a su parcela. Bueno. La rugosidad se ve diferente y no sólo eso, sino la forma. Los otros árboles tienen más ramas cerca de la base, en cambio éste ¡no! Éste tiene una semejanza con la torre de Dubai. ¡Es broma! Digo que nunca había visto algo así. En una ocasión sí vi a un pájaro carpintero, con su cabecita roja, pero no estaba haciendo su oficio. Ya andaba en su hora de descanso, andaba parado en una rama. No me preguntés qué clase de árbol. Únicamente en caricaturas he visto a un carpintero haciendo su oficio. Detenido sobre el árbol, picoteando sobre el tronco. Sé que la caricatura permite evadir las leyes físicas. Recordá al coyote del correcaminos, siempre le va mal, cae desde grandes alturas, queda como chicle en el piso, pero un segundo después ya está parado de nuevo, sin mayores inconvenientes. Pero, parece, que los pájaros carpinteros reales vencen la ley de la gravedad sin mayor problema, porque, cómo explicás, que el pájaro que hizo esta maravilla arquitectónica se detuvo en el tronco sin más apoyo que sus patitas. Nada de andamios para ponerse frente al tronco y comenzar a darle con el pico una y otra vez y otra. ¡Nada de apoyos! Entiendo que el pájaro llegó volando, puso sus manitas sobre el tronco y con sus delicadas y frágiles patitas se sostuvo e hizo su labor. ¡Cómo es posible! Las patitas son como popotes con respecto a su cuerpo. Cuando era niño creía que el pájaro carpintero era una especie de colibrí, que mientras hacía los huecos batía sus alas para sostenerse en el aire. ¡No! El pájaro carpintero se sostiene con sus patitas en una superficie completamente vertical. Si esto no es prodigio, no sé qué sí puede serlo. ¿Vos has visto otro pájaro que se detenga así en un árbol? Yo, me conocés, soy de poco salir, nunca he estado mucho tiempo en contacto con la naturaleza, por eso todo me sorprende y me maravillo. He visto pajaritos posados en árboles, pero los veo bien sentados en sus nidos, construidos en forma horizontal, los he visto posados en ramas horizontales, pero jamás he visto un pájaro que haga lo que hace el carpintero: sostenerse sobre una superficie vertical, y no sólo sostenerse, sino, además, hacer un trabajo fino y difícil. Cuando llegué a casa busqué en el Internet: la madera de casuarina es “muy dura, pesada y excepcionalmente fuerte”. Pucha, más piedritas para el costal de mi asombro. Si esto es cierto, el pico del carpintero debe ser más duro, más pesado y más fuerte, porque sólo así se explica pueda realizar su oficio sorprendente. ¿Y la madera del tulipán de la india? Busqué: “en África se usa para elaborar tambores, mientras que en África Occidental es utilizada para tallar”. Entendí, los otros árboles no son empleados para viviendas, son apreciados en el arte: para la música y para las tallas escultóricas. Así que no es casualidad que la casuarina sea la elegida. Cuando leí lo de la dureza pensé en la vocación indeclinable de este pájaro. Pensé en esas representaciones teatrales que se acostumbran en la primavera. Por favor, nada de disfrazarse de casuarina. Imaginá que vos estás disfrazada de casuarina, mientras un pájaro carpintero se para en tu pecho y comienza a abrir un agujero. ¡No, Dios libre! Posdata: el Internet dijo que los pájaros carpinteros hacen estos huecos para guardar sus alimentos. ¿Mi sobrina no tuvo razón? ¿Este árbol no es un vecindario sino una bodega vertical? Mario dice que sí, que son los lugares donde hacen sus nidos. ¿Quién tiene razón?

sábado, 26 de marzo de 2022

CARTA A MARIANA, CON UN VIAJE ETERNO

Querida Mariana: falleció doña María Antonieta Alvarado de Utrilla. La pandemia ha sido una época aciaga. A todos los fallecimientos por contagio del virus se han sumado muchas otras muertes por causas diversas. Si la pandemia no estuviera, los fallecimientos normales habrían sido recibidos con pesar, pero con acompañamiento a los amigos y familiares. La pandemia ha hecho más nebuloso el camino. Como si fuera un cuento de terror, en el bosque no sólo hay árboles, también hay espíritus malignos; están detrás de los árboles esperando saltar al paso de los peatones. Murió doña María Antonieta y muchas personas, que en otro tiempo lo hubieran hecho, no pudieron acompañar a su familia en forma presencial, no colocaron un ramo de flores ante su féretro, no se persignaron ante el altar erigido en su memoria. Esto nos tocó vivir: tiempos aciagos. Esto le tocó vivir a doña María Antonieta. Ella, que fue una gran viajera, vivió en medio de la burbuja incierta de la pandemia. Su mirada también vio la vida un poco a distancia. Así, a distancia se inscribe su recuerdo, la memoria de sus actos. En la mañana del lunes 21 de marzo entré al Facebook y hallé la noticia lamentable de su fallecimiento: su nieta Lupita, destacada soprano, compartió su pesar. Tiempos difíciles. Para pasar el trago amargo que tenía en la garganta, tomé un sorbo del té de limón que acostumbro tomar en la madrugada. Recordé, entonces, una fotografía que compartió la escritora Clarita del Carmen Guillén donde aparece doña María Antonieta. Es la fotografía del recuerdo de los escritores asistentes al IV Encuentro Nacional de Escritoras “Rosario Castellanos”, que se celebró en abril de 1995, en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. La fotografía es un testimonio valioso del quehacer literario por parte de las escritoras chiapanecas. Es difícil un registro puntual, pero en la fotografía hay más de treinta escritoras, una de ellas es nuestra paisana. En Encuentros Nacionales posteriores hay más presencia comiteca, pero en esta fotografía de 1995, sólo están doña María Antonieta, Marvey Altuzar y Clarita. En años posteriores participaron María del Rosario Bonifaz, Lolita Albores, Marvey Altuzar, Leticia Román de Becerril, Lupita Alfonzo, Clarita Guillén y doña María Antonieta (en Comitán, de cariño le decimos doña Toñita). En la fotografía de 1995 está en la fila de atrás, tiene un peinado alto, elegante, característica de su personalidad. En la fila de adelante, justo delante de ella, está la poeta Dolores Castro, la gran amiga de Rosario Castellanos. Estos Encuentros Nacionales los coordinaba la poeta Socorro Trejo, Premio Chiapas, cuando laboraba en el Instituto Chiapaneco de Cultura, que dirigía el doctor Andrés Fábregas Puig. Esto que menciono es confirmación de la estima que provocó doña María Antonieta a nivel estatal. En abril de 1995, ella, Marvey y Clarita fueron embajadoras y representantes de Comitán en este encuentro de escritoras. El escritor Hernán Becerra, Premio Nacional de Periodismo, honró a doña María Antonieta al entregarle la Medalla Gloria Pino Ochoa, en 2016. Hernán Becerra fue más allá, en nombre de su Fundación instituyó la Medalla María Antonieta Alvarado Coello, presea que honra el nombre de la escritora recientemente fallecida y que en el año 2019 se entregó a la doctora Patricia Ramos Kelly (quien fue presidente de la Asociación Política Rafael Buelna Tenorio, de Sinaloa); a Lourdes Valdés Galán (fue presidente de la Confederación del Autotransporte de La Mujer); y a Alejandro Utrilla Alvarado (hijo de la reconocida y quien también, igual que su mamá, es escritor). El primer libro que leí de doña María Antonieta fue “Por los caminos de Europa”, donde caminé con ella y su esposo por calles de París. A doña Toñita le encantaba viajar. En cada viaje llevaba una bitácora y al regresar a Comitán daba forma a esas experiencias y las compartía con amigos y lectores. Doña Lety y doña Toñita coincidieron en sus nombres de escritoras, ambas emplearon los nombres de casadas, reconociendo los apellidos de sus esposos. Una firmó como Leticia Román de Becerril y la otra como María Antonieta Alvarado de Utrilla. Doña Toñita, en su libro “Viaje a Tierra Santa”, en un párrafo de la introducción dice: “Hoy, llena de nostalgia, describo este viaje que realicé en compañía de mi esposo, doctor Jorge Enrique Utrilla, con quien estuve casada durante sesenta años, quien siempre me apoyó desde el principio en mis inclinaciones literarias”. Hay un reconocimiento tácito de tres circunstancias esenciales en la vida de doña Toñita: la primera: su indeclinable vocación por el viaje; la segunda: su inclinación a plasmar por escrito sus testimonios vivenciales, con el agregado de la imaginación; y la tercera: el apoyo de su esposo para canalizar el deseo de compartir con los demás, a través de libros. El segundo libro que tuve en mis manos fue el libro “Cuentos de la abuelita”, que le editó el gobierno del estado de Chiapas. Ahí hubo una feliz conjunción: los cuentos de doña Toñita y las ilustraciones de Raúl Espinosa Mijangos, quien, actualmente, está reconocido como el caricaturista de Comitán. Un libro dirigido a la niñez. Luego me di a la tarea de conseguir el libro “De Chiapas al Oriente”, si ya doña Toñita me había llevado a Europa de la mano, tuve ganas de que me llevara al Oriente. Es el privilegio que tenemos los lectores, sin hacer filas en los aeropuertos o cargar maletas en los amplísimos corredores, tenemos la posibilidad de caminar otras ciudades, aspirar aromas exóticos y maravillarnos ante culturas lejanas, tan lejanas como las que se alzan en el Oriente. Conseguí el libro y, de nuevo, la autora me llevó a conocer ciudades de culturas milenarias. ¿Algo más? Sí, en diciembre de 2019 asistí a la Casa Museo Dr. Belisario Domínguez para la presentación del libro “Viaje a Tierra Santa”, en ese momento leía una novela de Orhan Pamuk, Premio Nobel de Literatura, autor nacido en Turquía, tierra donde viajó la autora. De nuevo, doña María Antonieta me llevó a pasear. ¿Mirás todo lo que le debo a doña Toñita? Sé lo que implica realizar un viaje a Europa, otro al Oriente, uno más a Tierra Santa; sé el dinero que ella invirtió en dichos viajes, para darse el gusto de la vida, de su vida. Como soy escritor también sé que ella invirtió tiempo, mucho tiempo, en hacer apuntes del viaje, para luego volver libros esos apuntes y entregarlos generosamente a los lectores. Porque sé que ella, igual que doña Lety, no publicó libros para hacer dinero, ¡no!, ella invirtió paga para compartir sus vivencias con amigos y con sus lectores, amigos después de todo. Doña María Antonieta, así lo confesó, tuvo “inclinaciones literarias”; es decir, su vocación le exigía pasar a palabras las imágenes pepenadas en sus viajes; pasar al papel todas las sensaciones, todas las miradas asombradas. Su bagaje cultural le permitió tener una mirada disciplinada y a la vez virgen. Los mejores turistas son aquellos que poseen un archivo de imágenes entrañables, quienes se han apropiado de elementos de su cultura y de la cultura general y hacen una fusión exquisita, jamás advertida. Cuando estas personas viajan lo hacen con la convicción de que cada línea de luz ilumina un caleidoscopio para diversión de niños y grandes. Doña María Antonieta, generosa, no se quedó con ninguna nube en su maleta de viaje, con todas las nubes formó un cielo propio y lo compartió con nosotros, a través de la lluvia de la palabra. Doña Toñita, qué genialidad, halló muchas coincidencias culturales en sus viajes. En lugares distantes encontró huellas del genio humano que unían a las personas de culturas tan opuestas. Posdata: doña María Antonieta falleció. La despedida la hacemos desde el andén. Sabemos que ahora no podrá darnos el recuento de este viaje, porque es el fatídico viaje sin retorno. A sus familiares les deja un legado de orgullo, a sus lectores amigos nos deja su obra que repartió en forma generosa. Si me lo permitís, querida mía, envío un abrazo respetuoso a todos sus familiares. Abrazo con respeto a Lupita, su hija, porque un día la vi y escuché en el patio de la primaria cuando, en un acto cívico, cantó esa de “la patita, de canasta y con rebozo de bolita, va al mercado…”, sin saber que muchos años después escucharía cantar a su hija, la soprano Lupita Guillén, quien no sólo cantó en patios escolares sino que ha cantado en grandes salas de conciertos del mundo; abrazo a Alejandro, su hijo, quien llegaba a la oficina de la dirección de cultura, que estaba en el Pabellón Municipal, frente a su casa, para saludarme diciendo: ¡hola, tocayo, cómo estás!; abrazo a Javier, su hijo, quien, al ser presidente municipal de Comitán, en sesión de cabildo, me brindó apoyo económico cuando fui a estudiar literatura en la UNACH. Abrazo a Margot, nuera de doña Toñita, quien, siendo directora del DIF municipal, brindó apoyo a las iniciativas de mi mamá cuando fue presidente de las Damas Voluntarias de la Cruz Roja. Abrazo a su nieta Toñita, a todos sus familiares, hojas dignas de tan hermoso árbol. halló muchas coincidencias culturales en sus viajes. En lugares distantes encontró huellas del genio humano que unían a las personas de culturas tan opuestas. Posdata: doña María Antonieta falleció. La despedida la hacemos desde el andén. Sabemos que ahora no podrá darnos el recuento de este viaje, porque es el fatídico viaje sin retorno. A sus familiares les deja un legado de orgullo, a sus lectores amigos nos deja su obra que repartió en forma generosa. Si me lo permitís, querida mía, envío un abrazo respetuoso a todos sus familiares. Abrazo con respeto a Lupita, su hija, porque un día la vi y escuché en el patio de la primaria cuando, en un acto cívico, cantó esa de “la patita, de canasta y con rebozo de bolita, va al mercado…”, sin saber que muchos años después escucharía cantar a su hija, la soprano Lupita Guillén, quien no sólo cantó en patios escolares sino que ha cantado en grandes salas de conciertos del mundo; abrazo a Alejandro, su hijo, quien llegaba a la oficina de la dirección de cultura, que estaba en el Pabellón Municipal, frente a su casa, para saludarme diciendo: ¡hola, tocayo, cómo estás!; abrazo a Javier, su hijo, quien, al ser presidente municipal de Comitán, en sesión de cabildo, me brindó apoyo económico cuando fui a estudiar literatura en la UNACH. Abrazo a Margot, nuera de doña Toñita, quien, siendo directora del DIF municipal, brindó apoyo a las iniciativas de mi mamá cuando fue presidente de las Damas Voluntarias de la Cruz Roja. Abrazo a su nieta Toñita, a todos sus familiares, hojas dignas de tan hermoso árbol.

viernes, 25 de marzo de 2022

CARTA A MARIANA, DONDE HAY UN GAJO DE LUNA

Querida Mariana: desde 1926, cada 25 de marzo se festeja el cumpleaños de Jaime Sabines. En los primeros años, el festejo fue en su casa, con piñata, dulces y pastel; cuando fue adolescente el festejo fue con sus amigos en una mesa donde circulaban las cervezas; luego, ya mayor, celebró con su Chepita; y ahora, todo mundo lector de poesía, celebra su cumpleaños con la lectura de su obra. Jaime ya falleció, pero, como dicen los clásicos, sigue vivo a través de su poesía. En nuestro pueblo, no sé si en algún otro cuerpo del mundo, una amiga tiene tatuado un poema de Jaime en la espalda. Su amado la lee todas las noches. Qué elogio para Jaime. En Comitán agradecemos a Jaime el poema que dice: “¿Cómo puede decirse un amanecer en Comitán?” En el pueblo decimos: ¿Cómo puede nombrarse a Jaime en un amanecer? Mi amiga no necesita buscar, ella es el camino, ella es la palabra. ¿Cómo puede nombrarse a Jaime en un atardecer, a mitad de la noche, en la madrugada? La única manera correcta de nombrarlo es leyendo sus poemas. ¿Qué poeta se asoma a su balcón en intento de dedicarle un poema? ¡Nadie! Es un atrevimiento bobo querer volar al lado de un águila; ¿quién es el osado de jugar a ser río al lado del Suchiate? No se puede ser piedra cuando la condición obliga a sentirse orgulloso de ser minúsculo grano de arena. Mi amiga y su amado tienen el rosario en sus manos para nombrar a Jaime, cada huesito de la espalda femenina es una de las cuentas para contar la noche, el cielo y las cintas de luz. Pero, ¿y las muchachas bonitas que no tienen poemas tatuados en la espalda, cómo celebran a Jaime? Hoy que Sabines ya reposa en la tierra, ¿en qué oratorio le prenden veladoras? ¿En qué patio riegan la juncia fresca? ¿En qué cielo hacen los rituales para bendecir el aire? Porque en Comitán, Jaime bebió el aire, antes de beber su trago, antes de sentarse a la sombra de un pino en su rancho Yuria, en el glorioso municipio de La Trinitaria. ¿Cómo puede decirse Jaime en medio de la piedra, en el camino de la hoja seca? La comunidad de Jaime crece, en cada lectura su árbol se hace más inmenso. El festejo en su cumpleaños seis reunió a quince amigos, doce primos, ocho tías, una mamá y cuatro fantasmas de ancestros libaneses y tuxtlecos; al cumplir veintidós, el festejo se acompañó con música de una rocola, con música de Lara, ocho amigos (cuatro poetas, dos narradores y dos críticos literarios), nueve amigas (todas ellas amantes de la palabra, de la poesía, de las manos grandes, de los ojos claros, de las voces roncas, del ron y de la noche intensa). Su cumpleaños 73, ¡qué mierda!, lo pasó solo, en su tumba. No hubo una Rosario Castellanos que le escribiera un recado después de su muerte, una Rosario que dijera: ¿Cómo puede nombrarse a Jaime en la nube del éter? De acá en adelante ya no habrá festejo en el patio de su casa, no habrá la piñata colgada de una viga; ya no habrá más mesas de cantina ni camas de burdel; ya no habrá más recitales en Bellas Artes ni lecturas en cuartos en penumbra. De acá en adelante sólo el aire podrá llevar la palabra hasta su tumba, la palabra pronunciada por sus lectores, en cualquier parte del mundo, porque Jaime es nombrado cada vez que un lector bebe sus poemas en salas, en aulas, en reuniones con tufos intelectuales, en bodegas de mercados, en autobuses, en el Metro, en bardas, en paredes, en puertas de sanitarios públicos. ¿Y en Comitán? Como ya dije, acá, mi amiga abre el libro de su espalda y deja que su amado lo lea con la misma pasión desbordada con que Sabines escribió cada uno de sus poemas. Y ¿los demás? Qué hacen las muchachas bonitas que se sublimaron a la hora que el maestro universitario, con el libro abierto, leyó: “Los amorosos callan / El amor es el silencio más fino…” Posdata: todos los 25 de marzo hay marimba en la casa del lector de Sabines, hay trago, hay gozo. En Comitán no lo coronamos, como en su Tuxtla de nacencia; en Comitán le ponemos su reja de papel de china y bebemos comiteco en su honor; ya entonados damos las gracias por el poema que nos regaló, ese poema bonito que dice: “¿Cómo puede decirse un amanecer en Comitán?”

jueves, 24 de marzo de 2022

CARTA A MARIANA, CON FESTEJO

Querida Mariana: Comitán celebró su cumpleaños 494, el 12 de marzo de 2022. Una mañana pasaron a la casa para dejarme una invitación. Ya me conocés, abrí la ventanita, saqué la mano, recibí la invitación, dije muchas gracias. Olvidé preguntar lo que era pregunta básica en nuestro Comitán atento de siempre: ¿de parte de quién? Asumí que en la invitación vendría el nombre del remitente. Si era boda sabría quiénes se casaban, si era bautizo, sabría el nombre de los papás de la criaturita y si era quince años de una muchacha bonita pues ahí estarían los apellidos de la criaturita ya crecidita. ¡Fue invitación para un cumpleaños! El cumpleaños de nuestra ciudad. Y la invitación especificaba: “Por iniciativa ciudadana se invita a…” ¿A quién agradecer la atención? Puse a funcionar mi ardilla y después de darle unas diez vueltas y ya agotada la ardilla ¡intuí! Sí, seguro, segurísimo que la invitación personalizada (decía: al escritor fulano de tal, pucha) me la envió mi amiga Chusy Coutiño, hija de mi querida maestra María Elena. ¡Sí! Ella, al lado de mi amigo Toño Zamudio, hijo de mi admirado don Nereo Zamudio, junto con otras personas, se dieron a la tarea, hace tres años, de celebrar la fundación de la ciudad de Comitán de Domínguez. Antes de su iniciativa el acto había pasado de noche. Se realizaba el Día de la Identidad Comiteca, pero no el de la Fundación de la Ciudad. Ellos lo pusieron en el escenario y ahora ya agarró fuerza. Estoy seguro que esta iniciativa ciudadana tomará más brío en el porvenir, porque todo es como una feliz preparación para lo que sucederá dentro de seis años: los quinientos años de la Fundación de la Ciudad de Comitán de Domínguez. ¡Albricias! ¡Campanadas! ¡Reja de papel de china! ¡Marimba! ¡Juncia fresca! ¡Pitutazo de comiteco! Chusy, Toño y sus amigos lanzaron la iniciativa hace tres años, el acto es pichito, tendrá nueve años cuando les toque celebrar los 500 años. ¡Qué gran iniciativa! Varias ciudades del estado de Chiapas que también están en vísperas se preparan para las celebraciones de 500 años de fundación. Gracias a estos amigos comitecos, que aman nuestro pueblo, Comitán tendrá una digna celebración. ¡No puede esperarse menos! Sí, claro, las autoridades municipales deberán apoyar esta iniciativa, ¡apoyar!, porque las autoridades son elegidas por el pueblo para que velen por los mejores intereses, los intereses comunes, los que apoyan a consolidar la identidad. Durante tres años, nuestro pueblo ha celebrado el cumpleaños de su ciudad; es decir, ha celebrado la convivencia, lo que nos da identidad, lo que nos hace una sociedad. Somos comitecos, esto que se dice en forma casi sencilla y sin mayor estruendo tiene una gran significación; somos comunidad, somos familia, compartimos el mismo espacio. Gente como Chusy y como Toño lideran actos que nos competen a todos. Vos sos comiteca, yo soy comiteco. Esto nos da orgullo. Nacer en este pueblo maravilloso nos hace sentir chentos. Según el censo de 2020 somos más de 160 mil personas que vivimos en este rinconcito de México. ¿Mirás? Todos somos comitecos, compartimos un territorio de luz. Ninguno de nosotros puede hacerse tacuatz a la hora de velar por nuestra identidad. Quienes no nacieron acá, pero viven en Comitán, ya son comitecos por adopción, gozan de nuestros cielos y de nuestro bendito aire, beben la copa de la bendición comiteca. Digo que recibí una invitación personalizada para acudir a los actos celebratorios; pero, en realidad, todos los comitecos estuvieron invitados a asistir. ¿A poco cuando hay un cumpleaños en tu casa no todos los de casa celebran? Sí, bueno, pues lo mismo sucede ahora. Gracias a esta iniciativa ciudadana, los comitecos celebramos el cumpleaños de nuestra casa común. ¿Mirás qué cumpleaños tan bello? ¡El cumpleaños de la casa de todos! No pensés que es un acto infrecuente. No, en una ocasión, mi amigo el Memelas, de Cholula, Puebla, me invitó al cumpleaños de su casa. ¿Qué? ¿Cumpleaños de tu casa? Sí, me dijo, hace veinticuatro años nos pasamos a vivir acá, una vez que estuvo terminada su construcción. ¡Ya, ya! ¡Me cayó el veinte! Sí, mi amigo poblano celebraba el cumpleaños de su casa, qué bendición. Acudí y fue un fiestón genial, como fue en julio, mi amigo nos sirvió chiles en nogada y unas cervezas que estaban de diez. No sé si acá en Comitán alguien celebra el cumpleaños de su casa, pero lo que sí hacemos es celebrar el cumpleaños de la casa enormísima, bella, que se llama Comitán. Posdata: los comitecos celebramos 494 años de la Fundación de nuestra casa común. Gracias a mis amigos por promover esta iniciativa que viene de los propios hijos de Comitán. Ah, sí, que Dios les dé mucha fuerza para la celebración de los ya próximos 500. ¡Felicidades! ¡Gracias! Todo el pueblo debe estar con ustedes, por supuesto que sí. Sí, ¡viva Comitán! ¡Por siempre, para siempre! ¡Cotz! ¡Salud!

miércoles, 23 de marzo de 2022

CARTA A MARIANA, CON CELEBRACIÓN

Querida Mariana: el 19 de marzo fue cumpleaños de doña Josefita. Así lo dijo Maricruz, en redes sociales. Ella subió esta foto donde abraza a su mamá. La fotografía hizo eterno un instante prodigioso. Maricruz no dijo el nombre del fotógrafo, pero la foto es genial, logra transmitir un momento maravilloso. Cuando vi la fotografía pensé que nunca he platicado con doña Chepita (así la nombran sus cariños), pero qué belleza de persona. Me encantó su cabello, bien peinadito, con hilos de una transparencia de agua limpia. Con caminito a un lado, casi casi con la misma ruta que tiene la cabellera de la hija. Cuando vi la fotografía pensé que se dice con frecuencia, al ver a una pareja, que detrás de un gran hombre hay una gran mujer, aunque lo cierto es que al lado de un gran hombre hay una gran mujer; pensé que acá, en esta fotografía de Maricruz con su mami, ella está detrás de doña Josefita, pero la posición que se supone da esta imagen es engañosa. Cuando la vi pensé en el abrazo tan cariñoso que Maricruz da a su mamá que es casi como si formaran un solo cuerpo, un solo espíritu. Maricruz ve hacia la cámara, coqueta, pero su mamá ve hacia otro horizonte. Esa mirada vuela. Si pongo atención en sus ojos veo que están llenos de miradas, de luz. ¿Cuántos años cumplió doña Josefita? No lo sé ni quiero saberlo, pero sí me encantaría saber cuántas miradas han volado frente a sus ojos, cuántas aves han formado su historia. Sin duda que las aves más entrañables han sido sus hijos, el ave Maricruz revoloteando con esta calidez de sus brazos que son alas que abarcan mucho. Y digo que nunca he platicado con doña Josefita, pero su mirada untó una pomada buena a mi alma. Vi la foto y sentí tranquilidad como si Maricruz y su mamá formaran un paisaje de esos que alegran el alma. Sí. Maricruz y su mamá forman una cadena montañosa inigualable. Maricruz, coqueta, nos ve a todos; su mamá se deja ver, se sabe ave suprema. Y si digo que nunca he platicado con doña Josefita, algo similar puedo decir de Maricruz. ¿Alguna tarde nos sentamos en una banca del parque central cuando éramos jóvenes? No recuerdo. Ella y yo éramos conocidos en el Comitán de los años setenta, ella estudiaba en la secundaria y yo en la preparatoria, coincidíamos de vez en vez en los corredores, en las gradas, en las calles y banquetas. Y sin embargo, ella y yo somos muy amigos, por eso, ahora me atrevo a hablar de ella y de su mamá en esta carta. Confesaré algo, porque vos sabés que sos muy conocida. Me he topado en varias ocasiones con amigos que te mandan saludos (saludes, dicen acá en Comitán) y otros piden conocerte en vivo o cuando menos en foto. No saben que vos siempre caminás por la orilla, no querés ser famosa, aunque varios amigos me dicen que cuando leen tus cartas es como si te conocieran desde siempre y están seguros que cuando estén frente a vos una cuerda de simpatía será como un puente. Ese hilo de simpatía se tiende desde mi orilla hasta la orilla de Maricruz, porque ella es “la culpable” de que vos seás muy conocida y tengás tus admiradores. ¿Recordás que hasta el famoso Hugo Fritz te escribió dos cartas hace tiempo? Maricruz, una buena tarde, sin otro motivo que la generosidad, porque así es ella de cariñosa, comenzó a compartir las cartas que te mando a la página de Imágenes históricas, leyendas y personajes de Comitán, que fundó Francisco Domínguez, quien es mero comiteco, pero radica en San Luis Potosí. Esta página tiene miles de adeptos. Dos o tres son fieles lectores de Arenilla y esos dos o tres (o más) saben quién sos: la Mariana tuya, de vos; de tu novio, de vos; de Molinari, de vos. No lo sabés bien a bien, pero vos tenés varios fans. Varios lectores piden conocerte, quieren que comparta una foto tuya, quieren ver tu carita. No saben que vos siempre caminás por la orilla, fuera de reflectores; no saben que vos sos como esas cintas de luz que rodean planetas a millones y millones de años luz de la tierra. Ahí están esas cintas, pero el ser humano jamás ha logrado verlas, hasta que un telescopio poderosísimo haga el prodigio. Posdata: por eso vos y yo somos amigos de Maricruz, ella es generosa, mirá cómo abraza a su mamá, lo hace con la misma intensidad con que las citadas cintas de luz abrazan el milagro del universo, de la vida. Por eso, ahora me atreví a robar la fotografía de un estupendo artista que no sé quién es, para abrazar a Maricruz en su felicidad por el cumpleaños de su mamacita. Los que saben dicen que la verdad de una persona está en la mirada. Los fotógrafos lo saben, los pintores lo saben. Acá está representada esa verdad. Sólo dos grandes artistas fueron más allá, uno fue Van Gogh, quien, con el permiso del universo, pintó cielos más sublimes; y el otro fue Modigliani, quien, en los retratos que pintó, dejó las cuencas de los ojos sin llenar. Modigliani nos regaló los hoyos negros del universo, esos donde está concentrada la mirada de todos en todos los tiempos. Querida Maricruz, celebramos con vos el cumpleaños de tu mamá, celebramos la vida que rodea tus brazos.

martes, 22 de marzo de 2022

CARTA A MARIANA, DONDE SE CUENTA DEL COMITÁN QUE CONTÓ DOÑA LOLITA (primera parte)

Querida Mariana: doña Lolita Albores falleció en 2006, ella (todo mundo de acá lo reconoce) fue una destacada cronista de nuestro pueblo. Su mirada atenta permitió que nos dejara el testimonio de un Comitán que sólo existe en el recuerdo. Doña Lolita escribió su libro “Así te recuerdo Comitán”, ¿mirás su honestidad? Es el recuerdo que ella tenía, su mirada. En un libro electrónico que publicó la Universidad Mariano Nicolás Ruiz Suasnávar, que es recopilación de crónicas aparecidas en el Boletín Imaginarte, escribió una crónica que tituló “Así es Comitán”, publicada en octubre de 2002 y que fue una de las últimas crónicas que escribió, antes de enfermarse. Me gustaría compartir con vos parte de esa crónica, pues es muy puntual en la descripción de la vida cotidiana de mediados del siglo XX. ¿Cómo se ha transformado Comitán en el periodo de setenta años? ¡Enormidades! Mirá, doña Lolita dice lo siguiente: “Hasta el año de 1948 Comitán era una ciudad llena de tradiciones, con costumbres religiosas muy arraigadas, tranquilo por las noches”. Ella habla de un tiempo en que la comunicación con las demás ciudades era complicada. Comitán estaba como en una cápsula donde el contacto con el exterior era difícil y la convivencia era entre los habitantes de acá. Doña Lolita colocó tres elementos en el tapete: las tradiciones, el arraigo de las costumbres religiosas y la tranquilidad del pueblo. ¿Cómo andamos en esas vainas en la segunda década del siglo XXI? ¿Tradiciones? Muchas se mantienen, pero con modificaciones. Si pensamos, por ejemplo, en la “tradicional” entrada de flores en honor a San Caralampio que se hace cada diez de febrero (con excepción del año 2021, por la pandemia) vemos que el rito continúa, pero con agregados que modifican la esencia. Muchas personas establecen que existe una confusión: por la cercanía de la fecha en que se celebran los carnavales en el mundo, dicen que muchos compas han convertido en acto pagano algo que era eminentemente sagrado. Las comparsas donde los hombres se vestían de mujeres y la presencia de diablitos tenía una justificación religiosa. ¿Qué justifica que hombres vestidos de mujeres, bolos, se diviertan jalando a personas de la audiencia para tirarlos a mitad de la calle y pasar sobre ellos haciendo movimientos sicalípticos? El diccionario dice que la palabra sicalíptico es sinónimo de deshonesto. Bueno, acá no juzgamos, sólo consignamos; es decir, si doña Lolita dijo que el Comitán de 1948 era una ciudad llena de tradiciones, podemos decir que el Comitán de 2022 sigue conservando esas tradiciones, pero con modificaciones. Los comitecos hemos tenido la capacidad de resguardar la identidad, pero no logramos mantenerlas pulcras y ahora las tenemos con agregados que, por supuesto, siguen teniendo el sello del carácter del comiteco, pero alejado de la luz original. ¿Y el arraigo de las costumbres religiosas que prevalecía en 1948? Bueno, vos mirás que este tema está relacionado con lo comentado líneas arriba. El Comitán de 1948 era católico, en su mayoría. El Comitán de 2022 muestra una tendencia a la disminución de los fieles católicos y la proliferación de otras religiones (fenómeno nacional). Ahora hay muchos templos diseminados en la ciudad. En la calle menos pensada hallás a mitad de la cuadra un templo al que acuden los fieles de otras religiones. No tienen la relevancia de los templos católicos que fueron construidos, durante muchos años, para servir a los propósitos de la tradición. ¡No! Los templos que ahora están diseminados en toda la ciudad son edificaciones que fueron construidas para otros fines. Basta decir que el salón del Club de Leones que fue el espacio donde se reunían los Leones y sirvió para bailes de antología donde más de diez salimos bolos de contentos por tanta alegría y tanto traguito ahora es un templo de una religión no católica. Los gritos de los eufóricos muchachos, los sonidos de la marimba y de los pasos de las parejas bailadoras se convirtieron en cantos de alabanza. El arraigo religioso continúa con muchas variantes, inimaginables en el Comitán de 1948. ¿Y qué ha sucedido con la tranquilidad de las noches? La respuesta es obvia. El censo poblacional de 1950 indica que Comitán tenía 23 mil habitantes; y el de 2020 tiene la cifra de ciento sesenta y seis mil personas, más los chiquitíos que han nacido en este tiempo de confinamiento. Ya mirás que los comitecos son bien arrechos. El aumento poblacional ha hecho que la tranquilidad de antaño ya no sea la misma. La placidez de las noches comitecas de 1948 eran interrumpidas por el ocasional grito de un bolo y por los maravillosos sonidos de una marimba dando serenata. Ahora no es así, las serenatas con marimba están a punto de extinguirse, ahora se escuchan arrancones, aullidos de ambulancias, ruido de cohetes que pueden confundirse con balazos y viceversa. Posdata: ya no existe el Comitán tranquilo de 1948, pero ahí siguen los tres elementos. Aún existe la magia que lo hace inigualable. Estos tiempos son definitivos para evitar que se vayan en caída libre los valores que nos distinguen, el carácter que nos hace diferentes: pueblo de gente de bien.

lunes, 21 de marzo de 2022

CARTA A MARIANA, CON CIERTAS COSTUMBRES

Querida Mariana: ¡sí, mero comiteco! ¡Ni qué buscarle! Timbón, como aquel compadre chismoso, a quien le encanta tomar caguamas y prepararse tortillas con chicharrón de hebra; y argüendero, como él solo. ¿Las ventanas de las casas sirven para que entren la luz y el aire? Sí, pero, las ventanas comitecas tienen la maravillosa capacidad de ser hurgadoras, chismosas. Elías, de Monterrey, hizo la prueba que le recomendó Efraín, mero comiteco. Cuando llegués tocá la puerta de la casa, da tres toques fuertes y mirá lo que sucede. Cuando Elías llegó a Comitán tomó un taxi que lo llevó a casa de Efraín. Bajó su maleta y antes que tocara oyó y vio que se abrieron dos puertas de casas de enfrente, y miró dos caras de mujeres un poco despeinadas que lo vieron y luego se hicieron pijijis y miraron hacia otro lado de la calle, cerraron a la hora que se abrió la puerta de la casa de Efraín. ¿Verdad que sí?, le preguntó Efraín, al tiempo que lo abrazaba y luego tomaba la maleta. Elías le dijo que sólo se había equivocado en una cosa: las puertas de las chismositas se abrieron antes que él tocara. ¡Ah, es que en cuanto oyeron que el taxi paró, ya corrían para ver quién era! Sí, así es el carácter comiteco, es parte de la idiosincrasia. En Comitán todo mundo dice que no somos chismosos, somos comunicativos. ¡Pucha! Bonito eufemismo. Lo cierto es que somos bien argüenderos, nos encanta ser testigos de lo que sucede en la calle en el día a día. El portón de fierro de la casa donde ahora vivo tiene un ventanillo. Es una bendición. Antes de la pandemia (A. P.) el domingo abría el ventanuco a la hora que escuchaba el alboroto de la terminal de autobuses que está enfrente. Miraba la retahíla de taxistas que estacionaban sus autos y se apresuraban a llegar al andén para conseguir cliente. Algunos familiares bajaban de sus carros y regresaban cargando maletas, riendo, platicando, con los recién llegados. Miraba el movimiento, era como un hormiguero recién removido; luego venían los portazos y cierres de cajuela, los encendidos de los motores y todo quedaba en silencio de nuevo. Las hormigas abandonaban el instantáneo boljocosh y yo cerraba el ventanillo y regresaba a mi rutina maravillosa. Ese ventanillo me permitía ver sin ser visto. Un privilegio de mirón, de entrometido. Los seres humanos tenemos distintos comportamientos cuando estamos frente a alguien desconocido, frente a alguien cercano o cuando estamos solos. Somos más nosotros cuando estamos solos. Pero, a veces, pensamos que estamos solos, cuando en realidad alguien nos observa. María me dijo que a ella no le molesta que su jefe haya puesto cámaras de vigilancia en su oficina para ver que no se haga tacuatz a la hora del trabajo, no, lo que le disgusta es sentir esos “ojos” invadiendo su privacidad. Dice que antes de las cámaras, cuando sentía mucho calor, se abría el botón superior de la blusa (tiene unos pechos generosos), ahora se aguanta; antes (ser humano, al fin), cuando tenía ganas de echarse un pedo, se inclinaba a la izquierda en su asiento y soltaba, ahora no lo hace, se aguanta, si es mucha la gana, se levanta y va al sanitario y ahí se pedorrea a gusto. Dice que sólo falta que el jefe tenga la ocurrencia de colocar cámaras en la entrada del baño (adentro ya sería una flagrante violación a los derechos humanos). Sí, querida mía. Ahora las cámaras de vigilancia también son cámaras metiches. Ahora, quienes antes corrían a ver quién tocaba en la casa del vecino, ya en forma muy huevoncita, miran la pantalla y ven todos los movimientos y acá está la vecina recibiendo al amigo y cerrando la puerta, cuando la comadre fisgona manda mensaje por WhatsApp a la principal confidente: “Ni sabés quién entró ahorita a la casa de la fulanita…” y el chisme se completa con una captura de pantalla, donde se ve el momento en que la fulanita urge a que el sutano entre rápido. Ah, ¿qué querés? Así somos. Bueno, así son todos los pueblos del mundo. Existe un morbo natural. No queremos ser juzgados, ah, pero cómo nos gusta andar metiéndonos en la vida ajena. Este gatito es comiteco, mero comiteco. Claro, sus intereses son otros. La verdad es que a este gatito le vale una pura y dos con sal lo que hace fulanita con sutanito, a él le motivan los pajaritos y mariposas que juegan por el aire y que parecen ajenos al escrutinio del felino. Posdata: la abuelita de María Andrea nunca vio la televisión, cuando la invitaban a sentarse a ver telenovelas decía que le aburrían, siempre prefería estar sentada al lado de la ventana viendo lo que sucedía en la calle, pero el día que colocaron la cámara de seguridad en el exterior del portón y descubrió en la pantalla una visión más completa de la calle se volvió adicta. Cambió la ventana por la pantalla. ¡Cosas veredes!

domingo, 20 de marzo de 2022

CARTA A MARIANA, DESPUÉS DE DOS AÑOS

Querida Mariana: hace dos años, en marzo de 2020, la Secretaría de Educación informó que se suspendían clases, antes del periodo vacacional, por la inminente presencia del Coronavirus. El periodo vacacional de Semana Santa fue de cuatro semanas en lugar de dos. Y todo mundo fue a su casita, como El Jibarito, loco de contento. La frase de despedida fue: nos vemos dentro de un mes. Y cuando se cumplió el mes, el mundo mostraba un rostro apabullante. La pandemia arrasaba en el mundo. Miles y miles de contagiados y miles y miles de personas fallecidas. Lo que se había previsto como un chipichipi se convirtió en un aguacero, en una tormenta, y ya no bastó el paraguas. En muchos países del mundo se dictaron normas de confinamiento y la gente permaneció en sus casas. Los patios, los restaurantes, las calles, las plazas, los cines, los cafés y todo espacio público quedaron vacíos. Por primera vez en el siglo XXI hubo fotografías de capitales del mundo donde todo estaba desierto. Y el regreso a las escuelas no se dio de manera presencial. Por primera vez las clases se volvieron virtuales. Los alumnos permanecieron en sus casas, igual que los maestros, y el proceso de enseñanza aprendizaje se dio a distancia. El patio de la escuela, espacio social por excelencia, quedó sin los gritos, carreras, risas y juegos de los alumnos. Todo presentó un rostro triste. Los medios de comunicación buscaron en sus archivos y nos presentaron imágenes del siglo pasado donde pandemias provocaron similares destrozos. Y ya van dos años de pandemia y, como dice mi amigo Marco Polo: a esto no se le ve el fin. ¡No! La pandemia continúa. Los expertos acuñaron un término: nueva normalidad, para designar los tiempos que se viven en medio de la emergencia sanitaria; ya explicaron que el virus llegó para quedarse. No se irá. Con el tiempo (no saben predecir el lapso) el virus será endémico; es decir, ya no causará los millones de contagios ni los lamentables millones de fallecimientos. Ellos explican que, eventualmente, alguien dirá: murió por contagio del virus, serán fallecimientos ya sin las grandes cifras que se dieron en estos dos terribles años. Las escuelas han vuelto a clases presenciales. Lo han hecho en forma escalonada y con diversas estrategias. Los expertos han manifestado que estas pandemias serán recurrentes en el futuro. Los países deben preparar sus organismos de salud y de educación, para enfrentar dichas emergencias. Lo mismo con todos los demás servicios que mueven el mundo: la producción de alimentos y distribución; la actividad empresarial, el comercio. En estos dos años quedó de manifiesto que el mundo no estaba preparado. Dos años después ya existe un aprendizaje, que no todos han recibido. Muchas personas han ignorado las duras enseñanzas. Quienes quedaron en casa reconocieron el trabajo de muchas personas que, en motocicletas, bicicletas o autos, han llevado los productos a casa; asimismo, en todo el mundo quedó de manifiesto la importancia de la cultura en el proceso vital, porque la vida se vio afectada, pero continuó. Millones han muerto, pero muchos más millones seguimos vivos, gozando el aire, purificando los espíritus, agradeciendo la vida. Los chunches tecnológicos han hecho menos dramática esta situación dantesca. La cultura ha sido ventana para que entre el aire y la esperanza. Ha sido emocionante tomar cursos por zoom, ver conferencias, asistir a congresos desde casa, ver películas en plataformas, comprar libros electrónicos y leerlos, disfrutar conciertos. Bueno, con decir que esta pandemia, a diferencia de las anteriores, no ha sido tan extenuante gracias a que las personas pueden comunicarse con sus afectos a través de mensajes por WhatsApp o en video llamadas. La ciencia y la cultura han sido ventanitas para poder cortar frutos sanos. Por mi parte, todos los días te he enviado cartas, para poner una hierbabuena en tu corazón. Agradezco a Dios esa bendición, qué bueno que existen los chunches tecnológicos que me permiten estar en comunicación con vos, con otras personas. Cuando el mundo cayó en la cuenta de la situación tan dramática pidió el milagro de una vacuna. Una mañana el mundo se enteró que la vacuna había aparecido, pero no fue lo esperado. La vacuna protege (pero no impide el contagio). El contagio continúa, pero ya no causa los estragos iniciales en personas que han recibido las dos dosis más la de refuerzo. Al principio muchos paisanos queridos, valiosos, fallecieron. Hoy continúan los contagios, pero, gracias a Dios, muchos, muchísimos, conocidos y amigos se cuidan en casa y logran superar la enfermedad. Algunos presentan secuelas, porque el virus es agresivo, letal, pero, las terapias logran que la vida tenga un rostro menos de piedra. Posdata: ¿Y ahora? ¿Cuándo terminó la pandemia de la peste? No existen datos precisos. Pero, como dicen los optimistas, siempre que llovió ¡paró! Ojalá esto cese pronto; ojalá la vida retorne; ojalá la nueva normalidad sea la normalidad de antes. Mientras tanto, los patios de las escuelas han vuelto a tener vida con la risa y las carreras de los alumnos, han recuperado su vocación social y abren los brazos para abrazar la existencia. Los cubrebocas siguen estando presentes, nos recuerdan que esto no ha terminado, nos dicen que esto sigue, dos años después. Hace dos años pensamos que la cosa sería pasajera. Lo fue, lo es, ha pasado, pero sigue pasando. Este tren tiene muchos vagones, no termina de pasar, como viejo tren sigue contaminando nuestros cielos con su vapor pavoroso.

sábado, 19 de marzo de 2022

CARTA A MARIANA, CON LA PALABRA FIN

Querida Mariana: el 15 de marzo de 2022 me enteré del fallecimiento de don Rafa Pascacio López. Fue una noticia triste. Vos sabés que he sido cinéfilo toda la vida. La vida de don Rafa está íntimamente ligada con la historia del cine en Comitán. Fue dueño del Cine Comitán, del Cine Montebello y de los Cinemas Galaxia 2000. Los cinéfilos amamos las cintas que se proyectan, y, asimismo, amamos las salas cinematográficas. Las salas nos dieron alas. El cine ha honrado al propio cine, al filmar historias de artistas, de directores de cintas y, por supuesto, historias donde las salas son las protagonistas. Todo mundo recuerda la película italiana que obtuvo el Óscar a Mejor Película Extranjera: “Cinema Paradiso”. Muchas horas de mi infancia y adolescencia transcurrieron en las salas de don Rafa. Ahí lo conocí. Su oficina, pequeña, estaba al lado del vestíbulo del Cine Comitán, así que era común verlo parado en la puerta, pendiente de lo que sucedía. Cuando me enteré de su lamentable fallecimiento, un chubasco de imágenes me mojó el recuerdo, porque, insisto, la vida de don Rafa está íntimamente ligada con la historia del cine en Comitán, y como mi vida está tocada con esta historia, la vida de don Rafa está ligada a la mía. ¿Qué sucede cuando una cinta termina? Aparece la palabra FIN (THE END). Los cinéfilos se paran, se desperezan como gatos levantando los brazos, se ponen el suéter, toman el paraguas y abandonan la sala. La palabra FIN es como la orden para desalojar. El 15 de marzo de 2022 apareció la palabra FIN en la película personal de don Rafa. Su espíritu abandonó la sala de la vida, para siempre. Te he platicado que en los años sesenta exhibían dos películas; al final de la primera había un intermedio, para ir a la dulcería a comprar tortas o taquitos dorados (exquisitos, inigualables). Al término de la segunda película concedían otro intermedio y después de minutos iniciaba la transmisión repetida de la primera película. Había cinéfilos que no abandonaban la sala, porque algunos habían llegado tarde al inicio y veían el principio de la cinta o, eran tan fanáticos, que repetían. Cuento esto, porque ahora, todo mundo sale de la sala al término de la cinta. En aquellos maravillosos años había algo llamado “Permanencia voluntaria”. ¿Mirás qué concepto tan genial? ¡Permanencia voluntaria! Ésta se terminaba cuando ya las exhibiciones concluían y era la hora de cerrar la sala para abrirse hasta el otro día. Muchos cinéfilos en Comitán se quedaban dormidos, empleados del cine llegaban a despertarlos. Al final, las salas quedaban vacías. En los años sesenta, los domingos, los dos cines (el Comitán y el Montebello) se llenaban de cinéfilos. El cine, en ese tiempo, era la máxima diversión en el pueblo. En Semana Santa, por ejemplo, exhibían películas alusivas al tema de la crucifixión, las filas para comprar boletos eran inmensas, daban la vuelta. Pero siempre, llegaba el momento en que las butacas quedaban vacías. El silencio se apoderaba de las salas y, posteriormente, la oscuridad. El milagro de la luz entraba en pausa. La pantalla que había recibido los haces y dado vida a las escenas parecía bajar la cabeza y cerrar los ojos. Las salas quedaban silenciosas, oscuras. La palabra FIN había presagiado el cierre. A don Rafa le tocó vivir en varias ocasiones este presagio fatal. En el mundo las salas cinematográficas comenzaron a perder la competencia con la televisión y posteriormente con las video cintas. Comitán no fue la excepción. Don Rafa vio en el horizonte la palabra FIN y cerró el Cine Comitán y, posteriormente, el Cine Montebello. Don Rafa, con la colaboración de su hijo, el arquitecto Rafael, construyó las salas Galaxia 2000, al lado del bulevar, que se inauguraron el 6 de marzo de 1985. Don Rafa dejó de trabajar en los cines en 1999, cuando el mundo veía aparecer el letrero FIN de milenio. ¿Sabés cuándo llegó don Rafa a Comitán? En una entrevista que le hizo Paty Espinosa y que fue publicada en la gaceta Kujchil, don Rafa comentó que llegó en 1962; es decir, los años que dedicó al cine en Comitán fueron más o menos 37 años, 37 años en que estuvo pendiente de entregar diversión al pueblo comiteco. Por supuesto que los años relacionados con el cine fueron muchos más, porque él inició como cinéfilo desde chico, en Tuxtla Gutiérrez, y luego trabajó en el Cine Rex. En marzo de 1985, don Rafa inauguró las salas Galaxia 2000; 37 años después falleció. ¿Mirás las coincidencias en fechas? Parece de película. Treinta y siete años de su vida los dedicó al cine; y vivió el lapso de treinta y siete años del instante de inauguración de los cinemas hasta el día del adiós a la vida. En marzo de 2022 se apagaron las luces. La vida de don Rafa entró a la zona del silencio y de la oscuridad. El director supremo tomó el megáfono y dijo: ¡Corte! La palabra FIN apareció. Los comitecos deben continuar haciendo acopio de las historias particulares vividas en las diversas funciones del cine, esa será una manera de seguir aportando elementos a nuestra identidad. En este aporte deben aparecer los nombres de los personajes importantes en la vida del cine comiteco. La presencia de don Rafa es fundamental. En la entrevista que Paty le hizo, don Rafa compartió varias anécdotas, desde la vez que Juan Gabriel (el que llegaría a ser uno de los más grandes cantantes de México) entró a su oficina y se puso a llorar, porque no quería subir al escenario. Juan Gabriel era un jovencito que participaba al lado de los grandes artistas de la Caravana Corona; hasta la de los más asiduos cinéfilos comitecos. Oigamos la voz de don Rafa. Que sea una manera de honrar su vida, que sea una forma de agradecer su trabajo, trabajo que llenó de diversión a dos generaciones de comitecos. “Cuando estuvo el doctor Culebro como presidente municipal (años setenta) se prohibió a las personas fumar dentro del cine. Llegaba el doctor Culebro y era el primero que fumaba. Don Óscar L. Pinto no faltaba, llegaba todos los días al cine a las nueve de la noche, iba a sentarse solito, hasta atrás, sacaba su cigarro y se ponía a fumar. Cuando lo prohibieron ya no lo hacía, pero de repente veían el chispazo de luz y el policía le decía que apagara su cigarro. “Cuál cigarro, si no estoy fumando”. El policía lo dejaba en paz, porque no encontraban nada, pero al rato se volvía a ver el chispazo ¡y nada! Ya luego todos se dieron cuenta que don Óscar tenía un anillo de brillantes y, al limpiarse la cara, con el reflejo de la pantalla daba el chispazo y parecía que ¡estaba fumando!” Anécdota genial, ¿verdad? Don Rafa agregó más personajes comitecos que eran cinéfilos apasionados. Ya dijo que uno de los que no faltaban era don Óscar L. Pinto, quien fue un reconocido comerciante. Sus herederos siguen atendiendo la mercería, contra esquina del mercado Primero de mayo. Otra persona que no faltaba era el señor Crócker, quien atendía un negocio de venta de bicicletas y refacciones. No recuerdo haber visto a don Óscar L. Pinto, pero sí tengo en la memoria al señor Crócker a quien conocí en tiempos donde no estaba prohibido fumar en el interior del cine, porque recuerdo que se sentaba con el cigarro encendido y nunca prendía un cerillo, porque cuando el cigarro que fumaba estaba a punto de terminar prendía uno nuevo con la brasa del que tiraba. Pero dije que don Rafa, en paz descanse, en la entrevista con Paty mencionó más nombres. Mirá lo que dijo acerca de Ricardito: “Así también, don Ricardo Albores, quien, estuviera bebiendo trago con quien estuviera, a las cinco salía corriendo de la cantina o el lugar donde estuviera y se iba al cine, todas las tardes”. ¡Qué maravilla! Eran, por supuesto, otros tiempos. Comitán era una ciudad donde todo mundo se conocía. Mucha gente tenía una rutina dominical, donde el cine era parte esencial del descanso del trajín de toda la semana. Te he contado que iba a misa temprana, en Santo Domingo, ahí recibía el programa de los cines, corría por el parque, llegaba a casa que estaba a media cuadra (frente a donde ahora está el Súper del Centro), desayunaba tamalitos, con chocolate y pan; recibía la paga que me daban mis papás e iba al Cine Comitán, a la matiné, que terminaba como a las dos; otra carrerita, comer mole, con frijoles, tortillas y agua de lima; de nuevo la mano para recibir la paga para la entrada y los tacos dorados en el intermedio. Al salir del cine, como a las siete, dar vueltas en el parque central con los amigos. Muchos compas de mi generación, con algunas variantes, seguían esa rutina. Posdata: leí la noticia del fallecimiento lamentable de don Rafa, lo vi subir al escenario del Cine Comitán, pararse al centro, agachar su cabeza y agradecer. Vi a la audiencia, que ocupaba todas las butacas, pararse y aplaudir. Los reflectores se apagaron. Todo quedó a oscuras, todo en silencio. FIN.

viernes, 18 de marzo de 2022

CARTA A MARIANA, CUANDO LAS PALABRAS SON INSUFICIENTES

Querida Mariana: ¡sublime! Busqué palabras para definir esta fotografía y no hallé la adecuada. En Comitán, como en todos los pueblos del mundo, hay una gran cantidad de artistas de la lente, fotógrafos que nos han regalado imágenes soberbias de este pueblo, de sus casas, patios, fachadas, detalles, personas, escenas, cielos, luces y sombras. Esta fotografía es creación de Jorge Quevedo. No hallé palabras para definirla. Es que las imágenes, lo han dicho quienes son amantes de los lugares comunes, superan a lo que puede expresarse. Con la velocidad que viaja la luz, las fotografías tocan el cerebro y, en muchas ocasiones, el espíritu. Las fotografías como la presente toca directamente el alma. Acá está un momento excelso que se dio como un milagro. Puedo ahora, necio que soy, elucubrar: ¿cómo Jorge logró esta imagen donde no hay una sola persona? ¿Hizo el prodigio de los grandes directores de cine? ¿Fue como Guillermo del Toro y retiró a todas las personas para dejar el escenario limpio como acá se ve? En mi vida, y vaya que he vivido un poco, vi esta calle con esta cara sin barros. Acá hay una armonía que permite escuchar el paso de las nubes al fondo. No hay contaminación, no hay autos, no hay chuchos ladrando, no hay gritos, no hay claxonazos. Todos los elementos están en armonía, en armonía con el universo. Se escucha cómo las flores asoman su carita en esos balcones colgantes. Debo decir que el equipo de Arenilla invitó a Jorge Quevedo para que su genio fotográfico sea honrado en ALA DE AIRE, nuestra revista digital. Jorge, generoso, aceptó y en el número 3, correspondiente al mes de abril aparecerá una breve muestra de su obra. Del archivo robé ésta, porque, me conocés, quise compartir la primicia con vos. Cuando llegó el archivo de fotografías lo recibimos con emoción. Los integrantes del equipo de ARENILLA, como sucedió con la recepción del trabajo creativo de Roberto Chávez y de Ricardo Castro, pensamos que la obra es… y no hallamos el término adecuado. Lo sublime es difícil de definir. ¿Cómo hacer una lectura de algo soberbio, que está más allá de lo cotidiano? Sé que nunca más esta calle volverá a tener este rostro. Jorge hizo eterno este instante del siglo XXI y nos lo regala, para que todos los espectadores hagan su propia lectura. Esta calle tiene una especial significación para mí. Crecí en ella, ahí viví toda mi infancia. ¿Alcanzás a ver los salientes de lado derecho? Ahí está la casa donde crecí. Caminaba pocos metros para llegar al espacio donde está el carrito del nevero y los escalones que dan al parque central del pueblo. ¿Mirás lo que digo? Es una de las principales calles de la ciudad, de las céntricas. En el edificio al lado del árbol, en la parte izquierda de la fotografía, ahora existe el restaurante La Esquina de Belisario. Pensé: ¿y si Jorge la tomó durante el confinamiento por la pandemia? Sí, tal vez fue eso. Al inicio de la pandemia vi unas fotografías insólitas de París. La gran ciudad totalmente desierta. Nunca, en muchísimos años se había visto un bulevar sin movimiento. ¡No! Jorge tomó esta fotografía antes de la pandemia, la tomó el 10 de noviembre de 2019, un día con actividad normal. Fue como si predijera que meses después el mundo mostraría imágenes similares en muchas de sus ciudades. ¡Sublime! No encuentro otra palabra para definir esta imagen. Y, vos sabés, la palabra resulta insuficiente, no alcanza a iluminar la belleza de la fotografía. Jorge esperó que las personas no caminaran por ahí, que los autos no se presentaran. Cuando el prodigio se dio él hizo el clic en el botón de la cámara y captó esta escena. Los comitecos sabemos lo difícil de captar una imagen similar en un día normal. Insisto, es una calle céntrica donde los autos circulan en profusión. Acá el ruido cotidiano desapareció, se logra escuchar cómo el silencio se posa como paloma. Posdata: no digo más, querida mía, dejo que gocés la fotografía. Agradezco a Jorge su generosidad para compartir su mundo, que es el nuestro, pero vuelto ¡sublime!

jueves, 17 de marzo de 2022

CARTA A MARIANA, CON UN MUNDO COMPLICADO

Querida Mariana: ¡llegaron las anheladas placas del auto! Quien hizo favor de realizar el canje agregó cuatro tornillitos, con rondanas y tuercas. Me encariñé con las placas de los aros multicolores, pero los agentes de tránsito me dijeron que si no las cambiaba, ¡para la otra!, y ya sabemos lo que significa eso de para la otra. Sin placas está prohibido circular, por eso, cada mañana, lo primero que hago es ponerme las placas dentales. Así que luego de ponerme las placas dentales me dispuse a colocar las placas al auto. Hubo un tiempo que las placas traían la leyenda: “delantera” y “trasera”. Esto ayudaba mucho para el sostenimiento de la agrupación de vialidad, porque aunque ambas eran exactamente iguales no faltaba el oficial que levantaba infracción con la siguiente leyenda: “se detectó que la delantera lo tenía en la parte trasera”, y esto era comprensible en lenguaje de ellos, pero cualquier lector ajeno al argot policial podría afirmar que estaba bien levantada la infracción, dos años de cárcel deberían darle, perverso, por eso el mundo está como está, claro, la delantera en la parte trasera, Dios libre al mundo del pecado. Estas placas nuevas no tienen la leyenda, así que el propietario del vehículo está en libertad de colocar la placa donde se le antoje. ¡No! Escribí mal. Las placas deben ir en el lugar que el fabricante del auto determinó, que sin duda cumple con las normas internacionales de instalación de placas vehiculares. Así que, por primera vez en mi vida, me dispuse a colocar las placas, una en la parte delantera y la otra en la trasera del vehículo. Siempre, durante años, cuando tuve necesidad de hacer tal operación, pedí favor a un amigo práctico, porque, lo sabés, querida mía, para cosas prácticas de la vida soy lo que mi abuela Esperanza decía del caballo que se dormía en plena cabalgata: ¡penco! Lo primero que hice fue buscar en el Internet para qué servían las arandelas. Cuando entendí la función busqué los hoyitos donde iba a meter el tornillo. Perdón, no encuentro otros términos para explicar el proceso. Vuelve a sonar un poco alburero. Pero el tornillo está hecho para meterse adentro de un hoyito, así que cuando detecté los dos hoyitos traseros vi que debía abrir la cajuela. La placa la colocaría en la parte de afuera (así me lo tuve que explicar), la detendría mientras metía los dos tornillitos con su correspondiente arandela y luego, en la parte interior, buscaría la punta del tornillo, colocaría otra arandela, la tuerca y con una llave (no tenía la llave justa, tenía una pinza a la mano) enroscaría bien. ¡Perfecto! Operación sencilla. En la preparatoria resolví operaciones de álgebra un poco más complejas. Abrí la cajuela y realicé el primer paso: hoyitos de placa coincidiendo con hoyitos de auto; tornillos con arandela introduciéndose en hoyitos de placa y hoyitos de auto. Genial. Continué con el paso dos y de ahí no pasé. Hallé que en la parte interior del auto (tsurito, modelo 2000) existe una maraña de fierros que hacen imposible que entre una mano normal para hacer tal operación. Me rendí a medias, porque pensé que si en la trasera no se podía, sí en la delantera. Hay mujeres que entenderán esta lectura. Un segundo después; es decir, el tiempo que me llevó ir de la trasera a la delantera me rendí por completo. No hallé cómo meter la mano en la parte trasera de la delantera. ¡Dios mío! ¿Cómo le hacen los millones de automovilistas para colocar las placas del carro? Del total de autos del mundo un porcentaje reducido circula sin placas, bien porque se creen influyentes, sin saber que son conductores que no respetan la ley; o bien porque extraviaron las placas. En este momento detuve la máquina de mi pensamiento. Sonreí. ¡Sí! El mundo se cree muy listo y a mí me tacha de inútil, cuando no se da cuenta que si las placas se caen del auto es porque el sistema de fijación de las placas no es el adecuado. ¿Existe contubernio entre los fabricantes de autos, placas y los agentes de tránsito? ¡Sin duda! Todo es tan perverso. Miles y miles de placas de autos se caen todos los días. ¡Esto es una verdadera conjura! Si la colocación de placas fuera un proceso seguro y sencillo (como debería ser), las placas no se caerían. ¡Se caen! Qué estupidez. Quiere decir que a pesar de que los propietarios colocaron sus placas no lo hicieron bien, y por qué no lo hicieron bien, porque es imposible hacerlo bien. ¡Todo es una gran perversión! Matilde me dijo un día que las placas deberían soldarse, para evitar que caigan. Alfonso dijo que no era posible, porque cada cierto tiempo al gobierno determina cambio de placas, para recaudar dinero y hay que dar en canje las placas anteriores. Sí, aceptó Matilde, es una pena dijo, porque lo de la soldada era buena idea. Cada que hubiera un nuevo par de placas se encimarían, llegaría el momento que servirían como parachoques de tan gruesas, de tumbaburros, en la parte delantera, y de defensa en la parte posterior. Me rendí. Por tiempo de pandemia no puedo acudir, como siempre, al amigo práctico. Así que las coloqué en el interior del auto, una sobre el tablero en el cristal delantero (del lado del copiloto, para que el reflejo del sol no dañe mi visión) y otra en el tablero del cristal trasero. Sé que el oficial que me detenga insistirá en multarme, aunque no infrinja ley alguna, pero (se entiende) esto evitará que el agente pueda quitar la placa por alguna infracción nunca bien comprendida. Soy un inútil para cosas prácticas, porque el mundo se caracteriza por hacer complejo lo sencillo. ¡Qué bobos! Polo Borrás diría: que con su pan se lo coman.

miércoles, 16 de marzo de 2022

CARTA A MARIANA, SIN CERTEZAS

Querida Mariana: tía Macrina decía: confiá; el tío Alfonso, por el contrario, con voz imperativa, decía: ¡dudá! El tío Alfonso, sentado en uno de los corredores de su casa, ya con tres caballitos de tequila en su robusto cuerpo de leñador, decía: duden de todo, sobrinos, de todo ¡y de todos! ¿De la mamá?, preguntaba Ramiro. ¡De la mamá!, decía, el tío. Duden de su padre y, por supuesto, duden de mí. ¿Y Dios?, preguntaba Armando, con voz de tiuca tierna. También, decía el tío, ¿no entienden? ¡Duden de todo, de todos! No le hagan caso al bolo y teperetas de su tío, decía la tía Macrina. Al contrario, nunca duden de Dios, nunca duden de sus mamás ni de sus papás, la confianza es lo más importante en la vida. ¡Qué sabe el malencarado de Alfonso! Como él siempre está botado en su poltrona cree que la vida es ese pedacito que tiene frente a sí. ¡No! La vida es más, mucho más, y para poder llegar a ser algo es necesario confiar, sobre todo, confiar en los designios divinos. Dios sabe lo que hace, Dios tiene sus tiempos y sus tiempos son perfectos. Nosotros, niños de ocho, nueve y diez años, no sabíamos a quién hacerle caso. No lo sabíamos, pero, en nuestra indecisión le hacíamos caso al tío teperetas. Dudábamos, no confiábamos en la recomendación de la tía. Dudábamos. Los ejemplos del tío Alfonso eran, como decía la tía, elementales, muy del patio de casa, sin horizonte, sin plazas generosas. Siempre tenía una bolsa de ciruela pasa (era su botana, viejo tepereta, tomaba tequila y luego comía una ciruela, decía que la ciruela le ayudaba a cagar finito, finito, hasta el infinito). Tenía una de muestra. Miren, miren, nos decía, una y otra vez, y metía su dedo en la ya dura ciruela, ahí se topaba con una semilla. Miren lo que dice la bolsa: ciruela pasa sin hueso. ¿Qué hay acá? Hueso, la pepa de la ciruela. Por eso, siempre duden, porque la vida es como esto (y mostraba la ciruela con hueso por lo alto). Nos dicen que la vida es sin hueso y si ustedes lo creen, a la hora que la coman se romperán los huesos, ¡la madre! Duden, sobrinos, duden siempre, de todo, de todos. Y gritaba sin necesidad, porque la tía estaba en la cocina preparando la comida y no hacía caso de las sandeces que nos repetía una y otra vez el tío: “¿Ya miraste, Macri, ya lo miraste? Sin hueso y resulta que me salió con hueso”. Los sobrinos nos reíamos por lo bajito, a veces se molestaba el tío y, moviendo sus manos como si asustara gallinas, decía que nos fuéramos a ver si la cocha ya había puesto huevos. Nunca nos agredió, a pesar de su mirada de piedra para afilar, era un viejo que no dañaba. Cuando le platicábamos algo de la escuela o de nuestras casas, colocaba sus manos sobre las rodillas y ponía atención. Al término somataba sus manos sobre sus muslos: ¡se los dije!, y a todo le hallaba una grieta para justificar su teoría. ¡Se los dije! El pinche maestro dice que la tierra es redonda, ¡mentira! No hay nada en el mundo que sea realmente redondo, ¡nada! Y por ahí se iba. Siempre, sus ejemplos terminaban con alusión a Dios. ¡Ni siquiera Dios es redondo! ¡Nada! El universo se expande, ¿quién cree que se expande formando una esfera perfecta? ¡No! Aunque sean micras de diferencia el sur va más abultado que el norte. Nosotros íbamos todas las tardes a platicar con él, nos encantaba contarle nuestras cosas, que él siempre desmenuzaba y que le servía como ejemplo de que si no dudábamos siempre nos toparíamos con huesos inesperados a la hora de morder la ciruela de la vida. A la hora que sonaban las campanas del templo, convocando a misa de siete, movía las manos y nos despedía: ¡usha, usha! Largo, recuerden, duden de todos, de todos, duden de mí, cabrones. Y nos despedíamos. Sí, su enseñanza nos caló y nos trajo problemas. En secundaria caímos mal a la hora de cuestionar todo lo que el maestro decía, pero en la universidad entendimos que el conocimiento es fruto de la duda. Nada debe tomarse como cierto. Posdata: a mí no me preguntés, querida mía, porque a mis sesenta y cuatro ¡dudo!, pero también confío. Soy como un tachilgüil hermoso de lo que la tía recomendaba y el tío injertaba. Nunca he dudado del cariño de mis padres ni del milagro que todos los días riega Dios en mi parcela, pero sí dudo con todo lo demás. Por eso, cuando alguien me ofrece una ciruela pasa sin hueso hago lo que el tío, la aprieto antes de llevármela a la boca.

martes, 15 de marzo de 2022

CARTA A MARIANA, CON RECUERDOS

Querida Mariana: hoy todo mundo toma fotografías. Pero en los años sesenta no existían los teléfonos celulares. Sólo los fotógrafos profesionales y los aficionados a la fotografía tenían cámaras. Por eso, ahora valoramos mucho cuando tenemos una fotografía de tiempos pasados. Esta fotografía la compartió el maestro Temo Alcázar, cronista de Comitán. Él, aparte de poseer una memoria privilegiada, de ser metidito (porque le encanta estar en todos los argüendes habidos y por haber), tuvo la feliz iniciativa de llevar a un fotógrafo profesional para que le tomara instantáneas en los diversos actos donde él intervenía. Por ejemplo, en esta fotografía aparece como réferi de una pelea de box. El maestro Óscar Bonifaz también fue muy previsor en ese sentido, cuando se acercaba el fin de cursos, él llevaba a los alumnos en la escalinata de lo que ahora es el Centro Cultural Rosario Castellanos y se tomaba la fotografía del recuerdo. Sin esos hombres previsores estaríamos tuncos de la memoria. Ahora, cuando hay un acto importante todo mundo activa las cámaras de sus celulares y el registro del instante se da por cientos, ¡miles! Esta fotografía es única, valioso documento gráfico, porque da testimonio de un momento brillante del deporte comiteco. Claro, no hablaré del hecho deportivo, porque vos sabés que nunca he sido aficionado, menos del boxeo. En los años setenta veía las funciones sabatinas de boxeo, en casa de mi amigo Jorge, ahí nos reuníamos todos los de la palomilla; en realidad, lo que sucedía en la pantalla del televisor no me emocionaba como sí emocionaba a mis amigos, mi emoción se concentraba en el momento compartido, en la alegría de ellos, en las cervezas de bote que tomábamos. Uno de mis autores literarios favoritos, Julito Cortázar, sí fue aficionado al boxeo y, ya lo he comentado con vos en varias ocasiones, tiene textos soberbios que se dan en el contexto de esta actividad deportiva. El cuento “La noche de Mantequilla”, es genial. Recuerdo que la tía Amada siempre pensó que era un cuento que hablaba de algo referente a la gastronomía, nunca supo que la palabra estaba escrita con mayúscula inicial, porque el boxeador con tal mote fue un fino boxeador, pero en el cuento cae ante el argentino Monzón que era fuerte como un toro. Pero sí hablaré, poco, porque mi memoria es endeble, de dos aspectos que llamaron mi atención. El primero se refiere al espacio donde se está dando este encuentro; el espacio no sólo servía para funciones de boxeo, también, ¡genial!, para representaciones teatrales. ¿En dónde estaba ubicado este salón? En una esquina a media cuadra donde ahora está el Museo de la Ciudad. En ese espacio ahora hay un edificio de varios niveles. En la planta baja hay una mueblería y la óptica CosmoVisión. Para la función de box distribuyeron sillas plegadizas alrededor del ring. Como siempre, estas entradas tenían un costo más alto que el de gradas. Al fondo se ve una multitud de aficionados sentados en gradas. Quienes vivieron estos momentos platican que, aparte del espectáculo que brindaban los deportistas, el ambiente se daba entre los gritos del público. Nunca faltan los dotados de ingenio espontáneo. Los gritos picarescos que llevan chanfle se dan en todos los actos deportivos públicos. Claro, esto no se da en el tenis, deporte de príncipes. ¡No! Se da en deportes más populares, donde el grito no interrumpe lo que sucede en el escenario. Si aparece un grito a la hora que el tenista hace el saque lo saca de su concentración y puede hacer que yerre el tiro; en cambio, en una función de box, el grito es parte esencial de la emoción del momento. El segundo aspecto que llamó mi atención fue el letrero que está en el cuadro donde están las lámparas que iluminan el ring y el que está pintado, con letras deslavadas al fondo. En el cuadro central superior está el anuncio de los Almacenes Sendra, que era propiedad de don Jaime Sendra, quien llegó a Comitán en los años sesenta y tuvo su negocio en un local del centro de la ciudad. No recuerdo haber comprado algo en los almacenes de don Jaime, pero sí recuerdo que, años después, cuando partió de Comitán y, entiendo, radicó en la Ciudad de México, la esposa de Chato Ortiz (quien llegó a ser presidente municipal de Comitán) pasaba a la tienda de mi mamá con una relación de productos que don Jaime se encargaba de enviar a nuestro pueblo. Esta visita era dos meses antes de la época navideña, porque lo que don Jaime seguía ofreciendo a los comitecos eran dulces para la temporada y ya no telas. Mis papás pedían chocolates rellenos y turrones. A mí me encantaba el turrón de alicante. Era una tradición navideña que, en la cena del 25, mi papá colocara el turrón a mitad de la mesa y, con un cuchillo cortara el pedazo que nos correspondía. ¿Qué dice el letrero de atrás? Dice Teatro Tayita. Este Teatro fue un teatro ambulante que se presentaba en muchas partes de la república. Quiero pensar que este espacio sirvió también para obras de dicho Tayita; porque, esto sí lo recuerdo, en una tarde pedí dinero a mi mamá, entré al espacio, me senté hasta lo alto de las gradas y presencié una obra de teatro, que tal vez, no lo sé bien, fue producción del Tayita. En Internet hay un programa de dicha institución teatral. ¿Sabés cómo se anunciaba? ¡Teatro portátil Tayita! ¡Teatro portátil! Ah, una genialidad. Posdata: todo lo digo como si caminara en un pantano o en una estancia a oscuras, quien tiene el conocimiento preciso es, sin duda, mi querido maestro Temo, el Eterno Joven de Comitán, hombre que, gracias a su previsión, nos ha legado estos valiosos testimonios fotográficos.