lunes, 2 de marzo de 2026
CARTA A MARIANA, CON DIARIOS
Querida Mariana: los periódicos impresos se llamaron diarios en algún momento, porque se publicaban todos los días (con excepción de algunos días especiales, como Nochebuena y Año Nuevo). Hoy son pocos los periódicos que se publican en forma impresa, la mayoría de editoriales importantes (aún las hay) publican todo en formato digital y siguen con la tradición de hacerlo en forma diaria, pero ahora, por la ventaja de los chunches tecnológicos también encontramos noticias inmediatas en días de guardar. La tecnología ha hecho el milagro de que los lectores nos enteramos de noticias todos los días. En Tuxtla Gutiérrez los domingos no trabajaba ninguna editorial, así que ese día todo mundo estaba ayuno de noticias. Era una costumbre simpática, alguien decía que era incomprensible.
A mí me llamaron la atención los diarios desde siempre. Tuxtla no lo supo, pero en la CDMX los diarios dominicales publicaban suplementos con tiras cómicas. Era una delicia leer al Príncipe Valiente, por ejemplo. Esto lo descubrí cuando iba de vacaciones a la gran ciudad; es decir, los capitalinos leían los diarios los domingos y, además, tenían la oportunidad de leer monitos. Era una genialidad. En Chiapas, los domingos llegaba la solemnidad y los diarios no se publicaban. ¿Tenés hambre? ¡Chupá tu dedo grande!
Cuando tuve oportunidad, con un grupo de amigos hicimos un periódico en Comitán. ¡No! No se podía publicar todos los días, pero lo que sí hicimos fue un semanario que aparecía, ¿qué día pensás?, claro, los domingos, para que vieran los tuxtlecos que en nuestro pueblo sí concedíamos la oportunidad de leer prensa. Y, por aquello de las tiras cómicas dominicales, de la CDMX, publicamos un inserto que se llamó “El Cositía”, donde no había monitos, pero sí publicábamos notitas agradables, simpáticas, cotorronas, picarescas.
Hablo de esto, porque ayer pensé en la importancia de escribir diarios, diarios personales, que en esencia deberían responder a su nombre; es decir, escribir a diario, volcando los sucesos del día. Los grandes escritores aseguran que escribir notas en un diario ayuda a los seres humanos. Tal actividad reúne una serie de características ventajosas, escribir un diario ayuda a la memoria y a eliminar el polvo a los actos cotidianos; ayuda a comprender la fragilidad de la vida, la instantaneidad.
Te conté que en el bachillerato comencé a escribir un diario, me gustaba practicar el diario ejercicio intelectual, al llegar a casa sacaba la libreta del escritorio y volcaba los sucesos del día. ¿Mirás lo que digo? El pasado inmediato volvía al presente, también inmediato, pero este acto lograba el milagro de que, como si tomara una fotografía, el instante quedara fijo. Esto fortalecía la idea que repetían los maestros: el mínimo pedazo de papel supera a la más excelsa memoria.
Diría que mi vocación de escritor comenzó a fortalecerse con la escritura de mi diario. Hoy lamento el extravío de esas dos o tres libretas que llené con mis actos diarios, con mis diarias reflexiones, con mis constantes dudas y aparentes certezas. Hablaba de lo que sucedía en el aula, lo que platicaba con mi papá y mamá, lo que había sentido al haber estado al lado de la chica que me gustaba, de las cervezas que tomaba con los amigos, de las tardes deshilvanadas en el parque, de las frustaciones (muchas) y de los pequeños logros (contadísimos). Anotaba, y esto era relevante, la relación de películas que veía en el Cine Comitán y en el Cine Montebello, porque pensaba que una buena opción de vida era dedicarse a la crítica cinematográfica, y anotaba los libros que iba leyendo. Lamento el extravío de esas libretas, porque eran la extensión de mi memoria pichancha. Con esto quiero decir que me quedé sin ese registro de vida.
Posdata: grandes escritores de todos los tiempos y de todas las lenguas han escrito diarios, Coquis diría que sueltan el lápiz y en este soltar de lápiz hay un acto prodigioso. Ayer encontré en una columna de libros pendientes una novela del gran Roberto Bolaño, la novela es “El tercer Reich” y comencé a darle una vueltita. Está escrita a manera de diario. Comprendí que hay diarios que se convierten en propuestas literarias. En el caso de este ejercicio de Bolaño es una propuesta inteligente, atractiva. Bolaño fue un gran narrador.
¡Tzatz Comitán!
