martes, 1 de septiembre de 2026

CARTA A MARIANA, CON UN LIBRO DEL CRONISTA DE LA TRINITARIA

Querida Mariana: el otro día pasamos a saludar al maestro Benito Vera Guerrero. Desde la puerta nos anunciamos: “¡Maestro Benito!”, él respondió desde su sala, desde su lugar de trabajo: “Pasen”. Movimos el pasador de la puerta, caminamos varios pasos en el pasillo y vimos que él salió a recibirnos en el vano de la puerta, sabía que éramos nosotros, de inmediato abrió los brazos, puso una sonrisa en su rostro abrazó a Dora Patricia, con cariño, con emoción. Nos invitó a pasar, nos sentamos y platicamos. Ese día la plática nos llevó por caminos editoriales, se levantó y nos dio a conocer una primicia, un libro de textos poéticos que lleva el título de “Hoja seca”, edición de Editorial Chiapaneros, que pronto estará a la venta. La edición es bella, los cuarenta y tres poemas son acompañados por ilustraciones. Medio mundo de acá conoce y reconoce los textos del maestro Benito. En Arenilla impresa tenemos el honor de publicar en cada número una crónica, recordemos que él es el cronista municipal de La Trinitaria (nombramiento que se dio en buena hora durante la gestión del contador Ervin y que fue ratificado por el actual presidente, el profe Denis). De vez en vez, el maestro Benito sube a redes sociales un texto poético. Ahora ha hecho una reunión de ellos y lo presenta en forma de libro. Le entregó el libro a Dora Patricia, quien le dio una vueltita; luego ella me pasó el texto e hice lo propio. De inmediato mis ojos, como pájaros, se posaron en un texto: “La abuela”. Mientras el maestro y Paty platicaban hice una lectura en silencio. Luego (ya me conocés) como si hubiera estado solo, acompañado por el libro, comencé a leer en voz alta, mi lectura interrumpió la charla, ambos hicieron silencio. “Abuela, cuéntame de tus madrugadas, hincada frente al metate preparando las tortillas pellizcadas para el bastimento del abuelo. Cuéntame de tortillas gordas de tus tristezas y desconsuelos, de tus largas horas de desvelos, contando los centavos y tus suspiros. Muéstrame tu dedal y la aguja remendando tus ilusiones, planchando las arrugas del abuelo uniendo con puntadas tus pocas bendiciones. Quiero verte otra vez trenzando tus recuerdos, mezclando suspiros con lágrimas por tus muertos pidiendo al cielo por tus desvelos. Platícame de las inútiles esperas, de las madrugadas de helados amaneceres, de tus desnudos pies heridos por los deshielos. Vuélveme a contar de la niña que cortaba estrellas y del cielo que te trajo cosas bellas…” Y seguí leyendo, como si estuviera solo, como si no hubiese sido un descortés, un cabrón, al interrumpir una plática. Dora Patricia y el maestro sí fueron corteses, ellos, hijos de noble cuna, hicieron silencio y dejaron que yo, casi alucinado, leyera en voz alta el texto de la abuela. Al terminar, el maestro, como si fuera un niño, en forma disimulada, se secó una gota de agua en uno de sus ojos. Posdata: me sorprendió gratamente la lectura del texto del maestro Benito. En tiempos donde muchos chicos y chicas se creen poetas y garrapatean cosas sin sentido, encontré un texto sencillo, como sencillo es el autor; encontré un texto de factura limpia, con un gran sentimiento. Cuando terminé de leer pensé en Sabines, poeta que tomó las palabras cotidianas y que sin mayor protocolo las colocó en forma armoniosa. El texto del maestro Benito tiene imágenes nítidas, bellas. ¿Qué decir ante esto? “…vuélveme a contar de la niña / que cortaba estrellas”. Dios mío, qué imagen tan bella, tan de inmenso crisol. En algún momento, el nieto se extasió ante las narraciones de la abuela y la que quedó impregnada en su mente fue la de la niña que cortaba estrellas. Sin duda que en las noches claras del cielo de La Trinitaria, el maestro Benito sale al patio, mira el cielo y se vuelve el niño que quiere cortar estrellas. Qué bonito texto, qué tan sin pretensiones absurdas. El maestro Benito es un hombre sabio, sencillo, ilustre, es un orgullo de La Trinitaria. Para Dora Patricia y para mí es un privilegio contar con su amistad, sabe que lo admiramos y lo queremos. ¡Tzatz Comitán!