domingo, 8 de marzo de 2026

CARTA A MARIANA, CON UN MUNDIAL

Querida Mariana: esta fotografía es de privilegio, ¡por supuesto!, pero merece un breve comentario. Esta fotografía nos la tomaron el 19 de febrero de 2026, estoy al lado del doctor Jorge Alfonzo Martínez, ginecólogo y obstreta. Jorge es nieto de mi tía Mechitas Molinari, hermana de mi papá, por lo tanto, Jorge es mi sobrino. Te cuento, Dora Patricia, Roberto Carlos y yo, después de la presentación del libro de Juan Villoro: “No soy un robot”, en San Cristóbal de Las Casas, fuimos a comprar panes integrales en la avenida General Utrilla, a media cuadra del parque central. La panadería está al lado del consultorio de Jorge. Les platiqué a ellos que, en 1971, estuve una tarde en la casa de mi familia, viendo un partido de fútbol, en televisión en blanco y negro. Lo comenté en el zaguán, Jorge me escuchó y preguntó quién era yo, me presenté y nos identificamos. Él tenía como seis años en 1971, yo tenía catorce años de edad y, por una historia que un día te contaré, en lugar de inscribirme en la prepa de Comitán, como lo hizo la mayoría de compas, me inscribí en la prepa de San Cristóbal de Las Casas, en la nocturna. Eso fue una gran experiencia vital, porque mis compañeros ya eran mayores, muchos trabajaban en la mañana. En San Cristóbal, en ese tiempo, me junté con Manolo Díaz Molinari, hijo de mi tía Lolita Molinari, hermana también de tía Mechitas, así que una tarde me dijo que fuéramos a casa del primo, porque ahí podríamos ver el partido de fútbol. La mañana que saludé a Jorge me invitó a entrar a su consultorio y me dijo que en 1971 ahí era la sala de la casa, ahí vimos el partido. ¿Qué partido vimos? Tal vez lo que te cuente te sorprenda tantito, como a mí me sorprende en el recuerdo. ¿Sabés que vimos? Un partido de fútbol femenil. ¿Femenil? ¿En 1971? En efecto. Del 15 de agosto al 5 de septiembre de 1971 se realizó en México el Segundo Campeonato Mundial de Fútbol Femenil. Esto, que deben desconocer muchas feministas actuales, fue un acto cultural y deportivo de gran interés a nivel internacional. No sé en realidad por qué México fue la sede, quiero pensar que fue como una seguidoña porque en 1970 se celebró en el país el mundial de fútbol de varones. A fin de que llegara más gente a los estadios, los partidos se programaron para jugarse en las tardes. Esto permitió que nosotros los viéramos. Jorge tiene en su memoria dicho Mundial, porque en cuanto le dije que en su casa habíamos visto el partido donde México le ganó a Italia, dos a uno, él recordó el nombre de una destacada jugadora mexicana: María Eugenia Rubio, “La peque”. Sí, ya sé qué estás pensando, que esa tarde me fui de pinta. En efecto, nunca fui aficionado al fútbol soccer ni al otro, pero cómo iba a perder la oportunidad de ver un partido mundialista. En Comitán iba al estadio a ver partidos donde jugaba el equipo Maderas de Comitán, todos los partidos que jugaban en el pueblo eran de hombres, en esos lejanos años setenta nunca vi un partido de mujeres. Cuando supe que habría un partido de fútbol femenil y que en México se celebraba el Mundial de Fútbol de chicas le hice caso a Manolo, quien fue el que me llevó a muchos lugares en San Cristóbal de Las Casas, desde la sala donde vimos el partido hasta una cueva que está a la salida hacia Tuxtla, en la carretera antigua. Jorge era muy chico en 1971, pero su hermano tenía la misma edad que Manolo y yo, y su hermana dos o tres años más pequeña. Ellos fueron los que nos acercaron una silla para que disfrutáramos el partido. Todos, sin excepción, le íbamos a la selección de nuestro país, por supuesto. Y gozamos los instantes donde La Peque y sus compañeras hacían jugadas sensacionales. A mí me causaba una emoción especial estar en esa casa ajena, con los que llamábamos primos, aunque Manolo y yo fuéramos sus tíos. ¿En dónde se ha visto que existan tíos tan jóvenes? Por lo regular los tíos son viejos, huelen a puro y a trago. Nosotros, Manolo y yo no fumábamos ni bebíamos alcohol, éramos chicos a quienes les encantaba caminar por la fría San Cristóbal de Las Casas, subir con frecuencia al cerro donde está la iglesia del santo (hace como cinco años, Dora Patricia y yo subimos y, ya cansadísimo, a mitad de la escalinata, pensé que en 1971 subíamos como si fuera una simple escalinata de un tobogán infantil). Posdata: el doctor Jorge fue muy amable, bastó que yo dijera mi nombre con mis apellidos para que él, de inmediato, franqueara el paso y me dijera que sí, que en su hoy consultorio habíamos visto ese partido en una mítica televisión en blanco y negro. Estuve con mis sobrinos, primos de corazón por ser de la misma generación. En ese 1971, la selección femenil de México quedó como subcampeona del mundo. Los expertos aseguran que jamás los varones lograrán tal prodigio. ¡Tzatz Comitán!