viernes, 4 de septiembre de 2026

CARTA A MARIANA, CON SONIDOS DE CARRIZO

Querida Mariana: como si estuviera en el campo, al lado de una laguna, con orillas sembradas con carrizos; como si viera a los patos acuatizar y nadar, muy orondos, sobre el agua. Así me sentí cuando el maestro, de Cultura Tenam Puente, comenzó a tocar el pito (flauta de carrizo), característico de nuestras regiones, el pito es primo del oboe, primo un poco lejano, pero pariente al fin. Nunca (no sé el porqué) he visto o escuchado que en una sala de concierto aparezca el humilde pito, flauta de carrizo, como que nuestro modesto instrumento musical sólo aparece en estas regiones, a cielo abierto, en las procesiones, en las entradas de flores y velas, en los festejos populares, donde también aparecen los tambores, pero no los grandes de concierto sino también los sencillos hechos con madera hueca y con las caras forradas con cuero (aunque ahora, ah, los tiempos ingratos, nos muestran algunos tambores hechos con PVC). Los tamboreros han cambiado la esencia, porque, la verdad sea dicha, el tambor actual no suena igual al de nuestros abuelos, incluso, si vamos más allá, diremos que ahora los tamboreros calzan tenis y nuestros mayores iban con caites (qué bonita palabra: caite. Hubo un tiempo, todos los tiempos han sido cabrones, en que un insulto recurrente, despreciativo, racista, era: “este es un caitudo”. Bobos, carotas de huaraches despeltrados, de tenis salpicados con caca). Estuve detrás del señor del pito y escuché con fervor la oración que lanzaba al viento. Me sentí como si estuviera a la orilla de esa laguna y el viento hiciera que el carrizo escribiera una canción en el viento. Ah, qué sonido tan agradable, tan de todos los tiempos, de más allá, de quién sabe qué origen, de qué siglo. Este pito lo he escuchado durante toda mi vida, tal vez la primera vez que lo escuché fue en una feria de San Caralampio, en el barrio de La Pila, tal vez ahí, tomado de la mano de mi papá y de mi mamá, mientras un grupo de peregrinos llegaba desde las comunidades aledañas al pueblo, ahí escuché al tamborero y al pitero, con el sonsonete característico, que es una oración perversa, pero que siendo niño lo aprendí en la escuela: “te lo tenté, te lo tenté, te lo tenté…”, vos sabés cómo acaba la frase, es juguetona, cargada de emoción sexual. Eso era como el máximo ejemplo de cómo la picardía llega a terrenos sacros, lo profano encaramado encima de lo sagrado. Los de la romería iban cargando sus veladoras, sus velas, sus ofrendas florales, las mujeres cubiertas con rebozos, todos arrobados en un sentimiento religioso y mi mente de niño travieso traducía el sonido del tambor: “te lo tenté, te lo tenté, te lo tenté…”. Mentira, jamás había tentado algo que no fuera el pan de la mesa, pero mi mente de niño recibía lo que los demás niños repetían, lo que se decía en voz baja, lo que se decía en intento de quebrar el muro donde estaban los adultos. Me paré en un escalón superior de donde estaba el señor del pito, el integrante del grupo Cultura Tenam Puente, escuché con emoción el sonido que él transmitía con su flauta y el sonido de sus compañeros tamboreros. Pensé (y esto me dio gusto) que ellos continúan con la tradición, ¿tradición de siglos?, ¿de cuántos siglos? No alcanza la memoria de cuatro generaciones para dar constancia. Para tus amigos que preguntaran en dónde pueden conseguir a este grupo habrá que decirles que ellos provienen de la zona arqueológica de Tenam, la soberbia ciudad de los mayas, muy cerca de Comitán, orgullo de nuestra tierra. ¿Quiere esto decir que la tradición viene de tiempos Antes de Cristo? Tal vez, porque hemos conocido algunas estelas de la cultura prehispánica donde se ve gente con instrumentos musicales, porque la música, el sonido, viene de mucho atrás, de tiempos muy cercanos al principio, cuando todo era silencio. Posdata: fue la mañana donde Radio Brisas de Montebello celebró su vigésimo tercer aniversario. El grupo de 5 tamboreros y un pitero amenizaron la celebración con su música de siglos, con los frutos del árbol mayor. Fue una mañana espléndida, la marimba ya esperaba también su entrada proverbial. ¿Miraste los instrumentos que acompañaron el festejo? Sonidos de ronrón, de pisadas de jaguar, de parpadeos de aire y de viento. La marimba esperaba, los bolillos estaban sobre las teclas. Una marimba tenía doble tecladura, pero otra, la del Conjunto Akateco-Maya, de la comunidad La Gloria, sólo tenía una tecladura, era una marimba sencilla, con un sonido espléndido, de lamento, muy cercano al sonido de la marimba guatemalteca. Platiqué con Don Tomás Diego Martín y me dijo que él comenzó a tocar la marimba a la edad de ocho años y parará “cuando me vaya al otro mundo”. ¡Tzatz Comitán!