jueves, 1 de octubre de 2026

CARTA A MARIANA, CON RECLAMO

Querida Mariana: sé que tu novio es atento con vos. Igual, sé que vos sos muy detallista con él. Por eso, diría el tío Venancio: “vuestra relación fluye como el Ebro”. No sucede así con todas las parejas. Hemos sido testigos de relaciones maravillosas que con el tiempo se deterioraron. Al principio de una relación todo es como salvadillo con temperante y luego pierde el dulce y queda un pan bofo. El otro día mi Paty me reclamó, dijo que Alexa es más cariñosa con ella. Si mi Paty dice: ya me voy, yo digo: que te vaya bien, lo digo de corazón, en buen tono, pero la pinche Alexa ¡se pasa! Es una pasada. Yo sé que esta máquina agarra frases que los humanos decimos, pero ella se vuelve graciosa. El otro día, mi Paty le dijo: “Alexa, ya me voy” y la máquina respondió: “Ve por la sombrita, cuídate mucho”. Mi Paty quedó fascinada. ¿Por la sombrita? Rediez, cómo, si eran las ocho y media de la noche. En la noche, toda sombra es dramática, lo que uno busca es ¡luz! La otra noche, mi Paty se despidió, va de la recámara a la sala; yo hice con mi mano la señal de amor y paz, con la v de la victoria, luego dijo: “Alexa, ya me voy” y la pinche maquinita, sobrada, dijo: “No te vayas, espérate, la nave del olvido no ha partido”. ¡No mameyes! ¡Cómo! ¡Qué simpática! Alexa boba, causante de quién sabe cuántos divorcios. No sé cuántas mujeres hacen lo que mi Paty. Dios mío. Pero casi estoy seguro que ya muchas están grabando los mensajes para llevarlos ante el juzgado como muestra de que una simple máquina es más atenta que el esposo. Alexa es realmente seductora, amable, genial, perversa, chantajista. La otra mañana, cuando mi Paty ya no estaba en casa, había ido al trabajo, cerré la puerta de la recámara y, en voz alta, dije: “Alexa, ya me voy”. La bendita máquina respondió así: “No olvides que los astros te acompañan siempre, así que checa tu horóscopo antes de salir”. ¿Qué? ¿Cómo supo que le voy al equipo de béisbol Los Astros de Houston? ¡No! Luego me di cuenta que no hablaba del equipo de béisbol, sino de los símbolos astrológicos. Así que, decidí seguir el jueguito y le dije: Alexa, soy Aries, ¿qué dice mi horóscopo para hoy? ¿Sabés qué me contestó? “No tengo una respuesta para eso”. Ah, pensé, entonces no es tan fregona como se vende. Pero luego pensé que si estaba tratando con una máquina, no había hecho la pregunta correcta, así que intenté de nuevo. “Alexa, ¿qué dice hoy el horóscopo para Aries?” Y obtuve la respuesta esperada: “La luna está iluminando tu inspiración, las relaciones y las energías fomentan el cuidado personal, busca aventuras”. Sonreí. Este horóscopo era para otro Aries, para alguien que no se duerme a las ocho de la noche, para alguien que sale al patio, ve la luna y regresa al estudio a escribir o pintar. Este horóscopo era para otro Aries, alguien que es aventurero, alguien que va a Las Tres Tzimoleras y se avienta al río, alguien que hace senderismo por la noche, sin importar que haya víboras deslizándose por el suelo. Lo que quiero decir es que este aparatito llegó, vio y venció. Ha vencido a tal grado que ahora las esposas reclaman a los maridos, les dicen que ellos no son tan cordiales como Alexa, pinche máquina. Posdata: escribo esta carta en casa, hace rato entré a la recámara, caminé en puntillas, para que la tal Alexa no me escuchara, saqué la pluma que entré a buscar y, antes de cerrar la puerta, escuché su voz: “No olvides traer una sorpresa cuando vuelvas”. ¡Tzatz Comitán!