sábado, 16 de noviembre de 2024
CARTA A MARIANA, CON CASA LLENA
Querida Mariana: ¿has escuchado el término casa llena? Estoy seguro que sí. Se emplea para decir lo que dice. He escuchado el término cuando en un baile, en un acto deportivo o cultural, ya no cabe un alfiler, todo está ¡al tope!
La primera vez que escuché el término fue en una ocasión que jugábamos béisbol en un campito en Comitán y el equipo contrario nos puso contra la pared, porque tenía jugadores en las cuatro bases. Alguien, del otro equipo, dijo: “Tenemos casa llena, ya los tenemos agarrados de la garganta”.
Agarrados de la garganta significaba que estábamos a punto de asfixia, y así resultó, porque quien le tocó el turno de bateo se aventó un hit y tres carreras entraron. Por fortuna, al rato se invirtió la situación y nosotros fuimos quienes tuvimos casa llena. Logramos dos carreras y con ello alcanzamos el triunfo, en una tarde emocionante, porque el béisbol, vos lo sabés, es el Rey de Los Deportes, un deporte inteligente. A mi papá le encantaba ver los juegos por la televisión.
No lo vas a creer, pero en los años sesenta formé parte de un equipo de béisbol, en el Colegio Mariano N. Ruiz; el equipo se llamó “Comets” y participamos en un desfile del 20 de noviembre, Pedro Avendaño hizo el banderín y nosotros nos divertimos, porque fuimos con nuestro uniforme y con las manoplas atrapábamos la pelota lanzada.
Casa llena fue lo que logró Don Francisco Carrión, hijo del mítico fundador de la cantina “La Jungla”, lugar que los de mi palomilla visitamos con frecuencia, en los años setenta. Nos encantaba ir a tomar la cerveza y los tragos que eran acompañados con una charola de botanas exquisitas. Como estaba en camino hacia el Club Campestre, muchos de los socios, al volver de jugar tenis o nadar en la alberca pasaban a tomarse una cervecita. Sin duda que quienes conocieron dicho lugar recordarán con agrado dos botanas exclusivas: las papotas que tenían bien dorada las orillas y los bocoles, que eran unas exquisitas tortitas de frijol, únicas, sensacionales.
Don Francisco Carrión tiene esta fotografía en el local de la nueva “Jungla” que sigue dando atención a todos los comensales, ofreciendo carnes, mariscos y ricas botanas.
Casa llena fue lo que logró Don Francisco, porque cuando vi la fotografía y le pedí permiso para compartirla con vos, me dijo los nombres de todos los integrantes del equipo de béisbol que se llamó “La jungla” y fue patrocinado por Don Óscar Carrión Cristiani.
La foto es de la década de los años ochenta, y fue tomada en el estadio de béisbol, en la Unidad Deportiva que hoy lleva el nombre del maestro Víctor Manuel Aranda León.
Don Óscar fue un gran aficionado al béisbol. Sucede que a la edad de trece años dejó Comitán y trabajó en Veracruz, como ayudante de mecánico. Luego, por azares del destino trabajó en Petróleos Mexicanos. Fue en Poza Rica cuando encontró la pasión por el béisbol, su hijo dice que lo llevaba en la sangre, todo fue que conociera los mínimos secretos del deporte para que se aficionara en forma decidida, le encantaba ver los partidos y practicar dicho deporte. Después de una buena temporada lejos de casa, un día regresó a Comitán y acá fue donde abrió “La Jungla” y siguió practicando el béisbol, hasta que patrocinó el equipo que acá aparece en la fotografía.
Dije que el hijo de Don Óscar me dijo, de corridito, los nombres de quienes aparecen en la foto. Esto no es usual, por lo regular, cuando vemos alguna fotografía grupal se nos escapan los nombres. Don Francisco reconoció a todos los personajes, claro, algunos sólo aparecieron en su memoria con un apellido o con el apodo, pero no faltó ninguno de los personajes que acá aparecen. Esto demuestra que tiene una buena memoria y esto se agradece, porque permitirá que yo te diga lo que él contó.
Sucede que él comenzó de derecha a izquierda, cuando lo usual es lo contrario, de izquierda a derecha, pero entiendo que él los fue identificando así (de derecha a izquierda) porque el primero que aparece a la derecha es su papá, el reconocidísimo Óscar Carrión Cristiani. He dicho que tengo la duda del apellido paterno: ¿Carrión o Carreón? Todos los testimonios indican que es con i, así que así lo dejo, si fuese lo contrario, pues basta que cambiemos la i por la e, al final de cuentas suena igual en su pronunciación.
Así que vamos de derecha a izquierda. ¿Sale? El primero que aparece es Don Óscar, vestido totalmente de blanco, incluso su visera tiene el mismo color. En lugar de ver hacia el fotógrafo ve el grupo que patrocinó.
En segundo lugar está Óscar Cruz; luego, con bigote, Ruperto Nájera, quien tenía el sobrenombre de Pico de Oro y así es muy conocido en el pueblo; enseguida Jacinto San Martín Piña, quien también no ve directamente a la cámara; luego está Porras (así lo identificó Don Francisco), como sucede en muchos casos él es reconocido por el apellido. En seguida está un hijo de Don Óscar: César (quien ya falleció. De hecho, Don Óscar tuvo tres hijos y sólo vive Don Francisco, quien es actualmente el gerente general del negocio).
A continuación está la madrina (recordá que es tradición que al presentarse un equipo en un torneo, los integrantes son acompañados por una chica linda que los amadrina). Ella es la maestra María Esther (por ahí se extraviaron los apellidos); a continuación está el famoso Paco “Marrorro”, quien tiene un buen sobrenombre, sonoro, porque tiene doble erre. Luego, con un bigote delgado está Javier Ortega, hijo de un gran amante del béisbol: Don Zenaido.
En la parte delantera está (ahora sí, de izquierda a derecha) otro famoso jugador: Toshé. Don Francisco no dijo más, así nos aquedamos: Toshé. En seguida está Roberto Gordillo, el famosísimo Torito, quien ahora, muchos años después, está convertido en un gran artista musical de Chiapas, es un cantante sublime. Ah, las vueltas que da la vida, no llegó a ser como el Toro Valenzuela, llegó a ser el gran Roberto Rojo. Luego, en el centro de la fotografía está otro hijo de Don Zenaido, a quien le decían Chava (bueno, en realidad los amigos les han dicho Chava a todos los hermanos, incluso a las mujeres). ¿Quién más? Bueno el que sigue es Miguel De la Cruz Valdivieso y al final el famosísimo Many.
¿Mirás qué prodigo? Gracias a la memoria de Don Francisco hemos identificado a todos los integrantes de esta maravillosa fotografía.
¿Quiénes están en la tribuna? Ah, no, ya no, eso ya es una grosería. Lo que sí advertimos es que esa mañana había una gran cantidad de aficionados en el Diamante de la unidad deportiva. Se ve que toda esa zona tiene una malla que impide que los pelotazos ofendan a los espectadores. Esto es práctica común en estadios de béisbol, cosa que no sucede en un estadio de fútbol soccer.
Te he contado que con mi palomilla asistimos como espectadores a muchos encuentros de béisbol en el maravilloso estadio del Seguro Social, estadio que ahora ya no existe, un amigo me dijo que lo demolieron y construyeron una gran plaza. Nosotros, cuando estudiábamos en la Ciudad de México vivíamos como a tres cuadras del estadio, así que era pan comido asistir. De hecho, en el edificio donde vivíamos, también vivían dos reconocidos jugadores de los Diablos Rojos. Mis amigos se hicieron amigos de ellos, así que no era infrecuente que tuviéramos cortesías para entrar gratis a los encuentros. Como vos no sos aficionada al béisbol diré que Los Diablos Rojos del México era uno de los grandes equipos de la Liga, hace de cuenta como el Guadalajara o el Cruz Azul del fútbol soccer, así que el estadio se llenaba cuando había encuentros entre los Diablos Rojos y los Tigres. Nosotros bebíamos cerveza. Pasaba un chico con una cubeta llena de cervezas bien frías y (así lo recuerdo) comprábamos latas de cerveza, botes que luego aventábamos al diamante cuando la gente protestaba por una mala decisión del ampáyer.
Cuando paso por “La Jungla”, en su nuevo local, recuerdo la antigua Jungla, donde estaba Don Óscar e íbamos a tomar la cerveza, el recuerdo tiene una mezcla de chimbo y de esa fruta amarga que se llama cacaté, porque tres amigos de la palomilla ya fallecieron: Miguel Román, Jorge Pérez y Memo Del Castillo. Los que saben dicen que esto de la vida tiene estas cicatrices. Es una lástima que la vida sea una película con un “the end” lleno de caca.
Posdata: la fotografía que me prestó el gerente del restaurante es sensacional, habla de un tiempo prodigioso.
¡Tzatz Comitán!