lunes, 11 de mayo de 2026

CARTA A MARIANA, CON COLORES

Querida Mariana: llená tu vista de colores maravillosos, llená tu espíritu, bebé la belleza en grado supremo. Llená la hamaca de tu ánimo con la flor de mayo, que en Comitán llaman Juchuch. Ah, qué nombre tan bello, igual que las flores que se abren en el quinto mes del año. Por algo se llama flor de mayo. No resistí la tentación, entré al Internet en busca de más información y hallé que el árbol es nativo de México y de Centroamérica, su nombre científico es “plumeria rubra”, ¿será porque los ramos son como plumeros inflamados de rojo?, porque el chunche genial me dijo que rubra es un adjetivo en latín que significa encarnado, colorado. Con mi Paty fuimos al mercado Primero de Mayo a hacer fila para comprar el atol de granillo o el jocoatol. Ah, cuánta gente se forma y espera pacientemente su turno, porque el domingo que fuimos era diez de mayo y muchas personas compraban toneladas de atol, sí, es una exageración, lo que quiero decir es que llevaban recipientes para que la señora del atole les sirviera cien o doscientos pesos, porque lo servirían en el desayuno con las mamás. Ah, qué costumbre tan bella, tan de nosotros. Mi amigo Luis Aguilar Castañeda, el gran escultor, siempre que llega al pueblo va al mercado, compra un vaso de atol y lo toma en el parque central, mi parque, donde le he dado permiso para que coloque sus piezas escultóricas, porque ese acto ha llenado de luz el entorno. Ya te platiqué que el Marcos Puig me quiso tomar el pelo, mientras él tomaba un vaso de jocoatol, acercó su boca a mi oído, y en voz bajísima, dijo: “está malo, está agrio”. ¡Mudo! Él es un comiteco de hueso colorado, casi hijo de Doña Lola Albores, la cronista vitalicia, por supuesto que sabía que ese atole tiene como gracia, precisamente, que es un atol agrio, con un sabor exquisito. El Internet me siguió dando datos, me dijo que el jocoatol es una bebida ancestral, de origen prehispánico. ¿Mirás? Ahora que Comitán celebrará en el 2028 los quinientos años de fundación castellana es motivo de reflexión cómo seguimos disfrutando una bebida que estuvo antes que llegaran los españoles a esta tierra. Ya me habían contado el chiste del jocoatol en su preparación, dejan remojando el maíz hasta que fermenta. No sé en qué comunidad rural continúan con la tradición en los festejos, se ve una serie de ollas panzonas donde ofrecen jocoatol. En este chunche vi que la palabra que usamos tiene su origen en el vocablo náhuatl “xoco” que significa agrio, así que el nombre comiteco no tiene pierde: joco-atol, atole agrio. Toda la gente que llega al mercado sabe que va por el atol, así, sin la e. En pocas regiones de México al atole le llaman atol, acá nos ahorramos la e final. Dicen que en el mundo náhuatl le llamaban “atolli” (aguado), del vocablo “atl” que significa agua. Pucha, esta carta parece un breviario cultural, como si estuvieras cursando un posgrado de atoles. En realidad, la prueba máxima es ir al mercado, hacer fila, ver cómo la señora que despacha usa con destreza el cucharón al servir y disfrutar un vaso de exquisito atol. ¿De qué querés? ¿Atol agrio o atol de granillo? Ambos son riquísimos, ambos son la savia que alimenta el espíritu de los comitecos y de los visitantes. Posdata: yo pido en un vaso y me siento en el parque a disfrutarlo, mi Paty lo pide en bolsa y al llegar a la casa lo sirve en una taza y lo disfruta con un pedazo de pan o de pastel. ¡Manjar de los dioses!, dice. Uf, la tradición continúa. En Comitán, cuyo nombre viene del náhuatl Comitlán, seguimos bebiendo atol agrio, seguimos consumiendo las mismas bebidas que bebieron los mayores que habitaron esta tierra antes de que llegara Portocarrero y demás runfla de gachupines. El Comitán de estos tiempos del siglo XXI es la mezcla perfecta de ambos mundos, esto somos. Hay algunos compas que se rasgan las vestiduras por la conquista que sucedió hace quinientos años. No sé, yo no había nacido, yo nací en 1957 y desde pichito me acostumbré a tomar el atol que llevaba una mujer a la casa. Mi mamá me contaba que hacía berrinche el día que no llegaba la mujer a vender el atol, me acostumbré a disfrutar esa bebida, mi paladar de príncipe tojolabal, español e italiano (como dice mi amado Gutmita) se formó con ese sabor exquisito. A mí me gusta el atol agrio, se me hace la perfecta combinación entre algo ácido y dulce. ¿Conocerán esta exquisitez en París? No sé si algún chef comiteco se ha arriesgado a proponer tal bebida. Estoy seguro que los franceses amarían esta delicia, así como nosotros amamos el pan que se llama francés y que no hacen en Francia. Me cuentan que el juchuch tiene otro color, un amarillo, que, por momentos, se acerca al color que tiene el atol agrio. Pucha, qué caminos tan fantásticos a través de dos palabras: juchuch y jocoatol. La jota que debería llevar x. ¡Tzatz Comitán!