martes, 7 de julio de 2026
CARTA A MARIANA, TARDE DE PARTIDO
Querida Mariana: sigo la página de Humberto, disfruto las fotografías que toma. La tarde del partido del 5 de julio de 2026, a las cuatro cuarenta compartió una transmisión en vivo de Radio Zapote. Un grupo de treinta o cuarenta personas (una chica con altavoz) interrumpieron el libre tránsito de autos, supongo de una vía que llevaba hacia el Estadio Azteca. Quemaron una réplica de la Copa Mundial. Los automovilistas se detuvieron, poco a poco unos agentes de vialidad pidieron a los automovilistas que se hicieran para atrás. Una camioneta de lujo también se echó en reversa. Me pareció reconocer al conductor, llevaba una playera de la selección, como miles y miles de personas en este país, según yo era Cuauhtémoc Blanco. Cuando los automovilistas echaron reversa, el grupo siguió instalado en el plantón, gritando consignas contra la FIFA, al conductor de la camioneta de lujo le gritaron: ¡asesino! y grafitearon los cristales de su auto. Si es cierto lo que cuento y fue Cuauhtémoc da una idea de cómo hay un sector de la población que no vive por y para el fútbol, porque Blanco fue uno de los ídolos de este país, con el América y con la selección, pero luego se metió a la política y la imagen cambió.
Dejé de ver la transmisión en vivo, porque acompañé a mi Paty, ella estaba invitada con la familia de María para ver el partido, en la repostería. Ahí vieron todos los partidos donde jugó México, no en pantalla gigante, sino en una pantalla pequeña de una tableta. Lo importante, siempre se ha dicho, es la convivencia. Cuando volví a casa me topé con varias personas con playeras de la selección de México, que también iban a una cita para ver el partido, acá sí ¡en pantalla gigante!, en un salón cercano a la casa, convocados por el regidor Andrés, vi a una niña que iba de la mano de una señora, la niña llevaba una matraca de madera y la accionaba conforme sus pasos marcaban el ritmo. Todo hablaba de un gran festejo. Estaba dispuesta una gran pantalla para que la gente disfrutara el partido.
Regresé a casa y vi el partido, en una pantalla modesta. Contra mi costumbre no me acosté a las ocho, fui fiel espectador hasta casi las nueve de la noche, porque el inicio del partido se retrasó una hora, debido a la lluvia en la CDMX. Fer y yo presenciamos el partido, él siempre estuvo de acuerdo con las decisiones arbitrales, yo disentía, porque se me hace que los jugadores de México, más que los de Inglaterra, fueron muy sucios en su juego, a veces la impotencia busca sendas violentas. Casi casi estuve de acuerdo con uno de los comentaristas de TvAzteca cuando el árbitro decretó una prórroga final de once minutos: “hasta que México empate”, como si fuera una consigna. Hoy todo mundo sabe el resultado, los jugadores de México no tuvieron la capacidad de anotar cuando todos los espectadores vimos que dominaban a la gran selección de Inglaterra. El complejo de siempre apareció y los llamados “ratoncitos verdes” regresaron a la querencia, cuando habían hecho soñar a millones y millones de mexicanos mostraron su rostro verdadero, un experto comentó: Inglaterra es Inglaterra, con eso dijo todo.
Mi Paty llegó a casa como a las nueve y veinte, me preguntó si había visto el partido, dije que sí. No podía perdérmelo. No me entristecí, al contrario, di gracias a Dios por el resultado negativo. La gente ya no caerá en excesos. México volverá a ser el país de siempre, la gente volverá a beber trago, pero no en las cantidades industriales que lo hizo durante los partidos donde jugó la selección de nuestro país. En la televisión y en las redes sociales vimos escenas lamentables de festejos, nunca nos enteramos de las historias dramáticas que, sin duda, se dieron en el interior de hogares, donde el alcohol no fue el motivo para el festejo sino la justificación para la violencia familiar. Todo mundo recordó lo que Octavio Paz dijo en “El laberinto de la soledad”: los mexicanos mostramos nuestro verdadero rostro en el festejo, nos desbordamos.
El Mundial continuará, nuestro país lo seguirá viviendo, pero ya sin esa especie de vana esperanza. Cuando México ganó a Ecuador muchas personas en Comitán se concentraron en la fuente del parque central (mi parque), algunos hinchas súper motivadísimos se echaron clavados en esa agua sucia, los policías trataron de impedir más desorden. Cuando México perdió ante Inglaterra la fuente se convirtió en la de la noche triste, nadie se acercó. Todo mundo rumió la derrota en la intimidad. Lo mismo sucedió en el Ángel de La Independencia, lo que fueron tumultos desgraciados días antes fue una manta de silencio. ¿Nos quedamos sin ángel? El triunfo del ciclista mexicano en la Tour de France (¡nadita!) volvió a demostrar que este país no triunfa en deportes de conjunto, pero es una potencia en deportes individuales. No sabemos hacer equipo. No nos ponemos de acuerdo como sociedad.
Posdata: volverá la rutina de siempre, dichosa rutina, amada rutina. La gente volverá a sus ocupaciones normales. Los festejos por los triunfos fueron una pausa, una desagradable pausa, nos mostró de qué estamos hechos, así somos. ¡Que viva México!
Coda: en el parque de Comitán hay figuras de destacados futbolistas. Algunos aficionados se desquitaron con las figuras de jugadores de Inglaterra. ¡Se quedaron sin cabezas! La misma costumbre de cuando le volaron las cabezas a las imágenes del templo de San Sebastián.
¡Tzatz Comitán!
