lunes, 10 de agosto de 2026

CARTA A MARIANA, CON ALGUNOS CAMBIOS

Querida Mariana: Arturo, quien nació en Comitán, en los años sesenta, y muy pequeño fue a radicar a la CDMX, me preguntó por los cambios en la ciudad. Lo primero que se me ocurrió decirle fue: la manzana donde estaban los billares Nevelandia ya no existe. Pero luego pensé que si hablaba de las carencias mi mensaje sería interminable, porque del tiempo que él vivió en Comitán a este 2026 muchas cosas del pueblo se han perdido. Dentro de las pérdidas más valiosas están algunos valores, como el respeto. No sé si en todos los pueblos del mundo tal carencia sea cotidiana, pero acá en el pueblo, el respeto ya es un mero concepto extraviado. ¿Querés un ejemplo? Los conductores no respetan los límites de velocidad, tampoco respetan los semáforos, muchas personas que gozan de todas sus capacidades físicas e intelectuales se estacionan en espacios especiales para discapacitados (muchos critican tal comportamiento y preguntan si son discapacitados mentales). Los alumnos no respetan ya a los profesores. ¿Dónde como en nuestros tiempos? Bueno, hay chicos y chicas que ni siquiera respetan a sus padres y a sus madres. La tía Eduviges dice, por esto, que el Armagedón ya está en la tierra. No sabía a qué se refería ella, pero Elena me dijo que, según la Biblia, es la batalla que sucederá entre el bien y el mal cuando se dé el fin del mundo. No entendí bien. ¿Para qué una batalla entre el bien y el mal si de todos modos el mundo dirá adiós? En fin, la tía a cada rato dice que el Armagedón ya está a la vuelta de la esquina. Un amigo traducía este fin de la siguiente manera: “a beber y a gozar que el mundo se va a acabar”, Dios mío, era como el presagio del bien sobre el mal. Bueno, ya Nietzsche nos advirtió que el ser humano está inclinadito al mal. Iba a decirle a Arturo que muchas cosas se han perdido en Comitán en el tiempo. Se han perdido también los juegos de infancia, todos han sido sustituidos por los videojuegos. ¿Trompo? Uf, ya casi no. ¿Canicas? Tampoco. Bueno, con decir que hace rato que no veo a las niñas saltando la cuerda, mucho menos jugando matatena, que era un jueguito que las congregaba. Vos sí alcanzaste a jugar matatena, fue un logro de tu niñez. Recuerdo que en la Matías de Córdova las niñas lo jugaban, las veía desde lejos lanzar una pelotita de hule y pepenar las estrellitas tridimensionales que se llamaban matatenas. No sé por qué era un juego exclusivo de niñas, se veía muy divertido para que todo mundo lo jugara. Recuerdo que en una ocasión un compañero fue molestado diciéndole que él debía jugar matatena en lugar de trompo. Quise decirle a Arturo que también los dulces de nuestra infancia se han extraviado. Los dulces tradicionales los siguen haciendo, pero veo que sólo los mayores los consumen, los niños y niñas de hoy sólo comen los dulces que en un momento fueron llamados “extranjeros”, porque venían desde la CDMX. El sabor plástico de los Tin Larín y demás larinadas se apropió del paladar de nuestros chiquitíos y ya no disfrutan un quiebramuelas o una trompada. Con decir que estos nombres ya nada les dicen. Con esto quiero decir que nuestro voseo también se ha ido extraviando, los chicos y chicas de hoy (parece letra de canción) hablan de tú y muy poco de vos. No supe bien a bien qué decirle a Arturo, así que opté por pasarme al grupo de compas que sostienen que una imagen dice más que mil palabras, le envié la foto que anexo. Pido que la veás con atención. El cielo azul de siempre es majestuoso, el aire corre libre, claro, se ve un entramado de cables que en nuestro Comitán de los sesenta no existía, esto jode la panorámica, es un insultante contaminador visual; pero donde pensé que estaba bien definido el contraste entre el Comitán de antes y el de ahora fue cuando puse atención en la cúpula del templo de Guadalupe, ¿ya miraste que hay adelante? En efecto, son dos rotoplás, que hoy, cosas de la modernidad, son elementos cotidianos donde se topa nuestra vista. Gordos necesarios, pero insultantes al buen gusto. Posdata: le mandé la foto a Arturo y él como respuesta me dijo que prefiere guardar en su corazón y en su mente imágenes del Comitán anterior, por eso visita con frecuencia la página de Francisco, quien radica en San Luis Potosí, donde hay un gran archivo de fotografías antiguas, imágenes de un Comitán que ya sólo existe en la nostalgia. ¡Tzatz Comitán!