viernes, 7 de agosto de 2026

CARTA A MARIANA, CON SESENTA Y MÁS

Querida Mariana: el domingo jugaron los seleccionados de fútbol de sesenta y más que ganaron el nacional. Fui al estadio, los vi jugar, ganaron el partido contra su similar de San Cristóbal. Los comitecos metieron tres goles. Lo dije apresurado, un poco con la enjundia que ellos impusieron en el partido. Dije que fui a ver a los jugadores de sesenta y más. Los vi jugar en forma armoniosa, comenté que jugaron limpio, casi no hubo faltas en el partido. Digo esto, porque vi algunos partidos del Mundial 2026, en la televisión y vi a los jugadores jugar sucio, tacleando al rival como si jugaran fútbol americano y no soccer. El jueves estuve con mis amigos de toda la vida (en Tío Javi), ya somos también de esa generación que se llama sesenta y más, igual que los futbolistas también nosotros jugamos en forma armoniosa, en forma limpia. ¿Será que la edad impone el respeto y privilegia la convivencia? Fue el jueves, pero pudo ser cualquier tarde. Los cuatro amigos, Roge, Javier, Quique y yo vivimos en el pueblo, en el pueblo donde nacimos, donde crecimos, donde la conocencia se dio, la amistad viene de muy lejos, en el tiempo, pero muy cerca en el afecto. Nos conocimos en los años sesenta. ¿Mirás lo que digo? Si le echamos pluma podemos afirmar que llevamos siendo amigos más de seis décadas, ¿sabés lo que eso significa? Pudo ser cualquier tarde cuando nos conocimos. Desde entonces hemos formado una selección con jugadores que nunca están en la banca, que siempre están en el juego de la vida, acompañándose, a veces alguien juega de extremo o de portero o le toca anotar los goles. Comenzamos siendo chavales, en juegos improvisados en la calle, hoy ya somos profesionales en las canchas de la vida. Acá seguimos, a veces alguna mala jugada nos hace fallar el gol; a veces, una mala entrada nos provoca alguna lesión (por fortuna, todas sin consecuencias mayores). Nadie jamás ha cambiado la playera, seguimos siendo fieles a la que nos pusimos un día que formamos la palomilla, el día que inventamos el alfabeto “JAPE” y que utilizábamos para comunicarnos y nadie más descifrara los símbolos. El alfabeto se llamó así porque reunía las iniciales de los cuatro convidados: Javier, Alejandro, Pedro y Enrique (en esta fotografía no está Pedro, él radica en Tuxtla y ahora nos vemos muy de vez en vez, pero sabemos que él sigue con la playera bien puesta). ¿Soñamos alguna vez con ser un deportista famoso? Tal vez Roge, porque él jugó fútbol soccer en forma más que digna, llegó a ser seleccionado de Comitán y, entiendo, también llegó a jugar con la selección de San Cristóbal, cuando estudió en aquella ciudad. Tal vez Quique, porque él siempre jugó tenis y tenis de mesa (una vez, siendo estudiante de la UAM-Azcapotzalco llegó al departamento y nos mostró un trofeo que había ganado en lo que nosotros llamábamos ping-pong). Sabés que la plática es como un partido, donde el balón va de un lado a otro, a veces alguien hace un drible que maravilla, a veces es un simple pase lateral (el papá de Roge, Don Rogerio Román Armendáriz nos invitaba a ver los partidos de fútbol en su casa, en una televisión en blanco y negro, él era un gran aficionado, se emocionaba, de pronto lo veía pararse y gritar: “¡vertical, vertical!”, como si fuera entrenador pedía que el jugador no diera pases laterales, sino que jugara lanzando el balón hacia adelante, hacia donde estaba la portería, en donde se podía dar la jugada que terminara en gol). Nosotros, hombres de sesenta y más, ya no hacemos muchos pases verticales, nos divertimos en pases laterales y en muchas ocasiones enviamos el balón hacia atrás, donde están las historias comunes que vivimos en el pasado, bien en la adolescencia en Comitán o cuando fuimos estudiantes en la gran Ciudad de México y entonces aparecen los nombres de otros integrantes de la palomilla que ya no están con nosotros, que no sabemos bien a bien en dónde están jugando a las escondidas con nosotros, no sabemos si se escondieron en el ropero (Memo, Miguel y Jorge) o están en el sitio de la casa y no regresan porque están entretenidos cortando frutas o porque ellos platican galán de tantas y tantas aventuras que juntos vivimos. Posdata: los seleccionados de Comitán siguen jugando, tienen sesenta y más y con esta edad se atrevieron a obtener el campeonato nacional; nosotros andamos en las mismas, tenemos sesenta y más, pero nos reunimos de vez en vez y con el mismo entusiasmo nos pasamos el balón de la convivencia, ya le encontramos el gusto a la vida, sabemos que nuestra playera es la que está pegada a nuestro corazón, las camisas que todos nos ponemos en otras ocasiones son las del protocolo social, pero la esencia es la que se concentra cuando los de la palomilla nos encontramos y nos molestamos y nos abrazamos y se reafirman los cariños, ahí está la querencia. ¡Tzatz Comitán!