sábado, 5 de septiembre de 2026
CARTA A MARIANA, CON DIOSES
Querida Mariana: en una frase afortunada, el escritor Juan Villoro dijo: “Dios es redondo”, así tituló uno de sus libros donde hay crónicas del deporte que le gusta: el fútbol soccer. Deporte que apasiona a millones de personas en todo el mundo.
Visto así uno, desde afuera (de la cancha) puede decir que el fútbol es una religión que mueve la pasión de millones de feligreses.
Ayer me topé con la frase: “Dios es redondo” y pensé, ¡eso!, que es una frase muy afortunada, porque sintetiza lo que el soccer es para las multitudes. Al ver escrita la frase pensé entonces, ¿se vale?, que cada apasionado tiene su propio Dios, incluso aquellos que se manifiestan ateos y están de acuerdo con otra frase que vuela por muchos cielos: “Dios ha muerto”.
¿Dios ha muerto? ¿Quiere decir que en algún momento estuvo vivo?
Digo que puede ser que cada apasionado tenga su propio Dios o Diosa. Hay tantas pasiones en el mundo, lo que lleva a seguir el juego que inició Villoro, si para los jugadores y para los hinchas del fútbol Dios es redondo, ¿qué forma tiene el Dios de los músicos, de los que practican ballet, de los que juegan golf? Ahora que escribí golf pensé que este juego maravilloso, que no es tan popular como el fútbol, también utiliza una pelotita, que, igual que el balón del soccer, tiene la forma redonda. Por supuesto que el Dios redondo del futbolista no es el mismo Dios redondo del golfista, porque, ya lo dije, los practicantes del golf son personas con alto poder adquisitivo, en cambio los que juegan soccer pueden ser millonarios, pero también gente del pueblo, habitantes de barriadas, que bajan de las favelas brasileñas para jugar en las playas sensacionales de ese país.
La precisión de la frase de Villoro abre la puerta al mundo maravilloso del álgebra y de las figuras geométricas. ¿Recordás que el gran pintor Cézanne dijo que todo el dibujo se resume en tres formas geométricas: el cuadrado, el círculo y el triángulo? Con esas tres formas geométricas se puede dibujar todo lo dibujable, si no, que nos lo refute el gran Picasso. Así pues, los Dioses del mundo pueden resumirse en esas tres formas, ya vimos que Dios es redondo, así que también puede ser cuadrado y triangular. Cada deporte, cada vena artística puede “encasillarse” en esta fórmula, fórmula que permite más y más formas geométricas, muchas, muchas.
A mí me encanta que Dios sea redondo, porque, como si Villoro fuera Picasso, definió una personalidad con diferentes matices; es decir, a partir de la idea de Villoro sabemos que Dios es redondo, pero esto no excluye que cada uno tenga un Dios a la medida. ¿Qué tan redondo? ¿Como una canica de mármol o como un planeta de equis galaxia? ¿De qué color? ¿De qué material? ¿Qué sonidos expande? ¿Qué silencios atrae? ¿Se le puede pintar una cara, como el balón que aparece en una película “Naúfrago”, de Tom Hanks? Hace muchos años, los balones de fútbol soccer eran de cuero, ahora son de otro material sintético. ¿Qué forma tiene el Dios de los jugadores de fútbol americano? ¿Son narigones y con culo terminado en pico? (Uf, esto sonó a albur).
Algún día, querida mía, te invitaré a jugar a los Dioses (no a los adioses, Dios hipotenuso no lo permita). Jugaremos a ver qué forma tiene el Dios de los ladrones, qué forma tiene el Dios de los inteligentes, de los abusivos, de las suripantas, de las niñas bien, de las malcriadas, de las chicas que se rasuran las axilas y las que se dejan el monte. Jugaremos, porque Villoro ya abrió el camino para jugar a los Dioses. Nada hay mejor en la vida que el juego, hasta lo más solemne puede ser motivo de juego y esto le quita su cara de ogro al día a día.
Posdata: me encantan todos los juegos que plantea Villoro en forma literaria, es un autor de gran valía que le quita la cara solemne al mundo, nos enseña que podemos seguir siendo niños, aunque haya pasado mucho tiempo de la época donde jugábamos carritos en el sitio de la casa, donde, en la noche, nos daba terror salir al corredor de la casa, porque detrás de las sombras habitaban otras malignas.
¡Tzatz Comitán!
